CAPITULO XXV
Aquella decisión
No hacía falta mirar a su hermana para notar ese ceño fruncido. Fácilmente podía percibir ese enojo que transmitía con solo una mirada. Aun si en el fondo sabe que ella no estaba enojada, a veces necesitaba con urgencia que ella cambiara ese mal carácter que expresaba.
- Vuelve a repetir eso, Ash.
Kuro volvió a soltar un suspiro, como llevaba desde que su hermana estaba sentada en el living de la casa.
- No viajaré a Italia.
- Aun falta un año. Muchas cosas pueden pasar aun, Ash.
Kuro arrugó el ceño. Si su hermana trataba de decir que en ese tiempo Mahiru podría dejarlo, creía fielmente en su interior que aquello, sería imposible.
- No se trata de si pasa algo o no este año. Yo no viajaré a Italia.
Por el rabillo del ojo, Kuro la observó acomodarse con los brazos en su pecho, y las piernas cruzadas. Aquella postura solo detonaba alguna reprimenda. O al menos, ella siempre adoptaba aquella actitud cuando reñía con Tsubaki o Hyde.
- Nuestro padre te dejo aquella tarea.
- No quiero seguirla.
- Ya está todo pagado.
- Sabes que el dinero no importa.
- World te va a extrañar.
- World vino hace dos semanas y no precisamente a verme.
Estaba tranquilo, estaba demás decirlo. Llevarle la contraria a ella, para Kuro nunca fue un problema, tal vez era su indiferencia extrema ante las consecuencias que le permitía discutir a palabras con su hermana.
- Puedo llevarlos a los dos a Italia -por primera vez en esa hora, Kuro levantó la mirada a su hermana - Estarás perdiendo una gran oportunidad. Pero puedo pagarle el estudio a Mahiru Shirota, si eso es lo que te preocupa, Ash.
Kuro debería ser sincero consigo mismo y decir que no había pensado una posibilidad como esa.
¿Llevar a Mahiru a Italia?
Bajó la mirada, preguntándose, ¿Mahiru querría acompañarlo?
Estaría una posibilidad, mínima tal vez, porque Italia es un mundo demasiado nuevo para Mahiru. Porque sabía que Shirota nunca ha salido de Japón, y viajar al extranjero puede ser un golpe demasiado directo. Además Mahiru tendría que aprender de por si otro idioma.
Aunque con que sepa ingles, estaría bien.
Pero, eso era un punto. Lo otro. Dudaba que Shirota quisiera acompañarlo. Y la respuesta era fácil. Su tío.
- No creo que quiera ir...
Y la propia voz de Kuro salió vacilante. Porque ahora venían las dudas de cuán lejos podría seguirlo Mahiru. Estaba claro en su interior, que Shirota nunca lo acompañaría a Italia.
- ¿Por qué?
- Es su tío. Mahiru no tiene más familiares que él... Mahiru no querrá viajar a Italia por su tío.
- ¿Aun si está enamorado de ti?
Un golpe directo. Esa palabra de su hermana le había dolido. Porque tontamente se estaba dando cuenta que el amor de ellos era débil. Porque fácilmente podía imaginarse a Mahiru soltando un No puedo a su propuesta de llevarlo a Italia.
Y bajó mas la mirada sintiéndose completamente derrotado. Faceta que su hermana le preocupó y se levanto hasta llegar a su lado.
- Podrías proponérselo, Ash - ella tomó de la mejilla a Kuro, haciendo que ambas miradas chocaran - Pregúntale a Mahiru. Si su respuesta es un sí, comenzaré a mover los contactos.
- ¿Y si dice no?
- ¿Dónde quedó mi hermano que estaba tan seguro de sus palabras al decirme que no viajará a Italia?
"Se lo comieron las dudas" Kuro se mordió los labios al pensar aquello.
Ella se levantó acariciando los cabellos del chico, para después expresar una pequeña y suave sonrisa.
