Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi y los tomo prestados sin fines de lucro.

Haunted
Por: Hoshi no Negai

25. No más secretos

Los días siguientes a su regreso estuvieron tan movidos como se los había imaginado. Habían ido a visitarla no sólo sus compañeros de clase, sino varios vecinos, personal de su colegio y por supuesto, reporteros. Éstos últimos conseguían algo que Rin veía en muy raras ocasiones: sacar de sus casillas a su madre, siempre tan amable y controlada. Yuriko le había contado a su hija la pésima experiencia que había tenido entre los medios durante los meses que había estado fuera de casa y lo poco que quería que ella pasara por lo mismo.

Su padre se mantenía firme, negando al igual que su esposa las entrevistas que seguramente querían una historia sensacionalista para ganar popularidad, pidiéndole respeto a los reporteros y periodistas que se acercaban hasta la casa en busca de la primicia. Como él tenía mayor diplomacia para lidiar con personas desagradables, era quien se encargaba de abrir la puerta cada vez que llamaban.

―Lo único malo es que mañana regreso al trabajo y no podré hacer de portero ―le dijo a Rin la tercera noche de su regreso. Su madre estaba en la cocina preparando el té después de la cena, e incluso desde el comedor podían escucharse sus resoplidos de fastidio―. Así que tendré que pedirte que mantengas a raya a tu madre antes de que se le lance a alguien encima. Cuando está furiosa no hay quien la detenga.

La chica rió entre dientes.

―Créeme que lo sé. Aún recuerdo muchos de sus castigos.

―¿Van a estar bien ustedes dos solas? Puedo pedir más tiempo de permiso en la universidad.

―No, papá, es mejor que vayas al trabajo. No quiero que se molesten contigo ―le aconsejó preocupada―. Has faltado mucho por mí, pero ya no tienes que hacerlo. Estaremos bien. Además... me gustaría regresar a la escuela lo más pronto posible.

―¿Quieres ir a la escuela? ―se acercó su madre. Llevaba la bandeja del té entre las manos y apenas había escuchado aquella última frase―. ¿Estás segura? ¿No es algo pronto?

―No, mientras más espere más me atrasaré y me gustaría poder graduarme con mis compañeros.

―¿Crees que puedas recuperar todo el tiempo perdido tan rápido? Medio año de ausencia quizás te cueste más que unos cuántos días y exámenes ―mencionó su padre tomando su taza―. En la universidad manejamos cursos intensivos, pero no sé si sea una opción para tu colegio.

―Quiero intentarlo. Podría tomar las vacaciones de invierno para adelantar lo más que pueda, y con algo de suerte tal vez me gradúe con los demás.

―Rin, no te entusiasmes mucho por si no llega a resultar. Cinco meses de clases no se compensan con...

―Pues yo creo que es una fantástica idea ―asintió su madre muy contenta, cortando a Hizashi en medio de la oración―. Nada pierdes con intentarlo, cariño. Y mientras más rápido regreses al colegio, más rápido podrás olvidarte de esa horrible experiencia. ¿Quieres que te acompañe a hablar con el director?

―Wow... gracias, mamá ―dijo Rin algo incómoda al captar el trasfondo de su entusiasmo―. Pero no te preocupes, creo puedo hablar con mis profesores yo misma.

―Como tu representante debería ir contigo ―insistió la mujer―. Es muy pronto para que vayas sola al centro del pueblo, no quiero que te acosen. Apenas han pasado tres días y puede que te topes con más de un periodista, así que es más seguro que vayamos las dos.

―Tranquila, mamá, no me voy a escapar ―suspiró Rin adivinando sus intenciones―. Sólo quiero ir al colegio otra vez. Tomar el autobús no será problema.

―Rin... no creo que deberías ir tú sola.

―Déjala que vaya ―se metió su padre―, puede hacerlo por su cuenta. No te ofendas, cariño, pero estos días casi no la has dejado ni un minuto a solas. Ya no es una niña pequeña y puede valerse por sí misma.

―Apenas han pasado tres días ―repitió.

―Estaré bien, no te preocupes ―le aseguró Rin manteniendo una sonrisa algo forzada. No quería discutir, pero encontraba irritante que no confiara en ella como para hacer algo tan simple como ir a la escuela y volver. Aunque tampoco podía culparla por estar tan preocupada en realidad. Alzó los ojos hacia su madre y se percató de la mirada triste que aún poseía. Se sentía tan mal por ser razón de aquella mirada que no le quedó más opción.

Es mi mamá, no me tuvo por medio año y no quiere que nada me vuelva a pasar, razonó. Tiene un buen motivo para estar paranoica.

Casi no había pasado nada de tiempo, ¿quién podría reprocharle que estuviera pegada a su hija día y noche, temiendo que pudiera desaparecer?

No merece que le diga que no.

―Pero... es cierto, no tengo que hacerlo sola. Perdona... no estoy siendo justa contigo. ¿Me acompañas, mamá? Entre las dos podríamos entendernos mejor con el director y llegar a un buen acuerdo.

Los ojos tristes de su madre se iluminaron y formó una sonrisa que le sacudió el corazón. Debía tener mucho cuidado con lo que decía para no hacerle daño, no tenía idea de que hubiera quedado tan mal después de su partida.

―Me encantaría. Ya verás que llegaremos a un acuerdo y podrás graduarte con tus amigos.

―Eso espero, no soportaría quedarme atrás ―hizo una mueca de descontento a modo de broma para disipar el ambiente. Su padre la miró de reojo mientras Yuriko comenzaba a parlotear sobre la estrategia que tendrían para hacer que su plan funcionara y los nuevos posibles métodos de estudio que tendría que tomar Rin para recompensar su falta de más de un trimestre completo. La muchacha sólo se encogió de hombros y le dedicó una sonrisa sin mayor remedio, a lo que el hombre le devolvió el gesto.

La conversación continuó en muy buen tono hasta que llegó la hora de dormir, cerrando con deseos de buenas noches para los miembros de la pequeña familia y la organización rápida del comedor y la cocina después de la cena. Rin aceptó gustosa el beso y abrazo de despedida de su madre antes de irse a la cama y se sintió muy contenta consigo misma por haber conseguido animarla tanto.

Su padre le había comentado el ataque de nervios que había dominado a la mujer durante los meses de su partida, la ansiedad y depresión que le habían hecho rebajar algunos kilos y sacar varias canas de más en su cabello anteriormente de un reluciente negro. Hizashi Hashimoto también tenía marcas en su rostro y cuerpo por la depresión, pero él siempre les restaba importancia y conseguía poner buena cara para no preocupar a nadie. Era bueno simulando que se encontraba en excelentes condiciones y podía aguantar lo que fuera.

Su madre no era así. Podía ser muy fuerte en varios aspectos, pero perder a su hija había sido como si le quitaran un gran soporte a su carácter afable para revelar la persona frágil que era en realidad.

Y Rin no quería permitir que eso volviera a suceder a ninguno de sus padres, no mientras podía evitarlo. Así que podría su mejor cara y velaría por ellos, los complacería y haría felices.

Se llevó las sábanas a la barbilla y dejó que su vista se quedara pegada en las calcomanías de estrellas que relucían al ser apagadas las luces. Sus padres tenían que volver a confiar en ella, darse cuenta que había cambiado para bien y era capaz de hacer muchas cosas por sí misma. Así, cuando les dijera sus intenciones de regresar al mundo de los espíritus el impacto no sería tan fuerte. Al menos ese era el plan en teoría, tenía mucho en lo que trabajar para hacerlo funcionar.

Tomó aire profundamente y lo soltó en silencio.

Y debía funcionar. Tenía una promesa que cumplir y un mapa que recorrer con un demonio que la esperaba pacientemente. No podía fallarle.

...

Rin tragó con dificultad al estar en frente de las instalaciones de su colegio tras haber pasado meses sin poner un pie en ellas. Le sorprendió lo pequeño que le parecía el edificio en comparación a cómo lo recordaba, y no sabía si era algún efecto después de haber estado en el otro mundo o es que siempre había sido así.

La campana de inicio de clases ya había sonado para cuando ella y su madre se adentraron, por lo que técnicamente no debería haber ni un alma que pudiera verlas en los pasillos ni escaleras. Había escogido que fuera así para evitar que las miradas y cuchicheos de los estudiantes la pusieran nerviosa. Además de que ir con tu madre al colegio teniendo diecisiete años también era un poco embarazoso, a decir verdad.

Lo hago por ella, no por mí, se repitió por enésima vez. Su mamá jamás había hablado con el director ni ningún profesor fuera de las reuniones de padres y maestros o eventos escolares, por lo que tuvo que guiarla para llegar a la oficina principal. Por obra y gracia del destino a su favor, pasaron totalmente desapercibidas y nadie las detuvo para conversar. Rin se imaginaba muy acertadamente que no podría escapar de las preguntas ocasionales y la horrible atención que recibiría en cuanto regresara a clases.

Pero por graduarse a tiempo para tener el verano libre haría cualquier cosa necesaria, ya lo había decidido.

El director no tardó en recibirlas y para la sorpresa de ambas, el maestro encargado de su aula también se encontraba esperándolas. Yuriko había llamado antes de salir para informar que le harían una visita al plantel y el objetivo de ésta, por lo que era de esperarse que el profesor Takada tuviera su expediente personal entre las manos y se sentara al lado del escritorio del director.

Ambos hombres le habían cobrado una visita el día después de su llegada, procediendo a los interrogatorios sobre el antes, el durante y el después de la ida de la muchacha al otro plano. Había sido particularmente incómodo y extraño discutir sobre los demonios y el inugami en particular con sus profesores, pues tenía la sensación de que aquellas partes de su vida jamás se mezclarían y no tenían que involucrarse con la otra. Y esa incomodidad permanecía apretando el nudo en su garganta cuando volvió a verles las caras y éstos le regresaron la mirada expectantes, como si se preparaban silenciosamente para afrontar algo en lo que no se imaginaron a sí mismos haciendo.

Rin tomó aire silenciosamente y procedió a sentarse después de que su madre saludara y agradeciera el recibimiento a tan corto aviso. Le dio un rápido vistazo buscando apoyo en su mirada, y cuando Yuriko le asintió para infundirle ánimos y comenzó la larga y extraña conversación, no pudo sentirse más contenta por haber accedido a que la acompañara.

Se dio cuenta en ese momento que pese a que se había vuelto más independiente desde el verano pasado e intentara resolver las cosas por su cuenta desde que tenía memoria, no tenía por qué hacerlo todo sola. Contar con alguien en una situación difícil era una de las sensaciones más reconfortantes que había experimentado, e hizo la promesa interna de no cerrarse tanto nunca más. No tenía nada de malo tomar la mano que le extendían de vez en cuando.

...

Para cuando ambas hubieron abandonado la dirección ya era la hora del almuerzo y prácticamente todo el cuerpo estudiantil estaba aglomerado en los pasillos. Se habían quedado ahí adentro al menos unas tres horas completas, varios de sus profesores habían entrado y salido de la estancia para dar su opinión e incluso la maestra que daba parte como consejera se había quedado un largo rato en la reunión. Rin todavía tenía las mejillas calientes por haber sido el fijo objeto de atención de sus profesores, y a pesar de estar en medio del invierno sentía que le sudaba la nuca. Su madre a su lado sonreía complacida como si hubiera cumplido su misión de vida tras una dura pelea.

Como ya las dos se habían imaginado, los conflictos por su petición no se hicieron esperar y fueron el tema central de la reunión. Algunos no estaban convencidos de la historia fantástica que explicaba la desaparición de la estudiante e instaron que se hiciera un amplio estudio tanto médico como policial para descartar las otras opciones más creíbles, como su fuga voluntaria o incluso su unión a una secta. Por su fortuna no fueron muchos los profesores que se creían esa sarta de patrañas sensacionalistas, y los que le dieron su voto de confianza eran en mayoría el cuerpo docente que la trataba directamente en sus clases. Por suerte su alto rendimiento académico la hacía mantener un buen perfil a vista de la mayoría, quienes se pusieron de acuerdo en darle clases personalizadas para permitirle reintegrarse con el resto de sus compañeros.

―Aún no me lo creo ―dijo Rin cuando llegaban a la planta baja. Varios chicos que paseaban por los pasillos se le quedaban viendo e incluso la señalaban, pero ella hacía su mayor esfuerzo por no darles importancia.

―Tenemos mucha suerte de que el director se haya puesto de nuestro lado ―asintió su madre haciendo lo mismo, tratando de no fruncir el entrecejo ante las miradas nada disimuladas. No quería perder el buen humor tan pronto―. Nunca me esperé que él también hubiera subido a la mansión cuando era joven.

―Y que Sesshomaru lo haya espantado supongo que me ayudó varios años después ―completó con una risita incrédula, perdiéndose el tic nervioso de la mujer mayor.

―Sí, qué suerte.

―Ahora lo que tengo que hacer es quemarme las pestañas ―continuó apretando los puños―. Creo que deberé empezar a pedirle apuntes a los chicos. Será la primera vez que lo haga, por lo general ellos me los piden a mí.

―¡Rin! ¿Qué haces aquí? ¡Nos hubieras dicho que venías! ―se asomó Momoko por la puerta del aula por la que pasaban. Al escuchar su nombre varios de sus compañeros se acercaron para saludarla. Aquellos días muchos de ellos habían ido a visitarla; y Momoko e Issei lo hacían cada vez que salían de clases. Verla fuera de su casa por primera vez no se lo habían esperado―. Buenas tardes, señora Hashimoto, ¿qué las trae por aquí?

―Voy a regresar a clases ―anunció Rin muy satisfecha.

―¿En serio? ¿Tan pronto?

―¿Y los profesores lo saben? Siento que te escaparás de casa sólo para venir a la escuela y tener tarea que hacer ―se rió Issei sacando la cabeza por la puerta. Rin lo miró ceñuda pero no contuvo la sonrisa. Cómo se alegraba que su relación se estuviera recuperando después de tantos tropiezos. Aún había algo de incomodidad entre ambos, pero los dos ponían de su parte para no hablar de temas espinosos y retornar los tratos a la normalidad. Hasta el momento parecía funcionar maravillosamente.

―Si no lo supieran no podrían darme el título, así que están enterados.

―¿Estaban hablando con el director?

