Actuación sin Libreto: Rurouni Kenshin

(Premio Mejor Romance, Mejor Historia, Mejor Universo Alterno FFRKSA2005)

Acto Veinticinco.

Por Miedo. Por verguenza. Por culpa.

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Mientras todos se dirigían a la salida del aeropuerto tras despedir a Aoshi y a su abuelo, Ken distraído miró hacia un lado y una silueta pequeña llamó su atención. Discretamente se separó del grupo y así descubrió a Satori convertida en un mar de lágrimas tras un ancho pilar.

La joven, al ver un rostro conocido y amable después de lo sucedido, no se lo pensó demasiado para levantarse y enterrar el rostro en el pecho del pelirrojo que estupefacto por esa reacción, no atinó a nada más que abrazarla.

-Se fue, Ken… ya se fue…-

Akira, Misato y Kaori se acercaron a la pareja.

-No entiendo por qué lloras, mocosa.- le dijo Akira conteniendo a duras penas la rabia que sentía por lo que consideraba una traición a su amigo.- Tú misma lo dejaste ir, porque no lo querías, así que no vengas a derramar lágrimas de cocodrilo.-

Satori estaba más que conciente que en sus manos estuvo el detener a Aoshi o el marcharse con él, por lo que sus lágrimas brotaron en mayor cantidad.

-Akira, tú no sabes qué motivos pudo haber tenido Satori para separarse de Aoshi, así que no la molestes.- replicó Misato conmovida al ver el estado de la pequeña. Sin embargo Akira no estaba en condiciones de sentir compasión.

-Es cierto, Misato. No sé el "por qué", pero conozco el efecto que tuvo todo esto en mi amigo y fue…-

-¡Basta!- explotó Satori soltándose de Ken para echar a correr y salir del lugar. Ken la siguió y mientras, Kaori se dirigió a Misato.

-Iremos a casa con Satori. Después hablamos por teléfono¿está bien?-

-Claro que si, Kaori. Que estés bien.- dijo Misato.

-Chao, Kaori.- se despidió Akira.

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Aoshi miraba por la ventanilla del avión, nervioso. Se alisó el cabello hacia atrás con las manos y tocó el cinturón de seguridad mientras despegaban.

-Aoshi¿pasa algo? No me digas que le tienes pánico a los aviones.- preguntó Momoshiro.- Hemos hecho esto muchas veces.-

-Estoy bien.-

-Que raro… yo diría que no lo estás. Es acaso porque la pequeña estaba allí¿verdad?-

Aoshi miró sorprendido a su abuelo.

-¿Lo sabías?-

-No tengo buenos ojos pero si buen instinto. Desapareciste unos momentos y luego volviste con cara de pocos amigos. ¿Hablaste con ella?-

-No lo hice. Sólo vi que estaba allá. Se escondió de mí y no pude ver su rostro.-

El abuelo suspiró.

-Pienso que tu asunto con Satori no está del todo resuelto. Debes hablar con ella.-

-Abuelo, no te molestes pero… no quiero hablar más de eso. Satori se encargó de cerrar ella misma este capítulo en mi vida. Lo mejor es no verla más.-

-Me parece bien lo que dices si eso es lo que piensas realmente, Aoshi. Pero se te olvida un detalle: Legalmente están casados aún y tú le dijiste a esa niña que no era cierto lo del matrimonio. Tendrás que decirle la verdad porque ella puede querer rehacer su vida y relacionarse con otra persona y…-

-Abuelo, por favor… estoy cansado. No quiero hablar de esto.- respondió el aludido. Cerró los ojos mientras se ponía unos audífonos. La sola idea de Satori con otro hombre lo ponía enfermo.

Momoshiro no estaba de acuerdo con la nueva actitud de Aoshi aunque entendía que se comportaba así porque estaba dolido aún. Lo que no entendía eran las razones que hubo en la separación de la pareja.

Lo mejor sería no ahondar más en el tema momentáneamente. Esperaría un par de días y luego hablaría nuevamente con su nieto.

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Satori regresó al departamento que compartió con Aoshi para recoger algunas cosas que se le habían quedado. Después de lo sucedido no le parecía correcto vivir allí así que tomó el teléfono para hablar con su madre.

No se atrevía a decirle lo del matrimonio falso, así que le contó que Aoshi se había ido de viaje por trabajo. La idea era preguntarle luego si podría quedarse con ellos en casa y volver a su antigua habitación, aunque no fue necesario que hiciera tal pregunta porque Michiru le comentó que Yukio, su hermano, ya la había repintado y se había trasladado con cama, pósters y todo. Asi, la joven comprendió que a su casa sólo podía volver como una "visita ocasional" y era normal tomando en cuenta que ella se había casado, formando un nuevo hogar.