- Aun tienen un año para pensarlo más claramente, Ash.
Kuro dejó que ella se alejara y le permitiera quedarse un momento solo, pero él no era precisamente de permanecer sentado y pensar. Mejor irse a una cama y dormir. Pero tenía metido esa pequeña molestia en el pecho.
Mejor sacarse las dudas preguntándole a Mahiru directamente.
Y se levantó con ese pensamiento. Iría donde el castaño. Sabe perfectamente dónde vive, se habían intercambiado direcciones antes de bajarse del autobús. Pero un sonido en la cocina llamo su atención, y a los segundos, asomo el cuerpo de su hermano azabache...
- Tsubaki.
El susodicho se detuvo en el marco de la puerta en completo silencio con un sándwich en la boca.
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Mahiru detuvo el andar de la aspiradora, y se permitió un segundo suspirar cansado. Había llegado a casa en un pésimo humor que no encontró mejor oportunidad para limpiar el lugar. Su tío estaba en la mesa bebiendo de un café mientras leía el diario, y Mahiru, una vez más, lo observó con las dudas de enfrentarlo.
Desde que se alejo de Kuro en la parada de buses, Mahiru había querido explicarle a su tío de la nueva relación que tenía, pero simplemente no se sentía preparado aun. Pero tenía la leve urgencia de decírselo antes que se marchara nuevamente por trabajo. Y de aquello no volverá en una semana más. Su tío había pedido unas horas libres para recogerlo.
Volvió a suspirar mientras guardaba la aspiradora, y se preguntaba si sería buena idea lavar las cortinas.
- Mahiru -Shirota salto ante la voz gruesa, pero agradable del adulto- ¿Hay algo que quieras decirme?
¿Tan fácil era leer su mente que todos lo hacían? Desde sus amigos, su tío y hasta Kuro siempre sabían cuando algo le inquietaba. Mahiru se mordió los labios dudando. Y soltó un suspiro al acercarse a la mesa. Lo intentaría.
- ¿Sucedió algo en el campamento? -Shirota no subió la mirada cuando su tío adivinó - ¿Tiene algo que ver con que me llamaras por otro móvil?
Mahiru frunció el ceño. Aun no le contaba a su tío qué sucedió con su celular. Bueno, apenas llevaba unas horas que llegaron al departamento.
Mahiru asintió en silencio.
- ¿Que problemas tuviste, Mahiru?
Shirota no sabía si sentirse mal o avergonzado. ¿Su tío le hablaba como si fuera un niño problema? Aunque tal vez sus intenciones de ayudar, bajo otra perspectiva, si se vea como un chico que le encanta meter su nariz en asuntos ajenos y buscar problemas.
- Conocí un chico... -susurró- Solo quería ser su amigo, tío. Pero él tiene un hermano que lo molestaba demasiado. Tuvimos algunos problemas, y él estropeo el celular de mamá...
Mahiru mantenía la mirada baja, y aun así, sabía que su tío estaba pensando en alguna forma de reponer ese móvil.
- Pero... -continuo Shirota - Kuro me regaló el suyo, así que no hay problema con comprar un nuevo celular, tío - le sonrió para restarle importancia a aquello.
- ¿Kuro?, ¿Es el nombre del chico? -Mahiru asintió feliz- Oh, ya veo. Eso me alegra.
La sonrisa aliviada del adulto le inflo el pecho de una seguridad a Mahiru. Por lo que tomó ese momento de liviano valor para aclararle otro asunto a su familiar.
- Y también... Kuro, es mi novio...
La mirada pasmada de su tío le hizo sudar, y arrepentirse también.
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Kuro mantenía la mirada fija en un delicado menú de finos bordes dorados. Chisto los labios cuando en aquel libro no figuraba por ninguna parte papas fritas. Ni siquiera servían cola como refresco.
- Entonces, ¿Por qué estamos aquí?
