¡Hola! Últimamente me he vuelto una autora responsable y en la medida de lo posible trataré de volver a actualizar semanalmente como era al principio, ya que esta historia créanme es mi favorita para escribir y le tengo mucho cariño, además de que si no me apresuro con la escritura mis lectoras me amenazan de muerte jajaja!
El capítulo de hoy será un poco diferente a los demás, porque les adelanto que quizás este será el episodio más dulce que van a leer en toda la saga, ya verán porqué, hoy habrá mucho amor.
Pero bueno esperaré a que ustedes mismos lo comprueben y sin más preámbulos ¡a leer!
Agradecimientos especiales como siempre a Addie Redfield por ser la Beta Reader oficial de la historia, que si no fuese por ella quizás esta historia no sería la misma.
GeishaPax: Hermana del mal! Actualización rápida porque los stalkers lo piden.
Hoy tendrás tu buena dosis de maldad y por qué no también de amors!
El haberte dejado en ascuas una semana tendrá su recompensa, ya lo verás, pero no te adelantaré nada, dejaré que tu misma me cuentes que te ha parecido ya al final. Disfruta este cap hermana, que este fic ya se nos acaba. Te debo Vivir por ella que prometo que a la brevedad lo actualizo.
Te quiero hermana!
Zhines: Comadre! Ya sé que en el cap pasao las dejé con cara de: "¿Dónde está el resto? Pero en este episodio prometo redimirme, habrá mucho amor y espero no haberme pasado de empalagosa, jaja. Espero y este episodio te guste! Abrazos comadre, se te quiere!
Frozenheart7: Pequeña Stalker, esta actualización express es tu culpa! Jaja Dejaste a Venezuela sin luz y provocaste un temblor en el D.F. jajaja! Oye lo del Chop Suey jajajajaja no puedo creer que lo hicieras, pero ya veo que contigo todo es posible! Con esto pago mi cuota de una semana sin stalk Valenfield y este episodio tendrá muchas sorpresas, que espero y sean suficientes para saciar sus corazones acosadores jajaja
Te quiero hermanita.
"No fuiste ni antes ni después, fuiste a tiempo."
Jaime Sabines.
CAPÍTULO 25: STAND BY ME
"Respiraba pesadamente tratando de recuperar el aliento que me había sido robado por esos besos ardientes. Sentía mis labios ligeramente hinchados punzando lentamente como pidiendo una tregua, pero no estaba dispuesta a parar.
Dulces sensaciones se apoderaban de mi ser enviándome ligeras oleadas de calor por todo mi cuerpo, dándome un placer lento, tortuoso, inmenso. Apenas me había recuperado cuando nuevamente fui atacada con un beso hambriento, que devoraba mi boca con urgencia, mientras que con sus dos manos tomaba mi rostro tiernamente, acariciando mis mejillas, puliendo mis pómulos.
Quizás fue la soledad, el exceso de alcohol ingerido unas horas antes, o nuestra misma nostalgia lo que hizo que en algún momento de la noche, Leon y yo decidiéramos dejar de ser los mejores amigos que comparten una historia en común y pasar a ser un par de amantes de la noche, que ocultan en la penumbra toda la pasión que desbordan nuestros espíritus heridos.
Me atrajo desde el primer día que lo conocí. Alto, fuerte, valiente, con rostro de príncipe de cuento de hadas, era el hombre que siempre había idealizado desde que era una niña. Nos encontramos en la menos dantesca de las circunstancias, en medio de una pesadilla apocalíptica donde teníamos que matar para sobrevivir, luchando contra nuestra propia inexperiencia y juventud, pero con la firme esperanza de que saldríamos bien de esta. Y lo conseguimos.
Desde entonces, viví enamorada en silencio de mi mejor amigo porque a pesar de saber que desde Raccoon City yo le pertenecía, él le pertenecía a otra. Estaba consciente que el ex policía ya tenía dueña, lo sabía muy bien, pero esta noche podía sentir que ya no más. Ahora él era mío y yo era suya, por lo menos por esta noche.
Empieza a tocar mi cuello con sus manos y siento como sus besos comienzan a descender a mi mandíbula, para pasar a mis hombros, a mi clavícula a mis pechos… Desliza sus labios dominantes hasta mis senos y los adora con pasión mientras yo no puedo evitar reprimir un gemido ahogado a causa de las caricias sensuales de mi experimentado camarada. Vuelve a tomarme entre sus manos para besarme con urgencia mientras que con una mano acaricia mis muslos y con la otra dibuja círculos suaves en mi vientre. Con delicadeza voy pasando mis manos por sus bíceps bien trabajados y el abdomen marcado, deleitándome de lo fuerte que es, sintiendo como si estuviese acariciando mármol puro pero con una temperatura cálida.
Bajo mis manos un poco más, más allá de su cintura esbelta, cuando de repente me detiene. Lo miro confusa, cuando de repente él me devuelve el gesto con sus ojos furtivos, llenos de un fuego azul que yo desconocía.
¡Qué diferente podía ser una persona en determinadas circunstancias! Leon, mi mejor amigo, el agente serio, sarcástico, el hombre solitario, era ahora el amante más apasionado, un depredador, el mejor en asuntos de alcoba. Me invitó a sentarme sobre la cama a la vez que se colocaba detrás de mí para intentar acomodar mi cabellera pelirroja con sus dedos. Podía sentir su piel cálida contra mi espalda mientras con sus dientes mordisqueaba el lóbulo de mi oreja.
—Eres tan bella, Claire… —Susurró contra mi oído, a la vez que su aliento agitado cantaba para mí la más dulce canción de amor.
Sentí un estremecimiento cuando con uno de sus brazos me abrazó por los senos, y con su otra mano empezó a bajar a través de las curvas de mi cintura hasta sentirlo peligrosamente cerca. Explora todo mi cuerpo sin pudor alguno; palpa, pellizca, acaricia. Me moldea a su antojo como si fuere un alfarero que trabaja una pieza de barro. Con movimientos lentos, comenzó a desplazarse con maestría sobre mi intimidad, haciéndome perder lo que quedaba de mi cordura, ardiendo en llamas por querer más de él, jadeando sin poder controlarme. La piel se me erizaba por culpa de esas caricias tan insanas y con delicadeza me tumbó sobre la cama, para colocarse de nuevo encima de mí.
