Tengo un anuncio que hacer, y una pregunta que necesita respuesta.

Teniendo en cuenta lo bien que me va el fic hasta ahora, y que me sobra un poco de dinero, estaba pensando en pagar a algún artista de Deviantart, o a alguno que se ofrezca por aquí, para que me haga una portada para el fic. Y aquí viene la pregunta.

De todas las escenas y momentos desarrollados hasta ahora en la historia, ¿cuál es el que os gusta más? Mejor dicho. ¿Cuál creéis que es el instante merece más ser representado en un dibujo profesional? ¿Cuál os parece más icónico? Espero que me respondáis, porque no tengo claro cual sería ese momento desde mi perspectiva de escritor. ¡Ni siquiera tengo claro si acabaré haciéndolo! XD

Supongo que dependerá de la escena que sea elegida.

Y sé que la mayoría no comentáis porque no sabéis que poner en las reviews. Así que, como mínimo, con esto consigo algo más de feedback. XD

¡Muchas gracias de antemano, por leerme, y por echarme una mano!


Malie vació medio galón de ron de un tirón. Para un humano, eso era demasiado. Para alguien de su especie y tamaño, era normal y soportable.

-Malie.

Se giró para ver a otro sujeto de su especie muy parecido a él, pero con unas marcas azules en costados y rostro que los hacían perfectamente distinguibles el uno del otro.

-¿Ya es mi turno otra vez, hermano?

-Malu dice que puede aguantar más. Pero teniendo en cuenta el ritmo que hemos ido hasta ahora, dudo que sea cierto. ¿Cómo puede aguantar tanto?

-No lo sé. Pero bueno, tú ya la has oído. Tenemos que seguir hasta que se desmaye. Y yo no voy a ser el que se queje.

-Ninguno creo que lo hagamos. Rara vez se presenta una oportunidad así.

No sabían hacía cuanto tiempo que estaban ahí encerrados. Unas horas, imaginaban. Después de que su negocio con Miss Fortune terminara, ella le pidio a Malie y a sus 5 hermanos que acudieran a su camarote. Tras lo cual, Miss Fortune procedió a encerrarse dentro con ellos junto con todo el alcohol que previamente había metido allí, y les pidió, palabras textuales, "que la jodieran hasta que ya no respondiera".

Ninguno pensó en negarse. Como ellos eran muchos y muy grandes, y ella solo una y pequeña, acordaron que lo mejor era hacerlo por turnos.

Sobre la cama de Miss Fortune, un hombre escualo de piel negra ocultaba a la susodicha bajo su cuerpo, permaneciendo a cuatro patas, y ella igualmente bajo este.

Se notaba desde hace un rato que ella estaba ida. Dejó de soltar palabras coherentes hace un rato. Solo gemía de placer, y cuando cada uno acababa su turno, ella simplemente se quedaba resoplando sudorosa sin fuerzas, con todo el cuerpo temblándole, una sonrisa idiota, y los ojos prácticamente en blanco.

Pero aquel hacia el que mejor parecía reaccionar, era Malie. Cada vez que llegaba su turno, movía los ojos, y se esforzaba por acercarse a él. También parecía que era con el que mejor lo pasaba. Se esforzaba por devolverle los besos.

Por eso, cuando Malu por fin no pudo aguantar más, y tuvo que pararse a descansar y dejarle el turno a Malie, Miss Fortune se esforzaba por moverse a pesar de no tener ya fuerzas para nada.

-Ssssshhh... Tranquila, deja que me encargue yo.

Creyeron escucharla reírse cuando Malie se sentó sobre la cama, y la colocó sobre sus piernas viéndola de frente. Con una mano le inmovilizó los dos brazos a la espalda, y con la otra la agarró de la nuca para poder ver bien su rostro, antes de empezar a moverla arriba y abajo ligeramente.

Lo segundo lo hacía porque disfrutaba con las caras que ponía una mujer cuando le hacía el amor. Lo primero porque disfrutaba de la sensación de tener el control, aunque realmente lo tuviese ella, dado que fue quien puso las normas, y quien había escondido las llaves.

