Capítulo 25 : No temas a la muerte

En cuanto abrí los ojos, me asoló un terrible dolor de cabeza; una martilleante palpitación encima de nuca, y que se extendía a lo largo del lado izquierdo de mi cabeza y mi cara. Me llevé la mano a esa zona, esperando encontrar sangre o una inmensa brecha causada por un golpe, pero nada. No sabía que me había pasado. No recordaba nada después de que Edward fuera a buscar leña.

Estaba tumbada boca abajo en un sitio que todavía no reconocía. El suelo era de piedra, fría y húmeda, y cuando quise moverme para ponerme de pie, escuché el crujido de mi muñeca derecha; la tenía torcida. En la misma postura, moví la cabeza hacia la derecha e izquierda en busca de alguna pista sobre el sitio donde estaba; delante de mí había una puerta robusta de madera oscura, con una mirilla redonda.

Era una habitación de piedra, redonda y sin ventanas. Tampoco tenía techo; en su lugar había una rejilla por la que entraba la luz de la luna y alguna que otra gota de lluvia, cayendo directamente en mi cuerpo. Deduje que estaba encerrada en una especie de mazmorra, una prisión muy pequeña.

Conseguí ponerme de rodillas y poco a poco me fui levantando, agarrando la muñeca que tenía torcida para aliviar un poco el dolor. Todavía asustada y desorientada, giré sobre mi misma, y entonces lo vi; Edward estaba tumbado en el suelo, a unos escasos metros de mí, totalmente inmóvil, con las manos sobre el pecho.

Mi primera reacción fue pensar que estaba dormido. Me acerqué a él, arrodillándome a su lado, acariciándole la cara.

"Edward… Edward, qué haces durmiendo?" – le pregunté – "Edward…."

Entonces me di cuenta de lo que lo que estaba haciendo era inútil; Edward nunca dormía. Los vampiros no podían dormir, era algo físicamente imposible para ellos. Un sudor frío empezó a recorrerme la espalda cuando empecé a reaccionar. Si no estaba durmiendo, y ni siquiera se movía…

"Está muerto" – murmuré mientras seguía con mis ojos clavados en su rostro inexpresivo. Le toqué la cara, otra vez. Estaba igual de frío que siempre, pero mi cuerpo reaccionó temblando ante esa frialdad.

Comencé a gritar desesperadamente. Edward, mi Edward inmortal, estaba tumbado sin vida en una mazmorra, y yo ni siquiera sabía que había pasado. Me puse de pie y golpeé las paredes con las manos, las machaqué con las puntas de los pies. Me derrumbé en el suelo, mientras mi mente se quedaba en blanco y un cuchillo imaginario me atravesaba el corazón, dejándome herida de muerte. Nadie me escuchaba gritar…

Después de horas de llanto y dolor, decidí que me iba con él. De qué me servía vivir en un mundo sin Edward? No volver a escuchar su voz, ni tocar su pelo. No volvería a sentir sus fríos labios, ni sus dedos entrelazándose con los míos.. No volvería a sentir sus pupilas sobre mi cuerpo, ahogándome en sus dulces palabras, mientras noto el peso de su cuerpo sobre el mío.

Pero un pensamiento todavía más fuerte que eso azotó mi mente.

Rob…

Mi hijo. Nuestro hijo. Sería mejor que no creciera viendo a su madre depresiva, hablándole y contándole historias de un padre al que nunca llegó a conocer. Yo no podría hacer eso. No servía para eso. Sin Edward no servía para nada. Parecía un acto egoísta por mi parte, pero en realidad lo hacía por su bien. Se que sería feliz de esa manera.

Busqué inmediatamente una manera de quitarme la vida, pero en esa sala no había absolutamente nada. Era como si, fuera quien fuera el que nos había encerrado allí, quisiera verme sufrir mientras Edward yacía a mi lado. Empezaba a sentirme agotada de tanto gritar y llorar. La cabeza me palpitaba con tanta fuerza que parecía que las venas de las sienes iban a explotarme.