No podía sentirme más dichosa, más contenta. Mi corazón palpitaba fuerte y todo el cuerpo me hormigueaba en un alocado frenesí de emociones dispersas. Nunca antes me había sentido tan viva, tan amada, tan deseada… Jamás un encuentro sexual tendrá tanto sentido como cuando te involucras con la persona que más amas. Leon vuelve a acecharme, clavando su mirada sobre la mía y al perderme en ese mar de sus orbes turquesa, no puedo evitar soltar una lágrima que se resbala por mi mejilla.
— ¿Qué pasa? —Pregunta preocupado mi compañero, al mirar el agua salina que se escurre de mi pupila.
Sonrío para tranquilizarlo, no quiero arruinar este momento por mi sentimentalismo.
—Nada. Sólo quiero que me beses. —Le respondo con voz apenas audible, pero que estoy segura que él lo pudo escuchar.
Se enternece ante mi expresión y con su pulgar borra la evidencia de mis sentimientos desbordados y en su lugar, coloca un beso dulce en mi mejilla. Enseguida, se dispone a terminar lo que ya habíamos empezado. Con suavidad, empiezo a sentir como se adueña de mí, entrando lentamente con su miembro erecto, acostumbrándose a la estrechez de mis músculos internos, abrazándose a mi calidez.
Emite un gruñido cuando logra entrar por completo y yo me aferro a su cintura envolviéndolo con mis piernas, dándole la bienvenida. Con agilidad empieza a moverse en mi interior, tocando todo lo que encuentra a su paso, entrando y saliendo en un vaivén sensual, a la vez que se mantiene ocupado mordisqueando mi labio inferior, como si se cerciorase de que jamás olvidara este momento.
Una extraña sensación comienza a formarse en mi vientre bajo y puedo sentir que él también está cerca por su respiración cada vez más tempestuosa. Y en medio de mi utopía llegó al clímax y finalmente alcanzó mi liberación mientras contengo un grito en mi garganta que reemplazo por un suspiro hondo. Inmediatamente después, Leon también alcanza la cima y gimiendo mi nombre se deja ir, sintiéndome la mujer más lograda en esa noche, haciendo vibrar a quién creí que sería mi amor imposible.
Totalmente agotado, se duerme en mi pecho, apoderándose de mi cintura con sus fuertes brazos. Acaricio sus cabellos dorados, como si fuesen finos hilos de seda brillante, sintiendo la suavidad de las hebras, a la vez que él duerme apacible, apenas haciendo ruido con sus suspiros tranquilos. Estoy cansada y adolorida pero mis ojos se niegan a dormir, sólo deseo verlo dormir y atesorar este momento para siempre en mi memoria, no perderme ni un segundo.
Beso su frente con ternura y él hace un puchero como si fuese un niño pequeño. Lo había deseado tanto, que me parece tan irreal, tan fascinante, que no quiero que nunca termine. Mi amigo, mi amante, mi Leon… "
La luz de la alborada pintaba en tonos amarillentos los primeros tintes del Sol en el horizonte, coloreando con sus acuarelas las tempranas horas de la mañana.
En sus ojos grises brillaba una chispa misteriosa, que ocultaba mil emociones secretas, detrás de una máscara de fingida frivolidad.
Desde que se habían separado de Chris y Sheva, Jill Valentine se había mantenido en una postura firme y seria, hablando poco y actuando como si de una máquina se tratase. Carlos sabía muy bien que el extraño comportamiento de su compañera se debía a que algo no muy bueno le había sucedido en el pasado y deseaba esconder con todas sus fuerzas las cicatrices expuestas, que aún sangraban en carne viva. Es por ello que el brasileño se había limitado a obrar en silencio, cubriéndole las espaldas, protegiéndola en la sombras, no deseando perturbar su entorno más de lo que seguramente ya estaba.
A pesar de que ya habían pasado algunos años desde que esa aldea de África oriental se había vuelto víctima de los más grandes horrores causados por el bioterrorismo, los estragos aún eran visibles. Casas destruidas, escombros por todo el suelo, y playas deterioradas en total abandono, eran la factura que había pasado a cobrar Uroboros sobre el poblado, quedando inhabitable, en ruinas.
—Cerca del muelle quizás encontremos algo, había una base oculta en los embarcaderos. —Habló Jill Valentine para su compañero que lo seguía de cerca.
Oliveira volteó a mirar la dirección que le había indicado la ex S.T.A.R.S. y miró que la única opción para acceder hacia el muelle, era atravesando por la playa o cruzando a través de la zona de viviendas abandonadas.
Aunque había permanecido la mayor parte del tiempo en silencio, el mercenario detectó la renuencia de la agente Valentine por acercarse a las chozas abandonadas de la aldea. Para su mala suerte, esa mañana la marea era alta y una ventisca del occidente no ofrecía muchas posibilidades. Atravesar por la playa era arriesgado, pero no sabía qué tanto podía afectarle a su compañera el acercarse al poblado, así que en silencio, decidió avanzar por las orillas del mar.
Jill miró la acción de su compañero y sabía que era arriesgado tratar de acercarse al mar en esas condiciones. Durante toda la expedición por una u otra razón se había negado a acceder a las casas de paja y madera, pero no estaba dispuesta a poner en peligro su vida y la de Carlos por sus miedos internos.
—Carlos, espera… —Lo detuvo llamándolo por su nombre.
El interpelado frenó su andar y volteó a mirar a la chica de cabello castaño.
—Es peligroso intentar cruzar por la playa. Vayamos por el poblado.
El moreno asintió. No rebatía jamás la voluntad de Valentine.
Caminaron en silencio hasta la primera casona abandonada. La ex teniente tomó su arma en sus manos, sosteniéndola con firmeza, mientras Carlos le cuidaba la espalda, cargando su rifle de asalto.
En cuanto estuvieron dentro notaron el inmueble oscuro, deteriorado y en pésimas condiciones. No obstante de estar relativamente cercano a la costa, en el interior hacía una temperatura extrañamente fría, contrastante con el calor abrazador de afuera. Se respiraba muerte. Todo allí daba un aspecto lúgubre, como si las paredes reclamaran justicia para todas las atrocidades que se habían cometido y relataran una y otra vez los abusos infringidos hacia cientos de inocentes. Aún había muebles de madera partidos en dos, en las ventanas el metal estaba oxidado, el techo se caía a pedazos y en el suelo polvoso había pequeños casquillos de bala esparcidos entre manchas oscuras como si fuese óxido en deterioro y sangre seca.