Las normas le vinieron a la mente a todos cuando el segundo orgasmo que Malie le había provocado en aquel turno, y el quinceavo en total, hizo que sus ojos se volvieran completamente blancos, y dejara de moverse. A pesar de que Malie intentó seguir, ella ya no reaccionaba.

-¿Está muerta?

-No. Aún respira. Creo que ha perdido el conocimiento.

-¡Al fin! A ver, no voy a quejarme. No he tenido la oportunidad de tirarme a una chica tan hermosa desde... Bueno, nunca. Pero esto lleva durando tanto tiempo que empezaba a aburrirme.

-En fin. Ya he encontrado las llaves hace rato. Cojamos nuestro dinero y larguémonos.

-Hmf. Ya ha amanecido. Parece que la hemos puesto fina toda la noche. Eh, Malie, ¿vienes?

-Voy en un rato.-dijo todavía en la cama, con la dormida Miss Fortune aún entre sus brazos.-Ya os alcanzo.

-Se va a cabrear contigo si sigues a ello mientras está dormida. Pero en fin. Allá tú.

Era normal que pensaran eso. Pero no era de lo que se trataba. En la mirada de Malie sobre ella ya no había lujuria. Solo... ternura.

Al final, lo único que hizo fue tumbarse sobre la cama, e intentar dormir a su lado mientras la abrazaba.


-Eh, borracho. Despierta.

Malie alzó la cabeza de la mesa, con su jarra todavía en la mano. Se había dormido sobre la mesa comedor de la cantina de Raekt mientras celebraban anoche.

Aquel lugar era como uno de esos salones de jefes de Freljord. Con el trono de madera al fondo incluido.

-No parabas de reírte.-le dijo el troll que le había despertado.-No parabas de reírte mientras dormías. ¿Un sueño agradable?

-Un recuerdo más bien.

-Reconozco esa sonrisa. ¿Cuántas?

-Solo una. Y me tocó compartir. Pero era la indicada.

De todos los hombres que había compartido algo con Sarah Fortune para caer luego perdidamente enamorados de ella y que les rompiera el corazón, Malie era de los pocos lo suficientemente listos como para ocultárselo.

Pero últimamente había cambiado. Si, seguía invitando a hombres a su cama. Pero se había vuelto mucho más selectiva. Antes le valía cualquiera que fuera guapo. Ahora, tenía que o inspirarle confianza, o tenerle confianza. Según ella, había aprendido a base de sustos.

No era solo en el sexo. En general, se había vuelto más seria de lo habitual, por mucho que su fachada hacia fuera la siguiera mostrando como una viva la vida, y en algunos aspectos de su vida personal. Creedle: antes, era mucho peor. O mucho mejor. Depende de como lo mires. Todo desde la muerte de Gangplank.

Parecía que había convertido en su misión de vida "salvar" Bilgewater. Ya no era la mujer de la que se había enamorado, que iba de una botella, a la pelea, y luego a la cama. Aún recuerda aquella noche, con ambos chorreando de sangre, propia y ajena, sobre aquel manojo de redes en un muelle. Con los cadáveres de Garfios Dentados ardiendo y siendo devorados por las ratas del muelle a su alrededor. Con lo único que los mantenía despiertos siendo el dolor. Limpiándose la sangre el uno al otro con la lengua. Completamente empapados por la lluvia.

Fue uno de los momentos más eróticos de su vida.

Más lo que Malie mejor recordaba de aquella noche, era algo que no estaba seguro de si había pasado, o lo había alucinado por la pérdida de sangre, pues era muy impropio de ella. Cuando Sarah, temblando tanto por el frío como por la excitación, se aferró a él con todas sus fuerzas, y le susurró al oído:

"Te amo."

Te amo. No "te quiero". Te amo.

Jamás se atrevió a preguntarle nada al respecto. Ni a la mañana siguiente, ni en todas las veces que solicitó sus servicios.

-¿Hmf?

-He dicho que el jefe quiere hablar contigo.

