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Capítulo 25: Espejos del alma

Una semana transcurrió desde aquel terrible incidente en la Sala Común de los leones.

Hermione salió de la enfermería el día después de despertar y se puso al día con las materias, aunque conociera el contenido de la mayoría de leer los libros durante el viaje del año pasado, en su búsqueda de los Horocruxes.

Hagrid fue nombrado el nuevo Jefe de la Casa de los Leones, para alegría del trío. Y ella pasaba un tiempo agradable en la Biblioteca. Metiendo la nariz entre libros podía fingir que su vida era como antes de la Guerra y los combates con mortíos. Algunas veces veía a Melinda, pero se limitaba a saludarla con la mano. No quería hablar del tema, ni siquiera con Ginny, aunque esta le hablara de Harry.

Draco Malfoy tampoco asomo un pelo. Sabia decisión, de hecho, pues aunque las cosas se habían calmado aun no estaba segura de haberle perdonado del todo.

Solo lo veía a la hora del almuerzo y la Cena, que era cuando sus horarios se entrecruzaban obligatoriamente en el Gran Comedor. Y aunque podía sentir sus ojos glaciales perforándole desde la Mesa de profesores, no volteó a verle una sola vez.

En el Colegio las paredes hablaban, y para esa altura todos conocían la verdad sobre su relación con Youdle. La línea divisoria en Slytherin se había vuelto más fuerte que nunca, y el Profeta anunciaba el nacimiento de un nuevo gran mago tenebroso. No Draco, sino su prima, Lizabell. La gente especulaba sobre su padre, y muchos creían que era el mismísimo Voldemort. Hermione tenía arcadas de solo pensarlo, pero al menos habían dejado a Malfoy en paz. No que le importara, claro.

Pero fue durante esa épica semana que Hermione experimento una serie de pequeños eventos que juntos llevarían al caos. Un bello, bello caos.

El primero, empezó aquella mañana.


Draco se hallaba en su habitación, acostado en la cama como siempre, mirando el techo.

No estaba seguro de la hora, más temprano de la cuenta, desde luego. Últimamente había desarrollado el extraño hábito de despertarse durante la madrugada, sin soñar nada en concreto. Era como si incluso su mente tuviera vetado pensar en ella.

Ya había pasado una semana desde que discutieron los términos de su relación, y estaba pensando que quizás se acabaría definitivamente. Pero entonces él no podía permitírselo. Con una súbita convicción renovada se puso de pie sujetando la capa, dispuesto a enfrentar otro día las provocaciones de todas las casas y no responder, demasiado, si con eso ganaba un pase libre a su intimidad.

*inicio del flashback*

La noche anterior estaba sentado en su Sala Común conversando con Theodore, como no, cuando McGonagall se apareció en la puerta con rostro serio. No era tanto su presencia lo que había captado la atención del chico, así como la sombra que pisaba los talones de la anciana mujer.

- Señor Ministro- Draco exclamó en tono divertido, casi burlón, sin hacer el menor intento de reverencia, o ponerse de pie.

- Draco- Minerva lo reprendió desde su lugar. Theodore se limitó a lanzarle una mirada de advertencia como diciendo: "Cuida tu trasero". Decidió ponerse de pie.

- Señor Shelbok…- murmuro de repente interesado en un estrambótico adorno en la repisa de la chimenea apagada incluso en invierno. Las serpientes tenían sangre fría, después de todo. - ¿A que se debe el honor de su visita? No me estoy quejando, desde luego. Siempre es oportuno tener las compañias adecuadas.- zanjó glacial, sin dejar en ningún instante de arrastrar las palabras, tanto que cualquiera diría que lo hacía a posta.

Había adoptado una postura recta, tanto que parecía más alto de lo que ya era. El traje y la sombra de vello facial en el rostro completaban su figura intimidatoria.

Minerva como Theo intercambiaron una mirada ansiosa. Con un bastón Draco podría haberse confundido con Lucius, claro está, si este último no hubiese recaído en la bebida.

- Deja de pullas, niño- le respondió el Ministro. Aunque claro, de niño Draco no tenía nada.- Sabes muy bien a lo que he venido.

- Pues no- Desde luego Draco tenía varias ideas bastante aproximadas, pero quería oír al hombre decirlo de sus labios. Ninguno de los que había intentado meter a los Malfoy en Azkaban aquellas vacaciones serían nunca de su agrado.

- Tú prima, esa tal Lizabell Lestrange.

- ¿Qué pasa con Liz?- odio cada una de esas palabras de familiaridad, pero lo valía con tal de ver a Kingslay, un hombre tan entero, perder los estribos. Resultaba casi cómico.

- ¡¿Acaso no lees el diario?! Está alterando el orden público. ¡En mi ciudad, en este Colegio!