Colgó el teléfono luego de un rato y miró a Kaori que la acompañaba y que salía de la cocina con una taza de té. Le contó lo sucedido y su amiga le ofreció alojamiento en su casa, de manera indefinida mientras arreglaba su situación.

Dos días después, Satori estaba completamente instalada en casa de su amiga.

Un día Ken, con el cabello recién cortado, regresó temprano del trabajo en la productora y preguntó por Satori.

-Avisó que llegaría tarde. Tiene que hacer un trabajo en grupo.- le dijo Kaori mientras secaba unos platos. Ken la miró de reojo y se acercó a ella, apoyando la cadera en uno de los muebles de cocina.

-Kaori, quiero preguntarte algo.-

-¿Si? Dime, Ken.-

-Tú… tienes veinte años. ¿Has pensado en lo que harás de ahora en adelante?-

La joven acabó con la vajilla y le dirigió su atención a Ken. No tenía una respuesta clara para eso y miró al piso.

-La verdad es que no. Yo… pretendía estudiar algo sencillo y tener un trabajo de medio tiempo.- la joven observó el rostro de su pareja.- Lo siento. Soy una mujer simple, no me interesan las grandes cosas, sólo estar en paz y ahora lo estoy.-

Ken hizo un rápido repaso mental de la historia de vida de Kaori. Generalmente su tranquilidad pendía de un hilo al desaparecer la gente que quería. Tal vez por eso para ella, más que conseguir dinero, lo realmente importante era la estabilidad afectiva.

-No tienes por qué sentirlo. No es malo no tener grandes aspiraciones.-

Kaori alzó la vista.

-Pero¿por qué me preguntas eso?-

-Me preguntaba si te interesa el campo de la actuación.-

-Bueno, si… me gusta. Es divertido aunque es agotador. –

Ken se separó de ella y caminó un poco tomándose el mentón.

-¿Pasa algo, Ken?-

-Nada grave, amor. Lo que pasa es que hace días que vengo escuchando un rumor en pasillos y por eso quería saber qué pensabas al respecto. Por lo visto la audiencia que está alcanzando la serie de televisión por estos días es muy alta, así como las ventas del manga… en fin, que la obra en general está siendo exitosa y ya hay una comisión que está estudiando la posibilidad de alargar la serie de televisión, hacer películas, sacar más discos y todo ese tipo de cosas. Lo que sí es seguro es que esto se está proyectando por lo pronto para dos años más. De hecho… ayer le comenté a uno de mis superiores que quería cortarme el cabello y me dijo que no me lo dejara tan corto porque podían necesitarlo largo dentro de poco. También me preguntó sobre tus planes futuros.-

-Ya veo. Necesitarán de "Kaoru Kamiya".-

-Asi es. Por eso te pregunto si te interesa seguir seriamente con la actuación. Kaori, escucha.- dijo tomándola suavemente de los hombros.- He visto a muchas actrices y te puedo asegurar que no tienes nada que envidiarle en talento a las buenas. Pero si la actuación no te interesa tanto, si quisieras hacer otra cosa con tu vida… si necesitaras apoyo para eso o financiamiento yo… Kaori, yo te brindaría lo que necesitases. Te pagaría una carrera universitaria, no sé, lo que tú desees. Quiero… quiero que lo pienses¿está bien?-

Por toda respuesta ella cerró los ojos y se apoyó en el hombro de él, sonriendo.

-Prometo que lo haré. Ken… muchas gracias.-

Permanecieron abrazados un rato hasta que se fueron a ver televisión. En eso llegó Satori. Los saludó, respondió sus preguntas, cenó con ellos y se fu a su cuarto. En apariencia todo estaba bien con ella pero lo cierto es que Kaori sabía que era sólo en eso: Apariencia. Y transcurrieron algunos días más.

Kaori se abocaba a las tareas hogareñas, meditando a la vez en lo que le había dicho Ken sobre una eventual profesión para ella. Y mientras recopilaba información en algunas universidades e institutos, cada vez la entusiasmaba mas la idea de estudiar algo. Misato un día le contó su experiencia como Seiyuu y Kaori pensó que a ella le gustaría hacer eso.

-Dentro de unos días harán un cásting para una nueva animación que se está planificando. Podrías venir, Kaori. Según recuerdo, tú antes ya has prestado tu voz para una película… ser seiyuu es algo tan serio como ser actor y tal vez, más complicado aún porque como actor te sirves de tu cuerpo y tus expresiones pero como seiyuu, sólo tienes tu voz para dar emociones. Si te interesa como profesión, puedes estudiarlo también.-

Kaori le dio las gracias a su amiga por la información recibida y regresó a casa. Inuyasha la esperaba como siempre echado en la entrada principal, para acompañarla al interior.