Alzó la mirada, para ver a Raekt Ragnar sentado en su trono, repiqueteando con los dedos, con rostro impaciente y enfadado.

Malie no le tenía miedo. Pero sus hombres, trolls y vastayahs era obvio que sí. Así que priorizó, y pensó que lo mejor sería no cabrearle. Se levantó con gesto lento, y caminó hasta quedar de pie sobre la alfombra de piel a los pies de las escaleras al trono, con el señor vikingo escoltado por dos guerreros humanos armados a sus lados.

-Dijiste que vendría. Ya ha amanecido hace rato, y no veo rastro alguno de mi prometida.

-Vendrá. Cumple su palabra. Pero también sigue su propio horario, así que no esperes que llegue pronto.

-No es su palabra la que me preocupa.

-¡Eih! Primero, aún no me has pagado. Y segundo, si te hubiera mentido, ¿porqué me quedaría aquí?

-¿Por estupidez?

Malie comenzó a gruñir, con las branquias de su cuello vibrándole al resoplar. Los guardias de Raekt se prepararon para desenvainar, pero este los detuvo con un gesto, antes de ponerse de pie.

Por suerte para Malie o para Raekt, ya se vería, la luz del exterior inundó el lugar cuando los portones del otro lado se abrieron, dejando entrar a tres exuberantes pero letales bellezas.

Miss Fortune iba más cubierta de lo habitual, pues llevaba su uniforme de capitana más formal, y el pelo recogido en una trenza. Pero sus ropas eran tan apretadas que casi se le ajustaba como una segunda piel, marcando todas y cada una de las curvas de su cuerpo. Al menos, las que no tapaba aquella blanca capa enganchada al cuello de su gabardina, también blanca. A su izquierda, iba su contramaestre Ariana. Una mujer a la que aún no había catado, y que sin embargo se moría de ganas por hacerlo. Al otro lado, una mujer a la que había catado recientemente durante muchas noches. Su sabor aún le era reciente. Casi tanto como la sangre de su propia nariz, que le rompió. Se preguntaba si seguiría enfadada con él.

Tal como le fulminaba con la mirada, era obvio que sí.

Pero de lo que no tenía ni idea, era de que hacía trabajando para Sarah.


-Llegáis en un buen momento. Veo que la has encontrado rápido. Pasad, pasad.

Miss Fortune las recibió en una bata de seda roja, que se le escurría por un hombro al quedarle un poco ancha. Lilith ni iba a quejarse, ni iba a decirle nada.

Tenía la vaga esperanza de que estuviera allí porque querían invitarla a un trío con ella y Ariana, teniendo en cuenta la hora. Una pequeña esperanza que se reavivó al ver salir del pasillo al bárbaro descamisado. Pero pronto le resultó obvio que no.

Aquella casa era el lujo en si mismo. El alumbrado era de gas. Un lujo que solo en Piltover se podían permitir. Los marcos de las paredes y las entradas estaban decorados con motivos dorados. Pero a la vez, aún conservaba cierto encanto de taberna. Como la rueda de carro colgada del techo, con velas encendidas derritiéndose encima, demostraba.

Justo bajo dicha lámpara, se encontraban los sofás de terciopelo sobre los que se iban a sentar, alrededor de una mesita de café. Miss Fortune se acomodó en una butaca roja. El bárbaro de melena rubia se sentó en una esquina de un sofá del mismo estilo junto a ella, con Ariana sentándose en el otro lado de este sofá.

Cabe mencionar que Hallr repasó con la mirada a la morena cuando lo hizo.

Lilith acabó sentándose frente a Miss Fortune, en otra butaca similar, con la mesa entre ellas.

-Supongo que te preguntarás porque la he mandado a buscarte.-le dijo señalando a Katarina con la cabeza.

-Si necesitas que cosa a alguien junto de nuevo, puedo hacerlo. Pero eso es más cosa de mi hermano. A mi se me da mejor abrir cráneos y partir caras.

-¡Ja! ¿Y cómo es eso?

