"Te Encontré."
B.B. Asmodeus.
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Fandom: Gotham (2014).
Parejas: Jim Gordon/Bruce Wayne & Alfred Pennyworth/Harvey Bullock. Menciones de Bárbara Kean/Lee Thompkins, Selina Kyle/John Blake, así como implicaciones de Jim Gordon/Otros.
Rating: Adult.
Resumen: Desde el momento en que Jim viró hacia sus espaldas, su destino estuvo marcado. (Alfa/Omega/Beta 'verse)
Continuidad: Rise of The Villains. Situado durante los hechos del episodio 2x04 "Strike Force." He cambiado, sin embargo, la secuencia de algunas escenas para mi conveniencia.
ADVERTENCIA: GALAVAN SIENDO GALAVAN.
Nota importante: Estoy increíblemente triste por la próxima cancelación de Gotham. Acabo de ver el Season Finale de la 4ta temporada, y la última toma fue tan hermosa y perfecta entre Jim y Bruce, que pensar que solo tendremos 13 episodios más hasta Enero del 2019, me rompe el corazón.
Sin embargo, el show debe continuar, ¡y así también lo hará Te Encontré!
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25.
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"Perteneces aquí.
Hemos esperando por tanto tiempo.
Perteneces aquí.
He esperado por tanto tiempo."
-Leagues.
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"¿Va en serio, entonces?"
Jim cortó un pedazo de cinta adhesiva con sus dientes. La cabeza de Harvey no fue visible a la primera, considerando la montaña de cajas de cartón que le obstaculizaban el camino.
"¿Creías que había estado bromeando? Te dije que necesitaba tres días de descanso para lidiar con la mudanza."
Harvey quitó dos cajas de sus narices. Su cara, cuando resurgió, estaba rebosando con deleite. "Cediste."
"No empieces."
"Después de meses y meses afirmando que nunca te volverías a convertir en el parásito monetario de una relación, después de alegar que tu orgullo de macho nunca te permitirá convertirte en un mantenido…"
Jim retiró su sudadera húmeda para arrojarla directo al bocón. "Te llamé para que ayudaras, no para recibir un psicoanálisis de mis acciones. Empieza a empacar."
"A sus órdenes, Amo Gordon."
La risa le aflojó gran parte de la ansiedad que Jim había tenido enraizada en su pecho. Con buena razón, había necesitado ver a Bullock tan siquiera un rato. "Al final, lo más básico fue lo que convenció."
Harvey se retiró la fedora y la chaqueta. "¿Oh, sí?" Aprovechando que el refrigerador seguía conectado, extrajo una cerveza.
Jim lamió sus labios. "Soledad."
"Ah." Harvey destapó otra cerveza para Jim. Las botellas hicieron click, al juntarse en brindis. "Por tu felicidad, hermano."
En sí, Jim no era dueño de mucho. Mayormente ropa y artículos personales. Los pocos muebles que había comprado los guardaría en una bodega alquilada, todavía inseguro si mandárselos a su madre, o venderlos. No buscaba hacer alboroto al respecto. Su madre haría preguntas que sólo llevarían a momentos incómodos. Jim no había hecho mención previa de Bruce. Ni a ella, ni a su hermano.
Llenaron el auto de Harvey de la primera carga de cajas. Durante la larga trayectoria al terreno aislado de los Wayne, anticipación pulsó por debajo de su piel, erizando los vellos de sus brazos. Se sintió decisivo, tomar este paso.
Se sintió real.
Más real que firmar un maldito papel.
"Hogar, dulce hogar." Harvey apagó el motor, una vez estacionado en la parte delantera del precinto Wayne. Jim, siempre el impulsivo, no encontró utilidad en dilatarse. Se disparó de la cabina, haciendo señas a su compañero para tener acceso a la cajuela.
Alfred se apresuró a abrir las dos puertas de la entrada principal, anclándolas al piso para mantenerlas en la misma posición, el tiempo que fuera necesario. Estaba preparado para ser lacayo por el día, vistiendo ropa deportiva.
Después de ayudar con una caja y regresar por más, el Alfa miró a Jim con lastima. "¿Es esto todo, Gordon?"
Gordon rodó sus ojos. "Hay más cosas en mi departamento. No estaba seguro qué traer y que no, para ser honesto. No quiero estorbar."
"Tonterías." Alfred batió una mano al aire. "Trae todo lo que tengas. No es como si nos faltara el espacio."
Jim mordió su labio. "No lo sé."
"Amo Bruce se ha encargado de encontrar espacio para ti. Te digo, hombre, no te apures."
"Hablando del Rey del Castillo, ¿dónde está?" En lugar de ayudar, Harvey prefirió sentar su trasero en el pasillo, viéndolos entrar y salir, excusando con dolor de ciática. Que conveniente.
"Son las nueve de la mañana, ¿dónde crees? En el Colegio. No fue fácil patearlo de la cama, lo admito. El chiquillo pensó en mil y una excusas para quedarse a ayudar el día de hoy. Un trato, es un trato, sin embargo. Y nada odia más ese chico que tener su honor puesto en duda."
Para el segundo viaje, Alfred les prestó una camioneta para cargar con los muebles medianos, optando por desertar. Por lo menos, les prometió un almuerzo completo a su regreso.
"Vas a engordar." El gruñido fue producto del esfuerzo al cargar con la base de la cama y la habilidad de Harvey para no saber cuándo cerrar su boca. "No tienes idea lo que ese hombre es capaz de sacar del horno. Te doy una semana para que llegues a mi talla."
"Sabré cómo quemar las calorías—No, lo sueltes, ya casi llegamos—¡Deja de distraerte, Harvey!"
"Mi espalda va estar gritándome. Mierda, aquí vamos." Con un último impulso, la mitad de la base fue subida a la bodega de la camioneta, auxiliada por el jalón que Jim proporcionó del lado opuesto, ya arriba de la camioneta. Al terminar con los demás muebles de tamaño pequeño, Harvey necesitó recuperar oxígeno a sus pulmones por un buen rato. "Dime que no sigue el refrigerador."
