¡Holaaa amores!
Espero que hayáis pasado una semana magnifica, yo he estado liada como siempre, pero esta mañana tengo un hueco para poder traeros un nuevo capítulo. Tenéis que saber que este cap es uno bastante interesante, donde dan bastante información y seguramente resolverá algunas dudas.
Por eso quería dedicárselo a SALESIA, supongo que te despejará una de las dudas más grandes que has tenido hasta el momento en la historia y espero que lo disfrutes muchísimo. Tengo ganas de leer tu reacción jejejej ¡Mil besotes zombificadooooos!
¡Disfrutad!
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de Rizzle -.
Capítulo 25 – Exposition (Exposición)
"¿Alguna vez has tenido algún sueño recurrente?" preguntó Lavender Brown.
Hermione no podía recordar el año en el que mantuvieron esa conversación. ¿Quinto, tal vez? "Normal" era difícil poner fechas cuando se asistía a Hogwarts. Era como si el recuerdo de su paso por el colegio fuera un recurso limitado y su memoria sólo se hubiera tomado la molestia de hacer espacio para el aprendizaje, el peligro, los altibajos, no para cosas de valor medio.
No obstante, la conversación probablemente se produjo durante el desayuno. Lo que sí recordaba era a Ron masticando una tostada con la boca abierta.
"Sueño que he olvidado algo importante y no puedo recordar qué es." les dijo Neville.
Nadie se sorprendió.
"Siempre me persiguen, ¿bien?" dijo Ron "¡Y es una jodida araña lo suficientemente grande como para poder montar en ella! Sólo que mis piernas no funcionan. Como si me hubieran lanzado un hechizo para bloquearlas o algo así. Me caigo y la araña trepa sobre mí…"
A Seamus le gustaba meter el dedo en la llaga.
"¿Estás seguro de que esto no es la pesadilla de la araña?"
Todo el mundo rio. Bueno, casi todo el mundo. Hermione vio a Harry sonriendo, pero también estaba distraído porque era lo que pasaba cuando Voldemort intentaba matarte y además tenías problemas con las chicas.
"Creo que esos monstruosos sueños son comunes." dijo Lavender "Tengo los mismos. No puedo ver lo que es, pero siempre hay algo malo viniendo detrás de mí…"
Parvati se inclinó conspiradoramente, con la corbata a punto de meterse en un gran bol de gachas coaguladas. Y les susurró:
"Padma sueña que no ha estudiado para sus exámenes."
"¿Cómo sabes lo que sueña? ¿Te lo ha contado?" indagó Hermione.
La mirada de Parvati era un poco más fría cuando la fijó en Hermione. Eran lo suficientemente amigas, pero como Lavender, Parvati era tan superficial como un charco y Hermione encontraba cierta culpable gratificación haciéndole pasar un mal rato.
"No necesita decírmelo." fue la respuesta sorprendentemente seria de Parvati "A veces, sufrimos los sueños de la otra."
"Gemelas mágicas." Dijo Neville, asintiendo.
Ron resopló.
"¡Entonces Hermione debe ser la trilliza Patil perdida, porque calculo que tiene la misma pesadilla recurrente! ¿Verdad, Hermione?" agitó las cejas hacia ella "¿Verdad?"
Hermione jugueteaba con el tenedor para ensalada, presionando los dientes metálicos contra la yema de su pulgar; cuatro minúsculos puntos. Ella había tenido ese sueño, por supuesto. Pero, generalmente, había otro que cobraba protagonismo.
Ella estaba sola y había una decisión que tomar; la elección de un hechizo, abrir una puerta, mover una pieza de ajedrez. Toda una serie de decisiones con tiempo contingente, puesto que detrás de ellas, en la oscuridad, no estaba el hombre del saco, sino Ron, Harry, mamá, papá, los Weasley y Ginny. Esperaban su destino, pasivos y dependiendo por completo de las decisiones de Hermione.
En el sueño, Hermione nunca tomaba la decisión correcta. Siempre escogía la puerta equivocada y abría el libro equivocado. Bajaba la mirada a sus manos y se horrorizaba al ver emerger unos negros tentáculos; una red de veneno expandiéndose hacia el exterior. Ella era la raíz de la desgracia, y sus amigos y seres queridos caían, muertos, con los vasos sanguíneos marcados en negro sobre sus rostros. Los monstruos de Hermione nunca eran grandes bestias corpulentas que la perseguían. Su monstruo eran sus propias malas decisiones.