-Bueno, cuando sabes mucho de anatomía, sabes donde golpear para que duela más, o que alguien muera rápido.

Eso pareció captar el interés de la capitana.

-Precisamente eso es lo que necesito que hagas por mi. Bueno. Si se da el caso.

-¿Y que tengo yo que impide que otro más de tu creciente banda se encargue de ello?-dijo cruzándose de brazos, y apoyando sus botas sucias sobre la mesa.

-Que eres mujer.

Lilith arqueó una ceja sonriendo.

-¿Oh?

-He acordado reunirme con un nuevo líder de banda que últimamente ha ganado... demasido influencia para mi gusto. Tiene a prácticamente todas las bandas freljordanas bajo su control. Y los freljordanos son casi un tercio de la población de Bilgewater.

-¿Quieres que lo seduzca y lo asesine? Porque...

-Oh, no. No. Si fuera tan sencillo como eso, o lo haría yo misma, o enviaría a Ariana a hacerlo.

-Ya te gustaría.-le contestó la del parche de mala gana.

-No. Si mi trabajo fuera tan sencillo como matar al líder de una banda para acabar con el problema, no habría crimen en Bilgewater. La cosa es que cuanto más grande se hace un jefe, mejor organizada estará su banda. Y cuando eso ocurre, más probable será que si lo mato, sus hombres se organicen para cazar a los míos, y empiece otra guerra de bandas. Y tras todo lo que ha pasado últimamente, nadie quiere eso. De lo que se trata, es de conseguir algo similar a lo de Gangplank, pero sin hacer estallar otro baño de sangre. De arrancarle su autoridad poco a poco. Pero para eso, necesito conocerle. Motivo por el que voy a reunirme con él. Y una de las pocas cosas que sé sobre él, es que me quiere como aliada.

-Déjame adivinar. Eres ahora mismo probablemente la persona más influyente de Bilgewater. Y él, lo primero que piensa acerca de ti, no es como ganarse el favor de una aliada tan poderosa. Lo primero que piensa es meterte en su cama.

-Veo que lo comprendes. Es muy anticuado. Aún se guía por las normas de un páramo helado alejado de toda civilización. No te ofendas.-le dijo a Hallr.-Lo que quiere es "desposarme", bajo la creencia de que eso le dará control sobre todos mis hombres y propiedades, mientras yo le hago de mujer trofeo. Nunca mejor dicho.

-¿Y qué tengo que ver yo en esto?

-Que quiero que no solo él, si no todo el mundo en Bilgewater, aprenda a respetar a las mujeres. O más concretamente, a mi. Por eso solo tú y Ariana me acompañaréis a la reunión.

-¿Nosotras tres? ¿Solo? ¿No te parece arriesgado?

-No. He oído que es colérico, pero también listo. Y si algo se me da bien, es mantener satisfecho a un hombre para conseguir lo que quiero. El reto va a ser rechazar su propuesta sin cabrearle demasiado. Pero en fin. Algo se me ocurrirá.

-¿Y qué pinta él en todo esto?-señalando a Hallr con el pulgar.

-Esa es la parte más divertida.-sonrió maliciosamente.


-Ah. Las historias de tu belleza no te hacen justicia, mi señora.-Raekt cogió su mano enguantada para besarsela.

-Adulador. Sigue así. Conmigo, te llevará a cualquier parte.

Miss Fortune echó un vistazo al gran salón. Katarina y Lilith seguían tras ella. Al igual que dos de los hombres de Raekt permanecían tras este. Lo único que le preocupaba era la presencia de tantos ursine y trolls fuera de Freljord. Eso no era normal. Y era muy preocupante.

Aparte de ellas, él único que desentonaba con la muchedumbre era Malie, que permanecía entre ella y Raekt.

-¿Ves? Ya he cumplido mi parte del trato. Ahora, pagame.

-El pago era por una esposa. Recibirás tu pago cuando, y si, las negociaciones con mi prometida van según lo previsto.

-¡Serás...!