Kuro subió la mirada a su acompañante. Él también quisiera preguntar eso, prefería ir a algún local y comprar sus chucherías de comida insalubre. Pero Tsubaki quería ir a ese suntuoso lugar, y sabía que la pregunta del azabache no refería al lugar, sino al motivo que los llevó a aquel.
- Quiero... que arreglemos este pequeño problema que tenemos.
- Sabes que no es pequeño.
- Tsubaki, hablo enserio...
Kuro dejo el librito del menú a un lado para ver a Tsubaki jugando con la cuchara de su té. El motivo de esa pequeña salida de hermanos era para arreglar de una vez ese problema. Porque sinceramente, estaba cansado de lidiar con las burlas y problemas que acarrea Tsubaki.
- Sé que hace años te dije que podrías culparme de todo... -comenzó Kuro bajando la mirada- pero ahora quiero que zanjemos ese tema. Tu tampoco quieres pasar el resto de tu vida en mis espaldas.
Tsubaki hizo un pequeño murmullo, como si quisiera reñir con sus pensamientos, y Kuro lo observo de reojo cuando la señorita mesera traía su pedido. Un café sin azúcar. Casi se sentía como su hermano Lily pidiendo aquello como todo un adulto.
- Quiero pensar en un futuro junto a él, y ya sencillamente no quiero que te metas en mi vida - murmuró Kuro en lo que seguía el mismo juego de Tsubaki de jugar con la cucharita- Y también sé que hay alguien que te tiene la cabeza loca. No voy a preguntar quién es, porque lo sé. Pero preferiría que te dedicaras a ello y me dejaras en paz.
Kuro casi sonrió cuando el azabache levantó la mirada con horror de verse descubierto.
- Ustedes... me fastidia que sepan siempre lo que hago -Tsubaki de mala gana bebió su té.
- Bueno... es el deber de los hermanos mayores vigilar a sus menores - Y Kuro dio un sorbo en el suyo.
Se sentía mejor. Tal vez Tsubaki no le diría abiertamente un "ya no lo haré mas, hermano". Pero con una mirada a su ceño fruncido le decía que simplemente Tsubaki estaba reconsiderando aquellas palabras.
Eso era un avance. Mucho, demasiado para Tsubaki. Con eso Kuro podía darse por satisfecho, porque conoce demasiado al azabache como para intuir que el chico estaba haciendo un esfuerzo por olvidar ese rencor, odio, venganza, o como lo califique Tsubaki.
- Tks... supongo que tendré que buscar cosas más divertidas desde ahora -Tsubaki se levantó una vez terminado su bebida caliente -Nos vemos, hermano - y salió del local para perderse en las calles.
- Su cuenta.
La amable voz de la señorita le saco un cansado suspiro a Kuro. Tsubaki lo había dejado con la cuenta. Saco una tarjeta de sus bolsillos y luego de pagar, salió también de ese local antes que le cobraran por respirar.
" Qué bueno que traje la tarjeta de Hyde..."
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Cuando el adulto tosió disimulando el grado de incredulidad que le dejaron las palabras de Mahiru, el castaño se avergonzó de sobremanera.
- ¿Un novio? -Shirota asintió - Pasaron muchas cosas en ese campamento, ya veo... - el adulto se llevó la mano a la barbilla tratando de aligerar el ambiente -aunque un chico como pareja, eso me sorprende... pero.
Y Mahiru levantó la mirada casi con temor, solo para encontrase con una aceptada sonrisa del mayor.
- Pero si realmente sientes que es el indicado, tendré que aceptarlos.
- Tío... -Mahiru sonrió aliviado y agradecido.
- No preguntaré detalles de qué es lo han hecho como parejas -Shirota se sonrojo - pero ten cuidado en estas cosas Mahiru. Tener un noviazgo puede cambiar la perspectiva de tu vida.
Shirota asintió con cuidado.