- No veo como eso sea de mi incumbencia- espetó indiferente para enfado de McGonagall.

- Son primos de sangre. Están conectados- dijo él como si ese fuera el secreto de la vida. El rubio bufó.

- ¿y? Buscad a cualquier sangre pura para el trabajo. No será muy difícil. Todos somos primos- recalcó la palabra recordando a la Weasley y, por extensión, a ella. Pero Kingsley había perdido las ganas de bromear.

- Lo que mi primo Draco aquí quiere decir,- Theodore interrumpió, pasando su brazo por el hombro del funcionario, salvándole el trasero.- Es que esto es un asunto muy ambiguo, ¿no le parece, señor Ministro? Relacionarle a él con esto, solo por su sangre. ¿No hubo acaso suficiente flagelo ya entre nuestras razas para reavivar la llama de la intolerancia, tan flamante en el horizonte?

Y así, Draco pensó, es como el desgraciado consiguió sacar ileso, no solo su pellejo, sino también el de Lovegood, de la maldita Guerra. Se contuvo de no poner los ojos en blanco.

- Creo que no me expresé bien, señor Nott- este replicó, quitando poco delicadamente el brazo de su traje.- Lo que quise decir es que cualquiera relacionado directa o parcialmente con Voldemort tendrá un seguimiento de cerca a manos del escuadrón de aurores. Y ante la mínima sospecha de conspiración serán sometidos a juicio. Lo que básicamente, es un pase directo a su celda en Azkaban, ¿he sido lo suficientemente claro, señores?

Curioso, hasta hace unos minutos era un niño y ahora soy un hombre. Vaya sistema institucional, Draco quiso decirle, pero se contuvo, a diferencia de su amigo.

- Entonces podemos relajarnos- Nott replicó alzando los pies y recostándose en el sillón.- ¿Eso ya lo están haciendo, no?- dijo. Draco rara vez oía a su amigo usar el cinismo, lo cual significaba que estaba más molesto de lo que dejaba ver. Minerva también lo advirtió, porque decidió intervenir.

- Muy bien, Kingsley. Estoy segura de que los chicos captaron el mensaje, ahora si les excusas, mañana es dia de clases. Necesitan descansar.

- Muy bien.- el ministro replicó a su vez, dejando bastante en claro sus dudas sobre que ellos se fuesen dormir. De cualquier modo salió seguido de McGonagall.

- Felicidades, Draco.- Theodore exclamó jovial una vez solos- Mitad de año y tenemos a todos los aurores babendo por nosotros. ¿Qué sigue ahora, volar a Kenia? ¿Nadar con kelpies?

- No sé por qué mierda querrías volar a Kenia, Nott. ¿Y qué, por Salazar, es un kelpie? – inquirió este airado- Sabes que, cállate. Deberías dejar de pasar tanto tiempo con Lovegood. La sobreexposición a su intelecto esta carcomiendo tu pequeño cerebro.

Nott soltó una carcajada de guasa antes de que la voz de la animaga llegara a ellos.

- Da igual las peticiones del Wizengamot. - decía Minerva- Draco es mi responsabilidad hasta que decida asesinarnos a todos.- ¿era acaso eso sarcasmo en la voz de la directora?- Y el chico Nott no fue siquiera iniciado, déjalo estar.

Un silencio siguió a continuación, ¿tal vez un asentimiento del Ministro?

- Ah… Y un último consejo- sonó como si ella se estuviera despidiendo- Diles a tus colegas que no asomen las escobas en donde no son bienvenidas. Albus nunca quiso eso, y lo sabes. Estoy a cargo del Colegio ahora, lo último que deseo es distanciarme de un viejo amigo…-

Con eso la voz se apagó, dejando a ambos callados y pensativos.

*Fin del flashback*

Así, Draco sabía claramente que estaba bajo vigilancia constante. Esto le molestaba, pero de nuevo, todo fuera por la libertad y el bienestar de su madre.

Entrecerró los ojos e intento calcular la hora del día, lo cual viviendo en las mazmorras se había vuelto prácticamente un sexto sentido.

Poniéndose de pie se dispuso a cambiarse para ir a desayunar.

Realmente esperaba, que no fuera tan temprano.


Las lechuzas llegaron esa mañana al Gran Comedor como siempre hasta que Ginny, tomando la carta del pico de Errol , miró a Hermione con el ceño fruncido y luego a la carta otra vez.

- Es para ti…-murmuro poco convencida. Hermione le quito la carta incrédula. En efecto, allí con estrecha e ilegible caligrafía de dentista había un sobre, y dentro una carta que la chica se dispuso a leer con atención. No quería ni pensar en cómo habían logrado sus padres enviársela. Primero, porque para cualquier muggle Hogwarts era un sitio en ruinas entre los bosques de Gran Bretaña. Segundo… bueno, el correo mágico no era su fuerte y punto.