-¿Prometida? Vaya, vaya. Eres un hombre muy osado para hacer esas afirmaciones tan de primeras. Me gusta.-le dijo Miss Fortune mordiéndose el labio, asegurandose de que Raekt notara como repasaba su cuerpo con la mirada.

El caudillo vikingo sonrió. Le hizo una indicación a uno de sus hombres, y una bolsa de monedas bien llena aterrizó entre las zarpas de Malie.

-Cuéntalas si quieres. No esperes que te time. Ven, mi señora. Hablemos en un lugar más privado, lejos de las miradas de estos perros, y...-prestó atención a Lilith y Katarina por primera vez, algo desconcertado.-... tu escolta.

-Me parece bien, mi señor.-dijo haciéndole una leve reverencia con la cabeza, para que cuando se Raekt se diera la vuelta, desviar su vista hacia Malie, y susurrarle un discreto "De nada."

Malie asintió feliz, jugando con la bolsa de monedas en sus manos. Más su alegría se enturbió un poco cuando captó las miradas malintencionadas de las otras dos féminas.

-Probablemente esto les lleve tiempo. ¿Os importa si os invito a un trago?-preguntó poniendo su mejor sonrisa de seductor.

-Mientras no trates de llevarnos a ninguna a la cama.-le contestó Lilith arrancándole la bolsa de las manos.

Ambas le dieron la espalda, antes de dirigirse hacía un mesón lleno de hombres freljordanos que las recibían con alegría. Malie no pudo evitar gruñir, y apretó el puño con rabia.


-Vaya, vaya. Eres todo un cazador.-dijo golpeando con la punta del dedo uno de los colmillos de la cabeza del jabalí gigante que colgaba de la pared.

-Sí. Lo maté yo mismo con mis propias manos.

Miss Fortune sintió como la rodeaba de la cintura por la espalda.

-Estas manos.

Raekt se había quitado los guanteletes, la capa de piel, y el casco. Tras ella, había un hombre de torso desnudo lleno de cicatrices, con la cabeza rapada, y sin embargo, una prominente barba. Miss Fortune se había quitado en su lugar el sombrero y la capa, que colgaban del mismo perchero que las ropas de él.

No toleraba que la tocaran sin su permiso. No de esa forma. Pero sabía tragarse el orgullo cuando el "juego" lo requería. Así que se giró para verle de frente, todavía con la cintura sujeta por sus callosas manos, y le pasó los brazos por detrás del cuello, pero bajando la mirada, fingiendo vergüenza.

-Esta no me parece la forma más apropiada de comenzar una negociación.

-¿Porqué no? Vamos a casarnos, ¿cierto?

Cuando se lanzó a besarla, su mano enguantada se interpuso. Acabó apartándolo gentilmente de ella.

-Aunque me guste lo que he visto hasta ahora, entenderás que he recibido propuestas de muchos hombres muy distintos. Aunque pocos eran tan atractivos y determinados como tú...

-No hay otro hombre como yo.-contestó con tono grave, lo que obligó a Miss Fortune a medir sus palabras mejor.

-Concuerdo. Pero has de entender que tras toda la sangre que se ha derramado los últimos meses, necesito a un hombre fuerte para restaurar el orden que el vacío de poder de Gangplank ha dejado.-permanecía dándole la espalda, observando una pintura.

-¿No has visto a mi gente? ¿No has visto mi barco?-le dijo él con tono animado.-¿No sabes como mi nombre se pronuncia en susurros entre aquellos que se oponen a mi mando entre los demás freljordanos? ¿Qué más puedes pedir?

-Muchos hombres pueden reclutar a bestias brutas de carga, conseguir un barco grande, y mantener el control sobre un barrio.

Pareció molestarse por su comentario. Así que se acercó a él con una sonrisa adorable y sensual a partes iguales, que llevaba años ensayando, y le acarició el rostro con su mano enguantada. Este se la tomó, más relajado.

-Pero hace falta un auténtico líder para inspirar TERROR en todo un archipiélago. Así que dime...-se acercó para susurrarle al oído.-... ¿cuál será tu regalo de bodas que pueda proporcionarme eso?

