Disclaimers en el capítulo 1
No sé si sea necesario decirles esto, pero lo haré por protocolo. El epílogo pasa a ser Rated M, si usted va contenta de la vida con que Regina y Emma jamás se hayan tocado un pelo, mejor no lea XD (Ya, seguro no leerán XD)
Con esto termino la historia, pero la idea de una secuela sigue rondando en mi mente, sólo que si es que llegase a escribirla sería luego de que termine Cabalgata de Medianoche.
Gracias por todas sus palabras, yo con esta historia me doy por pagada al saber que pudieron reír, suspirar y llorar. MUCHAS GRACIAS!
"Para combinar lo bello y la luz sin perder distancia,
Para estar con vos sin perder el ángel de la nostalgia
Para descubrir que la vida va sin pedirnos nada
Y considerar que todo es hermoso y no cuesta nada.
Para combinar, para estar con vos, para descubrir y considerar
Sólo me hace falta que estés aquí con tus ojos claros
Ay, fogata de amor y guía, razón de vivir mi vida"
Razón de vivir - Víctor Heredia
En un lujoso sector de Nueva York, 9 años después…
—Buenos días su majestad –Entraba Elsa en la gran habitación de Regina con un pastel de cumpleaños.
—Elsa, tan temprano molestando, déjame dormir sólo unos minutos más –le contestó la morena escondiendo la cabeza en la almohada- Además no sé qué tienen de buenos.
—Regina… ¿Qué tienen de buenos? Primero, hoy cumples 40 años, segundo hoy es tu primer día rectora del conservatorio de Nueva York, y tercero… ¡Hoy son las audiciones de los alumnos nuevos!
Regina se sentó bruscamente en la cama con cara de desastre, su pelo todo despeinado y con claro asombro por lo que Elsa le decía.
—Mierda, hoy cumplo 40 años… ¿Tanto tiempo ha pasado ya?
—Te quedan muy bien esos años Regina. Ahora ven y sopla la vela –le dijo mientras se sentaba en la orilla de la cama y le acercaba el pastel- pero primero pide tu deseo.
—¿Es necesario?
—Claro que es necesario –Elsa la miró tiernamente- pero ¿Sabes? Me gustaría que esta vez después de pedir el deseo pongas carita feliz… siempre te pones triste.
—Si no vinieras cada año tan temprano seguro tengo mejor cara Elsa. Trae acá ese pastel –Regina lo tomó con ambas manos y cerró los ojos- [Deseo volver a ver a Emma] –Sopló la vela y extrañamente, esta vez esbozó una gran sonrisa.
—¡Así me gusta! ¿Qué pediste? Ahhh de seguro un nuevo amor –le decía con risitas mientras cortaba un trozo de pastel.
—¡Nunca lo sabrás! –Se levantaba riéndose para dirigirse al cuarto de baño- ¡Y aleja todo ese dulce de mí! A mi edad todo lo que coma se me guardará en el culo, así que paso de ese desayuno.
—¡Aburrida! –Le gritó mientras la veía alejarse- Estas re buena, de qué te preocupas, ¡Vive la vida Regina!
Vivir la vida, eso era lo que Regina había hecho durante 10 años, desde que se había ido de la casa de sus padres, para luego meter la pata a fondo haciéndose pasar por hombre como profesor de gimnasia en un pueblo medio perdido, luego volver verse en la calle, terminar en una casa de acogida para mujeres desamparadas y siendo ayudada por una desconocida que la vio tocando el violín en medio de un andén de estación de trenes hasta llegar a ser el primer violín de la orquesta sinfónica de Nueva York.
Pero hoy, ha decidido dejar los teatros y dedicarse a enseñar, los aplausos y noches de fama se quedaron atrás, enseñar lo es todo para ella. Eso que tanto le gustaba hacer, por fin ahora había encontrado el coraje de llevarlo a cabo, porque de todas formas, enseñarle a alguien siempre le recordaba a Emma. Tan sólo si hubiera podido volver por ella, podría estar aquí disfrutando de su éxito, quizás tocando a su lado. Tal vez, en algún momento podría verla y explicarle las razones por las cuales nunca pudo volver, y que nunca, hasta el día de hoy nunca ha perdido las esperanzas de que fuera ella quien la buscase.
—Te ves guapa, y sobre todo elegante –le dijo Elsa que aún estaba en pijamas.
—¿Crees que está bien para la audición? No quiero asustar a los alumnos si me veo demasiado seria.