En ese momento, miró al otro lado de la mesa. Esa no era la familiar y desgastada superficie de roble de la mesa de Gryffindor en el Gran Comedor y no era la sonriente y pecosa cara de Ron quien la miraba, esperando su respuesta. La perforante e intensa mirada de Alexander Amarov era algo a lo que nunca se acostumbraría, no importaba que Malfoy y Richards a menudo la miraran de la misma manera. Ahora la estaba mirando, logrando parecer curioso y conocedor al mismo tiempo.
Hermione llevaba en la flota tres semanas; dos de ellas se las había pasado inconsciente y recuperándose. Los días después de su convalecencia fueron probablemente aún más inquietantes. Durante las últimas cuatro noches, Amarov había solicitado su presencia en la cena, en lo que él denominaba la "Mesa de Capitanes". Todos los asistentes vestían formalmente. Entre los Principales de la flota, aparentemente, era una costumbre vestirse bien para la cena.
Esa noche, Amarov llevaba un traje negro sobre una delgada y finamente planchada camisa blanca. Los botones eran minúsculos; parecían pequeñas chinchetas negras contra la almidonada tela de alabastro. El efecto total era elegante, simple y en marcado contraste con la llamativa decoración del resto del barco. No usaba corbata esa noche, observó Hermione, a pesar de que había usado una en todas las anteriores ocasiones que lo había visto, salvo cuando se presentaron ante él en el pesquero. Se las había arreglado para recuperar parte del peso que había perdido desde el secuestro. Los huecos en sus mejillas se habían rellenado, aunque eso de ninguna manera disminuía los inhóspitos ángulos de sus pómulos. Un hombre muy atractivo, para los estándares populares. Era una lástima todo lo demás.
Había otras doce personas en la larga mesa. Todos ellos capitanes, excepto por las dos únicas mujeres presentes; Hermione y Honoria. Como si sintiera la línea de pensamientos de Hermione, Honoria levantó la vista del segundo plato. La mirada que le dedicó a Hermione, debería haber chamuscado la piel de su cara.
El odio de Honoria hacia Hermione era incomprensible. Resentía a Hermione, pero también estaba el asunto nada insignificante de que Honoria estaba embobada con Amarov. Era ridículo, la verdad. La devoción de Honoria por su jefe ya no era un gran misterio. A Honoria le gustaban los chicos malos, al parecer. Malos y locos. La actual posición de Hermione en la favorita colección mágica de Amarov no había pasado desapercibida para su círculo interno. Sin embargo, los miembros de la flota no cuestionaban las decisiones de Amarov a la ligera. Hermione no tenía tales escrúpulos. En la primera cena, ella enumeró sus exigencias, haciendo caso omiso de las miradas divertidas de los demás comensales. Había intentado negociar, comerciar, convencer y cuando todo eso falló, amenazó. Pero lo único que consiguió del hombre fue una breve pausa en la conversación con alguno de los capitanes de la flota con el que había estado hablando antes de que Hermione lo interrumpiera.
La mirada que le dedicó fue casi paternal; "Veo que quieres mi atención, querida, pero tendrás que esperar."
Así que esperó. Tres insoportables cenas más. Después una cuarta. En cada ocasión, ignoró la ropa que le envió a la habitación. Fueron tres hermosos atuendos, de buen gusto, estéticamente hablando, del nivel de la alfombra roja. Hermione tiró el primero y el segundo por la ventana de ojo de buey antes de que Amarov la sellara. Se las arregló para encoger y arruinar el tercero en un conducto de calefacción y el cuarto fácilmente lo destruyó en el agua. Esa noche, la quinta, no llegó ningún vestido. ¿Tal vez se estaba quedando sin vestidos de su talla? Y así, como todas las noches anteriores, Hermione asistió a la cena con un atuendo que le había dado el profesor Belikov; una descolorida camisa de algodón con las mangas enrolladas, unos pantalones con dobladillo y una borla de cortina a modo de cinturón. Iba descalza. En ningún momento le habían proporcionado zapatos, lo que era una lástima, porque ser una cautiva descalza no hacía mucho por la propia moral.
