DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia es solamente mía.
"In the shadows"
EMPTINESS
(Vacío)
Y tu aire ausente
casi como si yo fuese transparente.
Alejándome de todo,
escapar de mi tormento.
Pero me quedo aquí,
sin decir nada... Sin poder despegarme de ti
y eliminar cada momento que nos trajo el viento y
poder vivir...
Como si no nos hubiéramos amado.
Y quisiera huir de aquí, quisiera escaparme.
Pero me quedo otra vez, sin decir nada, sin gritarte:
"Ven, no te vayas",
no me abandones sola en la nada, amor...
[Como si no nos hubiéramos amado – Laura Pausini]
…
"¿Me amas?" La pregunta me dejo casi sin aliento. Mi corazón latía incontrolable mientras que mis manos picaban por tocarle. Sentía su respiración detrás de mí. Temblaba como cual tambor al ser golpeado una y otra vez. No tuve el valor suficiente de verle a la cara, porque si esta sería la última vez no quería tener el recuerdo de sus ojos al dejarme.
.
.
.
.
.
.
.
Las palabras de Carlisle retumbaban en mi cabeza como una vieja canción. La vida era una mierda. ¿Por qué justo ahora tenía que venir a ofrecerme algo con lo que siempre soñé? En el pasado no habría tenido ni una pizca de dudas, no. Pero ahora todo estaba arruinado, nada tenía pies ni cabeza. Me estaba ahogando en mis propias mentiras. Y todo lo que mi mente podía pensar era en lo mucho que le extrañaba.
Edward.
La última vez que le vi fue en la fiesta de sus padres, hacía semanas. Sabía que me estaba evitando, que no tenía el valor suficiente de aceptar en mi cara todas sus mentiras.
Estaba tan vacía, era como si estuviese sintiendo lo síntomas de un síndrome de abstinencia, porque eso era lo que representaba Edward Cullen en mi vida. Era como una droga, una toxina que me envenenaba lentamente. Pero le necesitaba y esta agonía de no tenerle me estaba pasando la cuenta. Las depresiones en mis ojos día a día se hacían más notorias producto de las desveladas que pasaba por las noches. Mi cabeza no dejaba de buscar entre mis recuerdos aquel momento en el que Edward se convirtió en el centro de mi vida. Le necesitaba como el aire para respirar.
Estaba casi tan mal que considere la posibilidad de ir y encararle en su casa. Al diablo Alice, al diablo su matrimonio. La maldecía una y otra vez en mi mente, le gritaba miles de atrocidades y le deseaba lo peor. Pero en el fondo sabía que ella no era más que otro peón en este tablero. Mi corazón se rehusaba a odiarle, a odiarle por dejarme en esta situación de mierda. Y sabía muy bien que él era el único responsable de esta amargura que me estaba quemando por dentro.
Revise como cada mañana mi teléfono para ver si había dejado algún mensaje, como siempre no había ninguno. Por suerte Garrett viajó con su padre hace algunos días atrás. Fue muy aliviador cuando me lo dijo, de lo contrario no sabría cómo enfrentarle. Carlisle también me estaba dando mi espacio. Pero sabía que su paciencia no duraría mucho.
Tenía muchas decisiones que tomar, pero la mano me temblaba de sólo contemplar mis opciones. Estaba en una encrucijada, al final el camino se había ido cerrando sin dejarme una salida fácil. Lo entendía, cualquiera fuera mi decisión tendría que sacrificar algunas cosas, lo que no sabía muy bien todavía era cuales serían.
Pasé el día enteró viendo mi celular a la espera. Al medio día mi teléfono sonó y casi me tropiezo, mis piernas ya no parecían tan estables. Sin embargo mi pulso se calmó cuando vi que la llamada era de Jane.
Me contó lo feliz que estaba con Renata, al parecer había aceptado lo que sentía por ella, claro está a la manera en que Jane sabía hacerlo. También me platico de lo bien que le estaba yendo en su viaje para promocionar su álbum que tanto le costó llevar a cabo. Era una gira sencilla por algunos pueblos del país, pero al menos una de las dos estaba cumpliendo sus sueños.
—Me gustaría que estuvieras aquí —admití luego de unos minutos al teléfono. La parte egoísta de mí quería que Jane regresara para poder refugiarme en ella.
—Yo también te extraño, zorra. Aunque no lo creas. —Su voz sonó temblorosa al final.