- La verdad, es que no sé cómo me siento cuando estoy cerca de Kuro... ahora en especial, porque sé que él va a viajar a Italia en un año. Y quiero ser egoísta y no dejarlo ir... eso, ¿está mal, tío?
- Un viaje al extranjero, ¿es por estudios? - el castaño asintió - Mahiru, ¿Tienes miedo que él pueda enamorarse de otra persona? -Shirota miró a su tío confundido. Aquello no se le había pasado por la cabeza, entonces negó - ¿Entonces qué es lo que temes al separarse? Sabes que la distancia no debería ser un factor si se ama realmente.
- No tengo miedo de eso tío - el adulto lo miró con más atención- Es que Kuro tuvo ciertos traumas en su niñez... que tengo miedo que haga una locura si lo dejo solo.
- Entiendo... oh, ahora veo porque.
El adulto pareció meditarlo un momento, y Mahiru no quitaba su mirada de él. Cualquiera que sea la opinión de su tío va a ser importante, estaba seguro.
- ¿Quieres ir a Italia?
- ¿Eh...? - aquella pregunta le dejo aturdido.
- Si él va a estudiar en el extranjero, puede ser una gran oportunidad que no sería bueno que rechazara. Y si tú tienes miedo de dejarlo solo por esa locura... quizás es bueno que estén juntos, ¿no? Es simple, Mahiru.
Cuando hablaba de simpleza, ¿su tío se refería realmente a ir a estudiar a Italia? ¡¿Junto a Kuro?! ¿Los dos en otro país?
- Tí-Tío, pero eso puede ser muy costoso.
Y ya se estaba alterando Mahiru. Porque financieramente hablando, y de paso realista, estudiar en Italia debe costar una fortuna. No quería que su tío se mate trabajando por hacerle ese capricho. Pero internamente, y desde el corazón, quería aceptar aquello.
- Quizás puedas conseguir alguna beca que te permita estudiar en Italia, ¿no crees?
Mahiru quedó mudo. Aquello podía ser una posibilidad. Podía ir como un alumno de intercambio. Pero...
- ¿Y usted, tío?
- No te preocupes por mí, Mahiru. Hoy en día existen varias maneras de comunicarse con uno -el adulto se levantó de su silla y se acerco a Shirota. Posándose a su altura y acariciando sus cortos cabellos - Sé que tienes más ganas de ir corriendo con él, que quedarte aquí conmigo... que de paso siempre te dejo solo en casa -el mayor se hizo el desinteresado al soltar aquello como un chiste. Mahiru sonrió.
- ¿Estará bien?
- ¿Que dice tu corazón?, ¿Está latiendo alocadamente en tu pecho por la idea de viajar junto a ese chico a otro país?
Cuando la mano del mayor se poso en su pecho, Mahiru comprendió sus palabras. Porque su mismo corazón lo confirmaba. Latía con rapidez y felicidad con la sola idea de pasearse por esas calles de Italia junto a Kuro.
Tooru sonrió cuando Mahiru sacó una pequeña y adorable sonrisa. Eran los anhelos de un chico persiguiendo sus sueños.
- Creo que necesitaré otro café -el adulto se levantó con dirección a la cocina- Y unas galletas para acompañar.
- Se acabaron las galletas tío -Mahiru sintiendo unas energías totalmente renovadas, se levantó también con dirección al pasillo del departamento -Puedo salir a comprar. Igualmente necesitamos reponer algunas cosas en la alacena.
Cuando su tío asintió, Mahiru tomó las llaves y salió rumbo al konbini mas cerca.
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Kuro detallo la hora nuevamente en su móvil recién adquirido. Eran pasada las seis de la tarde, y hace aproximadamente tres horas que habían vuelto de ese campamento. Y se sentía agotado. Tanto mental como físicamente, porque desde que llegó ha tenido que conversar con su hermana y plantearle ese problema. También el asunto con Tsubaki...