A juzgar por la escena, se notaba que algo violento había sucedido con la aldea, pero el varón de cabellera oscura trataba de mantenerse frío, teniendo a raya sus emociones. En cambio, el rostro de Jill Valentine comenzó a descomponerse. Miraba una y otra vez la evidencia de destrucción y sentía una puñalada al corazón, que le hacía doler hasta lo más profundo del pecho. Trataba con todas sus fuerzas de controlarse, pero sus recuerdos tan frescos ahora, la estaban traicionando.
Entonces de entre los escombros, la vencedora de Némesis, encontró un objeto que llamó su atención. Se trataba de una vieja muñeca de tela, rasgada de las vestiduras, y con algunas manchas negruzcas en todo el cuerpo. Se podía notar que el viejo juguete había sobrevivido quizás a un incendio, pero las gotas de sangre que pintaban la tela que alguna vez fue rosada, evidenciaban que la probable dueña de la muñeca no había corrido con la misma suerte.
La mujer se frenó y resopló. No podía más con esa tortura.
—Yo soy la responsable de todo esto.
Oliveira se detuvo frente a ella, mirando confuso a su compañera.
Jill se mordió el labio inferior y sus orbes grises empezaron a llenarse de gruesas lágrimas que se negaban a salir.
—Yo provoqué todo esto. Una noche, Excella me solicitó conseguir sujetos de prueba para Uroboros y llegué a esta aldea. Incendié todo y comencé a llevarme a todas las personas que encontré a mi paso, llevándome conmigo a los que podía y matando a los que ponían resistencia. Las vidas de todos estos inocentes corrieron por mi cuenta y no pude hacer nada para detenerlo. Estaba consciente de todo pero el suero no me permitía parar… —Explicó Valentine apretando los dientes y con las lágrimas corriendo por sus mejillas suaves. —Esto es lo peor de todo, que cada día de mi vida recordaré todas y cada una de las atrocidades que cometí bajo el yugo del maldito de Wesker, y que jamás voy a poder perdonarme. Hubiese preferido mil veces que Chris y Sheva me mataran y hubiesen terminado con todo de una vez, a seguir viviendo este infierno donde nunca olvidaré que fui un monstruo…
Diciendo esto, la agente de la BSAA se desmoronó. Comenzó a llorar amargamente frente a su viejo camarada, llevándose ambas manos al rostro y tirando su arma al suelo.
Ahora Carlos podía comprender las cosas un poco mejor. Jill había sido cautiva de Wesker y la había obligado a cometer mil y una barbaries, forzándola a ser su asesina personal. No sabía qué razones habían llevado al ex virólogo a secuestrar a su pareja, ni mucho menos en qué circunstancias sucedieron las cosas, pero no necesitaba saber más, con la confesión de Valentine era suficiente.
Instintivamente, el brasileño soltó su rifle y lo colocó a un lado para acercarse de inmediato a la mujer de ojos plata y cubrirla con su abrazo. La fémina se acurrucó contra su pecho como si buscase protección y él le acariciaba la espalda, en un intento de consolarla por todo ese dolor. El mercenario dejó que la chica llorara todo lo que quisiera, sabía que todo lo que había pasado no había sido fácil y conociéndola quizás jamás se había permitido la ocasión de llorar y sacar a flote todo el dolor que la ahogaba.
Por su parte, Jill nunca se había sentido tan aliviada. Al hablarle a Carlos sobre sus temores se quitó un gran peso de encima que la estaba torturando a cada paso que daba por la aldea de Kijujú. A pesar de que muchas veces había hablado de esto con Claire y con Chris, no se sentía del todo satisfecha al sentir que agobiaba a la pelirroja con sus miedos, llenándola de preocupaciones, y Chris se alteraba de sobremanera. Cada vez que la veía llorar a causa del infierno que le había hecho pasar su peor enemigo, se enfurecía y se llenaba de impotencia por no haber llegado antes a su rescate, alimentando cada vez más su corazón fuerte de un odio arrebatado contra el ex capitán.
En cambio, con Carlos había sido diferente. Su antiguo aliado en Raccoon City que era ajeno a la situación podía escucharla sin que hubiese nada de por medio. No la juzgaría ni la subestimaría, simplemente estaba allí, listo y dispuesto para ella. Extrañamente, la ex teniente de los S.T.A.R.S. jamás se había sentido tan protegida. Oliveira era tan cálido, tan comprensivo, que nunca imaginó encontrar tal alivio en ese hombre de ojos profundos y sentimientos tan nobles.
Después de unos minutos, Valentine finalmente logró calmarse, alzando su rostro para limpiarse unas cuantas lágrimas con el dorso de la mano.
— ¿Estás mejor? —Preguntó el brasileño sin dejar de abrazarla.
—Sí, gracias. Perdona, no hubiese querido que me vieras así. —Respondió con timidez la ex teniente de los S.T.A.R.S.
— ¿Cómo? ¿Cómo la mujer noble y valiente que eres? —Cuestionó Oliveira mientras quitaba con su pulgar una lágrima que resbalaba por la cuenca de su ojo gris.
—Soy un monstruo, Carlos. —Contestó ella con amargura.
—No lo eres. Los monstruos no lloran por actos que no hubiesen querido cometer.
—Pero estaba consciente de lo que hacía… —Refutó la mujer con impotencia.
—Pero no podías hacer nada contra ello. Jill, nada de lo que pasó fue tu culpa, no eres un monstruo, sólo fuiste una víctima de la maldad de otros. Eres tan inocente como las personas que aquí murieron. ¿Crees que voy a suponer que hay maldad en alguien que ha arriesgado su vida varias veces para salvar la de los demás? —Habló Carlos dulcemente, dedicándole una sonrisa brillante a su compañera, tomándole el rostro con ambas manos.
Jill le devolvió el gesto y le sonrió como no lo había hecho en años.
—Eres lindo. —Expresó genuinamente la agente de la BSAA.
—Ya lo sé y mi acento es muy sexy. —Dijo Oliveira sonriendo de lado.
—Qué modesto. —Comentó con sarcasmo la castaña.
—Gracias. Ahora avancemos, que tengo prisa por terminar esta misión. —Habló el mercenario a la vez que depositaba nuevamente el arma de Valentine en sus manos, después de haberla recogido del suelo.
— ¿Llevas prisa? —Cuestionó curiosa la chica de orbes grises.
—Sí. Porque en cuanto todo esto termine, te llevaré conmigo a Río de Janeiro.
Jill enarcó una ceja en una expresión divertida.
— ¿Cómo estas tan seguro que iré contigo?
—Tan seguro como que me debes una cita desde 1998.
La ex teniente no pudo más y se soltó a reír divertida.
— ¿Qué es tan divertido, capitana? —Preguntó serio el moreno.
