¡Ya está aquí! ¡Ya llegó! ¡El nuevo capítulo de Orgullo y...¿pokémons?!
Como ya sabéis, ni pokémon ni nada relacionado con la obra de Jane Austen me pertenecen. A disfrutar de la lectura ^^
EDITO: Soy idiota y había vuelto a subir el mismo capítulo dos veces. Lo siento por las molestias y gracias a Cerisier Jin por avisarme u.u
La cena ha sido menos incómoda de lo que pensaba. No ha sido tan "Encantada de verte, chico-que-rompió-el-corazón-a-mi-hermana" como imaginaba que sería, aunque mamá no ha parado de poner a May por las nubes. Parecía como si estuviera sirviéndole el postre en bandeja.
Pero May se ha comportado muy bien en la cena, y ha explicado muy claramente su gran noticia. A mamá casi se le cae el plato al suelo, y Drew había abierto tanto la boca que casi he tenido que contener a Leaf para que no le metiera un trozo de pan dentro.
—¿Cuándo te vas?—consigue decir.
—Mañana—responde May, llevándose los platos. Leaf distrae a mamá y la lleva a ver algo mientras nosotros nos quedamos recogiendo la mesa.
—¿Por qué no me lo habías dicho antes?—dice Drew— ¿Desde cuándo lo sabes?
—Desde hace unas horas, en realidad. Estaba algo nerviosa.
—¿Nerviosa por qué?—pregunta.
—Porque quería evitar justamente esta situación.
—¿Esta situación? En la que me despido de ti y te pregunto…
—Exactamente eso es lo que quería evitar.
Yo trago saliva. Me siento realmente incómoda en esta situación, pero temo que si doy un paso o me muevo un milímetro, van a notar mi existencia y dejarán de hablar del tema. Lo olvidarán, como siempre.
—Esta es una oportunidad genial para mí—empieza May—, y por fin estoy a punto de lograr lo que siempre quise. Lo siento, pero no puedo dejar todo esto atrás por estar a tu lado. ¿Sabes cómo de injusto sería eso para mí?
—Pero May—empieza Drew, pero May le interrumpe.
—Necesito este nuevo comienzo en mi vida, y aunque sé que decidimos empezar de nuevo… No creo que valga tanto como para sacrificar mi carrera.
—May—dice, esta vez alto y firme—, es que no te estoy pidiendo que lo dejes. Te estoy pidiendo si puedo ir contigo.
La expresión seria de May se rompe en mil pedazos, y está tan asombrada como yo. ¡Así se hace, Drew! Intento no moverme por si acaso, pero ya era hora de que pusiera todas las cartas sobre la mesa.
—He dejado la coordinación.
—¿Qué?—pregunta May, confundida.
—El mundo de los concursos, todo eso. Hace como un mes.
—¿Pero por qué?—dice May— Pensaba que te encantaba.
—Yo también—admite—, pero un día estaba concursando y vi la cara de Roserade… Eso no era felicidad. En la pantalla, me vi la mía. Tampoco lo era. Salí de allí con una cinta de concurso más, pero nada de eso conseguía llenarme. Me senté en una cafetería y me pregunté cómo me había metido en este mundo. La primera cosa que me vino a la mente fue mi prima Úrsula y su obsesión con los concursos pokémon cuando éramos niños. Intenté recordar por qué había elegido este camino, hasta que me di cuenta de que realmente no lo había elegido yo. Mi familia pensó que se me daba bien y yo quería pensar lo mismo. Úrsula me empujaba y yo no me daba ni cuenta. Y creía que era feliz… Pero no lo era, no por completo. Así que me puse a pensar en la última vez que había sido realmente feliz. Y la imagen de felicidad que se proyectaba en mi cabeza eras tú, May. Era tu sonrisa y tu cara roja de enfado. Tu pelo despeinado y tus bandanas rojas. Y entonces me di cuenta de que realmente la había fastidiado. Porque había tenido la felicidad en mi vida y la había apartado.
May se vuelve roja con el discurso de Drew, y diría que le tiemblan las piernas.
—Yo también era feliz contigo—murmura, volviéndose a alzar firme.
—Cuando Dawn habló conmigo en Veilstone, me di cuenta de que fui totalmente injusto contigo y me sentí fatal. Estaba incluso avergonzado. Creo que aún lo estoy, así que déjame arreglarlo.