No era la primera vez que Hermione se preguntaba si sus recientes acciones eran percibidas por Amarov como petulantes en lugar de manifestaciones de protesta. ¿Tal vez tenía que escoger mejor sus batallas? Se sentía menos como una miembro cautiva del equipo científico mágico del Ministerio Británico y más como una adolescente enrabietada, demasiado endeble, con ropa de hombre enorme y malhumorada. Agarró el tenedor con más fuerza. Estaba cerca del límite. Lo sentía. Si algo no pasaba pronto, si Amarov seguía negándose a que viera a sus amigos, llegaría…
No iba a hacer absolutamente nada, ya que mientras el detonador de bioretroalimentación siguiera incrustado en su pecho, era literalmente una bomba andante. E incluso aunque no lo fuera, tenía seis guardias apostados en su habitación. Estaban inmóviles de espaldas a la pared y los brazos cruzados. Dos de ellos tenían metralletas atadas alrededor del pecho.
A su alrededor, los demás comensales hablaban en unos cuatro idiomas diferentes, incluyendo el inglés. Reían, hablaban, bebían y comían. Hermione aprendió mucho sobre el funcionamiento interno de la flota. Se aprendió el nombre de los capitanes y primeros oficiales, de los buques y barcos y retazos sueltos con respecto a los cambios de rumbo, a la seguridad y el alojamiento. Nadie se molestaba en censurar ninguna información en su presencia. Pero todo eso era inútil si no podía encontrar una manera de retransmitírselo a Malfoy.
- La sopa de marisco está muy buena. – dijo Amarov.
Su voz apenas fue audible por encima del tintineo de cubiertos y de copas de cristal, pero detuvo a todos los demás en la mesa. Después de cuatro días, Amarov, al parecer, había decidido reconocer su presencia.
- ¿Sabe qué país cuenta con el mayor número de estrellas Michelin? Pensará que es Francia o España. ¿O tal vez Estados Unidos?
- Es Japón. – respondió ella, porque lo había leído un día en la revista Readers Digest en la sala de espera de la clínica dental de su padre.
Él sonrió.
- Mi chef, es originario de Osaka. Antes de todo esto, acababa de recibir tres estrellas. Como tal, recomiendo la sopa.
Hermione bajó el tenedor.
- Perdóname si me parece complicado reunir algo de apetito cuando hay personas enfermas y moribundas retenidas en la flota.
El comensal sentado a la izquierda de Amarov era un obseso francés de cara enrojecida. Su nombre era Louis Renauld y era el capitán del barco que albergaba a los presos magos. La mayoría de la gente de la flota lo conocía como el "Buque de los Juegos". Renauld abrió la boca enrojecida para hablar, pero Amarov levantó una mano.
- Parece que hay gran cantidad de rumores y conjeturas revoloteando. Permítame aclararle las cosas, señorita Granger. Estamos bien provistos, pero nuestros recursos no duraran indefinidamente. La comida que ve ante usted es el resultado de una cocina muy creativa con ingredientes muy limitados. Louis, por favor, ilumina a nuestra invitada. – dijo Amarov, cogiendo su copa de vino y bebiendo de ella.
- Si nos atenemos al régimen de racionamiento actual, tendremos suficiente comida almacenada para aguantar ocho meses, tal vez diez. Los productos perecederos son otro asunto, por supuesto. A pesar de evitarlo en la medida de lo posible, los buques de suministros tienen que hacer viajes a la parte continental, con gran riesgo. – dijo Renauld.
- Con gran riesgo, señorita Granger. – hizo eco Amarov – Un riesgo que mis hombres asumen por el bien de toda la flota. Incluyendo a usted y sus amigos.
Le retiraron su sopa sin tocar y le trajeron un tercer plato de caracoles con mantequilla de ajo.
- ¿Realmente crees que puedes convencerme de que lo que estás haciendo aquí es bueno? ¿Sois todos mentirosos, deliráis, o simplemente sois estúpidos?
- Vigila tus modales, bruja. – espetó el francés.
Amarov no parecía perturbado en lo más mínimo. Parecía estar totalmente calmado.