—Nada grave, agente. —Contestó ella con comicidad.
—Eso espero. Me sentiría muy decepcionado que la agente Valentine no cumpliera sus promesas.
—Siempre las cumplo.
—Recibido.
— ¿Crees que Jill y Carlos lleguen antes que nosotros a la zona del campamento de Tricell? —Preguntó Sheva a la vez que se acercaba a una de las cabañas que se ubicaban cercanas a los pantanos.
—A este ritmo quizás lleguemos antes que ellos, hemos avanzado con bastante rapidez a diferencia de la primera vez que estuvimos aquí y no conocíamos el camino para llegar a la aldea de los Ndipaya. —Explicó el capitán Redfield.
—Es cierto… Hemos avanzado mucho en poco tiempo.
Chris se detuvo por unos instantes y después habló:
—Tenemos un poco de tiempo de sobra, podemos tomar un descanso. —Sugirió el mayor a su compañera.
—Por favor. —Aceptó gustosa la joven.
Ambos estuvieron conformes con la idea de tomarse un respiro y se adentraron en una de las cabañas pertenecientes a la extinta tribu Ndipaya. Ya una vez en el interior, tomaron asiento en el suelo, recargando la espalda en una de las paredes de madera.
Permanecieron en silencio por unos instantes mientras se relajaban en la frescura del lecho, sintiendo un gran alivio del calor y el cansancio físico.
—Me pregunto si el equipo que fue a la aldea estará bien. —Murmuró Sheva rompiendo el hielo.
— ¿Te preocupa? —Preguntó Chris distraído.
—No es que dude de sus capacidades, pero en cierta forma, me inquieta que algo pueda sucederles. —Explicó la morena mientras se abrazaba a sus rodillas.
El ex S.T.A.R.S. se puso serio. Nuevamente las dudas comenzaban a taladrarle la cabeza y no estaba dispuesto a seguir ocultándolas, tendría que sacarlas a flote de alguna forma.
—No les sucederá nada. Leon es un estratega experimentado y sabrá conducir de la mejor forma al equipo… A menos que tu preocupación sea específicamente por una persona.
Sheva volteó a mirar a su compañero. A pesar de su tono de voz tranquilo, pudo notar cierta malicia en las palabras de su pareja.
— ¿Qué estás insinuando? —Preguntó la morena entrecerrando los ojos.
—No estoy insinuando nada. Sólo planteo la posibilidad de que quizás te estás preocupando demasiado por alguien en especial. Jake Muller por ejemplo…
La chica de ojos avellana movió la cabeza confundida.
—Chris, por supuesto que me preocupa Jake. Pero también me interesa la seguridad de Leon, Claire y Sherry.
—No hace falta que mientas. —Respondió él disimulando una sonrisa.
—No estoy mintiendo, Chris. —Se defendió la chiquilla que comenzaba a enfadarse.
— ¿Es tan difícil admitir que sólo estás preocupada por ese "chico problema"? —Objetó Redfield con fastidio.
—Jake no es ningún chico problema. —Refutó la agente de la BSAA.
—Ahora también lo defiendes.
— ¡¿Pero qué demonios te pasa, Chris?! ¿Qué tienes en contra de Jake? —Cuestionó la morena a su superior.
El mayor no respondió y se puso de pie. No estaba a dispuesto a iniciar una pelea.
—Aún no me has respondido, ¿qué es lo que tienes en contra de Jake? —Insistió la de ojos avellana, también poniéndose de pie.
—Es hijo de Albert Wesker. —Se limitó a decir sin siquiera mirar a su compañera.
— ¡Él no tiene la culpa de su origen! ¡Él no es como su padre! —Exclamó la más joven.
—No me consta.
—A mí sí.
Y diciendo esto, la joven de piel bronceada se puso frente al capitán, encarándolo por primera vez.
— ¿Qué es lo que te pasa Chris? ¿Por qué te molestas tanto por cosas sin sentido?
Chris bajo la mirada tratando de controlarse, ahora estaba realmente cabreado.
— ¡Porque me molesta que me mientan, Sheva!
— ¡Yo no te estoy mintiendo, Chris!
— ¿No me mientes? ¿Entonces porque tienes tanto interés por Jake Muller? ¿Acaso en este tiempo que estuvieron juntos te enamoraste de él?
Sheva se quedó sin palabras. Sus sentimientos no eran un asunto que le apeteciera hablar con Chris, y ahora él la estaba cuestionando duramente. No se andaba por las ramas.
—Piensa lo que quieras…
El mayor Redfield sentía que le hervía la sangre. Sheva no le estaba dando ninguna respuesta con respecto a su relación con Muller y eso le ponía los nervios de punta. Le cabreaba de sobremanera la extrema preocupación que su compañera sentía por el mercenario y sus celos descontrolados eran la prueba de ello.
—Además, —Agregó la morena dándose media vuelta. —tú siempre estas preocupado por Jill Valentine y jamás he cuestionado tus motivos.
Golpe bajo. Ahora Sheva le estaba reprochando su relación con Jill Valentine y con justa razón, pero no estaba dispuesto a dejarlo así.
—Jill Valentine es mi mejor amiga.
— ¿Cómo sé qué es cierto? En ese caso, Jake es mi mejor amigo también.
Ahora era el turno de la joven para dudar de él. Chris no podía creerlo, su compañera ponía en tela de juicio la amistad sincera que tenía con Valentine y para colmo la equiparaba con su relación con el mercenario.
—Desde que estaba en el departamento de policía de Raccoon City, Jill Valentine se convirtió en alguien especial para mí. Ha estado conmigo en todo momento e incluso me salvó la vida.
—Jake hizo lo mismo por mí.
— ¡No es lo mismo, como un demonio! —Gritó el capitán finalmente exasperado.
— ¡¿Por qué no?! —Lo retó la morena subiendo su voz una octava.
—Porque me doy cuenta, ¡carajo! ¡Soy hombre y puedo ver claramente sus intenciones! —Contestó impaciente apretando los puños.
— ¿¡Qué clase de intenciones hablas?! ¿¡Las mismas que tú tienes por Valentine?!
El ex S.T.A.R.S. finalmente estaba rojo de cólera. Él no estaba dispuesto a ceder a su postura para con Jake Muller pero Sheva tampoco bajaba la guardia respecto a Jill. Ya estaba en el límite de su paciencia.
— ¡Jamás he estado interesado en Jill, maldita sea!
— ¡¿Entonces, qué es lo que te pasa?! —Demandó la chiquilla levantando la barbilla.