―Durante tres horas ―dijo Yuriko mostrando tres dedos antes de acercarse al profesor que salía del aula para platicar con él. Varios chicos pusieron cara de agobio―, y logramos que Rin se reincorporara mañana a primera hora.

―Pero acabas de volver... ¿no prefieres tomártelo con calma? Son bastantes cosas las que debes cubrir ―añadió preocupada Satsuki mientras hacía una cuenta mental de todos los temas que ya habían visto en cada materia. Rin hinchó el pecho con determinación.

―Mientras más pronto comience más pronto podré alcanzarlos. Tomaré las vacaciones de invierno y antes de que inicie el próximo periodo me harán un examen. Si lo paso, podré reintegrarme con ustedes.

―Ah, entonces vas a tener clases particulares.

―Sí, algo así. Me darán guías resumidas y clases de los temas principales para cubrir lo básico, pero los exámenes serán completos y de cada tema.

Algunos se estremecieron y otros intercambiaron miradas incrédulas.

―Quedan menos de tres semanas para que empiece el próximo curso, Rin ―observó Shizuku como si aquel no fuera un detalle en el que ya se hubiera fijado.

―Lo sé.

―Y tenemos nueve materias.

―No cuentan educación física, me la eximen si escojo un club deportivo en el próximo periodo.

―Ocho materias siguen siendo mucho ―suspiró atemorizado Kappei, que no era precisamente el mejor estudiante del salón.

―No para Rin ―Issei se encogió de hombros llamando la atención de los demás―. Es tan nerd que de seguro se pone al corriente, nos alcanza y se gradúa antes que nosotros.

―Conociendo su historial... ―musitó Masashi asintiendo con la cabeza. Otros le dieron la razón.

―Aprecio la confianza, chicos. Y también apreciaré mucho los apuntes que puedan prestarme, si son tan amables.

―Claro, te presto los míos ―se ofreció Momoko sonriente―. Igual la letra de Issei es horrible y no la entenderás.

―¡Hey!

―Tiene razón, tu letra es horrible ―asintió Hajime dándole palmaditas de consuelo en la espalda.

―Puedo pasar después de clases por tu casa a dejártelos. Hoy tengo club así que estaré allá como a eso de las cinco, ¿está bien?

―No, no vayas a mi casa, siempre estás yendo. Yo voy a la tuya, tranquila.

―Entonces pasa también por la mía para recoger los apuntes de matemáticas, no te volverás un lío con esos ―intervino Shizuku mientras Momoko fingía haberse ofendido.

La plática entre los muchachos se mantuvo animada y jovial durante varios minutos más, y pese a los cuchicheos de otros estudiantes que pasaban por la zona, Rin se veía tan relajada que prácticamente ni los notaba. Yuriko sonrió ante lo que le parecía un paso en la dirección correcta para su hija. Eso era lo que necesitaba para recuperar la normalidad en su vida y olvidar a ese inugami. Cada pieza caería en su lugar y sus amigos eran la clave para eso.

―Mamá, ¿te importa si voy a la casa de Momoko y a la de Shizuku en la tarde? ―le preguntó cuando ya iban saliendo del plantel y se encaminaban a la tienda para hacer una compra rápida. La chica estaba sonriente y se veía bastante optimista.

―¿Necesitas que te acompañe?

―No realmente, pero si quieres venir...

―Siempre y cuando no regreses muy tarde no pasará nada ―concedió la mujer devolviéndole la sonrisa.

―Creo que las seis o seis y media es buena hora para volver, ¿no?

―Sí, está bien. ¿Vas a querer algo en especial para comer? Debemos celebrar que vuelves a clases ―invitó señalando el local al que estaban por entrar.

―Mejor me lo guardo para cuando pase los exámenes, dicen que celebrar antes de tiempo es de mal augurio.

―No seas supersticiosa, cariño. El que te hayan dejado recuperar el tiempo perdido sin tantos problemas es motivo para al menos hacerte una buena cena.

―Oh, ¿cómo le voy a decir que no a eso? ―dramatizó cómicamente con ilusión―. Tú ganas. ¿Sabes qué extrañé bastante? La comida occidental. Como siempre me hacía lo básico de arroz, verdura y carne se volvió repetitivo. Mataría por una lasaña o unas hamburguesas.

―Por supuesto que pedirías comida chatarra ―Yuriko roló los ojos pero terminó asintiendo resignada. Esa clase de platillos extranjeros no eran de sus favoritos, pero considerando lo contenta que estaba Rin, consideró que no tenía nada de malo cumplirle un capricho. Debía demostrarle que vivir en ese plano era definitivamente mejor que estar con un monstruo. Y pondría cada gramo de su parte para que así fuera.

Ese era el lugar al que pertenecía.

...

―¡Voy de salida, mamá! ―anunció Rin mientras se calzaba las botas de nieve en la entrada y se abrochaba el abrigo. Su madre en la cocina se encargaba de los preparativos de la cena.

―Ve con cuidado, cariño ―se asomó por el pasillo―. ¿Tomas el autobús o vas en bicicleta?

―El autobús, hace demasiado frío como para bajar al pueblo pedaleando. ¿Quieres que te traiga algo?

―No, aquí tengo todo lo que necesito. Y Rin... ―se detuvo un momento, mirándola contrariada―. Vuelve pronto, ¿está bien? No te distraigas.

La muchacha le dio una pequeña sonrisa tranquilizadora que esperaba no se viera demasiado forzada.

―No lo haré. Hasta dentro de un rato.

La puerta se cerró detrás de ella y pudo soltar un largo suspiro. Permaneció con la espalda pegada a la superficie de madera, respirando hondamente. Las bocanadas de aire salían de su nariz en pequeñas nubes que rápidamente se desvanecían. Se apretujó el abrigo de invierno sobre el pecho, ajustó uno de sus guantes y se encaminó al paradero, presintiendo muy acertadamente que su madre la observaba por la ventana.

Saludó cautelosa al conductor del bus cuando lo abordó varios minutos después, manteniendo la cabeza gacha para no llamar la atención. El hombre se le quedó viendo alzando las cejas antes de cerrar las compuertas, siguiéndola por el espejo retrovisor. Varios pasajeros hicieron lo mismo hasta que ocupó un lugar al fondo, pegada a la ventana. Por fortuna nadie le dijo nada y el vehículo continuó con su camino.

Escuchaba los cuchicheos y murmullos a su alrededor, las miradas que variaban entre furtivas y fijas, e incluso escuchó fragmentos de una conversación de los ocupantes de los puestos laterales al suyo, donde hablaban de los terroríficos videos de la casa. ¿Se habrían filtrado en internet, alguien los había conseguido y los pasaba por cadenas telefónicas? Que ella supiera la policía no tenía intenciones de hacerlos públicos y estaba muy segura de que Jiro no se atrevería a subirlos en la red por un muy buen tiempo, al menos hasta que la cosa se calmara en algunos años.

Pero en un pueblo tan pequeño como ese era imposible mantener un secreto, y su caso en particular había sido un boom noticioso que todo el mundo conocía.

Vio de reojo el túnel entre los árboles que marcaba el inicio de la ruta hacia la mansión, consciente de que varios pasajeros hacían lo mismo y la observaban de reojo esperando alguna reacción. De nuevo respiró profundamente para tranquilizarse. Era normal que la gente tuviera curiosidad, no los culpaba; sólo era cuestión de que ella se acostumbrara a ser el centro de atención y ellos perdieran el interés.

Se sintió infinitamente aliviada cuando se bajó de la unidad y comenzó a caminar en la acera. Vio hacia ambos lados de la calle en busca de alguien que la reconociera, y para no esperar que fuera así, se subió la bufanda hasta la nariz y apuró el paso. Aún no eran ni las cuatro y media de la tarde, por lo que pasaría primero por la casa de Shizuku que estaba más cerca. Pero antes de eso tenía otro sitio que visitar, uno que le había rondado por la cabeza desde el mismo instante que lo abandonó.

Cruzó los dedos mientras atravesaba el portal de la clínica, cediéndole el paso a una ancianita que iba bastante más lento con un bastón. El interior estaba ligeramente decorado con adornos navideños e incluso se habían tomado la molestia de armar un pequeño arbolito repleto de luces y esferas de colores al lado del escritorio de la recepción. Siendo Navidad era de esperarse que las personas se encontrasen en los mercados o tiendas haciendo sus compras de último minuto, por lo que la sala de espera estaba un poco más vacía de lo que se había esperado.

―¿Puedo ayudarte con algo? ―preguntó una jovial enfermera en cuanto reparó en ella. Por suerte la madre de Shizuku no estaba de turno en ese momento, cosa que la hizo suspirar de alivio.

―Hola, buenas tardes. Estoy buscando al doctor Miyano, ¿estará disponible para atenderme?

―¿Tienes previa cita?

―No, no la tengo.

―¿Cuáles son tus síntomas? ―preguntó la chica mientras tecleaba algo en la computadora y alzaba la vista para fijarse en ella un segundo.

―Ah... ninguno, sólo quisiera agradecerle por atenderme la vez pasada.

―Ya veo. ¿Me dices tu nombre? Está atendiendo a un paciente desde hace un rato, pero ya debe estar por salir.

―Soy Rin Hashimoto.

―Rin... Hashimoto... ―anotó ella en una lista antes de señalar al área de espera repleta de sillas metálicas―. Si quieres toma asiento, te haré una seña cuando... ¿Hashimoto? ―levantó la cara con renovado interés. Rin sintió enrojecer su rostro mientras asentía y la enfermera la observaba de hito en hito―. Vaya, estás mejor de lo que esperaba. Cuando yo fui a la casa maldita no pude dormir por varios días. Y tú estuviste en ella por seis meses... ―comentó sorprendida.

―¿Tú también fuiste?

―Hace algunos años con algunos amigos. Pésima decisión, fue espantoso ―se estremeció al recordarlo. La adolescente se relajó un poco ante su buen carácter―. ¿Es cierto que esa cosa es un inugami? ¿Cómo escapaste?

―No escapé, él me dejó ir. Y sí, es un inugami.

―¿Te dejó ir, de verdad? ¿Pero por qué? ¿Y cómo? Oh, es tan emocionante, eres la primera persona que sale de esa casa ilesa... relativamente hablando, claro. Hay tantas cosas que me gustaría saber que... ―pero pese a que su boca se mantuviera abierta ningún sonido salió de ella. Sus ojos se habían arrugado y juntó los labios con pena―. Lo siento, lo menos que debes querer es que te hagan un montón de preguntas.

―En eso tienes razón ―sonrió cómplice Rin.

―Es que... suena como una historia muy emocionante. Es decir, estuviste en un mundo paralelo con un ser sobrenatural. Esas cosas sólo pasan en los mangas y películas.

―O a la gente que se mete con cosas que no comprende ―cabeceó la adolescente. La enfermera seguía mirándola maravillada y entusiasmada, preparada para hablar del tema como si no hubiera un mañana―. Em... ¿me avisas cuando salga el doctor, por favor?

―Claro, claro. Sí, mejor ve a sentarte antes de que empiece a parlotear sin parar.

Rin agachó la cabeza en agradecimiento y se retiró rápidamente al fondo de la sala, buscando el sitio donde estuviera lo más resguardada posible y que tuviera menos gente alrededor. Ignoró con todas sus fuerzas las cientos de miradas recurrentes de la enfermera que parecía comentarle lo sucedido con sus compañeros de trabajo porque cada vez más integrantes del cuerpo médico le daba vistazos regulares.

Bajó su atención al celular y pretendió entretenerse enviando mensajes de texto, dejando su mochila ligeramente vacía sobre las piernas para cubrirse mejor. Esperó cerca de unos quince minutos, y cuando pensaba que ya se le estaba haciendo tarde para reunirse con sus amigas, la recepcionista le hizo señas para que se acercara. Al lado del escritorio estaba el doctor que la había atendido en el primer momento que había vuelto a su mundo, ese señor bajito y con aspecto caricaturesco que la miraba extrañado. Rin tomó sus cosas y se acercó a la recepción.

―Buenas tardes, doctor Miyano ―le hizo una pequeña reverencia que el hombre correspondió― y feliz Navidad, por cierto.

―Gracias, Hashimoto, igualmente. ¿Qué tal estás? ¿Qué te trae por aquí?

―Em... ―le dio un rápido vistazo a la enfermera que no podía fingir ignorarlos y estaba muy pendiente de la conversación. Ella y otras tres personas que estaban por ahí―. ¿Podríamos hablar en privado un momento, si no le importa?

El médico siguió su línea de visión hasta los curiosos y les hizo un gesto con la mano, como de quien espanta una mosca fastidiosa.

―¡Más decoro, gente, por favor! Están haciendo que la señorita se incomode. Ven, pasa por aquí. ¿Está todo bien?

Rin lo siguió por el pasillo lateral a la recepción hasta que llegaron a un pequeño consultorio vacío que debía ser su despacho personal. El hombre cerró la puerta y se sentó en el escritorio entrelazando los dedos sobre la superficie. Rin también tomó asiento frente a él y extrajo un paquete de su mochila.

―Estoy bien, doctor. Quise pasar a saludarlo y agradecerle por atenderme hace unos días ―le extendió el paquete con una sonrisa, cosa que él aceptó sin quitar su cara de extrañeza―. Y también le quería dar esto como regalo de Navidad, es pastel de frutas que hice esta tarde.

―Vaya, es un bonito detalle, te lo agradezco. Y... ¿querías hablar en privado por esto? Siento que estás aquí por algo más que darme un regalo por las fiestas ―dijo perspicaz―. Cuéntame, Hashimoto, te ves preocupada. ¿Te sientes mal, estás enferma?

―¿Qué? No, no, no tengo nada. Eso creo ―añadió, haciendo que el doctor alzara una ceja y se reclinara sobre su asiento. Las mejillas de Rin comenzaron a arder―. La verdad es que necesito una consulta médica, pero debe quedarse entre nosotros.

―Entre nosotros ―repitió él despacio―. Continúa.

―Verá... no es algo fácil de decir, pero tengo la impresión de que puedo confiar en usted. Me ha atendido desde que soy pequeña y fue quién me recibió aquí en cuanto regresé del otro mundo. Aquel día cuando me preguntó si había alguna razón para preocuparnos le dije que no había ninguna. Pero en realidad...

