.:*Con los Ojos del Corazón por ByWillowy*:.
Capítulo 25/37
.:*Bienestar*:.
Nota de traducción: Se han hecho algunas adiciones a la narrativa a fin de mejorar la prosa en español. No se pretende infringir o irrespetar el argumento/historia original.
Y para los que gustan del GENERO FANTASIA… aquí comienza la parte SOBRENATURAL de esta historia romántica
Aclaratoria: Anteriormente había etiquetado esta historia como Sci-fi /Romace, pero revisando la deficinión de Sci-fi y Fantasy (y sus diferencias), comprendí que el género correcto es "Fantasy"…
A partir de aquí tendremos entonces: Fantasy/Romance
La parte nunca puede estar bien al menos que el todo este bien
Platón
Spencer se despertó sobresaltado y fue a abrazarse a JJ: Otra perturbadora pesadilla se reflejaba todavía en su mente consciente. Se dio cuenta que temblaba un poco y que respiraba con dificultad, su corazón acelerado batía fuerte dentro del pecho. Apeló a la razón para sacudirse de los horrores que acababa de ver en su sueño, la oscuridad total que sintió que lo absorbía. La atrajo lentamente contra su cuerpo, moldeándola contra el suyo y acurrucándose con la sensación relajante que provenía de ella. Al sentir su proximidad, JJ despertó también, no pudo ignorar la sensación de los latidos del corazón de él que retumbaban contra su espalda y la respiración agitada, supo entonces que había tenido otro mal despertar.
Sin decir una palabra se estrechó a él y se dio la vuelta para quedar cara a cara. Abrazándolo con fuerza le dijo. "Shhhhhh...", un susurro, "te tengo... Estoy aquí, cariño..." Levantó la mano y le acarició la frente sudorosa. Quitó el cabello que le cubría los ojos y lo besó en el cuello, luego, en la línea de la mandíbula. Siguió hasta sus párpados cerrados y plantó en ellos pequeños besos. "Te amo, Spence..." ahora él suspiró, antes que los labios de los dos se encontraran...
Y se besaron suavemente, con calidez, con intensidad, durante unos pocos minutos. Pronto, la respiración de ambos se fue acelerando, a un ritmo similar, pero por una razón completamente diferente.
Sabía que la necesitaba ahora, y eso intensificaba su deseo aún más. Ella se movió contra él, y él respondió, presionando su cadera contra la de ella, casi con desesperación: Quería tocarla, quería sentirla, necesitaba su calor y sus caricias. Entonces, JJ se entregó al hombre que amaba más que a la vida misma, dándole todo lo que quería de ella, mostrándole exactamente cuan seguro podía estar entre sus brazos, en su amor. Quería que supiera que era amado y que lo adoraba tanto como él a ella.
Para siempre.
Cuando JJ pudo pensar de nuevo, comenzó a acariciarle el cabello, suavemente, y lo besó en la parte superior de la cabeza. Él levantó la cara del pecho de ella antes de deslizarse fuera del cuerpo que acababa de poseer. La miró con una expresión innegable de amor, tan apasionado que ella sintió que las lágrimas iban a inundarle los ojos, la garganta cerrada por la emoción.
"Nadie… Nunca en mi vida...", susurró. Mientras le hablaba, con el pulgar de una mano dibujaba sus labios, como si fuera incapaz de dejar de tocarla. La miraba a sus preciosos ojos azules, brillantes de lágrimas y sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas también. Ella tenía la cara sonrosada y el cabello enmarañado… Aun así pensó que no podía existir una mujer más hermosa que la que estaba junto a él.
"Ven aquí..." dijo ella, su voz casi un susurro. Él se movió a un lado, apoyándose sobre un codo, sus ojos nunca se apartaron de los de ella, su brazo rozándola en la cintura. JJ le tomó el rostro entre las manos, lo miró profundamente a los
ojos y dijo: "¿Sabes que eres una parta importante de mi vida?... ¿Lo sabes, verdad?... Spence... Si algo te lastima, me lastima a mí también… Si quieres hablar sobre lo que te está pasando… Estoy aquí. A veces, sólo necesitas decirlo… Hablar puede ayudar mucho"
Spencer le devolvió la mirada: Nervioso y halagado, pero inexplicablemente feliz… Todo al mismo tiempo. No sabía qué decir. "Yo no... Supongo que yo no sé… No estoy acostumbrado… No sé…" Empezó con dudas a explicar, entonces dijo: "Tal vez pronto, no lo sé… Ahora no... Ahora..." Miró hacia abajo.