Ya no podía más. Los celos, la rabia y la indecisión se habían acumulado en la mente del soldado de la BSAA y terminaron por nublarle el juicio. Nunca se había dejado llevar por sus emociones, pero en esta ocasión la verdad lo estaba matando.
— ¡Estoy celoso, maldita sea! ¿Estás feliz? —Confesó el hombre de ojos celestes finalmente vencido.
Sheva se quedó perpleja. Fue una respuesta que no se hubiera imaginado ni en sus sueños más alocados. Después de todo Jake había tenido razón todo el tiempo; quizás Chris Redfield si estaba realmente interesado en ella.
El mayor se quedó estático en su sitio hiperventilando frenéticamente, con la mirada fija hacia adelante.
Lentamente la chica de piel bronceada se acercó a él y lo tomó por el rostro, tocándolo tímidamente por las mejillas.
— ¿Qué quieres decirme, Chris?
Era el momento de la verdad. Redfield estaba harto de toda la vida resistirse a sus sentimientos, a sus emociones, hacer siempre lo correcto, poner todo lo demás por encima de lo que él realmente quería. Ya no había vuelta atrás, ésta vez dejaría a un lado los prejuicios, la ética profesional y el deber, era el momento de vivir.
Con determinación tomó el rostro de Sheva con ambas manos, y la miró fijamente a sus ojos avellana.
—No tengo idea de cuándo ni porqué, ni siquiera sé cómo pasó, pero desde hace tiempo que no dejo de pensar en ti ni un solo momento. Cuando supe de tu presunta muerte, me devasté. No me resigné a que estuvieras muerta, pensaba siempre en ti, e incluso llegué a soñarte casi a diario… Sabía que no estaba bien, pero no pude evitarlo… —Confesó Chris mientras colocaba un mechón del cabello de la joven detrás de su oreja.
La chica de ojos avellana sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. Apenas y podía creer la verdad que ocultaba esa confesión. Ahora era su turno de sincerarse.
—No sabes cuánto espere por este momento. Te he querido siempre, Chris. Desde el día en que te conocí.
El capitán abrió los ojos con incredulidad. ¿Era verdad que ella correspondía a sus sentimientos?
— ¿Por qué nunca me lo dijiste? —Preguntó con interés.
—Porque creía que tenías algo con Jill Valentine y nunca pensé que estuvieras interesado en mí. —Admitió Alomar con timidez.
—Estoy loco por ti.
Y tomando la iniciativa, Sheva acercó sus labios a los del soldado y comenzó a besarlo dulcemente. Se besaron tiernamente hasta que Chris la atrajo más hacia él tomándola por la cintura y ella se abrazó a su cuello. Rápidamente el contacto se volvió más apasionado cuando sus lenguas se encontraron.
Se separaron para inhalar un poco de aire necesario. Apenas se habían recuperado volvieron a besarse nuevamente, pero esta vez con más intensidad y con sus manos explorando todo lo que encontraban a su paso.
Entonces Chris empezó a descender el toque de sus labios desde la mandíbula hasta recorrer toda la piel fina del cuello.
—Chris… ¿Qué-qué haces? —Preguntó ella con la respiración pesada.
— ¿No quieres? —Cuestionó el castaño con pocas intenciones de detenerse.
Sheva dio un suspiro hondo cuando sintió las manos de su compañero deslizarse por debajo de su camiseta.
—Sí, pero… ¿aquí? —Objetó la menor usando la poca prudencia que le quedaba.
—Te prometo que la próxima vez será en un sitio más lindo, con pétalos de rosas adornando la cama, pero hoy será un poco diferente a lo normal… No somos gente común, Sheva. —Argumentó a su favor mientras que con ambos brazos la levantó por los aires y ella envolvió sus piernas en su cintura.
—Con que no somos gente común. —Replicó con expresión divertida.
— ¿Qué clase de capitán se aprovecha de una niña, como tú? —Explicó Chris mientras tomaba el dobladillo de la camiseta de su pareja para deslizarlo hacia arriba.
Esto fue un golpe a su orgullo. Era cierto que Chris era un poco mayor que ella pero no iba a permitir que él la considerara una chiquilla inexperta. Le demostraría cuanto había crecido en estos años de ausencia.
De repente sus ojos avellana se tornaron peligrosos. Se acercó cuidadosamente hasta el oído del hombre y le susurró en voz apenas audible.
—Te demostraré que no soy una niña… —Advirtió con vehemencia mientras que con suavidad le mordía el lóbulo de la oreja.
Entonces todo atisbo de cordura se fue al carajo.
Con agilidad se lanzó sobre el cuello de su capitán para besarlo frenéticamente a la vez que con sus pequeñas manos, empezaba a desabotonarle la camisa. Chris gimió cuando ella tiró la prenda superior al suelo y empezó a besar sus bíceps bien trabajados mientras pasaba sus manos por todo su abdomen marcado.
Y en medio de todo el juego de manos, terminaron en el tibio suelo de madera.
Sheva removió ligeramente ambos brazos para que su amante pudiese quitarle la camiseta. Contuvo una pequeña risa cuando miró a Chris ligeramente sorprendido ante la vista de su cuerpo con poca cubierta. La impresión duró poco cuando con agilidad, el ex integrante de los S.T.A.R.S. encontró con una de sus manos el broche del sujetador y lo desató con velocidad.
— ¡Qué rapidez, capitán! —Dijo ella sensualmente a la vez que él deslizaba los tirantes de sus hombros.
—He esperado mucho para esto. —Se sinceró el varón mientras continuaba con su faena de desvestirla.
—No eres el único. —Contestó la de ojos avellana a la vez que contenía un jadeo cuando sintió a Chris acariciarle suavemente la piel de las pantorrillas.
—Me alegro, porque de lo contrario me sentiría como un enfermo mental.
Diciendo esto, el experimentado capitán sumergió su rostro en sus pechos y comenzó a besar sus senos, mientras que con sus manos acariciaba sus piernas largas y ella agarraba fuerte el cabello de su amante.
—Eres perfecta. —Expresó mientras la besaba en los labios con urgencia mientras ella paseaba por toda su espalda ancha a la vez que todo atisbo de cordura se había ido por el desagüe cuando el ex S.T.A.R.S. entró en ella y la hizo suya, reprimiendo sus jadeos besándola con necesidad.
Duraron así por un largo tiempo, hasta que finalmente cayeron rendidos en el suelo, inhalando y exhalando profundamente.
—Debimos hacer esto hace mucho. —Expresó Chris pasando una mano por el cabello de su amante.