La tentación de decir Sí estuvo allí, solo para ver la cara de Bullock. "Nah. Los electrodomésticos venían con la renta. Le pertenecen a Mary."
"Sí existe un Dios, después de todo."
Tres horas después, Jim estaba jurándose a sí mismo nunca realizar una mudanza por su cuenta. Al diablo su orgullo de alfa. Ya no tenía veinte años.
Al tercer regreso a la mansión, Bruce ya estaba allí. Jim lo encontró husmeando en el contenido de una de las cajas que se había movido a la cocina para crear más espacio en el lobby.
"¿Se te perdió algo?"
Atrapado en el acto, Bruce alzó sus manos en similitud a un ladrón siendo rodeado por las autoridades. Jim aprovechó el espacio debajo de sus axilas para introducir sus propios brazos. Cubrió el torso de Bruce en un apretón, suelto en el sentimiento de tener al joven en su cercanía. La suma de su olor, el sonido de sus risas al ser capturado, y la sensación del contacto de su nariz con el cuello de Wayne, alimentó a la bestia de su núcleo. El Alfa jugueteó, usando al hombre mortal para comunicarse. Un pellizco por ahí, un cosquilleo por allá; tuvo en entero a Bruce a la merced de su buen humor.
"¿Qué andabas mirando?" Sin soltar el cuerpo del chico, Jim medio abrió la caja. Encontró cuadros con fotografías de la Academia y viejos trofeos de la preparatoria.
Bruce se escurrió de su abrazo. Con el sonido posterior del refrigerador abriéndose y cerrándose, Jim supo por qué. Una lata de Coca-Cola se le fue ofrecida por su ardua labor, evidenciándose en su camiseta sudada. "Estaba viendo que fuiste el primero de tu clase." Malévolo humor delineó la curva de la sonrisa del muchacho. "Y el más viejo también."
"Que falta de respeto." La Cola fue refrescante para su garganta, aunque no tan burbujeante como esta nueva cara de Bruce Wayne. "Comienzo a arrepentirme. No estoy seguro de querer lidiar con tu insolencia a diario."
Aun tomando de la maldita lata, la boca de Bruce estuvo en duelo con la risa vibrando de su garganta. "Alfred puede darte tips."
"No lo dudo." Lamiendo sus labios de carbohidratos líquidos, Jim se permitió registrar la silueta de Bruce de pies a cabeza. El uniforme escolar había regresado. La textura del saco había sido lisa y suave a su tacto. Bruce había olido a algo nuevo. "Te sienta mejor que antes." El uniforme ya no vestía al joven, sino el joven estaba domando el uniforme. Jim no podía creer lo rápido que Bruce estaba creciendo.
"Deberías ver mi uniforme de esgrima." Bruce añadió con aire inocente.
Jim esclareció su garganta. A la distancia, maldiciones reproducidas en la voz de Bullock retumbaron hasta la cocina. Se movió en dirección de la salida, rozando el costado del Beta durante el proceso.
Frenó en seco, porque Bruce fue un obstáculo que se plantó en el momento menos esperado. Empujado por las manos finas hasta que la espalda del Alfa golpeara la barra de la cocina, Jim fue manipulable para los antojos del Beta de manera ridícula. Ridícula, como también la inyección de adrenalina al ser jalado del cuello de su camiseta.
Fue para reírse, el poder que la boca de Bruce tenía en él, haciendo laxos sus ángulos duros. Bruce fue un arma blanca, precisa con hoja, y dolorosa con el corte entre el medio de su pecho. Jim sintió las manos inmateriales de Bruce abrirle su esternón, introduciendo un puño, haciendo de lado sus pulmones, y yendo directo por el motín que bombeaba sangre a su ser.
Jim no necesitaba consultar con el muchacho para tener la certeza de que Bruce finalmente estaba contento por salirse con la suya. Le quedó claro con la insistencia de la boca de éste, plantando besos toscos por la mejilla de Jim hasta las comisuras de sus labios.
Risillas algo incrédulas rebosaron del Detective. Tal dulzura era rara.
A ciegas, los labios de Wayne le persiguieron ante el ligero retroceso de sus rostros. Cuando Jim le detuvo sosteniendo su mentón, gruñò. Sus ojos eran pozos negros y sus labios dos colchones rosáceos. Con su pulgar, Jim aplastó el labio inferior. Bruce reaccionó acorde al gatillo, haciendo lo posible por escalar a Jim Gordon en el medio de la maldita cocina.
Gordon fue elusivo en su escape. Escuchó el gruñido del Beta al ser abandonado en la barra. Sonrió.
"No hay recompensa para los que no trabajan, Bruce."
Fue ayudar a Harvey.
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Alfred tenía reglas.
Muchas.
Muchas de ellas hacían alusión al mismo objetivo, sólo con diferentes frases.
"Creo que ya rompimos la número uno." Jim le murmuró, tras leer la larga lista en papel y pluma que Alfred había repartido al comenzar el almuerzo.
Bruce no podía sentirse culpable al respecto. Lo que Jim y su persona habían compartido en el sofá, había sido extraordinario. Técnicamente, si Alfred no había estado viviendo en la mansión, no caía en su jurisdicción.
El joven resopló. "Si seguimos esta tonta lista, ni siquiera podríamos mirarnos a los ojos."
James lo encontró de lo más gracioso. Al retorno de Alfred a la cocina, el Alfa estuvo preparado para un contraataque. "Si sabes que vivimos con un adolescente, ¿cierto?"
"Como olvidarlo." Alfred habìa tomado una ducha. Su cabello estaba húmedo. "¿Tienes un punto?"
James alzó sus cejas, y a su vez la lista de papel. "Te recomendaría hacer un ajuste de la realidad de tus expectativas."
Bruce escondió su sonrisa con su palma. Si Alfred lo miraba podría mandarlo a Suiza sólo para darle una lección.
"Mira, Gordon. Sólo porque vivirás aquí no significa que este tren tiene que descarrilarse."
"¿Tren? ¿Te refieres a mí?"