- Señorita Granger, permítame hacerle una pregunta.
- Sólo si contestas a una de las mías.
- Bien. – permitió Amarov. Manejaba con destreza las pinzas para caracoles, sacando el pequeño cuerpo del interior con un pequeño tenedor – Yo primero. ¿Cuál es la media estimada de supervivencia para un muggle que reside en una sección urbanizada del Reino Unido? Londres, por ejemplo. ¿Su equipo ha hecho su trabajo, supongo? ¿Es usted consciente de las cifras?
Era reacia a seguirle el juego, pero era obvio que la conversación se estaba dirigiendo a algo importante.
- Sin un refugio seguro, unos cuatro días.
- ¿Y cuánto tiempo he mantenido a mis miles de ciudadanos en esta flota vivos?
Hermione no tenía la respuesta exacta a esa pregunta. Pero Amarov se la proporcionó.
- Diez meses y veinte días. – cogió otro caracol – En ese tiempo, hemos dado a luz a hijos de madres que nunca tendrán que temer que les arrebaten a sus hijos de los brazos y los devoren frente a ellas. Hemos tenido matrimonios, cumpleaños y aniversarios. Los niños van a la escuela y cuando mi gente enferma, hay médicos que los visitan.
- ¿Quieres decir como mi amiga, Padma? ¿La doctora que forzaste a trabajar para ti?
- ¿Qué otra función querría que le sacara? ¿No era su trabajo en su equipo? Mi prioridad siempre serán los humanos de la flota, pero a medida que pasaba el tiempo he ido recogiendo refugiados mágicos que necesitaban atención médica. Está tratando a los de su propia especie e imagino que eso era lo que ella hubiera querido.
- ¿Qué pasa con los medicamentos básicos? Antibióticos, por ejemplo. No estás poniendo nada de eso a disposición de los cautivos mágicos. La gente está muriendo. ¡Podrían salvarse si simplemente hubieras dejado que mantuvieran sus varitas!
Los demás comensales bien podrían haber estado viendo un partido de ping-pong. Sus miradas iban y venían, entre rápidas miradas fulminantes a Hermione y serviles a Amarov.
- Señorita Granger, hace un año, la mayoría de la gente de este planeta no tenía ni idea de la existencia de la raza mágica. ¿Cuánto tiempo cree usted que hubiera durado esta flota si hubiera permitido que cerca de un millar de magos y brujas hicieran uso de sus varitas? ¿Cómo cree que se hubieran sentido los demás humanos de la flota?
- ¡Diría que se sentirían aliviados! ¡Algunos de los rescates y evacuaciones más imposibles de los muggles se han llevado a cabo por gente mágica!
- Usted desafía las leyes de la física. Desaparece en la nada y vuelve a aparecer. Vuela. Mata con palabras, ¿y de alguna manera cree que mi gente daría la bienvenida a ese desconocido poder tan a la ligera? Somos una isla flotante de acerco, madera y fibra de vidrio que se mantiene unida por la ley marcial y la desesperación. Esa es la realidad. La magia distribuida por esta flota nos puede hundir.
- Entonces, ¿para qué te sirven sin sus varitas? – preguntó Hermione, retóricamente – ¿Por qué los retienes aquí? ¡Los utilizas para un sangriento deporte! ¡Utilizas a los niños mágicos para experimentar!
- Ah, eso. – dijo y luego suspiró con lo que parecía ser autentico pesar - ¿Se refiere a Zabini y su hijo y a la criatura que hay en los laboratorios?
- Eloise Withinshaw. – le recordó Hermione.
- La niña del laboratorio sucumbió al tifus. Tomamos la decisión que incluía que su muerte no fuera en vano. Así que le practicamos una indolora eutanasia y su madre fue compensada con raciones extras para su restante y saludable hijo. Y con su muerte, la pequeña Eloise ha ayudado en la búsqueda de una cura.
- Es tan fácil justificar todo eso, ¿verdad? – preguntó Hermione en voz baja - ¿Y qué demonios hizo el hijo de cuatro años de Blaise para merecer que lo metieras en el Pozo?
- Puede que le sorprenda saber que no fue mi decisión meter al hijo de Zabini en el Pozo. Eso fue un error y se hizo en mi ausencia, ¿verdad, Louis? – preguntó Amarov, con un voz tan afilada como un cuchillo.
