Capítulo veinticinco – un acto de bondad
´there's a radiant darkness upon us,
but i don't want you to worry '– you were a kindness, the nationals
Katniss llega sin florituras. Nadie está allí para recibirla cuando baja del aerodeslizador a las afueras del Distrito 12. No llamó a Peeta. Iba a hacerlo, pero sus dedos dudaron sobre los números antes de decidir guardar de nuevo el teléfono en su bolsillo, al pensar que podría darle una sorpresa en lugar de llamar.
Sabe que él estará preocupado, a pesar de que le dijo que no lo hiciera cuando habló con él desde el hospital. Peeta nunca escucha si se trata de ella. Pero no han pasado ni dos semanas, y Peeta es tan perseverante en la espera.
Camina en paralelo a la línea de la vieja alambrada que separa al Distrito del bosque abierto. Es el único indicio de lo que antes constituía una restricción. Ve lo que solía ser la Veta y distingue el lugar en el que estuvo su casa, años atrás.
Ha estado evitando esos lugares durante mucho tiempo. O tal vez nunca se tomó la molestia de observarlos verdaderamente. Pensando en todo lo que ha hecho en los últimos cinco años, no parece mucho; es mucho menos de lo que ha conseguido Gale. Pero ella estaba conforme, y Peeta estaba conforme con ella. Trabajando codo con codo en la panadería, reunidos en casa a última hora de la tarde después de cerrar; él tratando de enseñarle cómo hacer diferentes recetas. Recuerda cuando, finalmente, comenzaron a dormir en la misma cama, como él la besaba con dulzura y nunca la empujaba a nada que ella no quisiera hacer.
Cambia de de trayectoria para dirigirse a la panadería. Los olores salen a su encuentro nada más llegar a la puerta y prácticamente la consumen al entrar. La nostalgia la muerde cuando tiene que asimilar el viejo escenario; todo en la posición exacta en la que estaba antes de marcharse. Es raro pensar que solo han pasado algunos días – parece que han sido años – y no puede evitar preguntarse por qué todo sigue igual.
Localiza con los ojos a Peeta detrás del mostrador, hablando con un cliente y con su sonrisa característica en los labios. No se ha dado cuenta de su presencia.
Quiere caminar hacia él. Quiere decirle que está mejor, que ha superado el dolor y a Prim. Decirle que él siempre tuvo razón. Pero se siente clavada en el sitio, incapaz de moverse hacia él; porque, ¿cómo va a hablarle de todo lo demás? ¿De las cosas que ella hizo y que él nunca haría?
Imagina que puede culpar a la vulnerabilidad y el juicio equivocado, pero no puede hacerle eso. Él sido tan bueno con ella los últimos años, y ella…
"¡Katniss!"
Se sobresalta al escuchar su nombre. Mira hacia un lado y ve a una chica correr hacia ella; una enorme sonrisa brillando en una cara bonita. Katniss tiene que parpadear antes de que la chica la envuelva en un abrazo.
"Te hemos echado de menos", le dice, separándose para dar un paso atrás y echarla un vistazo.
Katniss no puede creer que no recuerde la apariencia de Delly antes de irse. Ella está muy lejos de ser la chica de cara pálida y cuerpo redondeado de años atrás. Sus mejillas han ganado un tono rosáceo regular, ya sea porque está echando una mano y ocupada, o porque sonríe mucho. También está más delgada; la redondez se ha convertido en bonitas curvas y su cabello ahora es una larga melena, lisa y rubia.
La antigua amiga de Peeta, también ha madurado junto a su cuerpo.
Katniss nunca le prestó mucha atención, sobre todo porque Delly había estado fuera de su periferia durante los últimos años. Estaba a cargo de la zapatería junto a su hermano pequeño. Delly y su hermano habían llegado incluso a cenar con ellos unas cuantas veces. Pero igual que con todos los demás, Katniss solo prestaba atención a medias.
"Peeta dijo que llamarías antes de volver; ¿has llamado? Oh, eso ya da igual. ¡Peeta!", vuelve la cabeza para llamarle, aunque es innecesario. Peeta ya camina hacia ellas, con un delantal cubierto de harina y una sonrisa resplandeciente en la cara. No dice nada. Sólo se acerca y la besa, murmurando contra sus labios; "Soy tan feliz de que estés aquí".
Con esas palabras, Katniss se siente abrir en canal, y tiene que dejar salir todas las emociones que la oprimían desde por la mañana. Primero nota la quemadura en los ojos, y al poco, todas las lágrimas que no había llorado durante el día. Envuelve los brazos alrededor de su cuello y entierra la cara en su hombro.
"Katniss – ".
Ella niega con la cabeza. "Estoy bien. Tenías razón. Me he recuperado. Vuelvo a saber quién soy".
Una de las manos de Peeta mece la parte posterior de su cabeza. Le escucha decir a Delly que se haga cargo del mostrador y la respuesta es el sonido de sus pisadas al alejarse de ellos.
El aliento de Peeta se mezcla con los mechones sueltos de su pelo cuando suspira. "Siento que hayas tenido que irte para estar bien".
"No, Peeta", solloza ella, negando con la cabeza de nuevo. "Yo no lo siento. Prim no me hace daño, nunca más. Todavía me entristece, y no puedo pensar en ella durante mucho tiempo, pero…". Se inclina hacia atrás, capturando sus ojos azul claro. "La he dejado marchar".