La joven entró, dejó el bolso en el perchero y vio a Satori con la cabeza apoyada en los brazos, sobre la mesa, con un montón de libros y cuadernos alrededor. Se acercó a su amiga y ésta al sentirla, de inmediato se sentó correctamente y desviando la mirada, comenzó a pasar al limpio algunos apuntes.

-Estoy un poco cansada.- musitó, echándose un mechón de pelo hacia atrás.

Kaori se sentó cerca de ella y notó la humedad alrededor de sus ojos verdes.

-Me parece que es demasiado trabajo para un estudiante que recién comienza. – observó. Satori no dijo nada, concentrada en su cuaderno.- ¿No quieres hablar conmigo?-

-Necesito concentrarme.-

Kaori no sabía que actitud tomar con su amiga pero de momento no la molestaría más. Satori se levantó para ir por un vaso de agua y fue cuando ella notó algo que definitivamente no estaba bien.

Su delgadez.

El pantalón le colgaba de las caderas y ni hablar de sus pechos: apenas parecían dos montículos bajo la camiseta.

No era normal… no era posible que la joven hubiese bajado tanto de peso si Aoshi no llevaba fuera del país ni una semana. Kaori de inmediato dejó su sitio para llegar al lado de Satori que se había sentado nuevamente.

-Tenemos que hablar. Ahora.- dijo poniendo énfasis en la última palabra.

-Déjame.-

-Satori, por favor… ¿qué te pasa?-

Satori abrió la boca para contestar algo pero fue interrumpida por el timbre de la casa. El sonido era insistente asi que Kaori salió por unos momentos, dejándola sola. Por un momento tuvo la loca idea de levantarse y escapar pero Kaori regresó con un pequeño bolso en las manos.

-Un amigo tuyo trajo esto porque dice que se te quedó el otro día en su casa cuando hicieron una tarea. Satori, explícame… ¿por qué estás tomando pastillas para dormir?—preguntó Kaori sacando algunos frascos del interior de la bolsa. ¿No quieres hablar?- dijo después de un rato.- Muy bien. Entonces hablaré yo. Veamos… Satori, mírame. Nos conocemos por lo menos hace diez años. Tú conoces todos mis secretos y estoy segura yo te conozco mejor que nadie. Siempre habías sido una chica locuaz, revoltosa y parlanchina hasta que conociste a Aoshi y te sosegaste un poco. Maduraste y terminaste muy bien el instituto, sin perder esa alegría que muchas veces me sostuvo a mí. Yo antes no quise tocar el tema de Aoshi contigo porque pensé que era mejor no recordártelo, pero no veo que estés bien y yo de verdad estoy muy preocupada.-

-No tienes por qué estarlo… si es por las pastillas, mucha gente las toma sin ser drogadictos o algo así.-

-No estoy diciendo que seas una drogadicta, Satori, ni es sólo la aparición de las pastillas lo que me preocupa. Estás ansiosa, estás irritable. Si te cuesta dormir y estás bajando de peso, me parece que eso es indicativo de depresión… si te sientes tan mal debes buscar ayuda.-

-No es nada de eso. ¿Depresiva yo? Olvídalo, eso no va conmigo. Y si me disculpas… creo que lo mejor es irme a mi cuarto.-

Satori rápidamente se levantó de la mesa con algunos cuadernos en las manos cuando el brillo de algo dorado en su dedo llamó la atención de Kaori quien sin pensarlo, tomó a Satori por la muñeca izquierda, provocando que se le cayeran los cuadernos.

-Lo mejor no es irte a tu cuarto. Lo mejor es enfrentar esto que te pasa ahora. Y partirás explicándome, por ejemplo, por qué llevas aún tu anillo de matrimonio puesto. ¿No me habías dicho que era falso?-

A Kaori le dolía realmente ser tan dura con la pequeña, pero así como Ken a veces necesitaba un buen remezón, así también Satori en este minuto. Satori se deshizo de la mano de Kaori y se agachó a recoger los cuadernos. Kaori le ayudó.

-Déjame tranquila.-

-No, Satori... por favor, amiga, dime qué te pasa. Escucha, no sé qué tipo de problema tengas, pero si está en mi poder, haré todo lo que pueda por ayudarte. Por favor, Satori... estoy muy asustada por ti, eres la persona que más quiero en este mundo y si te pasa algo... yo me muero, así que... no te cierres a mí... yo te veo y de veras que no puedo seguir así, preguntándome qué más puedo hacer por ti que tenerte en mi casa, porque eso me parece tan poquito.-

Satori suspiró, cansada. Regresó con los cuadernos a la mesa.