En cuanto leyó la carta, esa pasó a ser la menor de sus preocupaciones, desde luego.

-¡¿Cómo?!- dio un grito al aire indignada, olvidándose de que se hallaba en un lugar público. Muchas cabezas se giraron hacia ella, y aunque sentía en la nuca la picazón que le decía que Draco Malfoy le estaba mirando fijo, no se inmutó en absoluto.

- ¿Estás bien?- Ginny le preguntó desde su lugar, bastante preocupada.

- Desde luego que no- replico la castaña airada. Y dejando su carta a un lado procedió a explicarles a sus amigos su historia - Mis padres decidieron de repente que quieren pasar sus festejos en Sídney, como el año pasado, con todos los fuegos artificiales en laCasa de la O…opera- dijo sorbiéndose la nariz, esperando que nadie lo notase.- Al parecer no están listos para navidades en Londres. De cualquier manera, quieren que me quede aquí. - bufó quebrando su pose.

- Lo siento, Hermione. Pero tal vez sea lo mejor.-Neville intentó consolarla, pero ella lo ignoró.

- ¿Puedo pasar las fiestas en la Madriguera contigo?- preguntó a Ginny, quien parpadeo antes de decir:

- ¿Por qué? Podemos pasar navidades aquí en el Colegio, es nuestro último año. ¿Qué dices Neville?

- No creo que a mi abuela le importe ahora que sale con Aberforth.- dijo este a su vez.

-Además, -Ginny agregó- Slughorn está preparando su exclusivo baile de navidad. He oído decir que traerá leprachauns auténticos. ¿Y adivina quienes están invitados?

Hermione no necesitaba la bola de cristal de la profesora Trelawney para decir que ellos lo estaban. Aún así, sentía que Ginny le estaba dando esquinazo.

- No importa si no hay sitio, siempre puedo quedarme aquí…

- Claro que no, Herms. Sabes que el espacio nunca fue problema.

Y entonces ella entendió, sintiéndose tonta por no verlo antes.

- Es por Harry, ¿no?- susurró bajando a voz. Ginny asintió seria.

- Lo siento, Hermione.- su amiga dijo sincera- Se cuanto ansiabas ver a tus padres ahora que te han recordado.

- No, no lo sabes.- la castaña replicó.

- Pues yo si sé que se siente que tus padres no sepan quién eres- Neville respondió haciéndola sentir culpable.- Aunque nunca vaya a sentir lo que sientes ahora- finalizó. Hermione le miró con los ojos rojos, poniéndose de pie.

- Entonces se feliz, Neville. Como dijo Ginny, casi desearía olvidar que los conozco.

Y con eso salió del Gran Comedor. Neville corrió tras ella, pero no fue el único que la siguió.


Apenas había podido dar dos pasos fuera del Gran Comedor y girar en el recodo de un pasillo, cuando alguien le bloqueó el paso.

- No tan rápido, Longbottom.- Malfoy le dijo lanzándole una mirada intimidatoria, aunque estas ya no le afectaban.

- ¿Te encuentras bien, Malfoy?- preguntó amable- Por un instante pareció como si estuvieras intentando detenerme de seguir con mi camino.-sugirió.

- Si ese camino te lleva hasta ella.- respondió el rubio sin asomo de broma. Ambos sobrentendían ese ella como Hermione. Neville lo miró detenidamente antes de responder.

- Pues has perdido todos los derechos, serpiente.- mascullo.- Puedes quitarte por las buenas.-gruño sacando la varita.- O las malas- Draco soltó un juramento.

- Mira, Longbottom. Lo que pienses me trae sin cuidado. Pero si valoras un poco tu vida te apartaras de mi camino- lo amenazo.

- Realmente no das miedo, Malfoy- el león le contestó.- De hecho, ¿Dónde están tus amigos para cuidarte la espalda este año, eh?- preguntó con molestia en la voz.

Muertos, debajo de la Tierra, pensó pero no dijo nada.

-Te han abandonado- No era una pregunta, sino la constatación de un hecho.- Pero no dejaré a Hermione, y estoy convencido de que ella no quiere verte, para variar. Así que vuelve al pozo de donde saliste.- finalizó.


- ¿No eres mi fan numero uno? ¿Eh, Longbottom?- Draco dijo serio- Únete al Club entonces. Pero créeme, - dijo confiado- ella quiere verme. Solo que no lo sabe aun.

-¿Ah sí? ¿Pues cuándo va a saberlo exactamente?- Neville pregunto divertido y molesto en partes iguales.