Y – piensa – también ha dejado marchar todo lo desagradable; todo el rencor, las inmundicias, todas las cosas horribles. La maldad del antiguo Capitolio. Los fantasmas. Las cosas que aún estarán en sus pesadillas y le harán preguntarse quién llegó a ser durante esos cinco años de oscuridad.
Peeta limpia las lágrimas de sus mejillas, y una sonrisa melancólica adorna su cara cuando la mira a los ojos. Luego deja caer la mano y encuentra la suya, entrelazando sus dedos.
"Sabía que lo harías", dice en voz baja. "No dude ni por un momento".
Ella le devuelve la sonrisa, tratando de apagar la actitud sombría de Peeta; a pesar de que ella también lo siente. Siente un peso indescriptible entre ellos. Algo que había, que tal vez, siempre estuvo allí, pero que ahora no puede ser ignorado. Aprieta con fuerza su mano.
"Vamos", dice él después de un momento, llevándola hacia la puerta. "Vamos a casa. Allí podrás contármelo todo".
Ella le explica la mayor parte de la historia en el sofá del salón, sentados junto a una especie de té que él hizo para ambos, con el equipaje a un lado; olvidado, de momento.
Le habla del Paylor y del Equipo: de Johanna y Anton, y de Jack y Bolts. De cómo la trataban igual que una familia, y lo agradecida que estaba por eso, porque ninguno tenía la obligación de ser tan amable con ella.
Le aclara que vivió en la casa de Gale, y Peeta no está sorprendido. En realidad está feliz; "No me gustaría que hubieras estado sola. ¿Quién cuidaría de ti?".
Y él tiene razón. Es algo que la llena de remordimientos. Peeta tuvo que cuidar de ella los últimos años, a pesar de ser plenamente capaz de cuidar de sí misma. Simplemente decidió no hacerlo. Y mirándole, cree que nuca será capaz de compensar lo que ha hecho por ella.
Continúa hablándole del Eddie´s, y cómo un bar puede no ser tan malo. Le pone al tanto de Atlas y Reeva, y los locos a los que el antiguo Capitolio aún tenía embaucados. Cómo todavía hay gente así ahí fuera. Le habla acerca de su pelea de chicas – lo que divierte mucho a Peeta. También es capaz de desmutilar lo que le dijo por teléfono, cuando estaba en el hospital; sobre Prim y Snow. Le cuenta todo lo que puede de ese asunto, hasta que pierde la voz por el espesor de la emoción.
Después se desplaza sobre terrenos más felices, hablándole de su madre, y de que han recuperado lo que se rompió entre ellas. Le cuenta el romance de Johanna, y como pudo verlo desarrollarse poco a poco, de primera mano. Le dice todo lo que puede sobre Jack y Bolts; y le habla de Paylor; aunque algo impide que explique su oferta de trabajo, y no le dice nada acerca de eso.
Tampoco le habla de Gale. Por supuesto, sí que le dice lo de de ir al hospital un par de veces cuando él se quedó atrapado en la línea de fuego, porque él se esfuerza por encontrarla. Pero con los detalles innecesarios, parece que no pueda formar las palabras. Tendrá que decírselo más tarde – lo sabe muy bien. Pero no ahora. Lo hará cuando llegue el momento. ¿Por qué va a herirle antes de tiempo?
Katniss está agradecida de que él no toque el tema. Peeta no habla mucho, sólo escucha, prestando atención a todo lo que dice, y sus ojos cobran vida, igual que cuando está excitado o contento.
"Ya la veo", le dice él; su mirada es profunda y pensativa. "Puedo ver tu chispa".
Y todo lo que Katniss puede pensar es en cuanto lamenta haber necesitado todo ese tiempo para que Peeta sea capaz de ver su chispa con tanta claridad. Él había pronunciado esas palabras antes, aunque no con ese fervor. No con ese tono reverente en su voz. Y en vez de sentir alegría, ella sólo siente angustia.
Así que le besa, porque ambos lo necesitan. Ambos necesitan ese crudo e impaciente tipo de afecto. Peeta necesita ese amor. Porque esa – esa – es la más absoluta de las victorias.
Pero Katniss no puede librarse de la sensación de que, de alguna manera, o de muchas diferentes, está fracasando. No puede librarse del sentimiento de pérdida.
Pasan el resto del día allí, en el interior de la casa, disfrutando de la compañía mutua. Peeta sonríe más de lo que recuerda. Él roba sus besos como siempre hacía. La atmósfera se desvanece lentamente en la normalidad de un día cualquiera, excepto que es más dulce; porque Katniss siente, y ve, y escucha todo. No hay niebla en torno a sus ojos. No se siente culpable por la vida, y de repente todo cobra una perspectiva distinta. Peeta y su pelo radiante y dorado. Sus antiguas pecas; esas que se depositan en su piel como el polvo y no aparecen si no te fijas muy de cerca; ahora las ve. Su típica sonrisa torcida de 'te guste o no'. Es una belleza. Y desea haber sido capaz de apreciarlo más.
Se ofrece a ayudarle a cocinar cuando llega la hora de la cena. Corta verduras mientras él trocea la carne y hace masa para panecillos. Hay por lo menos cuatro sartenes funcionando al mismo tiempo, y ante su comentario al respecto, él se acerca y dice: "Un festín de bienvenida".
Las palabras hacen cosquillas en su oído. Está detrás de ella, con las manos en sus caderas mientras ella remueve el salteado de verduras. Cuando se inclina para besar su cuello, ella se esfuerza por no alejarse. Es demasiado familiar. Es íntimo, y cercano, y normal, pero ahora también es algo compartido. Incluso si sus manos la empujan hacia él mientras susurra: "Dios, te he echado tanto de menos".
