La Intersección V

El Despertar


Sin esperarlo si quiera, abrieron los ojos. Estaban en una habitación blanca, sin ventanas ni puertas. Miraron a todos lados, desorientados, hasta que juntaron los ojos y recordaron. Se abrazaron fuertemente, con lágrimas en los ojos y susurrándose cuanto se querían. Daba igual donde estuvieran, Cielo o Infierno, Limbo o Intersección. Mientras estuviesen juntos, serían felices estuvieran donde estuvieran.

-Que conmovedor –dijo una voz con tono sarcástico. Giraron la cabeza sin apartarse para ver a Gabriel, con sus alas negras en todo su esplendor-. Creí que seríais más capaces de sobrevivir –se rió de forma malévola.

-No sois más que unos estúpidos –escupió el Sr. Todd-. Os creéis capaces de jugar con las vidas humanas. Os creéis Dios o algo parecido. Pero no sois más que unos niñatos con una rabieta –la Sra. Lovett le había cogido del brazo, reclamándole cuidado.

-Cierto –dijo una voz más cantarina, apareciendo de la nada-. Esto no es más que un juego. Un engaño. Vosotros no volvisteis a la tierra. Habéis estado muertos TODO este tiempo.

-¿Qué? –preguntó horrorizada la Sra. Lovett-. Entonces… el dolor, los sentimientos… ¿era todo mentira?

-Más que mentira, eran ilusiones. Jajaja, ni siquiera cuando fueron las musas las dejasteis hablar. ¿Y Davy? Jajaja, no era más que un muñeco –dijeron ambos a la vez, riéndose a carcajadas.

-¡Nos habéis engañado! –bramó el Sr. Todd.

-No lo dudes. Acercaos, esto ha sido lo que pasaba en la tierra mientras vosotros "jugabais" –dijo Lilith, con tono divertido.

De la nada salió un pedestal de color negro, en donde la parte de arriba eran unas garras, y en ellas reposaba una esfera luminosa. El Sr. Todd se percató en el cómo miraban ambos la esfera. No harto ni perezoso, intentó hacer una pequeña exploración al cerebro del ángel oscuro. Intentando pasar desapercibido, descubrió algo muy importante. La esfera era el punto débil. Si la rompía… ellos morirían.

La única forma de acabar el juego es acabar con los jugadores.

Recordó aquella frase y de pronto reconoció la voz. Aquélla vez… las musas… Terpsícore.

Agarró la mano de la Sra. Lovett, que temblaba de miedo sin saber porqué. Sentía una sensación extraña, como si supiese que algo malo iba a pasar en aquella habitación, y quería irse cuando antes. Se sintió reconfortada cuando él apretó su mano, transmitiéndole seguridad. Se relajó un poco y ambos avanzaron a la esfera, donde ya los esperaban. Sin embargo, no se le escapó la mirada del Sr. Todd. Algo le decía que aquella esfera era la razón de todos sus sufrimientos.

La esfera estaba llena de humo, que se removía, dejando entrever alguna que otra imagen, pero todas inconexas. Lilith alzó la mano y removió un poco la esfera. Sin quererlo, la Sra. Lovett se soltó del Sr. Todd y puso sus manos sobre la esfera, que era fría al tacto.


Los policías avanzaban por la casa, buscando a los asesinos. Una muchacha había dado la voz de alarma junto a su pareja. Bajaron al sótano armados con pistolas, escuchando unos pasos y voces. Entraron en tromba, pero allí no había nadie.

Se taparon la nariz al ver la sangre y los cuerpos, atando cabos rápidamente. Johanna y Anthony iban detrás.

-¡Miren! -gritó la chica-. ¡Hay pisadas!

Todos siguieron las marcas de sangre en el suelo, pisadas de un niño, una mujer y un hombre. No les costó demasiado encontrar la salida. Llegaron a la mina, pero allí tampoco encontraron a nadie. Decidieron derrumbarlo, solo por si acaso, y dar aviso a las ciudades…

-No hubieseis conseguido escapar –dijo Gabriel.

Varios días después, Johanna volvía del psiquiatra. Estaba traumada por lo que vio aquella noche y aún la perseguía en sueños. Anthony intentaba ayudarla, y poco a poco lo fue superando. Ahora estaban casados y esperaban un hijo.


Lilith removió un poco más las brumas.


Un precioso niño con pelo castaño claro jugaba con su madre en un parque de Francia.

-Ven, Benjamin –llamó la madre-. Padre te ha dicho que te tenía un regalo, ¿recuerdas?

-Sí, madre –dijo el chaval de 8 años.

-Sí solo Anthony supiera quién fue el loco de mi padre…


En la esfera seguían las imágenes, pero el Sr. Todd le hizo una seña imperceptible a la Sra. Lovett, que entendió a la perfección.

-¡Ahora! –gritó él. No le interesaban lo más mínimo aquellas imágenes. Se lanzó contra Lilith, cayendo ambos al suelo. Momento que la Sra. Lovett aprovechó para coger la esfera y tirarla al suelo, donde se rompió en miles de pequeños cristales.

-¡NO! –gritó Gabriel, intentando sin resultados parar a la Sra. Lovett.

Una luz cegadora cubrió el lugar, el Sr. Todd se levantó de un salto y cogió a la Sra. Lovett, abrazándola protectoramente.

suya, notando como todo mi cuerpo se evaporaba. No volví a despertar.