En ese momento, Hermione se percató que Amarov parecía tratarla con guantes de seda. Otros no eran tan afortunados.
Renauld estaba sudando. Se rió nerviosamente y le murmuró algo en francés a Amarov.
- En inglés, por favor. – le ordenó, sin levantar la vista de los caracoles – Y dale las razones a nuestra invitada, no a mí.
- Por supuesto. – dijo Renauld, mirando a Hermione con rebeldía – Su amigo, Blaise Zabini, intentó escapar en numerosas ocasiones con su hijo, hiriendo a dos guardias en el proceso. Robó suministros y causó disidencia entre los demás. Era un criminal rutinario y el Pozo es un castigo. Pero, como dijo Alexander, fue un… ¿cómo se dice? Error de juicio meter también a su hijo.
- Las peleas son un negocio brutal y sangriento, pero lo son por una razón. – fue Honoria la que habló esta vez y Hermione se sorprendió al escuchar resignación en su voz – Tiene que haber medidas disuasorias eficaces para los disturbios y la anarquía. Los guardias de la flota están superados en número, ¿te has dado cuenta de eso?
- Más y más cada día. – respondió Hermione, con un ánimo artificial. Esto le valió un resoplido divertido por parte de Amarov.
- No tenemos policía, señorita Granger. Tenemos una ventaja ilusoria y armas. Son tiempos sin ley y las personas necesitan una estructura.
- ¿Y de alguna manera crees que haciéndoles ver que sus compañeros son desmembrados por zombies es una buena manera de lograr eso? – preguntó Hermione.
- La disuasión punitiva funciona, querida. Es el truco más viejo del manual. Hay otros campamentos de refugiados. Los humanos de mi flota son libres de probar suerte en otro lugar si les place. He oído que en las Hébridas Exteriores no ha ido muy bien. De otros campamentos he oído noticias de saqueos, asesinatos y violación. La gente asustada pude ser muy… asustadiza.
Hermione observó la mesa, con una larga y dura mirada a cada uno de los capitanes.
- ¿Así que es eso, entonces? ¿Ninguno de vosotros tiene una objeción moral a todo esto? Todo acto de barbarie cometido en nombre de la supervivencia es justificable. – Hermione asintió – Veo que las personas humildes no heredaran la tierra a corto plazo.
Amarov entrelazó los dedos mientras la miraba.
- Ni siquiera tendrás en cuenta los méritos de cualquier razón que te dé porque responde a tus propósitos pensar en mí como una especie de monstruo.
Hermione lo miraba como si hubiera perdido la cabeza.
- ¡Tú loca necesidad de ser el primero en crear la cura ha dado como resultado la muerte de cinco de mis colegas! Y has secuestrado a otros tres y a mí. ¡Y ninguno de nosotros te hizo ningún daño!
Él se inclinó hacia adelante sobre la mesa, con un brillo inquietante en los ojos.
- No es así. – Amarov se limpió la boca con la servilleta y se puso en pie. Se volvió hacia uno de los guardias – Por favor, trae al profesor Belikov y al doctor Prestin a la sala. Están esperando afuera.
Hermione sintió que las manos se le enfriaban. Era una desagradable anticipación. Todo el mundo en la sala podía sentirla.
Un momento después, las puertas del comedor se abrieron y entró Belikov, parecía que estaba marchando hacia una muerte segura. Su estado de ánimo no mejoró al ver allí a Hermione. El medico jefe de la flota – una horrible comadreja llamada Prestin – lo seguía.
- Alexander. – dijo Belikov, a modo de saludo.
- Vadim, gracias por esperar. Quería compartir la noticia con el resto de capitanes – Amarov comenzó a caminar alrededor de la mesa – Amigos, parece que el profesor ha logrado sintetizar una cura para la Infección. Vino a decírmelo personalmente, justo antes de la cena.
Se escucharon gemidos de asombro, sorpresa y por parte de Honoria, el mismo temor que Hermione estaba sintiendo.
- ¿Es eso cierto? – exigió saber Renauld.
- Eso es lo que él dice. – dijo Amarov – Todavía hay que hacer más pruebas, pero el futuro parece brillante, ¿no es así, Vadim?