Y ella ansía poder repetir esas palabras; desea ardientemente que su voz tenga la capacidad de decirlo de esa forma. Con pasión, y amor. Pero teme que no sea así. Teme que lo que sentía horas antes de llegar al 12, lo arruine todo.
¿Y cómo puede hacerlo? ¿Cómo puede hacer añicos tantos años de devoción?
Así que no lo hace. Gira la cabeza, busca sus labios y le besa con fiereza. Desliza los dedos en su pelo, notando los restos de harina de la panadería. Se gira hacia él y le empuja hacia atrás; sus propios movimientos la sorprenden. No han sido tan enérgicos en quién sabe cuánto tiempo, y siente la subida de tensión entre ellos, la ligera quemazón que les conecta, y se pregunta si es posible… si es posible estar enamorada de dos personas a la vez.
Dejan lo que sea que estaban cocinando quemarse en las sartenes. Se mueven a cualquier parte, se desploman sobre algo que amortigua su caída; y se permite hacer el amor en su casa, en su vida; con las paredes protegiéndola de todos los monstruos que golpean las puertas.
Y a medida que se unen, a medida que se abrazan allí, y ahora, ella se pregunta si van a consumirla todos esos espectros del exterior en el momento en que intente salir fuera.
Después continúan tumbados; los dedos de Peeta subiendo y bajando por su brazo. Está a punto de dormirse, exhausta y agotada, más emocional que físicamente. Él se levanta en seguida para salvar lo que pueda de la cena. La convence de que siga donde está, y a ella no le importa. Prefiere estar dormida, así no pensará demasiado en lo que está haciendo.
Los días pasan por goteo, como el agua de un grifo mal cerrado; cada hora se agarra a la siguiente antes de que la inercia se abra paso entre ellas. Es un recuerdo amenazador de los últimos años que se mezcla con el vago movimiento del tiempo.
Gale transita por sus rutinas diarias igual que antes. Despertar – ejercicio – ducha – trabajo. Necesita algunos ajustes menores para asentarse en su vida normal, pero él ya ha estado expuesto a circunstancias similares. Ha tenido suficientes cambios de puestos de trabajo para calificar este como un cambio singular. Pasar de no protector, a protector, y de vuelta a no protector de Katniss, es más fácil de enfocar a largo plazo.
Lo que lo hace mejor es que el Equipo se comporte tan normal como siempre. Los entrenamientos consisten en las mismas carreras y los mismos ejercicios. Gale ha sido capaz de conseguir grandes tiempos. Algunas mañanas, ha hecho la mayor parte de las cinco millas en sprint, aunque admite que las primeras veces tuvo que evitar vomitar.
Johanna y Anton, sorprendentemente, no dan tantas muestras públicas de su afecto como cabría esperar. Hay un cambio sutil entre ellos, pero no tiene que lidiar con la molestia de encontrárselos besándose tras un árbol o revolcándose en la hierba, y está más agradecido por eso de lo que debería.
A veces va a la oficina de Paylor para preguntar si hay cualquier disturbio, cualquier alboroto, lo que sea. Sabe que es muy raro tener otra misión tan pronto, pero eso no evita la esperanza de que haya otro loco oculto entre las altas sombras del Capitolio.
Paylor siempre le manda a casa con las manos vacías, a pesar de que siente compasión por él. Así es como Gale lo llama. Compasión. Le ofrece más oportunidades para viajar, incluso si no hay reuniones o conflictos. Él está a punto de acceder, aunque sabe que no habrá nada que hacer si va al Distrito 6 o al 7 o al 8, o donde sea, por lo que termina rechazando todas sus ofertas.
Sabe que la verdadera razón por la que no acepta es que son ofertas por compasión, o lástima. Al principio, no quería creerlo. Paylor no siente lástima – en lo que respecta a él, por lo menos. Pero no encuentra otra palabra que lo describa. Y no hay emoción en el mundo que Gale odie más.
Ya han pasado algunos días. Tranquilos y perezosos días junto a Peeta; en su casa, o en la panadería. Ha sido un tiempo de re-aprendizaje. Ella ha estado observándole: su humanidad, y su paz sin adulterar con el mundo. Cómo sonríe. Cómo es feliz, a pesar de todo lo que ha vivido. A veces se pregunta cómo es posible que no pudiera ayudarla. Y sabe que él también se lo pregunta. Puede ver la duda en sus ojos cuando la mira fijamente, o cuando aparta el pelo de su cara. Él no pregunta, todavía no, porque quiere disfrutar del momento. Pero lo hará, igual que preguntará sobre aquellas otras cosas que Katniss no puede decir. Desde que regresaron al Distrito, Peeta siempre ha sido capaz de basarlo todo en la sinceridad y la confianza. Él confía en ella, y confía en que ella sea sincera. Pero le está dando tiempo. Es lo que mejor sabe hacer.
Contempla el despertar de los días, si sale de la cama con el tiempo suficiente. Llevó a Peeta con ella, una vez, hace mucho tiempo, pero ahora prefiere dejar que duerma. El bosque siempre ha sido el único lugar que no les vincula – no solo porque ella pasó la mayor parte de su vida allí con un chico diferente, sino porque no es tan familiar para él como para ella. No pueden compartir ese lugar como un hogar. Peeta insistió lo suficiente para intentarlo; pero alguna que otra vez tuvo un falso flashback, y estuvo brevemente confundido y haciéndose preguntas; aunque siempre fue fuerte y nunca la miró con miedo o dificultad. Katniss no quería hacerle pasar por eso, así que él frenó sus intentos de seguirla hasta allí. Desde ese momento ha estado sola.
