Que tal a todos... he llagado a dejarles la nueva entrega de esta historia, espero que les guste
Pero antes contesto comments :)
ariscereth
Me da muchogusto que Gioca te haya gustado, la verdad es que a mi tambiénme parece una chica interesante, y en cuanto a lo de las guerras... ya se! malditas siempre separando amores!
Sin mas les dejo el capítulo =)
Llevo la cuenta de los días que no he hablado con ella.
El día uno transcurrió casi normal, hacia esfuerzos sobre humanos para no recordar cómo se había marchado con Kardia, como había pisoteado mi orgullo al escogerlo a él.
El día Dos fue verdaderamente pesado, el cansancio del día anterior y el hecho de no poder dormir me estaba pesando pero aun así me había comprometido a escoltar a Pefko a recoger plantas medicinales.
Pefko sabía perfectamente que algo me pasaba aunque también sabía que jamás lo reconocería en voz alta, por lo que solo se limitó a caminar a mi lado en silencio hasta que llegamos al prado donde se encontraban las plantas que necesitaba
-Hemos llegado, es aquí
-Muy bien comencemos entonces, cuales son las plantas que necesitas?
-No se preocupe Sr. Albafica yo puedo realizar la tarea solo, de hecho son las de ese arbusto que esta allá- comentó levantando el dedo índice de su mano derecha para señalar un pequeño pero muy robusto arbusto que se encontraba solo a unos cuantos pasos de distancia – solo iré, tomaré lo que necesito y podremos emprender el camino de regreso. Si no le molesta espere aquí, no tardo
Pefko comenzó a alejarse rápidamente y yo seguí sus instrucciones sentándome en el césped con las piernas cruzadas en la posición que asmita tomaba cuando meditaba.
Pensé que un poco de meditación me vendría bien y traté de cerrar los ojos para concentrarme pero no podía despegarlos del césped frente a mí y el hermoso color verde que adoptaba cuando era golpeado por la luz del sol entrando por los espacios que no había cubierto el lienzo de Hades, era el mismo color de sus ojos, de los ojos de Agasha…
Qué carajo? Porque estoy en un prado intentando meditar y fallando por estar pensando en ojos?!
El día tres fue cuando el cerebro comenzó a traicionarme, los pequeños recuerdos de las contadas ocasiones que había compartido con ella comenzaban a aparecer mientras trataba de completar incluso las más imples tareas.
Entré al Ala privada de la casa de Piscis acercándome a una pequeña mesa de madera donde descansaba una pequeña jarra con agua con un pequeño vaso al lado izquierdo, tomé el vaso y la jarra comenzando a verter el líquido y en ese momento una memoria me atacó
"Los hermosos ojos verdes mirándome expectantes mientras sostenía pacientemente un vaso con agua frente a mí estirando su brazo, ofreciéndome que tomara el vaso directamente de su mano, que acaso estaba loca?, que acaso no sabía que si llegaba a tocarla podría morir?. Quise pensar que lo sabía y que no le importaba, quise pensar que solo tenía tantas ganas de tocarme como yo a ella.
Tocarla, eso sería verdaderamente celestial.
Mis pensamientos comenzaron crear una imagen donde mis dedos recorrían su muñeca, subiendo por el antebrazo, rozando su codo, deslizando las yemas de los dedos por lo alto de sus brazos hasta llegar al hombro, trazando pequeños círculos hasta llegar a su cuello y finalmente rodearle la mejilla con la mano concentrando la mirada en esos hermosos ojos verdes que tenía frente a mí, en ese momento supe que mataría a quien fuera que se atreviera a lastimar a ese hermoso par de ojos verdes, un segundo después noté sus labios y en mi pecho comenzó a nacer una urgencia por recorrerlos con la yema del pulgar…
-No te acerques a mí –dije mientras mi voz interior añadía – porque si lo haces no voy a poder contenerme"
-Tomó su decisión- grité mientras lanzaba el vaso que sostenía contra la pared logrando derramar el líquido que contenía al hacerse añicos
El Día cuatro comenzó mal.
Ella se encontraba ahí, frente es ese maldito espectro, mis piernas no lograban moverse tan rápido como deberían.
El maldito de Minos levantó su brazo dirigiendo su ataque a aquella pequeña y después un resplandor que al menguar me mostró la imagen de aquella pequeña bañada en sangre y sin vida
-Noooo!
El pánico sacudió mi cuerpo logrando ponerle fin a aquella pesadilla.
EL Día Cinco me encontré con Pefko y no pude seguir hablando con el cuándo pronunció su nombre.
El día cinco fue cuando el dolor comenzó a parecer justo en el centro de mi pecho.
El día cinco fue cuando las imágenes de su cara comenzaron a hacerse presentes en cualquier lugar.
El día cinco fue cuando desee que ella se acercara, que notara que tan miserable era mi vida ahora que la sabía más lejana que nunca.
El día cinco fue cuando comencé a preguntarme si ella se sentía de la misma manera que yo, si cada día que pasaba también para ella significaba una dolorosa agonía, si también le dolía el pecho al respirar.
El día cinco fue cuando finalmente algo se rompió dentro de mí… mi orgullo.
Y lloré.
Lloré como solo había llorado una vez en mi vida hace unos cuantos años, llore como una maldita perra y ni siquiera me importó… y no podía parar, lo intenté… juro que lo hice pero no lo logré y falle miserablemente ante su recuerdo que seguía apareciendo una y otra vez en mi mente, ella jamás me dio un respiro, aparecía en mi mente con esa mirada llena de afecto… amor si me permito soñar un poco. Seguía atacándome con las palabras que pronunció prometiendo jamás dejarme solo…
Lo más patético del caso es que cuando me daba cuenta que sus palabras y su rostro solo eran creados por mi imaginación… Lloré aún más
El día seis desperté solo para encontrarme sintiéndome de la mierda, con lo ojos hinchados y enrojecidos al punto de la sangre, el dolor en el pecho se había acrecentado hasta el punto en el que me cegaba
El día siete fue largo y doloroso, no era el tipo de dolor que sentías después o durante una batalla, este dolor no solo estaba en mi cuerpo, ni solo en mi mente, es un dolor que estaba en mi alma, una sensación que estaba acabándome lentamente desde adentro y no creo que sea lo suficientemente fuerte para sobrevivirlo aun siendo un caballero dorado, no creo que nadie lo sea…
Esto es… Morir, Tiene que serlo…
El día Ocho lo pasé entrenando y vigilando el santuario con ahínco, hablando con Regulus, Con Sísifo, Con Shión y con Pefko hasta ya entrada la noche, traté de mantenerme lo más ocupado que pudiera.
El maldito de Minos levantó su brazo dirigiendo su ataque a aquella pequeña y después un resplandor que al menguar me mostró la imagen de aquella pequeña bañada en sangre y sin vida.
Despertar de esa pesadilla y volver a la realidad a ese lugar vacío en el que me encontraba me mostro que mi realidad era peor de lo que pensaba.
El Día nueve es hoy
-Solicito permiso para pasar por su casa, caballero de Piscis
Esa voz….