"-Dios sabe que el amo Bruce utiliza cualquier excusa para distraerse-"
"¿Por qué soy un tren en la analogía?"
"-Es sentido figurado, jovencito." Alfred le apuntó un dedo acusador. "¿Ves? Se cree muy gracioso y no toma las cosas en serio."
"Sí lo hago." Bruce frunció el ceño. "Me matriculé de regreso a la escuela que detesto. Estoy atendiendo a galas aburridas. ¿Qué más esperas de mí?"
"Que te comportes." A pesar del comando, Alfred fue suave al clarificarse. "Sé que es esta lista es una tontería. ¡De acuerdo! Pero, quiero confiar en ustedes dos, inclusive si este lugar no es mío por nombre o ley. Sigo siendo tu guardián, aún tengo que rendir cuentas sobre el comportamiento de ustedes dos frente a la Corte de Emparejados."
"Alfred, este lugar es tu hogar. Siempre lo será." Culpa por acontecimientos pasados, todavía le pesaban en la consciencia. Volteó hacia su derecha. Jim levantó su mirada de su taza con café al sentir la mano de Bruce sobre la suya. El rubio le mandó una minúscula sonrisa, otorgando apoyo moral. "Me comportaré." Prometió con una expulsión de aire petulante.
Alfred volteó hacia James.
El Alfa se encogió de hombros. Lo más cercano a un acuerdo que le sacarían de su persona.
"Bueno. Con ese tema tacleado. ¿Qué esperar para mostrarle a Gordon sus aposentos? No podemos tener las cajas en eterna exhibición por el vestíbulo."
James no lucía emocionado. Bruce, sin embargo, brincaba sobre los arcos de sus pies en anticipación. "Por supuesto."
Cuando tomaron el elevador, la intriga traicionó al Alfa. Bruce aprovechó el inexistente espacio del cubículo. Su mentón rozó con el límite del hombro de James, jugando.
"Bruce."
"¿Sí?"
James le miró de reojo. "¿Qué fue lo que dijiste sobre comportarte?"
La jaula de metal que los tenía en posada se detuvo. Bruce extendió las cadenas de la puerta del elevador con cautela. La iluminación era limitada a pesar de las previas preparaciones para hacer del ático un espacio más habitable. Cinco días con las ventanas abiertas no habían sido suficientes para eliminar el hedor a antigüedad y olvido. Ni Alfred, o el mismo Bruce, tenían una idea de la cantidad de años en la que la bodega había pasado sin uso alguno. Bruce no recordaba que sus padres le hubieran dado algún tipo de uso.
"Sé que ser independiente es importante para ti."
Le invitó a un titubeante James con una mano extendida, a adentrarse al espacio vacío.
James salió de la cabina, ojos entrecerrados en examinación minuciosa. Su mano atrapó la de Bruce, aceptándolo como guía.
"Todavía no terminamos con la limpieza y Alfred quiere verificar que la construcción esté segura antes de que instales-" Bruce lo llevó al centro. "-pero es tuyo. Todo este espacio. Para que hagas de él, lo que se antoje."
Tomó un momento para que el impacto de su declaración en verdad golpeará a James. Sus ojos se engrandecieron. Su boca se abrió, un fila de protestas ya por salir.
"No." Bruce inyectó toda la firmeza de su genética Wayne. Se plantó frente a James en cuerpo y en voluntad. "Es tuyo. No hay vuelta atrás. Si me rechazas ahora por tu tonto orgullo, juro-"
"¿Harás que? ¿Regresarme por donde vine?"
Bruce apretó sus labios. Respiró hondo, decidiendo que la ofensa no era la mejor defensa contra Jim Gordon. "James, tengo todo este lugar y muchos otros." Estiró sus brazos a su alrededor. "Vacíos. Sin nada que tenga significado verdadero para mí o una utilidad… Por primera vez, me gustaría compartir la mansión con las personas que son importantes para mi. ¿Qué hay de malo en eso?"
Jim comenzó a caminar por la azotea, evaluando el terreno. Al final, el suspiro del Alfa fue la respuesta que Bruce necesitó para saber que había ganado.
De nuevo.
"Gracias." Masculló el hombre, doblando su torso para tener a Bruce cara a cara de nuevo.
Bruce se acercó. Sus manos acogieron las del Alfa. Utilizó el impulso de las plantas de sus mocasines para acercar su rostro—
—Jim lo encontró a la mitad del camino. Sus labios llegaron a la meta en conjunto, suavidad y cierta ligereza, filtrándose en el beso. Las manos de Jim cubrieron el rostro de Bruce con una delicadeza que estremeció. Siempre le afectaba la manera con la Jim mostraba verdadera gentileza. Bruce sabía que tal cosa no le era fácil.
Bruce estaba vibrando de la emoción al final del beso, agarrado de los antebrazos del Alfa en jugueteo.
Jim rodó sus ojos. "No esperes que se haga costumbre, yo cediendo a tus ideas locas."
"Claro que no."
"Hablo en serio."
"Sé que lo haces." Bruce asintió. Se desprendió de Jim para regresar al elevador. "Vamos, déjame enseñarte tu recamara."
Las cejas rubias de James casi salen volando de su rostro. "¿Mi recámara?"
"¡Claro!" Fue el turno de Bruce para girar sus ojos. "En verdad no esperabas que te dejara pasar la noche aquí, ¿o sí?"
La habitación para huéspedes no había sido usaba en años. Bruce recordaba a su tía Agatha visitando en su sexto cumpleaños, pero desde entonces, Martha había mantenido la recamara en buen estado para nadie en especial. Conociendo la alergia de James a cualquier tipo de lujo, Alfredo había tratado de dejar la decoración de la recámara lo más sencilla posible. Espartana, lo había llamado.
"Tienes tu propio baño." Bruce apuntó a la tina, al retrete, a la cama, a la ventana, al escritorio, estudiando la reacción del otro hombre detenidamente.
