holi! disculpen la demora!

Advertencias: lemon. O algo así :v


Capítulo 24

Compromiso de palabra

La noche se sentía cálida incluso para los saiyajin, después de los enfrentamientos en el coliseo se celebraba un gran banquete en la Llanura lunar, centro natural que estaba destinado para las celebraciones, el único territorio del planeta donde la luna se ubicaba exactamente en el centro; el prado no era abierto para el público a no ser que tuviera autorización real. Las hectáreas que lo conformaban estaban fraccionadas por diferentes secciones, desde áreas rocosas, con prado y hasta una laguna. Cuando se festejaba por la luna llena, se decoraba con hileras de mesones llenos de comida y alcohol, un grupo de danza exótica entretenía a la multitud, para los saiyajin celebrar consistía en comer, luchar y fornicar. Y eso hacían en esa llanura, con libertad absoluta al tener el permiso del Rey.

La mayor parte de la población estaba en ese momento celebrando, eran contados los saiyajin que festejaban en privado, por lo general eran saiyjines emparejados, ya que la celebración en sí la disfrutaban más los machos y hembras solteras.

Para la familia Real era diferente, los Reyes se quedaban hasta cierta hora gozando de la comida y el alcohol, después se retiraban a festejar en privado y permitían que la celebración continuara, los príncipes si estaban solteros se quedaban a divertirse como los demás, con un trato especial claro está. Sin embargo, solo un príncipe estaba bebiendo y deleitándose con las hembras extranjeras que bailaban en el centro rodeadas de machos excitados.

El príncipe Tarble estaba en ese momento liderando la fiesta, era el único miembro de la familia Real que estaba presente, sus padres se habían retirado hace un par de horas y él no tenía el más mínimo interés de hacerlo. Reía y aplaudía a las mujeres con poca ropa que bailaban eróticamente, eran hembras voluptuosas que tenían locos a los machos del planeta, una que otra ya había sido atrapada por un saiyajin, donde la llevaban a un lugar apartado y la usaban como querían. Ellas estaban para eso, para entretenerlos.

-¿príncipe está bien?-la voz del primogénito de Bardock lo desconcentró del baile, el alto saiyajin estaba a su lado bebiendo una jarra de agua ardiente.

-¡claro! ¿Por qué estaría mal?-sonrió mirando al macho, el guerrero frunció el ceño y negó con la cabeza sonriendo-¿ya encontraste a tu presa?-preguntó con un tono lascivo en su voz, Raditz sonrió en respuesta y miró a las mujeres bailar, eran hermosas, altas y con curvas de infarto, pero no le provocaban nada… absolutamente nada. Y sabía la razón.

-creo que paso… en fin, me iré a casa-el príncipe frunció el ceño y lo miró extrañado

-¿Qué? ¿Tan pronto?-preguntó confundido

-¿pronto? Quedan unas cuantas horas para que amanezca-sonrió

-¿acaso no hay nada de tu interés?-alzó una ceja y miró al hombre suspicazmente

-la verdad no…-dejó la jarra de alcohol en la mesa mirando a sus compañeros saiyas reír y disfrutar-la hembra que me interesa no está aquí

-oh… ¿planeas emparejarte?-musitó serio ¿es que todos empezarían a formar familia?

-ojalá pudiera-sonrió melancólico-en fin… disfrute-el príncipe asintió en su despido y vio como el saiya de melena larga se ponía de pie, se alejó de la mesa y se elevó en el aire.

Un malestar se formó en su pecho, sentía que estaba quedándose atrás de cierta forma, sus compañeros más cercanos estaban todos con intenciones de buscar pareja definitiva y procrear, él en cambio estaba entregado a las relaciones de una noche, no es que le molestara pero sentía de cierto modo que estaba estancado en una etapa de su vida, su hermano ya tenía su pareja, su compañero más cercano que era Kakarotto, el saiyajin que mejor le caía en el planeta, tenía mujer y un cachorro, ¿y ahora Raditz?, bufó molesto, aunque él no podía darse el lujo de buscar pareja… por ser miembro de la familia real, sus decisiones debían ser tomadas en conjunto con los reyes y el consejo, tal como pasó con la unión de su hermano con la humana. Aunque, si su hermano iba a ser el heredero ¿Qué problema había en que él eligiera a su hembra?, frunció el ceño ante ese pensamiento… la verdad era que la única mujer que le llamaba la atención en cierto grado, no se toleraban mucho, él le tenía un pequeño rencor… y ¿cómo no tenerlo? Si ella lo había despreciado cuando eran adolescentes, y a él nunca lo habían rechazado, solo ella…

Alzó la mirada y la buscó entre la multitud, no la encontró… sonrió decepcionado, seguramente estaba entreteniendo a alguien más… era una lástima que ella siempre estuviera tan cerca y a la vez tan lejos.

(…)

Mecía al niño en sus brazos paseándose de un lado para otro en el cuarto rodeado de juguetes, era la quinta vez que despertaba en la noche, estaba empezando a preocuparse, su hijo no era bueno para trasnocharse. Su padre se había levantado las primeras veces para preguntar que le pasaba al niño, le daba un poco de risa la situación, como si él no hubiera criado niños antes. Pero era comprensible, estaban todos eufóricos con su hijo, no había persona que no haya reaccionado a su hermoso niño. No los podía culpar, su bebé era hermoso y tranquilo, solo lloraba cuando tenía hambre, bueno y ahora… aunque no entendía que podía estar haciéndole sentir mal.

-ya Gohan sh sh-el llanto del niño resonaba en el cuarto-¿Qué pasa bebé?-acurrucó al bebé en sus brazos y se sentó en una silla mecedora, había estado más de media hora de pie y le empezaba a pasar la cuenta.

-¿Chi-chi?-volteó su rostro hacia atrás para ver a su marido en el umbral de la puerta con el torso descubierto usando solamente un pantalón de tela ligera-¿Qué pasa?

-es Gohan otra vez…-el niño calló su llanto al oír la voz de su padre-oh… ¿Por qué ahora callas bebé? ¿Te gusta escuchar a tu papi?-el pequeño balbuceó

-papá dijo que estaría alterado…-su mujer lo miró expectante-ya sabes… por la luna, aunque sea mitad saiyajin-se acercó a su mujer y extendió sus brazos, la pelinegra le entregó el bebé envuelto en una manta y el saiya lo acomodó en sus brazos-vamos Gohan… deja dormir a tu madre ¿sí?

-entre tú y Gohan no he dormido nada esta noche-se quejó la mujer, el saiya desvió la mirada y soltó una risa nerviosa, no podía negar los dichos de su esposa… a él también le afectaban los rayos lunares, tenía esas ganas indescriptibles de luchar, la energía sin límites recorría su cuerpo, y como no tenía con quién gastarla, otros impulsos surgían… había acechado a su esposa temprano, luego despertó el bebé y su mujer fue a calmarlo como de costumbre, cuando volvió a la habitación él nuevamente la abordó. Y así sucesivamente el resto de la noche.

Y ahora… él había ido a buscarla porque se demoraba demasiado y quería hacerla suya otra vez. Volteó a ver a su esposa quien estaba sentada con los ojos cerrados, parecía dormida… la dejó descansar mientras mecía al niño en sus brazos, su hijo lo veía con los ojos abiertos de par en par, como si lo estudiara, sonrió al infante y lo acurrucó con ternura.

Después de unos diez minutos, su hijo estaba en un profundo sueño, sonrió triunfante y lo dejó en su cuna, arropó al bebé con unas sábanas ya que el calor del planeta era insoportable, creía que lo mejor era alivianar al pequeño de las mantas apiladas con las que su madre solía arroparlo.