El bosque no es diferente a como lo recuerda. Tampoco su antiguo punto de encuentro con Gale, con la hierba meciéndola cuando se sienta y mira el cielo volverse azul. Es extraño cuando sucede – hay un movimiento en algún lugar mientras ve al sol arder en un cataclismo anaranjado. Está a punto de terminar, cuando lo oye;
"La mentira es mucho más fácil que la verdad", dice una voz, y ella se asusta, girando la cabeza a un árbol a varios metros de distancia. Inspira rápidamente y parpadea ante la figura – porque a pesar de que siempre ha sido sigiloso, y nunca dejó de sorprenderla cuando quería, él no mencionó en ningún momento que fuera a visitarla. Sólo han pasado cinco días. Ha sido un corto lapso de tiempo, y no puede entender por qué él ya está allí, por qué…
"Porque, a veces, la verdad no es lo bastante buena", continúa Gale, todavía sin mirarla, con un cuchillo en una mano y una pieza de madera en la otra. Parece que estuviera tallando algo, pero Katniss solo puede ver la indiferente y fría calma de su perfil.
"Qué…".
"El único problema es…", sonríe con suficiencia, se pone de pié, y hace los retoques finales a lo que sea que ha tallado. Camina airadamente hacia ella, y deja caer la pieza sobre su regazo. Ella reacciona recogiéndola en el aire. Levanta la vista hacia él;
"… que no voy a marcharme".
Contradiciendo a sus palabras, da media vuelta y se escapa entre los árboles. Ella exhala, y mira a toda prisa sus manos. El objeto de madera es un corazón, perfectamente regular y liso. Parpadea como si fuera un último latido y comienza a quemarse. Se desintegra en segundos. Se amontona en carboncillos sobre las líneas de sus palmas. Mira hacia arriba de nuevo, poniéndose de pié y corriendo hacia el frente. Grita su nombre varias veces, pero no puede encontrar la entrada al bosque. Está cercado. Pasa por los mismos árboles, una y otra vez; empieza a sudar, y la madera calcinada comienza a formar cenizas; el viento se las arrebata y entonces –
Y entonces, Katniss se despierta. Cubierta de sudor frío, con los pulmones oscilando como si de verdad hubiera estado corriendo. Peeta se mueve tras ella y la envuelve entre sus brazos. Eso debería consolarla. Él ha sido lo único que necesitaba, pero ya no puede creerlo más. No cuando levanta las manos y espera que haya un residuo negro. No si está tan sorprendida cuando no lo hay.
Ella no lo llama fingir. Sólo estas fingiendo si no sientes nada. Y Katniss siente. Siente todo tipo de cosas. Y amor es una de ellas, pero se ha dado cuenta de que no es fácil. No es fácil devolverle las sonrisas, dejarlo crecer sabiendo que cada día que pasa, pierde algo más. ¿Es que pretendía que ese amor compensase todo lo demás? ¿No iba a permitirse amarle completamente? ¿No esperaba que fuese a importarla tanto lo que está perdiendo?
Evita las comparaciones. Evita comparar las revelaciones que tuvo en el Capitolio con todas las emociones que ha sentido compartimentadas allí, en el Distrito 12, durante tanto tiempo. Parece injusto comparar la nueva libertad del Capitolio con la prisión de su casa.
Y está lejos de ser una prisión nunca más. Es una de las cosas que ha vuelto a aprender. Es un lugar lleno de esperanza, y hornear con Peeta representa todo lo que ahora es capaz de apreciar. Sin embargo, sus nuevos ojos no están cegados por las perspectivas. No se consume en un frenesí de júbilo, pero quiere hacerlo. Por Peeta.
Ocurre durante una mañana, cuando se despierta con él y van a abrir la panadería. Katniss ayuda con la locura de los desayunos de primera hora. Delly llega poco más tarde, y no es demasiado pronto. El local está muy concurrido; Katniss aún no está acostumbrada al ajetreo, y eso les retrasa con algunos pedidos.
Peeta mencionó que Delly estaba yendo con más frecuencia. Se ofreció a echar una mano cuando él estaba solo a cargo de la tienda. Ella no pidió dinero o nada a cambio, lo cual era muy propio de Delly. Y había estado viniendo desde entonces. Su hermano, Jacob, ya tiene edad suficiente para dirigir la tienda de zapatos, y quería probar a hacerlo por sí mismo. Esa fue la pequeña excusa de Delly para estar allí, trabajando solo por trabajar.
Delly es demasiado amable con ella. Sonríe y bromea como si hubieran sido amigas toda la vida. Casi hace que Katniss se sienta culpable por mirarla con desdén cuando eran más jóvenes. Estaba tan bien alimentada que a veces, Katniss quería asaltar su despensa y robarles comida a ella y a su familia.
Cuando todo está más tranquilo, Katniss se desconcierta al ver a Hazelle entrar y tomar asiento junto a una ventana. Recuerda que Peeta le dijo que ella iba ocasionalmente, más ahora que el resto del año. Ni un momento después Hazelle levanta la vista y capta la mirada de Katniss. Ella no parece sorprendida, no tan sorprendida como se siente Katniss. Hazelle le da una pequeña sonrisa, pero ella mira hacia otro lado, actuando como si tuviera algo que hacer detrás del mostrador.