El anciano científico permaneció en silencio y totalmente sombrío.
- Dime, ¿cuáles son las tres reglas para cualquier persona que se una a nosotros en la flota?
Belikov estaba muy pálido en esos momentos.
- Obediencia, lealtad y honestidad.
- Honoria, ¿qué dices? ¿El profesor lo ha conseguido?
Honoria miró a su alrededor, buscando el silencioso consuelo del resto de capitanes. Nadie se lo concedió.
- Si el profesor dice que está listo, entonces supongo que debe estarlo…
- ¿Confías en Belikov?
- Por supuesto.
- Bien. – Amarov le sonrió. Era una sonrisa amplia y radiante que logró traerle algo de color a las mejillas – Extiende el brazo, querida.
Honoria frunció el ceño.
- ¿Perdón?
- Extiende el brazo para que Prestin pueda inyectarte una dosis del agente patógeno. – se volvió hacia el médico – Prestin, ¿has traído la muestra?
Hermione observó ese intercambio con creciente horror. Por supuesto, habría empujado a Honoria al mar helado a la mínima oportunidad que pudiera tener, ¿pero esto? Esto era perverso.
Honoria se quedó perpleja.
- Yo… yo no lo entiendo, Alexander. ¿Quieres infectarme?
- Sí. – respondió tajante – Vadim dice que el suero está listo, por lo que curarte sería cuestión de simplemente darte una dosis de la cura después de que Prestin te infecte. Pero sólo si te prestas voluntaria, por supuesto.
Eso era enfermizo. Hermione no sabía que era más retorcido, si la solicitud de Amarov o que realmente Honoria parecía que fuera a aceptar. Extendió un brazo hacia Prestin, quien se puso un par de guantes de látex y seguidamente sacó una jeringuilla de un estuche de cuero liso. El contenido del interior era un líquido de color ámbar; una muestra de la Infección, presumió Hermione.
Prestin se acercó a Honoria.
- Quédate quieta.
Los ojos de Honoria estaban muy abiertos y afligidos mirando a Amarov, probablemente esperando un aplazamiento de último minuto, una señal de que se trataba de algún tipo de espectáculo, una farsa. Pero entonces Prestin destapó la jeringuilla y tiró de la muñeca de Honoria hacia él.
- Detente. – dijo una suave voz. Era Belikov – No es la cura.
Honoria apartó la mano lejos de Prestin.
- ¿Qué diablos está pasando?
Amarov se sentó en el borde de la mesa, con los brazos cruzados.
- No lo sé. Vadim, ¿por qué no nos lo explicas?
- Esta locura tiene que terminar, Alexander. Pensaba que si confiabas en mí, posiblemente me hubieras dejado administrarles el suero a los cautivos y soltarlos.
- Confiaba en ti. – respondió Amarov, con pesar en la voz – Y Honoria también. No nos dejas elección.
Belikov parecía resignado a su destino, fuera el que fuera, pero tenía algo más rondando su mente.
- ¿Qué pasa con mis nietas?
- Se las atenderá bien.
- No puedes hacer esto. – protestó Hermione, mientras los guardias agarraban al científico. Se puso en pie - ¡Y te equivocas, sí tienes elección!
- Me ha mentido. Habría sido participe de la liberación y la potencial creación de cientos de nuevos zombies mágicos en las Islas Británicas. ¿Alguna vez ha visto lo que esas criaturas pueden hacer? – preguntó – Son tan diferentes de los zombies humanos como usted lo es de mí.
Renauld se aclaró la garganta.
- No obstante, ¿tal vez la bruja tenga razón? ¿No lo necesitamos?
Amarov había retomado su asiento en ese momento, sustituyendo la servilleta de lino sobre su regazo.
- Malfoy se hará cargo. Después de todo, está acostumbrado a encargarse de una operación como ésta. Honoria, creo que es el momento de enseñarle a la señorita Granger el expediente.
Como le había ordenado, Honoria le pasó una carpeta a Hermione, quien la cogió y se sentó.
- ¿Qué es esto?
- Fotogramas de cámaras de vigilancia, nóminas, recibos, itinerarios de viajes y transcripciones de conversaciones interceptadas. – dijo Honoria – También conocido como pruebas.
