Capítulo XXV


Sesshōmaru entró a su habitación, la que no había podido usar solo, pues su hermano seguía sin querer dormir lejos de él. Y a decir verdad al Inugami le agradaba, que por lo menos eso no hubiera cambiado de su vida anterior.

El líder fue despojado de su armadura por su fiel sirviente Jaken y este no podía dejar de sonreír, lo que causó curiosidad en el Lord.

–¿Qué escondes?

Jaken dejó la armadura en su lugar y alcanzó la ropa de cama de su amo, mencionando…

–Esta noche se ha unido otro Inu a su ejército.

–¡¿Cómo?!

–Si amito, el bocchan InuYasha aceptó su herencia invocando el alma perdida del Capitán Takeshi.

–¿Herencia…? ¿Madre?

–Si amito.

–Mamá lo eligió, pero no sabíamos si él lo aceptaría.

–Pues lo hizo y no dudó, amito.

Sesshōmaru se acercó a la cama y vio con el orgullo brillando en los ojos, al menor.

–Kuro debe estar feliz.

Terminó el de luna en la frente. Jaken afirmó y se retiró del cuarto para dejar descansar a sus señores.

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Toran gruñó al ver que la noche ya estaba muy avanzada y muchos de su grupo, si no es que la mayoría, de sus espías no regresaron.

–Shunran. –llamó a su hermana pelirroja. Ésta se acercó.

–Si.

–¿Cuáles son los que no regresaron?

–…

–No enviamos con los Tanuki, pues estos –según los rumores– se retiraron a su territorio; pero de ahí en más, ninguno del grupo regresó.

–¿Y ustedes que averiguaron?

–Es cierto; esos perros han regresado, nos confirmaron que por lo menos uno de los de esa sangre maldita vive y es un Inugami.

Toran meditó unos instantes y luego llamó a los otros hermanos; con estos ya reunidos. Comenzó…

–No podemos dejar que ese maldito clan renazca y llegue a lo que fueron, este ya no es su mundo, si nuestro señor Oyakata ya no está, ellos tampoco deben estar. Aprovechemos que ese, debe estar solo. Por muy Inugami que sea, si no tiene ejército, nosotros lo venceremos.

Los hermanos estaciones del año; gruñeron en aprobación para derrotar de una vez por todas a los Inu.

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Después de que Kuro y Takeshi se relataron sus historias; el Inu de cabello castaño besó al Inu más pequeño –por centímetros–, como si no pudiera respirar si no juntaba los labios con su esposo y tal vez era ese anhelo que lo hizo regresar, quien lo sabía.

Kuro sabía cómo la cosa más favorita de Takeshi y para este era lo mismo. Eran un matrimonio que incluso, luego de la muerte se amaban.

Takeshi coló las manos debajo de la camisa de su pareja y la piel de éste se erizó.

Takeshi sonrió de lado y terminó por desnudar a Kuro, el pelinegro soltó un suave y ahogado ruido de placer cuando su cuerpo quedó expuesto. Los latidos de su corazón se volvieron más veloces.

–Extrañaba ese sonido. –susurró el castaño.

–¿Cuál sonido?

Takeshi negó con la cabeza, riendo entre dientes mientras agarraba a su pareja por la cintura y tiraba de él hacia la cama. El Inu pelinegro sonrió al sentir la urgencia de su pareja por poseerlo.

Gracias a su bocchan tenían mucho tiempo para el romance y la paciencia; así que urgió y al mismo tiempo le dio permiso a Takeshi, para saltarse el preámbulo e ir a lo directo.

–Hazlo ya…

–Ordenas y obedezco.

Dijo Takeshi y tomando a su pareja por las rodillas y empujándolas hacia arriba, y sobre su vientre, expuso su culo. Inhaló profundamente antes de dejar que sus labios tocasen el miembro erguido de Kuro.

Kuro exhaló un agudo jadeo, ante el toque de los labios de su esposo. Takeshi se sintió orgulloso de recordar lo que hacía volar a su pareja.

La boca del Inu castaño, comenzó a trabajar y los gemidos del pelinegro se comenzaron a escuchar más seguidos. Y Kuro gimió más fuerte, más tiempo, sus caderas empujando hacia adelante mientras intentaba meter su pene más profundamente en la boca de su esposo.

Takeshi movió un poco a su pareja buscando el ano de éste, preparándolo para recibirlo; fue mucho tiempo y lo que menos deseaba era que Kuro sufriera ni siquiera un poco.