Habla de mí como si no estuviera a su lado, escuchando todo lo que está diciendo. ¿Será que realmente no se dan cuenta de mi presencia? Quizá me haya convertido en un fantasma. May no responde, así que Drew sigue hablando:
—No me importa lo que digan mis amigos, ni mi familia. No espero que sigas queriendo estar conmigo, y sé que dijimos que íbamos a quedar como amigos y empezar de cero, pero no puedo mentir más. Quiero ser parte de tu vida, como alguien más que un amigo que te visita de vez en cuando. Tú eres una gran parte de la mía, aunque quizá no te des cuenta.
—Drew…
—¿Podrías darme otra oportunidad?
Mi mente solamente quiere que se ponga de rodillas y suplique. Puede que May tenga razón y tenga una ligera obsesión con eso.
—¿En Unova?
Drew asiente.
—Drew, no. No puedes.
Espera, ¿QUÉ? Eso no me lo esperaba, y parece que Drew tampoco. Sus ojos se vuelven tristes y parece resignado.
—Supongo que fui un idiota al pedírtelo—dice, con la cabeza gacha—. Espero que seas feliz, May Berlitz. De verdad lo mereces.
Se mueve lentamente hacia la puerta principal, y casi diría que está arrastrando los pies. Mi ángulo de visión es ligeramente interrumpido por una columna, así que intento mover la cabeza para mejorarlo.
—Drew, espera—dice May, casi en un susurro. Durante una fracción de segundo, pienso que Drew no le ha oído, pero se gira.
Se gira y su mirada vuelve cargada de esperanza.
—¿Qué has estado haciendo este mes?
La pregunta le viene de sopetón, así que se toma un momento antes de responder.
—He estado practicando con Roserade nuevos movimientos, visitando Sinnoh y ayudando un poco en las tiendas y donde lo necesitaban, en realidad. Necesitaba un tiempo para mí.
—¿Y por qué no me lo has dicho antes?
—No se lo he dicho a nadie aún. Mi familia cree que me estoy preparando para un concurso, pero en realidad me estoy preparando para la vida, para conocerme de verdad. Ya sé que suena a tontería, pero…
—¿Y qué has aprendido?
—¿Qué?
—En tu experiencia, en tu preparación—aclara—, ¿qué has aprendido?
Drew suspira antes de contestar.
—He aprendido que a mis pokémon les gusta brillar por sí mismos. Y que a mí eso no me hace falta realmente. He aprendido que me gusta sacar sonrisas a la gente… Sobre todo a ti.
Con esto, mi hermana sonríe y parece que el mundo se ilumina de nuevo.
—Si hacemos esto—empieza May—, si nos mudamos a Unova… Tenemos que ir despacio. Yo voy por mi carrera.
—Y yo lo respeto—dice Drew, acercándose a ella y tomándola de las manos—. ¿Entonces puedo ir contigo?
May asiente, y no sé muy bien cómo ni cuándo exactamente, pero lo siguiente que veo es sus labios juntarse y besarse como si no hubiera mañana.
Al día siguiente, a la misma hora, no se oye ni un solo ruido. May y Drew se habían ido por la mañana, y mamá había salido a Jubilife no sé muy bien a qué. Leaf está en la cama y yo juego con Piplup mientras intento pensar en mi futuro.
—¿Ahora qué?—le digo, mientras le tiro una pelota que me devuelve con su Rayo Burbuja— He ganado el concurso, pero nada más. Esta línea de ropa saldrá a la venta, promocionada por el desfile. Pero lo que gane con eso no me da para vivir del cuento, y no tengo más oportunidades en concursos amateur. Si me lanzo a la piscina de cabeza… Tengo que saber dónde voy a aterrizar.
—Pip piplup—responde, poniéndose las patas en la cadera.
—No me vengas con sermones—le advierto—. Estoy muy orgullosa de lo que he logrado, pero no puedo vivir de eso. Tengo que conseguir un trabajo de verdad.
Piplup me mira, alzando una ceja.
—Últimamente te ha dado por alzar la ceja—comento—, pero no hay necesidad de que me mires así, sabes que tengo razón. May tiene un trabajo, y yo debería tener otro. Estoy pensando en solicitar puesto en alguna de las compañías de moda…
—¡Piplup!—me riñe.
—Ya sé que lo que quería era tener mi propia marca, no hace falta que me lo recuerdes. Pero en serio, ¿yo sola en un almacén? Eso no puede funcionar. Y no tengo presupuesto para crear una empresa de la nada.
Al final se rinde (tanto de la conversación como del juego de pelota), y se tumba en mi cama, exhausto.
—¡Deja de hablar sola, loser!—exclama Leaf desde su cuarto.
—¡Estaba hablando con Piplup!
—¿No tienes más amigos?
Un ápice de mí no quiere que la antigua Leaf haya vuelto, aunque sí que es mucho mejor que la Leaf de hace unas semanas.