Volvió su atención a su mujer y se acercó a ella, la pelinegra dormitaba con la cabeza apoyada en una mano, la boca ligeramente abierta, su respiración era calmada, veía su pecho subir y bajar suavemente. Quería despertarla, sus instintos lo incitaban a ello, pero su carácter amable le decía que debía dejarla descansar, tomó a la mujer en brazos y la cargó hasta su dormitorio, la acomodó en la cama y se recostó a su lado. La envolvió en sus brazos y se relajó al sentir su calor, ya podría amarla cuando despertara… por ahora la dejaría dormir, lo necesitaba.

(…)

Estaba en el séptimos cielo, aún le costaba creer que ella había vuelto a él, que habían estado juntos en su habitación y que ella lo había disfrutado tanto como él, era casi de ensueño, sentía que estaba siendo recompensado con algo pero no sabía el por qué, ya que no había hecho nada bueno en los últimos veinte años. Pero aquí estaba, respirando pausadamente en la nuca de su mujer, ella descansando su cabeza en su hombro, respirando igual de cansada que él.

No quería que esto acabara, que lo que se había formado en ese lapsus de tiempo se esfumara, la quería siempre a su lado, siempre disponible para él, pero sabía que eso no sería así, ella era indomable, nada dócil… ella no accedería a sus peticiones por más que lo intentara, la mujer había llegado a revolver todo su entorno, y lo más grave del asunto era que ya no le importaba, si tenía que acostumbrarse a eso para tener el deleite de poder tomarla, valía la pena. Maldición que sí valía la pena.

Se había vuelto adicto a ella, a su piel, a su cuerpo, a su calor… todo en ella era digno de apreciar y palpar, lo quería todo de ella, su cuerpo no era suficiente, quería que ella también deseara no separarse de él… quería sacar de su cabeza esa absurda idea de irse a la Tierra, ella no podía irse y dejarlo solo… no. Tenía que hallar la forma para que no se alejara de él.

Pero ¿Qué? ¿Cómo conseguía que la mujer testaruda entre sus brazos se quedara con él? debía haber una forma… algo que no estaba viendo o considerando. Si solo hubiera algo que la retuviera… algo que le impidiera salir. ¿Qué podía detener a una mujer para salir de viaje?

Entonces algo vino a su cabeza. Una opción donde todos saldrían beneficiados, el reino estaría más que conforme con un heredero, era lo que estaban pidiendo, él se divertiría haciéndolo y ella no podría salir del planeta, nadie dejaría que la madre del futuro heredero del planeta rojo se expusiera a un viaje espacial, por ende, nadie avalaría su estúpido viaje a la Tierra, ella se quedaría con él.

Por eso lo soltó.

Pero al ver sus ojos y su rostro lleno de asombro supuso que la idea no había sido muy buena para ella. Acercó su rostro entre sus manos nuevamente, las orbes zafiro destellaban confusión y sus labios se cerraban y abrían en segundos, planeando que decir seguramente.

-eso que oíste mujer-frunció su ceño y miró a la hembra que seguía en completo estupefacción.

-pe… pero… creí que esperaríamos-balbuceó confundida-¡tú estabas de acuerdo con esperar unos años!-alzó la voz separándose de él, apoyando su cuerpo en el mueble detrás de ella. Vio el semblante del guerrero ensombrecerse y las manos que antes estaban en su rostro bajaron a sus hombros.

-no veo por qué no podemos adelantar el asunto mujer-una mueca de fastidio se formó en sus labios, empezaba a irritarle la negación de la hembra, siempre le negaba algo, con ella nunca era hacer lo que él quería.

-¡yo sí! Tengo dieciséis ¡no estoy lista!-exclamó tratando de darle énfasis con su voz.

-¡eso no es un impedimento!-igualó el tono alto de la humana y acercó su rostro al de ella, ambos se miraban fijamente a los ojos, cada uno demostrando su determinación tal que casi era palpable en el aire-¿Cuál es tu maldito problema?

-¿mi problema? ¿Mío? ¡Por dios!-negó con entusiasmo fingido-es muy pronto para eso… no quiero traer al mundo a un hijo en estas condiciones-musitó mirando el suelo a distancia.

-¿estas condiciones?-preguntó con irritación apretando el agarre de sus manos en sus delgados hombros, vio una mueca formarse en los labios de la peliturquesa pero no suavizó su aferre. Estaba molesto ¡¿Por qué siempre tenía que negarle algo?! ¿Es que no podía simplemente acatar como una buena chica y ya?

-si… estás-habló señalándose a ambos-míranos… nos ignoramos todo el tiempo ¡no nos hablamos por no sé cuantos meses!

-¡porque tú no querías!-interrumpió molesto-fueron más de seis-murmuró por lo bajo.

-como sea-musitó a regañadientes-el punto es que nos llevamos pésimo ¿cómo podemos tener un hijo si no nos toleramos?-el saiyajin soltó los hombros de la chica y se alejó dándole la espalda. ¿Qué podía decir? No le diría que él estaba dispuesto a llevarse bien con ella, que tenía planes de no atormentarla nuevamente, que quería hacer las cosas bien ahora. Que quería que la indiferencia se extinguiera entre ellos, no estaba dispuesto a pasar más meses así.

-aunque nos odiemos debemos engendrar un heredero, lo quieras o no-dijo serio sin voltearse, apretó sus manos en un puño intentando calmar la ira que amenazaba con adueñarse de la situación.

-preferiría que no fuera así-oyó a su espalda, la vio pasar por su lado hasta sentarse en la cama, recogió sus piernas y las abrazó cubriendo su desnudes-sabes cuál es mi postura… y no la cambiaré porque quieran tener un heredero lo antes posible.

-no estás en posición de decidir-hubiera deseado cerrar la boca antes, pero ya era tarde… había soltado algo que sabía haría un quiebre entre ellos

-¿me obligarás?-preguntó sin mirarlo-recién parecía que me lo estabas pidiendo…

-pues parecía… no te lo pregunté-otra vez el orgullo hablando… frunció el ceño estudiando su postura, no parecía estar molesta, cosa que le extrañó.

-buena suerte intentándolo entonces-murmuró sin mirarlo. Debía actuar, lo sabía pero en este aspecto ella no daría el brazo a torcer, creía poder manejar la situación y algo ya se le había ocurrido. Oyó un bufido en respuesta y supo que estaba tentando a su buena suerte, pero no le importó. Se negó a mirarlo, sabía que si lo hacía perdería esos impulsos de defender sus deseos. Los minutos pasaron y él no parecía querer responder, alzó su mirada y lo vio observarla fijamente. Contuvo la respiración unos segundos, sus ojos negros estaban clavados en su cuerpo y el mutismo empezaba a colarse entre ambos.

El silencio se vio interrumpido por unos golpes en la puerta, ella volteó unos segundos y al siguiente vio al príncipe caminar hacia esa dirección. Frunció el ceño al verlo abrir la puerta estando ambos desnudos, ella se cubrió rápidamente con las sábanas y él en cambio estaba de pie con una mano en su cadera y la otra en el pomo de la puerta, un par de criadas ingresaron sin levantar la vista con unos carros llenos de comida, el olor a pan recién horneado y a carnes asadas golpeó la nariz de la adolescente y se le hizo agua la boca, la servidumbre dejó la comida y salió rápidamente.

El príncipe cerró la puerta y volvió su atención hacia ella, la princesa miraba las bandejas repletas de alimentos y se debatía a que darle prioridad.

-mujer-la profunda voz del saiyajin la hizo perder su atención del banquete frente a ellos y mirarlo a la cara, el príncipe la observaba sin expresión aparente-es la última vez que lo repetiré… deja esas mierdas anticonceptivas-el tono amenazante no pasó desapercibido para ella, el saiyajin acercó los carros a la cama y se sentó a unos metros de distancia de la humana sin dejar de mirarla.

