Holaaa! Aquí reportandome con el nuevo capitulo! Ya nos acercamos a la recta final, muahaha. Pero tranquilos, que despues se viene otra historia... :)
Jejeje. Ahora estoy en el aeropuerto de Santiago, la capital de mi pais, en espera del vuelo que me regrese a mi Arica querida. Joojo... se preguntaran a que vine a Santiago. O tal vez no, pero se los contaré de igual forma XD Vine a un concierto, jejej. El jueves se presentó la banda inglesa de rock Placebo... ¡Ay! la voz de Brian Molko me encanta (º ¬ º) Estuvo genial... me gusto mucho. Pero todo lo bueno acaba y ahora tengo que regresar a mi vida de estudiante y trabajadora part-time TT-TT
El vuelo sale en 2 horas más, asi que estoy en una cafeteria del aeropuerto usando el internet mientras tomo un delicioso café (obviamente) ¡Y es que hace mucho frío! O tal vez solo soy yo, que al ser del norte no estoy acostumbrada al clima de la capital. Creo que soy como una lagartija XD
En fin, aqui tienen el capitulo, ya saben qué hacer. Amenlo, odienlo,tirenme tomates o platos en la cara, lo que sea... y si pueden, me dejan un review y una galletita XD. Gracias a todos por sus comentarios, los quierooo... muaakkk (sonido de beso) XD
Ni Bleach ni sus personajes sensualones me pertenecen! u.u
CAPITULO 24: ELECCIÓN
Rukia clavó su espada en el suelo para ayudarse a ponerse de pie, mientras con la otra mano limpiaba el hilillo de sangre que caía por un costado de su boca.
La batalla se había prolongado más de lo pensado y las energías de Rukia ya estaban a nivel crítico. Sin mencionar las heridas que tenía, lo que más le dolía era su orgullo. ¡Apenas y había podido lastimar a su enemigo! A pesar que ella aseguró poder vencerlo, ahora lo veía difícil.
El tipo tenía una facilidad para ocultar su reiatsu casi por completo y prácticamente desaparecer de su campo de visión. ¡Qué molesto!
No era como si se moviera demasiado rápido como para no verlo, era más bien como si se hiciera invisible. Obviamente la explicación era sobre algo acerca de la refracción de la luz o una tontería como esa, pero para ella era más sencillo decir que se hacía "invisible"
Rukia tomó su espada con las dos manos y se lanzó al lugar donde estaba aquel hombre, pero al segundo, éste desapareció y se situó detrás de ella para patearla por la espalda.
– ¿Eso es todo? – preguntó el hombre dejándose ver nuevamente.
Rukia lo examinó detalladamente. Era un tipo raro y delgado. Vestía una ropa similar a las Fuerzas Especiales, pero con colores muy escandalosos y sobre ellas, una coraza similar a una armadura samurái. Llevaba el cabello recogido y la cara cubierta por una tela negra.
– Eres aburrida. – dijo y se lanzó contra ella para atacarla nuevamente. Rukia bloqueó el ataque con su espada, pero el sujeto despareció otra vez y aprovechó para darle un corte en una pierna.
La pequeña dio un quejido de dolor y dio un salto para alejarse. Cuando estuvo a una distancia segura, examinó su herida. Un horrible tajo atravesaba su muslo derecho y sangraba profusamente. Ella presionó la herida por unos segundos y luego volvió a concentrarse en su enemigo.
"Maldito" "Se esconde como un cobarde" pensó, mientras miraba en todas direcciones.
Ella no podía verlo, aparte de esa molesta "técnica" o lo que sea que fuera lo que lo hacía desaparecer, esa neblina también interfería con su visión. Sin contar, claro, que tampoco podía sentir su reiatsu y solo se percataba de su presencia cuando ya estaba demasiado cerca de ella.
Rukia dudaba si liberar o no a Sode no Shirayuki. Sabía que si lo hacía, podría derrotarlo sin problemas, pero eso significaba no obtener nada de información acerca del enemigo. Aunque tampoco estaba segura si el tipo le confesaría algo si lo amenazaba. Aun así, tenía que intentarlo.
– Hadou nº31: Shakkaho. – gritó Rukia disparando la energía roja sin saber muy bien a dónde apuntar.
– ¡Fallaste otra vez, tonta! – y apareció tras ella para patearla por la espalda.
– ¡Arrgg! – se quejó ella, deteniéndose en el aire. – ¡Muéstrate, bastardo! ¡Juro que te aplastaré! – ya se estaba aburriendo de ese tipo y su odiosos movimientos.
La idea de destruirlo sin piedad y averiguar las cosas después se le hizo muy atractiva.
– Vaya, ¿dónde he oído eso antes? – el sujeto apareció frente a Rukia dejándose ver por completo y poniendo un dedo en su barbilla en una pose pensativa. – Ah, es cierto. – se golpeó la palma con un puño. – Son las mismas palabras que repetía una y otra vez ese chiquillo estúpido. – sonrió con malicia. – ¡Cielos! Fue tan divertido verlo así de afligido por alguien como tú. – su sonrisa se acrecentó más, mientras Rukia se enfurecía también. – Deberías haberlo visto. ¡Cómo gritaba tu nombre! Y seguro que ahora está haciendo lo mismo, esperando que vayas a salvarlo.
– Ichigo está bien. – aseguró ella. Confiaba en que Ichigo y Renji estaban a salvo. – No te preocupes por él, deberías preocuparte por ti mismo. – agregó.
– ¡Por favor! ¿Sigues pensando que puedes vencerme? ¡Solo mírate! Apenas puedes mantenerte en pie. – sonrió burlonamente. – No me hagas... – pero fue interrumpido por una fuerte patada de la pequeña que lo hizo retroceder varios metros.
– Ya lo dije, me encargaré de aplastarte. – dijo con una sonrisa de satisfacción. Tenía que aprovechar ahora que podía verlo.
El hombre frunció el ceño y volvió a desaparecer. Ya era tiempo de acabar con esa mocosa de una vez por todas.