Sin dejar el pene de Kuro, Takeshi siguió aflojando el esfínter de éste, hasta que lo sintió listo y con ello –ganándose un gruñido de desaprobación de Kuro–, se alejó y…

–Ya es hora cariño.

Dijo el castaño presionando su grueso miembro contra el agujero de Kuro; estaba apretado. Era lógico; Takeshi apretó los dientes ante la sensación de que el cuerpo de su compañero estaba luchando contra él.

Kuro ayudó relajándose y empujando; y el pene de Takeshi se abrió paso a través del anillo de músculos.

–Muévete, por favor muévete.

Exigió Kuro, acompañado de esa petición, el Inu cambió sus colmillos y los clavó en el hombro de su esposo.

El dolor junto con el placer, alentaron a Takeshi. Sus caderas se movieron hacia adelante y hacia atrás más fuerte y más rápido, esta vez.

Ya no había espacio para movimientos pequeños y superficiales cuando sintió su orgasmo casi llegar. Y por los fuertes gritos que provenían de Kuro, y por la forma en que trató de cubrirse la boca, estaba claro que estaba por venirse también.

Takeshi gimió. El repentino agarre en su pene fue como una descarga eléctrica que lo golpeó por todo el cuerpo. No podía detenerlo, la forma en que lo sacudió cuando el orgasmo chisporroteó a través de él.

El dulce calor del semen de Kuro cuando lo golpeó en el estómago e incluso en el pecho, y la forma en que derramó su semilla dentro del otro, fue suficiente para hacer aullar a su Inu. No obstante ambos se detuvieron, pues no debían molestar el descanso de los niños y de sus amos; aunque la mayoría de los habitantes del castillo tenían muy buen oído, esperaban que el sueño evitara que los escucharan.

Kuro quedó tendido y recobrando el aire y Takeshi se salió –con delicadeza– de él y se recostó a su lado; colocando un brazo posesivo sobre el pecho de éste. Sin dejar de sonreír, los dos se dejaron llevar por el sueño.

Deseaban tanto recobrar el tiempo perdido, y también servir a sus amos como siempre o más, por ese maravilloso regalo de vida.

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La noche ya casi llegaba al final y él seguía sin poder dormir. Naraku estaba consciente de que lo dicho a ese Inugami orgulloso le podía costar su clan; sin embargo rememorando la situación se asombró al pensar que no estaba arrepentido de esa confesión.

Los primeras luces de la alborada se notaron entre las cortinas y el Kigyōka suspiró, sintiendo que eso días no habían sido de descanso para él.

No hubo que buscar –ésta vez– las ganas de abandonar la cama. No, Naraku se levantó y se metió a bañar. Tenía todo un clan que enfrentar o en su defecto, a sus mejores guerreros. La conclusión es que fuera de haber ganado algo con esa apasionada confesión al señor de los Inu, la verdad es que perdió mucho y éste ni siquiera lo tomó en cuenta. No es que sintiera compasión de sí mismo, sin embargo como Rīdā no estaba acostumbra a errar, no de ese modo en que su clan también era afectado.

El sonido de unos toques en su puerta, le dijeron que los siervos ya habían notado que estaba despierto.

–Ya salgo. Que sirvan el desayuno y que mis… guerreros estén presentes. Voy a ir al funeral de Karura no Sabaku.

Quien haya estado detrás de la puerta, obedeció.

Pasaron unos minutos antes de que el pelinegro arribara al comedor, donde ya lo esperaban Bankotsu y los otros.

Naraku llegó y se sentó, haciendo que los Shichinintai lo imitaran; los alimentos fueron servidos y Naraku comenzó a comer; poco más tarde inició con la conversación.

–Soy un líder, el suyo para ser exacto; no creo que eso cambie.

Bankotsu miró al Kagewaki y por la confianza de todos los años colaborando con este, conociéndolo desde infantes y siendo su consejero, habló:

–Uno que nos ha entregado sin combatir, por simples deseos; unos que debo admitir a pesar de mi orgullo, ni siquiera son correspondidos.

–¿Y si lo fueran? –contratacó Naraku– ¿cambiaría algo?

Renkotsu intervino, pues no tenía idea de que hablaban ese par.

–¡¿Nos entregó?!

Naraku vio al resto de los siete…, esperen:

–¿Dónde está Kyōkotsu?