Me tumbé a su lado, boca arriba, de la misma manera que estaba él. Agarré su mano y entrelacé nuestros dedos torpemente; estaban agarrotados, pero igual de fríos que siempre. Que tontería, pensé. Edward ya estaba muerto de alguna manera cuando lo conocí. Mientras pensaba en todos los momentos felices que pasé junto a él, decidí quedarme en esa postura hasta que mi cuerpo dejara de funcionar. Supuse que eso era lo que querían aquellos que nos encerraron aquí, ver como moría. Por un lado me negaba a darles lo que querían, dejar que finalmente los Volturi vencieran, y consiguieran aquello por lo que habían estado peleando a su manera. Pero ya nada importaba. Ahora me tenían aquí encerrada, y daba igual la manera en la que yo pudiera enfrentarme a ellos. Iba a morir de todas maneras…

..

..

..

Edward POV

Mi cuerpo estaba inerte, pero mi mente pensaba a toda velocidad. No podía mover ni un solo músculo, no podía articular palabra. Ni siquiera podía sentir aire entrando en mis pulmones. Recordaba aquella sombra negra abalanzándose sobre mí en milésimas de segundo, sin darme tiempo a reaccionar. Todavía me acordaba de cómo la otra sombra se llevo a Bella casi volando, mientras yo era incapaz de mover un dedo para salvarla.

Quise abrir los ojos pero mi cuerpo no reaccionaba. Escuché con claridad los gritos de Bella, angustiados, aterrorizada seguramente al verme allí tirado, aparentemente sin vida, creyéndome muerto. La rabia que sentí en ese momento no fue suficiente para hacer que me levantara, o para simplemente decirle que seguía ahí con ella, que no había muerto. Me concentré lo más que pude para intentar por lo menos susurrar su nombre, pero fue en vano.

Ahora uno de aquellos pensamientos que escuché distorsionados en la isla, me llegaba con total claridad:

Era de Alice. En la isla me advirtió de que iban a venir a por Bella y por mí, pero no sabía quienes eran exactamente. Me decía que saliéramos inmediatamente de allí, que cogiéramos un avión hasta Escocia antes del amanecer. Ahora se dedicaba a llamarme de todo por no haberle hecho caso, y que ahora no podía ver nada claro. Ni siquiera veía donde nos habían encerrado.

Pero el otro pensamiento, todavía no era capaz de descifrarlo. En mi mente escuchaba un zumbido continuo, como el de un mosquito en la oreja por la noche. Pero en esa sala, según podía intuir, solo estábamos Bella y yo, y yo no podía leer su mente.

Bella POV

Ya había perdido la noción del tiempo. No sabía cuanto tiempo llevaba allí tumbada, inmóvil junto a Edward; minutos, horas… quizás días. Estaba esperando que mi cuerpo dijera "hasta aquí" y sucumbiera yo también a la muerte. Empecé a tararear una canción que solía escuchar mi madre cuando yo era una niña:

"Las estaciones no temen a la muerte, ni el viento, ni el sol, ni la lluvia…"

Yo tampoco le temía a la muerte. Estaba deseosa de que llegara por fín, quería dejarme vencer de una vez por todas.

Empecé a escuchar pisadas retumbando en el suelo. Quizás ya estaba tan débil que tenía alucinaciones. Pero cada vez eran más fuertes, y parecía que se aproximaban a nosotros. Canturreé más fuerte para que el miedo no me invadiera

"No temas a la muerte"

Alguien murmuraba detrás de la gruesa puerta de madera. Mi corazón, que ya estaba débil, comenzó a bombear con fuerza, y un sudor frío me recorrió la espalda de arriba abajo. Apreté con más fuerza la mano de Edward, tanto que casi me parto los dedos. Hablaban en otro idioma, y sus voces parecían de ultratumba. Eran realmente terroríficas.