- Cuando me vea. ¡Hazte a un lado!- zanjo soberbio antes de darle un empujón al muchacho para pasar, pero este rápidamente le apunto con la varita. Se quedó quieto, ¿Qué tan rápido se suponía era Longbottom con varita?

- Desde luego, Draco es irresistible.- alguien replicó apareciendo por el extremo del pasillo.- Es la cosa de chico malo, las vuelve lo-quitas.- Draco bufó al reconocer a su amigo.

- Lo lamento, Nott. Pero ya estoy en medio de un idilio. Tendré que romper tu frágil corazón.

-Me lo imaginaba- Theo fingió desilusionarse, antes de adoptar una pose seria y eficaz.- ¿Vas a moverte o qué?- le increpó.

- No me presiones.- replico arisco, dándose cuenta de la situación en la que se hallaba.- ¿No deberías estar en algún rincón haciendo lo que sea que los enamorados hacen?- lo interrogó.

- Lo que sea, sí…- respondió este en tono lascivo.

-Que no te oiga tu novia, Nott- lo amenazó.

- Oh, créeme. A Luna le encantaría.

Alguien entonces carraspeó sonoramente, haciendo que ambos se voltearan. Allí estaba, desde luego Longbottom, con cara de estar fuera de lugar y no saber que hacer. Theo esbozo una amplia sonrisa que helaba la sangre.

- ¡Neville, mi amigo! No te había visto allí. ¿Qué te trae por este acogedor pasillo de Transformaciones?- dijo como si él viviera allí y fuera Neville el recién llegado. El muchacho frunció las cejas, confundido.

- De hecho yo estaba…

Pero Draco no lo oyó, porque se apresuró a salir corriendo sigilosamente de allí.


Hermione estaba tan susceptible ante la noticia de sus padres que quería llorar.

¿Acaso no le querían? ¿Lo de recordar habría sido solo una actuación, un engaño para que les dejase en paz?

No lo sabía, y por eso fue al único lugar que consideraba óptimo para su estado de ánimo: el baño del segundo piso.

Intentando tranquilizarse se acercó a uno de los lavamanos pegados a los vitrales de las ventanas y se limpió la cara con el agua. Recordó la primera vez que fue allí en primer año. El incidente del Troll, y como ese había sido el detonante en su amistad con los chicos. Entonces pensó en la poción multijugos que habían elaborado durante el segundo año, en como su cara había quedado convertida en una especie de gato mutante. Le entró la risa tonta, que sonaba bastante mal por culpa de su llanto, hasta que acabo sollozando de nuevo. Alzó la cabeza para mirarse en el espejo. Lucía terrible con los ojos rojos y las mejillas hinchadas, pero no era como si le importara.

Justo cuando pensaba eso un movimiento en una de las esquinas del espejo llamó su atención, haciéndola voltear rápido.

-Lumus máxima- susurró a la oscuridad de la habitación, pero allí no había nada.

Se giró en dirección a la puerta, para irse.

-¡Merlín!- gritó llevándose una mano al pecho a la vez que caía en la cuenta de quién era el muchacho que tenía al frente, su expresión cambiando de sorpresa a incomodidad y malestar.

- Draco- fue todo lo que pudo decir con disgusto en su voz. Hubiese querido llamarle por el apellido, pero de alguna manera descubrió que ya no le era posible tratarlo con la indiferencia de antes. Por la cara del Slytherin, él también lo había adivinado.

Se quedaron así un rato, solo mirándose a los ojos, intentando leer en ellos el sincopado de antes. Finalmente el silencio se hizo insoportable y decidió irse. Cada segundo respirando el mismo aire corría el riesgo de tirarse a sus brazos y rogarle que no la soltara de nuevo. Y su orgullo Griffindor bajo ninguna circunstancia consentiría aquello.

Apenas había dado dos pasos cuando su voz la detuvo:

- En sexto año solía venir aquí entre horas a llorar como desgraciado.- admitió mirando el espejo en la ventana como si le trajera recuerdos. Así que no era la única, pensó recordando las veces que había llorado allí por Ronald. Una voz en su cabeza se preguntó porque nunca se habrían visto.

- Estaba convencido de que fallaría en mi misión para el señor Tenebroso, y entonces estaría muerto. Es curioso como todo se vuelve magnánimo cuando vas a morir. Matar a otros, lo que sea. Como si tú fueras el único ser con derecho a sobrevivir…- su voz fue apagándose en un susurro hasta extinguirse del todo. El muchacho miraba el suelo con interés, y Hermione se percató de lo atenta que había estado a sus palabras. Era la primera vez que hablaba sobre su pasado de manera tan espontanea, y la dejo sin habla.

- No te aburriré más con mis cavilaciones.- dijo él entonces mirándola con tal intensidad que se estremeció.- Me enteré de lo de tus padres.-fue lo último que dijo.