Y ahora caminaba a paso vago a la residencia de Mahiru. Sabía perfectamente su dirección y a lo lejos veía ese conjunto de departamento. Había un punto a favor para Shirota. El lugar se veía tranquilo. Un vecindario perfecto que no molestaban con autos pasando a toda velocidad y algunas fiestas de indeseables vecinos... así como en su hogar.
Nuevamente, Kuro observó el número del departamento de Mahiru en su celular. Piso ocho. Mahiru debe tener una excelente vista desde esa altura.
"Ascensor, ascensor..."
Kuro busco las puertas de los ascensores. En sus planes no estaba gastar energía subiendo las escaleras. Y cuando el pitido del elevador dio aviso del piso, Kuro se permitió un momento admirar desde la altura el vecindario.
Todo se veía relajado y tan amigable que una extraña sensación de vivir junto a Mahiru le invadió.
Pero primero deberían resolver otro tema.
Suspiro con cansancio cuando sus dedos ya tocaban el timbre de ese lugar. Y Kuro comprendió que siempre que quiera hacer una visita tiene que avisarle con debido tiempo a Mahiru, porque un hombre adulto abrió la puerta y lo miraba como si fuera algún vendedor ambulante.
- Ahm... ¿Mahiru... está?
- ¿Quien lo busca? - no había signos de molestia en ese adulto, pero Kuro se sintió cansado cuando imagino que ese señor, era el tío de Mahiru.
- ¿Su novio...?
Debió decir que simplemente era un amigo, pero Kuro soltó aquello como si fuera lo más natural del mundo. Aun si el adulto frente a él quedó pasmado.
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La tarde ya estaba cayendo, y Mahiru miraba con cierta desilusión su compra. La tienda estaba abarrotada de gente y le tomó casi una hora y un par de minutos el salir. Seguramente su tío ya se había marchado a trabajar.
Al entrar al departamento Shirota se sorprendió cuando a lo lejos se oían ruidos. Probablemente por la televisión encendida. ¿Su tío aun no se marchaba?
- ¿Tío? -pero cuando se acerco al comedor, detrás de la mesa, casi escondido, estaba el perezoso tendido en el suelo mientras veía un programa -¡¿Kuro?!, ¿Como entraste?
- Oh, bienvenido a casa, MahiMahi.
Ese tono desinteresado y vago, y la mirada aun puesta en el televisor, a Mahiru le hizo sonreír. Seguramente su tío lo dejo entrar. Y se sintió feliz por la aceptación de su tío para con Kuro, ahora ver al perezoso ahí, acostado de panza al suelo mientras veía un programa de cocina, le inflo el pecho de una indescriptible felicidad.
Felicidad momentánea al ver donde estaba Kuro y espiar alrededor de él. Y notó con cierto cansancio las comida chatarra en el piso. Dos bolsas de papas fritas abiertas, y seguramente vacías. Una botella de gaseosa a medio beber, y sus preciadas revistas de cocina y mangas tiradas como basura.
"Acabo de hacer aseo en el departamento..."
Mahiru suspiró y dejo sus compras en la mesa.
- Pudiste llamarme si ibas a venir ahora, Kuro.
- Lo olvidé.
Mahiru hizo una mueca desconforme. Es cierto que él mismo le entregó su dirección a Kuro, pero al menos le hubiera avisado para recibirlo. Entonces, un pequeño pensamiento se le cruzo, ¿Kuro conoció a su tío?
- Kuro, ¿Dónde está mi tío?
- Él acaba de marcharse.
"Realmente se conocieron... espera, ¿Kuro qué hablo con mi tío?" pensativo, Mahiru se sentó en el sillón mirando al chico frente suyo.
- ¿Hablaste de algo con él?
- Hablamos... -Kuro pareció meditarlo unos segundos, y se decidió cuando abrió la botella de gaseosa - de algunas cosillas.
- ¿Como qué?
- Cosas de hombres -Mahiru tuvo un pequeño tic de fastidio en su ceja.
- Ignoraré eso.