– Veo que insistes en ocultar tu reiatsu. – comentó ella, empuñando su espada con ambas manos.
– Así es. – se escuchó la voz del tipo. – No te molestes en tratar de encontrarme, niña. Soy más veloz que tú, ni siquiera me cortarás un solo cabello con esos tontos movimientos.
El sujeto se lanzó contra ella, pero Rukia ya estaba memorizando sus movimientos y pudo bloquear su ataque a tiempo.
– ¿Por qué estás haciendo esto? – le preguntó mirándolo fijamente, mientras ambas espadas se empujaban. – Tú también eres un shinigami, ¿verdad? – el sujeto se sorprendió, pero no dijo nada. – ¿No te sientes mal al traicionar a tus compañeros?
– La verdad no. – respondió sin más, empujando con más fuerza y alejándose. – Ellos nunca fueron mis compañeros. – agregó con resentimiento. – Todo esto es por el bien de mi amo.
– ¿Quién es tu amo? – le preguntó ella, a lo que el hombre dio una sonora carcajada.
– No pensarás que te lo diré tan fácilmente, ¿verdad? – dio otra carcajada. – Pronto el Seireitei se inclinará ante el hombre que alguna vez rechazó.
– Maldito, no sé qué están tramando, pero no dejaré que lo hagan. – aseguró ella. – Los detendré a todos.
– ¡Esa típica arrogancia de los Kuchiki! – escupió el hombre mirándola con furia. – No te creas tanto, mocosa. Pronto tú y tu hermano se unirán a los demás muertos.
Rukia se sorprendió. Al parecer esos sujetos tenían algo en particular contra su familia, o tal vez contra los clanes nobles. ¡Quién sabe! Cualquiera fuera el motivo, tenía que detenerlo ahora.
– Ya te dije que no pronunciaras mi apellido con tu asquerosa voz. – los ojos de Rukia despedían llamas.
– ¡Y yo te dije que no seas engreída, perra! – le gritó el otro, y apareciendo tras ella, le dio un gran corte en la espalda.
– ¡Argg! – se quejó la pelinegra, mientras se alejaba de un salto y se apoyaba sobre un tejado.
– ¿Lo ves? ¡No eres nada! ¡Eres débil y patética! Y aun así actúas como si fueras la gran cosa. – se burló.
– Cállate. – dijo ella con la cabeza baja. Ya se estaba enfureciendo.
– Me pregunto cuál será la reacción del gran Kuchiki Byakuya cuando vea tu cabeza tirada en el piso. – lo pensó por unos minutos. – Bueno, no importa, de todos modos se unirá a ti luego. Al igual que ese mono pelirrojo y el mocoso humano.
– Dije que te callaras.
– O tal vez a ti te lleguen las cabezas de esos tres. ¡Sí! Eso es mejor, sería muy divertido.
– ¡Cállate! – gritó ella y se lanzó a ciegas contra el lugar de donde provenía la voz.
El sujeto sonrió complacido y agitó su espada contra la chica, quien recibió otro corte a lo largo del pecho. Ella agitó su espada ciegamente, pero el tipo la esquivó sin problemas.
¡Maldito! ¡Era muy rápido! Y el hecho de no poder verlo ya la estaba volviendo loca. Tenía que hacer que se detuviera como sea.
– Esto ya me aburre. – dijo el sujeto dando un bostezo. – No eres gran cosa. Iré a ver cómo van las cosas con los otros dos. – cerró los ojos y dio un suspiro. – Adiós, chiquilla. – y empuñando la espada en posición horizontal, se lanzó contra la ojivioleta.
Rukia lo vio venir, pero no se movió. La espada del sujeto atravesó un costado de su vientre.
Ella apretó los ojos y luego los abrió para mirar fijamente al hombre frente a ella. Dos hilos de sangre cayeron por la comisura de sus labios, pero aun así pudo darle una pequeña sonrisa.
– T-también me aburre a mí. – dijo burlona, aunque sin poder ocultar una mueca de dolor. El tipo trató de alejarse, pero sintió como la pequeña sujetaba con fuerza sus manos impidiéndole escapar. – Un truco de Ichigo. – le informó, recordando lo que su hermano le había contado sobre lo sucedido al final de su batalla contra el pelinaranja. – Lo siento, ni siquiera pude preguntar tu nombre, pero esto se acaba ahora. – cerró los ojos y puso una palma frente a la cara del tipo. – Hadou nº33: Soukatsui. – una ráfaga de energía azul salió disparada justo a su cara, impactándolo de lleno.
El sujeto se soltó del agarre de Rukia y cayó a través de los edificios envuelto en una nube de humo y profiriendo miles de insultos.
Rukia cerró los ojos tratando de suprimir el dolor de la herida de su abdomen, mientras volvía a toser sangre, pero todavía no podía darse el lujo de descansar.
Ella se sacó la espada y la arrojó a un lado, y utilizando shumpo pudo ponerse detrás del tipo, antes que tocara el suelo.
– Hadou nº 63: Souren Soukatsui. – juntando las dos palmas, una energía azul todavía más potente salió disparada de sus manos, impactando nuevamente contra él y lanzándolo en la otra dirección.
El tipo se estrelló con fuerza contra uno de los destrozados edificios, derrumbándolo por completo y rebotando contra cada uno de los escombros.
Después de un instante trató de levantarse, estaba cubierto de sangre, y tenía el cuerpo casi desgarrado por los ataques de Rukia. Apenas duró un segundo de pie y se desplomó con fuerza en el suelo. Estaba muy malherido y ya no tenía fuerzas.
La tela que cubría su cara se había despedazado revelando un rostro mucho más juvenil que el que demostraba su voz.
"Es solo un chico" pensó Rukia al verlo, pero no podía confiarse por eso.