―Sí la había ―completó tildando la cabeza―. Sabía que había algo que querías decirme, pero creo que la presencia de tu madre no te lo permitió. Y ahora ese algo te está preocupando más y necesitas respuestas, ¿correcto?

―¿Cómo lo sabe?

―Tengo más de veinte años atendiendo pacientes, es fácil interpretar algunas señales. Así que dime, ¿con qué puedo ayudarte, Rin Hashimoto?

La muchacha tragó pesado y se armó de valor.

―Necesito solicitarle una prueba de embarazo.

El doctor Miyano abrió bastante los ojos y se demoró en responder lo suficiente como para terminar de hacer cálculos y conjeturas mentales, según lo que ella creía. Durante todo ese tiempo contuvo el aliento y le mantuvo la mirada fija con el corazón latiéndole a lo loco. Temía que de alguna manera llamara a sus padres y la expusiera ante ellos como si tuviera sus números telefónicos y estuviera a punto de delatarla.

Después de un tenso silencio finalmente el hombre dijo:

―Pero los inugamis son perros.

―¡También adoptan apariencia humana! Sesshomaru tiene forma humana ―rectificó para tapar tu alto tono de voz. El doctor parecía estar entre intrigado y muy atónito.

―¿Y sabes si es posible la mezcla de especies?

―Sí, lo es. Su hermano es mitad humano.

Miyano se quedó callado de nuevo procesando la información. Rin apostaba todo lo que tenía al creer que el pobre tipo no se había esperado estar en esa situación planteándose cosas ni remotamente similares. Sacudió un poco la cabeza resoplando y regresó a su serenidad habitual.

―Bueno, en el folklore hablan de algunos casos de mezclas de sangre, supongo que en algo habrán acertado. Dime, ¿desde hace cuánto tienes la sospecha?

―En realidad no la tengo en sí, pero me gustaría descartarlo para estar segura.

―Por supuesto, es comprensible ―asintió mientras se estiraba para rebuscar en un estante al lado de su escritorio. Abrió una de las gavetas y después de estar contando algunos papeles y carpetas, extrajo una planilla que depositó en la mesa. Tomó el bolígrafo del bolsillo de su bata y se preparó para escribir―. Tendremos que llenar esto para tener toda la información posible, ¿está bien?

―¿Es realmente necesario? ―preguntó algo nerviosa por la formalidad―. Quisiera que esto se mantuviera en privado, si no le molesta.

―Se mantendrá en privado, un médico no tiene que revelar información de su paciente si este no lo quiere ―sentenció―, pero igualmente es necesario llevar un registro. Si vamos a hacer algo hay que hacerlo bien, ¿no crees? No te preocupes, nadie más que nosotros dos sabrá de esto. Haré personalmente tu examen de sangre si eso te tranquiliza.

―No quisiera importunarlo.

―No lo haces. No tienes idea de cuántas veces hemos guardado este tipo de secretos por aquí, estamos acostumbrados a ver cosas raras de las que nadie quiere que se enteren, es un gaje del oficio ―le sonrió afable ablandando sus facciones―. Aunque... en caso de que tus sospechas tengan fundamento... debes saber que al ser menor de edad hay que dar aviso a tus padres.

―Entiendo ―asintió con un estremecimiento―. Esperemos que no haya nada que decirles entonces.

―Esperemos. ¿Comenzamos? Perdona si sueno metiche, son preguntas estándar ―le enseñó brevemente el conjunto de hojas que estaba por llenar―. Sería ideal que lo hicieras en una consulta ginecológica, pero imagino que no querrás llamar más la atención, ¿no?

―Imagina bien, doctor ―tragó con un nudo en la garganta. Estaba a punto de escribir un registro sobre su vida sexual... siendo menor de edad... con un ser sobrenatural. Estaba totalmente fuera de su zona de confort pues aunque era muy abierta en ciertas cosas, para discutirlas con terceros no era lo mismo. Hasta la fecha sólo había tenido la confianza suficiente con su compañero y de ahí no pasaba. Lo de Jaken no cuenta porque acordé borrarlo de mi memoria, reparó al recordar aquella incomodísima conversación.

Si mamá y papá se llegaran a enterar... Odiaba seguir mintiéndoles, pero ¿qué podía hacer en ese caso? Soy una mala persona. Dije que no los lastimaría más, pero... ¿si llego a estar embarazada? No, Sesshomaru me lo habría avisado, se lo pedí la última vez y si no ha dicho nada es por algo.

Todo estará bien. Esto lo hago sólo para sacarme las dudas, no debo entrar en pánico.

...

El primer día de clases había estado cargado de tensión y millares de mariposas en el estómago a causa de toda la atención que arrastraba por cualquier lugar donde pasara. La mayoría de los alumnos susurraban y la señalaban a sus compañeros creyendo que no podía verlos y la veían con los ojos bien abiertos como si esperaran captar algo fuera de lo normal. Los más osados no habían titubeado al acercársele para hacerle preguntas tan directas que la dejaron algo perpleja. Prácticamente salían de la nada y entablaban conversación como si fuera su obligación resolver todas sus dudas cuando eran chicos que apenas conocía de vista.

Sabía que debía dar muchas respuestas y explicaciones a su llegada, pero ¿a gente con la que no tenía nada que ver? Era normal su curiosidad, pero algo de decoro sería agradable.

Pero del mismo modo que se sentía saturada de atenciones molestas, también se sabía inmensamente afortunada por poseer amigos y compañeros que se lo hacían más llevadero. Ese primer día pudo haber sido mucho más desagradable si no contara con la presencia de Momoko, Issei y los demás, que pese a que no compartían su horario por el momento, pasaron cada descanso espantando a los más descarados, aunque era imposible mantenerlos a todos a raya.

Rin se bajó del autobús dejando atrás a un sujeto que insistía que todo aquello no podía haber sido real y le preguntaba en son de broma dónde había estado todo ese tiempo, pues estaba bastante completa y saludable como para haber sido presa de un espíritu maligno. Al inicio intentó mantenerlo a raya con el cortés comentario de que preferiría no hablar del tema, dándole libertad de creer lo que prefiriera. Pero el tipo insistió y se sentó a su lado, parloteando sobre el daño psicológico que su jugarreta le había causado a mucha gente y la pésima reputación que su familia había ganado por querer llamar la atención.

Estuvo tan cerca de golpearlo tantas veces que no tuvo idea de cómo se contuvo, e incluso cuando se cambió de asiento negándose a contestar de manera contundente, el condenado sujeto siguió hablando como si no le importara que incluso el conductor le llamara la atención.

Si tan sólo no dependiera de un expediente impecable para graduarse estaba más que segura que la petulante cara de ese hombre tendría al menos un ojo morado.

Paciencia. Sabías que esto pasaría, no ganas nada molestándote y pegándole a desconocidos. Tú no eres impulsiva ni puedes salirte con la tuya como Sesshomaru, no puedes hacer nada estúpido.

Atravesó el umbral lanzando un último bufido al aire y compuso su mejor cara. Su padre fue el primero que la recibió con una sonrisa de simpatía por su expresión cansada.

―¿Qué tal la vuelta a clases? ―preguntó con humor.

Rin levantó los ojos hacia él con consternación y musitó mientras negaba con la cabeza:

―No entendí nada.

El hombre soltó una carcajada que atrajo la atención de su esposa, se asomó desde la cocina.

―¿Qué es tan gracioso?

―Aparentemente mi estupidez ―contestó Rin dramática.

―¿Qué? ¿Por qué?

―Fue como si me hablaran en otro idioma. Las clases de química fueron literalmente como si intentaran explicarme cómo operar un reactor nuclear. En ruso. Y matemáticas... ¿matemáticas siempre fue tan complicada? ¡Rayos! Nunca me había sentido tan idiota, el profesor casi tuvo que enseñarme a hacer funciones otra vez paso por paso. ¡Funciones! Yo era buena con las funciones...

―No exageres, cariño, apenas empezaste hoy ―intentó calmarla su madre dándole palmaditas en la espalda cuando Rin se sentaba en el bordillo para quitarse los zapatos―, es lógico que te cueste después de tanto tiempo sin ir a la escuela.

―¿Te enviaron muchos deberes? ―quiso saber su padre al estar los tres pasando al comedor.

―Tengo un examen el lunes, dos informes y un ensayo de un libro ―se desmoronó sobre la mesa.

―¿Todo eso en el primer día?

―Ajá. Las cuatro materias que vi me pusieron tarea, y sé que las que me tocan mañana serán igual.

―Pero mañana es sábado ―se confundió Hizashi.

―Los intensivos incluyen ir los fines de semana, los domingos sólo en la mañana.

―Oh... Que los dioses te amparen, hija mía ―sentenció gravemente él, a lo que Rin le puso cara de pena―. ¿Cómo te sientes al respecto? ¿Optimista?

―Pese a todo, sí. No será fácil, pero si me enfoco podré hacerlo. Al menos me darán el fin de año libre, aunque pienso aprovecharlos estudiando día y noche. Si consigo pasar todos los exámenes en un mes, me reintegran a mi clase. Dependiendo de cómo lo haga y mi desempeño podrían eximirme algunos temas para que esté a la par de los demás.

―Vas a hacerlo bien, ya verás ―aseguró su madre al pasarle su plato rebosante.

―Y aunque no puedas, siempre está el próximo año. No hay presiones, Rin, tómate tu tiempo ―recomendó el hombre comprensivo―. No te reprocharemos si no lo soportas. Después de todo estuviste medio año fuera de casa, no es culpa tuya.

―Gracias, papá. Pero aún así quiero intentarlo. Creo que puedo hacerlo, y hacerlo bien.

Su padre parpadeó sorprendido por su determinación y acabó por asentir y sonreírle. Rin sabía que no era tan efusivamente optimista como su madre; más bien veía el lado realista y sacaba las cuentas con respecto al tiempo que le quedaba para cumplir su meta. No lo culpaba por intentar no darle demasiadas esperanzas.

―Lo harás bien, estoy seguro.

―Y cuéntanos, Rin, ¿cómo te fue con los demás chicos? ¿Alguien te dijo algo en el pueblo?

La chica se tensó momentáneamente al recordar al molesto tipo del autobús y no pudo esconder un resoplido.

―Varios se acercaron en el colegio para hacerme preguntas, pero por suerte Issei y los demás me echaban una mano en los descansos para que no agobiaran tanto. Y a la hora de entrada y salida había algunos periodistas, así que mis amigos y el profesor de educación física me acompañaron hasta la parada.

―¿Periodistas? Ahg. Ya concedimos una entrevista al periódico local hace dos días, con eso deberían tener suficiente ―rezongó hastiada Yuriko. Rin había accedido en acordar una cita con dos representantes del pequeño medio del pueblo donde repitió exactamente todo lo que le había dicho a la policía, encontrándose con que los entrevistadores podrían ser tan o más indagadores que los mismos oficiales. Su madre, quien los conocía a ambos pues había trabajado con ellos años atrás, supo llevar la batuta de la audiencia con gran habilidad. Y aún así había quedado muy insatisfecha con el reportaje que había leído al día siguiente.

―Cada uno querrá su propia versión ―se encogió la chica de hombros. Esa gente aún no llegaba a molestarla tanto más que nada porque tenía personas que la acompañaban en todo momento y dejaba la guiaran entre ellos. No tenía tantas energías como para lidiar también con reporteros además de toda la gente de pueblo, sus estudios, compañeros y sí misma―. Al menos no los dejan entrar al colegio y los profesores se ofrecieron a echarme una mano con ellos, así que es una gran ventaja.

―No me gustaría correr riesgos. Mañana te acompañaré al colegio y te esperaré a la salida, me quedaría más tranquila estando contigo.

―¡Mamá! No, por favor no. No te ofendas pero ya estoy grande para que mi mamá me lleve a clases ―se asustó ella mirándola con gesto suplicante―. Ante cualquier cosa corro o me escondo o lo que sea, pero no vayas conmigo. No soportaría los chistecitos de Issei por el resto del trimestre.

Yuriko abrió la boca para quejarse, pero la mano de su marido en su brazo seguido de su negación con la cabeza le hicieron cerrarla lentamente.

―Tiene razón, ya está grande y tiene a sus amigos y maestros. Ya viste que ayer fue al pueblo sin problemas y hoy no fue diferente, ¿verdad, Rin?

―Para nada diferente, no ―se apresuró a decir―. Por favor, mamá. Te lo ruego.

―Tampoco tienes que ponerte tan dramática ―se quejó ella mirándola con desaprobación.

―Es que te veo capaz de quedarte fuera del colegio espantando a los periodistas.

―Con el bate que encontraste en el cobertizo ―completó el marido.

Yuriko tuvo el impulso de defenderse, pero al cabo de unos segundos reparó en que ambos tenían razón.

―Ante el más pequeño incidente me llamas. Ni se te ocurra ocultarme nada, jovencita ―le advirtió entrecerrando los ojos.

―Si algo llega a pasar no tendré problemas en que vayas a repartir batazos ―asintió solemne. Terminó rápidamente su cena y retiró sus utensilios antes de que sus padres acabaran―. La comida estuvo buenísima como siempre, mamá, pero mejor voy a adelantar mi tarea todo lo que pueda antes de que se acumule y me aplaste. Permiso.

―Si necesitas ayuda avísanos.

―¡No te acuestes muy tarde, Rin, mañana tienes clases!

―¡El descanso es para los débiles!

Tomó su mochila del recibidor donde la había dejado y subió las escaleras de dos en dos. Podría darse un baño más tarde, pero antes tenía algo muy importante de lo que ocuparse.

Cerró la puerta de su cuarto y encendió la vieja computadora portátil que le habían dado hacía años, y mientras esperaba a que el sistema terminara de iniciarse, vació el bolso sobre la cama y organizó las actividades que haría primero, decidiéndose por empezar con el informe de biología y seguir con repasar matemáticas para el examen del lunes. La musiquita de inicio de la máquina hizo que su corazón palpitara con fuerza, pero no fue hasta que abrió la bandeja de entrada de su correo electrónico que la garganta se le secó como si no hubiera tomado agua en semanas.

Dr. Takuya Miyano - RESULTADOS.

Era una suerte que aquel médico fuera tan moderno y complaciente al acceder a enviarle aquel correo en lugar de hacerla ir a la clínica.

Se quedó viendo el remitente y el título del mensaje como se decidiera a cortar el cable en una bomba a punto de estallar. Estaba a segundos de saber si estaba o no esperando un hijo de Sesshomaru.