"Creo que le gustaría hablar contigo", comenta Peeta, que aparece tras ella.
"¿Cómo lo sabes?".
Peeta sonríe. "No lo sé. Pero tal vez quiera saber cómo está Gale".
Katniss intenta eludir los ojos de ambos – de Peeta y Hazelle. "Puede. Aunque le vio hace solo unas semanas y…"
"Han pasado casi tres semanas desde tu regreso", dice Peeta, como para recordárselo. La besa en la mejilla, y ella inmediatamente se siente cohibida, con Hazelle tan cerca, viéndoles. "Además", continúa. "¿Cuándo fue la última vez que vosotras dos tuvisteis una conversación de verdad?".
La pregunta da que pensar. Lo terrible es que no lo recuerda. Peeta hace un gesto alentador, antes de darse la vuelta y comprobar algo en el horno.
Katniss suspira, se arma de valor, y camina hacia la parte del mostrador en la que se encuentra Hazelle.
"Hola Hazelle", saluda, tratando de no sentirse incómoda bajo su mirada. "¿Quieres algo de beber, o un pastel, o…?".
"No, gracias. ¿Pero tienes unos minutos? Me gustaría hablar contigo".
Es como si Peeta hubiera anticipado tanto su llegada como esa pregunta. Katniss desea que él no hubiera dicho nada, porque tal vez entonces, Hazelle no habría preguntado. Pero sobre todo porque a Katniss le aterra esa conversación.
"Claro", dice, sentándose frente a ella. "¿De qué quieres que hablemos?".
Ella espera que empiece la siguiente frase con Gale. Pero Hazelle la pilla desprevenida, comenzando con algo diferente. "En realidad quería contarte algo sobre tu madre y yo".
"¿Qué pasa con ella?".
"Hemos estado… comunicándonos, durante estos últimos años", dice Hazelle, sonriendo ante la confusión de Katniss. "Se puso en contacto conmigo cuando empezó a trabajar en el Capitolio. Estaba preocupada por Gale. Quería informarme de cómo estaba, y de lo que estaba haciendo. Iba al hospital con demasiada frecuencia". Hazelle contempla la madera del mostrador con un poco de nostalgia. "Nosotras siempre fuimos muy protectoras con vosotros dos. Elaine me preguntó si podíamos hablar de vez en cuando sobre cómo estabais cada uno. Yo no tuve ningún problema. Y he estado pendiente de ti desde que volvimos de la Guerra".
Katniss coge aire, sin saber realmente que decir. "Mi madre… me encontré con ella en el Capitolio. No mencionó nada de eso".
"Fue algo que decidimos mantener entre nosotras. Elaine creyó que no era prudente que supieras que aún tenía un ojo puesto es ti. Y yo preferí que Gale no supiese que estaba al tanto de todas sus lesiones". Sacude la cabeza. "Ya sabes como es. No le gusta alardear de lo que hace".
Katniss contiene una sonrisa. Gale nunca ha sido de los que se quejan cuando esta herido. Ella casi se olvidó de que tenía las costillas rotas estando con él.
"No cuida mucho de sí mismo", se permite decir. "Pero, ¿por qué me dices esto ahora? Si es un secreto…".
"Llamé a tu madre cuando me di cuenta de que habías vuelto, hace unas semanas. Quería decirle que lo estabas haciendo bien. Ella me devolvió la llamada ayer. Me dijo que la próxima vez que te viese, te comentara que Gale no ha vuelto por el hospital, de momento. Supuso que habrías estado pensando en él".
Katniss suelta una risita un tanto nerviosa. "Me alegra saber que esté bien".
Hazelle la contempla pensativa. "Así que, ¿imagino que os habéis reconciliado?"
Se le encoge el estómago con su repentino cambio de conducta. Pestañea. "¿Mi madre no te lo dijo?".
"Algo. Pero quiero oírlo de ti".
"Somos amigos, otra vez", dice, pensando en si Peeta les mira en ese momento.
Hazelle la observa un rato más, antes de murmurar. "Le desilusionaste fácilmente. ¿Verdad?".
Katniss se queda petrificada, hasta que rapara en que es Hazelle; y Hazelle está al corriente de todo. Eso, y que su madre probablemente soltó todo lo que sabía. Siempre hubo un pacto de silencio entre la madre de Gale y ella. Jamás han tenido una conversación directa sobre ese tema, pero siempre estuvo implícito.
"Yo no… No sé si había una manera fácil de hacerlo".
Hazelle no parece extrañada por su respuesta. "Tal vez no. Sin embargo, es sencillo saber cuando quieres a alguien". Echa un vistazo hacia Peeta, que está haciendo algo con hojaldre y hablando con Delly. "Y mientras tu estés con la persona a la que amas, y seas feliz, Gale va a dejarte marchar. Puede ser un caballero cuando quiere".
El rostro de Katniss se contrae con sus palabras. Sabe muy bien que Gale la dejará marchar, si no lo ha hacho ya. Pero ella sigue sintiendo el residuo negro en sus manos. Sigue viéndole cuando duerme.
"No es tan sencillo", termina por decir. "Estar seguro de que quieres a alguien de esa forma".
Hazelle la mira fijamente durante un momento. "¿Quieres a Peeta?".
"Sí", contesta automáticamente. "Pero – ".
"Lo ves, Katniss". Se inclina hacia delante y pone una mano sobre la de ella. "Es fácil. No has dudado".