– ¡Arrgghh! – el sujeto escupió sangre y se quejaba mientras se arrastraba, tratando de levantarse otra vez. – ¡Ma…maldita! – gruñó con furia. – Me las pagarás. – dijo, apoyando las manos para incorporarse. – ¡Me las pagarás, perra! ¡Te mataré como a un cerdo y disfrutaré el oírte gritar! – la amenazó mientras levantaba la cabeza.
Vio unos pies acercarse a él y varias gotitas de sangre que caían alrededor de ellos.
Rukia lo miraba desde arriba, con la respiración entrecortada, se sujetaba el vientre con una mano y empuñaba su espada con la otra. Su cara estaba pálida y sudaba profusamente.
– D-dime quien eres y te dejaré ir. – dijo ella, ignorando por completo sus amenazas. Sus heridas no dejaban de sangrar, pero no era el momento para pensar en eso.
– ¡Púdrete, perra! – le gritó el chico y le lanzó un escupitajo de sangre a los pies.
Y usando las últimas energías que le quedaban, se levantó y se abalanzó contra ella. No tenía espada ni nada, solo un instinto asesino que no lo llevaría a ninguna parte.
Rukia cerró los ojos y de un salto que provocó que sus heridas se abrieran todavía más, se alejó de él.
– Ba…baila, Sode no Shirayuki. – la espada de Rukia se transformó y ella la sujetó entre sus temblorosas manos. – S-segunda danza: Hakuren. – el muchacho ni siquiera alcanzó a reaccionar cuando una ola hielo lo impactó de lleno, congelándolo al instante.
Al cabo de unos segundos, la enorme escultura de hielo se disolvió en miles de fragmentos y con él, ese misterioso chico.
– Tienes… razón. – susurró ella, mirando como los trozos de hielo brillaban con el sol. – D-después de todo no te corté ni un cabello. – sonrió satisfecha mientras volvía a sujetarse el vientre con una mano, tratando de evitar que la sangre saliera. – Ya… ya voy, espérenme…Ichigo… Renji… Nii-sama… – dijo mientras caminaba lentamente y arrastraba su espada. Cuando trató de saltar para ir a su encuentro, una punzada de dolor la recorrió de pies a cabeza.
Había ganado la pelea, había cumplido su palabra, pero ahora su cuerpo le entregaba la factura de aquel combate.
– I…Ichigo. – dijo tratando de permanecer consciente, pero poco a poco todo se volvía negro. – Ichigo…
Rukia cayó pesadamente en el suelo, sin soltar su espada y sin poder evitar que la sangre se desparramara en el piso.
- o -
– ¡Nemu! ¿Ya lo tienes? – gritaba el capitán del 12vo. escuadrón.
– Todavía no, Mayuri-sama.
– ¡Tsk! ¡Qué inútil eres! – le gritó. – ¡Hazte a un lado! – y con un fuerte empujón la alejó de los monitores, donde comenzó a presionar un sinnúmero de teclas.
Byakuya y Yoruichi miraban silenciosos la situación.
– Hoho. – dijo el científico con su espeluznante sonrisa. – Vaya, vaya, ¡qué interesante!
– ¿Qué es? – preguntó Yoruichi acercándose a él y mirando la pantalla. Kurotsuchi la miró con molestia por su aproximación. – ¿Acaso…?
– Así es. – dijo alejándose de la mujer. – Es el mismo mineral del que había investigado antes. Con que al fin apareció la escoria que lo utiliza. – agregó con una sonrisa burlona. – ¡Mira que tratar de destruir el Seireitei con un nivel tan bajo como el suyo!
– Lo sabía. – dijo Yoruichi. – Si estás tan confiado supongo que ya tienes una forma de contrarrestar esa cosa, ¿verdad? – preguntó burlona. – ¿Y? ¿Pudiste averiguar algo más?
– Sí, gracias al espécimen que trajeron hace un rato, también pude identificar esa extraña energía que usan y que les ha causado tantos problemas. – dijo sarcásticamente.
Byakuya frunció el ceño al oírlo. Nunca le había agradado que se refiriera a los demás como espécimen y tampoco que se tomara tan a la ligera todo lo que estaba sucediendo. Sobre todo porque él rara vez ayudaba a combatir a los enemigos, por muy "escorias" que fueran. Yoruichi por su parte, sonreía divertida y no parecía molestarle. Ella ya conocía la odiosa personalidad del científico y después de todo, había sido ella quien se devolvió a buscar el cuerpo del shinigami que Byakuya había derrotado.
– ¿Esa onda roja y negra?
– Así es. Se trata de un simple kidoh modificado. – respondió alzándose de hombros.
– ¿Modificado con qué? – preguntó Byakuya.
– ¡En realidad no podría llamársele kidoh! se escuchó una voz desagradablemente familiar para varios de los presentes. – Es como un "intento" de kidoh.
Kurotsuchi miró en todas las direcciones de su laboratorio en busca de esa molesta voz, pero no encontró nada.
– ¡Yohoo! ¡Por aquí, capitán Kurotsuchi! – se escuchó la voz de Urahara y en seguida su cara apareció en uno de los monitores. – ¡Holaaaa! – saludó a los presentes.
– ¡Kisuke! – exclamó Yoruichi sorprendida. – ¿Cómo apareciste ahí?
– ¡Ah! Dejé una conexión aquí hace algún tiempo. – dijo escondiéndose detrás de su abanico. – Pero bueno, lo que querían saber era qué es esa cosa, ¿verdad?
– Eso es lo que estaba a punto de explicarles. – dijo Kurotsuchi con el ceño fruncido. – ¿Y con qué derecho instalas conexiones en mi Departamento? – lo encaró mirándolo con furia.
– Habla de una vez. – ordenó Byakuya mirando hacia la pantalla.
– Como el capitán Kurotsuchi les informó, esa especie de armadura está hecha con Shisekkise. – les informó. – Ya saben, esa cosa que repele cualquier energía espiritual externa y que también suprime la energía interna de cada persona, ¿lo recuerdan? – les preguntó. Byakuya y Kurotsuchi lo miraron fijamente, era obvio que lo recordaban.