Comenzó a temblar inconscientemente pensando en la posibilidad y sus consecuencias, entrando en pánico al imaginarse en unos cuantos meses con una enorme barriga y científicos persiguiéndola para estudiar a la pobre criatura, periodistas queriendo tomarle fotos, entre otras cosas. Pensó en Sesshomaru y lo mucho que le gustaría que le confirmara él mismo fuera cual fuera el resultado, ver su cara y tener su apoyo en el peor de los casos.

Pero no seas cobarde, ábrelo de una vez que por más que demores la respuesta no va a cambiar.

Apretó los dientes y dio un click tan rápido como pudo. Guió la ruedecilla del ratón para saltarse la pequeña nota introductoria y todo el protocolo hasta dar con lo que necesitaba. El corazón le dio un vuelco tan violento que creyó que estaba por vomitarlo.

Negativo.

Se desplomó en el suelo al no llegar a la silla a tiempo y resopló con tal alivio que se vaciaron sus pulmones por completo. Permaneció sentada, aún temblando de pies a cabeza y con los ojos ligeramente aguados. Por ese momento no pudo pensar nada coherente más allá de un 'gracias' dirigido a alguna deidad que estuviera velando por ella en ese entonces.

Al cabo de unos minutos logró ponerse en pie para responder el correo agradeciéndole al doctor y deseándole las buenas noches.

Las piernas aún le fallaban cuando, varios minutos después, apagó la computadora y llevó sus cosas al escritorio para empezar con la tarea riendo por los nervios.

Se sentía de tan buen humor, ligera y aliviada que logró escribir los dos informes, repasar el tema de matemáticas y empezar el libro antes de irse a bañar poco antes de media noche, con una sonrisa tan grande en la cara que sus padres se la cuestionaron preocupados. Como única excusa sólo pudo decir que estaba contenta por lo rápido que avanzaba en sus deberes.

Terminó acostándose a las dos de la madrugada por lo exaltada que aún estaba, y para ocupar su mente totalmente despierta terminó la mitad del libro de trescientas páginas de un solo golpe.

Al menos había aprovechado el tiempo de manera productiva. Y aunque a la mañana siguiente se levantó en modo zombi y con enormes ojeras, seguía sintiéndose tan aplacada que no pudo importarle menos.

Su regreso a casa y el colegio sería difícil, pero al menos no sería peor de lo que había llegado a imaginar en esos escasos minutos que se tardó en abrir el correo electrónico. Y eso era más que suficiente motivación de la que necesitaba.

...

Corría el mes de febrero y el clima no había cedido mucho desde el inicio del invierno. Kagome sopló su aliento caliente entre las manos, frotándolas para recuperar algo de calor, antes de comenzar a subir por la escalera para salir del pozo. El cielo estaba asombrosamente despejado pese al frío que recorría el ambiente, un drástico contraste con el Tokio humano donde los nubarrones perlados encapotaban el cielo prácticamente todos los días.

Tomó la mano de Inuyasha, quien siempre estaba ahí para cuando llegaba a ese plano, y pisó la tierra firme temblando ante la brisa del exterior.

―Te tomaste tu tiempo ―dijo ceñudo el híbrido cuando tomaba la mochila de sus hombros para llevarla él. Inuyasha se caracterizaba por ser tosco y algo gruñón, pero nunca faltaban esos detalles donde quedaba en evidencia su amabilidad―. ¿Trajiste comida para todo el pueblo o qué? Esto pesa bastante.

―Estaba haciendo las compras para reabastecernos, tonto. Además, ¿no sabes qué día es hoy?

Inuyasha vio hacia arriba mientras pensaba unos segundos.

―¿Sábado?

―Es San Valentín ―lo corrigió. Los ojos de su marido se agrandaron ante aquella afirmación y su entrecejo fruncido se suavizó. Cualquier cosa que tuviera que ver con comida era capaz de cambiar su mal carácter en un chasquido―, así que te puedes hacer una idea de por qué me demoré.

―Ah, tiene sentido. ¿Qué hiciste esta vez?

―No lo sé, tendrás que esperar a que lleguemos a casa para averiguarlo ―se hizo la desentendida mientras descendía la colina. Ahí abajo, en el valle, estaba la gran ciudad del Tokio espiritual, una versión más rústica pero igualmente atrayente que su contraparte. Inuyasha y Kagome no vivían ahí pues solía ser muy agitado. En cambio se habían asentado a las afueras, en una pequeña aldea medio oculta en el bosque con una población reducida y muy serena. Estaban lo suficientemente cerca de Tokio como para poder visitarla regularmente, pero no tanto como para ser molestados por su animado estilo de vida.

Y aunque Kagome podía considerarse una persona citadina por haber nacido en la capital nipona, debía admitir que hacer de su hogar una villa pequeña tenía sus enormes ventajas.

―Ayer en la noche estuve hablando con Rin ―comentó Kagome en el camino.

Inuyasha roló los ojos.

―Esa niña demente. ¿Cómo está?

―Luchando para concentrarse en los estudios. La otra vez me contó que había conseguido ponerse al corriente y continuar las clases con sus compañeros, pero el ritmo que lleva la deja agotada. Tiene que hacer muchas actividades extracurriculares para recuperar el tiempo perdido ―dijo con pena, recordando el palpable agobio de Rin mientras hablaban por teléfono.

―No entiendo por qué en tu mundo esas cosas son tan importantes. No vas a hacer exámenes toda tu vida ni a aplicar todas esas cosas cuando salgas del colegio. No tiene sentido.

―Allá las cosas son diferentes, los exámenes son extremadamente importantes. Un error y podrías poner en juego tu futuro, ¿recuerdas?

―Oh, sí, recuerdo perfectamente. Parecía que ibas a morir cuando tú estabas estudiando ―se burló él.

―Varias veces pensé que moriría ―admitió amargamente. A ella también le había costado horrores mantenerse académicamente teniendo en cuenta que durante su tiempo en la preparatoria viajaba constantemente para ver a Inuyasha. Aunque durante su tercer y último año aquellas visitas habían escaseado hasta el punto de poner siempre de mal humor al híbrido, cosa que todavía lo hacía refunfuñar de vez en cuando si se lo recordaban―. Pero es un mal necesario. Al menos me alegra que no tenga que repetir el curso.

―Pero hay algo que no entiendo. ¿Esa niña no quería volver con el bastardo? ¿Por qué se martiriza tanto estudiando si al final no le servirá de nada?

―Me dijo que además de querer culminar sus estudios con sus amigos, no quería decepcionar a sus padres repitiendo el año ―le dijo muy seriamente. Querer formar vida en otro mundo no era ningún motivo para faltar a los estudios básicos―. No sé si aplicará para alguna universidad, pero pasar la preparatoria es... digamos que es su obligación moral. A los humanos nos importan mucho estas cosas.

―Bah, da igual si de todas formas no va vivir de sus estudios estando aquí ―Inuyasha volvió a rolar los ojos sin comprender. Estudiar fórmulas y números no te ayudaba a cazar o derrotar monstruos, así que para él no tenía ningún sentido aprenderse un montón de cosas sin ninguna utilidad práctica.

―Tú nunca fuiste a la escuela, es diferente.

―Cuando era cachorro no habían escuelas. Y de todas formas dudo que hubieran aceptado a un híbrido ―se encogió de hombros restándole importancia―. Igual el viejo me enseñó a leer y escribir además de muchas otras cosas, así que no necesité nada más. Y era una tortura. Si quería que me entrenara debía terminar las lecciones de lectura, el viejo era muy cruel.

La sacerdotisa soltó una risita al imaginarse a su suegro educando a un pequeño Inuyasha que se negaba a escuchar. El pobre hombre no pudo tenerlo nada fácil.

―Por cierto... ¿Has sabido algo de tu padre? No lo he visto desde aquella vez.

―Ya sabes cómo es él, siempre va a su aire y no se queda mucho tiempo en ningún lugar. Apenas logré verlo hace unos días. Antes de eso te dije que lo había visto a inicios de enero.

―¿Y cómo está?

―Bien, supongo, como siempre.

―¿No hablaron de lo que pasó?

―Nada nuevo, en realidad ―comentó él viendo hacia otro lado. Aún se le hacía algo incómodo hablar sobre el tema de su hermano durante el solsticio.

Aquella vez que se habían encontrado varios días después de lo sucedido, Inuyasha mantuvo una corta y tensa charla con su padre. No estaba especialmente interesado en saber nada de su hermano mayor pues lo resentía enormemente por lo que había hecho, pero obviamente no podía ocultar su curiosidad y su padre no parecía importarle mucho resolverle sus dudas. Saber que Sesshomaru ahora era libre y podía estar en cualquier parte lo mantenía alerta pensando que en cualquier momento aparecería para terminar lo que había comenzado cuando era un cachorro.

No tienes de qué preocuparte, Sesshomaru no intentará hacerte nada ―le había dicho su padre aquella fría mañana de enero.

¿Cómo estás tan seguro? Ese tipo es peligroso, ya viste lo inestable que es. No sé si sea seguro para Kagome estar aquí siquiera, no me gustaría arriesgarme.

No hará nada ―repitió impasible―. Aprendió su lección por las malas y sé que no tiene nada en tu contra ahora. Si tomó una mujer humana no tendría moral para atacarte ni a ti ni a Kagome, y él lo sabe.

Lo dices como si te lo hubiera dicho él mismo, viejo ―Inuyasha entrecerró los ojos con suspicacia sin tomárselo en serio.

No necesité que me lo dijera, podía verlo en su cara. Cuando creyó que la humana estaba muerta y después cuando se reencontró con ella... le caló muy profundo. De otra forma no hubiera roto la barrera.

Sigo teniendo mis dudas. Si lo tuviste encerrado quinientos años es por algo.

Yo no lo mantuve encerrado, fue él mismo. Y su madre, en parte ―agregó poco después―. Él no es un peligro para ti siempre y cuando tú no seas un peligro para su mujer, así de simple.

El híbrido guardó silencio momentáneamente, observando el perfil de su padre que estaba muy ocupado vigilando los alrededores tranquilos de aquel peñasco. Se veía tan calmado que casi no le parecía normal.

¿Lo perdonaste, padre? ―preguntó más serio. Rara vez se refería a él con 'padre' en lugar de 'viejo' o simplemente 'papá', una palabra que no había usado desde que era pequeño. Esto captó la atención de InuTaisho, quien se giró un poco para ver a su hijo.

No sé si algún día pueda hacerlo. Pero también es mi hijo. Era joven y estaba equivocado, su vida vale más que un ataque de celos hormonal. Lo único que lamento es que tu madre tuviera que pagar las consecuencias de esto. Y que casi lo hayas tenido que hacer tú.

¿No lo culpas por lo que le pasó a mamá?

No creo que pueda. No todos los demonios piensan igual que nosotros, Inuyasha, no puedo culparlo por haber actuado según su naturaleza. Y yo también tengo la culpa. Tuve que haber estado más pendiente de él y haber sido más firme. Estaba tan ensimismado en mis propios asuntos que me desentendí de Sesshomaru.

Sabes que eso no fue tu culpa.

Es difícil verlo así ahora ―sonrió tristemente el demonio―. Pero han pasado tantos años que no puedo quedarme viviendo en el pasado. Ni tú deberías hacerlo, Inuyasha. No te metas con él y no tendrá motivos para atacarte.

El híbrido frunció la boca para contener un gruñido en la base de la garganta, aún insatisfecho con esa respuesta. Si aquel demonio había demostrado no tener escrúpulos, ¿por qué la presencia de una simple niña humana lo frenaría? Era absurdo. No era como él, quien tenía parte de sangre humana y le ayudaba comprenderlos mejor ―aunque esto no le gustara demasiado―, un demonio no conocía de sentimentalismos absurdos y mucho menos les tomaba importancia.

Pero...

Estaba su padre.

Así que no era del todo imposible en realidad.

Esta vez sí soltó un gruñido por empezar a pensar cosas extrañas nada relacionadas a su carácter y decidió que lo mejor era cambiar de tema. No quería ni recordar el nombre de su hermano y era mejor simplemente dejar de mencionarlo.

¿Y qué vas a hacer ahora? ¿Tienes algún plan?

Nada en particular ―negó llanamente. Tan seco que Inuyasha sintió una ligera sospecha. Sacudió la cabeza y razonó que debía ser su imaginación. Después de aquella conversación, padre e hijo intercambiaron una pequeña despedida y se alejaron en caminos opuestos. La siguiente vez que lo había visto fue unos días atrás poco después de que Kagome partiera a su época, y tuvo la impresión de que esta vez su padre estaba haciendo o buscando algo. Se lo veía más atento y quizás hasta más distraído. Pero de nuevo, Inuyasha lo atribuyó a imaginaciones suyas.

―Espero que esté bien ―Kagome lo sacó de sus cavilaciones sobre los posibles planes del viejo y le obligó a regresar al presente―, no tuvo que ser fácil hacer todo eso.

―Supongo que no ―se encogió de hombros. No tenía que suponerlo, lo sabía perfectamente―. La última vez que lo vi me dijo que se había encontrado con ese bastardo.

―¿Tu padre se encontró con Sesshomaru? ―Kagome se detuvo un momento y lo vio atónita―. ¿Por qué no me lo dijiste desde un principio?

―Tampoco es que llevemos mucho tiempo hablando, Kagome.

―Ya, pero... ¿Pasó algo? ¿Pelearon?

―No dio muchos detalles, pero al parecer no pasó nada. Creo que ni hablaron en realidad, sólo cruzaron caminos.

―¿Y qué estaba haciendo Sesshomaru?

―Hablando con un árbol.

―¿Estás bromeando? ―lo miró ceñuda.

―No, de verdad estaba hablando con un árbol. Es un árbol de magnolia de mil años de antigüedad, supuestamente es un buen amigo de mi padre ―le explicó brevemente―. Lo conocí hace muchísimos años, es básicamente un árbol con cara de viejo que te da consejos e imparte sabiduría y todo eso. Es algo perturbador de hecho.

―¿Y tu padre se enteró de qué estaba hablando Sesshomaru con él?

―Aparentemente está buscando más brechas que den al mundo humano.

―¿En serio?

―Es lo que le dijo el árbol a mi padre ―Inuyasha se encogió de hombros―. También le dijo que estaba en búsqueda de métodos para imitar los efectos de los solsticios y poder cruzar a voluntad por esos puntos como hacemos nosotros.