"Pero – me he estado preguntando", intenta hablar, sin saber muy bien que palabras son las que quiere decir. "¿Puedes querer a una persona más que a otra?".
Los ojos de Hazelle se suavizan. "Sí", dice lentamente. "Pero también puedes estar enamorado de alguien, a pesar de querer a otra persona".
¿Eso es lo que sucedió? Katniss vuelve a mirar a Hazelle antes de dejar que sus ojos caigan sobre sus manos. Ayudaría a explicar las cosas. Querer a una persona con la mente y querer a otra con la mente y también con el corazón. Sentirse arrollada por algo tan temible y a la vez tan espontáneo y fluido. Algo que llegó sigilosamente hasta ella o que, quizá, siempre estuvo en ella.
¿Tiene algún sentido?
Respira profundo y mira fijamente los inmensos ojos gris oscuro de Hazelle.
El primer paso es aceptarlo. Ese es el comienzo para muchas cosas. Después tendrá que dejar que la empuje, y tendrá que dejarse caer.
Necesita unos días para acumular el valor y abordar el tema con Peeta. No porque esté asustada; ya no le da miedo – de hecho, ha llegado a estar segura de esto. Será capaz de hablar con él, con tanta franqueza y honestidad como le sea posible, y sabiendo que él lo entenderá.
Pero… hay algo acerca del lugar, del Distrito. Siempre ha sido su casa. Reconstruido desde sus cenizas. Y ella podría vivir allí, tan satisfecha como lo ha estado el último mes; sin arrepentirse de pasar el resto de su vida con Peeta. Está feliz de poder cocinar con él, y trabajar con él, y tal vez ella iba a estar bien teniendo una familia con él, en un futuro lejano.
Porque ella le ama. Porque le dedicaría su vida sin esfuerzo, tal como él ha dedicado su vida a estar junto a ella. Y le encanta este lugar. Le encanta lo fácil que es sobrevivir en el. Las semanas pasan y se disuelven como gotas de lluvia. Es una de las cosas de las que se ha dado cuenta. Este lugar se come el tiempo. Ya hace un mes, pero no puede distinguir un día del siguiente. Y de alguna manera, eso lo hace todo sencillo y fácil.
Tiene claro que Peeta es bueno para ella. Siempre será bueno para ella. Pero va a ser bueno para cualquier chica de la que se enamore. Para cualquier chica que le ame a él. Su amor nunca es a medias. ¿Y no sería injusto obligarle a estar con alguien que no puede dar todo de sí misma?
Él preguntó sobre lo que dijo Hazelle ese mismo día, después de cerrar la panadería; y ella no fue capaz de explicárselo. No todo. Quería disfrutar de unos días más con él, por egoísta que parezca. Pero cuando están a punto de ir a la cama, una de tantas noches, se sienta a su lado.
"¿Peeta?".
La mira, y su sonrisa se desvanece de inmediato. Es como si él lo supiera. "¿Qué pasa?".
"Nada, solo…", se detiene. "No te conté todo lo que Hazelle y yo hablamos esa mañana. Hablamos de… querer a dos personas. Y al principio, no estaba segura de que fuera eso lo que sentía. No quería creerlo". Se mueve más cerca, pero él ya tiene una expresión resignada. Apenas ha dicho una palabra, y él parece deshecho. Se obliga a mirarle fijamente y continuar.
"Pero… no es sólo que quiera a dos personas. Estoy enamorada de una de ellas. Y ojalá pudiera decirte que eres tú. Lo deseo tanto…", se apresura a decir; el remordimiento se atasca en su garganta junto a las palabras. "Has hecho tanto por mí, y no puedo – no puedo devolvértelo".
Peeta observa como empieza a llorar, envuelve un brazo alrededor de su cintura, y peina su pelo con los dedos de la otra mano.
"No pude hacer que mejorases", repone él. "Lo intenté. Dios, lo intenté con todas mis fuerzas. Quería que sonrieras sin tener que hacer algún tipo de esfuerzo, y de vez en cuando, lo hacías. Pero no todos los días. Y quería hacerte feliz, más feliz de lo que nunca habías sido. Ésto es por mi culpa", dice, y tuerce la boca. "Debería haber seguido intentándolo. Pero Gale volvió a la ciudad, y me pregunté… si fueras capaz de perdonar a la persona a la que culpabas de todo, eso podría ayudar. Podría hacer todas esas cosas que yo no conseguía. Cabía la posibilidad de que no perdonases al Capitolio, o a la gente, y de que continuases resentida, pero era un riesgo que estaba dispuesto a asumir".
Él seca una lágrima extraviada que le cae por la mejilla.
Ella no puede decir nada.
"Sabía lo que podía pasar. Sabía que vivir en otro lugar, sentir cosas diferentes y ver el mundo reconstruirse, podía hacerte querer ese tipo de libertad. Sabía que Gale aún te amaba. Sabía que lucharía por ti, por tu bienestar, pero eso estaba bien. Él era tu amigo, y yo confiaba en eso".
"Pero Peeta – ", dice Katniss, afónica. Peeta la calla, besando su mejilla, luego besando su frente.
"Era consciente. Esa semana y media fue difícil de pasar. Pensé en ti cada hora de cada día. Y me aferré a la esperanza de que volverías siendo esa chica feliz que yo quería que fueras. Serías la chica en llamas que tanto amaba. Serías Katniss Everdeen, otra vez". Él besa su otra mejilla, y ella casi no lo puede soportar. "Y cuando entraste sin avisar por la puerta de la panadería, hace un mes, vi una mirada en tus ojos que sólo intuía los último cinco años. Y lo supe", dice poniendo énfasis y presionándola más contra él. "Supe que era la mejor decisión que jamás podía haber tomado".