– ¿Y qué es el kidoh del que hablaban?
– Oh, sí. Vaya, eso sí que fue muy interesante. – continuó el rubio. – Verán, ese "kidoh" en realidad es una mezcla entre el reishi natural que nos rodea y uno completamente artificial.
– ¿A qué te refieres con artificial? – preguntó Yoruichi.
– Es un reishi adulterado. Es la fusión de las partículas que componen los diversos tipos de elementos de la Sociedad de Almas, desde plantas y rocas hasta personas. – el semblante de Urahara se ensombreció. – Se supone que jamás deberían juntarse, pero para lograrlo tuvo que desintegrar cada uno de estos elementos y reunirlos en uno solo, utilizando técnicas kidoh que por lo demás, están sumamente prohibidas. Cuando esa "energía" se libera, sigue intentando descomponer el entorno para agregarlo a sí misma, como si se los estuviera comiendo, ¿me entienden? Es muy peligroso, y entre más partículas adquiera, más fuerte se hará. Así que tengan cuidado. – les aconsejó.
– Pero los sujetos que están atacando el Seireitei no tenían poderes parecidos. – señaló Yoruichi. – Solo ocultan su cuerpo físico y su reiatsu, pero nada más.
– Claro, es por eso que están utilizando esas explosiones. Al usar esa cosa no pueden usar kidoh. – agregó Kurotsuchi.
– Creo que Shimada-san es el único que tiene ese tipo de poderes. – explicó Urahara. – Según lo que informaron en un principio, su tío, ese tal… eehh… no recuerdo su nombre, pero él, también tenía esa habilidad.
– ¿Crees que sea el mismo tipo que manipuló al Rukia? – preguntó Yoruichi.
– ¿Qué? ¿Manipularon a la mocosa? – preguntó el científico, recibiendo una mirada gélida de Byakuya. – Vaya, estos niños de hoy en día, ni siquiera pueden defenderse de una escoria como esa.
– Pero si vuelve a ocurrir, ya sabes qué hacer Yoruichi-san. – dijo Urahara. – Usa ese neutralizador que te di. Y recuerda no hacerlo más de 30 segundos, de otra forma podrías dañar la esencia del alma de la persona.
– Lo sé. – afirmó ella. – Yo soy más cuidadosa que tú, tonto.
– ¿Neutralizador? ¿Qué es eso? – el científico no se aguantó y tuvo que preguntar.
– ¡Vaya! ¿Acaso ahora quieres saber cómo vencer a esa "escoria? – dijo imitando la voz del capitán. – Pues… ¡leru-leru! ¡No te lo diré! – Urahara le enseñó la lengua a lo que Kurotsuchi frunció el ceño y muchas venitas aparecieron en su cabeza. – Lo siento, pero es un producto secreto y registrado de la tienda de Urahara, aunque todavía no tiene nombre. – dijo sonriendo tras de su abanico.
– Entonces es obvio que van tras Kaoru. – dijo Yoruichi, ignorando la discusión infantil entre los dos locos. – Pero, ¿en dónde estará?
– Él ya está ahí. – todos vieron a Urahara sorprendidos. – La señal de rastreo que instalé en su cuerpo indica que ya está en el Seireitei. Tienen que buscarlo.
– ¿Cuándo le instalaste esa cosa? – Yoruichi arqueó una ceja.
– Desde esa vez en la playa. – respondió el rubio con una sonrisa. Por un momento pensó en revelar el primer avance de Ichigo y Rukia de aquella vez, pero pensó que no era el momento para hacerlo. Además, fastidiar a Ichigo cuando no está presente no era divertido. – Akon-san. – llamó al tercer oficial del 12vo. escuadrón. – Te envío la señal de Shimada-san, ¿podrías localizarla por favor?
Akon miró a Kurotsuchi antes de responder. El capitán por toda respuesta solo frunció el ceño y le dio la espalda. Al parecer esa era su manera de decirle "hazlo"
El vicepresidente del Departamento de Investigación y Desarrollo tecleó velozmente algunos códigos en uno de los computadores y una señal apareció en la pantalla.
Ahí se mostraba la localización exacta de Kaoru, en las cercanías del sexto escuadrón. Akon revisó las grabaciones de las cámaras de vigilancia del Seireitei y una imagen se mostró en los monitores; un pilar de luz y un chico suspendido en el medio. Después de un segundo aparecen Renji e Ichigo en la escena y luego todo se oscurece.
Byakuya se angustió al verlos ahí. Se suponía que estaban con Rukia y que la acompañarían hasta su escuadrón. ¿Dónde estaba ella?
– Ponla en tiempo real. – ordenó Byakuya.
Akon obedeció, pero las cámaras ya no mostraban nada, solo un lugar oscuro y nada más.
– Sigue buscando.
El shinigami movió los controles de las cámaras y varios lugares del Seireitei se fueron mostrando a la vez.
En una de las imágenes, Byakuya pudo ver a Rukia tirada en el suelo de un lugar completamente destruido.
El pelinegro abrió los ojos con espanto al verla sobre un charco de sangre y al parecer totalmente inconsciente. Su primer impulso fue correr hacia ella, pero Yoruichi lo sujetó por un brazo antes que pudiera salir del laboratorio.
– Cálmate Byakuya. – le dijo sin dejar de mirar las imágenes. El pelinegro frunció el ceño. – Fíjate bien. – agregó, indicándole que mirara la pantalla.
Byakuya volteó nuevamente y pudo ver como una diminuta figura se acercaba a su hermana. Su expresión se suavizó casi imperceptiblemente al reconocerlo. No digamos que era una gran protección para ella, pero al menos se aseguraría de salvarle la vida.
Dio un pequeñísimo suspiro de alivio y se concentró en lo que Urahara les iba a explicar.
– Hay que buscar a Ichigo y Renji. – dijo Yoruichi, una vez que el rubio les contó todo, que era prácticamente lo mismo que ya todos sabían.