JJ atrajo su cara contra la de ella y lo besó cálidamente… Comprensivamente… Sin artificios, ni mala intención. Lo besó con el más puro y dulce amor, y Spencer lo sintió. Sintió cómo esta emoción compartida calaba en sus huesos, penetraba en su corazón. También pudo sentir que las lágrimas desbordaban sus ojos, y las dejó fluir sin importarle que ella lo viera llorar.
Se movió más cerca de ella y la tomó en sus brazos, sintiendo que no había un lugar sobre el planeta tierra más perfecto que el sitio en que se hallaba. La abrazó con fuerza y le acarició el cabello, ella le devolvió el abrazo… Ninguno de ellos quería encontrarse en un lugar diferente al de este momento tan perfecto.
Truan se quedó despierto en su cama y mirando el techo, sus grandes manos detrás de la cabeza. Yacía desnudo bajo las sábanas, siempre le había gustado lo suave que se sentían, frías en contra de su piel oliva. Sus pensamientos se dirigieron a Jaye, como solía pasarle últimamente, se preguntó –una vez más- en lo que iba a pasar con él cuando ella no lo necesitara más.
En los meses que llevaba conociéndolos, había empezado a encariñarse con todas estas personas. Sabía que el apego al paciente era uno de los riesgos laborales con los que tenía que lidiar… Pero… ¿Qué pasaba cuando se apegaba a toda una familia?... La UAC era gente maravillosa, y todos lo habían incluido en su círculo exclusivo: De inmediato y sin condiciones. Él iba a extrañar a Penélope, con su agudeza, su chispa y su coqueta personalidad, al igual que al Dr. Reid y su lógica implacable, por no hablar de que había conseguido mejorar en el ajedrez desde que comenzó a jugar con el joven genio.
Jaye no le había confiado lo que había ocurrido entre ella y el padre de su bebé, tampoco se había atrevido a preguntarle.
Por supuesto que sentía curiosidad, pero sabía que no era de su incumbencia. Lo que fuera que hubiese pasado, había quedado atrás, sin resentimientos, con miras al nuevo bebé que estaba pronto a llegar, con la esperanza que no hubiesen resquicios entre los padres.
Sus pensamientos regresaron a Jaye. No quería pensar en el día cuando tendría que marcharse, cuando tendría que dejarla. Le gustaban muchos sus bromas ocasionales y la eterna mala actitud con que solía contestarle para ocultar otros sentimientos más profundos que él sabía que se escondían por ahí. Todo eso era ahora parte de su vida, como comer o respirar… Y él sin duda lo iba a extrañar… La extrañaría a ella, sin lugar a dudas.
Se sacudió. "Ya basta, Truan. ¡Se profesional!" se reprendió en voz alta. Apartó las mantas y se levantó. Pensando que el té caliente le podría ayudar a dormir, tomó una bata de seda que tenía a un lado de la cama y se vistió con ella antes de caminar en dirección de la cocina.
Jaye estaba sentada a la mesa de la cocina, en la oscuridad de la noche, con una taza de té en sus manos. Levantó la vista con sorpresa cuando él se acercó. Rápidamente desvió su mirada para que no pudiera ver las lágrimas en su rostro, se frotó la cara con la manga de su bata para borra los rastros del llanto.
Pero fue inútil, él ya la había visto.
… …
Truan se detuvo cuando notó su presencia. Sentada allí, envuelta en el grueso albornoz, se veía tan pequeña, pese a su enorme barriga. Se dio cuenta que lloraba y sintió una opresión en el pecho. Intentó darle una salida aclarándose la garganta antes de hablar. "Sra. Turner, si querías té debiste haberme llamado, Se supone que no debes…" Comenzó.