Bankotsu bufó y agregó, fastidiado:

–No regresó anoche, debe de estar por ahí rumiando su molestia.

–¿Molestia?

Cuestionó Naraku. El de trenza siguió:

–Está molesto por la cercanía que se inició entre nuestro clan y los shifter.

Naraku continuó comiendo y luego acotó.

–Los tiempos han cambiado y por ello también nosotros para sobrevivir. Los shifters pueden ser aliados o más enemigos, nosotros lo decidiremos. Todos conocen la historia de cómo nuestro clan llegó a donde estamos; no es bonita ni aunque la adornemos, la mayoría de los yôkai desconfían de nosotros. Somos fuertes eso no lo dudo, no obstante ¿Lo somos como para encarar a todos los demás?

Jakotsu respondió antes que todos los demás:

–Lo somos.

Bankotsu apreció la efusividad de su prometido; no obstante no era tan arrogante para no ver la realidad, por supuesto que uno a uno con cada clan sería una batalla difícil, pero tal vez podrían no salir tan diezmados, más con todos al mismo tiempo… ¿a quién engañaba? Eran fuertes, pero no lo únicos.

Suikotsu por su parte estaba en favor de las mesclas con los were y si su líder lo aprobaba, lo apoyaría.

Naraku esperó y por fin Bankotsu habló:

–No veo tanto el problema de soportar los shifter; el verdadero dilema es ese Inugami y como lo ves.

Los Shichinintai que no sabían del asunto, voltearon a ver al Rīdā Kagewaki y este los encaró.

–No olviden lo que acabo de decirles, soy el Rīdā y como tal el más fuerte ¿o quieren comprobarlo? –Los presentes no respondieron a pesar de sus ganas de combatir– Y como debes ser, es natural en nuestra especie buscar a nuestros compañeros de la misma naturaleza de poder ¿Eso me hace débil?

-¡Es un Inugami! –se opuso Bankotsu.

–¡Es poderoso! –refutó Naraku.

–¡Oh por Enma-sama es nuestro enemigo y si no lo es, lo será cuando sepa todo! –continuó Bankotsu.

–¡Oh por favor crees que no lo sabe, él debió estar ahí! –refutó Naraku.

Bankotsu se quedó callado y Jakotsu retomó la conversación…

–¿Qué hizo lord?

–…

El Dai-Yôkai no dijo nada.

–Le ofreció ser su consorte a ese Dai-Yôkai.

Dijo con seriedad el de trenza. El silenció se extendió en el comedor y Naraku esperó por ese desenlace que lo tuvo despierto toda la noche.

–Oh… pues es guapo. –dijo muy tranquilo Jakotsu.

Por supuesto que todos comprendían lo que se estaba jugando en esa situación; no obstante que Jakotsu le diera una nota de sarcasmo, lo hizo más llevadero.

–Estamos exagerando, el Rīdā Inu no ha dado muestras de pensar en batalla o compromiso y nuestro Rīdā tiene compromisos que atender antes de todo.

Dijo el parco Renkotsu, sin comprometerse con ninguno de los dos lados.

Los otros no agregaron nada más y el desayuno concluyó. Naraku tenían que salir rumbo al territorio de los Tanukis. Más consideró que ese final no estaba tan mal.

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Royakan terminaba su guardia con el amanecer; a poco tiempo de llegar al castillo, vio a los guardias que iban a su encuentro llevando un par de fardos y gruñó aburrido…

–¿Por qué no los desaparecieron por ahí? Desásganse de ese par.

Los Ayakashis hicieron algunos movimientos y los cuerpos fueron incinerados.

El Lobo yôkai regresó sobre sus pasos y dar otra última ronda, para revisar que no hubiera otro más de esos espías. Estaba algo somnoliento, pero se consoló con el pensamiento de que sería relevado los próximos días por Kuro.

Su ronda concluyó, ya con algunos rayos de sol asomándose por el horizonte. Royakan llegó al castillo y entró buscando a Jaken, el sapo ya alistaba todo para que el desayuno se sirviera en una hora.

–¿Qué pasa Capitán?

–¿Estará ya despierto el Lord?

Jaken negó:

–No; llegó tarde anoche y aun descansa, pero no debe de tardar, dale media hora.

–Ya. Bien, en lo que voy a refrescarme.

-¿Es importante? ¿O puedo decírselo yo? Para que vayas a descansar.

Royakan lo pensó un poco y agitó la mano.