Byakuya solo asintió.
– Kisuke, ¿no vendrás? – preguntó la morena. – Podrías encontrar algo interesante.
– Lo siento Yoruichi-san, pero ahora estoy ocupado con algo muy importante. – respondió. Todavía no quería acercarse a Byakuya, pues estaba seguro que no le había gustado su hermoso video.
– Solo estás leyendo ese manga de nuevo. – se burló ella. – Es lo único que haces, tonto. Aunque es bueno que ya no veas esas páginas raras que siempre visitas.
– ¡Pero qué dices Yoruichi-san! – se defendió el rubio. – En realidad encontré algo muy interesante por internet. ¿Sabían que hay una página donde escriben historias sobre nosotros? – les preguntó con asombro. – Es muy divertida, en esa página puede suceder lo que sea y hay historias de muchos estilos. Aunque no sé por qué no escriben tanto sobre este guapo personaje. – dijo apuntándose. – Ahora estoy leyendo una historia en donde Kuchiki-san se transforma en bebé y Kurosaki-san la cuida. Es tan linda. – y dio un suspiro juguetón.
Una gotita cayó por la cabeza de Yoruichi, Akon e incluso Byakuya. ¿Qué tonterías estaba diciendo Urahara? ¡Como si algo como eso pudiera existir! ¡Ni siquiera en el todo poderoso internet podría haber escrita una tontería como esa!
– Hay que irnos. – dijo Byakuya, interrumpiendo los delirios del rubio con esa página web inexistente.
– Nos vemos. – dijo Yoruichi, saltando detrás del pelinegro.
Akon quedó pensativo por un momento. Se preguntaba si en verdad existiría algo así y si alguien escribiría algo sobre él. Aunque ahora no era el momento, apenas terminara todo, se encargaría de averiguarlo.
- o -
– ¿Por qué oscureció todo? – preguntaba Ichigo mirando a su alrededor.
– ¡Yo qué sé! – gritó Renji. – ¡Ayúdame a bajarlo de ahí!
Ichigo lo meditó por unos segundos, mientras miraba alrededor. Por un instante la idea de dejarlo ahí le pareció tentadora.
– ¡Bastardo! ¡¿Qué tanto estás pensando?! – le gritó el pelirrojo, a lo que Ichigo reaccionó. – ¿Acaso quieres dejarlo aquí? – Renji parecía escandalizado.
– ¡Claro que no, tonto! – se defendió. – Es solo que…trataba de recordar si dejé la plancha encendida o no. – dijo lo primero que se le vino a la mente.
– ¿Qué es una plancha? – por fortuna Renji no podría saber que la excusa de Ichigo era totalmente estúpida.
Ambos shinigamis se acercaron al ojiverde y se irguieron, tratando de liberarlo de esas extrañas cadenas de energía que sujetaban sus muñecas. El cuerpo de Kaoru estaba manchado de sangre y se veía espantoso.
– No lo toquen. – se escuchó una voz tenebrosa a sus espaldas.
Los dos chicos voltearon e instintivamente llevaron la mano a su cintura para tomar su espada, encontrándose con un sujeto alto, de cabello marrón que se cubría el rostro con una tela negra, dejando al descubierto solo sus ojos.
– ¿Quién diablos eres tú? – preguntó Ichigo.
– No les importa. – respondió. – Aléjense del chico y todo estará bien.
Renji volvió a entrecerrar los ojos. ¿Por qué diablos no podía recordar donde había escuchado aquellas voces? Comenzaba a pensar que de verdad era un despistado.
– ¿Qué asunto tienes con Shimada? – preguntó Ichigo parándose frente a Kaoru y sorprendiéndose a sí mismo. ¿Quién diría que algún día lo estaría defendiendo?
– Ya dije que no les importa. – repitió el hombre y con un rápido movimiento, se acercó a Ichigo y lo tomó por el cuello. – No estorbes niño, de lo contrario morirás igual que la mocosa Kuchiki. – le dijo burlonamente.
Los shinigamis palidecieron al oírlo. El pelinaranja se liberó del agarre y se lanzó contra él. Renji apareció a la espalda del tipo para atacarlo también, pero éste desapareció.
– ¿Qué…?
– ¡Son muy lentos, niños! – se burló.
– Maldito. – masculló Ichigo.
En un descuido de ambos, el sujeto apareció a sus espaldas y le dio un furioso corte en la espalda a cada uno.
– ¡Arrggg! – se quejaron al mismo tiempo.
El hombre de cabello marrón se acercó a Kaoru y sujetó su cuello con una mano. Mientras en la palma de la otra aparecía una pequeña llama de color rojo. Luego, con un rápido movimiento incrustó la mano en el pecho de Kaoru.
El chico abrió los ojos de golpe por el dolor y poco a poco pudo enfocar las imágenes frente a él. Una vez que se acostumbró a la escasa luz del ambiente, pudo ver al sujeto frente a él y lo reconoció enseguida.
– Ni… – entre el dolor y la impresión, Kaoru no pudo articular palabra alguna.
– ¡Aléjate de él! – gritó Ichigo, mientras agitaba su espada contra el hombre pelimarrón.
El sujeto en cuestión esquivó fácilmente el ataque, pero tuvo que soltar a Kaoru, y al hacerlo, también cortó las cadenas que lo sostenían.
Renji liberó a Zabimaru y se lanzó contra el tipo, pero el sujeto era muy hábil y pudo esquivar con facilidad los ataques del teniente.
– Están muy tímidos hoy. – comentó el pelimarrón con una voz filosa. – Tal vez debería traer el cuerpo de esa mocosa para ver si se motivan un poco más.
– ¿Qué estás diciendo?
– Tal vez está viva todavía. – dijo mirando al cielo. – Si es así podría jugar con ella otra vez. ¿No creen que sería lindo?
Ichigo apretó los dientes y empuñó una de sus espadas con fuerza.
– ¿Fuiste tú? – preguntó.