Reí—. Olvida lo que dije. No hagas ni tal de mover ese culo celulítico de esa gira, ¿me escuchaste? El mundo necesita quedarse sordo con esa voz horrible que tienes.
Jane dio una gran carcajada.
—Sé que me ocultas algunas cosas, Swan. Patearé a ese imbécil hasta dejarlo sin aliento si sigue haciéndote daño —su voz fue firme—. No sabes cuánto sueño con el día en que me digas que sacaste a ese parásito de tu vida.
Me quede callada. No sabía qué responder a eso.
—¿Bella? —Dijo preocupada mi nombre luego de unos segundos en los que me quede pensando.
—Creo que él me sacara de su vida antes de que yo siquiera piense en hacerlo —respondí con mi voz rasposa.
.
.
.
.
.
.
.
—¿Vas a renunciar? —Preguntó sorprendida Wanda.
—Sí. Pienso tomarme un tiempo. —Terminé de firmar los papeles que me quedaban y se los entregué—. Gracias por todo.
Wanda me dio una sonrisa y luego un abrazo. Yo se lo devolví sinceramente.
No tenía mucho que llevar, de hecho casi nada. Tampoco estuve mucho tiempo en ese trabajo. Cuando ya había terminado todos mis asuntos con esta empresa, en un desliz precipitado me escabullí hasta llegar a la oficina de Edward. Pero no estaba. Quise esperarle pero mi valentía no llegaba hasta tan lejos. Decidí esperar a que Edward se decidiera darme la cara por sí solo.
Avanzando por los pasillos unos gritos llamaron mi atención.
—¡Jamás! ¡Jamás dejaré que él manejé está empresa! ¿Lo has oído Helena? —Reconocí la voz, era el padre de Garrett. Si él estaba aquí eso quería decir que Garrett también lo estaba. Eso me pareció raro.
—Tiene tanto derecho como Garrett. No sé por qué lo odias tanto. —Escupió agria Helena roja de furia. Se notaba que estaban en una acalorada discusión.
—No me hagas reír. Sabes muy bien la razón —mi suegro comenzó a caminar de un lado para otro.
—Es mi hijo —dijo Helena poniéndose de pie.
—¡Es un bastardo! Entiéndelo, nada te une a Edward, ni a nuestra familia. —La voz de Joseph sonaba ácida y cruel—. Si no hubieras sido tan estúpida. Pero vaya que no, y en su momento lo entendí. No querías que tu matrimonio se acabara por eso aceptaste al bastardito y mi padre supo castigarte por ello. Pero jamás, nunca dejaré que él dirija algo que no le corresponde por derecho.
—No tienes a nadie más —le refregó Helena encolerizada.
Joseph sonrió—. Claro que lo tengo. Mi hijo ha aceptado la dirección. Ya puedo retirarme en paz.
Después de esas palabras Helena salió furiosa de la oficina golpeando la puerta detrás de ella. Su ojos se toparon con los míos y luego de darme una mirada que hizo que mis pelos se erizaran se fue.
Caminé a pasos rápidos para poder salir lo más rápido de ese edificio.
Más piezas comenzaban a aparecer y muchas dudas que tenía parecían tener una respuesta. Siempre noté la manera en que Joseph se dirigía a Edward pero lo asociaba a la molestia por no ser su hijo el que pusiera los ojos en la empresa, pero nunca había sido por eso. Y tal vez esa era la razón de porque la mujer que había visto en la fiesta se estaba escondiendo. Se escondía de Helena.
Y las palabras que ella había dicho; No quiero que Edward se enteré de esto. Estoy más que segura que si él se entera de esta situación correría otra vez detrás de ella.
Pero Edward ya sabía que su madre biológica estaba en la ciudad, y por la manera en que se hablaban intuía que lo sabía desde hace mucho tiempo. ¿Y si Helena no se estuviese refiriendo a su hijo sino a su marido? ¿Podrían la madre biológica de Edward y su padre tener algo que ver? Necesitaba tener más información sobre esta historia. Y sin duda necesitaba hablar con dicha mujer; Beth.
.
.
.
.
.
.
.
Espere hasta que Garrett se decidiera a hablarme, después de todo él no sabía que estaba enterada de su regreso. ¿Qué le habría dicho su padre para convencerlo de estar a cargo de un puesto que él nunca deseo? Y, ¿cómo estaría Edward después de esto? Me preguntaba si ya lo sabría. No quería estar cerca de él cuando lo hiciera.
