El astro rey:

Unos brazos fríos y fuertes me rodearon segundos después de haber caído al suelo. Escondí mi cabeza en el pecho de Steven y enrosque mis dedos en su camisa. Me acuno para mantenerme cerca, no quería separarme de él. Su tacto y olor eran como una droga tranquilizadora, hacían que mi mente se nublase, calmando el dolor que se acumulaban en mi pecho.

Steven susurraba cosas en mi oído, que por suerte el efecto era el debido, no entendía sus palabras pero sabía que se encontraba con migo, consolándome y protegiéndome. Me acariciaba en cabello con sus fríos dados, sentía como las carisias me iban dejando inconciente. El sonido a mí alrededor se elevó introduciéndome al sueño, cerré mis ojos pesados y lo último que sentí fue a Steven llamándome.

la luz blanca me segaba la vista, pero no toda, ya que pude ver, o más bien, verme sentada en un asiento de avión alado de una de las pequeñas ventanas, pude ver otras personas, pero no les preste atención.

Dos gruesas lágrimas rodaron por las mejillas de mi yo y cerró los ojos…

Desperté en una habitación a oscuras, no era mi cuarto, ya que estaba en una cama de dos plazas y la ventana se encontraba arriba de esta, había un armario enfrente y del lado izquierdo estaba la puerta. Era la alcoba de mi madre.

¿Qué hacia yo en ella?

Me levante lentamente y camine hacia la puerta. Estaba confundida y, a pesar de encontrarme en mí casa, perdida.

Cuando abrí la puerta, la luz del pasillo me impidió ver nada y mientras mis ojos se adaptaban a la claridad recordé el sueño que había tenido con el avión, supuse que sería mi reacción cuando tuviera que volver con mi padre, seria muy triste.

Bajé las escaleras lentamente, sentía todo mi cuerpo agarrotado, como si hubiese corrido por mucho tiempo y ahora no podía hacer nada.

Mi casa se encontraba completamente iluminada por luces, pero podía ver la oscura noche por las ventanas.

Escuche las voces de mi familia en la cocina y me acerque.

-Fue una suerte que el chico Floum la haya encontrado- decía mi padrastro con un poco de tristeza.

-Si…-respondió mi madre, con la voz ronca.

-¿Te dijo donde la había encontrado?

-Si… dijo que estaba caminando por el bosque, cuando la vio pasar corriendo, la siguió y cuando cuándo callo al suelo la sostuvo….- pero no pudo terminar de contar el relato por que unos sollozos salieron de su garganta.

-Maryori…- susurro Fede y supe que la estaba abrazando.

-¿Por qué tuvo que pasar esto? ¿Por qué a mi hermana?...- no termine de escuchar la frase por que todos los recuerdos del día vinieron desordenadamente a mi cabeza.

Las llamadas de mi madre, Daniel, el oficial de policía, yo corriendo por el bosque, Steven sentado a mi lado en el barranco, mi tía cayendo de rodillas al suelo, los labios de mi ángel sobre los míos…

Las lágrimas saltaron silenciosamente de mis ojos, no había sollozos, solo gotas que mojaban mi rostro al salir de mis ojos. Anthonella.

No podía quedarme en el pasillo, tampoco podía ir a mi habitación, ya que sus cosas seguro seguían hay, así que sigilosamente mis pies se dirigieron a la sala, me senté en el sofá y rodee las piernas con mis brazos, apoyé mi frente en mis rodillas y deje que las lágrimas siguieran su camino, esperando que eso calmara el dolor que sentía, la oración en el pecho que no se iba.

Parecía absurda la idea de tanta luz cuando había tanto dolor en el ambiente, quería que todo se apagara así la oscuridad de la noche me cubría, me abrazara.