– Así es. – reconoció sin más.
– Maldito, dime por qué lo hiciste. – la voz de Ichigo estaba cargada de un timbre amenazador.
– Veamos… – miró fijamente a los dos shinigamis frente a él. – Porque siempre hay alguien a quien uno no puede lastimar por más que quiera, y para todos ustedes, esa persona es esa mocosa. Sería importante en mis planes, aunque alguien me arrebató a mi pequeño juguete. – agregó fingiendo tristeza.
– ¡Ella no es un juguete! – gritó Ichigo furioso.
– ¡Maldito infeliz, me las pagarás! – gritó Renji. – ¡Bankai!
El shikai de Renji se transformó a su segunda liberación y el pelirrojo lanzó un potente ataque hacia el pelimarrón que, por un instante, se mostró sorprendido.
– ¡Espera! – gritó Kaoru, sacando fuerzas de quien sabe dónde. – ¡Detente, no lo hagas! – y a duras penas se acercó hacia Renji y se interpuso en su camino.
El pelirrojo frunció el ceño y desvió el ataque que se incrustó en uno de los rincones de aquella oscuridad. Una pequeña grieta se formó y de pronto, todo alrededor se quebró, dejando a la vista el ambiente normal. Para sorpresa de todos, ya no estaban cerca del sexto escuadrón, ahora estaban en la colina del Sokyoku.
– ¡¿Qué demonios estás haciendo, Shimada?! – le gritó Ichigo.
– ¡N-no… no lo lastimes!
– ¡Muévete, idiota! – gritó Renji, al ver que Kaoru se paraba frente a él.
– ¡Deténganse! – les pidió. – ¡No lo lastimen!
– ¡No interfieras, idiota! ¡Es el enemigo!
– ¡Espe…! – no alcanzó a terminar la frase cuando sintió un profundo corte en su espalda que lo hizo caer arrodillado frente a los shinigamis. Kaoru volteó lentamente para enfrentarse a esos ojos marrones que lo miraban fríamente. – ¿P-por qué? – preguntó con voz quebrada y sintiendo su corazón encogerse en su pecho. – ¿Por qué… Nii-san?
- o -
Rukia abrió los ojos lentamente y pudo ver a alguien que se inclinaba sobre ella. Parpadeó por unos instantes hasta lograr reconocer a la persona que la miraba con interés.
– ¡Ah! ¡Rukia-san! – exclamó con alegría y una gran sonrisa. – ¡Qué alivio! ¡Estaba muy preocupado!
– Ha… ¿Hanatarou?
– ¡Sí! – afirmó el shinigami ayudándola a incorporarse.
– ¿Tú fuiste quien me curó?
– Sí. – respondió. – Creo que llegué justo a tiempo. – dijo mientras se rascaba una mejilla nerviosamente.
– ¡Estás herido! – exclamó ella al fijarse en las ropas del chico manchadas con sangre.
– ¿Eh? ¡Ah, no! Esto… esto no es mío. – dijo agitando su ropa para mostrarle que estaba bien. – Es solo que cuando la encontré en ese lugar, tuve que sacarla de ahí y al cargarla me ensucié con la sangre de su ropa.
– Oh, ya veo. – ella bajó la vista a ver como de desastrosa estaba su ropa, pero se sorprendió al ver que su traje shinigami estaba intacto.
Ella de inmediato miró a Hanatarou con la cara avergonzada. ¿Acaso él la había cambiado de ropa?
– ¡Ah, no, no! – se apuró en negar, moviendo sus manos nerviosamente. – N-no fui yo. – se defendió. – Inoue-san reparó su ropa cuando se encargó de eliminar las cicatrices que le habían quedado.
– ¿Inoue? – preguntó algo aliviada. – ¿Ella está bien? ¿En dónde está ahora?
– Estamos bajo los cuarteles del cuarto escuadrón. – explicó Hanatarou. – Ella y sus amigos humanos están arriba también. Todos están ayudando.
– ¿Ichigo y Renji también?
– No. – movió la cabeza negativamente. – No sabemos en dónde están ahora.
– Iré a buscarlos. – dijo ella, levantándose. – Gracias por curarme Hanatarou, ahora ve con los demás. – agregó y después de sonreírle al chico, se alejó.
- o -
Rukia corría hacia el lugar donde los había enviado la última vez, cuando sintió el reiatsu del bankai de Renji.
¡Estaban en la colina del Sokyoku! Ese estúpido lugar que siempre se repetía cada vez que pasaba algo terrible. ¿Es que acaso no había más escenarios?
El Seireitei todavía estaba en plena batalla, pero al parecer ya estaba siendo controlado. Según el informe que la teniente Kurotsuchi había enviado a través del Tenteikura los shinigamis ya sabían la forma de actuar del enemigo y podían enfrentarlos sin problemas.
Ahora solo faltaba vencer al líder y pronto acabaría todo eso.
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Al llegar donde Ichigo y Renji, vio una escena que la sorprendió.
Kaoru estaba arrodillado en el suelo, con una gran herida en la espalda y todo magullado, mientras Ichigo y Renji estaban detrás de él, a la vez que un hombre de cabello marrón los miraba fijamente.
Rukia reconoció esos ojos enseguida. Era el mismo hombre que se había despedido de ella en la Senkaimon hace algún tiempo.
– ¿S-Shimada-dono? – preguntó ella, dudando de si debía acercarse o no.
– ¡Aléjate, Rukia! – gritó Ichigo y ella reaccionó justo a tiempo para evitar el ataque de una espada.
– ¡¿Qué… qué es todo esto Shimada-dono?!
– Así que estás viva. – dijo el hombre con cierto resentimiento, quitándose la tela que cubría su cara. – Supongo que no debí esperar mucho de ese inútil de Tetsu.
El cerebro de Renji hizo "clic" justo en ese momento. ¡Sabía que esas voces le eran familiares! Tardó en reconocerlas, pero sabía que conocía a los dueños de esas voces. Uno era el mocoso ese, el mensajero y sirviente del clan Shimada y ahora éste, que era el mismísimo hermano mayor de Kaoru; Takeru.