―Vaya... quiere que Rin y él puedan verse sin importar la apertura natural ―razonó Kagome viendo hacia su marido―. Imagino que también quiere que ella pueda volver a casa cada vez que lo necesite, ¿no? qué considerado de su parte.

―Oh, sí, es un santo ―Inuyasha roló los ojos y Kagome lo ignoró.

―Pero... si busca portales naturales eventualmente dará con el pozo devorador de huesos. Tarde o temprano puede venir aquí.

―¿Y por qué me estás viendo así? ―cuestionó ante la ojeada dura que le lanzó ella.

―Prométeme que no vas a pelear con él.

―¿Por qué iba yo a pelear con ese imbécil?

―Porque te conozco y sé que quieres hacerlo.

―El que quiera hacerlo no significa que vaya a hacerlo.

―Sí, claro, y tú también eres un santo. Hablo en serio, Inuyasha, no vayas a pelear con él. Si llegamos a encontrárnoslo, yo seré quien hable, tú no te metas porque sé que vas a buscar pelea ―Inuyasha gruñó por lo bajo. ¿Acaso era tan fácil de leer?―. Si busca una brecha, le explicaré todo lo que necesita saber sobre el pozo, así que no tiene que haber ningún enfrentamiento entre ustedes.

―Puff, hablas como si ése tipo fuera un ser racional que piensa y todo.

―Lo hace si lo que quiere es ver de nuevo a Rin. Y yo le prometí a ella que la ayudaría a que eso pasara, por cierto.

―Tú siempre metiéndote donde no te llaman. Y esa niña está loca por querer regresar con esa bestia.

Kagome se rió por lo bajo ganándose una fea mirada de su esposo. Cuando él le preguntó qué era tan gracioso, ella sólo respondió:

―Oh, nada. Es que el amor nos hace cometer locuras... como saltar a un pozo a cada rato, por ejemplo. Algunas bestias valen la pena.

―No exageres, como si saltar un pozo... ¡Hey! ¿Me estás llamando bestia? ¡Kagome!

La mujer comenzó a reírse pese a las protestas del híbrido, sonriéndole cándidamente hasta hacerlo enrojecer ligeramente. Juntos terminaron de atravesar el camino que los conducía a su hogar, continuando la conversación animada.

En una cosa Kagome tenía mucha razón: había ciertas personas por las que valía la pena cometer locuras. Y estaba segura de que para permanecer al lado de Inuyasha haría cualquier cosa necesaria, por más descabellada que fuera.

...

―Todo va a estar bien, Rin ―le aseguró Momoko por tercera vez. Sus padres habían repetido cosas similares en el transcurso de la noche anterior y aquella misma mañana antes de despedirse de ella. Rin, su grupo de clases y prácticamente casi todo el cuerpo estudiantil estaban reunidos en la entrada del colegio, aglomerados frente al tablón de anuncios murmurando cosas entre sí mientras buscaban sus nombres en la larga lista―. ¿Quieres esperar a que se dispersen un poco? Así no hay quien pueda pasar.

La muchacha asintió temblando y ambas se quedaron rezagadas a un par de pasos de la multitud. Los ojos de Rin estaban demasiado abiertos y su corazón latía tan fuerte que cualquiera diría que se enfrentaba a una situación de vida o muerte.

Y técnicamente lo era, al menos para ella.

―Tranquila que el que te pongas nerviosa no va a cambiar los resultados ―la aconsejó su amiga―. Estudiaste como una poseída durante meses y cuando repasamos los temas lo hiciste muy bien. Además de que tú misma dijiste que los exámenes no estaban tan difíciles como habías creído, así que quita esa cara de trauma.

―Empiezas a sonar como Issei.

―Bueno, pasamos tiempo juntos ―se encogió ella de hombros―. Por cierto, ¿dónde estará? Creí que vendría temprano. Quizás está tan nervioso como tú.

―¿Buscan a Issei? ―las oyó Masashi y se acercó a ellas―. Está al frente, lleva ahí un rato.

―¿Tú ya viste tus resultados?

―Llegué casi cuando abrieron el portón, estaba tan ansioso que no pude esperar ―se rió el chico―. Aprobé todo. No son las notas que esperaba, pero tampoco estuve tan mal. Historia fue mi promedio más bajo, lamentablemente, pero el resto...

―Pasaste y es lo que importa. ¿Viste las notas de alguien más?

―Sí, vi las de todo el mundo. No había casi nadie y me pude tomar mi tiempo.

―¿Sabes cómo nos fue?

―No me preguntes números específicos porque no me los aprendí, sólo busqué aprobados. No nos fue mal como clase, tuvimos buen promedio considerando que el trimestre pasado fue un desastre.

―Y... ¿viste las notas de Rin? ―Momoko lanzó una leve cabezada en su dirección, a lo que la chica tragó en seco. Jamás se había sentido tan estresada con los resultados de unos exámenes. Sus notas siempre habían sido de las mejores y los exámenes solían resultarle bastante fáciles por su alto grado de comprensión de cada materia. Pero claro, seis meses en otro mundo le borran la memoria y desestabilizan a cualquiera, y en su caso había sido bastante difícil recuperar el tiempo perdido.

Masashi le dio una mirada que no supo identificar y asintió esta vez dirigiéndose directamente a ella.

―¿Quieres saberlas? Les presté bastante atención, me tenías preocupado.

―¿En serio? ―su voz salió más aguda de lo que era.

―A todos en realidad. ¿Quieres que te diga?

―No, no me digas ―negó con movimientos cortos y rápidos―, quiero verlo por mí misma.

―¿Y qué haces ahí parada? Ven aquí. Y tú también, Momoko ―roló los ojos y las tomó a ambas de la muñeca, abriéndose paso entre la multitud pidiendo permiso con su potente voz. Era una suerte que fueran tan buenas amigas de uno de los chicos más altos de la clase. Los demás estudiantes no tuvieron más opción que abrir una hilera para que los tres pudieran pasar, y sólo a unos pasos, las empujó hacia la primera fila.

Rin quedó al lado de Issei, que veía el tablón con ojos bien abiertos y una sonrisa ligera que remarcaba un alivio tremendo. Pese a que las cosas hubieran estado algo tensas entre ellos esas últimas semanas, por ese pequeño instante el muchacho de los lentes pareció olvidar aquel detalle y ensanchó su sonrisa para ella, señalándole hacia donde estaba escrito su nombre.

―Buen trabajo.

Rin se puso de puntillas para leer su línea correspondiente pasando el dedo para no perderla. Cayó sobre sus talones al ver que todos los números superaban el mínimo necesario para tener un aprobado.

―¡No puede ser! ¡Pasé, pasé! ―gritó mientras saltaba emocionada, abrazando con fuerza a Momoko y a cualquiera que se cruzara por su camino―. ¡Oh por Dios, no puedo creerlo, pasé!

―Ya lo sé, pero no me grites ―pidió Issei cuando lo abrazaba. O mejor dicho estrangulaba―. ¿Puedes soltarme? Me vas a hacer vomitar el desayuno.

―¡Lo siento! Es que... ¡no me lo puedo creer! ¡Woohoo! ¡Pasé! ¡Quemarme las pestañas todas las noches rindió sus frutos, pasé!

―Que alguien le dé un calmante ―le susurró Issei a Momoko mientras Rin iba hacia donde estaban Haruka y Masashi―. ¿Y a ti cómo te fue?

―No te pasas varias noches a la semana estudiando con Rin para que no se te quede algo. Mira mi nota final de matemáticas.

―¿83? Vaya, no está nada mal, felicidades.

―¡Gracias! Mejoré mi promedio y todo, estoy muy contenta ―le dio un fuerte abrazo a su amigo sin dejar de sonreír, sólo para separarse inmediatamente con una sonrisa reluciente―. Y ahora yo también necesito abrazar a todo el mundo.

―La felicidad de Rin es contagiosa, ¿eh?

Pero Momoko ya no estaba ahí para escucharlo, pues se abalanzó sobre el resto de sus compañeros conforme los iba encontrando.

El resto del día pasó sumamente rápido y no hubo manera de borrarle la enorme sonrisa del rostro a Rin. Por primera vez desde que había regresado ―quitando el hecho de su prueba negativa de embarazo― se sentía totalmente en paz consigo misma y que era merecedora de un largo y reparador descanso de mínimo un par de semanas.

―Lo único malo es que el promedio general no fue tan bueno como quería, pero llegar a los setenta puntos es igual de bueno. Y considerando que prácticamente falté medio año escolar... ―suspiró aliviada cuando se reunía con su madre la tarde de la ceremonia de clausura. Como su padre estaba en época de exámenes finales en la universidad no llegaría a casa hasta bien tarde en la noche, pero igualmente estuvo conversando con él por teléfono durante la mañana para darle las buenas noticias.

―Te felicito tanto, Rin ―la abrazó fuertemente―, sabía que podías hacerlo, eres demasiado lista como para fallar algún examen.

―Gracias, mamá. Ah, me siento tan contenta... como si me quitaran un peso enorme de encima.

―Me lo imagino, cariño. ¿Tienes planes para esta noche? ¿Irás a celebrar con tus amigos o quieres que te prepare algo?

―Creo que les escuché decir que estaban haciendo una reservación para ir a cenar al pueblo después de que acabe la ceremonia. Pero puedo esperar a que venga papá para que celebremos los tres juntos.

―Mejor vete con tus amigos, después de tanto esfuerzo mereces relajarte un poco ―le dijo mientras acomodaba cariñosamente un mechón de su flequillo―. Pero no te relajes demasiado, quiero que regreses a casa temprano y en una sola pieza.

―Sabes que yo no bebo, mamá ―rió ella ante su escepticismo―. Cuando las cosas se pongan demasiado animadas me iré, tranquila. Aunque me gustaría pasar un rato más con mis amigas... ¿te importaría si invito a alguna de las chicas a la casa más tarde?

―¿A que se queden a dormir?

―Sí, si alguna quiere.

―Siempre y cuando no traigas a nadie borracho y no hagan mucho ruido, todo bien. Te lo has ganado.

―Tranquila que Momoko y Haruka no son de las que beben en realidad. Por las demás no puedo hablar ―en ese momento sonó la voz del director por parlante anunciando que la ceremonia de graduación y clausura darían inicio, y que instaba a todos los alumnos e invitados a reunirse en el salón auditorio―. Será mejor que entremos, no me quiero perder mi propia graduación.

―Y yo tampoco.

Madre e hija entraron juntas y separaron sus caminos para tomar sus respectivos lugares, conversando con sus compañeros de asiento casi olvidando por completo el calvario que habían vivido el año pasado. Ésta vez no hubieron personas curiosas queriendo indagar al respecto ni ningún otro elemento que las tensara por aquella agotadora experiencia. No, por esa tarde ambas se dieron el lujo de pretender que nada había pasado y que sus vidas siempre habían sido normales.

Se despidieron un par de horas después, mientras Yuriko esperaba un autobús que la llevara a casa y Rin se perdía calle arriba con sus amigos, quienes festejaban a viva voz el fin de la preparatoria entre canciones y exclamaciones de victoria bastante escandalosas de las que la muchacha también formaba parte. Estaba tan feliz que no podía evitarlo y poco le importaba.

Entre comida, bebidas y anécdotas se pasó el tiempo volando, y Rin fue en parte el centro de atención sin que esta vez le molestara que le hicieran preguntas sobre el mundo espiritual, Ah-Un y Sesshomaru, y por suerte ninguna fue demasiado lejos en lo que ella podía considerar incómodo. Hasta que Shizuku, ya algo ida de copas, le preguntó directamente cómo había sido vivir a solas con un hombre tan guapo como el inugami.

―Siempre quise preguntarlo, ¿sabes? Pero me daba mucha pena. Pero ahora que estamos tan sinceros... dinos. Algo habrán tenido que hacer, ¿verdad? Te veías muy... muy feliz cuando hiciste el video. Y hay que admitir que aunque fuera una especie de perro tenía una cara sexy.

―¿Te parecía sexy? Mujer, era un perro. Zoofílica ―respondió alguien entre risas. Ya más de uno tenía un par de grados de alcohol en la sangre y el humor estaba por las nubes. Rin sólo se quedó callada sin que nadie le diera chance de responder.

―Joder, perro o no debes admitir que estaba bueno ―respondió Shizuku intentando mantener la vista fija en Kappei, aunque él no hubiera dicho nada―, yo le hacía cosas.

―¿Qué tipo de cosas?

―Cosas indecentes ―sentenció Shizuku levantando el dedo índice

―La zoofilia es ilegal porque puedes traumar al pobre animal. Puedes ir a la cárcel. Y si Rin le hizo cosas entonces hay que decirle a la policía ―la señaló Hajime muy seriamente con los ojos desenfocados.

―¿Pobre animal? Ese tipo casi nos mata el muy maldito ―exclamó furiosa Haruka. Su rostro estaba enrojecido y entrecerraba los párpados como si no distinguiera el rostro de ningún compañero―, nadie en su sano juicio diría que es sexy. Además, ¿cómo puedes decir que es sexy si ni lo viste sin camisa? Podría ser un tipo peludo o estar flacuchento.

―Rin, ¿tú lo viste desnudo? ¿Es sexy o no?

―Responda, señorita Hashimoto, esto saldrá en primera plana ―Jiro le extendió una brocheta de carne y verduras a medio comer a modo de micrófono mientras imitaba muy bien a un periodista.

―Me reservo los comentarios ―respondió siguiéndole el juego y soltando una carcajada. Pese a lo bochornoso que era todo el asunto no podía negar que era hilarante. Sólo esperaba que ninguno de ellos recordara nada mañana.

―¡Esto es atentar contra la libertad de prensa! El mundo debe saber si un inugami es o no sexy, ¡podría cambiar la historia como la conocemos!

―No puede ser sexy porque a mí los tipos guapos no me dan miedo. Ese era un monstruo horrendo y punto. Si hubiera estado bueno me le hubiera lanzado encima en lugar de correr. Cualquiera con dos dedos de frente lo hubiera hecho ―sentenció Haruka mientras otras chicas le daban la razón, incluyendo a Shizuku y Satsuki.

