XXIV

Desperté muy resfriado a la mañana siguiente. Y no sólo por haber vuelto tan tarde a casa. No, señor. La cosa fue más grave. El grito de Yuri me despertó. Ingresó al baño y allí estaba yo, tirado y dormido, a medio vestir, debajo del duchero, con la roseta abierta, y con un chorro de agua cayendo mitad sobre mi pecho desnudo, mitad sobre la toalla de baño que tenía, cual muñeco, contorsionada y dispuesta cuan larga era sobre mí. El equipo de audio desde el living, y apenas audible, en repeat, aún sintonizaba "I don´t wanna miss a thing" de Aerosmith.

Henry corrió hacia allí en calzoncillos, alertado por los alaridos casi histéricos de su amiga.

- Vamos a sacarlo… - sugirió, a punto de desternillarse de la risa, cosa que no se animó a hacer, por respeto a mí y por respeto a la cara de horror de Yuri.

Entre ambos me hicieron reaccionar y me ayudaron a levantarme del suelo. Me sentí absolutamente estúpido. No sabía qué decir. No me acordaba de cómo había llegado allí. "¿Será que soy sonámbulo? ¿O será que estoy completamente loco?", pensé, sumamente perturbado ante el recuerdo de la ridícula situación que acababa de vivir.

Comencé a estornudar como un loco. ¡Increíble! ¡Ya estaba enfermo! Y eso que yo era muy resistente.

- Ryo, tenés treinta y ocho. No podés salir de casa hoy – me dijo Yuri, cuando observó el termómetro que cinco minutos atrás colocara en mi boca.

No me animé a contestarle.

- Nos vemos luego. Y quiero hablar contigo cuando llegue, ¿ok?

Le hice un gesto afirmativo con la cabeza. Me dio un analgésico y un vaso de agua, un beso en la frente, y se fue, aún muy perturbada por lo que había visto.

Henry se asomó al umbral y me miró con un gesto divertido en su rostro. Me mostró una toalla blanca contorsionada, y poniendo voz grave – en un intento de imitar a Rika - , dijo:

- Hola, yo soy Rika. Qué linda noche pasamos juntos… ¿no Ryo?

No pude evitar reírme. Después de todo, me sentía un completo idiota. Muy idiota. Rematadamente idiota.

Henry miró el reloj mientras se reía y la expresión de su rostro cambió súbitamente.

- ¡Es tarde! – gritó – Tengo que irme. ¡Nos vemos, Ryooooo! – añadió, saliendo a toda carrera del departamento.

"Solo, por fin", pensé, escondiendo los brazos debajo del acolchado.

Pero no todo en la vida son rosas. Ya hay aspectos de la realidad que pienso que son lamentables e impertinentes. Mi celular siempre fue un claro ejemplo de ello. Con Rika me había acostumbrado a tenerlo apagado, para evitar molestas e incómodas interrupciones. Pero ahora que estaba solo, no me animaba a hacerlo, por la ilusión de recibir un mensaje de ella.

Estaba a punto de dormirme, cuando comenzó a sonar el tono de aviso de mensaje de texto: un ringtone de Aerosmith. "Pucha, lo que me faltaba", pensé irónicamente.

"3 mensajes de texto", se leía en la pantalla.

Abrí el primero.

"ryo, no venís? L cls va a estr d  "

Remitente: Javo

+58988754122

Centro de mensajes:

+58988865232

Enviado:
7 – Oct – 2008
8:34:21

Respondí que no, que estaba resfriado y no me sentía bien. Pasé al siguiente.

"¿Sucedió algo, Ryo? ¿Vienes a clases?"

Remitente: Leticia mx

+58988567765

Centro de mensajes:

+589888656789

Enviado:

7 – Oct – 2008

8:34:20

Reenvié la misma respuesta que había mandado a Javier. Pasé al tercero.

"Estoy abajo. Abre la puerta. Tengo que hablarte. Ernesto."

Remitente: Desconocido

+58988573122

Centro de mensajes:

+58988576890

Enviado:

7 – Oct – 2008

8:34:18

"Mierda", pensé. "Todavía tener que aguantar a este estúpido". Me levanté un tanto desganado… "¿Será que sucedió algo con Rika?", se me ocurrió, abriendo de golpe los ojos.

Le abrí usando el portero eléctrico.

- Piso 6 – indiqué secamente.

El timbre sonó. Yo ya me había vestido. Lo recibí haciendo alarde de un notorio malhumor.

- Primero que nada, quiero saber de dónde sacaste mi número – comencé bruscamente.

- Resulta que tú tenías una novia… - empezó a decir con cierto dejo de ironía.

- No te hagas el estúpido. ¿Ella te lo dio?

- Yo se lo quité. Lo tenía en su teléfono y se lo robé.

- Muy gracioso. ¿Qué mierda querés?

- En primer lugar, no quiero que seas tan hostil conmigo, Ryo. Fue muy difícil para mí hacer esto. Me resulta humillante, luego de lo que tú hiciste. Pero no tengo otra salida.

- ¿Qué te pasa?

- Rika me dejó. Y me dejó por culpa tuya.

- ¿Mía? ¿Por qué?

- No te hagas el idiota que no pasó hace tanto… ¿te acuerdas cuando te acostaste con ella? ¿Recuerdas cuando me encerraste en el baño y la violaste como un degenerado?

- Creo que estás alucinando, Ernesto, ¿por qué mejor no te vas?

- No, porque sabes que es cierto. No seas tan hipócrita, Ryo. ¿O qué? ¿Es tan mala en la cama que ya te olvidaste? ¿O quizás ya te conseguiste otra novia que la sustituyó de maravilla?

- No seas enfermo y dejá de decir idioteces… ¿qué es lo que querés? ¿qué te cuente cómo suspiraba en mi oído? ¿o quizás…? – comencé con malicia.

- ¡¿No ves cómo estoy?! ¡¿No ves que soy un alma en pena?! ¡Qué Rika me dejó y ahora estoy sufriendo como un condenado! ¿Por qué te burlas así de mí?

- Bla, bla, bla. ¿Qué querés, Ernesto?

- Que al menos tengas la delicadeza y la empatía de reconocer que todo fue tu culpa y que me ayudes a recuperar a Rika.

- ¿Y eso? – inquirí con inocultable asombro.

- Eso es lo que vine a decirte. Y si quieres a Rika lo harás, porque de verdad está sufriendo mucho por haberme dejado.

- ¿Entonces por qué lo hizo?

- Porque yo soy un estúpido… un lengua larga. En lugar de decirle que fui yo y no tú quien se metió en su cama, se me escapó que fue otra persona.

- ¿Le dijiste que fui yo?

- No. No soy tan grotesco.

- No es que no seas grotesco. Es que te apiolaste por una vez en tu vida…

- Como vos vas a apiolarte ahora conmigo y devolverme el favor, para que Rika vuelva a sonreír. No tengo nada más que decirte. Espero que lo pienses muy bien, amigo. Nos vemos.

- Yo tu amigo nunca. Desaparecé de mi vista – advertí en tono desafiante, mientras el joven ingresaba al ascensor.