-Perdóname. No sabía que soy tan evidente... –

Kaori sonrió y la invitó al sofá, su lugar favorito para escuchar a su amiga, desde que eran niñas. Satori se tocó el anillo y lo comenzó a hacer girar en su dedo.

-Mantiene alejados a mis compañeros. Cuando lo ven, dicen que estoy casada y dejan de molestarme. Me parecen todos tan poco interesantes, en comparación de Aoshi... él es todo un hombre y todo un caballero. Todo lo que siempre anhelé para mí, Kaori. Y cuando llega... ¡Dios!, no sé cómo seguir...-

Kaori le dio una palmada en el hombro.

-Tómate tu tiempo. Preparé algo calientito mientras me sigues contando.- las dos chicas se dirigieron a la cocina, pues descubrieron que tenían hambre. Kaori recordó que cuando eran niñas, Kojiro siempre les daba galletas. De hecho, el padre de Kaori les enseñó a cocinar, pues de joven trabajó como chef en un restaurante... si Kaori creaba ese ambiente, a Satori se le haría más fácil hablar. Sugirió hacer galletas y las dos se pusieron en acción. Satori olvidó su nerviosismo amasando y comenzó a hablar al cabo de un rato.

-Al principio, tenía mis dudas sobre Aoshi, porque él se veía tan mayor para mí... siempre al lado de él me sentía muy niña, muy poca cosa... supongo que por eso me enfadaba y explotaba con él a la menor provocación, como cuando me enseñaba las bases de kempo... ahhh… - suspiró.- a veces me daba la impresión que me hacía enfadar a propósito, pero nunca lo creí, porque él es todo un hombre y esas son cosas que hacen los chicos.- Satori terminaba con la masa y Kaori buscaba sus moldes para galletas. Encontró uno de osito que era el que su padre reservaba para Satori, y es que cuando Kaori se fue de su casa por primera vez, guardó todo en cajas para retirarlo en cuanto encontrara un lugar para vivir. Cuando estaba con Ken, la familia que allí vivió le dejó retirar sus cosas, amablemente. Ahora Kaori le enseñaba el molde a Satori y a ésta se le llenaban los ojos de lágrimas. – Es mi molde... ¿y tienes el tuyo?... ¿era un mapache, lo recuerdas?

-Aquí está – respondió Kaori, triunfante.

-Tu padre era un gran tipazo, Kaori... ¿sabes? Recuerdo que mi modelo de hombre ideal está muy basado en lo que fue tu padre. Y ahora que lo pienso, con Aoshi se parecen bastante, físicamente.-

-Tienes razón. Y sus formas de ser son similares... Aoshi seguramente será un padre muy cariñoso, pues siempre se lamentaba de haber crecido sin afecto. Pero mi papá es único.-

-Como don Kojiro no hay dos.-

-¡Sí señor!- A Kaori se le humedecieron los ojos. Entre las dos trabajaron aplastando los moldes contra la masa y sacando con cuidado los trocitos cortados, acomodándolos en el molde enmantequillado. Todo estaba siendo como antes... –Y si Aoshi en verdad se parece a mi padre, bien podría haberte hecho enfadar a propósito. Mi padre siempre me contaba que enamoró a mi madre a base de hacerla enfadar... él era muy especial. Y así se la quitó a Umeda.-

-Es cierto... pero ese tipo ya no te molesta¿verdad?-

-Ha estado tranquilo ahora último. – Satori le había contado a Kaori de la escena que armó en el hospital.- Me da pena lo que le sucede conmigo, pero yo no puedo evitarlo. Yo sólo amo a mi Ken. Aunque al principio, como tú, tenía mis dudas, por las edades... –

-¿Y sólo te preocupaba eso?-

-Pues... era como mi temor más importante, pues él solía creerse mi protector y eso me descolocaba. Y era gracioso porque cuando me sobreprotegía, yo me enfadaba con él, pero cuando no estaba cerca, lo extrañaba tanto... ¿y a ti, qué cosas te asustaban de Aoshi?-

Satori se detuvo un momento, antes de encender el horno.

Y su mirada se tornó sombría.