"No temas a la muerte, no temas a la muerte" me repetía a mi misma con las lágrimas en las mejillas. Solo podía pensar en Edward y en Rob, en lo poco que había podido disfrutar de ambos, pero lo inmensamente feliz que me habían hecho. Solo por ellos valía la pena todo este sufrimiento.

La puerta se abrió lentamente, y toda la sangre de mi cuerpo subió a mi cabeza. No quise moverme, ni mirar quién era. Si venían a matarme, prefería no conocer su cara. Una corriente fría como el hielo entró por la puerta y me sacudí, temblando sin quererlo.

"Bella… no temas"

Una figura ataviada con una capa verde oscura se arrodilló a mi lado. Su voz era femenina y angelical, muy parecida a la de Esme. Aquello hizo que me tranquilizara un poco, casi en contra de mi voluntad. Pasó su mano fría como la de Edward por mi frente, secándome el sudor. Giré la cabeza para mirarla; tenía unos enormes ojos dorados, y me dedicó una sonrisa pacificadora.

"Soy Aldana. No tengas miedo. No voy a hacerte daño"

Cogió mi mano, y como si yo fuera una pluma, me levantó del suelo y me puso de pie. Apenas podía mantenerme, y me tambaleé un par de veces hasta conseguir no caerme de bruces al suelo. Tenía un montón de preguntas que hacerle, pero solo pude hacerle la más importante para mí en ese momento:

" Edward… está… muerto?"

"Simplemente lo hemos paralizado. Es algo parecido a un coma inducido"

"Pero.. por qué?"

"Para protegeros de los Volturi"

Se me pusieron los ojos como platos al escuchar esa palabra.

"Entonces… vosotros no sois…"

"No" – me contestó Aldana antes de que pudiera terminar la frase – "Digamos que somos los enemigos de los Volturi. Somos los Maréchal. Has oído hablar de nosotros?"

Asentí lentamente con la cabeza, mientras Aldana me indicaba que la siguiera. Salimos fuera de la mazmorra, por un pasillo de piedra, oscuro, con puertas de madera a ambos lados. Aquello tenía toda la pinta de ser una cárcel, y seguramente detrás de esas puertas hubiera prisioneros, humanos secuestrados… Me estremecí ante esa idea.

"Recibimos un aviso de uno de nuestros guardianes en la isla. Por lo visto uno de los Volturi os había perseguido desde Atenas, seguramente oculto, pues no dejamos que ninguno de ellos se acerque a nuestros territorios" – Aldana seguía hablando cuando entramos en una sala con una gran mesa rectangular, con tronos de terciopelo rojo, y enormes lámparas araña de cristal colgando de la pared. Me indicó que me sentara en una de esas sillas. Ella siguió hablando:

"Cuando Edward mató a ese inocente humano, el acólito Volturi avisó a sus altos cargos. Iban derechos a matarlo, y en consecuencia, te matarían a ti también, por cómplice"

"Un momento" – le corté tajantemente – " Cómo que Edward mató a un humano?"

"Su nombre era Paul, pero desconocemos los motivos"

"Pero si… Paul? Estáis seguros? Paul es un amigo mío… Y Edward sería incapaz…"

Apenas pude terminar la frase con un hilo de voz. Edward sería incapaz de matar a alguien, sí. Pero si pensaba que alguien quería hacerme daño, o simplemente estaba celoso, entonces sí que podría hacerle daño. Escondí mi cara en mis manos y comencé a llorar. Aldana se sentó a mi lado y trató de consolarme colocando su brazo sobre mis hombros.

"Tendrás tiempo para pedirle explicaciones más tarde. Ahora deja que te siga explicando" - volví a asentir – "En cuanto supimos de los planes de los Volturi, nos pusimos en contacto con Carlisle. Este en seguida se puso en marcha para acercarse hasta Grecia y sacaros de allí, pero entonces avistamos a más Volturi muy cerca de la isla. Ya no había tiempo para nada más, así que decidimos resolverlo de forma drástica. Conocemos muy bien a Edward, y sabíamos que no teníamos tiempo para razonar con él; sí le decíamos que los Volturi venían a por vosotros, lo más seguro es que quisiera quedarse para pelear contra ellos."