-no-era una lucha de voluntades, ambos lo sabían, ya no era importancia el objetivo final, solo se trataba de quién se saldría con la suya.-no me parece justo… ¿Por qué de repente me sales con esto?-preguntó frunciendo el ceño mientras se abrazaba más a sí misma, intentando defenderse de él de alguna forma.

-¿Por qué no quieres recibir nada de mí?-jamás esperó una respuesta así, y lo demostró con la expresión en su cara aún infantil, algo le decía que esa pregunta tenía más significado del que aparentaba tener, el saiyajin desvió la mirada y comenzó a comer intentando restarle importancia a su pregunta, aunque sabía que no importaba lo que hiciera o dijera ahora, el reproche ya estaba hecho.

Se quedó viendo al hombre que estaba sentado en la misma cama, él parecía ajeno a su escrutinio, observó su perfil perfecto y su pelo que desafiaba la gravedad, le recordaban a unos juguetes de su planeta, sonrió al pensarlo. ¿Por qué era tan atractivo? En parte era afortunada, no lo podía negar, era mucho mejor estar casada con un hombre joven y guapo que con un viejo desagradable, bueno… Vegeta era desagradable a veces. Pero no siempre… volteó su rostro hacia el velador y vio la cajita de terciopelo. ¿Se refería a eso con su pregunta? Volvió a concentrarse en el príncipe que ahora comía su cuarto platillo de una especie de estofado, ¿debería preguntarle? Sintió su corazón latir con fuerza, y no tenía claro porque, siempre que hablaba con él sus emociones florecían en todos los sentidos, él la manejaba y la llevaba al límite.

-lo dices… ¿lo dices por el collar?-se atrevió a preguntar, pero él pareció no oírla, aunque sabía que sí lo hizo, por lo que entendió que él no respondería su pregunta, hizo una mueca en sus labios de frustración, odiaba cuando el mutismo era reino entre ellos, no sabía que esperar cuando él optaba por callar-no iba a aceptarlo… yo no acepto sobornos-murmuró obviando la respuesta de él. El príncipe detuvo sus movimientos, lo vio tragar y dejar el muslo de animal asado en un recipiente.

-no fue un soborno-su voz se oyó más baja que nunca, tanto que tuvo que esforzarse por oírlo-era por tu cumpleaños… -su pecho se comprimió y sintió como si una cubeta con agua fría hubiera caído, y sintió la culpa recorrerla. Recordó claramente cuando le lanzó la caja por la cabeza, claro no le achuntó a su objetivo y golpeó con la muralla, cuando él la tomó y le dejó en su cómoda y luego ella le pidió a Leila que la devolviera al cuarto de él. Se sintió avergonzada, ella pensó que era una "disculpa" por haberla engañado con Paprika y siempre fue por su cumpleaños… pero ¿cómo iba a saberlo? ¡Él no dijo nada! Además mucho tiempo había pasado desde su cumpleaños hasta la fecha en que él le dio ese hermoso collar.

-yo… yo no lo sabía-susurró, el príncipe volvió a comer sin prestarle atención, y por un momento se sintió mal, pero rápidamente se recompuso. No iba a deprimirse nunca más por él, eso lo había decidido hace tiempo. Volteó hacia el velador nuevamente y estiró su brazo para tomar la cajita.

-no lo tomes-se detuvo al instante y miró al príncipe que seguía comiendo-ya no es para ti.-sintió sus mejillas sonrosarse con fuerza al oírlo, alejó su mano de la caja rápidamente y contó hasta diez para no gritarle.

-bien…-murmuró conteniendo la ira y las ganas de gritarle, se sentía avergonzada y tenía fuertes deseos de reprocharle, pero no. Esta vez no perdería los estribos por su culpa. Miró hacia el suelo y vio su vestido decorando la alfombra, levantó las cobijas dejando a relucir su desnudez y se puso de pie ante la mirada del saiyajin. Recogió la tela y se metió en el vestido sin problema alguno. Las puntas superiores que cubrían su pecho las amarró detrás de su nuca al no tener el broche, no buscó su ropa interior, tampoco sus zapatos. Miró la bandeja y divisó un recipiente de su fruta favorita, lo tomó sin mirar al príncipe que observaba todos sus movimientos; con el pocillo en manos caminó hasta la salida de la habitación.

Antes de girar el pomo, la mano de él apareció sobre la suya impidiendo que lograra su cometido, sintió la respiración del príncipe en su oído y su pulso acelerarse, muy en el fondo sintió miedo.

-¿A dónde crees que vas?-su voz carecía de molestia, al menos aparente. No se volteó, respiró profundamente para calmarse.

-a mi habitación-respondió con la mayor calma que pudo.

-no te irás de aquí-sentenció con voz peligrosamente grave-¿no ibas a convencerme para que pensara en dejarte ir a tu dichoso planeta?-preguntó lleno de sarcasmo que no pasó desapercibido para ella.

-no tiene caso-él frunció el ceño al notar la rendición en sus palabras, odiaba la debilidad y verla en ella lo hizo sentir molesto-no me dejarás ir de todas formas-tomó una fresa y la llevó a su boca, el jugo de la fruta se resbaló por su paladar y sintió como si fuera lo único que había comido en todo el día.

-¿cómo estás tan segura?-preguntó sonriendo, ¿tan evidente era en sus intenciones? A veces se lamentaba que fuera tan inteligente y astuta, le era difícil manejarla por ello y su fuerte carácter.

-no tengo idea…-se encogió de hombros-simplemente lo sé-mascó la fruta y dejó las hojas en el pocillo.

-vamos… persuádeme-susurró en su oído provocando un espasmo que recorrió lentamente por su espina dorsal, erizándola y tensándola al mismo tiempo.

-no…-sonrió e intentó girar el pomo pero la fuerza que él aplicó en su mano se lo impidió-déjame salir Vegeta-pidió tranquila, conteniendo todo lo que él provocaba en ella, desde el deseo hasta el miedo.

-aún no tengo suficiente de ti-su mano libre recorrió su hombro desnudo suavemente, tomó su pelo y lo corrió hacia un lado para poder apreciar su espalda, la oyó suspirar y sonrió victorioso, amaba que ella no fuera indiferente a sus toques.

-busca a otra-volteó para verlo y le sonrió como a cualquier otra persona, como si no fuera él quien la miraba intensamente-a alguien a quien le quieras dar ese collar… a mi déjame descansar-sonrió y se felicitó mentalmente por actuar tan bien, porque la idea de que él estuviera con otra y le regalara SU presente la enfurecía a niveles descomunales, pero no lo demostraría, no… si él era tan bueno demostrando desinterés, ella también podía.

-ah ya veo…-soltó sonriendo de lado-¿estás celosa?-preguntó juguetonamente y la pilló desprevenida con eso. Abrió su boca unos segundos que fueron suficientes para demostrar su sorpresa, lamió sus labios y sonrió intentando recuperar su faceta de antes.

-no-murmuró viendo fijamente en sus ojos, apelando a su nuevo don de mentir.

-huelo tu mentira-la sonrisa se borró de sus labios y en cambio una línea recta se dibujó en su boca, él sonrió por su reacción, volteó su cuerpo lentamente dejándola de frente para él, acercó sus labios a los de ella pero la princesa se alejó apoyando su cabeza en la puerta, una mueca de decepción se formó en sus labios-¿Por qué no reconoces que estás celosa?-ahora ella sonrió burlesca, soltó un bufido y se cruzó de brazos, haciendo que sus senos se juntaran por el esfuerzo y robándose miradas del saiyajin en frente que la tenía capturada entre sus brazos musculosos y la madera de la puerta.

