¡Hola, sigo viva! Lo sé, lo sé. He dejado todo esto muy abandonado pero últimament no me ha apetecido escribir sobre esto y tampoco he tenido tiempo.

Me encanta la pareja DouWata, pero he parado en leer XXXHolic por el momento. Pero igualmente, para que no penséis que estoy muerta. Os dejo un extra. Está hecho algo rápido, espero no haber cometido muchas faltas.


Nota: Es un poco spoiler, pero no recuerdo de qué capítulos XDD

Nota 2: No es continuación del anterior...


Watanuki estaba en el almacén de la tienda. Hacía tiempo que había tomado su decisión y ahora pasaba horas solo, allí, pensando y reflexionando sobre su mundo y el otro, los sueños, las dimensiones... no se podía quitar nada de la cabeza.

De golpe escuchó escándalo fuera por parte de Maru y Moro.

- ¡Hola Doumeki! - dijeron ambas niñas a la vez de una forma adorable.

A medida que pasaba el tiempo, cada vez las adoraba más. Se hacían querer.

Otro que también se hacía querer era Doumeki. A pesar de su serio semblante y su poca expresión (poker face XD), no demostraba desagrado y mucho menos con Watanuki. Todo lo contrario. Watanuki había descubierto que Doumeki confiaba en él, se fiaba y le permitía acercarse, incluso le ayudaba a resolver casos, ya que Kimihiro no podía salir de la tiendo.

- Gracias Haruka... - dijo en voz muy baja recordando lo mucho que le había ayudado el abuelo de Doumeki en estos tiempos.

El mundo de los sueños cada vez se volvía más normal para él y ya no se asustaba de estar ahí. Había empezado a interpretar signos y señales.

- Hola Doumeki, me sorprende tu visita hoy.

Doumeki no dijo nada, simplemente miró a un lado y a otro, luego lo miró a él, a sus ojos directamente.

- ¿Quieres un poco de sake? Me he encontrado una pequeña botella.

Doumeki asintió con un pequeño meneo en su cabeza.

- Qué raro estás hoy... estás muy tenso.

- Un poco. Las estudiantes no paran de acercarse para hacerme preguntas que deberían hacer delante de toda la clase.

- Ya sabes, son tus admiradoras y seguidoras. - dijo con ganas de meterse con él - Seguro que das clases tan interesantes que quieren aprender más - y rió.

Doumeki simplemente se sirvió un poco de sake.

- Tú también estás algo ausente.

- Pienso.

- ¿Tú?

- Sí, yo. ¿Quieres que te haga un masaje a ver si te calmas?

- Estás aprendiendo muchas cosas últimamente. Tú poder cada vez incrementa más y mira que estás siempre aquí encerrado.

Watanuki era consciente de eso y en parte temía que ese poder se descontrolara. Aún así, se dio cuenta de que cada vez se parecía más a Yuko. Y eso le hizo sacar una pequeña sonrisa.

Sin pensar, Doumeki se quitó la corbata y la camisa. Watanuki se sonrojó.

- ¡Qué haces!

- ¿No me ibas a dar un masaje?

Oh, sí. Se lo había preguntado y pensaba que no lo aceptaría. Aún seguía ruborizado y le agradaba el hecho de darle un masaje, tranquilo, pudiendo tocar sus fuertes músculos de la espalda y sitiendo su cálida piel. Desde hacía mucho se había dado cuenta de sus sentimientos: le gustaba Doumeki, lo quería, lo amaba.

Posó sus manos sobre su espalada y empezo a moverlas.

Había reflexionado mucho sobre Doumeki y él. ¿Debía decírselo o no? En ese aspecto estaba muy confuso. Había hablado con Haruka de sus sentimientos, pero un gran problema siempre se interponía: para él no pasaba el tiempo. No deseaba que Doumeki se sintiera mal ni sufriera. Doumeki se iría haciendo mayor, mientras que él se quedaría así, sin ninguna arruga y con edad adolescente. Como mucho sus rasgos cambiarían un poco volviéndose algo adultos, pero seguiría con la apariencia de un muchacho.

Sus manos subían y bajaban, masajeaban de su cuello a sus lumbares, descubriendo nuevos rincones del cuerpo que tocaban.

Además, él no podía salir de allí. Si Doumeki quería que saliera, no podría. Todo por Yuko. Y otro punto importante: ¿Doumeki siente lo mismo que él? Lo dudaba. Tenía a muchas jóvenes a su alrededor y con la que más trataba y tenía confianza era con Kohana. Ella era preciosa y la verdad es que no hacían mala pareja.

- Me gustan tus manos - dijo Doumeki sin pensar y con los ojos cerrados. Realmente se estaba relajando.

- Me alegro.

- Deberías hacerme más masajes como estos.

- ¿Encima que te hago la comida, ahora quieres masajes? - reflexionó un poco - Está bien. Te los daré con mucho gusto.

Si no podía estar como querido, al menos como mejor amigo y con derecho a masajes. Y rió algo entristecido.