Solo era la confirmación de un hecho, nada más. Y de alguna manera era mejor que ningún lo siento. No estaba fingiendo entenderla, solo la apoyaba.

La chica entonces alzó sus ojos hacia él, intentando comprenderlo. No tenía el menor sentido, no sabía cómo actuar ahora con él. Ella misma lo había dicho: "Significa, que volvemos al principio. Declinamos la balanza."

Merlín, ¡era tan tonta! Había perdonado a Draco sin siquiera darse cuenta de ello.

La castaña miró entonces de nuevo a su acompañante en medio de la oscuridad, deseando de repente tirarse a sus brazos y besarlo hasta perder el sentido, cuando algo les interrumpió.

Risas chillonas y molestas. Cerró los ojos, maldiciendo a su suerte. Por favor no…


Tan distraído estaba al entrar al baño del segundo piso, pensando en donde diablos estaría ella, que el Slytherin casi se la llevó puesta. Aunque ser invadido por aquel dulce aroma le provocaba ganas de estrecharla contra él y hacerla suya en ese mismo momento…

-Draco.- ella lo reprendió entonces. De repente recordó su situación, y como lo último que ella querría en ese momento sería que él la tocara.

Al menos lo llamaba por su nombre, que ya era algo.

Justo cuando pensaba en esto, ella hizo ademán de irse.

No, pensó en pánico, no puedo dejar que se vaya tan pronto.

Y sin más comenzó a hablar. Cualquier cosa con tal de retenerla a su lado unos instantes más.

- En sexto año solía venir aquí entre horas a llorar como desgraciado.- dijo ante la falta de un adjetivo mejor, mientras recordaba esos horribles meses como títere de Voldemort, como bien su prima había dicho: "colgó la espada sobre tu cuello"

- Estaba convencido de que fallaría en mi misión para el señor Tenebroso. Y entonces estaría muerto.- No tenía idea de lo que decía, ¿pero que importaba cuando Hermione lo estaba mirando de nuevo con ese brillo en sus ojos? - Es curioso como todo se vuelve magnánimo cuando vas a morir. Matar a otros, lo que sea. Como si tú fueras el único ser con derecho a sobrevivir…- le confesó, dándose cuenta de repente de que estaba hablando realmente en serio. Frustrado se calló y miro al piso en un silencio incomodo que la castaña no se molestó en interrumpir.

- No te aburriré más con mis cavilaciones.- dijo firme a modo de despedida cuando le pareció que el silencio se había tornado ridículo. Pero la chica no reaccionó.

Sabiendo que debía aceptar que la había perdido, dijo la cosa más ordinaria que pudo habérsele ocurrido: - Me enteré de lo de tus padres.

Imbécil, ¿Por qué no le dices también que tiempo hace hoy?

Iba a salir corriendo cuando Hermione realmente lo miró, con los ojos entre marrón y ámbar enormes, como si nunca hubiera escuchado cosa más ridícula.

Se aferro a la manija a su espalda, para poder pensar una excusa decente, cuando algo se colocó encima de é lo más correcto sería decir alguien y no algo.

No, no, no, no… ¡Salazar! ¡Ahora no!

- Hi, hi, hi. Draco…- la voz de Myrcle susurró a un costado de él haciéndolo estremecer.

Durante aquellos oscuros meses de mortío, como bien había dicho, iba allí a llorar. Lo que muy convenientemente su cerebro había olvidado era que la chica de Hufflepuff asesinada a manos de Voldemort le hacía compañía. Nunca se le pasó por la cabeza correrla hasta ahora. Tal vez porque estaba demasiado ocupado llorando sus penas, o quizás fuera el hecho obvio de que un fantasma no tenía materia.

Como sea, en estos momentos todo lo que pasó por la cabeza del rubio fue asesinarla.

Eso, claro está, fue antes de fijarse en el modo en que Hermione los estaba mirando.

¿Era eso acaso celos? ¿Podría ella sentir celos por él después de todo? ¿Significaba que no todo estaba perdido?

Diablos, pensó para sí mismo mientras armaba sobre la marcha un plan para hacer que fuera Hermione la que se encontrara en el lugar de Myrcle.

- Draco…- Myrcle repitió, esta vez pegando los labios a su oído. – Draco llevabas tiempo sin pasarte por mis cubículos. Te extrañe…-Este se estremeció instintivamente ante el frío que emanaba de ella, lo cual hizo que Hermione frunciera el ceño.

Está analizando todo como un jodido libro…, gruño molesto. Aunque la verdad era que daría lo que fuera por estar en su cabeza en aquel momento. De hecho…, pero la firme pared de Oclumancia fue todo lo que recibió como respuesta. El ceño de la castaña se profundizó más ante esto, mientras lo miraba fijo.