—Leafie…—empiezo.
—Lo siento—dice, y me extraño—. Intento contenerme, pero de mi boca solamente salen comentarios negativos e insultos. No lo entiendo.
—Será que tienes una lengua mordaz—le digo, a través de la pared.
No contesta, pero casi la puedo asentir con la cabeza.
—Llama a Zoey—me dice al de unos minutos—. Si necesitas hablar con alguien.
—Vale—digo—, pero no lo voy a hacer porque tú me lo hayas dicho.
—Seguro—dice con ironía.
Busco el contacto de Zoey y la llamo. Descuelga inmediatamente, tan rápido que dudo que su móvil haya sonado siquiera.
—¡Dawn!—me dice, alegre.
—¡Zoey! ¿Qué tal?
—La temporada de concursos va genial—me contesta—, todo el mundo está en Hearthrome últimamente. Hay pósters y todo con nuestras caras.
—¿Y qué tal con Kenny?
—Mi vida privada no es tan interesante—dice, quitándole importancia al tema—. Estamos bien, como siempre. Le he llevado a conocer a mis padres y ha contenido hablar de Fantina durante casi toda la cena.
—Eso es un gran logro—le digo entre risas.
—Lo es, en realidad—se ríe también—. Pero lo que es más importante, ¿qué tal tu vida privada?
Hace énfasis en el "tu" y aunque no puedo verla, imagino que ha levantado una ceja y en sus labios ha aparecido una sonrisa maliciosa.
—¿Qué pasa con mi vida privada?—pregunto, intentando sonar inocente. Sé a dónde quiere llegar con esto, y por eso quiero evitarlo.
—No sé—dice con sorna—, quizá que hace mucho que no me hablas de un hombre al que muchas veces has descrito de una manera no demasiado amable.
—¿En serio tenías que sacar este tema?—le digo, apretando los dientes.
—Después de ver cómo os comportabais en el desfile, por supuesto—asegura—. ¿No vas a decirme nada sobre Paul?
—No hay nada que decir, en realidad.
Hace una pausa antes de contestar:
—¿De verdad?—dice, alzando la voz cada vez más— ¿Ahora me vas a venir con esto? Dawn, tanto tú como yo estábamos en Hearthrome aquel día.
—Vale—admito, con desgana—. Puede que hubiera un poco de…
—¿Química?—propone—¿Tensión?
—Lo que sea—digo—. Había un poco de algo cuando estaba en su hotel en Veilstone, pero no he vuelto a saber de él desde lo de Leaf.
Cada palabra sale de mí casi contra mi voluntad.
—¿Y no has pensado en llamarle?
—¿A Paul?–me río—Ni siquiera somos…
—¿Amigos?—dice— Porque los dos dijisteis que sí frente a los periodistas.
Me muerdo la lengua y maldigo por mis adentros.
—Sí, pero es diferente. No somos amigos de verdad, simplemente me ayudaba y yo le distraía del trabajo. Aparte de eso, tan sólo es un tío del que me gustaba despotricar.
—¿En serio?—me dice, con un tono de voz acusador—¿Crees que no sois amigos? Porque a mí me parecía que erais un buen soporte el uno para el otro.
—Nunca hablamos de cosas serias.
—Así que el hecho de que te confesara sus sentimientos no es una cosa seria—me dice, sarcástica—. ¡Estamos hablando de Paul Shinji!
—¡Exactamente por eso! Paul Shinji es como una fuerza de la naturaleza. No le puedes llamar por teléfono como si nada—y después añado—. Y no me recuerdes aquel día, no fue el mejor momento para ninguno de los dos. Además, han pasado muchas cosas desde entonces.
Inintencionadamente, dejo escapar un suspiro, y estoy segura de que Zoey lo ha oído. Bien, ahora se montará una película en la que para ella estoy enamoradísima de Paul y no parará jamás.
—Han pasado muchas cosas—repite Zoey—, y los dos habéis tenido la oportunidad de conoceros realmente.
—Y por eso estoy casi segura de que sus sentimientos hacia mí han cambiado.
—¿Y qué hay de los tuyos?—me dice, y la pregunta cae sobre mí como una bomba.
Trago saliva y respiro hondo, aún sin saber muy bien qué decir. Una parte de mí sabe que tendría que afrontar esto de cabeza, pero la otra quiere colgar el teléfono y olvidarse de toda la conversación.
—¿Sabes qué?—le digo, intentando sonar creíble— Estoy bastante ocupada ahora mismo, así que debería colgar ya. Me ha encantado hablar contigo, Zoey.
—Dawn, ni se te ocurr—es lo último que oigo antes de colgar el teléfono.