-Yo soy muy cobarde, Kaori... y por eso no lo pude disfrutar.-

Kaori extendió otra capa de masa sobre la mesa mientras Satori colocaba la primera bandeja en el horno. -¿Por qué dices eso?... es normal sentirse asustada ante algo nuevo, pero yo no diría que tú fueras una cobarde.-

- Si lo soy, Kaori. Tenía miedo. Miedo de enamorarme, de perderme a mí misma, de que Aoshi, a quien yo no conocía mucho, fuera capaz de atarme tanto a él que no me dejara ser yo. Miedo a que él fuera tan mayor, a que se enamorara de otra mujer, más grande y hermosa... más sofisticada. Kaori... yo lo conocí y me enamoré enseguida, sin darme cuenta. Sólo después, analizando mis sentimientos de entonces pude darme cuenta que así fue... –

-¿No me dirás que por eso lo dejaste ir, Satori?... ha pasado el tiempo suficiente como para comprobar que nada de lo malo que pensaste sucedió... Aoshi es muy bueno... Por cierto... ¿cuál crees que sería un molde para Ken¿Para sus galletas?-

-Ese de conejito... tiendo a imaginarme al personaje de Kenshin con orejitas de conejo... no sé por qué.- contestó Satori pensando en las grabaciones de la saga de Kyoto. Pero su mente pronto regresó a Aoshi... – Kaori... tú si eres valiente... lo seguiste... –

-¿Y tú... deseas seguir a Aoshi?-

-Sí- Satori bajó la vista, apenada. – Pero no puedo.-

Kaori detuvo su labor y miró de frente a su amiga, que se retorcía las manos, sumamente abatida... oh, no... parecía que toda la tensión acumulada en esos días estaba a punto de estallar. Kaori se preparó.

-¿Lo amas?-

-Nunca creí que pudiera llegar a sentir así... –

-Entonces... ¿por qué no lo sigues¿por tu carrera? Podrías llamarlo por teléfono o enviarle una carta para que no siga pensando que jugaste con él, en tanto se reencuentran para aclarar las cosas. No eres la primera chica que se da cuenta de que ama a alguien después que lo ha perdido...-

-Es que... es mejor así, Kaori... mejor que él me odie... que me olvide... –

Kaori sintió que su corazón comenzaba a latir muy rápido. Algo en la mirada de su amiga la estaba alarmando.

-¿Qué estás diciendo? No puede ser posible, Satori... él te ama, tú me dices que lo adoras... tus padres lo quieren... no puedes estar en mejor forma para vivir con él. ¿O es que realmente no quieres casarte?-

-Es que yo… no puedo ser una esposa completa para él. Sólo… lo haré sufrir con esa carencia. Por eso lo mejor es que él se busque a otra mujer que lo pueda hacer feliz en todos los sentidos. – Satori se cubrió el rostro con las manos al sentir el rubor teñir sus mejillas.

-Satori... ¿de qué hablas? No puedo comprenderte… ¿Lo dices por la diferencia de edades? No eres menos mujer por ser más joven.- dijo Kaori tratando inútilmente de sonreír.

-No me refiero a eso, Kaori. Lo que pasa es que yo… yo…- Satori se pasó las manos por la frente, apartando su flequillo.- Yo no puedo hacerlo. –

Kaori ahora si que estaba asustada... todo era tan... incoherente. Tomó el rostro de su amiga y la obligó a mirarla...

-¿Qué no puedes hacer?-

Satori pasó saliva.

-Yo no puedo tener relaciones con Aoshi.-

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Ken, desde la puerta de la casa, percibió el aroma de algo delicioso. ¿Galletas? Recordó que las mejores conversaciones que había tenido con Kaori antes de decidir que estaba demasiado enamorado de ella, fueron mientras horneaban algo como galletas o pastelitos... ¿Estaría hablando con Satori? La noche anterior le había manifestado su preocupación por ella y había prometido tener una conversación con la chica. ¿Debería él dar otra vuelta antes de entrar para no molestarlas? No, ya hacía frío. Entraría de todos modos. Si era discreto, podía entrar silenciosamente, retirarse a su cuarto y no molestar. Le gustaba esa idea.

Entró sin hacer ruido y ya cerca de su habitación escuchó algo en el tono de voz de Satori, a quien no entendió que decía, que lo dejó allí, de pie. Inmóvil.

- Cuando… cuando nació mi hermano Yukio yo tenía cinco años. Es uno de mis recuerdos más claros. Mi madre se fue al hospital y entonces había un tío en casa, hermano menor de papá. Él me cuidaba. O eso le hacía creer a mis padres, Kaori. –Satori tenía la mirada perdida. – No recuerdo con exactitud lo que pasaba en casa, pero si sé que cuando me decían que venía el tío a casa, yo corría a esconderme.-

La voz le llegaba claramente a Ken, ahora. La puerta de la cocina estaba abierta, pero ellas no lo veían. Por su parte Kaori estaba estupefacta.