-no puedo reconocer algo que no siento-negó con seguridad-yo no soy como tú Vegeta, no ando celándote como tú lo haces conmigo-quiso dar vuelta la situación a su favor pero el rostro burlón del príncipe la hizo dudar de su intención. Él se acercó más a ella, bajó sus manos hasta sus muslos y la levantó sin esfuerzo alguno, la obligó a separar sus piernas y rodear su cadera en un abrazo, sus manos se movieron con agilidad y subieron la falda del vestido con rapidez, exponiendo su intimidad para él, ella se tensó al ver su intención y más aún cuando vio su miembro endurecido para la acción. ¿Es que no se agotaba nunca?

-yo no te celo mujer-gruñó acercando sus labios a los de ella, y esta vez tuvo de su lado el hecho que no había más espacio para que ella se alejara, al ver su intención ella volteó su rostro hacia un lado, impidiendo su cometido-Bulma-dijo con severidad.

-¿Qué?-susurró sin mirarlo, sintió como el saiyajin se ubicaba con precisión en su entre pierna y tragó en seco cuando su virilidad se encontró con su intimidad sin preparación previa. Hizo una mueca preparándose para lo que venía, pero el miembro de él solo se dejó reposar entre sus pliegues de carne, él restregó su erección en ella y besó su mejilla suavemente, haciendo un alto contraste sus gestos con su voz notoriamente.

-no te pongas difícil-sentenció irritado, la sintió tensarse y frunció el ceño al notar que ella no estaba reaccionando positivamente a sus deseos, la frustración empezó a formarse lentamente en él-mujer…-gruñó.

-no puedes obligarme a tener ganas Vegeta-susurró-acabamos de hacerlo, dame un respiro-dijo amurrada. El saiyajin frunció el ceño y pasó su nariz y labios por su mejilla, rozando su piel con la calidez de sus labios. Sintió las manos de ella posarse en sus hombros para afirmarse-soy una humana… si quieres estar toda la noche haciéndolo ve por alguna saiyajin-dijo con tono de reproche.

-¿Cuándo entenderás que a quién quiero es a ti?-preguntó cerca de su oído mientras sus manos las dejó en su trasero, la tomó fuerte entre sus brazos y se la llevó de vuelta a la cama. Ella soltó un gemido y se abrazó con fuerza rodeando su cuello.

Su pecho se llenó de calor y su pregunta retórica se quedó grabada en su mente, ¿ella era a quién quería? ¿Qué quería decir con eso?, sintió su sangre hervir y recorrer cada rincón de su cuerpo, acelerando su pulso y estremeciéndola. De pronto su respiración se volvió pesada y sintió que la habitación daba vueltas, ¿Cuándo sería el día que el saiyajin no tuviera influencia en su cuerpo y mente? ¿Por qué con solo una palabra o una caricia su mundo se veía alterado por completo? ¿A él le pasaría igual?... ¿Por qué de pronto le decía esas cosas? ¡Estaba tan confundida! Recordó cada pesadez que le dijo con desprecio y cada afirmación extraña cargada de un significado que no podía descifrar como ahora. Y nada estaba claro para la peliturquesa, se sentía ahogada en un mar lleno de misterios y peligros que cada vez la hundían más. Alzó la mirada hacia el guerrero cuando la dejó caer en la cama con él encima, la miraba ardiendo de deseo, a estas alturas podía identificar cada mirada suya, ahora había aprendido a descifrar cada brillo imperceptible, cuando estaba molesto, irritado o a punto de explotar, cuando estaba cansado o ardiendo en deseo. Actualmente podía decir que lo conocía un poco, algo mínimo pero había aprendido a leerlo.

-¿Cuánto durará eso?-susurró mirándolo a los ojos, él le devolvió la mirada a la vez que acercaba sus labios a los de ella y esta vez sí se dejó capturar, movieron sus labios lentamente, intentando expresar algo más con aquel gesto, ¿Qué? Ninguno quería aceptar qué intentaban decir. Pero era más que deseo.

-no lo sé-respondió en un murmullo volviendo a besarla-pero ha durado bastante…-confesó más para él que para ella, pero fue suficiente para darle el valor que necesitaba, sin saberlo destapó la caja de pandoras que ella ingeniosamente escondía.

Sus suaves manos acariciaron su mejilla y lo acercó más a ella, sus labios chocaron y él dirigió un ritmo donde la lujuria era la protagonista, empezaba a alegrarse consigo mismo por lograr eso. Cambiar su postura, antes estaba negándosele con la intención de marcharse y ahora la tenía nuevamente en su cama, mimando su rostro y pintando sus labios con los de ella. Lo que no sabía el príncipe era que ella estaba lejos de ser partícipe de ese encuentro, lo que pasaba por la cabeza de la mujer era otra cosa… Bulma analizaba que paso dar, él había afirmado su interés por ella y ahora sabía qué tenía una ventaja sobre él, ahora podía darle un significado a cada palabra, acto o gesto del saiyajin, él estaba confundido, ella lo confundía y era la mejor situación en la que se podía encontrar.

Ahora que lo sabía, podía usar sus herramientas para poder conseguir lo que quería, para poder tener siempre lo que quería, para poder salirse con la suya. El tiempo de acatar decisiones y ritos de los demás se había terminado. Era hora de usar la situación a su favor, él la quería para calentar su cama, ella calentaría su cama pero no sería gratis. Las palabras de su madre estaban más frescas que nunca en la cabeza de la peliturquesa, le haría creer que él tenía el dominio de la situación. Se sentía más segura que nunca.

-de verdad estoy cansada-susurró en sus labios intentando calmar la pasión que el príncipe había destapado-dame unos minutos…-él la oyó perfectamente y suspiró contra sus labios, besó una, dos, tres y cuatro veces más sus labios, hasta que se separó unos milímetros para observarla, no había rastro de su seguridad anterior, la superioridad burlesca que le exhibió antes ya no estaba, solo veía una mujer bajo su poder, respirando con dificultad ruborizada y mirándolo con dulzura.

-tsk… debilucha-gruñó separándose de ella, pero las manos de la humana lo detuvieron, sintió sus frágiles dedos rodear su espalda y al instante su pecho se llenó de "un no sé qué", frunció el ceño ante la extraña sensación ¿Por qué la calidez no abandonaba su pecho?-¿no estabas cansada?-preguntó alzando una ceja, ella le sonrió en respuesta y lo acercó a su cuerpo.

-¿no puedes quedarte así si no es haciéndolo?-preguntó con molestia fingida haciendo un puchero, el príncipe arrugó el ceño y se dejó caer sobre ella cargando su peso en sus codos.

-quién te entiende… luego te quejas que peso-murmuró desviando la mirada incómodo con el ambiente que empezaba a formarse, demasiado cariñoso para su gusto. Sintió sus dedos enredarse en su melena y entrecerró sus ojos con la sensación que lo embriagó, apoyó su rostro entre sus pechos y aunque su boca y nariz quedaron en altura por su seno se acomodó de todas formas en su pecho, rodeó su cintura con sus brazos y se golpeó mentalmente por ceder a ese embrujo. Sabía que no era normal en él acceder a ese tipo de comportamientos pero allí estaba, envuelto en una realidad que ni él entendía-¿no tenías hambre?-preguntó intentando romper la magia que los rodeaba.

-tú no me dejaste comer-se quejó sin dejar de acariciar el cuero cabelludo del saiyajin, sentía su corazón latir con fuerza pero lo ignoró, aunque no podía ser indiferente ante lo que se formaba entre ambos, podía estar perfectamente así con él, olvidando por completo el plan que acababa de poner en marcha, pero no podía, por su bien no podía dejar de lado sus intenciones por un simple hechizo que surgía entre ellos. No podía dejarse engañar tan fácilmente por eso, debía dominar la situación y no dejarse dominar por ello. Debía tener la mente fría para eso.

-yo no te impedí comer mujer-debatió molesto, alzó su mirada hacia ella que observaba el techo como si fuera lo más interesante, frunció el ceño, parecía que estaba en un debate interno complicado ¿estaría pensando lo de tener un hijo?-… hey-la peliturquesa bajó la mirada hacia el saiyajin para indicarle que le prestaba atención-¿Por qué no quieres tener a mi hijo?-preguntó frunciendo el ceño y estrechando los ojos, mirándola con suspicacia, alerta a cualquier gesto o impresión que pudiera revelar las intenciones de la princesa.