–Como sabes, nos avisaron que los gatos leopardo regresaron.

–Si.

–Ya enviaron a sus espías a nuestro territorio.

–¡¿Y pudieron hacerlo?!

–Los Ayakashis que hacían guardia conmigo, ni siquiera les dejaron pasar de la carretera a las faldas de la montaña.

–Oh. Se lo comunicaré al amo.

Royakan asintió moviendo la gran cabeza y se retiró; rumbo a las habitaciones de los guerreros.

Al entrar notó a dos figuras paradas –donde debía ser solo una– y mirando de cerca, y oteando en esa dirección…

–¡No puedo creerlo! ¡Takeshi!

El mencionado saludó efusivamente al lobo y dejó que este lo mirara de pies a cabeza…

–¡¿De verdad eres tú?!

–¡En carne y hueso!

–¡¿Cómo…?!

El revivido tuvo que contar su historia de nuevo, pero no le molestaba, no cualquiera podía contar sobre su regreso.

Al momento que la historia concluyó y Royakan lo asimiló, relató el intento de llegada de sus enemigos y los dos Kyaputen Inu salieron para unirse al desayuno y ponerse a las órdenes de Sesshōmaru para saber cómo manejarían esa vigilancia fallida.

Sesshōmaru sonrió al ver a Takeshi llegar al pasillo, de donde él salía.

–Capitán Takeshi, debo decir bienvenido.

–Lord…

–Mi hermano no es tan pequeño como creímos. –bromeó el de luna en la frente.

–No lo es, definitivamente. –terminó Kuro.

–Pues dejemos que siga durmiendo y vamos a mi despacho antes de desayunar.

–Oh cierto, tenemos que informarle algo sobre…

–Oh ya me lo dijo Jaken. No veo el problema; al contrario ya es hora de que eso gatos recuerden que este mundo ya no podemos compartirlo.

Takeshi sonrió mostrando sus colmillos y opinó:

–Si el Rīdā lo desea, podemos ir a cazarlos.

Sesshōmaru meditó un instante y negó:

–Es una buena idea y me agradaría mucho, no obstante; deseo que mis soldados novatos estén presentes y puede que hasta les permita participar.

–¿Qué edad tienen? –preguntó Takeshi.

–Entre diez y once años. –mencionó el de luna en la frente.

–Son pequeños ¿y su padres?

Sesshōmaru vio con interés a Takeshi y supo, que algo en ese mundo extraño lo dejó sensible, no demasiado solo suficiente.

–Sus padres tratan de sobrevivir Takeshi, este mundo ha sido cambiado infinitamente. Los humanos ya no existen y los shifters fueron los únicos que han podido convivir con los yôkai si no hago algo, ni ellos podrán vivir. Te lo explicara Kuro. Vayamos a desayunar y conocerás a tus futuros alumnos y soldados.

Los guerreros siguieron a su Lord hacia el comedor.

Los niños ya estaban en este y se colocaban en su lugar esperando por Sesshōmaru e InuYasha que llegaban tarde.

El lord llegó y todo el mundo se sentó. Kohaku fue el que preguntó:

–Lord, ¿InuYasha no vendrá?

–No; está descansando, pues anoche tuvo que… ir por el Capitán Takeshi a donde se encontraba.

–¿Otro Inu? –preguntó interesada Rin.

Sesshōmaru asintió y vio al mencionado; para que se presentara.

–Soy Takeshi Capitán Inu y junto con sus otros instructores, seré su entrenador.

Los chicos comenzaron a murmurar emocionados, más el desayuno no concluyó y retomaron la alimentación.

Fue uno de los Ayakashis quien llegó hasta el comedor y Jaken recibió la noticia, yendo de inmediato con su amo.

El Inugami escuchó y siguió comiendo serenamente, no sin antes enviar sus órdenes a sus guardias de que permitirían el paso de los intrusos.

En cuanto sucedió el ayakashi salió veloz del comedor.

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En la carretera desierta algo lejos de las faldas de la montaña. Los cansados visitantes miraron con horror como sus perseguidores ya les habían dado alcance y si bien los Kashas ya no eran tantos, lo compensaba la enfurecida Jorōgumo, a quien se le habían unido algunos Dodomeki* oportunistas que esperaban capturar alguna presa débil.

Los were-canes se reunieron y los guerreros, rodearon a los más débiles para salvaguardarlos; ellos no sabían si serían recibidos por los Inu o ser atacados también por ellos, no obstante lo inmediato era protegerse de los yôkai.