—Regina, tu no asustas, impones respeto tan solo con tu presencia, y créeme que eso no se debe a tu ropa.
—Trataré de no parecer tan perra –se rio y despidió de Elsa- este año mi decisión es la última así que admito que me tomaré algunas licencias.
Así bajo Regina hacia su mercedes estacionado afuera, esperándola para empezar un largo y atareado día. Vestía con un elegante pero sobrio vestido rojo carmín, un abrigo largo y como siempre sus zapatos que hacían resonar con eco. Un gran día, un día que ni ella misma imaginaba.
—Te ves hermosa Regi –le dijo Elsa saliendo al balcón- Nos vemos en el conservatorio en unas horas más.
Regina le lanzó un beso en el aire y se despidió con la mano. Elsa la vio alejarse y se quedó ahí un rato admirando el día resplandecer, terminó su taza de café y entró en la habitación para practicar un rato con el violín antes de alistarse para ir a clases.
No mucho después de que Regina se fuera de su casa, una concentrada Emma conducía su escarabajo amarillo por las calles de Nueva York buscando la dirección 21 West 10th Street. Levaba toda una noche de viaje en el cuerpo, y la verdad ya estaba cansada, necesitaba un café y comer algo, pero sentirse tan cerca de poder dar con el paradero de Regina la emocionaba hasta el punto de perder el apetito y el sueño.
—Espero que estés en lo correcto abuela –se dijo así misma mientras se estacionaba frente a una lujosa casa.
Emma sacó el estuche con su violín, cerró la puerta del escarabajo y se plantó frente a la puerta, respirando hondo, calmándose, recordando su promesa. Pero era imposible, no sabía con qué persona se encontraría ahora, habían pasado muchos años, incluso era probable que fuera un simple recuerdo en estos momentos, quizás ni siquiera quisiera verla, o le fuera indiferente.
—¿Qué más da? Ya estoy aquí así que voy a averiguarlo –se susurró mientras ponía la mentonera del violín en su posición.
Así Emma comenzó a interpretar la pieza, aquella que Regina le había pedido escuchar antes que nada. Si tenía suerte, su antigua profesora saldría por la puerta, la miraría con cara de incrédula, se abrazarían, charlarían de las cosas que han pasado, y quién sabe, podrían pasar algunas cosas más. Pero la realidad era otra, la cosa es que Emma sabía muy bien que era muy probable que Regina tuviera su vida armada ¿Y qué esperaba? ¿Que abriera la puerta y se le abalanzara para besarla? Nueve largos años había esperado para esto, y ni siquiera la estaba buscando por lo que le había prometido.
Ya llevaba un par de minutos tacando el violín y nadie aparecía por la puerta, dejó de hacerlo, probablemente ni siquiera recordaba la melodía. Sería mejor dejar de tocar y llamar a la puerta como la gente normal.
—¿Por qué te detuviste? –Le preguntó Elsa desde el balcón- eres realmente buena ¿Sabías?
Emma levantó la mirada y se quedó sin saber qué decir. Luego de dudar al fin sacó la voz.
—Perdóname ¿Está Regina en casa?
—Vamos, y yo que pensé que me venían a dar una serenata –dijo Elsa apoyándose en la baranda- Si buscas adicionar para ella este no es el lugar. Se ha ido a trabajar.
—Está bien no te molesto mucho más. Vendré más tarde –recogió el estuche del violín y lo guardó- [chica rubia, bastante guapa, en casa de Regina mientras ella no está, perfecto ¡tiene novia!]
Antes de que Emma pudiera entrar a su escarabajo, Elsa salía por la puerta muy rápido para evitar que se fuera.
—Disculpa ¿Quién eres? Digo, si Regina vuelve me gustaría decirle quién estuvo buscándola.
—Emma Swan –le dijo mientras la miraba de pies a cabeza.
—Así que Emma… -Elsa se sonrió y se cruzó de brazos- Yo soy Elsa –le estrechó la mano y se saludaron- Mira, creo que lo mejor, sería que la buscaras en el conservatorio. Toma, aquí está la dirección –le daba una tarjeta mientras aún sonreía maliciosamente.
—Gracias… [Además de guapa, buena persona] Que tengas buen día –le agradeció mientras subía a su escarabajo.
—Sólo procura no darle un infarto cuando te vea –se apoyó en la ventanilla mirando hacia ella- Me temo que acaba de cumplirse su deseo de cumpleaños –le guiñó un ojo y se retiró.