¿Qué estaba pasando? ¿Por qué Takeru estaba haciendo todo eso? ¿No se suponía que el enemigo era ese tal Kinji?
– ¿Nii-san? – preguntó Kaoru clavando sus ojos verdes en los marrones de Takeru. – ¿Por qué?
– Odio tener que responder preguntas. – dijo sin más. – Así son las cosas, Kaoru. Ahora, por favor muere. - agregó como si aquello fuera lo más natural del mundo.
– ¡Maldito! ¡¿Qué clase de hermano eres?! – le gritó una Rukia encolerizada.
– No te metas en esto perra Kuchiki. – gruñó Takeru.
Rukia se perdió en el espacio por un segundo. ¿Cuántas veces le habían dicho perra en lo que iba del día? Ya había perdido la cuenta, pero sacudió su cabeza para despertarse. No era momento para pensar en esas tonterías.
– ¡Bastardo! ¡No te acerques a Kaoru! – le gritó la pelinegra, parándose frente al ojiverde
– ¡Dije que no te metieras en esto!
– ¡Maldito! ¡Es tu hermano! – gritó Ichigo.
– Ese niño no es mi hermano. – informó Takeru. – Solo es un experimento defectuoso que jamás debió haber crecido, al igual que el resto de su familia. – agregó con una sonrisa. – Fui muy descuidado al dejarlos vivir por tanto tiempo, pero sus poderes fueron muy grandes, incluso para mí. Pero ya todo acabó.
– ¿Qué… qué estás diciendo Nii-san? – preguntó Kaoru con la voz quebrada. No podía creer lo que estaba escuchando. – ¿Nee-san está…?
– Mika. – susurró su nombre al viento. – Otro experimento defectuoso, pero ya está controlado. – la sonrisa malvada de Takeru era espeluznante. – No te preocupes, te encontrarás con tu familia pronto.
– ¡Bastardo! ¡¿Qué fue lo que hiciste?!
– Tsk. Al parecer a ustedes le gustan las explicaciones. – suspiró. – Bueno, ahí va. Toda la familia de este niño ya está muerta. Todos; Mika, su esposo Shima, sus cinco niños y su hermano mayor, Kinji. – contó con los dedos mientras los nombraba. – Ahora todos han servido para incrementar mi poder.
– ¿Qué? – preguntaron todos boquiabiertos por la revelación. Kaoru ya no aguantó más y cayó desplomado sobre el suelo.
¿No se suponía que Kinji era el tío villano? ¿Qué demonios estaba pasando?
– No puede ser. – dijo Ichigo.
– Claro que puede ser. – se burló. – Ustedes los shinigamis son muy fáciles de engañar, ¿sabían? Se creen cualquier cosa que alguien de rango inferior a ustedes les cuenta. Pues, ¿saben qué? No siempre es así. – los miró con furia a todos. – Fue muy sencillo hacerlos creer en un enemigo que no existe y concentrarlos en él mientras yo me movía tranquilamente.
– Maldito…
– ¿Y qué pretendes con todo esto? – preguntó Renji mirándolo con fiereza.
– Solo destruir el Seireitei. – respondió alzándose de hombros. – Lo demás no me importa mucho.
– ¿Por qué?
– Ya dije que odio responder preguntas. ¿Es que acaso no me oyeron?
– ¡Maldito! ¡Habla de una vez! – le gritó Ichigo.
– Pues, si quieres saber, les haré pagar el haberme rechazado de esa forma. – dijo con rabia en la voz. – En esos tiempos era imposible que una pequeña familia noble tuviera un miembro con un poder tan elevado como el mío. Iba contra la jerarquía de las Grandes Casas nobles y el Gotei 13 mismo. – les informó. – ¿Acaso estaba condenado por haber nacido en una familia inferior? – preguntó. – Claro que sí. No tuve ninguna oportunidad, y lo más conveniente para ellos era eliminarme. Trataron, pero no pudieron. Ninguno de sus tontos jueguitos con kidoh podían hacerme daño, así que lo único que les quedó fue dividir mi alma en varios trozos y dejarlos en suspensión, escondidos en los lugares más recónditos del Rukongai. – los ojos de Takeru lanzaban llamas. – Mi cuerpo apenas conservaba una parte de mi alma y fue arrojado a un lugar vacío como si fuera un perro y mis poderes sellados para siempre. Y por un momento creí que así sería, hasta que Tetsu me encontró y me ayudó a recuperarme, aunque yo ya no era el mismo de antes. Me habían humillado, me lo quitaron todo, incluso mi nombre. Pero cuando no tienes nada, lo único que puede mantenerte vivo es un sentimiento. El odio. El odio hacia todos los que tuvieron la suerte que tú no tuviste. El odio hacia el sistema podrido que decide la vida de la gente. El odio te consume y el odio te revive.
Todos escuchaban atentamente.
– Después de un tiempo tuve que comenzar de cero, y fue ahí cuando me crucé con los padres de este niño. Serían muy útiles para comenzar lo que había planeado hace tanto tiempo. La familia perfecta en donde guardar los trozos de mi alma y hacer que volvieran a su estado original, aunque claro, no estaba planeado que esos niños crecieran tanto. – sonrió.
– Tu historia me aburre. – interrumpió Ichigo levantándose. – No entendí que te ocurrió, pero eso no es motivo para tus idioteces actuales.
– ¡Jah! Como se nota que solo eres un chiquillo. – se burló. – Ahora, entréguenme al chico. – apuntó a Kaoru. – Es tiempo de recuperar lo que me pertenece.
– No. – Rukia se paró decidida frente a él. – Ve a llorar a otra parte sobre tus infortunios, pero a Kaoru no te lo llevas.
– ¡Ya no interfieras…!
– ¿Perra? – Rukia completo la frase. – Podrías buscar otro insulto, ¿no lo crees? – agregó burlona.
