Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei Animation, no hago esto con fines lucrativos.

Imágenes 288 (Dibujos del espacio en imagen real del cielo, propuesta por mí) y 269 (Beso en cabeza, pareja con tatuajes; propuesta por Chia Moon).

Personajes: Yamato y Hikari.

Número de palabras: 453

Necesitaba un poco de Yamakari.


Cuenta regresiva

De nuevas perspectivas y galaxias que se expanden

Yamato se acercó por detrás y se inclinó sorpresivamente para espiar lo que aun desde lejos pudo apreciar que Hikari observaba con atención.

Sobre la mesa de la cocina junto a la que la chica se hallaba sentada había una fotografía de lo que parecía ser el cielo, pero no se divisaba bien debajo de los garabatos esparcidos por ella.

—¿Y eso? —preguntó, curioso como pocas veces.

—Una de mis últimas fotografías. —Aquello no respondía su verdadera duda.

—¿Y quién la rayó?

—¿Quién va a ser? Tu hija —contestó ella con una risita ligera, expresión de su buen ánimo que en nada se acercaba al enfado de una madre promedio que ve estropeado su trabajo por una travesura infantil o un arranque de inspiración.

—Vaya, la arruinó —susurró Yamato con cautela, y es que incluso luego de tantos años juntos, todavía había veces en que Hikari volvía a ser el misterio que una vez fue para él, cuando todavía la miraba desde lejos. Como una especie de galaxia que se contrajera y expandiera a su antojo, siempre mostrando solo lo que quería que vieran de ella.

—O la mejoró. Todo depende de cómo lo mires. ¿No crees, Yama?

—¿Qué es lo que sale allí? —preguntó señalando el dibujo que estaba en el centro, sin atreverse a responder su duda. Lo viera como lo viera, la fotografía estaba arruinada.

—Un astronauta. Está obsesionada con el espacio gracias a ti. —Su tono denotaba algún tipo de orgullo por lo que decía.

Yamato frunció el ceño. ¿De verdad aquel monito a palos con una cabeza demasiado grande, que ahora que lo pensaba probablemente se trataba del casco, era un astronauta? No lo parecía más de lo que los puntitos difusos y círculos deformes que lo rodeaban parecían estrellas y planetas, o sea, para nada.

—¿Es algún tipo de arte abstracto? —Se atrevió a preguntar, y la risa de su esposa volvió a hacer reverberar algo en su interior en aquella extraña mañana.

—La verdad creo que se le da bien para tener cuatro años. Además, no es raro que sea una artista. Tú fuiste músico, y eso significa que lleva el arte en las venas.

—Me sobrestimas. Tú eres fotógrafa. El talento tuvo que sacarlo de ti —bromeó con aquel tono sarcástico más propio de su adolescencia que los años no habían conseguido diluir del todo.

Hikari lo golpeó juguetonamente en un hombro y permitió, a pesar de su ácida broma, que Yamato depositara un beso sobre su sien antes de alejarse para ir a servirse un café. Solo entonces volvió a hablar.

—O quizá lleve el concepto del arte a un nuevo nivel.

Fue solo un pensamiento azaroso que habría de convertirse en una predicción.


11 de noviembre del 2017

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