—Cierto. —Afirmó ella besándolo dulcemente en los labios.
—Aunque creo que primero debí invitarte a salir, regalarte un ramo de rosas y claro, elegir un sitio más apropiado.
Sheva se echó a reír, era cierto que esta no era su expectativa de pasar su primera noche al lado del hombre del que estaba enamorada pero definitivamente no estuvo nada mal. Por su parte Chris estaba eufórico, apenas creyendo lo que había pasado. En su carrera militar jamás lo había hecho con alguna de sus compañeras, ni con alguien mucho más joven que él, y mucho menos en medio de una misión riesgosa. Sabía que había quebrantado mil reglas de moral y ética profesional pero no estaba arrepentido, ella lo valía. La mujer de sus sueños ahora era suya.
— ¿Ya no estás celoso por Jake? —Preguntó la joven colocando el dedo índice en la nariz de su amante.
—No. Pero no te le vuelvas a acercar. —Respondió en automático, mientras la colocaba nuevamente encima de él.
—Eres adorable cuando estás celoso. —Murmuró ella mientras le daba un beso suave en el cuello y continuó: —Jake es mi mejor amigo, me ha ayudado bastante y nos hemos vuelto muy unidos. Y tú… Eres el hombre con el que quiero estar, incluso, Jake sabía de mis sentimientos por ti y muchas veces dio empujones para que se dieran las cosas entre nosotros. Desde el principio él afirmaba que estabas celoso.
Entonces Chris miró las cosas con más claridad.
— ¿Quieres decir que Muller sabía de todo esto y provocaba mis celos a propósito?
Sheva contuvo una risita baja.
—Cabrón. —Mencionó el mayor a la vez que daba un respingo.
—Chris, prométeme que cuando todo esto acabe, vas a hablar con Jake y limarán asperezas, por favor. —Pidió la morena mirando fijamente a los ojos azul pálido del capitán.
Redfield se quedó en silencio. El último encuentro que había tenido en China con el hijo de su peor enemigo había sido menos que agradable, incluso violento. Intentar hablar de nuevo con el mercenario sería una tarea bastante difícil.
—Sheva las cosas están mal entre nosotros. Jake me odia, nunca me va a perdonar lo de su padre.
—Si tú le explicas va a escucharte, estoy segura. Por favor, no pueden estar en guerra toda la vida cuando luchan por la misma causa. —Afirmó la mujer del tatuaje de Shuuja, suplicándole con sus orbes avellana.
Y su petición surtió efecto. Ya tenía un bastante tiempo en que Chris Redfield, el hombre de la voluntad indoblegable no podía negarle nada a esos ojos dulces y expresivos.
Dio un suspiro hondo y finalmente habló:
—Está bien, Sheva. No te prometo que nos llevemos bien, pero ten por seguro que lo voy a intentar.
La mujer de cabello castaño sonrió radiante y le dio un beso rápido al varón en los labios.
—Pero con una condición.
La más joven esperó, escucharía con atención lo que su pareja tenía que decir.
—Prométeme que vamos a hacer todo lo posible porque esto funcione. Yo he tomado una decisión y no hay vuelta atrás. Te quiero conmigo, Sheva, y no pienso renunciar.
Ella se enterneció por la dulzura de su petición. El militar sólo tenía la fachada de hombre rudo, pero sin duda era más noble de lo que podía imaginar.
—Te lo había dicho una vez y lo vuelvo a repetir. Seré por siempre, Chris. Compañeros hasta el final.
Ya había oscurecido y la negrura de la noche se pintaba en el cielo con todo su esplendor, con la única luz de la luna en cuarto menguante iluminando en derredor.
Esa noche no hacía calor y el clima era templado y agradable, no obstante, los habitantes de la tribu Jasiri se habían retirado a sus chozas temprano, por las razones que ya le habían explicado antes a Jake Muller. Durante su estancia en la aldea, el equipo formado por Leon, Claire, Jake y Sherry habían aprendido a convivir con los habitantes, obteniendo una buena cantidad de información sobre su búsqueda de pistas para dar con el paradero de Albert Wesker y sus propósitos maquiavélicos.
El canto de las cigarras y el andar lejano de las pisadas de los animales, eran el único sonido que arrullaba a esa noche apacible, serena, despejada… Pero no lo suficiente para calmar las inquietudes de Claire Redfield que permanecía sentada afuera de su lecho, recargada contra una de las paredes de barro, estirando sus pies en el suelo.
Aún estaba alejada unos metros de distancia, cuando su compañero Leon S. Kennedy distinguió su silueta y se preguntó qué estaba haciendo allí la Redfield.
Con sigilo se acercó hasta donde yacía la pelirroja y se quedó de pie a su lado.
— ¿Contemplando las estrellas?
Instintivamente, Claire volteó la mirada en cuanto reconoció la voz de su pareja. Desde aquella vez que ella y Leon habían decidido compartir el dormitorio, su relación había mejorado en demasía, al grado que podía decirse que habían recuperado su amistad fragmentada casi por completo, volviendo a ser ese par de buenos camaradas, que alguna vez fueron en el pasado.
—En la ciudad no es posible contemplar ese cielo tan despejado. —Contestó la de ojos azules a su compañero y con un ademán, le indicó que se sentara a su lado.
Enseguida, el agente de la D.S.O. obedeció y se sentó al lado de su amiga y se quedó mirando al cielo al igual que ella.
— ¿En qué piensas? —Preguntó finalmente el hombre de cabellos dorados.
—Me pregunto cuándo se acabará todo esto… Cuándo cesaremos de luchar… Si algún día podremos vivir en un futuro sin miedo. —Explicó la hermana menor de Chris Redfield mientras jugueteaba con una varita entre sus manos.
— ¿Te hubiese gustado que nuestro destino hubiera sido diferente? —La interrogó Leon con curiosidad.
—Tal vez. Me hubiese gustado ser una simple pintora, que dibuja en su estudio cada que una nueva idea viene a su cabeza. Quizás dar clases en alguna universidad, casarme, tener dos hijos y un poddle… —Relató la menor encogiéndose de hombros y prosiguió: —Son deseos demasiado simples y mundanos, pero es lo que siempre he deseado. Tener una vida común, una familia normal igual que todos, donde no me tuviese que preocupar porque un demente quiera infectar al mundo.