-no es el momento Vegeta-susurró lo más dulce que pudo, apelando a su poder de manipulación, ahora era el momento, recordó cada vez que se salió con la suya con sus padres, con los empleados y con sus familiares, sabía que las pataletas y berrinches, gritos y arranques de furia con él no servirían, debía apelar a otros métodos de manipulación, debía mejorar y usar su equipo actual. Ahora tenía algo de su lado que cuando niña no tenía, y que sabía funcionaría con el saiyajin que tenía entre sus brazos, ahora lo sabía, él se había encargado de confirmárselo y con más confianza que nunca lo usaría, ahora era principiante, pero pronto aprendería a seducirlo por completo. El príncipe no sabía dónde se había metido…-no me siento lista… tengo 16 y no quiero ser madre cuando no lo deseo-murmuró fingiendo pesar.

-¿Por qué vas a ver al cachorro de Kakarotto entonces?-preguntó frunciendo el ceño, ella no dejó de acariciarlo, él estaba consciente de lo que hacía durante el día, además el saiyajin siempre le contaba lo que hacía en su casa, diciéndole cosas como "hoy Bulma cargó a Gohan, a Gohan parece gustarle porque se ríe con ella ¡Se ven adorables juntos!" o "Bulma tiene madera de madre ¿eh? ¡Hasta sabe cuándo Gohan tiene hambre o sueño! Los vieras juntos y te sorprenderías, podrías ir alguna vez a conocer a mi hijo ¿no te llama la atención?" a lo que él respondía con un "cállate" o "no molestes insecto"; el hijo de la Mano del Rey tentaba su suerte cada vez que le decía ese tipo de idioteces, porque no podía irritarlo más saber que su mujer andaba cargando por ahí cachorros ajenos. ¿Es que todos estarían babeando por el hijo de Kakarotto? ¿Qué tenía el mocoso que tenía incluso a su padre interesado? Estaba seguro que cuando su mujer pariera a su heredero el furor por el cachorro de su Mano derecha pasaría al olvido, pero ella no quería darle ese privilegio…

-¿eh? ¿Cómo lo sabes?-preguntó curiosa-Gohan es tierno-sonrió mirando el techo otra vez-me gusta… pero que me guste no significa que quiera un hijo-frunció el ceño y volvió a mirar al príncipe-¿no te parece? Son cosas distintas

-hmp-bufó malhumorado desviando la mirada, abrió los ojos de par en par cuando sintió las piernas de ella abrazarlo rodeando su cadera, juntando su pelvis desnuda con la suya. Piel con piel hicieron contacto, y casi se le escapó el aire con el movimiento de su cadera, sintió su intimidad mecerse bajo su virilidad y automáticamente se puso tenso, alzó su mirada hacia ella quién lo miraba sonriendo, con sus ojos afilados y por un momento se preocupó.

-ahora quiero…-murmuró sin dejar de sonreírle. El saiyajin subió su rostro hasta a la altura del de ella, y besó sus labios posesivamente, ella sonrió en su beso por su descubrimiento ¿desde cuándo que tenía ese poder sobre él y no se había dado cuenta? ¡Que tonta había sido! Sentía que tenía una gran responsabilidad sobre sus hombros, no podía actuar en su totalidad todavía, no podía dar un paso en falso, no ahora. No debía subestimar la astucia del saiyajin.

Movió sus caderas sugerentemente, gimió en sus labios al sentir su miembro endurecido y el príncipe fue estimulado aún más, llevó sus manos hacia su pecho, corrió la tela hacia los lados para dejar libres a sus montes, se acomodó entre sus piernas moviéndolas con facilidad para darle un mejor acceso a su intimidad, el vestido se acumuló en la cadera femenina y no fue impedimento para el saiya para lograr su cometido, él bajó hasta uno de sus senos y lo besó con urgencia a la vez que hundía su excitación entre sus carnes hinchadas, ella exclamó en respuesta al no estar lista para él, pero el saiyajin tenía otros planes. No podía ni quería esperar más, ella jugaba con su autocontrol y se había contenido bastante a su parecer teniendo en cuenta que sus instintos estaban alterados por completo.

Se movió con ímpetu, empujó sin darle tregua alguna, oía los quejidos de ella y se concentró en sentirla en total plenitud, besó sus labios silenciando sus gemidos y los arrancó de su boca haciéndolos suyos, tragó cada jadeo y aliento, se sintió dueño de ella ajeno al hecho que ella estaba permitiéndole ser su dueño. En ese momento el saiyajin no fue testigo de la red en la que estaba siendo atrapado. Olvidó por completo la disputa por su petición, ella hizo que lo olvidara y no le importó en ese momento, tendría que buscar otra manera para mantenerla a su lado.

Después de unos minutos, ambos descansaban agotados con sus cuerpos entrelazados, sus respiraciones entrecortadas eran el único ruido que irrumpía en el dormitorio, ella lamió sus labios sin dejar de mirar el techo preguntándose si sabía en que se estaba metiendo… seducir y manipular a Vegeta era una tarea peligrosa, y era fácil dudar. Sintió la caricia del saiyajin en su muslo y sonrió a nadie en particular, era fácil sucumbir a los deseos del guerrero, ¡era tan fácil dejarse tomar por él cuando la hacía sentir en las nubes!, por un momento pensó que no disfrutaría ese encuentro y se vio así misma gimiendo a los minutos después. El poder del príncipe era demasiado, y temía ser menos que él. Tendría que prepararse y creía saber quién podía ayudarla.

-no volverás a poner pestillo en tu puerta-sentenció serio una vez que recuperó el aliento, sabía que estaba tentando a su suerte con su postura de dominio pero no lo podía evitar, era su esencia, él siempre debía mandar y no se le pasaría jamás, de eso estaba seguro. Ahora que estaban agotados por el esfuerzo reciente era su oportunidad para apelar a ella, apelar a que olvidara ese absurdo castigo que perduró demasiado para él. Un castigo que para él fue un verdadero suplicio.

Hundió su rostro en el pecho duro del príncipe y sonrió en contra de su piel, ¿no sabía que le estaba dando todas las herramientas para ganarle? El Vegeta que estaba esa noche con ella estaba actuando más ingenuo que otras veces o ¿era ella que estaba más calculadora que antes? Sí… ella ya no era la misma, se había puesto a la altura de la circunstancias y ya no era una niña que podía asustar. Ahora era una mujer y sabía que podía dar vuelta el juego a su favor.

-está bien…-murmuró mientras lo abrazaba-pero a cambio quiero algo-susurró alzando la barbilla hacia él, el príncipe frunció el ceño ocultando la ansiedad que lo recorría al pensar en tenerla a su disposición cada vez que quisiera dependiendo de la condición que ella pensaba ponerle. Tragó en seco intentando parecer tranquilo mientras una de sus manos acariciaba su espalda y la otra recorría su muslo blanquecino.

-¿otro acuerdo mujer?-preguntó fingiendo desinterés, ella elevó su rostro hacia el de él y besó sus labios castamente y él frunció el ceño por el corto de su beso.

-olvídate de lo del heredero-observó los ojos oscuros del saiyajin mirarla fijamente, supo que debía dejar sus cartas sobre la mesa en ese instante; volvió a besarlo pero esta vez lo dejó degustar más tiempo sus labios-no volveré a poner seguro en mi puerta-susurró-lo prometo-rodeó su cuello con sus brazos y apegó su cuerpo aún medio cubierto por su vestido al suyo.