La eterna incomodidad de James seguía visible, pero se notó que hizo un esfuerzo por tranquilizar la ansiedad de Bruce con una pequeña sonrisa siempre presente. Descubrieron que Alfred ya había colocado las maletas de James al pie de la cama y la vieja televisión del detective había sido acomodada en el escritorio sin conectar, cable colgando sobre la alfombra.
En quietud, Alfa y Beta tomaron asiento sobre la cama, lado a lado. "¿Estás bien?"
El Alfa se agachó, brazos ahora recargados en sus muslos. Con manos entrelazadas, Jim fue una figura de cemento, como las estatuas que formaban parte del jardín. "Sólo… Sólo necesito aclimatarme, supongo. Imaginarme aquí, en verdad viviendo aquí."
Bruce tragó saliva. Sus propias manos en juntaron para sobarse juntas, ahora un poco sudadas. "Espero que eventualmente, puedas hacerlo."
"Un dia a la vez." Jim se tornó hacia Bruce, de nuevo sonriendo. "¿Quiere ayudarme a desempacar?"
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Cuando el Capitán Nathaniel Barnes hizo su entrada, con un Bang, y una lista de policías despedidos, Jim sintió esperanza. Barnes fue una fuerza de la naturaleza, un tornado llevándose consigo todo a su paso.
Bullock no estaba tan impresionado. Lo hizo saber con sus rezongos y su usual mala actitud. Todos tenían una cola que pisar en la Comandancia, después de todo. Jim comprendió el miedo en la mirada de Harvey, pero no tenía forma de tranquilizarlo.
Tal vez Jim estaba siendo demasiado ingenuo al querer encontrar linea rectas en el sistema de justicia que regía la ciudad, pero con un demonio, fue satisfactorio por fin encontrar a alguien con las mismas convicciones.
Al dejar a Bullock con su mal humor, Jim pasó por la morgue, donde McGinnis practicaba en el más reciente homicidio.
"Hola." Tocó en el marco de la puerta abierta, y la situación pronto tomó giro bizarro. McGinnis, con una mano bien clavada en las tripas del difunto, alzó su cabeza de su investigación. "Veo que estás entretenido."
"¿Qué hay?" McGinnis masculló, sus dedos no dejando de moverse dentro del cuerpo. "Oí que tenemos nuevo jefe."
"Así es." Jim cerró la puerta trás de sí. No había manera delicada de comenzar esta conversación, pero después de ver a Barnes sacar trapos al sol de sus antiguos camaradas, Jim tenía que tener la certeza de a cual lista McGinnis podría pertenecer. "Es un hombre que el GCPD realmente necesita. Quiere limpiar la estación de mala yerba."
"Y estás aquí, compartiendo la propaganda, ¿por qué exactamente?"
Jim se sostuvo de la mesa de metal donde descansaba el cadáver. Esperó a que los ojos oscuros de McGinnis se conectaran con los suyos, para entonces, sacar las palabras de su garganta. "Necesito saber. ¿Estás limpio, o serás otra yerba que arrancar desde raíz?"
Terry resopló por sus narices, su expresión afilándose como un arma. "Wow. Peter Gordon debe estar orgulloso. Eres cada centímetro de imbécil que el viejo quería que su prodigio se convirtiera."
"Es una pregunta válida, considerando tus antecedentes."
"Vete al diablo." Así de sencillo, Terry regresó a su tarea, ignorando a Gordon. "No dejes que la puerta golpee tu trasero indignado en tu camino afuera."
Jim apretó sus dedos alrededor del metal. "Sólo intento ayudarte. En caso—"
"No necesito tu ayuda. No somos amigos. Si el bulldog de Barnes olfatea algo de mi, será mi problema. Así…" Un bazo fue expulsado del cuerpo para ser guardado en una de las bandejas que Terry tenía alineadas en la mesa de examinación. "No se produzca más canas a favor de mi protección, Detective. Duerma bien."
De acuerdo. Jim se separó de la mesa. Si así era como Terry quería jugar.
Entre adaptarse a su nuevo lugar de hospedaje y los cambios que Barnes estaba provocando desde su entrada a la comisaría, no fue una sorpresa, que Jim necesitó hacerse cargo de un asalto a mano armada para exorcizar unos cuantos demonios por el resto de la tarde.
Se deslizó más allá de la media noche a la mansión, tras haber prolongado su regreso a dormir haciendo papeleos atrasados. Todos estaban dormidos y su recámara estaba tan intocable como la había dejado. Su televisión había sido conectada.
Jim tomó una ducha usando su propio shampoo y su propio jabón. Usó su propia toalla secarse, usando cualquier artefacto a su alcance como arma ante un enemigo que él mismo se estaba creando.
La opulencia, el lujo, el eterno olor a Wayne—le picoteaba la consciencia. Por no decir, su maldito orgullo de antaño.
Bajó a la cocina lo más silencioso posible.
Alfred había tenido la delicadeza de albergar la marca de cerveza que a Jim le gustaba. Así como la amabilidad de dejar restos de la cena en el refrigerador con una nota dirigida a Gordon. Jim metió el pollo asado al microondas y comió parado en la barra, viendo hacia los jardines exteriores con cierta curiosidad por conocerlos más a fondo. Cuando tuviera tiempo.
Al regresar al segundo piso, se dio cuenta de la luz iluminando la orilla de la puerta de la habitación de Bruce, en la dirección opuesta a donde la recamara de huéspedes se encontraba. Dudó por un momento, manos metidas en los bolsillos de su hoodie.
Tocó en la puerta. No hubo respuesta. Se atrevió a abrir la puerta una franja.
Bruce se había quedado dormido sobre su escritorio. Cómo, considerando la música metal saliendo de sus grandes audífonos, era una misterio. Jim se adentró a la habitación con cautela.
En el escritorio, debajo de los brazos doblados de Bruce, descubrió que los dibujos de tinta negra e imaginación tétrica, continuaban. Bruce seguía expresando sus temores por medio de bosquejos de figuras monstruosas.
Jim frotó los hombros del chico para ayudarle a despertar. "Oye. Te vas a enchuecar como un pretzel en la mañana."