Una larga mesa con varias personas como jurado de las audiciones, más una Regina que se paseaba de un lado a otro, ajustando su gafas para ver las solicitudes de ingreso de quienes querían entrar al conservatorio y una larga fila de chicos que querían ansiosos poder impresionar era lo que ocurría ahora mismo en la mejor escuela de música de Nueva York.
—Sólo quiero un chocolate caliente –le dijo Regina a la asistente- con crema encima y una pizca de canela. Y por favor dile al primer aspirante que puede entrar.
Regina se sentó tomando el puesto del centro, volvió a ojear las solicitudes buscando a la primera y descansó su mentón en sus manos esperando a que entrara.
La mayoría de los integrantes del grupo seleccionador le dio la bienvenida a la joven mujer que se plantaba muy segura ante ellos, más Regina le dijo que podía empezar sin siquiera levantar la vista. Mientras la chica tocaba, Regina iba haciendo anotaciones, los demás hacían comentarios en susurro y así algunas fallas y pequeños errores también se fueron dando, hasta que terminó su audición sin mayores contratiempos.
—Deberías controlar un poco tus nervios –le dijo Regina poniendo en grande en la solicitud un "Aceptada"- Se te nota que no tienes experiencia tocando a una audiencia pequeña.
—No me hubiera puesto así si es que usted al menos levantara la mirada para verme –le dijo la chica con autosuficiencia.
—¿Y para que quiero verte? –le preguntó al fin levantando la mirada, sacándose sus gafas y arreglando su cabello- ¿Para ver tu cabello ondulado y tu maquillaje sobrecargado? Te equivocaste de escuela entonces chica, la de modelaje no es esta. Puedes retirarte, te enviaremos una carta para darte una respuesta. Dile a la siguiente que puede pasar por favor.
A penas la chica salió por la puerta, Kathryn, otra de las seleccionadoras comenzó a reírse mientras le daba un pequeño golpecito en el hombro de Regina.
—Mierda, hubieras visto su cara de espanto cuando notó que no tenías intención de mirarla. Se nota que la chica averiguó quien era el nuevo rector y ha tratado de venir casi igual a ti –se agarraba el estómago y se tiraba en su silla, mientras los demás también se comenzaban a reír.
—Ese atuendo está muy bien, pero para alguien de mi edad, no para esa chiquilla –se rio junto con todos- ¡Ya! Seriedad que va a entrar el siguiente.
Emma no entendía muy bien lo que le estaba pasando, mientras caminaba hacia la imponente entrada de la escuela, por primera vez se estaba cuestionando en cómo reaccionaría ella al ver a Regina. No había hecho más que ver a una chica en casa de ella y ya se había sentido extraña ¿celos? Quién sabe, pero esa extraña sensación de querer haberla reclamado suya no la dejaba en paz.
—Buenos días –le dijo Emma a la recepcionista- Busco a Regina Mills.
—¿Tiene cita reservada?
—Me temo que no ¿debería agendar cita?
—Si no tiene cita le advierto que por hoy no es posible. Tenemos audiciones y de seguro le ocupará toda la mañana.
—Bien, entiendo. Que tenga buen día.
Emma se volteó y comenzó a mirar a la cantidad de personas que afinaban sus clavijas y hacían fila afuera de una puerta. Se devolvió hacia la recepcionista con una sonrisa extraña, casi malvada.
—Disculpe ¿Dijo que habían audiciones?
—Si viene a audicionar, entonces llene este formulario y espere su turno –le pasó una hoja con duplicado para que la llenara- aunque me temo que tendrá que venir mañana, por hoy están todos los cupos llenos.
—¿Y si logro cambiar numero con algún postulante?
—Suerte con ello –la recepcionista se rio de su propuesta- Si lo logras me dices para anunciarlo adentro de la sala.
Y así Emma comenzó a estudiar la cara y el comportamiento de cada persona que esperaba su turno, hasta que encontró a una chica que estaba con rostro de espanto y luchando por conseguir notas que no le salían. Habló con ella y la convenció de que necesitaba un día más de práctica, si es que con suerte su talento servía para tocar en una esquina de la calle.
—¿Conoces a la rectora de esta escuela? –le preguntó la chica con cara de pánico.
—Sí, créeme, es un monstruo. No tiene piedad si te equivocas –le dijo mientras una chica salía llorando de la sala- ¿Ves? De seguro algo le dijo y la pobre ahora está destrozada.