"Estoy bien," ella lo interrumpió. "Y… ¿Qué haces despierto todavía, de todos modos?" Jaye se sonrojó avergonzada que él la hubiese descubierto, pero sin ceder a su papel de ofendida
Él agarró una caja de pañuelos de papel que había sobre la mesa del café y lo dejó caer frente a ella, antes de sentarse al otro extremo de la mesa. Su propia necesidad de té fue olvidada. Mirándola a los ojos dijo "sra. Turner..."
"Ya te he dicho que me llames Jaye." respondió.
"Sra Turner... Jaye..." empezó de nuevo. "¿Por qué estás sentada aquí, en la oscuridad, llorando?"
"No es asunto tuyo", le soltó, tirando de dos pañuelos fuera de la caja.
"Perdóname, pero si es mi asunto. Si voy a velar por tu bienestar, necesito saber todo lo que puede causarte estrés, o que afecten a tu estado de ánimo, tu presión arterial..."
"Mira… Lo que pasa es que entre tú y el equipo nunca tengo tiempo para mí misma… Ni siquiera puedo respirar sin que alguien me salte encima y me pregunte qué hago o qué puede hacer por mí. ¡Sé que todos tienen buenas intenciones pero a veces una chica sólo quiere estar sola y llorar!... ¡Hay algo malo en eso"? ella gritó.
Y comenzó a llorar de nuevo. Truan se inclinó sobre la mesa, tomando las manos de ella entre las suyas. "No Jaye, no hay nada malo con eso."
Algo en su voz la hizo mirar hacia él y pensó "¿qué demonios?, sólo voy a decirle".
"¡Todavía estoy enamorada de Spencer!" le espetó. "Lo echo en falta todos los días, incluso cuando él está aquí… Y eso es lo más duro que me he tenido que aguantar todo este tiempo: Verlo y fingir que todo me da igual. Es horrible verlo con JJ y saber que ella lo tiene… ¡Que el la ama como nunca me amará!... Y aquí estoy yo, embarazada de su bebé… Poniéndome más enorme cada día y sin poder tocarlo, ni hablar con él cuando quiero… o besarlo… ¡nada de eso!"
Ella estaba llorando ahora abiertamente y Truan no podía soportarlo. Se arrodilló delante de ella y luego la abrazó. Jaye arremetió contra él, golpeando su pecho con sus pequeños puños, una y otra vez, hasta que se dejó caer en contra de su cuerpo, agotada.
La dejó llorar hasta que se cansó, mientras seguía abrazándola.
Después de un rato, cuando ya estaba más calmada, la levantó en brazos y la llevó a su habitación. Sin decir nada, la metió adentro de la cama, con bata y todo, la cobijó y le arregló las almohadas de la forma en que sabía que le agradaba –que era entre sus rodillas-, y se detuvo justo antes de acariciarle el pelo.
Ella levantó los ojos hinchados y rojos para encontrar los luminosos y azules de él. Le dijo "gracias." casi con resentimiento. A continuación, "¿a dónde vas?" cuando él empezaba a dejar la habitación.
"Vuelvo enseguida," respondió. Se fue a su dormitorio y cogió su guitarra. Regresó y se acomodó en la silla de la esquina, a los pies de la cama de Jaye. La observó mientras ella lo observaba por igual.
"Sólo escucha, mia cara bambina...", dijo, y lentamente comenzó a tocar
Jaye abrió la boca para protestar, pero las notas suaves de la guitarra comenzaron a tener su efecto en ella. Se sintió relajada por primera vez en días. Detalló como los hábiles y elegantes dedos de Truan bailaban sobre las cuerdas y una especie de calma se apoderó de ella. Cerró los ojos, dejando que el estado de ánimo de antes quedara en el olvido, en la dulce pausa de unas notas melodiosas. Las comisuras de su boca se elevaron un poco mientras lo escuchaba interpretar una canción que no conocía. Antes de quedarse dormida pensó que de seguro había formas mucho peores de ponerle fin a un día.