Volví a despertar en el sofá, solo que esta vez las luces estaban apagadas. Ahora recordé todo apenas mi mente alumbro ideas. Pero ya no tenía ganas de llorar, ni tampoco tenía lágrimas, me sentía seca, fue una sorpresa, cuando toque mi rostro, que no pareciera una pasa de uva, toda arrugada y deshidratada.

Camine a la cocina y tome una gran vaso de jugo, cuando termine lo lave y lo devolví a su lugar, volví a la sala que seguía en penumbra, ahora la casa estaba completamente a oscuras, como yo anhelaba. Observe en reloj, eran las dos de la madrugada, ya no tenia sueño, así que prendí la televisión y puse un volumen bajo para no despertar a nadie. El tiempo paso lento y pacífico, miraba a la pantalla, pero realmente no veía el programa, ni lo escuchaba.

Me encontré flotando en mis pensamientos, no en los recuerdos dolorosos, sino en la mañana que había pasado con Steven, todo lo que me había revelado acerca de su forma de ser, y su pasado. Recordé que cuando me había dicho que era ingles me había sorprendido mucho, pero ahora comprendía que él había estado en muchos lugares del mundo, por que era inmortal, siempre tendría la misma edad, nunca crecería como yo…

Me removí incomodan ante ese pensamiento, yo seguía cambiando, mientas que él se detuvo hace mas de setenta años ¿Qué pasaría cuando…?

-Gabriela- susurro una hermosa voz, pero a pesar de saber de quien provenía me sobresalte ¿Cómo había entrado?

-Steven ¿Qué haces aquí?- pregunte sorprendida ¿Qué hora era?

-¿Te encuentras bien?- no respondió a mi pregunta, yo solo asentí y sentí sus pétreos brazos rodearme. Yo arroje mis brazos por su cuello y deje caer mi cabeza en su hombro.

-Ahora si estoy bien- susurre casi inaudible, pero supe que él podía escucharme perfectamente. Dos lágrimas cayeron por mis mejillas. Nos quedamos en silencio y note como la débil luz de un nuevo día aparecía por la ventana.

Después de un tiempo volví a ver el reloj, eran las casi las siete de la mañana, suspire.

-Gracias- susurre y escondí mi cabeza en su pecho. Beso mi nuca y sentí la electricidad correr por mi cuerpo, amaba esa sensación que solo él podía producirme.

-Lamento haber roto mi promesa- dijo con pesar.

-¿Qué promesa?- pregunte separándome de él y viendo su rostro.

-Te prometí que no te buscaría- dijo tocando se la cien con su dedo índice y supe que hablaba de su don- Pero quería saber como estabas y justo te vi corriendo destrozada hacia el bosque, y te fui a buscar.

-Fue una suerte que rompieras tu promesa- dije y sonriendo, era la primera ves que lo hacia desde la noticia del oficial.

Apoyo su frente en la mía y nos miramos a los ojos, poco a poco nos fuméis acercando hasta que sus labios rasaron los mío. No me había dado cuenta, pero anhelaba tanto ese rose.

Sus manos se posaron en mi cintura y las mías tocaban su cabellos, revolviéndolo. Este beso era nuevo, apasionado, con muchos sentimientos, pero de un instante a otro Steven lo corto.

-El sol esta saliendo, y no puedo dejar que me vean- susurro mirando a la ventana- Tengo que ir, pero en cuanto vuelva en la noche volveré- beso mi mejilla y desapareció.

Un rato más tarde escuché como alguno miembro de la casa bajaba pesadamente las escaleras. No sabia se hacerme la dormida o ir a saludarlo. Pero antes de hacer nada, Fede apareció por la abertura que conectaba en pasillo con la sala y me vio.

-Buenos días Ela ¿Te encuentras bien?- saludo apoyándose en el marco de la abertura.

-Si ¿mama esta durmiendo?- pregunte y me levante del sofá, mi corazón latía rápidamente por el intenso beso que Steven había dejado en mi.