Myrcle también se dio cuenta, y fijándose por primera vez en Hermione decidió intervenir.

- ¿Por qué tienes a esta impura contigo?- chilló traspasándole una mano en un sitio que hizo que Draco la contemplara gélidamente. Hermione en cambio se sonrojó, aunque lucía bastante molesta también.

- Porque, tonta espectro cursi…-escupió acuchillando a Myrcle con la mirada- ¡Yo soy su novia!- gritó antes de llevarse ambas manos a la boca y mirar al rubio con pánico, consciente de lo que había dicho. Pero Draco solo sonría de lado, aferrándose grácil a la manija del cubículo detrás de él. Aquello había sido más fácil de lo que esperaba.

Entonces la ira de Myrcle estalló.


Lo primero que Hermione oyó fue el grito estridente que quebrajó el espejo e hizo que algunas tuberías estallaran como pequeños geiseres en medio de la habitación.

- ¡Impuras y mortífagos!- gritó entonces la fantasma,- ¡Impuras y mortífagos se burlan de mi muerte en mi cubículo!- repitió saliendo volando en Merlín sabía que dirección. Solo para reaparecerse al lado de la castaña y lanzarle agua, haciendo que esta retrocediera tapándose la cara con las manos.

Draco, quien hasta entonces se había limitado a mirar la escena divertido, se irguió contra la puerta y lanzo a Myrcle una mirada gélida.

- Basta- siseó sin alzar la voz, pero de algún modo eso daba aun más miedo.

- ¡Bastar!- respondió Myrcle en un grito ofendido, lanzándose directo hacia él. Por un instante, Draco creyó que arremetería contra él, e instintivamente dio un paso atrás.

Para cuando la fantasma lo había traspasado limpiamente metiéndose de regreso en alguna tubería, la puerta del cubículo se había abierto haciendo caer a Draco en él.


-¿Draco?- Hermione se asomo al extremo del compartimiento del baño mirando en su interior, intentando divisar algún destello de cabello platinado brillando en la oscuridad. Cuando no vio nada, ni nadie le respondió y comenzó a preocuparse.

¿Qué tal si se partió la cabeza con algo? ¿Y si por eso esta inconsciente?...

Pero no logró pensar mucho más lejos de ello, ya que una mano pálida se asomo desde el interior, cogiéndola por la cintura y jalándola hacia la oscuridad.

Emitió un gritito agudo antes de aterrizar en algo blando y cálido, que como no tardo en comprender era el cuerpo de Draco quien sonreía triunfante desde debajo.

Le golpeó en el hombro irritada.

- ¿Eres imbécil?- le regaño- Me tenías muerta del susto.

- Ajá…- el susurró divertido contra la oreja de ella, sin darle tiempo de nada antes de unir sus bocas en el beso más largo que se habían dado hasta el momento.

Hermione se lo devolvió con ansias, y mientras se movían buscando fricción entre ambos, comenzó a darse cuenta de que estaban dentro de una bañera, de esas de porcelana, enormes y antiguas.

Pero que increíble golpe de suerte…, pensó antes de volver a perderse en el beso con Draco, el cual paulatinamente iba cobrando más intensidad.

Como para confirmar ese hecho las manos del rubio se posaron sobre las piernas de la castaña y fueron ascendiendo lentamente. Cuando tocaron el borde de sus bragas, Hermione no pudo evitar soltar un gemido que enloqueció al propio Draco. Pero no se detuvo allí, sino que siguió hasta la curvatura baja de la espalda y la dejó allí, de un modo agónico.

Más cuando la chica pegó más a él sus caderas con un fin nada casto, se dio cuenta de lo que Draco ya sabía: No había suficiente espacio.

La confusión la distrajo lo suficiente como para pensar con claridad. Tenían que salir de allí antes que los pillara algún profesor. Momento, una voz interrumpió, Draco es un profesor. Peor.

Tenemos que salir de aquí cuánto antes, las clases están a punto de empezar. Espero...


_ ¿Hermione?- Draco murmuró dándose cuenta de repente de que la castaña había dejado de retorcerse y estaba mortalmente quieta- ¿Estás bien?- pregunto intentando no sonar demasiado preocupado. Al principio no contestó, pero sintió como ella se movía intentando incorporarse. Excelente, pensó, acaba de arrepentirse.

- Mmm… ¿Draco?- susurró entonces ella preocupada contra su oído, haciéndole estremecer.

- ¿Hum?...- fue todo cuanto consiguió decir por respuesta. Inconscientemente comenzó a jugar con un rizo de cabello castaño que bailaba libre sobre su frente.