Bruce gorgoreó protestas cuando se le retiraron los audífonos de su nuca. Su cabeza se movió de un costado al otro, adormilado. Jim suspiró, resignado a ser la grúa personal del chico, por esta noche.
Bruce fue moldeable para sus brazos al ser transportado a la cama. Jim lo acomodó boca arriba, tapando la mitad de su torso.
En despedida, acarició sus mechones castaños.
Al regresar a su habitación, Jim se tiró boca abajo. Cayó dormido en instantes.
Fue despertado minutos antes del amanecer por nadie más que por Barnes. No fue bonito.
"Nos vemos en la Academia." Y la llamada se cortó. Veinte minutos después, Jim estaba listo.
Para su sorpresa, al bajar para tomar alguna fruta para comerse en el camino a la Academia, encontró a Alfred haciendo el desayuno.
"Oh, buenos días, Gordon. ¿Cómo dormiste? No te escuché llegar anoche."
"Buenos días." El olor era maravilloso. Jim fue guiado por él hasta el comedor, su idea de robar una manzana y huir de la escena justo como lo había hecho la mañana anterior, descartada por completo. "Dormí bastante bien, a decir verdad. Gracias… por la cena."
Panqueques hechos en casa. Eso era lo que olía tan rico. "No me imaginaba que a estas horas madrugabas, Alfred."
"Por favor. No tienes idea de la odisea que es tener al Amo Bruce listo antes de las 7. Ese chico encuentra cualquier excusa—"
"¡Alfred! ¡No encuentro la corbata de los jueves en ninguna parte!"
Alfred bajó la espátula y caminó hacia la silla del comedor destinada a su protegido. Cuando el Beta hizo su entrada dramática, Alfred alzó dicha corbata en su palma, lista para el adolescente.
Gruñón, fue corta la descripción de Bruce por las mañanas. Tomó la dichosa corbata de líneas amarillas y azules como si fuera una ofensa para su persona.
Alfred le lanzó un guiño a Gordon en cuanto le dio las espaldas a Bruce. Jim sacudió su cabeza en incredulidad mientras le agregaba azúcar a su café.
"Buenos días." Bruce gruñó, yéndose de nuevo. A su regreso, Jim ya tenía la mitad de su torre de panqueques consumida. Esta ocasión, Bruce estaba peinado, vistiendo su saco y oliendo a lluvia fresca. Repitió su buenos días con más entusiasmo.
Con Alfred ocupado en la estufa, Jim le guiñó un ojo. Bruce se sonrojó al instante, una tímida sonrisa apareciendo en su rostro.
"Bueno, ¿qué hay de nuevo en el mundo de la justicia, Gordon? Algo me dice que los periódicos no son de confiar si uno quiere los jugosos detalles."
"Estarías en lo correcto." Jim frunció su ceño, no acostumbrado a compartir sobre su día como una persona normal. "Bueno, para empezar, Harvey y yo tenemos nuevo jefe."
"¿En verdad? No lo mencionó."
Jim hizo una mueca. "Probablemente porque Harvey no es su fan #1." Hablar sobre Barnes, fue más fácil de lo que Jim imaginó. Les contó acerca de su entrada estelar a la estación, sobre los despidos cometidos y el ascenso de Jim a Segundo en Comando. Bruce estaba hipnotizado, masticando y escuchando cada palabra de su Alfa con toda la atención del mundo. "Es un poco radical, lo sé. Pero por lo menos quiere hacer cambios buenos para la ciudad."
Alfred masticó su ensalada de fruta con detenimiento. "Supongo. Sin embargo, en mi experiencia, personas como esa clase de… ímpetu Alfa, pueden llegar a ser bastante cabezas duras. Y el cambio que quiere realizar, no será de la noche a la mañana. Se va a topar con sinnúmero de paredes, y necesitará mucha paciencia."
Jim meditó en lo dicho. "Mn. Paciencia no es algo que tenga a montones."
"Es algo bueno que te tendrá a ti, entonces." Bruce opinó, justo antes de limpiar su boca con la servilleta.
Jim asintió, pensando en Essen. La extrañaban. Pero la mujer no estaba en ninguna disposición de recibir visitas después de su diagnóstico. Ni siquiera había aceptado ver a Harvey, alguien que conocía de casi toda la vida. Por ahora, tendrían que encontrar un nuevo ritmo con Barnes. No tenían opción.
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Al final de cuentas, encontrar ritmo con Barnes, no fue difícil. De la Academia extrajeron cuatro diamantes en bruto para servir a la ciudad, y Jim se encontró sumergido en la estrategia de Barnes como pez en el agua en cuestión de días.
Barnes le recordó a su padre, a la imagen inmaculada de justiciero que Jim había tenido de él, antes de crecer y descubrir las fallas inmensas de carácter. Barnes lo llamó soldado una y otra vez, de la misma manera que Peter Gordon lo había llamado Alfa en posesivo orgullo. Jim sabía cómo lidiar con personas como Barnes, porque Jim era una de ellas.
Eres un soldado, Gordon.
Eres un Alfa, hijo.
Como si eso les diera permiso de controlar el mundo.
"Un policía sabio dijo una vez: Si atrapas a un niño rompiendo una ventana pequeña, castígalo. Si lo dejas pasar, romperá otra. Después subirá una pared, robará una bicicleta. Robará una tienda, tal vez secuestre a alguien. El crimen sin castigo, es el crimen mismo."
Barnes era un león frente a los cuatros nuevos cachorros recién graduados de la Academia. Detrás de él, Jim y Harvey compartían miradas mientras el gran discurso llenaba de motivación a los nuevos cadetes.
"La ciudad se desangra… por la cantidad de omisiones que cometemos. Es hora de cerrar esa herida. Desde ahora… Nadie… será disculpado. ¿Para qué es esta Fuerza de Ataque? Para mostrar que esta falta de aplicación de la ley no se tolera… sino que se extinguirá con grandes daños. Caballeros, Dama… sus nuevos uniformes."
Álvarez, justo a tiempo, vino con la noticia que la Senadora Caulfield había sido asesinada. Después del atentado contra Galavan, Jim y Harvey fueron rápidos en encontrar el patrón.