Como siempre, me quede dormida al lado de mi teléfono esperándole. Un tono conocido me saco de mis sueños, o más bien mi pesadilla. Abrí mis ojos perezosa y revise la pantalla con la luz dejándome casi ciega.
Recibí un mensaje y mi corazón se desbordó; era él.
Quiero verte.
Se leía sin agregar nada más.
¿Dónde?
Le contesté yo sin saber que más poder agregarle. Me devolvió el mensaje adjuntando una dirección que conocía bien. Allí era donde solíamos encontrarnos.
¿Crees que Alice sospeche algo?
Tecleó luego de que aceptara verme con él. La irá se apoderó de mí. Qué mierda me importaba lo que ella pensara, mis dedos escribieron con furia.
No lo creo, ya sabes lo estúpida que es.
No volvió a responder después de eso y lo tomé como una aceptación. Mi estómago hormigueaba por los nervios. Me tomo un tiempo darme cuenta que dentro de poco lo volvería a ver. No sabía cómo reaccionar. ¿Debería estar enojada o sentirme herida por su desprecio en estas semanas? No sabía si gritarle o arrojarme en sus brazos para luego golpearlo.
El tiempo pareció correr y sin darme cuenta ya estaba enfrente del hotel. Según yo no me había arreglado mucho para venir, pero luego de verme en el reflejo en uno de los espejos que había a la entrada me di cuenta que sí lo hice. Bueno, ya estaba aquí, no podía cambiarme de ropa.
Las piernas parecían lanas de lo nerviosa que estaba. El viaje en el ascensor se me hizo eterno. Antes de subir me acerqué hasta la recepción para preguntar por él. La recepcionista me entrego una tarjeta que era la llave de la habitación. Camine demasiado deprisa, sin embargo, cuando ya estuve enfrente de la puerta me detuve. Respiré hondo y deslicé la tarjeta por la cerradura.
Al abrir la puerta me di cuenta que todo estaba oscuro. Quizá él no ha llegado todavía, pensé. Entre al cuarto hasta llegar al encendedor de la luz y lo que vi nunca me lo espere.
—Así que tú eres la zorra con la que se acuesta mi marido. —Las palabras de Alice eran frías y su mirada pareció enterrarme miles de cuchillos.
—Alice —dije sin palabras.
Estaba sentada en el fondo de la habitación mirándome con desprecio—. Esperaba a cualquiera que entrara por esa puerta, menos a ti.
No lo vi venir. Sólo sentí el calor de su mano al golpear mi rostro. Fue tan duro el golpe que me hizo caer al suelo. Sus manos tiraron firmemente de mi cabello obligándome a verle la cara. Su boca parecía escupir fuego.
—Maldita arrastrada —volvió a darme otra cachetada—. ¡Eras mi amiga! —Gritó dándome otra cachetada, cada vez parecía que tiraba más de mi cabello—. ¡Eras como mi hermana! ¡Confiaba en ti! Me traicionaste a mí y a mi confianza, ¿y para qué? Para revolcarte como una cerda ¡con mi marido!
Tiró de mí al suelo y yo me aleje de ella arrastrándome por el suelo de cerámica.
—No sabes cuánto me dolió enterarme que eras tú. —Negó acercándose a mí—. No quería aceptarlo hasta poder verlo con mis propios ojos —Alice sacó de su chaleco el celular de Edward mostrándomelo—. No lo creo, ya sabes lo estúpida que es. —Leyó con voz burlona desde la pantalla.
Alice se quedó viéndome y supe que tenía que correr. Intentó perseguirme por la habitación pero luego comenzó a arrojarme todo lo que encontraba a su paso. Cerca de mi cara rozo un jarrón de porcelana del cual cayeron miles de pedacitos al suelo.
—Alice —dijo una voz haciendo que ella se detuviera. Yo estaba acorralada al fondo del cuarto.
—Qué bueno que llegaste. Ahora el show está completo.
—¿Qué significa esto? —Habló Edward confundido. Se acercó hasta quedar entre Alice y yo.
—Ni siquiera lo intentes, Edward. Tu teatro ya se cayó —la voz de su esposa desprendía fuego. Al parecer Edward tampoco lo vio venir, sólo sintió cuando la palma de Alice chocó feroz contra su rostro—. ¿Esperabas tenerme engañada toda la vida? ¿Creías que nunca me iba a dar cuenta que te acostabas con mi mejor amiga? —Alice río histérica—. Éramos una familia, ¡maldición! ¡Por qué tenías que poner tus malditos ojos sobre mi marido!