-Yo siempre te envidié mucho, Kaori, porque sólo tenías a tu papá que era un hombre bueno, y no tenías a más familiares. En cambio yo tenía que ponerle buena cara a mi tío porque mis padres no me permitían mostrar mi desagrado hacia él. Ellos son tan buenos que no concibieron que el tío Kazuo podía haberme hecho cosas malas.-

-¿Me estás diciendo que ese tío… que él…?- Kaori no sabía cómo continuar.

-Ese maldito tío abusaba de mí. En una ocasión, recuerdo que mi padre me llevaba a su casa y yo no quería. Por eso, en un descuido de mi padre me solté de su mano y crucé corriendo la calle. Por poco me atropellan pero un joven me salvó. Era muy guapo, eso lo recuerdo bien. Y yo le regalé uno de mis chapecitos de rosa. Como después fui a parar al hospital pensé que ese joven me había traído buena suerte por librarme de la visita a mi tío y lo idealicé por muchos años como un príncipe. Pero ese príncipe no volvió a aparecer y así fue como un día…- Satori no pudo seguir porque le vino una puntada a la cabeza. Como si una niebla estuviera a punto de disiparse y no lo consiguiera del todo.

-¿Estás bien?- Kaori se levantó y le pasó un vaso con agua. Ken por su parte, estaba asqueado con lo que le había tocado vivir a aquella joven.

-¿El señor Teruo lo supo?- preguntó Kaori.

-Nunca se lo conté a papá. No podía… él era su hermano favorito y Kazuo me amenazaba. Me decía que mataría a mi papá, a mamá y a mis hermanos si yo hablaba. Y para un niño, eso es algo muy serio y una posibilidad muy real. Era asqueroso. Me manoseaba… me obligaba a besarlo y hacerle cosas horribles hasta que un día… Kaori…-

Satori ya no pudo más con todo lo que sentía y se largó a llorar desconsoladamente.

-Me violó, Kaori… el muy desgraciado me violó.- murmuró antes de lanzarse a sus brazos. En ese momento Kaori alzó la vista y se topó con la figura de Ken.

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El otoño otorgaba a los árboles esos colores cafés, rojizos y amarillentos que tanto le gustan a los japoneses. Aoshi regresaría de Alemania por unos días y para Kaori era de vital importancia verlo o comunicarse con él. Pero Akira no quería entregarle la información que tanto anhelaba y ella, que había prometido guardar el secreto de Satori, no podía decirle a Akira lo que estaba pasando. Misato prometió averiguar el día de llegada de Aoshi para que Kaori fuera a su departamento a verlo. Aunque le había prometido a Satori que no le diría nada a Aoshi, Kaori sentía que no era bueno ocultarle tal cosa, para que él también pudiera comprender.

Kaori regresó a su casa, quitándose el ligero abrigo al entrar. Por lo visto estaba sola. Tenía una hora antes de salir para encontrarse con Satori para su cita con la psicóloga.

Ya habían pasado tres semanas desde la confesión de Satori y por fin Kaori había logrado comprender un poco el comportamiento de su amiga con Aoshi. Había comprendido que la joven le tenía miedo al compromiso porque eso implicaba mayor intimidad y sexo en algún momento y por lo mismo había sido siempre excesivamente "alegre" para que ningún chico la tomara demasiado en cuenta. Por eso tomaba pastillas para dormir, porque en el último tiempo se había torturado mucho guardando ese secreto a su esposo, se había desgastado al estar tensa, evitando cualquier tipo de acercamiento que se le saliera de las manos. Había encerrado todo su dolor en su pecho y su mente y las consecuencias las había pagado con su relación de pareja. Por eso Ken habló con Isamu padre para que le recomendara una buena psicóloga a Satori que le ayudara a enfrentar lo que le pasaba ya que era evidente que aquellos recuerdos que ella en algún momento consideró "de poca importancia" le estaban pasando la cuenta. Ken le dijo a Kaori que él tenía la impresión que había mucho más aún en esa historia que Satori no se atrevía a relatar.

Kaori volvió al presente, suspirando. Una corriente de aire le anunció que alguien entraba.

-Estoy en casa. Kaori… -

Ken se acercó a ella y la abrazó.

-¿Y Satori?-

Para Ken, Satori era algo muy parecido a una hermana menor.