-¿puedo confiar en tu palabra mujer?-preguntó alzando una ceja, no quería ceder tan fácilmente. Pero la oferta era tentadora… ¿tendría que asumir entonces que debía pensar en otra cosa para retenerla en el planeta?

-¿te he mentido antes?-una mueca de reproche se formó en sus labios y él sonrió de lado en respuesta.

-sí-aseguró con determinación y ella frunció el ceño mirándolo confundida-recién… cuando dijiste que no estabas celosa-afirmó provocando un sonrojo en ella.

-¡tú también mentiste entonces!-exclamó avergonzada, el príncipe frunció el ceño y sin dejar de sonreír negó con la cabeza-tú también me celas… no puedes negarlo Vegeta-sonrió juguetona, besó sus labios y él se rindió ante su beso, cerró sus ojos y se entregó al acto. Movieron sus labios en completa sincronía, ya estaban volviéndose expertos en besar y en reconocer los labios del otro. Y no podían dejar de sentirse conformes con eso.

-prepárate entonces-musitó seductor volteándola de espaldas a la colcha por cuarta vez en esa noche-debo ponerme al día contigo-afirmó mirándola tal cual depredador a su presa.

-recuerda que soy una simple humana-respondió fingiendo cansancio con un puchero en sus labios, él sonrió de lado exhibiendo sus caninos, y ella notó lo diferente que se veían, la mueca se borró de inmediato de sus labios dando paso al asombro y la consternación al observar con atención sus colmillos ¿Por qué parecían más feroces que otras veces? La teja que cayó mentalmente recordándole que el príncipe no era humano la hizo sentirse estúpida, la cola del guerrero se meneaba sugerente de lado a lado confirmándole que realmente había sido tonto preguntarse porque se veía diferente esa noche. Muchos le advirtieron las consecuencias de la luna llena en la raza guerrera, el salvajismo y los constantes deseos de sexo eran efectos secundarios, su cuerpo le transmitía más fuerza que antes y por un momento temió por su integridad física bajo el poder de ese feroz saiyajin.

-a veces se me olvida-confesó sin dejar de sonreír, provocándole más inseguridad a la chica, él lo notó y sonrió para sus adentros al verla de pronto más sumisa-¿Qué pasa? ¿Tienes miedo?-ronroneó acercándose a sus labios, ella negó sutilmente-deberías…-susurró antes de besarla, la ola de excitación mezclada con miedo que la invadió la asustó, sabía que él no estaba molesto con ella por ende no tenía que temerle, pero el cambio de repente la hizo reaccionar, su instinto de supervivencia naturalmente le recordó que estaba en presencia de un ser poderoso y que podía perfectamente hacerle daño si quería, aunque su cuerpo le decía eso, su raciocinio estaba seguro que él no la lastimaría, y por eso surgía de pronto eso. Ella queriendo más de él y su cuerpo temblando de miedo por su propia seguridad.

-¿Por qué?-igualó su murmullo una vez que él la dejó respirar, él ignoró su pregunta y buscó la curva de su cuello con la marca que de la que él estaba tan orgulloso. Lamió la cicatriz preparándola para lo que venía, sus dientes estaban más filosos que otras veces y se debía a reacciones normales de su cuerpo por las ondas magnéticas con las que el planeta se cargaba por el satélite natural, su piel ardía en respuesta y sentía sus músculos contraerse por la sangre que hervía en su cuerpo. Necesitaba más que sexo… lo sabía, sus instintos primales le pedían sangre, le pedían violencia…

Succionó su piel sabiendo que dejaría una huella, y ella gimió en respuesta retorciéndose bajo su toque. Dejó que sus dientes rozaran la piel y sintió las uñas de ella enterrarse en sus hombros, sonrió en respuesta ¡que chica más lista!, esperó que el agarre de sus uñas en su piel disminuyera su intensidad, quería pillarla desprevenida para aumentar la sorpresa en ella y por ende su grito. Quería oír que le doliera… volvió a lamer y está vez una de sus manos bajó a su entrepierna para incitarla a relajarse, pero ella parecía saber su intención porque no dejaba de estar preparada. Frunció el ceño disgustado, dejó la curva de su cuello y asaltó sus labios. Sus lenguas se identificaron de inmediato y participaron en su juego, se enredaron y succionaron por turnos, mezclando sus sabores y regalándose calor como consecuencia. Y fue cuando la sintió relajarse. Aprovechó el momento y soltó sus labios, bajó rápidamente a su cuello y enterró sus caninos en su tierna piel.

Ella tembló debajo de él y chilló en alto, su gritito de dolor fue una armoniosa melodía que estaría feliz de oírla otra vez, sorbió su regalo con gusto, la mezcla metálica caliente se impregnó en su lengua, succionó su elixir de la vida entusiasmado, ajeno a la desesperación que despertó en ella. Se borró por unos minutos, envuelto por completo en su sabor dulce, sintió su cuerpo responder a su aroma y se estremeció ante la idea de probar más…

-¡Vegeta!-la voz de ella rompió el encanto… y fue cuando sintió las uñas de ella enterradas por completo en su piel, se alejó de su cuello con suavidad medida, paso la lengua por sus dientes deleitándose con los últimas muestras de su sangre.

-lo siento-se disculpó burlesco-te veías apetecible-confesó con falsa culpa, la peliturquesa frunció el ceño y llevó una de sus manos a la herida, la tocó con suavidad, sentía su piel ardiendo y sensible, esta vez fue completamente diferente a todas las anteriores donde él la mordió, sus caninos estaban más afilados y grandes que antes y la herida fue instantánea, por un momento pensó que estaba siendo víctima de un personaje ficticio como un vampiro en vez de un saiayjin. Miró extrañada al príncipe que le sonreía inocente con rastros de burla en su mirada, podía ver en la comisura de sus labios huellas de su acto y por un momento le pareció aterrador.

-levántate… necesito una ducha-murmuró con rabia contenida.

-¿te enojaste?-preguntó alzando una ceja sin moverse sobre ella.

-¡eres un salvaje! ¿Cómo quieres que no me enoje?-farfulló indignada

-no deberías ser tan tentadora entonces-susurró acechándola, la princesa tragó saliva que no tenía y parpadeó nerviosa-juguemos toda la noche…-sonrió malicioso, causando una mezcla de sensaciones en la peliturquesa.

Su beso la calmó, en cierta medida lo hizo… la ansiedad ya estaba puesta sobre la mesa, o mejor dicho sobre la cama. Ella estaba consciente que no podría levantarse a la mañana siguiente, él no pretendía dejarla en paz y estaba temiendo seriamente por su cuerpo. Empezaba a maldecir a todos los santos por ponerla en esa situación, era la primera noche… y serían tres. ¿Durante el día también estarían así? Esperaba que no… rogaba a todos los dioses que no. Jamás creyó que sería víctima de algo así, los saiyajin eran una especie única, única en todos los sentidos, y su príncipe sobre todo era la evidencia que la hacía pensar aquello. Lo peor de todo, o quizás era bueno… era que le gustaba. Le gustaban los saiyajin, y le gustaba él. La tenía hipnotizada en un juego tentador, la idea de estar a su lado provocaba deseos únicos en la princesa, deseos y ganas de probarse a sí misma, ella era una humana que jugaba a ser la mujer del príncipe de la extraordinaria especie. Si lograba pasar la noche y tener energías al día siguiente, sería digno de alabarse por ello, pero en ese momento algo más rondaba por su cabeza.

Esperaba estar a la altura del desafío, esperaba que él no se aburriera y que estuviera conforme con el resultado, ella lo estaba pasando bien, algo agotada pero lo estaba disfrutando. Suspiró por quizás la décima vez contra sus labios y se rindió a sus caricias otra vez, asumió que no dormiría esa noche, segunda vez que se pasaría despierta sucumbiendo a sus deseos carnales, pero esta ocasión era lejos en comparación con la anterior. Esta vez ella estaba dispuesta y lo estaba disfrutando tanto como él.