—No quiero entrar ahí, no hoy. Acepto, te doy mi puesto
Así Emma conseguía ser la siguiente postulante a la escuela, con la otra chica al lado cediéndole el número y marchándose rápido del lugar.
—Le pido un solo favor –le dijo Emma a la recepcionista- No diga mi nombre cuando haga el cambio. Por favor.
—No se preocupe –le dijo con cara de no entender el porqué de la petición- La señorita Mills no ve caras ni nombres. Será discreto.
Como siempre, Regina doblaba la parte superior de las hojas de solicitudes. A ella no le importaba ni los apellidos, ni los géneros, ni de dónde venían, ella simplemente ocupaba su oído, juzgaba solo por ello, ni siquiera le importaba la apariencia. Y así fue como recibió la solicitud de Emma, sin enterarse de nada, de hecho solo se limitó a decirle a la asistente que podía entrar sin ver la hoja siquiera.
Emma afuera, esperando tras la puerta, se le iban los colores del rostro, pensar que iba primero a audicionar ante Regina, que la quedaría mirando con incredulidad, que se pondría nerviosa, que sería todo un desastre y un montón de otras cosas que la estaban haciendo tener más fatiga de la que ya tenía le estaban jugando en contra en estos momentos. Ya no quería pasar por esa puerta, había entrado en pánico.
—Puede pasar, mucha suerte –le dijo la recepcionista levantándole las cejas.
—Aquí vamos Swan –se dijo así misma respirando hondo.
Entró sin levantar la mirada, con su violín en mano caminó hacia el centro de la sala con las piernas temblorosas. No fue capaz de pronunciar palabra alguna, simplemente levantó el rostro y esperó a que Regina la viera. Pero para su sorpresa, Regina estaba de pie, mirando una tabla llena de papeles, se paseaba despacio, acomodaba sus anteojos y volvía a ojear los papeles que llevaba.
—Bienvenida –le saludó Kathryn- puedes empezar cuando tú quieras.
Emma puso la mentonera en posición, más se había quedado esperando que Regina reparara en su presencia. La observó por unos segundos más, y seguía sin levantar la mirada. Se veía hermosa, mucho más que cuando la conoció en el Saint Gold. Los años habían hecho lo suyo pero eso le parecía hermoso, estudió su rostro concentrado, reparó en unas pequeñas arruguitas que se le hacían en los ojos, otras cerca del cuello, pero más allá de eso, Regina seguía igual de imponente, seguía expeliendo elegancia, pero por sobre todo, seguía causándole ese escalofrío en la espalda tan sólo por estar respirando el mismo aire.
—Chica, queremos terminar antes de la hora del almuerzo, si no te sientes segura mejor ven mañana –le dijo uno de los seleccionadores que estaba en un extremo de la mesa.
"La Señorita Mills no ve cara ni nombres" Recordaba las palabras de la recepcionista. Entonces asumiendo que esto sería más difícil de lo que pensaba, rogó porque Regina la reconociera, tan solo con escucharla tocar. Aunque viéndolo de este modo, al notar que de ninguna forma Regina pretendía mirarla, se relajó y pudo pensar en cómo hacerse notar. Lo primero que hizo fue desatar su pelo, eso era lo primero para sonar como cuando tenía 14 años, lo segundo, olvidar las cuantas lecciones que había tomado durante este tiempo, y tercero, simplemente recordar aquella intensa mirada de Regina cuando la ayudó a curarse sus manos y le afinó su violín por primera vez. Con eso, ya estaba lista para sonar como la antigua Emma.
Emma volvió a poner la mentonera en posición y comenzó tocar, al tiempo en que Regina se paraba en seco al escuchar las primeras notas de la pieza musical. Era la Meditación de Thais, la reconoció de inmediato, aquella postulante no había escogido bien, pensó, si no estaba a la altura de su pequeña Emma probablemente sería rechazada. Siguió escuchando las siguientes melodías, cuando de pronto su pecho se apretó y su corazón comenzó a latir más y más rápido. Aquellos errores, aquellos sutiles y tímidos errores, eran los de Emma, no había duda. Siguió escuchando hasta el final, cerrando los ojos y apretando la tabla de postulantes contra su pecho, ni siquiera quiso verificar en aquella hoja si era ella o no, simplemente se dejó llevar por la música, la imaginó ahí tocando, esperando a que la mirara, trató de imaginarla cómo se vería ahora, sin embargo la carita sonriente de la cual se enamoró ahí seguía en su mente. Sin previo aviso, sus lágrimas comenzaban a aflorar, la cuales fueron secadas de inmediato, pues seguramente ya sus compañeros de selección la miraban extrañados ante el acto, porque además, Regina seguía ahí de pie con los ojos cerrados, ni siquiera había ido a sentarse por respeto a la interprete.