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Casi hubo un accidente al toparse con uno de sus compañeros que venía también a informar algo, más el ayakashi siguió:

–¡Señor, los visitantes han sido perseguidos por una JorōGumo, Kashas y algunos Dodomeki!

Sesshōmaru llamó a los menores y salió del castillo. Bajaron por el camino de tierra, los shifter se notaban ansiosos, más el Inugami no parecía llevar prisa.

Al momento que ya estaban a mitad del camino, todos vieron como Royakan iba ya corriendo detrás de Kuro y Takeshi.

Kiba casi gritó al reconocer las figuras que se hallaban en la carretera.

Sesshōmaru supo que debía tranquilizar al joven shifter.

–Ya han llegado; ya no corren peligro.

Con el grupo de shifter perro, estos escucharon…

Unos aullidos erizaron la piel, antes de que una jauría de lobos corriendo, los rodearan y pasaran sin tocarlos.

Los lobos se fueron en contra de los Dodomeki, trenzándose con ellos, en una ofensiva que hacia desaparecer a lupinos envenenados, más sus cuerpo no caían desfallecidos, si no desaparecían.

La JorōGumo gruñó furiosa, más del modo en que los lobos no tocaron a los were-perros. Kuro y Takeshi salieron con las espadas desenvainadas y con un grito de guerra; movieron los filos cortando y desgarrando, dejando solo una masa amorfa de lo que fue esa yôkai araña.

Royakan soltó otra jauría de lobos para terminar con los Dodomeki, evitando que el veneno y fuego de estos, pudieran estar cerca de los shifter. Ellos eran inmunes a eso, después de todo siendo guerreros de Sesshōmaru –que poseía veneno infalibles sus garras-, cualquier otro era liviano para ellos, además de su condición de demonios los protegía otro poco.

Los Kasha ya volaban temerosos de morir, no obstante las tres espadas de los Kyaputen, detuvieron mortalmente su huida, al ser lanzada por estos, dejando solo cenizas.

Los tres recogieron sus filos y regresaron con su lord, colocando una rodilla en el suelo, esperando nuevas órdenes del Dai-Yôkai y Los niños que los veían con admiración, los imitaron, incluso un ansioso Kiba, demostrando su honor como guerrero.

Sesshōmaru se colocó frente a su clan y vio a los were-can que esperaban su decisión.

Shifter canes, fuertes y valientes como los yôkais Inu. Familia de Kiba, uno de mis guerreros… sean bienvenidos a mi Clan.

Tsume vio de reojo a su hijo menor antes de… caer sobre una rodilla y aceptar.

–Gracias Rīdā.

El Dai-Yôkai dio la venia y unos Ayakashis aparecieron para ayudar a los were y llevarlos al castillo; los heridos fueron transportados velozmente y con cuidado. Tsume no se unió a ellos, pues antes atrajo a su hijo y lo abrazó.

Akamaru le hizo piruetas a Kuromaru y los tres hermanos Haimuro.

Sesshōmaru subió la pendiente, dejando a los were que se relataran sus novedades y él fue acompañado por sus Kyaputen. Kuro rió divertido al mencionar…

–Ese gran perro con un parche en el ojo se llama Kuromaru.

Takeshi se giró a ver al can y se unió a su esposo…

–Bueno se parecen un poco.

Sesshōmaru sonrió levemente y agregó:

–Poniéndonos a pensar, todos se parecen a nosotros.

–¡Lord! –Exclamó divertido Takeshi, pero se carcajeó y afirmó– Es cierto.

Dejaron de reír y el de luna en la frente aclaró:

–Los gatos no tardaran, quiero a los were y menores en el castillo para que termine de comer y ver si mi otōto ya despertó, que si se pierde otra batalla hará un berrinche. Eso antes de que vengan los otros clanes, ellos no deben vernos luchando.


* Dodomeki: Según los folcloristas y culturólogos, la leyenda del demonio Dodomeki refleja la creencia de los japoneses, de que las personas con manos largas tienden a robar. Se considera que este demonio tenía unos brazos y manos largas llenos de ojos. Los ojos también son un reflejo de antiguas monedas que se utilizaban en Japón y eran llamadas "ojos de aves" o chōmoku. Según la tradición popular, este demonio disparaba fuego y escupía un gas venenoso.


Mil gracias a YURIKO CHUN-LI y noona-kane.