- Draco no puedo…- susurró entonces tomando una bocanada de aire, sin poder continuar. Aún en aquella infinita oscuridad, creyó ver sus mejillas sonrojarse. Entonces vio sus cuerpos entrelazados en aquella bañera, donde no se podía distinguir que era de quien, y entendió el apuro de Hermione.

- No puedo llegar a mi varita…- la chica susurró nerviosa.

- Pues yo tampoco puedo- le corto él divertido al ver como ella palidecía- Y a menos que quieras investigar en mi pantalón…- susurró sugerente contra su oído- Nos quedaremos aquí el resto del día.- suspiró dramático, como si a él le apenara no dar clases a los mocosos de primero.

Mas su respuesta tuvo el efecto deseado en Hermione, quien empezó a retorcerse como posesa sobre él.

- Pues yo no el faltado a clases un solo día, descontando el año pasado, claro está.- dijo mirándolo con reproche- Y no voy a empezar hoy.- le cortó- Ahora abre las piernas.

- ¡¿Qué?!- nada de lo que ella le hubiese dicho lo abría sorprendido más.- Creía que esa era mi línea.- susurró mirándola fijo.

- Eres imposible- ella le respondió, pero podía ver como volvía a ponerse colorada- Necesito salir de aquí y necesitaré donde apoyar mis pies cuando me haya impulsado.- lo dijo con convicción, aunque volvió a sonrojarse. Esta vez, Draco obedeció.

- Ahora…hum…- la chica murmuraba cohibida mientras retrocedía unos centímetros sobre él. Parecía buscar un lugar donde posar las manos. Sin más, Draco se las cogió entre las suyas y las llevó a su pecho.


Hermione sintió el pecho firme y torneado de Draco debajo de sus manos heladas, que sujetaban las suyas con fuerza, y sin más empezó a hiperventilar.

¡Oh, vamos!, su subconsciente gruño, ¡Para de temblar de una vez! Además, no es como si no lo hubieras tocado antes.

-Vamos- Draco habló haciéndose eco de la voz. Pero Hermione notó con cierta satisfacción, que el también parecía afectado por el contacto.- A la de tres. Uno. Dos. ¡Tres!

Hermione lo miraba confundida sin saber por qué contaba, hasta que recordó que debía impulsarse para que pudieran salir de allí.

Con una fuerza que no sabía que tenía, Hermione se puso de pie, tambaleándose. Y hubiera caído contra el borde de no ser porque las manos de Draco la sujetaron fuerte.

Lentamente, puso un pie y luego otro fuera de la bañera. Luego le tendió una mano para ayudarlo a salir, cosa que hizo mucho más grácilmente.

Una vez fuera se miraron las manos entrelazadas sin saber si soltarlas o no. Otra vez, su marca junto a las palabras tatuadas en mi piel lucen extrañamente bellas juntas, pensó Hermione. Como destinadas a entrelazarse la una con la otra.

Draco entonces apretó su mano, resolviendo el dilema, a la vez que decía:

- Así que, soy tu novio, ¿eh? ¿Y eso exactamente cuando pasó?

Hermione le propino un puñetazo amigable en el hombro.

- En el momento en que decidiste corromper mi perfecta inocencia.- replicó airada.

- ¿Corromper, ah?- el Slytherin murmuro haciendo una mueca pensativa.- Yo no lo recuerdo así…- pero esta vez se apartó antes de que Hermione lo golpeara.


- ¿Qué pasó con tus padres?- preguntó él al cabo de un rato, tan serio que Hermione se alarmó.

- No es nada…- la leona replicó quitándole importancia, pero él vio los ojos brillosos de lágrimas contenidas.

- Hablo en serio.- repitió- ¿Están bien?

- ¡Pues sí!- Hermione exclamó entonces molesta - ¡Lo suficientemente bien para irse de crucero a Australia sin mí en nuevo año!- chilló antes de comenzar a sollozar.

- Shh…Ellos van a recordarte- murmuró atrayéndola hacia sí mientras pasaba las manos por su cabello en un gesto que esperaba, fuera relajante. Recordaba vagamente a McGonagall murmurando cosas sobre los padres de Hermione y como el propio talento de la chica en encantamientos había sido su destrucción.- Ellos van a recordarte…- repitió.

-¡¿Cómo lo sabes?!- ella pregunto entonces en un hipido, apartándose para mirarlo a la cara.

- Porque…- Draco susurró despacio mientras la atraía de nuevo hacia él.- habría que estar muerto para olvidar haberte conocido…- terminó dándole un tierno beso en la coronilla.

Pero sus palabras no tuvieron el efecto deseado en la castaña, quien lo aparto a empujones.

-¡Entonces si mis padres no me recuerdan están muertos! ¡¿Es lo que intentas decirme?!- le gritó furiosa- Mis padres están muertos...-repitió antes de dejarse caer al suelo, donde sollozó calladamente hasta calmarse, por lo que pudieron ser horas.