Al llegar a la oficina de la senadora, había más sangre fuera de Caulfield que dentro de su cuerpo. Había sido acuchillada hasta la muerte, de manera repetitiva. Nadie merecía morir así. Ni siquiera una figura de la política que Jim tanto despreciaba.
Jim se fue directo con la asistente, testigo del crimen, que en primera se negó a cooperar. Jim olió su miedo, pero más que eso, olió su coraje. La chica era valiente, y Jim le obligó a darse cuenta de ello. Cuando la chica habló, sin embargo, la satisfacción no duró mucho.
"El hombre con el cuchillo era un tipo bajo, con ropas elegantes… Caminaba gracioso."
Mierda.
Oswald.
Harvey silbó, al llegar a la misma conclusión. Ambos detectives se miraron en silencio, sabiendo que sería mala idea abrir sus bocas con su descubrimiento.
Barnes ordenó que fuerzas policiales custodiaran a los demás senadores que estaban corriendo para Alcaldes. Gordon y Bullock regresaron a la estación junto con el cuerpo de Caulfield, asegurando que McGinnis le diera prioridad sobre sus otros objetos de práctica.
Una vez a solas en sus estaciones, Harvey fue el primero en irse a la yugular. "¿Por qué Oswald estaría yendo por senadores? No es su estilo."
Es la misma pregunta que quemaba a Jim con incertidumbre. "Tengo que verlo para averiguarlo."
"¿Eh? ¿Qué fue eso? Oh, sí. ¿Que Gotham es una ciudad de caminos rectos y nadie que rompa la ley debería escaparse de su castigo?" El susurro a su oreja fue ácido cayendo directo en su corazón. Jim apretó su dentadura. "¿Qué haces tú aquí afuera, entonces, amigo?"
La mano de Jim sostuvo la chaqueta de Bullock en plegaria silenciosa. Harvey se apartó, alzando sus cejas en desafío.
"Sólo siendo honesto, compañero." Bullock le apuntó un dedo en el centro del pecho, picoteando con fuerza. "Te he visto saltar al carril de la justicia junto con Barnes, pero antes de que te vayas demasiado arriba en la montaña rusa, recuerda que perteneces aquí abajo en la mugre, como todos nosotros, Jim."
Fue así de súbita la caída.
Harvey supo justo donde atacar, deshaciendo el castillo de naipes que Jim se había construído para evadir sus propios pecados. Por un momento, Jim odió un poco al hombre por no permitirle olvidarlo todo-comenzando con el trato con Oswald.
El siguiente ataque fue contra el Senador Hobbs.
A manos de Victor Zsasz.
Durante el enfrentamiento, el equipo de ataque demostró ser capaz de jugar en las ligas mayores. Pudieron proteger a Hobbs, aunque el duelo con Zsasz fue largo y con el asesino a sueldo llevándose la ventaja hasta el mero final.
Era oficial. El Pingüino estaba involucrado en la serie de asesinatos.
Jim esperó para tener la oportunidad de escabullirse a la mansión de Cobblebot. Harvey no lo siguió.
Una vez en el lugar, los guardias le dejaron pasar con facilidad. Esa debió haber sido su primer señal, de que algo andaba mal.
En el comedor, Oswald se encontraba a solas, sosteniendo su sien en un buen acto de amargura.
"Mataste a Caulfield." Jim escupió, en cuanto entró.
"Ahora no." Oswald ni siquiera le dio la cara.
Enfureció a Jim aún más. "¿Hobbs? ¿Eso tambien es tu culpa? ¿Mandaste a Zsazs allí?" Su gruñido retumbó por el comedor. La mecha estaba encendida y en consecuencia, su furia fue contagiosa en segundos.
"¡Es complicado!" Oswald le gruñó de vuelta. "¿De acuerdo?"
Ahora, a centímetros de distancia del Omega, Jim se percató de que había caído en una trampa. Sus fosas nasales respiraron hondo, reconociendo el anzuelo. "¿Cómo te beneficia interferir con la elección? Ya tienes tu propio imperio sórdido para dirigir."
Oswald se mantuvo en silencio un momento. Realizó una pobre imitación de una risa. Cuando alzó su rostro de nuevo, sus ojos estaban rojos, sus pupilas ligeramente dilatadas. Los principios de su celo se estaban acelerando, ahora que un Alfa estaba en su cercanía. Un Alfa con el que bajo circunstancias normales, compartía ya cierta afinación biológica.
"Alejate, Jim. Vete ahora."
Jim no se pudo mover, a pesar de la precaria situación. Quería respuestas, con un demonio. "El GCPD tiene un nuevo líder. No habrá más favores. No habrá más tratos… Si ellos se enteran de que tú eres el responsable de estos ataques vendremos por ti-"
Oswald se puso de pie de golpe, echándose encima de Jim hasta quedar nariz a nariz. "¡Encantador discurso! ¡En serio!"
Jim apretó su quijada.
"Me dio piel de gallina." El Omega estaba sudando. Su aroma fluyó por el lugar, salado como el pescado del muelle. Jim apretó sus puños con la potencia de la esencia. "Pero viniste aquí solo, Jim. Sin esposas, sin orden judicial, sin respaldo alguno, ¿por qué? Porque odiarías que tu nuevo Capitán se enterara de que le disparaste a Odgen Barker a sangre fría. Por una deuda." Un risilla. "Una deuda mía, peor aún."
"Intentó matarme." Fue una excusa débil, y Oswald lo vio.
"¿Dónde están tus testigos? Y justo el día antes, ¿supongo que no me pediste que corriera al Comisionado Loeb para recuperar tu trabajo?"
Jim no se contuvo, saltó hasta tener el pescuezo de Cobblepot en sus manos.
Esa fue la segunda señal que Jim debió haber atendido.
Porque en cuanto sus pieles hicieron contacto, algo muy erróneo se desembocó.
Mierda-mierda-mierda.
El beso fue una mordida a una manzana podrida.