-En casa de sus padres. Parece ser que hoy es el día que escogió para hablar con ellos sobre lo que le sucedió así que van a ir todos a la consulta. Yo también iré para acompañarla.-

-Mejor quédate hoy conmigo, Kaori. Yo entiendo que te preocupa mucho tu amiga pero esto es algo que ella debe hacer sola. Satori sabe que de todos modos, tú le eres incondicional. En la consulta, la psicóloga le ayudará a enfrentarse con sus padres y a liberar en parte las culpas que arrastra y que no le pertenecen.-

Kaori meditó unos momentos y después de hablar con Satori, Kaori se acomodó en el sofá junto a Ken, quien la recibió sobre él.

Mientras, en alguna parte de Tokio, Satori hacía algo valiente y doloroso a la vez.

La joven pudo ver en el rostro de su padre las más diversas emociones. Decepción, ira, odio, asco, impotencia, tristeza, culpa, vergüenza… Teruo Fujima no estaba preparado para recibir la noticia que estaba escuchando. Michiru abrazaba a su hija que lloraba mientras la psicóloga trataba de hablar con Teruo para calmarlo un poco. Éste finalmente lo consiguió y abrazó a su hija.

Su hermano… su hermano. Su hermano le había hecho eso a su única hija. A la razón de su ser…

La psicóloga sonrió. Al menos los padres le habían creído de inmediato todo a Satori. Había muchos casos en que no lo hacían y culpaban a la víctima de inventar todo eso. Satori ya podía contar con el apoyo de ellos.

La sesión se extendió por hora y media. Satori quedó citada para la próxima semana y Teruo se ofreció a acompañarla mientras planeaba la manera de encontrarse con su hermano y partirle la cara hasta el cansancio.

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Aoshi salió de su baño y se miró de reojo en el espejo antes de vestirse. La cicatriz en su brazo por salvar a una niña. La cicatriz en su costado por salvar a Satori y ahora, aunque no se veía, tenía una cicatriz profunda en su corazón... Satori... ¿cómo podía ser posible que la tuviera tan metida bajo su piel?

Había bajado un poco de peso y había adelantado gran parte del trabajo en esos días. Acompañado de su abuelo, el joven director se había dedicado a su documental sobre el Muro de Berlín en cuerpo y alma para no recordar sus problemas personales. Acababa tan cansado que apenas apoyaba la cabeza en la almohada se quedaba dormido y apenas hablaba con Momoshiro.

Además, un nuevo proyecto le estaba quitando el sueño y ya había llegado a un acuerdo con Sony. Aoshi rodaría la primera película de Rurouni Kenshin. Watsuki había hecho llegar una historia original suya sobre Kenshin y pronto un equipo de guionistas se dedicaría a adaptarla. Las grabaciones comenzarían en Marzo del próximo año.

-Ya los tengo, Aoshi.- dijo Momoshiro entrando a la habitación, listo para partir. –Ya tenemos los pasajes para ir a Japón, las maletas en recepción, el auto esperándonos. Debes estar ansioso por el estreno de tu primera película.-

Aoshi no dijo nada. Momoshiro suspiró.

Había intentado muchas veces hablar con su nieto pero lo cierto es que él se cerraba en banda. Nunca lo había visto más feliz que en la época que estuvo con Satori pero ahora volvía a ser un personaje callado y sombrío.

El joven Miyasaki se apresuró a salir pues no quería perder tiempo. Se decía que era para estar a tiempo en el estreno de su película, pero una parte muy dentro de sí le decía que era porque no podía estar un día más sin ver aquella carita infantil... aunque fuera para gritarle todas sus malditas verdades antes de alejarse de ella definitivamente.

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-Perdóname, hija. Nunca se me pasó por la cabeza. Nunca pude protegerte.-

Esas palabras se repetían una y otra vez en la cabeza de Satori. Se sentía muy mal por el sufrimiento de su padre y era muy conciente que si Teruo había pecado de algo, había sido de inocente.

Así y todo, ella se sentía muy mal por lo sucedido, como si la victima no fuera ella.

Estaba sentada en el sillón, con la mirada ausente y el fiel Inuyasha a sus pies. Más atrás, Ken la observaba en silencio. No se parecía mucho a la chica sonriente y traviesa que él conoció tan bien en grabaciones y antes de ello. A la chica que bailaba enloquecedoramente junto a su Kaori en la discoteque de Kyoto... ni siquiera él podía creerse lo que sucedía.

Satori estaba viviendo días muy difíciles. Nunca había querido enfrentar lo sucedido y hasta lo había olvidado durante mucho tiempo. Nunca había mostrado su tristeza y ahora todo eso afloraba, recordaba y lo cierto es que emocionalmente estaba muy mal. Isamu le explicó a Ken, a través del teléfono, que era normal que la joven estuviera así, porque eso era comparable a una especie de duelo y que por lo mismo debían ser muy pacientes con ella ya que su carácter estaría muy variable.