Resulta que Katniss no tuvo que decir mucho de nada. Un mes preguntándose cómo decírselo, cómo hablar con él. Y en realidad, no tenía que hacerlo.
No puede evitar preguntarse por qué Peeta puso tanto esfuerzo en algo que era posible que no recuperara nunca; como una pintura en la que hubiera estado trabajando muy duro, sólo para venderla. Pero eso no significa que ella no entienda lo que siente. Ese desgarro y ese vacío. No habrá un parche que lo cubra sin dejar cicatrices.
Nunca había estado tan ansiosa por un momento concreto. Además de la muerte de Prim, esta puede ser la peor tragedia que ha tenido que pasar. Pero es extraño, porque Peeta no va a morir, ni va a tener que lidiar con bloques de realidad fragmentada e intentar reconstruirlos. Puede que lo pase mal, y puede dolerle durante un tiempo. Pero Peeta es fuerte. Tiene el corazón de un león. Y la ama lo suficiente para dejarla ser feliz, incluso si no está con él.
"Me alegra que me hicieras ir", susurra en su pecho. "Fuiste el primero que creyó en mí. Y tenías razón". Después inclina la cabeza hacia arriba y le besa por última vez, poniendo toda su gratitud en la acción. Espera que él lo sienta, y sabe que lo hará tan pronto como lo piensa. Él es quien la ha conocido mejor los últimos años, y se aferra a él durante un poco más de tiempo; para recordarlo.
Para recordar lo que sentía al principio. Para recordar lo que se siente al final.
Ha sido un mes maldito. Gale no se fija en los calendarios o en los relojes, pero no puede hacer caso omiso los registros de tiempo de los contratos o las fechas de las reuniones. No siente que haya pasado un mes. Siente que ha pasado un año. Los días son semanas y las semanas son meses. Los años deben ser décadas.
Ha evitado la habitación de invitados hasta el momento, pero son las pequeñas cosas las que le consumen. Por ejemplo, cuando se dio cuenta de que ella utilizó su champú durante toda su estancia. O cuando uso una almohada diferente para dormir, y olía a él – pero había algo raro. Ella permanecía allí, el más básico de los aromas. El olor de una chica. La arrojó al suelo de su cuarto, y la dejó allí tirada.
Es posible que su esencia haya desaparecido ya de esa almohada. Pero da igual. Todo su apartamento huele a ella.
Tiende a quedarse hasta tarde – ya sea en su oficina haciendo horas extras, o ahogándose en alcohol en la manzana de bares del centro. Se supone que eso hará que el tiempo pase más rápido. Si se queda en su apartamento se volverá aún más paranoico. Y loco. Y enfermo. Y antes de darse cuenta, estará hablando con fantasmas.
Frecuenta un bar – no el Eddie´s. Ese lugar es casi peor que su casa.
El bar al que va está en la esquina más alejada de la manzana, las palabras El Jinete Moribundo dan nombre al sitio, con finas líneas rojas sobre la entrada. Está menos iluminado que el Eddie´s; mucho más lúgubre y sucio. Las estatuas de cabezas de caballo a ambos lados de la puerta son como gárgolas que dan un toque siniestro a la decoración; sus ojos pequeños y mezquinos siguen a quien se deja caer por el local, repeliendo a los débiles. El sitio tiene una especie de 'mala reputación', pero no es algo que Gale se haya tomado alguna vez en serio. Ha estado allí antes, después de días muy malos en el trabajo o cuando siente sobrepasar su límite de ira tras una reunión. Allí es más que probable empezar una pelea con alguien, y si la suerte no le acompaña, puede beber hasta quemarse el hígado.
No había necesitado el lugar durante un tiempo, y haciendo honor a su mala fama, el sitio está lleno de fanfarronería, amenazas de apuñalamiento y humo; una atmósfera cuestionable; el lugar perfecto para asqueados de la vida, babosos, y hombres con demasiados tatuajes.
Se puede decir que la única tragedia de ese bar es que nunca hay mujeres allí. Por lo general. Ha oído historias
Tarda un rato en empezar a notar los efectos del whisky. Tienen un bourbon asqueroso, tan áspero que le hace sudar… y resulta mucho mejor que la cerveza. No recuerda la razón por la que suele beber cerveza, para empezar.
Escucha el primer silbido con la segunda copa, las burlas con la tercera, y cuando por fin gira la cabeza para ver qué es todo ese alboroto, no le extraña ver a una chica sentada en un taburete de la barra, intentando defenderse de unos tipos con ojos lascivos que la rodean como moscas. Típico. Sólo porque pensó que no iba a haber mujeres allí, una se las arregla para entrar.
Normalmente, en una situación como esa, Gale sería un caballero y le quitaría uno o dos babosos de encima, si la situación lo exigía. Sería una forma fácil de llevar a la chica a casa, recibir un, gracias, ¿entras?, y terminar la historia con un final meridianamente feliz.
Pero esta noche Gale no va a hacer eso. Da la espalda a la escena; no está de humor para ningún rescate. No conoce a ninguna chica tan estúpida como para aventurarse en ese bar.