Y una sola probada fue suficiente. En un parpadeo Jim se encontró en el otro lado del comedor, limpiando su boca. Su cabeza dio vueltas, al igual que su estómago. Oswald lo miraba desde el lado opuesto, todo su rostro rosado por su celo. El Omega esperó a tener la atención de Gordon fijada en su persona, para entonces limpiar rastros del beso de sus labios con su propia lengua.
"Vaya, vaya. Suma esto a la lista para tu querido Capitán. Me pregunto si nos harán compartir celdas cuando vengan por nosotros."
"Enfrentaré lo que sea."
"Igual que yo." Oswald le sonrió. "Adiós, Jim."
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En cuanto Gordon estuvo fuera de la propiedad, Butch entró al comedor con un trapo sobre su rostro para no oler las feromonas fuera de control del Omega.
Oswald rodó sus ojos ante su dramatismo. "¿Lo tienes?"
Butch levantó el VHS para que Oswald tuviera la seguridad. "Absolutamente todo, Jefe."
Con un gruñido de alivio, Oswald tomó de la copa con el medicamento supresor que el mismo Galavan había jurado trabajaba maravillas en pocas horas.
"¡Qué estás esperando! Encárgate del resto."
A estas alturas, Oswald no sabía que lo mataría primero, la angustia por recuperar a su madre, o el mismo Jim-endemoniado-Gordon y sus puños cuando se enterara de lo que Oswald estaba por hacer.
Oswald tendría que matar a ese maldito hijo de perra de Galavan primero.
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Diez horas después, saliendo de las duchas del GCPD, Jim comenzó a sentirse humano de nuevo.
Uso el traje que siempre guardaba de emergencia en su locker. Revisó su teléfono, donde el último mensaje había sido de Bruce, preguntando si llegaría a cenar. Jim había sido corto en su respuesta. No, y no llegaría a dormir tampoco.
De alguna manera, Jim encontraría la manera de recompensar su mala actitud. Pero, por ahora, Jim sólo quería dejar el día anterior fuera de su mente.
Encontró a Bullock acompañando a los cachorros en lo alto del segundo piso, cerca de sus estaciones. Los chicos estaban cuchicheando alrededor del chaleco antibalas de Fines. La adrenalina de estar vivos parecía ser lo único que los tenía despiertos y levantados.
Atestiguó a Harvey tomar asiento cerca de Fines. "Oigan. No deberían bromear sobre disparos fallidos. La siguiente bala podría darles en un ojo."
Los chicos dejaron de bromear al instante, murmurando Sí, señor, en diferentes tonos de obediencia. Jim encontró tal disciplina alentadora, y una parte de su persona se sintió responsable de que ninguno de los nuevos cadetes encontrarán balas en ninguno de sus ojos.
Barnes escogió ese momento para salir de su oficina, un pesado expediente siendo cargado en su manos.
"Muy bien, equipo. Reúnanse."
Todos obedecieron, formándose alrededor de la mesa.
"Hoy le daré a la Fuerza de Ataque su primer misión real. Construir un caso en contra del enemigo número de Gotham."
Entonces, Barnes dejó caer el expediente sobre la mesa. Jim leyó la etiqueta con el nombre, y su estómago tocó el piso.
"Es hora de acabar con el Pingüino."
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"¿Qué opinan? ¿Rojo?"
"Azul."
"Rojo."
Ni las mismas muchachas podían decidirse. Galavan suspiró, escogiendo el moño que mas iba con su complexión. "Azul, entonces."
"Quiero divertirme." Barbara quejumbró, lamiendo su paleta de helado en sensual petulencia. "Estoy harta de estar encerrada."
"Paciencia, Bárbara. Llegará tu momento."
"¿Cuando? Me siento inútil."
"Oh, pero estás totalmente equivocada." A través del espejo, Galavan no tuvo que fingir su sonrisa. Era un día jubiloso, después de todo. Las piezas estaban encontrando su lugar, o desacomodándose, más bien. "La información que me has brindado ha sido vital para nuestro plan. No te permitiré desvalorizarte de esa manera." El fuerte blindado en el que vivía Bruce Wayne estaba destabilizándose, lentamente pero de manera segura. Sería cuestión de tiempo para que Galavan encontrara una entrada. "Mientras el GCPD busca al Pingüino, robaré la oficina del alcalde justo en sus narices."
Secuestrar a la madre de Cobblepot estaba dando más frutos de los esperados. Y Galavan estaba exprimiendo cada gota de sus jugos.
"¿Qué hay aquí?" Barbara tomó sin permiso el paquete que recién había arribado esta mañana. La mujer lo sacudió, pero Galavan se apresuró a retirarle el tesoro de sus manos inquietas.
"Un arma, querida."
Bárbara sonrió. "Oooh. ¿Filosa?"
En su cabeza, las imágenes del videocasete se reprodujeron una vez más. Galavan río. Pobre James Gordon. Su comportamiento predecible sería su perdición. "Mortal." El sastre indicó haber terminando con sus medidas. Galavan miró su reloj de muñeca. Ah. Justo a tiempo. "Ahora, niñas. Tengo una cita. No esperen por mi."
El Regal Hotel fue el lugar perfecto para el encuentro.
Lo olió primero. A Wayne acercándose.
Venía acompañado por el mayordomo. Pennyworth. Alfa.
Theo se puso de pie. El chico se apresuró a la mesa estirando su mano para saludarlo.
"Señor Galavan. Gracias por venir."
"Es un honor. El placer es todo mio." Miel se derramó por su voz de manera intencional. Y Wayne consumió la dulzura.
"Lo esperaré en el vestíbulo, amo Bruce."
Ah. Perfecto. "¿Por qué no nos acompaña?"
"Es muy amable de su parte, Señor. Pero no creo que sea apropiado. Y sé que el amo Bruce quiere hablarle por su cuenta." Acto seguido, Pennyworth estaba jalando una silla para Wayne. Era para reirse. Un Alfa humillándose de tal forma ante alguien tan insignificante como un Beta.
Galavan se limitó a resoplar por sus narices de manera imperceptible. Una vez que Wayne tomó asiento, el mayordomo los dejó a solas. Justo como Galavan necesitaba.