Cuando alzó la mirada, ya más calmada, se sorprendió de encontrar al rubio en la misma posición, apoyado contra la pared, de brazos cruzados, sin haberse movido.

- ¿No tienes clases que dar?- le preguntó monótona. Pero el negó con la cabeza, divertido a tiempo que se acercaba a ella y la ayudaba a ponerse de pie.

- ¿Qué hora es?- pregunto más agitada- ¡Merlín! ¡¿Cuánto llevó tirada en el suelo?!

- Tranquila.- él le increpó dándole un tierno beso en las comisuras de la boca- Solo te perdiste Historia de la Magia, y dudo mucho que Binns se haya percatado de tu ausencia. Ya sabes lo que dicen,- exclamó pasando las manos por su cabello.-El tiempo vuela cuando estás muerto.

La intención de Draco era que el chiste animara a Hermione, pero solo pareció deprimirla aún más, recordándole aquella estúpida idea de que sus padres estaban como muertos.

- ¿Y ahora que voy a hacer?- exclamó melodramática dándose cuenta que no llevaba los libros encima.

- ¿Hacer? Haremos, dirás- Draco bufó ofendido.

- Bien, ¿Qué haremos ahora?- Hermione preguntó cansada. Draco esbozó una sonrisa maliciosa.

- Ahora,- susurró contra su oído- Bebemos Whiskey.


- Draco- Hermione murmuró cansada, mirando a su novio como si se hubiera vuelto loco- No voy a volcar mis penas en alcohol, no importa que tan ondas sean.

El Slytherin borró la sonrisa al instante, y ahora lucía irritado. Hermione rememoró sus palabras lentamente, sin encontrar en ellas nada malo.

-No importa.- el rubio murmuró - Debí de suponer que eso no iba contigo...-gruño molesto-

-¿Qué significa eso exactamente?

- Es tarde.- dijo por toda respuesta. Le miró molesta.

-Draco, no voy a ir a ningún lado hasta que completes esa oración. Independientemente de las agujas de un reloj.

- Como quieras- gruño cogiendo la capa con más brusquedad de la necesaria. Ni siquiera se había percatado de que se la había quitado. Debió ser cuando estaba en el suelo, pensó fugaz

_ Quería invitarte a una cita el jueves, en Cabeza de Puerco, que es más discreto. Beber unas cuantas copas de whiskey. ¿Cómo la tradición irlandesa, una copa de Whiskey por los muertos?... Olvídalo.

-Mis padres no están muertos- ella dijo cortante.- Y no uses expresiones muggles si no sabes su significado.

-¡Parsel, Hermione! ¡Lo sé! La jodida biblioteca de McGonagall está repleta de literatura muggle. Y solo fue una idea.- dijo pasándose las manos por el cabello.- Tal vez yo necesite llorar a mis muertos, son muchos, de hecho.- agregó sarcástico, pero ella podía ver que seguía molesto. ¿Cómo llegamos a esta discusión?

- Bueno, ¿tal vez podríamos ir a…pasar el rato?_ ella lo interrumpió, acercándose a él y pasando sus brazos por el cuello del chico-El sábado estaría bien.

- ¿Sábado?- repitió apretando los labios- Es el partido- lo cual le vetaba el día ambos, Ginny jugaría, Hermione recordó.

- ¡Bueno entonces olvidémoslo! - le respondió perdiendo la paciencia- Nada de salidas a Hogsmade, ni cervezas. ¡Nos veremos en el partido! – le chilló como si no lo supiera ya. Estaba tan molesta. Ahora que eran novios no podían salir a ningún sitio porque el simple hecho de verlos juntos haría que Kingsley metiera a Draco en Azkaban, sin pensar en las reacciones de sus mejores amigos.

- Podría hablar con McGonagall y decirle…

- ¿Qué necesitamos una capa invisible tamaño extra King? – ella se burló histérica- Suerte con eso.

Pero la reacción del rubio no fue en absoluto la que esperaba.

-No es mala idea.- fue todo lo que dijo contemplándola serio. Ella lo miro esperando que dijera que era una broma.

- A menos que cargues con un litro de Félix Felixis en las venas, lo cual dudo mucho, es la peor idea que tuvimos hasta ahora. ¡No fabrican esas capas, Draco! La tela se expande y…

- Olvida la capa- Draco masculló irritado, jalándola hacia él.- Vamos a hacernos invisibles.- le susurró sonriendo de lado, antes de susurrarle palabras al oído.

Y a continuación procedieron a besarse el uno al hasta perder el sentido, habían dado con la respuesta.

Finalmente, los amantes se encaminaron a sus respectivos destinos con la promesa de enviarse lechuzas al día siguiente.