―Wow, y yo que creí que Haruka no tomaba ―le dijo Rin a Momoko en un susurro. Las dos amigas parecían ser de las únicas que estaban en pleno uso de sus facultades mentales. Y como si quisiera probar que Rin estaba equivocada, la mencionada empezó a tener arcadas muy estridentes que hicieron retroceder a todos los que estaban sentados cerca. Momoko y Rin rápidamente se levantaron para tomarla y sacarla del restaurante antes de que causara un desastre. Segundos después le sujetaban el cabello mientras devolvía su cena casi totalmente intacta detrás de un árbol.

―Justo lo que quería hacer esta noche, atender borrachos―ironizó Momoko― . Es el broche de oro para la graduación.

―Al menos son borrachos simpáticos, ¿no? ―rió Rin.

―Ya verás que mañana no serán nada graciosos ―apostó Masashi acercándose con Issei. En el interior del restaurante comenzaron a sonar cánticos que pretendían ser la canción de despedida que habían entonado durante el acto. El chico le alcanzó una botella de agua a Momoko, quien la usó para limpiarle un poco la boca a su amiga con una servilleta.

―¿Y ustedes no tomaron? Se los ve bastante lúcidos.

―Nah, cometer estas estupideces no me va... al menos en público ―añadió Issei en voz baja volviendo la vista hacia el local.

―Y a mí me amenazaron de muerte si llego borracho, así que me controlé. No quiero despertar la ira de la abuela.

―Oh, sí, esa mujer lanza lo que sea que tenga en la mano y siempre te da en la frente ―asintió Issei con una sonrisita mientras el otro chico suspiraba dándole la razón.

―Creo que Haruka ya terminó de devolver hasta su primera papilla de bebé ―comentó Rin al ayudar a la susodicha a sentarse lentamente en el suelo sin dejar de darle palmadas en la espalda―. Uh, mañana tendrá una resaca de mil demonios...

―Y no es la única.

―Hay que llevarla a su casa. ¿Quién es tan valiente para enfrentar a sus padres a las once de la noche? A no ser que la dejemos tirada, toquemos el timbre y nos vayamos corriendo. Si es así me apunto ―el chico de las gafas alzó la mano mientras los otros tres rolaban los ojos.

―Yo voy ―suspiró Masashi al colocar un brazo alrededor de los hombros de Haruka para ayudarla a ponerse en pie. La chica estaba totalmente ida musitando entre dientes cosas que nadie comprendía―. Igual quiero darme una ducha e irme a dormir, y mi casa queda en la misma vereda. Mañana se las cobraré a Jiro por regar toda esa cerveza sobre mí.

―Si te ven llegando solo con ella te vas a meter en problemas ―dijo Issei en un tono sugestivo―, un par de chicos ebrios... en la noche... da para dejar volar la imaginación.

―No seas idiota.

―Yo te ayudo ―se ofreció Momoko al soportar el peso de Haruka del otro lado―. Con otra chica al menos no se ve tan sospechoso.

―O se ve aún peor ―alzó las cejas Issei. Había estado tomando también, pero no lo suficiente como para acabar en aquel estado tan penoso del resto de los muchachos―. ¿Vamos todos juntos mejor?

―Nosotros podemos ―aseguró Momoko―. Quiero pasar un momento a casa también, estos zapatos me están matando.

―Nadie te manda a ponerte tacones para la graduación ―observó Issei alzando una ceja.

―Cállate que son hermosos. ¿Nos veremos después, verdad? ¿O ustedes ya se van?

―¿Bromeas? Fue nuestro último día, hay que celebrarlo ―contestó Rin haciendo vítores con las manos―. Te esperamos en la plaza, ¿está bien? Tenemos mucho de qué hablar.

―Claro, ya vuelvo, no me tardo.

―Buenas noches, Masashi, gracias por llevarla a casa ―le sonrió Rin señalando a Haruka que continuaba balbuceando.

―Es mi excusa para irme a casa temprano, así que mejor para mí. Hasta la próxima, chicos.

El trío de muchachos se alejó calle abajo y dobló en la siguiente cuadra, haciendo movimientos exagerados para intentar que Haruka se mantuviera sobre sus piernas el mayor tiempo posible. Issei y Rin voltearon hacia el restaurante al escuchar un fuerte estruendo seguido de risas estridentes entremezcladas con más cánticos de victoria.

―Pretendamos que no los conocemos y nos vamos ―ofreció él y Rin asintió rápidamente.

―Menos mal que ya pagamos nuestra parte al entrar.

―Menos mal que el tío de Hajime es el dueño y no los está echando a patadas.

Conforme dejaban el bullicio del restaurante atrás mientras caminaban, las sonrisas y pláticas cortas disminuían hasta el punto de desaparecer y convertirse en un mutismo absoluto. Rin le daba varios vistazos al muchacho, encontrándoselo ido e inusualmente serio, como si estuviera pensando en algo malo. Llegaron la pequeña plaza y se sentaron en el bordillo de la estatua de un soldado a caballo. Pese a que el lugar estaba bastante iluminado por todas las farolas, el que estuviera totalmente vacío y silencioso le daba un aspecto algo tétrico.

―No puedo creer que ya hayamos terminado el colegio ―suspiró él echándose hacia atrás.

―Se siente muy raro saber que ya no tendremos que usar el uniforme.

―Lo sorpresivo es que ninguno en nuestra clase hubiera reprobado. Todos bajamos de promedio cuando desapareciste, nadie podía concentrarse.

―Uy... lo lamento.

―¿Algún día dejarás de disculparte?

―Lo dudo mucho ―rió Rin―. Pero de verdad... ¿Fue tan malo?

―No tienes idea. Creer que estás a punto de morir y después ver cómo arrastran a tu amiga a un lugar donde no puedes ayudarla ni hacer nada... nunca lo olvidaré. Creí que moriríamos ese día.

―Por un momento yo también temí que eso pasara. Por eso intenté detenerlo, si algo les hubiera pasado a ustedes... si algo te hubiera pasado a ti, Issei... Dios, no quiero ni imaginarlo. Tuve pesadillas durante semanas.

―¿Y aún así defiendes al inugami por lo que hizo? ―preguntó repentinamente el chico, viéndola directamente a los ojos. Rin relajó los hombros y suspiró suavemente.

―Nunca defenderé lo que hizo ese día, ni ningún otro en el que haya herido a gente inocente. Es imposible que intente excusar las cosas malas que ha hecho. Pero tampoco puedo decir que es un monstruo. Estaba equivocado y cometió miles de errores, pero eso no lo hace malo. No ahora, al menos.

―Es difícil no decir que alguien no es malo si ha intentado matar a tus amigos.

―Es difícil decir que es malo cuando me ha protegido tanto ―contestó tildando la cabeza. Guardó silencio por el instante en el que terminaba de tomar valor. Era hora de decir la verdad―. Quizás no sea un ser humano, pero hasta cierto punto creo que nos comprende mejor de lo que crees.

―¿En qué sentido? ―quiso saber en tono dubitativo haciendo una mueca.

―Es... algo complicado.

―¿Es parte de la historia que no has querido contar? ―levantó una ceja el muchacho.

―¿Cómo sabes que hay cosas que no he dicho?

―Rin, por favor. Es demasiado obvio, ¿crees que no te conozco?

―Creí que al menos disimulaba mejor.

―No mucho, se notaba que ocultabas cosas. ¿Por qué crees que todos se soltaron ahora y lo comentaron? Y juzgando tu cara, supongo que por algo será ―hizo un gesto aparentemente despreocupado alzando los hombros. Era evidente que no estaba muy cómodo con la conversación pero aún así se forzaba a mantenerla―. Para eso no insististe que los acompañáramos a llevar a Haruka, ¿cierto? Porque me lo quieres decir.

―Me asusta lo observador que eres.

―Es mi habilidad oculta. ¿Y bien? ―la invitó a comenzar. Rin apretó un poco los dientes para acabar de reunir el valor que necesitaba.

―Sí... hay algunas cuantas cosas que no he dicho. No quería llamar la atención más de lo necesario, porque son cosas complicadas. Creí que era mejor no dejar que se supiera en ese momento, pero ya estoy lista para decirlo. Al menos a algunas personas.

―Eso que tienes que decir es delicado ¿cómo, exactamente?

―Supongo que para comenzar en la parte importante, debo hablarte de la razón por la que Sesshomaru estaba encerrado. Les conté parcialmente por medio de las cartas, pero no les dije la parte final. De alguna manera pude verlo por medio del pergamino del ático. Todo sucedió...

Y por ahí comenzó a relatar una versión más exacta de los hechos, unos que había simplificado de tal manera que las preguntas no fueran tan incómodas ni las miradas estuvieran llenas de reproche.

Era extrañamente liberador poder hablar sobre eso con alguien más, explicarle las cosas bien y sacarse ese peso de encima, a pesar de saber que esa persona no estaba del todo contenta con lo que oía. Le dijo exactamente lo que vio por medio del pergamino, el castigo de Sesshomaru, las palabras de su padre para sellarlo en la casa y lo que el demonio le respondió a ella después al preguntarle por qué no repetiría la masacre que había cometido contra aquella inocente mujer.

Porque no querría verte en su lugar.

Esas palabras no le gustaron a Issei, pero no pudo protestar mucho con sus comentarios sarcásticos porque Rin siguió relatando lo que fue sucediendo después.

Fue sutil al explicarle su relación con él, sin ahondar en detalles de cómo se habían acercado ni muchísimo menos hasta qué punto llegaba su cercanía. Cuando terminó de hablar, Issei se quedó callado un rato con los ojos bien abiertos mientras lo procesaba todo lentamente.

―Ya me lo imaginaba desde hace un tiempo ―terminó diciendo con desgana, soltando un suave resoplido.

―Lo siento.

―¿Por qué lo sientes?

―Tengo la impresión de que no era lo que querías escuchar.

―No lo quería escuchar pero ya me hacía la idea desde que te seguí aquel día a la casa. Era algo obvio.

―¿Estás enojado?

Ésta vez fue el turno de Issei para verla a la cara con franqueza.

―Considerando al tipo... ―pero cuando Rin estaba por responderle, alzó una mano―. Ya sé lo que me vas a decir. Pero nada de eso cambia el hecho de que haya querido matarme a mí. No podría caerme bien ni aunque me pagaran.

―Eso no te lo reprocho ―mencionó ella dándole la razón. Hubo silencio incómodo por unos segundos hasta que Issei resopló:

―¿Y cuál es tu plan? ¿Vas a volver con él?

―Es lo que quiero ―respondió cayendo en cuenta de que a pesar de discutir aquello con Issei en términos tan pacíficos y se le hiciera anormal, no era tan difícil como había esperado. Estaba muchísimo más apacible de lo que imaginó en primer lugar y se cuestionó si su amigo había acabado aceptando la idea o si los tragos de aquella noche tenían algo que ver.

―¿Qué dicen tus padres al respecto?

―Aún no les he dicho.

―¿Piensas hacerlo o te vas a escapar?

Rin lo miró ceñuda sin encontrar divertido aquel comentario.

―Voy a decirles así como te estoy diciendo a ti. Son mis padres y tienen que saberlo aunque no les guste.

―¿Y si no te dejan hacerlo? ―preguntó alzando una ceja con cierto interés―. ¿Y si te lo prohíben?

―Les haré entender a como dé lugar. No quiero irme de aquí si peleamos, así que lo haré cueste lo que cueste.

Issei hizo una corta pausa antes de decir:

―Estás muy decidida, ¿no?

―Lo estoy. Quiero estar con él.

Issei apretó los labios como si intentara contenerse de decir algo.

―Es raro, ¿sabes? Ni siquiera es humano, es mucho mayor que tú y es peligroso. ¿Cómo puedes querer a alguien así? No es un tipo normal.

―Uno no escoge estas cosas, Issei, a veces sólo pasan.

―Sí... eso ya lo sé ―musitó desanimado. Y pese a que Rin se sintiera fatal por ser responsable de la tristeza de su amigo, no había nada que pudiera hacer o decir para hacerlo sentir mejor―. ¿Estarás segura? Hay miles de monstruos que intentarán hacerte daño, no tendrás a tus amigos ni a tus padres... estarías en constante peligro. ¿De verdad es lo que quieres?

―Sé que no será nada fácil, pero quiero hacerlo. Me necesita y... yo también lo necesito a él.

―¿Y qué pasa con los que te necesitamos aquí?

Issei la desarmó al alzar los ojos hasta ella para verla de frente. Aquella era una pregunta para la que no tenía respuesta, y sintió que con eso su corazón se encogía de dolor. Si sus padres habían quedado tan afectados con su primera partida, ¿cuánto los lastimaría saber que quería regresar con Sesshomaru? ¿Cuánto daño les haría pensar que, de cierto modo, su única hija escogía a un ser que ni siquiera era humano sobre ellos?

¿Cuánto lastimaría a los amigos que tanto se habían preocupado por ella? ¿Llegarían a odiarla cuando lo supieran?

Estaban tan concentrados el uno en el otro que no se habían percatado del par de pasos que resonaban calladamente en el parque, no hasta que estuvieron demasiado cerca como para ser ignorados. Ambos voltearon hacia Momoko que regresaba enrojecida, con el pelo revuelto y falta de aliento.

―¡Lo siento! Por poco nos descubren los padres de Haruka, menos mal que su hermana pequeña estaba despierta y nos cubrió mientras la metíamos en su cuarto. Después de eso me fui corriendo a casa a cambiarme los zapatos, no me di cuenta de lo tarde que se había hecho ―soltó de repente con varios resoplidos cansados―. ¿Interrumpo algo? ¿De qué estaban hablando?

Issei miró un momento más a Rin, debatiéndose en continuar o simplemente cambiar de tema.

―Creo que mejor me voy a casa, estoy algo cansado ―se levantó desinflándose con un resoplido y sacudió levemente sus pantalones.

―Pero acabo de llegar. ¿Pasó algo? ―Momoko observó a Rin preguntándole mudamente― ¿Está todo bien con ustedes?

―Sí, todo está bien. Pero creo que esos tragos me dejaron peor de lo que creí ―inventó rápidamente él esbozando una sonrisa―. No deberían quedarse aquí solas, ¿las acompaño a casa? Creo que aún puedo caminar en línea recta.

―Vamos, no me digas que con esos dos vasos quedaste mareado. Pensé que íbamos a quedarnos aquí hablando hasta la madrugada.