"Por eso lo… "paralizasteis"? Para evitar discusiones, no?" – Aldana asintió satisfecha – "Y no era más fácil… matarlos?"

"Nosotros cuidamos de aquellos que están de nuestro bando. No queremos más guerras contra ellos. Lo mejor era sacaros de allí"

"Pero Grecia es vuestro territorio"

"Sí, pero los Volturi no entienden de normas, territorios o tratos. Vagan por el mundo como si fuera de ellos"

"Y dónde estamos ahora? Cuánto tiempo ha pasado?"

"Estamos en Lochinver, al norte de Escocia. Este es nuestro "bunker" particular. Aquí no podrán encontrarnos. Hace ya 3 días que habéis llegado"

Suspiré fuertemente mientras procesaba toda aquella información. Llevaba 3 días sin comer, beber… Como si me hubiera leído la mente, Aldana se levantó y salió de la sala en un abrir y cerrar de ojos. Volvió con una enorme bandeja de plata repleta de fruta, agua, y todo tipo de manjares. Devoré todo aquello como si fuera un animal hambriento.

"Aldana… qué va a pasarle a Edward?"

"Se despertará en unas pocas horas"

"Me gustaría volver, para estar con él cuando despierte"

La sonrisa de Aldana desapareció de repente.

"No debes, Bella"

"Es mi marido, y quiero ser yo quien le cuente lo que ha pasado"

"Bella, cuando un vampiro despierta de su "coma", su hambre no es comparable a nada. Se abalanzará sobre ti sin saber quien eres. Y te matará"

"Confío en Edward. Se que será incapaz de hacerme daño"

"Nunca confíes en un vampiro hambriento"

"Puede que sea el momento para transformarme. Me lo prometió"

"No podrá parar, Bella. Acabarás muriendo desangrada"

Me debatí internamente sobre lo que Aldana me había dicho. Estaba segura al 100% de que Edward no me mataría, no me pondría un dedo encima sin mi permiso. Al final no conocían tan bien a Edward como pensaban…

Me levanté de la silla, y salí de aquella enorme sala. Caminé despacio por el pasillo helado de piedra, mientras escuchaba lamentos que provenían de las demás mazmorras. Parecía que estaba viviendo en mis propias carnes una película de terror, y yo era la protagonista, caminando hacia lo que, muy a pesar, podría ser una muerte segura.

Sí… aquello era el corredor de la muerte.

Abrí la pesada puerta, empujándola con mi cuerpo y mis pocas fuerzas y sentí calor. El sol entraba por el agujero redondo que había en lo alto del techo, y había calentado la piedra de la mazmorra. Edward seguía allí tumbado. Me arrodillé a su lado, acariciando su pelo cobrizo mientras las lágrimas volvían a recorrer mis mejillas. Pensé que, si tan solo estaba "dormido" cabría la posibilidad de que pudiera escucharme:

"Edward… pase lo que pase, sientas el hambre que sientas, no me mates."

Le besé en los labios y me senté en el suelo, apoyando mi espalda en la pared, y recogiendo las piernas con los brazos, contra el pecho.

Ya habían pasado casi 4 horas, cuando noté que las manos de Edward se movían. Me quedé inmóvil, esperando su próximo movimiento. Un gruñido ensordecedor invadió la mazmorra y mi cuerpo tembló. Volvió a mover las manos, abriendo y cerrando los puños, y abrió los ojos, ahora de un rojo intenso, casi del color de la sangre.

Miró en todas las direcciones, hasta que se encontró conmigo, y sonrió, asomando sus blancos y brillantes dientes afilados. Pero aquella mirada no era la de Edward… Podía recordad una mirada similar… La de James. Se puso de pie, sin apartar la mirada de mí. Algo iba mal… Algo iba muy mal. Maldita Aldana. Me di cuenta de lo que iba a pasar, y grité con todas mis fuerzas:

"Edward…. Edward NO!"