Este dia era, en definitiva, jubiloso.
"¿Te gusta el lugar?"
"No he venido antes. Para ser honesto. No salgo mucho."
"Oh, pero eso puede cambiar. Siempre habrá un evento tedioso al que pueda arrastrarte."
"Yo solo quería aprovechar la oportunidad para agradecerle en persona, por salvar mi vida."
Galavan personificó su mejor suspiro de humildad. "Eres muy amable. La verdad es que yo… No sé qué me pasó. No estaba en completo control de mis facultades. Admito, sin embargo, que quería hablar contigo… cara a cara." Theon estiró una mano sobre el mantel en la dirección del chiquillo. "Respecto al homicidio de tus padres."
Wayne bajó su mirada, un golpe directo.
"Me parece asombroso que fallaran en hallar evidencia para identificar sospechosos en todo este tiempo."
Boom. Los ojos de Wayne ya estaban cristalizando y todavía ni tenían diez minutos sentados.
El Beta se dirigió a la ventana más que su acompañante, totalmente bloqueado. "Es decepcionante."
"Incluso la misma compañia de tu padre, Wayne Enterprises, no logró avanzar en la investigación. De cualquier modo, es impactante."
Para su sorpresa, el joven le dio frente, y esta vez, con cierto aspecto impaciente. "Sí, Señor Galavan, es muy decepcionante."
Fuego. Excelente. Galavan quería divertirse. "Especialmente considerando…"
Wayne frunciò se delicado ceño. "¿Considerando?"
"Bueno, pues." Exhalando frustración, Theo alzó sus manos. "Tu posición. Debería importar quién eres para el Detective Gordon. Mucho. Debería priorizar tu caso por sobre todos los demás casos."
"¿Por qué? Mi sufrimiento no es más importante que el de cualquier otra persona."
Mn. Galavan había esperado esa resistencia. "No es mi intención molestarte, claro. Lo siento. Eso no fue cortés."
Wayne pautó por un trago de su agua mineral, antes de proseguir. "No se preocupe. Es sólo… Efectivamente, el Detective Gordon ha dedicado esfuerzos para resolver el caso. Me consta. Sin embargo, hay piezas que ni siquiera él puede encontrar."
"Mmm." Theo le dedicó una sonrisa destinada a tranquilizar. "Discúlpame. Me temo que en ocasiones las nociones románticas me eluden. En especial una unión tan peculiar como la de ustedes. Es obvio que ambos… se aprecian. Sin embargo, tú eres…"
"Un Beta."
"Tan joven."
Las pestañas de Wayne parpadearon.
Theo suspiró. "Conozco a mi propia clase, Bruce. Odiaría… verte sufrir aún más de lo que ya has sufrido."
"¿A qué se refiere?"
Bien hecho. Saborea el azuelo. "Es nuestra naturaleza, nada personal. James Gordon obviamente, aún tiene que satisfacer necesidades… de las que tú no puedes proveer. Y es comprensible. Me imagino que tienen un acuerdo, como todas las demás parejas de este tipo de compatibilidad."
"No, yo…" Bruce recorrió el restaurante por entero con sus ojos, buscando de seguro para la aparición mágica de su mayordomo. "¿Qué-Qué tipo de arreglo?"
Galavan pretendió mostrarse sorprendido. Incluso ofendido. "Dios mío, Bruce. Me voy a cerrar mi boca ahora mismo. No fue mi intención entrometerme."
"Sé que a se refiere por necesidades. No soy ingenuo. ¿A qué se refiere con arreglos? Es la primera vez que lo escucho."
"Bien. Ah. Es algo relativamente moderno. Pero, tú sabes, funcional. Sano, incluso. Requiere inmensa madurez en ambas partes. Cuando un Alfa entra en, em, este estado de urgencia que todos conocemos, claro. Acude a una persona de confianza, previamente acordada, para ayudar… Mientras tu persona Elegida crece a una edad de consentimiento legal y apropiado estado psicológico para hacerse cargo."
Si el florero en el medio de la mesa pudiera ser pulverizada con una mirada, seria cenizas a estas alturas. Wayne estaba terminado. Completamente nublado por sus emociones.
"No lo tenemos." Masculló, como el raspón de piedra contra piedra. "No tenemos ningún tipo de arreglo."
"Oh." Theo se movió ligeramente para darle acceso al mesero recién llegado con el platillo de entrada. "Entonces, no importa. No lo discutamos más."
Wayne observó lo profundo de su sopa con centellas en su mirada. "Dijo… Dijo que conocía a su propia clase."
La crema de tomate fue aún más enriquecedora en su paladar. Wayne estaba cayendo redondito. "Sólo digamos… Nuestras naturalezas encuentran una manera de satisfacer necesidades en otros lugares, si se amerita la ocasión. Somos Alfas, y en muchas ocasiones nuestras bestias internas nos ganan. Aun cuando no tengamos la intención de lastimar a seres queridos en el proceso."
Wayne, de repente, cambió el rumbo de la nave, justo cuando estaba por estrellarse contra tierra firme. Galavan no estuvo preparado. "James no es así." La sonrisa del chiquillo fue una mueca embelesada, podrida en amor. "No se preocupe por mi en ese aspecto, Señor Galavan."
Theo recordó el paquete en su escritorio, esperando a ser usado en el momento adecuado. Por dentro, Theo encontró de nuevo paz y tranquilidad. "Por supuesto. Tú lo conoces mejor que yo, Bruce. No te llevaré la contraria. Es más, me encantaría que el Detective se nos uniera un día de estos. Yo invito."
Wayne asintió con renovado sentido de cortesía. "Se lo diré."
-Lo harás. Theo pensó con deleite. -Porque la semilla de la duda está plantada y ahora serás su persistente víctima.
Y la duda era tan sólo el primer paso...
...para la autodestrucción.
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Fin de Parte 25.
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NOTA: ¯\_(ツ)_/¯ Recuerdo que juré nunca escribir Jim/Oswald, y luego esto pasa.