―¿Viste como terminó Haruka? No quiero que me vean hacer algo remotamente parecido, gracias.

―No exageres, estás hablando bastante normal como para estar borracho.

―No confíes tanto en mi estómago ―negó con el dedo índice―. ¿Se quedan o se van?

Momoko observó a Rin como esperando que la ayudara a desenmascarar la farsa de Issei, pero al contrario de lo que esperaba, ésta también se levantó y le siguió el juego.

―Mejor nos vamos, está empezando a hacer frío. ¿Quieres quedarte a dormir en mi casa, Momoko?

―¿Qué? No me vas a decir que le crees, no está borracho.

―Prefiero no subestimarlo mucho.

Momoko los vio a ambos como cuestionándose qué rayos les pasaba.

―¿Qué pasó cuando venía hasta aquí? ¿De qué hablaban? Están raros.

―No te preocupes, te lo contaré todo. Pero mejor en casa que aquí afuera, está empezando a hacer algo de frío.

La muchacha volvió a mirarlos esta vez con el ceño un poco menos fruncido y acabó suspirando mientras asentía con la cabeza.

―Está bien. Pero a mi casa mejor que la tuya, no me quiero dar el viaje de subir a esta hora. Si quieres ve a tu casa, igual quedamos en rutas separadas. Intenta caminar en una línea recta, a ver si puedes ―le dijo a Issei, quien se encogió de hombros y le ofreció una sonrisa.

―Ya te diré mañana cómo me fue con eso. Buenas noches.

Por la manera que tuvo de observar a Rin antes de darse la vuelta para marcharse, creyó que le diría algo más o le haría algún comentario. Sin embargo, Issei pareció cambiar de idea, negó levemente con la cabeza y se fue en una dirección opuesta a la de ellas después de intercambiar las despedidas.

Las chicas no tardaron en llegar a su destino, y una vez instaladas en el cuarto de Momoko, ésta se le sentó al frente muy seriamente y le dijo:

―Empieza a hablar.

Esa noche, su amiga supo absolutamente todo lo que había estado guardando durante tanto tiempo, todo aquello que no se atrevió a contar a nadie, los detalles que nunca dio por miedo a ser juzgada y ser llamada con nombres insultantes. Sus alegrías, sus temores e ilusiones.

Ambas no durmieron sino hasta que amaneció, y para cuando llegó ese momento, Rin se fue a dormir sintiéndose mucho más ligera y tranquila que antes. Era lindo desahogarse con un buen oyente, especialmente si éste te brinda su apoyo incondicional.

Ojalá tuviera tanta suerte con los dos últimos que faltaban.

...

El demonio blanco no cambió su ecuánime expresión mientras admiraba momentáneamente el paisaje de aquella región. Muchísimas cosas habían cambiado en los cinco siglos que estuvo aislado del resto del mundo, pero nunca imaginó que fueran cambios tan drásticos. Ciudades grandes, repletas de todo tipo de criaturas conviviendo como si nada, organizadas y trabajando juntas como si fuera algo cotidiano. Edificios, estructuras metálicas, electricidad... eran conceptos a los cuales todavía no se adaptaba.

En sus años de juventud había visto guerras, alzamientos, ataques despiadados... las especies de demonios no se entremezclaban ni vivían juntas, no era algo para nada normal. Siempre habían estado separados en sus propios territorios, peleando entre sí por la supremacía de las distintas regiones. Los clanes más poderosos oprimían a las clases más bajas y las mantenían a raya, controlándolas a su voluntad para mantener el orden. El aire siempre solía oler a sangre y fuego por las constantes peleas que aquella disconformidad ocasionaba.

Jamás creyó que fuera posible que entre tantas diferencias, aquellas criaturas consiguieran establecerse y vivir en paz. Era un escenario cada vez más usual de los últimos lugares que había visitado. Seguían existiendo actos bélicos en varios sitios, pero eran casos aislados y muy específicos, no cosa de cada día como lo había sido antes.

Y siendo él un ser especialista en la violencia se sentía completamente fuera de lugar en un mundo tan pacífico en comparación a cómo lo había dejado.

Pero, razonándolo bien, si él mismo había cambiado tan drásticamente en el transcurso de esos años, ¿por qué no podía pasar lo mismo fuera de su encierro? Quizás no todos los demonios tenían aquel extraño sentido de comunidad o civilización, pero había un buen número de ellos que se comportaban casi ―casi― como si fueran humanos.

No se dejó distraer por la vista más de lo necesario y continuó con su camino. Aquella debía ser la ciudad de Tokio si el mapa estaba en lo correcto, uno de los sitios por los que Rin estaba más ansiosa de conocer. No se acercaría más de lo necesario aún, había prometido visitar cada punto de aquel itinerario con ella y era algo que pensaba cumplir.

Además de que no había viajado hasta ese lugar para adentrarse en la cuidad. Lo que buscaba estaba algunos kilómetros a las afueras, una brecha en el fondo de un antiguo pozo.

Había visitado varias brechas en el transcurso de esos meses, y ninguna de ellas estaba disponible para lo que se proponía. Varias tenían guardianes que exigían un altísimo precio para cruzarlas, aún siendo periodo de solsticio ―como una innecesaria cantidad de sangre y restos de demonios específicos, o un sacrificio físico de aquel que deseaba cruzar, y no estaba dispuesto a someter a Rin a tal locura―, y otros estaban en lugares totalmente inaccesibles, como el fondo de una cascada rodeada de remolinos y el más reciente que había encontrado estaba en las profundidades de un volcán, donde casualmente se encontraba un poderoso espíritu sellado que había jurado venganza en contra de los seres humanos*; de nuevo con la seguridad de Rin en mente, prefirió no tomar ningún riesgo.

Aquel pozo no parecía ser una mala opción pues estaba al aire libre y se encontraba en una zona aparentemente pacífica. Pero por supuesto que necesitaba investigarlo primero para no cometer errores.

Había sido un viaje largo y afortunadamente silencioso, pues había enviado a Jaken a vigilar el estado del dragón que debía estar despertando de su hibernación como excusa para quitárselo de encima. Por más útil que pudiera resultar su asistencia en aquel mundo que se le hacía tan desconocido, su voz aguda e incesantes halagos eran demasiado fastidiosos como para ser soportados por más de dos meses seguidos.

Durante varios minutos su único acompañante eran los leves sonidos que sus pasos le arrancaban a la tierra que comenzaba a despertar de su letargo del invierno. No había rastros de otras criaturas, al menos no ninguna demasiado cercana de la que pudiera preocuparse. O tal vez...

Su nariz recogió un ínfimo pero tenuemente reconocible aroma, y pese a la única vez que lo había sentido fue muy breve, no le costó reconocerlo en el acto. O mejor dicho, reconocerlos a ambos en el acto.

En unos pasos más, ya con el pozo a la vista a campo abierto, dos figuras lo esperaban: una humana y un híbrido.

El demonio arrugó levemente la piel de la nariz en desagrado y se abstuvo de continuar por uno o dos segundos, imaginándose por qué estarían ahí al lado de la brecha. Era demasiado obvio que tenían algo que decirle y anticipaban su llegada. Quizás el mestizo había sentido su presencia mucho antes de lo que lo había hecho él y tenía intenciones de combatirlo.

¿Pero por qué estaba la humana ahí? El híbrido ―fuera cual fuese su nombre― habría tenido que saltar a enfrentarlo apenas lo vio para repelerlo, no quedarse parado con esa cara de idiota que tenía.

Los examinó a ambos un poco más antes de terminar de emerger del bosque e ir en su dirección. Si mal no recordaba, aquella mujer le había dicho a Rin que podía ayudarla a regresar a ese mundo, así que debía tener que ver algo con eso, ¿qué otro motivo podía haber?

Ya estaba por averiguarlo.

...

Un par de días después de eso estaba sentada en el suelo de su habitación, haciendo limpieza de sus materiales de colegio y viejos cuadernos de años anteriores. En un lado colocaba lo que iba a tirar y en otro dejaba los libros de texto que donaría a la modesta biblioteca local para los próximos estudiantes.

Alzó la vista hacia su escritorio, sonriendo de nostalgia al recordar que, no hacía mucho, había pasado incontables noches hincando los codos hasta carne viva creyendo que el mundo se le venía abajo.

Haber conseguido graduarse con su promoción en lugar de repetir el año completo aún le parecía la cosa más increíble que había logrado en su vida. O tenía la mayor suerte del mundo o realmente era tan buena estudiante que se mereció la oportunidad de recuperar el tiempo perdido. Fuera como fuera, ya lo hecho, hecho estaba y no tenía intenciones de buscarle lógica al asunto.

Su tiempo con Sesshomaru le había enseñado muy bien a no cuestionar las cosas raras, después de todo.

Apoyó la cabeza contra el borde de la cama y dejó el viejo cuaderno de historia en su regazo mientras tomaba el celular y lo activaba. Kagome la había llamado a la mañana siguiente de la graduación, preguntándole cómo le había todo y finalmente felicitándola por su misión imposible cumplida. Era agradable que se hubiera preocupado por ella todo ese tiempo, pues solía llamarla de vez en cuando para mantenerse actualizada y desearle suerte en los exámenes.

Pero la solidaridad de la sacerdotisa no era precisamente lo que la dejaba tan pensativa, sino más bien el motivo real de su llamada.

Nos encontramos a Sesshomaru hace unos días ―le dijo tras felicitarla.

¿De verdad? ¿Y qué pasó? ¿Cómo está?

Lo vi... bien, supongo, no lo conozco mucho para saber cuándo está bien y cuándo está mal. Iba solo, derecho al pozo. Inuyasha supo que iba en camino incluso antes de que llegara y lo interceptamos en la vía.

¿Fue al pozo? ¿El mismo por el que cruzas de tu mundo al otro?

Sí, ese mismo.

¿Y qué hacía ahí?

No nos dijo mucho, es un sujeto de muy pocas palabras, pero... estaba buscando brechas y portales hacia el mundo humano. Dijo que se había enterado de la existencia del pozo e iba a revisarlo.

Está buscando portales ―repitió lentamente la más joven, sorprendida―. ¿Crees que piense venir a este mundo?

No lo sé, es posible. Hablé un poco con él ya que Inuyasha no colaboraba en absoluto, y me dijo... de muy mala forma, por cierto, que había estado buscando brechas por muchos lugares, pero todas tenían algún peligro o sacrificio que pagar para ser cruzadas. Dijo que no te arriesgaría de ninguna forma.

¿Eso dijo?

Palabras textuales ―confirmó Kagome con la voz más suave―. Me cuestionó con respecto a la brecha que había en el pozo y le conté todo lo que sé, también le dije que estaba en contacto contigo frecuentemente y no había problema en que la usaran en el solsticio. Parecía interesado al respecto, pero como es tan serio en realidad no estoy tan segura.

Él no suele expresar sus emociones, pero créeme que las tiene ―Rin asintió. Sentía un nudo en el pecho y no podía dejar de sonreír―. ¿Vamos a usar el pozo de Tokio entonces? ¿Es una buena opción?

No parecía disgustado cuando se lo dije, así que creo que sí. Aunque no estuvo ahí mucho tiempo, sólo se quedó lo suficiente para escanear el fondo del pozo y hacer algunas preguntas más sobre él. Después de eso se marchó por donde había venido. Oh, pero antes de irse quiso saber de ti.

¿Qué fue lo que dijo?

Que qué era lo que sabía de ti, y si estabas bien. Le dije que lo estabas, que llegaste a casa sana y salva y estudiabas para tus exámenes. Sólo asintió con la cabeza y se fue. No habla mucho, ¿verdad?

Para nada ―se rió ella―. Pero igualmente se preocupa por mí, siempre fue muy considerado.

Pues sí parecía estar viéndolo todo con ojo crítico, como si creyera que algo podría salir mal. Fue muy severo cuando preguntó los riesgos de la brecha, casi amenazándonos a Inuyasha y a mí para que fuéramos totalmente sinceros.

Oh, sí, él es así, no te lo tomes personal.

Tranquila, no lo hago. Inuyasha por el otro lado...

¿Hubo alguna pelea?

Por suerte no, pero podías sentir el desprecio mutuo en el aire. Espero que con el tiempo al menos lleguen a tolerarse un poco.

Eso espero, porque me gustaría ir a visitarlos a Tokio y si yo voy, tiene que ir él.

Inuyasha estará tan contento... ―ambas se rieron un rato y conversaron un poco más sobre lo que podría llegar a pasar si ambas parejas mantenían el contacto constante como ellas querían. Los hermanos odiarían la idea, pero tendría que aguantarla a como diera lugar―. Si quiere utilizar el portal de Tokio es posible que vuelva a aparecerse por aquí pronto, ¿quieres que le dé un mensaje de tu parte?

La joven lo pensó durante un momento y terminó negando con la cabeza.

Hay mucho que quiero decirle, pero prefiero hacerlo cuando lo vea. Sólo dile que espero que llegue pronto el solsticio ―escuchó que Kagome soltaba una pequeña risita al otro lado de la línea.

Claro, eso haré.

La comunicación se había cortado poco después de eso y desde entonces no había podido dejar de sonreír.

Buscó en el celular aquellos primeros vídeos que había enviado desde el plano espiritual e inició el único en el que aparecía Sesshomaru, ese donde estaba intentado hacer que se presentara. Rió por lo bajo ante su cara de pocos amigos ante la insistencia de que diera algunas palabras para sus amigos y familia y la evidente negación en cada esquina de sus facciones. Visto desde afuera podría decirse que no tenía buena actitud, pero visto desde adentro...

Pasó a la autofoto que se habían hecho pocos segundos después, donde la expresión hastiada del demonio permanecía intacta, contrastando con la cara entusiasta que mostraba ella. Sí... en esa sola imagen podías sacar muchas conclusiones, ¿cómo no se había dado cuenta antes? Estaban demasiado cerca el uno del otro, y la alegría de Rin era tan palpable que no se la podía tomar como falsa.

―Supongo que sí soy bastante obvia... ―murmuró sin dejar de contemplar la foto.

Metió la mano en el bolsillo de su falda y acarició el broche de oro que le había regalado el año anterior. Desde su regreso se le había hecho costumbre llevarlo siempre consigo como si se tratara de un amuleto de la buena suerte, un pequeño trocito de él que estaba a su alcance cuando más lo necesitaba.