Alice se quiso acerca más a mí, de seguro para volverme a golpear pero Edward se puso al medio. Todavía podía sentir el escozor sobre mi cara.
—No debería sorprenderme. Siempre fuiste una maldita envidiosa. Nunca te conformaste con lo que tenías, claro, sí nunca tuviste nada. —Sabía lo que quería hacer, quería herirme con sus palabras—. Ni tu madre quiso sacrificar su vida por ti, por un parásito como tú.
—¡Callate! —Le grité logrando ponerme de pie.
—Siempre mendigando por un poco de afecto. Ahora entiendo porque Edward se acostaba contigo, por lástima.
Intenté arrojarme a ella pero Edward la arrastro hacia atrás.
—Alice, ya fue suficiente. —dijo hablándole despacio.
—¿Cuánto tiempo, Edward?
—Vayámonos —le pidió llevándola hasta la salida.
—¡¿Cuánto tiempo, maldita sea?! —Volvió a preguntar quitándose de los brazos de él.
—Años —le respondí yo devolviéndole el golpe—. Llevo años acostándome con tu marido bajo tus narices. En tu cama, en tu casa —le escupí una a una las palabras—. ¿Y sabes qué? Lo disfruté de una manera. De una manera que ni imaginas. Saber que cada vez que tu marido no llegaba a tu casa era porque estaba ¡en mi cama! ¡A mí lado! Siempre fuiste una estúpida, Alice.
—La voy a matar. —Amenazó corriendo hacia donde yo estaba. Se abalanzo sobre mí pero esta vez yo también le devolví el golpe. Comenzamos a pelear gritándonos de todo a la cara. Al fin se habían caído las caretas.
—¡Deténganse! —Gritó Edward tomando en sus brazos a Alice alejándola de mí.
—¡Suéltame! —Se zafó de sus brazos para luego quedarse un momento quieta en busca de aire—. Ya me rebajé lo suficiente aquí. Tú —dijo señalándome—, me las pagarás. No descansaré hasta que tu alma arda en el infierno.
Alice salió como un huracán de la habitación y todo quedo en silencio. Me levanté del suelo y vi que casi todo mi vestido estaba roto y mi cabello era un desastre. El sabor metálico de la sangre llego hasta mi boca. Mi labio estaba sangrando.
Edward me dio una mirada para luego reaccionar. Negó y siguió su camino hasta la salida.
—¿A dónde vas? —Le pregunté casi histérica.
—No puedo dejar que se vaya así. —Respondió sin mirarme.
—¿Y nosotros? —Hablé con la voz ronca por tanto gritar—. ¿Qué pasará con nosotros?
—Bella —dijo sin agregar más. El silencio reino en la habitación.
—¿Vas a dejarme? —Volví a preguntar sabiendo muy bien la respuesta.
—No puedo dejarla ahora. Joseph por fin logro lo que quería. Yo…
—Tú —le dije cortándole—. Siempre tú. En ningún momento fuimos un nosotros. —Las palabras salieron amargas de mi boca. La realidad me golpeaba de frente y era mucho más dolorosa que todos los golpes que había recibido en mi vida. No me atreví a hacerle la última pregunta viéndole a la cara.
—¿Me amas? —La pregunta me dejo casi sin aliento. Mi corazón latía incontrolable mientras que mis manos picaban por tocarle. Sentía su respiración detrás de mí. Temblaba como cual tambor al ser golpeado una y otra vez. No tuve el valor suficiente de verle a la cara, porque si esta sería la última vez no quería tener el recuerdo de sus ojos al dejarme.
Y el silencio otorgó.
Sentí sus pasos abandonarme y mis rodillas caer directamente al duro piso.
"No me abandones", quise gritarle. Pero las palabras se quedaron atascadas en mi garganta. Asfixiándome.
Era como si nunca nos hubiéramos amado.
.
.
.
.
.
.
.
¡Hola a todos!
Bueno, he querido escribir este capítulo hace muchooooooo tiempo, de hecho desde que empezó el fic. Por fin pude hacerlo ya que sólo nos quedan 3 capítulos más. El inevitable final se acerca.
¿Qué les pareció la reacción de Alice? ¿Y de Edward? Me encantaría leer sus opiniones ;)
Como siempre recordarles que no se olviden de pasar por el grupo de facebook, allí siempre ando dejando cositas :D
Sin más que decir me despido
Con cariño Nala