Al terminar ninguno de los presentes emitió ninguna palabra, todos miraban a Regina, la cual ya abría sus ojos pero aún no levantaba la vista, aún estaba con la mirada borrosa por las lágrimas, ahora fijando la vista en aquellas hojas. Caminó despacio hacia su asiento, dejó las hojas en la mesa, y sin siquiera desdoblar la hoja para ver el nombre emitió su primera impresión.
—Podría apostar que ahora mismo llevas tu cabello suelto –Regina suspiró, se sacó las gafas, volvió a limpiar restos de algunas lágrimas y relajó sus hombros- Creo que alguna vez te dije, que podría reconocer tu violín en la sinfónica más grande del mundo –levantó la vista- ¿No es así Emma Swan?
—Me temo que esa Emma Swan ya no existe, digamos que lo hice a propósito, para cumplir mi promesa y que me reconocieras. –le ofreció una tímida sonrisa.
—Es hora de un descanso –le dijo a los demás apoyándose en la mesa y volviendo a levantarse.
—¿Todo bien Regina? –Le preguntó Kathryn- ¿Necesitas algo?
—La audición queda a tu cargo. Discúlpame con los demás pero necesito resolver algo urgente ahora mismo. No pasa nada, estoy bien –le dijo de forma discreta.
Todos salieron de la sala, mientras Emma seguía observándola. Regina se puso a ordenar ciertos papeles en la mesa, de forma innecesaria, solo lo hacía para ganar tiempo y ordenar sus sentimientos. Finalmente, apoyó sus manos en la mesa, miró hacia el cielo y se volteó de forma segura, caminando lento hacia Emma.
—Nueve años Emma, nueve años esperaste para aparecer –le dijo muy cerca de su rostro.
Emma bajó la mirada, por un momento se sintió culpable, pero instantáneamente reaccionó al comentario.
—Nueve años, y creo que por lo visto… no pretendes volver nunca a Storybrooke, ni por mí ni por ninguna razón.
—¿Qué te hace pensar eso? Ni siquiera sabes por qué no pude volver.
—Bueno, creo que también tengo mis razones por las cuales no pude venir antes –le dijo escondiéndole la mirada.
—No sabes cuánto te he extrañado Emma, ni te lo imaginas –le dijo relajando la voz al fin.
—Disculpa pero me cuesta creerlo. Mírate, parece que pudiste rehacer tu vida perfectamente. Tienes una gran casa en un acomodado lugar en Nueva York, eres la rectora del conservatorio de música de Nueva York, y por lo demás parece que tienes una joven y linda novia que te espera en casa… Sin tampoco decir que además…
—Espera un poco Emma… ¿que tengo novia? –Regina se reía con sarcasmo mientras caminaba alejándose de ella- ¿De dónde sacaste eso? –Ahora volvía a ponerse seria al notar la cara triste de la rubia- Emma, basta… esta no era la manera en que imaginé nuestro reencuentro.
—Yo tampoco.
Ambas se quedaron mirando intensamente, ambas habían idealizado tanto este momento que habían olvidado que las cosas no siempre son como las esperas. Sin embargo todo dejaba de importar cuando ambas penetraban sus miradas, el tiempo parecía detenerse y el alma desnudarse.
Emma siempre dudó de si el amor que guardaba hacia Regina era ilusorio o real, con tantos años de no saber nada de ella creía que se trataba de sólo una remembranza de sus tiempos de juventud, sin embargo ahora, que volvía a perderse en esos ojos oscuros de intensa mirada, podía estar más que segura, sobre todo ahora que Regina se acercaba peligrosa y rápidamente hacia ella tomándole el rostro con ambas manos, profundizado su mirada ansiosa y llena de sentimientos liberados.