Leon sonrió de lado y miró fijamente a su compañera. Contempló su perfil y de repente se dio cuenta que Claire Redfield era más linda de lo que recordaba. Su cara era la misma, pero ya no tenía la finta de una adolescente aventurera sino que ahora en su rostro se perfilaba el temple de toda una mujer. La piel seguía siendo de porcelana, conservaba el cuerpo voluptuoso de una Venus de Boticelli y ese cabello… Esa melena pelirroja que siempre le había gustado desde que la conoció permanecía intacta, rebelde, impactante. El agente comenzó a cuestionarse en qué momento Claire Redfield se había vuelto una mujer tan hermosa, o tal vez, la hermana menor de Chris siempre había sido bella, sólo que estaba tan ocupado en otros asuntos que no se percató de lo guapa que siempre había sido su compañera. Una mujer preciosa, tanto en el interior como en el exterior.
—También he deseado lo mismo. —Confesó el agente de ojos azules.
— ¿De verdad? —Preguntó la pelirroja.
—Sí. Sólo que en lugar de un poddle, me gustaría tener un San Bernardo y llamarlo Beethoven.
Claire se soltó a reír por el comentario bromista de su compañero. Estar al lado del ex policía siempre le prometía un rato agradable.
—Te extrañé mucho, Leon. —Confesó la Redfield recargándose contra el hombro de su compañero.
Al sentir el contacto cálido de la motociclista, de inmediato el confort y la tranquilidad se apoderaron del sobreviviente de Raccoon City, que sonrió levemente al tener a esa mujer tan cerca de él.
¿Qué nuevas emociones estaba experimentando?
Quizás aún había estragos de aquella noche en que ambos por exceso de alcohol y falta de compañía, terminaron compartiendo las sábanas. También pudo ser en la ocasión en que miró a Claire enseñando a la gente de esa tribu con la que convivían nuevos métodos para conseguir agua limpia para beber, o tal vez, simplemente tal vez, siempre había visto algo más en ella desde ese fatídico día de 1998, cuando de dos desconocidos pasaron a ser aliados inseparables que luchaban por sobrevivir a ese infierno llamado Raccoon City. Fue la obsesión, la inseguridad, la vanidad y probablemente el miedo lo que no le permitían ver las cosas con claridad, notar lo evidente y sembrar esa pequeña semilla de la duda en el corazón del agente de ojos azules. La vida le estaba ofreciendo la oportunidad de que de una vez por todas se librara de los fantasmas del pasado el recuerdo de Ada se difuminara para siempre. Era una oferta inmejorable.
¿Era acaso que comenzaba a sentir algo más por Claire Redfield que no fuera precisamente amistad?
¿Por qué no?
Mientras la chica permanecía recargada en el hombro de su camarada, con decisión Leon tomó la mano de la pelirroja y la apretó contra la suya con suavidad.
La motociclista se sorprendió un poco por la espontaneidad de su mejor amigo, mientras él seguía sosteniendo su agarre con firmeza sin intenciones de soltarla.
—Nunca estuve arrepentido de haber pasado esa noche contigo.
Claire abrió los ojos desmesuradamente. No se esperaba que su compañero sacara ese tema a colación en ese momento.
—Leon, no… —Interrumpió ella sintiéndose un poco incómoda.
—Déjame terminar, por favor. —Pidió él con voz franca, solicitando su autorización. —No sé porqué actué así. Quizás fue miedo, inseguridad, incertidumbre… No sabía que iba a pasar con nosotros después de lo que había pasado. Me negaba a perderte, pero tenía demasiados demonios internos en ese momento como para poder iniciar algo contigo. Sabía que después de eso lo nuestro no iba a volver a ser igual, había arruinado nuestra amistad y es por eso que pedí perdón. Fui un cobarde, lo sé y quizás esta explicación debí darla hace mucho tiempo, —se lamentó el ex policía y prosiguió: —pero creo que te la debía.
La mujer de cabellos de fuego apretó los labios y bajó la mirada, pero no soltó el agarre de la mano de Leon. Esos recuerdos todavía dolían.
—Puedes darme otra bofetada aún más fuerte que la de aquella ocasión, si gustas. —Ofreció el agente con cierto sentido del humor.
Ella sonrió con amargura, lo hecho, hecho estaba.
—Tal vez sencillamente no era nuestro momento, Leon. —Murmuró la activista de Terra Save aún con la mirada en el suelo.
Entonces él la tomó por el rostro con su otra mano, forzándola a mirarlo fijamente a los ojos. Esta vez, el rubio sabía lo que quería.
— ¿Crees que este sea nuestro momento?
La menor se sintió hechizada. Esos ojos azules que siempre la habían intimidado nuevamente la miraban con la misma pasión y ternura como cuando durmieron juntos en el apartamento de Kennedy. El corazón le latía desbocado, como si hubiese estado esperando toda su vida por ese instante, impaciente por palpitar.
—No lo sé… —Confesó temerosa.
Ahora no tenía ninguna duda. Sintió la imperiosa necesidad de besar una vez más esos labios cerezas de Claire Redfield. Se inclinó más hacia su rostro y ella no opuso resistencia. La pelirroja sabía perfectamente el riesgo que corría si volvía a involucrarse sentimentalmente con su camarada de antaño y estaba consciente de que si algo salía mal, la más lastimada sería ella, pero estaba dispuesta a correr el riesgo.
La niña de orbes azules cerró sus ojos y esperó a que pasara lo que tuviera que suceder. El agente siguió acercándose invasivamente hasta sentir su frío aliento contra sus mejillas, dejándose llevar por la emoción del momento.
Sus labios estaban por rozarse cuando el sonido de una voz los distrajo.
— ¡Leon! —Sonaba con estruendo la voz de Jake Muller, llamándolo desde la distancia.
"¡Maldita sea!" Pensó el ex policía mientras se alejaba a regañadientes de su compañera y apretaba una de sus manos en un puño.
—Creo que debes ir. —Susurró la activista un poco decepcionada.
Leon se puso de pie y ayudó a su compañera a que también se incorporara del piso.
El sobreviviente de "las plagas", frunció el ceño en cuanto escuchó a Jake Muller seguir llamándolo por su nombre y de mala gana contestó:
— ¡Ya oí!
—Iré a buscar a Sherry. —Se excusó la motociclista para marcharse de allí.
Y justo antes de que la mujer cabellos de hoguera se marchara, rápidamente Leon la tomó del brazo para frenarla, para inmediatamente después estampar sus labios contra los suyos, sin darle tiempo siquiera de reaccionar.