-No, se esta duchando, me dijo que si estabas despierta la esperases en la cocina para desayunar, quiere hablar contigo- explico mi padrastro, parecía tan o más triste que anoche. Asentí y caminamos hacia la cocina.

Él comenzó a hacer café yo saque una porción de pastel y lo comí lentamente. Mi corazón fue normalizándose a medida que me tranquilizaba.

Mire por la venta, Steven tenia razón, no había ni una nube y el sol brillaba fuertemente afuera, como burlándose de mi.

Mi madre entro en el recinto con una bata y el pelo envuelto en un turbante, las ojeras decían todo, no había dormido mucho, solo lo necesario.

Fede le ofreció café y ella lo tomo gustosa, note la tristeza de mi madre cuando se sentó enfrente mío y poso sus ojos en los míos.

-Gabriela…- nunca me llamaba por mi nombre, no necesitaba un sexto sentido para saber que quería hablar muy seria mente conmigo, tomo aire y siguió- Con todo lo que ha pasado, Fede y yo decidimos que lo mejor es… que vuelvas con tu padre- me congele en el asiento ¡¿Qué ella quería que?

-Se que no quieres ir, pero en este momento necesito tiempo para ayudar a tu tíos con todo el asunto y, por tu seguridad quiero que vuelvas a España- yo seguía sin habla.

No definitivamente no iba a irme, esta era la primera vez que me sentía realmente completa, salteando el hecho de que había perdido a un familiar, tenía a mis amigos, a mi familia, a Steven, no podía pedir nada más. Pero de un momento al otro me lo querían arrebatar, ni siquiera había podido probar mi sueño, y ya me querían despertar, mandándome a la otra punta del mundo, lejos de todo.

Si en un momento sentí que no podía llorar más, me equivocaba, todavía no había dicho una palabra desde que mi madre se sentó enfrente y ya estaba llorando.

-¡No quiero irme, no quiero regresar con él!- grite levantándome de la silla con la voz rota.

-Lo se Gabriela, me es tan difícil como a ti dejar que te vallas, pero por favor, hazlo por mi, has que tu madre se sienta un poco mejor- pidió ella mirándome con tristeza- No quiero que te pase nada, y Vancouver ya no es seguro, con lo que le paso a tu prima…no quiero que te suceda a ti- dijo rompiendo a llorar también.

Si, sabia que mi hogar ya no era seguro, con un vampiro como Daniel asechando, pero Steven era una de las mejores cosas que mi había pasado, no podía dejarlo así de la nada, solo la idea de alejarme de él me dolía.

Mire el rostro destrozado de mi madre, esta era una de las pocas veces que ella me pedía algo realmente duro para mi, pero si lo hacia era por mi propio bien, lo único que ella quería era protegerme.

-Ya compramos tu pasaje de avión, saldrá hoy a las siete de la tarde y en la noche empacamos todas tus casas…- dijo suavemente Maryori.

Sabía que no aceptaría un no como respuesta y que si podía me arrastraría hasta el aeropuerto. Esto era algo que debía hacer aunque no quisiera.

Era un viaje de ida, pero no de vuelta. Pero lo peor no era eso, si no que no podría despedirme Steven, ya que el astro rey lo mantenía encerrado en una oscura cárcel.


Seguramente ya se habían dado cuenta que no soy de esas autoras que dejan en todos sus capítulos una nota de despedida al pie de éste, disculpenme por eso, no es que no quiera escribír es que no tengo mucho tiempo.

Bueno, ahora a lo que iba, éste es el último capítulo de esta historia, todavía falta el epílogo, pero en concreto éste es el último de los últimos. Aunque no se pongan triste que todavía queda mucho más de la historia de Gabriela.

Bien, solo quería decirles eso, y muchas gracias por leer mi historia, ahora que estoy casi de vacaciones (Digo casi por que todavía tengo que rendír una materia que no pude terminar bien en el año) voy a tener tiempo de poner más historias.

Besos Sacalet