- ¿Sabías que tu atractivo colega estuvo fabricando drogas para su Señor? – preguntó Amarov.
Hermione hojeó los documentos.
- Por supuesto que lo sabíamos. Malfoy recibió una sentencia de cadena perpetua en Azkaban por el uso de las Imperdonables y por su trabajo en la producción de productos farmacéuticos mágicos en el mercado negro durante la Segunda Guerra Mágica.
Amarov se recostó en la silla.
- Pero, ¿sabes en qué tipo de drogas trabajó?
- Sí, he leído su expediente. En su mayoría se trataba de narcóticos ilegales y curas rentables para dolencias comunes. Nada de esto es nuevo para mí.
- ¿De veras? Pienso lo contrario. Vuestros Aurores atacaron las operaciones de Tom Riddle en Londres hará unos siete años. Lo desmantelaron y arrojaron a todos esos traviesos mortífagos a la cárcel, incluyendo a tu señor Malfoy. Pero el Ministerio carecía de los conocimientos científicos necesarios para determinar que se había producido en ese laboratorio. La necesidad es la madre de la invención y la triste verdad es que la gente mágica no se basa en el ingenio, simplemente mueven una varita mágica para resolver sus problemas, – dijo Amarov – literalmente.
Hermione desenrolló un pergamino que contenía el familiar membrete del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica. Parecía ser una lista compilada por los investigadores del DALM, catalogando las numerosas sustancias que habían sido incautadas en la redada.
Grapado al expediente, había un informe mecanografiado a máquina.
- Como podrás ver, me tomé la libertad de adquirir una copia de la lista y de contratar a alguien para que verificara lo que se había encontrado. ¿Confío en que reconocerás el nombre de mi asesor?
La firma del hombre estaba en la parte inferior de cada página del informe que Amarov le había encargado.
- Hendry Tan. – leyó Hermione y levantó la mirada hacia Amarov – El hombre que trabajaba con Malfoy.
Amarov asintió.
- Riddle le ofreció el financiamiento, la seguridad y la discreción que le permitió a Tan jugar a ser Dios en ese laboratorio. Sigue leyendo. Creo que verás por qué el pobre Hendry pensó que era preferible colgarse en su propio laboratorio en lugar de ayudarme a llevar esa información a las autoridades.
El informe era altamente técnico, pero Hermione ya estaba bastante familiarizada con la terminología para entender lo que estaba leyendo. Casi deseaba no estarlo.
Agente viral. Clase neurotrópica. Infiltración en el sistema nervioso periférico, nervios aferentes y sistema nervioso central. Encefalitis prodrómica. Mielitis transversa.
Mortalidad: 99%. Aplicación: bioterrorismo (en seres humanos no mágicos).
El texto de la página se arremolinó en una masa de oscuros garabatos. Hermione parpadeó para aclarar la visión. Lo leyó y releyó y después dejó el pergamino y el informe adjunto sobre la mesa con mano temblorosa.
- Liberaste al co-creador del virus que eventualmente causó la Infección, señorita Granger. Tom Riddle, Hendry Tan y Draco Malfoy son responsables conjuntos de la muerte de millones de personas. Los dos últimos trabajaban en el mismo laboratorio. Respectivamente crearon un virus y un antivirus que no estaba destinado para la población mágica. Estaba destinado a ser un arma o un elemento disuasorio contra los muggles.
Hermione parpadeó para alejar las lágrimas.
- Pero también es mortal para la población mágica…
- El doctor Tan encontró un comprador en el extranjero, pero Riddle no estaba dispuesto a desprenderse de la fórmula todavía. Tan se volvió codicioso. Antes de que la conciencia lo alcanzara, Tan logró sacar una muestra del laboratorio sin disparar ninguna alarma. Seleccionó un recipiente que podía atravesar las barreras mágicas sin ser detectado, pero no contó con que el virus haría lo que los virus hacen mejor…
Y de repente, todo tenía sentido.
- Intentó sacarlo de contrabando dentro de un mago. – supuso Hermione, con voz apática.
Amarov sonrió.