Le tomó unos segundos a la pelirroja captar lo que estaba sucediendo. El inesperado beso de Kennedy la había dejado sin aliento, pero no por ello, la hacía menos dichosa. Tímidamente comenzó a corresponder el gesto de su compañero mientras él la acercaba tiernamente hacia él, abrazándola por la cintura y ella por su parte, colgaba sus brazos de los hombros anchos del rubio. Claire sonreía cuando la caricia de la barba incipiente de Leon rozaba con sus mejillas suaves.
Compartieron un beso dulce y tímido por unos instantes, apenas rozando sus labios por las comisuras, cuando tuvieron que separarse para tomar un respiro necesario.
—Este debió ser nuestro primer beso. —Dijo la pelirroja acariciando a su pareja por la mejilla.
—Aún tenemos mucho tiempo para reponer todos los besos que nos debemos. —Contestó él mientras la abrazaba protectoramente rodeándola con sus brazos trabajados.
—Jake te está esperando. —Le recordó ella con pocas ganas de soltarse de su abrazo.
—Volveré pronto. —Prometió a la vez que se separaba de ella y removía con una de sus manos el flequillo de su frente para depositar allí un beso tierno.
Enseguida, Leon se retiró para averiguar el motivo por el cual el mercenario lo buscaba, mientras Claire lo miraba desaparecer en la oscuridad. Aún no determinaba a ciencia cierta que era exactamente lo que acababa de pasar, pero no importaba mucho en realidad. Esta vez ya no tenía miedo, estaba decidida a luchar por lo que quería.
Jessica caminaba de entre los pasillos de las instalaciones científicas. Buscaba con la vista a su misterioso aliado y guardaespaldas cuando de repente, una sombra que se desplazaba a una velocidad inverosímil para el ojo humano, se posó detrás de ella y la acorraló contra la pared.
Antes de que pudiese interponer defensa, el espectro ya la había sujetado del cuello y comenzaba a apretarle la yugular sin contemplaciones.
— ¿Pero qué? ¡¿Qué… qué demonios te pasa?! —Logró decir la mujer entre balbuceos al reconocer la fría mano de su captor.
Ahora frente a los ojos claros de Jessica, estaba un enfurecido Albert Wesker con sus orbes escarlatas destellando como si fuesen chispas de fuego ardiente.
— ¡Maldita! ¡Estuviste en mi despacho y tomaste algo que me pertenece! —Bufó colérico el ex capitán de los S.T.A.R.S.
—Yo no… Yo no he entrado a t-tu oficina. —Negó la espía sintiendo que el aire se le comenzaba a agotar.
—No trates de negarlo, maldita vívora.
La ex agente de la BSAA empezó a sentir que sus pulmones se contraían por falta de oxígeno y no pudo responder a las acusaciones.
Y justo antes que se desmayara, Wesker soltó a su víctima que azotó contra el piso con un golpe seco. La fémina comenzó a toser y enseguida inhaló y exhaló profundamente, sintiendo un profundo alivio en sus vías respiratorias.
—Te doy treinta segundos para que me entregues lo que tomaste de mi oficina y te garantizo que te daré una muerte rápida y sin sufrimiento. —Amenazó el tirano con voz intimidante.
Pero Jessica era inteligente. A pesar de que el virólogo tenía una presencia que hacía temblar a cualquiera, sabía que debía de mantenerse firme, ya que si mostraba lo contrario, el rubio notaría su nerviosismo y su teatro se vendría abajo. Tenía que jugar a la ruleta rusa y no podía perder.
—Yo no tengo nada que te pertenezca. Ni siquiera he entrado a tu despacho. —Dijo ella con la voz ronca, aún sin levantarse del suelo.
— ¡Mientes! —Sentenció el hombre que vestía de piel de cocodrilo, apretando sus dientes afilados.
—Yo no soy la única que tiene acceso a tus dominios. —Argumentó la de ojos claros a su favor y añadió: —Además, ¿qué objeto se supone que robé y es tan importante para que quieras matarme?
Albert Wesker entendió enseguida su juego. El científico no era ningún imbécil y sabía perfectamente que la elocuencia de Jessica sólo pretendía sacarle nueva información que de ninguna manera pensaba compartir con ella ni con nadie, especialmente porque se trataba de ese retrato de Claire Redfield. Bien pensado por parte de esa maldita traidora.
—No me has respondido. —Insistió ella incorporándose con torpeza.
—Ni lo haré. —Repuso el mayor enseguida, sacando sus gafas de sol y colocándoselas de nueva cuenta en sus pupilas bermellón. —Más te vale que sea verdad lo que dices, ya que de lo contrario lo sabré y no querrás saber lo que les sucede a los que osan traicionarme. —Sentenció con voz potente a la vez que volvía a desaparecer entre las sombras con su andar veloz y silencioso, yéndose tan rápido como llegó.
Cuando estuvo segura de que el rubio ya se había marchado, Sherawat dio un suspiro aliviada. Por un segundo, sintió su muerte cerca al mirar la cólera del tirano cuando descubrió que la fotografía de su "mujercita" había sido robado de su eterna gabardina de piel de cocodrilo, pero conociendo al ex capitán, sabía perfectamente que nunca diría qué clase de objeto era el que le había sido hurtado, ni siquiera levantaría sospechas de ello ante los demás. Ese demonio tenía demasiada experiencia y sabía jugar bien sus cartas sin perder los estribos. Pero ahora ella tenía un as a su favor. Confirmaba más que nunca que el retrato de esa chiquilla era por demás importante para ese desquiciado y que era vital averiguar su identidad. Ya había encontrado el talón de Aquiles del monstruo, solo restaba aguardar la ocasión para usar ese poder.
Y la ocasión estaba cerca.
A/N: ¿Qué tal? ¿Muy meloso, muy cursi, mucho lemmon? Nunca había escrito tanto lemmon junto, pero la historia ya lo requería jajaja. ¿Qué momento les pareció más tierno? ¿Carlos y Jill, Chris y Sheva o Leon y Claire? Les dije que este sería el episodio donde verían más amor y espero haber cumplido con la expectativa, espero no haberme pasado de miel jaja.
En el siguiente episodio, las cosas comenzarán a acomodarse y les adelanto que el mundo empezará a hacer ebullición. Esta historia ya se acerca cada vez más al final y las cosas se irán complicando para todos, empezando porque nuestro amado Wesker ya empezará a hacer de las suyas, ya lo verán. Y Jessica, bueno no se quedará atrás.
Como siempre, su opinión es valiosa para mí así que no duden en expresarse en los reviews, o si lo prefieren pueden mandar mensaje privado.
¡Muchas gracias a ustedes por leer y a Addie por revisar!
¡Nos estamos leyendo!