Kuro sonrió cuando la voz molesta de Shirota fue el ultimo ruido en el lugar. Y lo miró de reojo. Sabía qué le molestaba a Mahiru, hasta lograba sentir esa pequeña ansiedad en su cuerpo. Shirota estaba deseoso de saber esa respuesta.
Por lo que Kuro se levantó y tomó por sorpresa al castaño al agarrarlo de las caderas y tumbarlo en el sofá.
- ¿Kuro?
Y se posicionó encima de Mahiru, tratando de no aplastarlo con el peso de su propio cuerpo.
- Hable con ella - Kuro se acurrucó en el pecho del castaño. Sintiendo ese sube y baja de su respiración- y... Mahiru, ¿tú que pensarías de ir conmigo a Italia?
Kuro se mordió los labios expectante, porque esa no era la respuesta que Mahiru esperaba. Estaba seguro. El castaño quería que se quedara, y él le sale con una propuesta diferente. La verdad, se esperaba el regaño y desacuerdo saliendo de esos labios.
- ¿Sabes, Kuro? -sintió las manos de Shirota en sus cabellos sacándole un pequeño desconcierto- Mi tío me dijo lo mismo -Kuro subió la mirada y se encontró con la sonriente de Mahiru - ¿Me soportarás en Italia, Kuu-chan?
Kuro quedó pasmado. ¿Cuántas sorpresas se llevará ese día? Su corazón estaba latiendo demasiado rápido, y ya sencillamente se sentía fatigado. Soportó a su hermana, Tsubaki, al tío de Mahiru, y ahora la sorpresa de Shirota.
Kuro sonrió.
- La pregunta es si tú me soportarías Mahiru -Shirota llevó su mirada al suelo donde Kuro dejo su rastro de desorden - ¿Realmente quieres ir? -volvió a mirar al perezoso, y asintió con cariño.
- Quiero ir contigo Kuro -susurró Mahiru cuando el chico sobre él se acercaba.
Shirota suspiro antes del contacto de un beso. Y envolvió con sus manos la nuca de Kuro. Se sentía feliz. Más que nunca se sentía feliz. Era increíble como tanto la hermana de Kuro como su tío quisieron arreglarle ese problema al dejarlos ir juntos a Italia.
Eran solo unos niños que se ahogaba en un vaso de agua por las dudas, y los adultos le resolvieron aquello como si fuera un juego.
Mahiru se quejó cuando Kuro llevó sus labios de su boca al cuello. Repartiendo suaves caricias que le estaban aturdiendo.
- Kuro, espera...
Cambio las posiciones de sus manos al llevarlas a los hombros del chico, presionando con una ligera fuerza que fue opacada cuando Kuro muerde con ligereza su clavícula. El gemido que soltó fue acorde al tono de llamada de un móvil en el living.
Mahiru se llevó las manos a la boca avergonzado. Y Kuro bufó fastidiado cuando su celular sonó en sus bolsillos.
Su hermana. Vaya que tiene un maldito radar para siempre joderle los momentos. Kuro se levantó para atender la llamada, y Mahiru soltó un suspiro cuando se vio libre de la prisión que tenía con su novio.
Observó las cortinas del departamento, y la escasa y suave luz naranja se veía extinguirse por las violetas de la pronta noche.
- Necesito irme, Mahiru - Shirota veía a Kuro ponerse una chaqueta que estaba olvidada en una silla - Mi hermana quiere que la acompañe a un lugar. Vendré cuando me desocupe.
Shirota iba a preguntar a dónde iba en buen plan de novio preocupado, pero Kuro se le acercó, y dándole un corto beso en los labios, le susurró unas palabras que terminaron de avergonzarlo.
Kuro salió del departamento dichoso de dejar a Mahiru abochornado y rojo a más no poder.
- Gato desvergonzado -susurró Shirota cuando se enrosco en el sofá, y tratando de olvidar esas palabras...
"Quiero hacer eso contigo..."