- Muy bien. El paciente cero era un empleado de la limpieza. Iba, limpiaba y se marchaba a casa por la noche. Vivió una vida muy normal durante seis años, sin darse cuenta de que sería el precursor de la plaga más mortal que la humanidad haya conocido. El resto, desgraciadamente, es ahora nuestra historia común.
- ¿Has dicho… – la voz de Hermione se quebró. Tragó saliva y volvió a intentarlo - ¿Has dicho que ibas a compartir esta información con el gobierno?
- Mi desprecio por tu especie es bien conocido. He estado ejerciendo presión para que tu gente quede expuesta durante años. Me dije que lo dejara estar, que enterrara ese informe, para no arriesgarme a desestabilizar una paz que existía entre Muggles y Magos desde hacía milenios. Estábamos seguros que la amenaza había sido contenida por el Ministerio de Magia británico. Después de todo, Riddle y Tan estaban muertos y Malfoy se enfrentaba a un confinamiento en solitario por el resto de su vida. Y si lo muggles hubieran tenido la oportunidad de excavar un poco más, corríamos el riesgo de ser los receptores involuntarios del Obliviate, o algo peor. Así es como vuestra gente guarda los secretos, ¿no? Destrozando nuestros recuerdos. Controlando mentes. Tampoco se puede confiar en tu especie para proteger el futuro de su propia gente, y mucho menos para considerar la vida de los millones de seres humanos no mágicos que mantienen el mundo en movimiento. Vuestra arrogancia ha puesto a la humanidad al borde del desastre. Así que no voy a dar cuartel a magos y brujas, señorita Granger. El viejo mundo se ha deshilachado por esta plaga y yo ayudaré a volver a coserlo. Pero esta vez, nosotros nos haremos cargo.
Hermione colocó sus manos frías y temblorosas sobre su regazo y luchó por no vomitar sobre la mesa. Las miradas de los demás a su alrededor no estaban llenas de ira, extrañamente. Era una condenada resignación, lo que era aún peor. Honoria tampoco se salvaba de eso, notó Hermione. A pesar de la lealtad a Amarov, seguía sin poder desprenderse de la mancha de sus orígenes.
Por supuesto, ponía en duda la verdad de lo que decía Amarov y la autenticidad de los documentos. El escepticismo era el sello distintivo de la buena ciencia…
- ¿Lo entiendes ahora? – le preguntó Amarov, casi con suavidad.
Ella volvió a echar un vistazo a la pila de documentos: había una foto en blanco y negro de Draco mientras caminaba por una calle de Londres, vestido con un traje muggle, cruzando los adoquines con sus largas piernas. Estaba más joven y parecía el adolescente que recordaba del colegio y menos el tranquilo y cansado hombre que era hoy. Quien a veces, en momentos despreocupados, la miraba como si tuviera la única llave de una cerradura que nunca antes había tenido interés en abrir.
Sí, ahora lo entendía.
Harry la tomó de la mano y tiró de ella hacia la salida.
"Nos vamos sin él."
"Harry, no." Hermione clavó los talones en el suelo "¡Lo necesitamos!"
"¡Nadie necesita eso! ¡Nadie puede estar tan desesperado!"
Tomó una decisión hacia muchos meses en Azkaban. Amarov y Honoria eran responsables de la muerte de sus colegas, pero eso no habría ocurrido si Hermione hubiera dejado las cosas como estaban. Había liberado inadvertidamente a la persona que Amarov estaba convencido podía terminar lo que había empezado. Y tal vez Malfoy, de hecho, sí era esa persona. Amarov había reclamado a Malfoy con un gran coste para el Proyecto Navidad. La única manera que había de que la muerte, el dolor, la paranoia y la reciente desconfianza valieran la pena era que Draco tuviera éxito. En ese momento, eso era todo lo que importaba.
Había ocho platos en total esa noche. Hermione apenas recordaba que vino después de los caracoles. El mundo era demasiado brillante y frágil y los sonidos de las conversaciones a su alrededor eran alarmantes. Se concentró en poner un pie delante del otro, mientras Honoria la escoltada de vuelta a su habitación.
- Ahora ya sabes por qué estoy aquí. – dijo Honoria – Duele tener el corazón roto, ¿verdad? – se burló la más joven de las brujas, antes de encerrar a Hermione en la habitación.
Hermione sabía que no se refería simplemente a Draco.