Por otra parte, constantemente Teruo preguntaba por el esposo de su niña y Kaori le inventaba que llamaba todos los días para saber del avance de Satori. No podían decirle la verdad sobre el matrimonio falso, porque era exponer a Satori a la deshonra y porque ella misma quería evitarle más tristezas a su padre.

Ken recibió un llamado en su celular, distrayéndolo. Era Misato.

-¿Ken?, Hola. ¿Está Kaori contigo?-

Kaori estaba recién saliendo del baño. Tomó el teléfono que Ken le alargó.

-Hola, Misato. ¿Cómo estás?-

-Muy bien, amiga. Pero te llamo porque tengo una información que me pediste…-

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Aoshi regresó a su apartamento. Pero alguien más estaba dentro.

Una mujer.

Kaori se presentó ante Aoshi, dispuesta a romper la promesa hecha a Satori, pero sintió algo extraño al verlo.

-¿Cómo entraste?- preguntó él.

Momoshiro apareció por la puerta segundos después.

-Tomé la llave de Satori.-

Aoshi miró alrededor.

-Por lo que veo, ella ya no vive aquí.-

Esa idea le dolió más de lo que pensaba. Por su parte, Kaori asintió.

-Vive conmigo, Aoshi.-

-Vamos al grano, Kaori.- dijo Aoshi de modo brusco, cerrando lapuerta tras su abuelo.- ¿Qué demonios quieres decirme? Porque supongo que vienes a hablarme de Satori¿no?-

Kaori pasó saliva y apretó el bolso de mano contra ella.

-Tengo algo importante que hablar contigo. No es de Satori. Es… es sobre Ken.- Mintió.- Necesito de tu ayuda.-

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Fin Acto 25.

Por Miedo. Por verguenza. Por culpa.

Marzo 13, 2004.

26 de Octubre, 2006.

Notas de autora.

Gracias, gracias como siempre a:

KalaChan120

Yukiyasha

silvi-chan

Lilac.Kitsune

Kaerii Ryuka

gabyhyatt

kaorudono8

Arashi Shinomori

Purple

Lyneth

kagomekaoru

kanke-chan

Por reportarse y escribirme. Un beso enorme para todas.

Hola!!!

Bueno, espero que estén todas y todos bien, que disfruten de la primavera en el hemisferio sur y del otoño en el norte y del tropical en el centro… ehh… o lo que sea que tengan en esta época. Por acá en Chile ya hace bastante calor, está todo verde, florecido y agradable.

Para quienes leyeron la primera versión de Actuación sin Libreto, habrán notado que la historia de Satori y Aoshi fue ya bastante modificada, según yo para mejor, debido a que la primera, como la hice con prisas, no me hizo nunca feliz del todo. Para quienes leen por primera vez, espero que les haya gustado el capítulo y todavía quedan dos más dedicados casi exclusivamente a ellos aunque no faltaran esos "fetiches perturbadores" como dice Yukiyasha, de Ken y Kaori que en lo personal me da gusto escribir. Sé que lo se Satori es algo terrible pero también algo bastante común. Como pasé por una situación similar, soy de la idea de que a los niños se les debe permitir mostrar su desagrado ante alguien, en vez de obligarlos a "saludar al tío para que no parezca un maleducado". Ahora que Satori está por fin pidiendo y recibiendo ayuda, está en vías de mejorar y ser feliz.

Sobre el esperado lemon Satori/Aoshi, ya se viene. Paciencia… pero es que me parece que Satori es bastante insegura con respecto a eso y le costará darse aún con su marido.

Ahora hablemos de cosas alegres.

Como mencioné en la nota anterior, ya empezó "Floribella" versión local y me gusta mucho. Es muy colorida, alegre, romanticona e ingenua en sus planteamientos pero por lo mismo es rico disfrutar de una fantasía así, de un príncipe maravilloso y una princesa que aún no sabe que lo es. También estoy viendo Montecristo y también estoy enganchadísima. Me gusta sobre todo la actriz que interpreta a Laura, porque considero que además de bella, es muy buena actriz. Igual se extrañan historias locales pero me parece bien la arremetida argentina porque así algunos creativos se darán cuenta que es posible construir historias de calidad sin recurrir necesariamente al sexo que, si bien es un tema importante y natural y todo eso, últimamente había tenido una explotación algo burda en las historias.

Y para finalizar, les recuerdo que Actuación sin Libreto RK consta de 31 capítulos, asi que ya nos estaríamos acercando al final. De todos modos, pienso que podría acortarla un capitulo para que no les resulte tan larga.

Un beso y nos leemos prontito. Les adelanto que el próximo capítulo es weno weno.