Regina acarició las mejillas de la rubia, no eran tan tersas como cuando la conoció, eso la hizo sonreír. Emma había crecido hermosamente, sin embargo seguía teniendo la misma expresión cándida en su rostro cuando la miraba, esa mirada de admiración y de curiosidad, y esos ojos esmeralda que parecían brillar y querer saber más de lo que había dentro de ella, esa mirada que quería averiguar más. Este momento sería el último e que disfrutaría tan solo con tenerla cerca de su rostro, el último en que respirar el aire de su boca lo era todo y nada a la vez, porque ahora Regina quería más, quería eso y además probarla, sin culpas, sin miedos. La Emma que tenía en frente era la misma de la cual se había despedido en aquel tren, segura de lo que sentía, esperanzada e ilusionada y no esperaría ni un segundo más para dejar soltar ese grito mudo que ambas habían estado guardando. El amor sin sonido podía ser cruel, ya lo sabía, por lo tanto ahora mismo le pondría las notas correspondientes a aquella melodía escrita en el corazón de ambas hace nueve años atrás.
Regina acortó la distancia entre ambas, como probando la entrega de Emma, e inmediatamente vio que los ojos de Emma se cerraron para disfrutar de aquel cálido aliento que la estaba entregando. Sin pensárselo más, Regina terminó por acercar sus labios por completo a los de Emma, lentamente, con besos cortos, tiernos y pausados, para luego profundizar en su boca por completo. Sus lenguas jugaron una dentro de la boca de la otra, no era un beso ansioso, era más bien un reclamo de pertenencia de ambas, como si quisieran fundirse eliminando su envase, parecía que sus propios cuerpos molestaban, quería sentirse aún más allá, querían ser una.
Emma ya no tenía ni voluntad ni poder sobre su cuerpo, podría morir ahí mismo y sería feliz, eso pareció cuando Regina sacó una de sus manos de su rostro y la atrajo aún más hacia ella. Con ese gesto, terminó por perder la fuerza de todo su ser. Dejó caer el violín sin importarle nada y enterró sus manos en la cabellera azabache de Regina, correspondiendo a la cercanía y las ganas de compenetrarse aún más. Siguieron besándose, mientras Regina la empujaba para acercarla a la mesa y poder apoyarse en ella, pero Emma no la dejó hacer, porque recobrando el sentido de su cuerpo la volteaba tomándole las muñecas separándola de su rostro. Fue en ese mismo instante cuando Regina se dio cuenta de que Emma pretendía subir su falda en ese lugar, abriendo sus ojos y viendo la cara de Emma joven en vez de la que ahora tenía en frente. Su estómago se apretó y los colores se le fueron del rostro, separándola de ella un poco confusa ante la imagen falsa que su mente le había regalado.
—Espera un poco Emma, no me siento preparada –se relajó y sonrió- menos en este lugar –finalmente se rio para relajar a Emma que aún estaba sorprendida de lo que había intentado hacer.
—Tienes razón –le dijo para luego reírse junto a la morena.
—Tenemos mucho de qué hablar. Te invito a almorzar, tan sólo espérame un momento para avisar que me retiro –le dijo levantando su mano para que la esperara mientras se dirigía hacia la puerta.
Comida, eso era lo que ahora a Emma le faltaba, la fatiga era más notoria que en un principio, y sin darse cuenta su cabeza comenzó a sentirse mareada, su pies flaquearon y su respiración agitada.
—Regina… yo…
—¿Emma? –Regina regresaba preocupada de la cara pálida de la rubia- ¿Estas bien?
—No… necesito…
La joven rubia cayó desmayada, sin embargo Regina estaba ya lo suficientemente cerca como para tomarla entre sus brazos. Sin entender bien qué le había ocurrido, y por lo mismo, su pecho se contrajo y su corazón comenzó a latir de prisa, verla así le angustiaba de tal manera que comenzó a gritar como loca por ayuda. Trató de despertarla, golpeando su rostro sutilmente, llamándola, remeciéndola, pero nada daba resultado. Emma seguía ahí inconsciente, con la cara más pálida que un papel y los ojos en blanco.
Lo siento… creo que este epilogo también va a tener que ser dividido en dos partes porque se me extendió más de lo que pensaba, y si no publico ahora, sería en unos cuantos días más, porque el tiempo, realmente no me sobra. Tengo una excusa, una gripe de primavera me atacó esta semana, y como las musas se apoderan de mí en la noche, con lo vampira que soy, más los antigripales que me tiraban a dormir con Morfeo… no ese hijo de puta no duerme conmigo (Broma interna pa quien leyó mi primer fic) en fin… era imposible que avanzara en esto, así que también pido disculpas porque sé que también prometí actualización de Cabalgata de Medianoche pero no se pudo.
Así que las dejo hasta aquí, y la continuación dentro de una semana si no es que menos.
Un beso y un abrazo, y quiero Reviews! Que si no, no hay PORN en la continuación!