Se enredaron olvidando la comida que los esperaba, pero ya se rendirían a su necesidad básica, ahora se alimentaban de sus besos, la energía que los impulsaba era la pasión y el agotamiento no se sentía cuando estaban envueltos en esa complicidad misteriosa que había surgido entre ambos. Uno pensaba que había dominado la situación, que la noche había sido beneficiosa sin esperarlo, el otro memorizando cada gesto y palabra suya para afirmar su plan a concretar. Sin embargo, ambos llegaban a un mismo resultado, dejarían de lado sus diferencias para obtener lo que querían del otro, no necesitaban decirlo, ambos lo sabían. Se darían lo que quería el otro, a cambio accederían a las condiciones y peticiones que establecieran y las respetarían. Cada uno jugaría sus cartas, el juego había iniciado, y harían lo posible para salir vencedor.

Ninguno sabía que en el peligroso juego que iniciaron no habría ganador ni perdedor. Ninguno sabía lo que encontraría en el otro gracias a la tonta ocurrencia de querer dominar la situación y a su compañero.

(…)

La luz era escasa por los pasillos del palacio, pero no necesitaba un pasaje iluminado para reconocer cada muralla, pieza de azulejo o hebra de la alfombra. Ese camino lo venía recorriendo desde que tenía diecisiete años. Ya era uno de los lugares habituales para ella. Pero hoy tenía una carga distinta.

Por primera vez en todos los años que venía visitando esos callejones, el entusiasmo no la acompañaba. Antes siempre iba ansiosa, rogaba cualquier señal que le diera para poder ir a visitar esa habitación, vivía pendiente de sus ganas y estaba más que dispuesta a acceder a todo lo que quisiera, así era el amor. Se había enamorado una vez y había sido doloroso tener que asumir ese hecho, asumir que tendría que compartir toda la vida. Pero era su culpa, ella se había enamorado de quién no debía y había dejado florecer esos sentimientos ya sabiendo que su amor no era correspondido. Cuando pudo demostrar cuanto amor tenía para ofrecer, fue recompensada con un poco de consideración, con permiso para tocar y permiso para entregarse. Pero eso fue de la mano con muchas consecuencias.

Había tenido que acceder a ciertas situaciones… ya saber que no era la única era doloroso, ya tener que estar mendigando cariño la ponía enferma, pero era eso o nada. Ella sabía que no la amaba, ella sabía que era solo un pasatiempo y que el "cariño" si es que lo sentía no era para ella, pero ¿Qué podía hacer? Era joven y llena de esperanzas inútiles mal fundamentadas en una caricia, una mirada, un gesto, un cuidado inexistente bajo la mirada gélida que siempre le regalaba a todos y que creía que era diferente para ella. Pero nunca lo fue… esa idealización ya se había ido, y ahora lo veía todo con claridad, todo se lo inventó, quiso creer que había algo de amor para ella, pero nunca fue así, ahora que lo veía y lo pensaba, no podía sentirse más imbécil… había hecho tanto por ese amor, había accedido a tanto… a tanta humillación… y ahora volvía a eso. Volvía a ser parte de aquello y no podía decir que no. Ella no tenía opinión al respecto.

Ahora… ahora el amor se había ido. Ahora ya no veía la situación con ojitos de enamorada, ahora era capaz de ver cada injusticia a la que fue sometida y se avergonzaba por todo lo que hizo por un falso amor. Se engañó a sí misma, y ahora estaba pagando las consecuencias. Estaba metida hasta el fondo en un pozo profundo donde al final había un suelo de cristal que amenazaba con quebrarse si no hacía lo que le pedían.

Era lo que obtenía por jugar a ser la amante. La otra mujer.

Pero ya no quería serlo… no de ella al menos. Había superado ese amor obsesivo y ahora sentía un amor diferente, un amor que la hacía ser mejor persona, un amor que lo único que quería era el bien estar de su ser amado, no era ese amor dañino que la hacía sufrir cuando la pensaba con su dueño. No era ese amor que la hizo rebajarse para poder estar con ella. El amor que sentía ahora la hacía querer el bien, la incitaba a formar parte de una vida dulce y llena de esperanzas, no necesitaba tocar su piel para sentirse bien, aunque le dolía no poder hacerlo, era feliz con saber que ella estuviera bien, su bien estar era su única prioridad.

Pero ahora estaba metida en un lío entre sus dos amores, el amor que le hacía daño y el amor que la hacía ser mejor persona. Era fácil inclinarse por uno, pero difícil escapar del otro. Se había acercado a su amor para obtener el amor verdadero de su mal amor. Era un maldito juego cruel que le estaba pasando la cuenta. Era como si la castigaran por intentar hacer el mal. Se lo merecía quizás…

Su viejo amor se lo había pedido, no… se lo había ordenado y ella tontamente aceptó sin peros, todo para serle de utilidad, pero grande fue su sorpresa cuando lo que encontró fue más amor. No. Quizás el único amor, ese amor la hizo abrir los ojos. Pero era tarde para ella…

Estaba destinada a ser la segunda, al menos con su viejo amor. Sabía que su buen amor no le haría daño, sabía que no la dejaría sufrir por ese noble sentimiento, su amor no era así… lo había comprobado, no era ajena a sus defectos, pero sabía que no permitiría que sufriera como sufría con su viejo amor. No podía compararlos, su viejo amor era una víbora venenosa en el cuerpo de una mujer hermosa, con ojos fríos pero atrayentes, con voz femenina pero firme. Era la mujer más hermosa en el planeta a su parecer, y como no serlo si la había elegido el Rey.

La reina Keel era lo opuesto a su buen amor, su buen amor era una criatura mágica en un cuerpo terrenal, su buen amor era caprichosa y se creía dueña de la verdad, pero era amable y no le hacía daño a nadie, era ingenua aunque creía ser madura y estar lista para cualquier desafío, pero ella sabía que no era así. Su buen amor estaba rodeado de una jauría de animales salvajes que estaban atentos a su caída, que la devorarían en cualquier descuido, ella corría peligro aunque no lo supiera, y aunque pensara que no necesitaba de nadie, era consciente que debían protegerla con cualquier ayuda posible. Ella se había hecho de amistades, había logrado lo que nadie había hecho antes, había establecido amistad con los de su raza cuando ni entre ellos mismos lo habían hecho. Pero es que su buen amor era tan distinta a cualquiera… claro, si había enamorado al mismo príncipe. Su buen amor tenía mucho poder y ella no lo sabía, por eso corría peligro. Y era ella quién estaba ahí para darle los instrumentos a la Reina para que la dañara.

No podía sentirse más podrida y muerta en vida… se había acercado a ella por petición de la Reina, debía buscar alguna debilidad para explotarla. Cuando no la encontró fue ordenada con otra petición. Crear una. Tenía que poner en contra a la princesa del príncipe. Debía hacer que el heredero al trono quisiera deshacerse de la peliturquesa.

Pero sabía que no podría ayudarla… sabía que no podía ser parte de ello. Aunque quisiera no podía, la humana no tenía nada que pudiera usar a su favor. Y aunque la Reina no quisiera reconocerlo, su hijo jamás se alejaría de la princesa. Ella lo había visto ese mismo día, la mirada de odio que le dio cuando la encontró en frente de la habitación de su mujer, y la mirada llena de amor que le dio a la humana cuando abrió la puerta. Ella reconocía los ojos de alguien enamorado, los vio en su reflejo por más de ocho años, y los vio en los del príncipe. ¿Sabría que estaba loco de amor por ella? quizás… pero de algo estaba segura, el amor no se esfumaba de un día para otro aunque supieras que estabas enamorado del mismísimo diablo. Ella sabía que amaba a la mujer más mala del planeta hace años y aun así no dejó de amarla.