El fastidio que siente hacia esos tipos se incrementa, a medida que el vocerío se hace más fuerte en la parte delantera de la barra, aunque lo peor que puede pasar es que la muchacha obtenga las consecuencias de su propia falta de inteligencia. Ella se lo buscó. Y lo más probable es que obtenga una fuente interminable de bebidas gratis durante el resto de la noche. No es tan malo.
Gale termina su cuarto whisky a la espera de cualquier tipo de efecto. Viene siendo más difícil emborracharse. No cree que se deba a que ha estado abusando del alcohol las últimas cuatro semanas; su tolerancia siempre estuvo en la parte alta.
Nunca pensó que echaría de menos la ira. Mira fijamente el líquido marrón semi-opaco de la copa; ha llegado a ser tan patético; se pondría furioso consigo mismo si tuviera la energía suficiente para enfurecerse. Agarra el vaso, y lo levanta a la salud de la fecha. Cuatro semanas desde el día que ella se largó a mil millas de distancia. Y podría ser un hito. Si es capaz de despertar con una resaca lo bastante monumental, y aún así ir al trabajo; por fin comenzará a llegar a alguna parte. Ese es el punto. No tiene ninguna razón para seguir así, pero es difícil cambiar el chip de lo que quieres. Una vez que deje de querer, va a aprovechar el día y encontrar una mujer que merezca la pena.
Apura el vaso, y nota el calor en la parte baja de la garganta. Da un suspiro mientras tapa la botella de whisky que compró, y se pone en marcha. Se levanta de la barra, gira el hombro izquierdo, y se dirige a la salida.
En ese momento, no hay muchos tipos merodeando alrededor de la muchacha. Su cara no es desagradable – ni de lejos. E incluso si fuera fea, a los tipos que frecuentan el antro tampoco les importaría. Tiene el pelo ondulado, rubio oscuro. El brillo labial hace que sus labios centelleen bajo el humo y las luces. Sus jeans se pegan a las piernas como pintura, lleva tacones de infarto, y llena muy bien su camiseta.
Gale piensa en todo eso, desafiando su lógica anterior. Supone que ella sabe defenderse si no ha tenido un encontronazo con alguno de esos babosos; aunque todavía hay varios pares de ojos sobre ella, conspirando.
Gale se detiene al pisar un paquete de azúcar del suelo. Aún está lleno; sucio, pisoteado y etiquetado con 'sweet thing' en inclinadas letras rosas. Se agacha, lo recoge, y al pasar por delante de la joven, lo lanza frente a ella. "Se te ha caído la identificación", comenta distraido.
No espera a ver cómo reacciona ella. Sigue caminando.
"¡Hey, espera!".
Casi gruñe en voz baja. Se detiene contra todo el buen juicio que le queda; da media vuelta y se topa con unos alucinantes ojos verde oliva que le escanean de arriba abajo. Después tropieza con su sonrisa.
"Te conozco".
Gale responde con una mirada nada inocente "Era un paquete de azúcar. No tienes que disimular".
La sonrisa se vuelve traviesa, y pone una mano en su cadera. Gale la observa. Es exuberante. Tiene muchas curvas. Quiere subirla a un taxi con él. Sabe que tiene el suficiente atractivo como para tener a quién quiera.
"No", dice ella. "Te conozco, incluso si no intentabas seducirme".
"¿Entonces quién soy?".
"Tú", le dice, señalándole para dar énfasis. "Eres el tipo que protege secretamente el Capitolio".
Él levanta las cejas. "¿Has estado espiándome?".
"No. Mi padre trabaja en la Cámara Regional de Comercio. Me ha hablado de ti", dice con una risita.
¿Conoce a su padre?; espera no hacerlo.
"Cosas buenas, espero, señorita…"
"Llámame Catalina", contesta ella; y tiene ladeada de cabeza de esa sugerente manera, los ojos juguetones, y él sólo piensa en…
"Catalina", murmura las sílabas contra la lengua, y mira alrededor. Cruza los ojos con algunos clientes intimidantes, que ahora no parecen nada intimidantes. Levanta la botella de whisky, señalando hacia ella. "¿Qué hace aquí una buena chica como tú?".
"Es una larga historia. No quiero entrar en detalles…", replica ella.
"Tampoco me gusta la letra pequeña". Hace un guiño, ganándose otra sonrisa. Había olvidado lo fácil que podía ser ese baile. Lo echaba de menos: los juegos de caza con una chica como esa. Los ojos de ella revolotean como si estuviera tratando de dar caza a los suyos. "¿Sabes?, quiero emborracharme mucho esta noche. ¿Te gustaría acompañarme en la tarea?".
No tarda en convencerla. Con algunas chicas se necesita un enfoque más agresivo. Una batalla más larga, más coqueteo. Pero parece que ambos van a ser flexibles esta noche. Puede que ella también trate de huir de algo, pero ese no es el problema de Gale. Hace demasiado tiempo que no hace algo así. ¿Por qué ha esperado tanto?
Y ella es maravillosa. No necesita mucho para hacerla reaccionar. Es increíblemente sensible a sus caricias, y Gale lo aprecia. Está tan aturdido con sus movimientos, con sus gemidos suaves, con su boca, como una goma de borrar deslizándose sobre él. Su piel y su cuerpo se instalan en su cama, en su apartamento. Su pelo cubre las sábanas, y sus ojos le nublan la visión. Y por momentos, su mente se queda lo suficientemente en blanco para no pensar en nada.
Es libre. Katniss se ha ido. Catalina cubrirá su olor.
Este es el comienzo.