– Maldita creída. – escupió con furia. – Ya veremos si sigues actuando así.
Takeru cerró los ojos y pronto todo su cuerpo se envolvió por una energía roja y negra. Él se acercó a ella y todo lo que tocaba aquella energía se desintegraba por completo.
– ¡No dejen que los toque! – gritó Renji, cargando al inconsciente Kaoru.
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Siguieron esquivando los agresivos ataques de Takeru, hasta que en un descuido, pudo golpear a Renji y atrapar a Kaoru, quien cayó al suelo y luego lo aplastó con un pie.
– ¡Déjalo! – gritó Ichigo, y se lanzó contra él. Takeru lo golpeó fuertemente en el rostro arrojándolo a un lado y luego lo levantó por el cuello.
– Eres muy molesto chico. – le dijo. – Lo supe desde que te vi por primera vez. – agregó. – Aunque tal vez seas una buena adquisición.
– ¡Ichigo! – Rukia se abalanzó sobre el pelimarrón agitando su espada, pero él también pudo esquivarla.
– Tú también eres odiosa chiquilla. – la miró fijamente. – Tú y tus interrupciones han arruinado mis planes en varias ocasiones. – le recordó. – Pero ya no podrás hacerlo más. – y dejó caer a Ichigo con fuerza contra el suelo.
Una energía con forma de espada comenzó a formarse en su mano y estaba a punto de atacar a Rukia, cuando Renji lo golpeó por la espalda, salvado momentáneamente la situación.
Mientras el pelirrojo peleaba con Takeru, Rukia se acercó a Ichigo para tratar de despertarlo.
Renji cayó al lado de Rukia después de tan solo un instante.
– ¡Renji! – chilló Rukia asustada al ver a su amigo ensangrentado e inconsciente.
– Tsk. Como siempre rodeada de gente que trata de defenderte, pero veamos qué decides, chica. – dijo Takeru con una maniaca sonrisa en su cara. Extendió sus manos y dos ondas de energía verde salieron y atravesaron a Ichigo y a Kaoru.
Los ojos de Rukia se abrieron desmesuradamente mientras escuchaba los gritos de los dos hombres pelinaranjas.
Takeru los lanzó con fuerza y ambos fueron a dar hacia el borde de la colina, quedando a casi un metro de caer por el precipicio.
Rukia corrió hacia ellos y vio con horror como ambos se revolvían en el suelo, como si se estuvieran quemando y derritiendo por dentro. Ella se desesperó. No sabía qué hacer en esa situación y sentía como si todo se le viniera encima.
– I-Ichigo. – y se acercó a él para tratar de curarlo o lo que sea. - ¡Ichigo! – gritó, pero a la vez, Kaoru también se revolvía y gritaba con desesperación.
¿Qué podía hacer? ¿Y a quién ayudaría primero? Ni siquiera sabía que era lo que ese tipo les había hecho.
Puso sus manos sobre el cuerpo de Ichigo y comenzó a emanar el kidoh verdoso para tratar de curarlo, pero Ichigo seguía retorciéndose en el suelo y los gritos de Kaoru también martillaban su cabeza.
"¡Ya basta, ya basta!" gritaba en su interior, pero a pesar de todo el esfuerzo que ponía, Ichigo no parecía recuperarse. Ella giró a ver a Kaoru a su lado que ahora comenzaba a temblar intensamente.
¿Qué podía hacer? ¿Dejar morir a uno? No podía hacer eso, es más, ni siquiera estaba segura de si lo que estaba haciendo resultaría o no.
Sus ojos se pusieron vidriosos por la tensión. Sentía como su corazón se encogía poco a poco conforme los segundos pasaban.
Takeru la miraba sonriente desde su lugar. Solo tenía que esperar, una vez que los dos murieran, todo acabaría.
"¡Ichigo! ¡Ichigo, resiste, maldición!" gritaba internamente y volvió a mirar a Kaoru. Se levantó del lado de Ichigo para acercarse al ojiverde, pero al hacerlo los gritos de Ichigo se intensificaron. "Alguien… alguien que…" pensaba, pero por más que lo pidiera, nadie vendría a ayudarla. Estaba de pie, estática entre los dos hombres de cabello naranja.
Ella era una shinigami. Los shinigamis viven para pelear y están preparados para morir, es cierto, pero no para dejar morir a alguien en sus propias manos.
No podía dejar morir a Ichigo. Él era su todo, bueno, no su todo, pero una parte muy importante de ella, tal vez demasiado. Una parte de su alma que siempre estuvo cerrada para los demás y que el muy insolente le robó una noche sin siquiera decirle nada. Y por otro lado, Kaoru era su amigo, alguien que se había ganado su cariño y confianza en tan poco tiempo y que despertaba en ella una gran ternura.
Era horrible decirlo, incluso pensarlo, pero… había una persona sin la cual ella no podría vivir, y ese era Ichigo.
"Perdóname, Kaoru" pensó y las lágrimas cayeron por sus mejillas. Ella volvió a agacharse junto a Ichigo y puso sus manos en su pecho dando ligeros sollozos y tratando de no escuchar los gritos de Kaoru.
– Perdóname. – dijo en voz alta mientras cerraba los ojos y sentía el viento que helaba las lágrimas en su cara.
– ¡Rukia! – escuchó una voz que la llamaba. Ella volteó a ver y se encontró a Yoruichi y a su hermano que llegaban a su lado.
Unohana también apareció en la colina, acompañada de Soi Fon, Zaraki, Hitsugaya, Kyoraku, sus tenientes y sus amigos humanos.
¡Al parecer la ayuda había llegado!
chan chan :) que tal? Ojala les haya gustado. Urahara encontró mi otra historia en intenet y me está haciendo publicidad a cambio de una compensación economica... y es que es un comerciante despues de todo! jaja. Por fortuna, Kon lo hace gratis! jejej
Ok, eso es todo por hoy.
Nos leemos luego.
Matta :)