Cuando se apartó, le notó una sonrisa llena de confianza en el rostro. No estaba segura de que eso fuera buena señal.

-Je. Bien. Pues tengo el mejor regalo de bodas del mundo.

Se acercó a la chimenea de piedra, ahora apagada, y tiró de la antorcha a un lado de esta. Entonces, Miss Fortune escuchó la piedra correrse, y la chimenea se dividió en dos, mostrando unas escaleras que descendían por un pasillo angosto, con una leve luz al fondo.

-Acompáñame.-dijo ofreciéndole la mano, mostrando la mejor sonrisa de galán que sus amarillentos dientes le permitían.

No sin algo de recelo, que ella le supo ocultar bien, dejó que tomase su mano. Su apretón era como el de un tentáculo prensil, a pesar de que había intentado ser delicado.

Mientras descendían, el hombre comenzó a narrarle una historia que, de no ser por lo que estaba a punto de presenciar, jamás creería.

-Hace años, cuando aún vivía en Freljord, tuve un encontronazo con la bruja de hielo. Lejos de causar mi muerte, o un sufrimiento eterno, me concedió ciertos dones.

Cuando llegaron al final del pasillo, se encontraron en una gran sala de piedra sin columnas, iluminada únicamente por las rejas del techo que daban al exterior, pero que apenas alumbraban el lugar donde se encontraban.

-Pero el único que nos interesa ahora mismo, es el don de comunicarme con bestias, y aquellos de mentalidad bestial, y conseguir que me obedezcan.-dijo tirando de una palanca, que provocó que media tonelada de atún comenzara a caer frente a ellos, acumulándose casi hasta el techo.

-Me lo encontré un día, cuando mi barco encalló en una isla desierta al otro lado del gran canal.

El suelo, el techo y las paredes comenzaron a vibrar ligeramente, mientras la piel de Miss Fortune se volvía de gallina. Había algo oculto en la oscuridad. Lo presentía. Algo grande, que arrastraba unas cadenas, y se acercaba a ellos.

-Cuando al fin superé mi estúpido miedo, me acerqué a él. Y desde entonces...

La enorme, temible y majestuosa figura salió de entre las sombras.

-... hemos sido inseparables.

Era un dragón.

Un puto dragón.

¡Un puto jodido dragón!

Fue una suerte que tuviese más ganas de comerse al atún que a ella, porque fue el tiempo que tardó en terminar su desayuno, lo que tardó ella en racionalizar lo que ocurría.

Esto lo cambiaba todo. Esto lo cambiaba absolutamente todo. Una bestia que podía arrasar Bilgewater hasta los cimientos. Acabar con toda criatura viviente en el archipiélago. Y lo que es peor. Estaba bajo el control de aquel loco.

Su plan original ya no funcionaba. Sombras, ya se cuestionaba incluso para que la necesitaba a ella. ¡Tenía un jodido dragón! ¿Qué clase de persona necesita alianzas con algo así? Ya no podía permitirse enemistarse con él. De hecho, sería suicida.

Casi saltó cuando le notó tomarla de la cintura.

-Ven.-tomó su mano.-Siempre es más amistoso cuando está con la tripa llena.

Ella se dejó arrastrar, aún aterrada, hasta el dragón. Permaneció serena, con calma fingida, mientras depositaba su mano sobre el morro del dragón. Él no reaccionó. Solo mantenía su vista clavada en ella.

Podía sentirlo respirar. ¡Podía sentir hasta su sangre moverse! Estaba frío, como todos los reptiles. Pero podía sentirlo respirar. ¡Estaba vivo! ¡Un dragón, vivo, en manos de su enemigo.

-Es magnífico, ¿verdad?

Su plan se había derrumbado por completo. Estaba pérdida. No. No debía dejarse llevar por el pánico. No ahora. Tenía que tomar una decisión drástica.

-¿Y bien?-prosiguió Raekt, haciéndola girarse para que le viera de frente, acariciando esta vez él su rostro.-¿Serás mi esposa?

Y tenía que tomarla ya.