¿Cómo el príncipe iba a dejar de amar a la peliturquesa si era un ángel en cuerpo de mujer? nadie podría dejar de amar a alguien así. Él con menos razón dejaría de amarla, ella tenía razones para no amar más a la Reina. Ese amor se había extinguido, y había dado paso a la culpa y arrepentimiento. ¿Él porque se arrepentiría de amar a semejante criatura que solo hacía el bien y llenaba su mundo de colores?

Pero eso la Reina no lo entendía… ya le había dicho que la peliturquesa no tenía secretos, ni miedos que explotar, pero la mujer parecía no entenderlo.

Golpeó el portón de madera fina con fuerza, los tres golpecitos resonaron en el pasillo, su corazón latió con fuerza ¿era posible que la ansiedad la envolviera después de tantos años? Pero era una ansiedad distinta aunque no lo quisiera, su ansiedad de ahora era por miedo. No por amor.

La puerta se abrió y la Reina Keel con su pelo revuelto, cubierta por una bata de seda transparente que dejaba ver su perfecto cuerpo le dio la bienvenida. El semblante de la mujer en la puerta era el de siempre. Frío y distante, despectivo y soberbio. ¿Cómo pudo enamorarse de alguien así? No lo sabía… solo era consciente que en un momento de su pubertad la admiración pasó a mutar en amor, quizás se confundió…

-¿Por qué tardaste tanto?-interrogó fastidiada, Laurel se movió nerviosa en su lugar y sin dejar de mirarla a los ojos tragó saliva, y respiró profundamente.

-no sentí prudente escapar cuando recién se habían marchado…-dijo en tono de disculpa, la Reina bufó irritada y salió al pasillo cerrando la puerta detrás de sí.

-como sea… ¿tomaste el té con la zorra?-sintió una estaca en el pecho cuando la oyó, siempre le molestaba que se expresara así de la humana, pero debía actuar.

-no… el príncipe me vio y me echó-confesó mirando el suelo, en menos de un segundo sintió la mano de la mujer rodear su cuello, aprisionando con fuerza, sabía que no debía luchar, sus manos las dejó en las muñecas de su reina y la observó intentando permanecer con lucidez.

-¿otro error Laurel?-murmuró con rabia

-no fue mi culpa…-respondió en un susurro.

-estoy empezando a pensar que no te esfuerzas cariño-gruñó amenazadoramente a la vez que la dejaba caer con brusquedad, la saiya más joven llevó su mano a su cuello y tosió con dificultad-tu estupidez te está cegando Laurel…-alzó su mirada hacia el perfecto rostro de la maldad camuflada en la belleza femenina.

-¿Qué dice Reina?-preguntó con dificultad.

-caíste… al igual que todos-soltó con rencor-eres otra más que cayó en la red de esa araña-la miró de pies a cabeza con repulsión reflejada en su rostro-no creí que tú entre todos caería

-majestad…-no pudo negarlo, ella no era mentirosa al fin y al cabo ¿Qué podía decir al respecto?, vio a la mujer abrir nuevamente la puerta, entró a sus aposentos privados y dejó abierto, invitándola a entrar… poniéndola a prueba. Suspiró con pesar y se adentró en el cuarto que muchas veces visitó antes. Sintió el olor a sexo y alcohol en el ambiente, y se movió inquieta en su lugar.

-ya no me sirves Laurel… buscaré a alguien más para esto-se sintió aliviada, pero a la vez asustada. Ya no podría estar al tanto de lo que la mujer planeaba, ya no sabría que peligro acechaba a la princesa, estaban en desventaja y sabía que si no era participe de los planes de la Reina no se podría enterar de nada, y por la postura y mirada despectiva de la mujer que estaba sentada con una copa en sus manos podía deducir que ella no sería parte del nuevo plan.

-¿quiere que me marche entonces?-preguntó ocultando la esperanza, ocultando el hecho que ya no quería ser tocada por ella, ocultando que ya no quería enredar su cuerpo con aquella mujer, y como consecuencia, ser parte de lo que sabía que iniciaría si se quedaba en sus aposentos.

-¿Qué estás hablando tonta?-preguntó rodando los ojos-son cosas distintas… ven-extendió su mano hacia ella, y su cuerpo automáticamente se movió. Quizás su alma y sentimientos no la acompañaban, su mente estaba distante y sabía que no era lo correcto ni lo que quería realmente, pero su cuerpo decía otra cosa, su piel reaccionaba a su tacto y ansiaba su calor. La saiyajin adulta la sentó en su regazo y acarició su mejilla con ternura, eran esos momentos en los que la hacía dudar de su frialdad. Eran esos momentos en los que confundía a la joven-¿ella te gusta?-no tenía que ser un genio para saber de quién se trataba.

-ella es hermosa-murmuró, la mirada de la Reina se endureció al igual que su caricia, podía ver el fuego en el brillo de sus ojos-soy débil a mujeres hermosas… usted lo sabe-llevó una de sus manos a la mejilla de la reina.

-lo sé pequeña… lo sé-sonrió en complicidad. Oyeron pasos acercarse y la puerta del dormitorio abrirse. Ambas voltearon para ver al Rey desnudo de pie en el umbral mirándolas fingiendo desinterés, aunque ambas sabían que contenía su rabia de verlas juntas.

-¿Cuánto más debo esperarte Keel?-gruñó cruzándose de brazos, Laurel se puso de pie y lo reverenció según el protocolo, la Reina se levantó y la tomó de la mano empujándola hacia el monarca.

-no seas impaciente-gruñó en respuesta-ahora que llegó mi juguete podemos divertirnos más mi Rey-sonrió lascivamente hacia su hombre, el saiyajin miró con deseo a su mujer. Hace tiempo que estaba acostumbrado a esto… a los gustos de su hembra por esa joven. Se había tenido que acostumbrar a usar a la mocosa entre ellos algunas noches. No era aburrido pero la prefería sola, no necesitaba de un tercero para satisfacerse, y sabía que su mujer tampoco, pero su despiadada Reina se divertía jugando con los demás. Y la pobre Laurel era su víctima preferida.

Un juguete… eso era ella para su mal amor. Y aunque hace tiempo que lo sabía, no dejaba de ser cruel oírlo de su propia boca traicionera, miró al rey quien la miraba lanzándole dagas con los ojos, ambos se rendían ante la víbora que los tenía hipnotizados, ambos cedían ante los caprichos de la bella mujer que los tenía enamorados. Pero ella ya no quería ser parte de ello. Ella ya no quería enredarse más con la venenosa mujer… ahora aspiraba a un amor dulce. A un amor que pudiera salvarla del pozo lleno de secretos y conspiraciones al que había caído. Lo había encontrado, pero debía cuidarla porque ese amor corría el mismo peligro que ella, con la diferencia que ella sabía mantenerse en el aire, su amor no sabía volar… su amor caería hasta el fondo del pozo, era eso lo que la Reina quería.


me costó escribir este cap... tanto que no le tengo confianza xd siento que es lo más fome/latero que he escrito, lo siento de ante mano, en serio! pero mi ánimo no me dio para más :/ lo único que me gustó fue la parte de Laurel, me gustó mucho escribir de su mal amor xD no lo sé! pero me gustó... el próx cap ya será el último de esto de la celebración, será más largo y espero que sea de mejor calidad que este :c lo siento en serio u,u

gracias por leer y darse el tiempito de comentar, me alegran un montón, siempre es rico leer sus comentarios, me retroalimetan! :C

ya se vendrá Trunks no ahora, pero en algún momento se los aseguro... pero ahora recién empezarán a disfrutar el uno del otro u,u no es el momento como dice Bulma xD

bueno, muchas gracias! lo siento por el cap mediocre :c y no se volverá a repetir, de verdad u,u

ánimo y saluditos! cuídense y los quiero a montones!

nos leemos! :D! GRACIAS!