Quizás él no fuera tan fácil de leer en comparación, pero era por detalles como ese, el motivo por el que le había obsequiado esa joya, que le parecía que tampoco era el maestro del sigilo que creía ser.

―¡Rin! ¡Tu padre ya viene en camino, ayúdame a poner la mesa!

―¡Ya voy, mamá! ―se puso de pie con un brinco y apretó levemente el broche antes de sacar la mano del bolsillo. Se había decidido, lo haría esa noche, no tenía sentido posponerlo por más tiempo.

Varios minutos después, la pequeña familia estaba reunida en la mesa del comedor pasando las charolas con los alimentos para que cada uno se sirviera. Sus padres hablaban del trabajo en la universidad mientras que la tele ayudaba a llenar un poco de sonido la habitación. Rin terminó de servirse el arroz para cuando su padre preguntó:

―Entonces, Rin, ¿estuviste haciendo limpieza de libros hoy?

―Sí, no tenía idea de que había acumulado tantos. Si hay alguno que quieras llevarte a la universidad, adelante.

―Pero... ¿no te serán útiles para cuando tú vayas a la universidad? Deberías empezar a prepararte para las pruebas de admisión, serán dentro de poco. Quizás deberías conservar tus libros al menos hasta entonces.

―Cariño, no la apresures. Acaba de terminar el colegio, dale tiempo para descansar, se lo ha ganado ―intervino su madre mientras le servía una taza de té―. Si te quieres tomar el primer semestre libre no hay problema, siempre puedes hacer alguna otra cosa mientras son las próximas pruebas de admisión.

―O quizás quieras hacer un curso de algo ―comentó Hizashi―, uno de primeros auxilios o cocina... quizás alguno de locución, puedes ser muy elocuente. Tal vez descubras tu pasión con uno de esos y te decidas qué vas a estudiar.

―Aún no tienes nada en mente, ¿cierto? ¿Hay algo en especial que te llame la atención?

―No por el momento... ―dijo ella en tono discreto.

―Siempre creí que estudiarías veterinaria, como te la pasas rescatando animales ―sonrió nostálgicamente su padre mientras Yuriko ponía mala cara.

―Siempre y cuando no hagas de esta casa su sala de prácticas no tengo problema.

―O tal vez te gustaría seguir mi camino y ser profesora. También tienes mucha paciencia para enseñar.

―Y Momoko siempre se iba sintiéndose iluminada ―rió la mujer―. Serías buena educadora.

―No he pensado mucho en eso.

―¿No? Qué raro. Tal vez quieras hacer otra cosa, hay muchas opciones. Tómate el tiempo que necesites para averiguarlo. Lo importante es que estés muy segura de qué es lo que quieres hacer ―recomendó su padre con un asentimiento, volteando momentáneamente hacia la televisión para ver los resultados de un partido de fútbol.

Rin apretó los puños y tomó aire.

―De hecho... sí hay algo que quiero hacer.

―¿Qué cosa? ―preguntó distraído Hizashi sin dejar de ver atentamente la pantalla.

―Quiero regresar con Sesshomaru.

Fue como si todo en el pequeño comedor hubiera quedado silenciado de repente, incluso el sonido de la televisión estaba siendo tenuemente opacado mientras sus padres la observaban estupefactos. Más su padre, quien había dejado la boca ligeramente abierta con la taza a medio camino. Al contrario su madre tenía una expresión más bien desilusionada y cerraba fuertemente los labios.

―¿Qué? ―murmuró su padre.

―Hay cosas que aún no les he dicho sobre él. Sobre nosotros, mejor dicho ―soltó de golpe olvidándose hasta respirar por la fuerte opresión que sentía en la base de la garganta. Su padre apenas parpadeó.

―¿De qué estás hablando?

―Tengo que decirles algo muy importante. Esto era de lo que quería hablarte antes, cuando regresé y me lo preguntaste en la clínica ―se dirigió esta vez a su madre, quien estaba cada vez más pálida.

―Rin...

―Perdón por haber tardado tanto, pero necesito que lo sepan. No les va a gustar, así que... ¿prometen que me dejarán terminar sin interrumpirme? Es muy, muy importante.

―Rin, ¿qué rayos...? ¿Quieres volver con esa cosa? ―continuó incrédulo su padre como si aún no pudiera procesarlo.

―Déjame decirles todo. Después pueden hacer las preguntas ―pidió nerviosa a más no poder. Sentía la cara ardiendo y el corazón aporreándose contra las costillas. Como ninguno de los dos dijo nada, lo tomó como un asentimiento―. ¿Recuerdan el motivo por el cual les dije que Sesshomaru había acabado encerrado en la mansión? En realidad...

La chica habló sin parar justo como lo había hecho con Issei días anteriores, pero manteniendo un tono monótono como si lo hubiera ensayado durante horas... cosa que era cierta parcialmente. No había planeado cómo entrarle al tema al inicio, pero ahora que ya lo había hecho, no tenía forma de detenerse.

Al igual que en el caso de su amigo, omitió todos los detalles que pudieran escandalizar a sus padres o hacerlos sentir más incómodos de lo que ya estaban, pues ninguno podía dejar de mirarla con los ojos bien abiertos. Su padre había separado los labios varias veces con la intención de hacer alguna pregunta, pero sus propósitos morían rápidamente y todo lo que podía hacer era guardar silencio mientras su hija se sinceraba.

Aquello no había sido como confesarle la verdad a su mejor amigo, quien tenía una forma algo sarcástica y conformista, pero pasiva finalmente. Y en definitiva no era nada como contárselo a Momoko, que había reaccionado como cualquier chica de su edad lo hubiera hecho: pidiendo detalles y suspirando soñadoramente.

No, sus padres eran diferentes, y aún antes de terminar, sentía la decepción cernirse en el rostro de ambos como si les estuviera confesando un crimen horrible.

Sintió que estuvo hablando por mucho más tiempo del que había empleado en realidad, y ya para cuando detallaba la escena de la pelea entre Sesshomaru y su padre, la garganta le dolía y moría por acabar con eso de una vez.

―Su padre se reunió con nosotros, diciéndonos que no tenía intenciones de luchar pues se habían cumplido sus palabras. Sesshomaru había sentido lo mismo que él cuando perdió a su esposa al creer que yo había muerto. Poco después de eso, regresamos a la mansión donde estaban Kagome, Inuyasha... y la señora Irasue. La madre de Sesshomaru ―aclaró con una mueca―, ella vigilaba la brecha para que nadie cruzara. Es por eso que Kagome no había podido hacerlo. Tuvieron una pelea pues no se suponía que otra persona debía intervenir. Pero también estaba ahí para cerrar la brecha, ya que había sido ella quien la había abierto en primer lugar con ayuda de la energía de la barrera. Así que yo... tomé la decisión de volver a casa, pero al mismo tiempo, le prometí que regresaría con él. De alguna forma, en algún momento. Y es realmente lo que más deseo.

Esta vez mantuvo la cara en alto mientras serenaba sus facciones. Sentía la garganta seca de tanto hablar, pero al mismo tiempo fue consciente del peso que se elevó de sus hombros. Fuera lo que le fueran a decir, al menos podía estar tranquila sabiendo que al fin no tenía nada que ocultarle a sus padres.

―Así que esas son tus intenciones ―musitó su madre suavemente mientras Hizashi suspiraba un '¿qué?' otra vez. Su labio inferior temblaba y continuaba bastante pálida. Lívida incluso―. Regresar a un mundo lleno de monstruos... para estar con el más peligroso de todos.

―Sesshomaru no es ningún monstruo ―negó ella con tranquilidad―. Sé que es difícil de creerlo, pero... fui muy feliz con él.

―¿Y tu felicidad te mantendrá a salvo, acaso? ¿Te has parado a pensar en lo infantil que suenas, Rin?

La chica se quedó congelada por el duro tono de su madre, pero no dejó que el aturdimiento se prolongara.

―Puede parecer así, pero...

―No, no lo parece, es así; no estás pensando claramente, hija. ¿Te das cuenta de lo mucho que esta cosa te ha estado manipulando? ¿Por qué querrías regresar con una persona tan horrible como esa?

―Él nunca me ha manipulado, mamá.

―¿Cómo lo sabes? ¿Cómo puedes estar totalmente segura de que no ha estado mintiéndote todo este tiempo? Mira sus antecedentes, Rin, no tienes que ser un genio para saber que hay algo que está mal. Si siempre ha odiado a los seres humanos y los ha atacado desde hace siglos, ¿qué lugar ocupas tú con él? ¿Para qué te querría en su mundo donde estás su merced?

―¿No escuchaste nada de lo que dije? Si ha roto la barrera es porque sintió en carne propia el dolor que infligió, sabe lo que significa perder a alguien amado.

―¿Y cómo sabes que eso es cierto? Sólo repites lo que te contaron o tus propias deducciones, pero no tienes forma de saber si son reales o no. Es un monstruo, Rin, y tú mejor que nadie deberías saber de lo que es capaz.

La muchacha respiró hondamente y apretó los puños para que no se le saliera una mala contestación, mientras su padre se mantenía a raya por el momento.

―Es por eso que estoy tan segura, porque sé de lo que es capaz de hacer para protegerme. Nadie me lo contó ni lo vi en un recuerdo: estuve ahí. Vi cómo casi muere para protegerme, vi sus heridas y la rabia con la que peleaba contra su padre. Además de que tengo años conociéndolo y pasé seis meses viviendo con él, creo que lo conozco bastante bien para saber cuándo es sincero y cuándo no.

―Uno puede pasar toda su vida al lado de una persona y nunca llegar a conocerla de verdad ―intervino su padre lo más diplomáticamente que pudo para no escaldar los ánimos―. Rin... tu madre tiene razón, estás siendo irracional. Sólo tienes dieciocho años, estás dejando que tus emociones hablen por ti.

―¿Mis emociones? Estoy hablando con cada gramo de racionamiento que tengo, papá.

―No lo parece. Detén lo que vayas a decir y piénsalo por un momento ―le pidió alzando la mano―. Quieres cambiar tu vida... tu mundo entero, tu presente y futuro, tu familia y amigos, por un hombre que ni siquiera es humano. Por un lugar donde correrías peligro constantemente y no tendrías a nadie para ayudarte. Puede ser que veas que ese sujeto tiene buenas intenciones ahora, pero... ¿y si en realidad no las tiene? ¿Y si quiere hacerte algo terrible, y cuando te des cuenta ya es demasiado tarde? Son muchas cosas las que tienes que evaluar. Eres excesivamente joven, es natural que te confundas y pienses cosas que no son.

―No estoy confundida ―negó con tranquilidad y una pequeña sonrisa intentando ser lo más paciente que podía―. Les prometo que no es así. Por primera vez en mucho tiempo siento que es lo que debo hacer, y más importante aún: lo que quiero hacer. Soy consciente de que no es lo que quieren para mí y hay miles de peros que agregar, sin embargo... ustedes no estuvieron ahí. No saben cómo es vivir con él ni cómo es en realidad. Es extremadamente complejo y difícil, pero aún así merece la pena. Lo digo con toda la seriedad del mundo.

―No lo apruebo ―replicó Yuriko nerviosa―. Sé suficiente para saber que esa vida es demasiado riesgosa para ti. Además... ¿qué sería de nosotros? ¿Serías tan egoísta de marcharte sabiendo por todo lo que pasamos la última vez? No saber de ti, ni cómo estás, ni siquiera si estás viva. Es lo más horrible del mundo, Rin, no tienes ni idea de cómo fue. Y que ahora nos digas que quieres repetirlo... porque dices que quieres a este tipo... la misma fuente de todas nuestras angustias... ¿Cómo puedes hacernos esto?

Rin se quedó callada con la boca entreabierta y los ojos enrojecidos al ver el sollozo de su madre, toda la profunda tristeza que emanaba de sus rostro y voz quebrada. Su mandíbula tembló un momento antes de responder.

―Lo siento mucho... nunca quise decepcionarlos al decirles esto. Sólo quería ser sincera, quiero que sepan lo que siento porque es importante para mí. Puede sonar infantil... inmaduro, incluso, pero de lo que no me arrepiento es de sentir lo que siento por él. Es real, y quiero darle una oportunidad.

―Pero Rin...

―Sería más egoísta si no les hubiera dicho nada, ¿no crees? Quiero que lo sepan, quiero que sepan que esta es mi decisión aunque no la aprueben ni les guste. No quiero lastimarlos, es lo último que se me pasaría por la cabeza. Pero, mamá, papá... ―los miró francamente dejando caer los hombros―. Creo que merezco darle el chance a esto, créanme cuando les digo que sé dónde me estoy metiendo y qué es lo que me espera. He estado viviendo ahí después de todo, ya vi cómo funciona ese mundo. Sé que es peligroso y no será nada fácil, pero nada que valga la pena lo es, ¿no? Sesshomaru vale la pena para mí, y sé que yo valgo la pena para él.

―Hija... creo que no estás pensando las cosas con lógica ―empezó de nuevo su padre―. ¿Qué pasa si algo te sucede? ¿Qué pasa si no es lo que esperabas?

―Es simple. Regresaré aquí ―contestó con calma―. No estoy diciendo que me vaya a ir para siempre, no podría vivir definitivamente en ese lugar sabiendo que ustedes no están ahí. Siempre puedo volver a casa como hace Kagome. Y si no funcionan las cosas entre Sesshomaru y yo... continuaré con mi vida aquí ―se encogió de hombros. Era algo en lo que había pensado bastante en el transcurso de esos meses. No quería que nada saliera mal, pero no estaba de más barajear todas las opciones.

―Hablas de eso como si fuera algo fácil ―dijo su madre―. ¿Has oído lo estresada que vive Higurashi por su estilo de vida? ¿Y crees que tú puedes ser como ella?

―Digo que al menos puedo intentarlo.

―Así que quieres desperdiciar tu juventud... arriesgarte de esta manera por un monstruo.

―Tú fuiste quien me animó a darle una oportunidad en primer lugar, mamá. Me dijiste que debía intentarlo porque si no lo hacía, podía perderme la oportunidad de ser feliz ―le recordó, sorprendiéndola―. Ese día te hablé sobre Sesshomaru... y te hice caso. No estaré desperdiciando mi juventud, estaré buscando mi lugar. Y si no es el correcto, nunca es tarde para empezar de nuevo, sin importar la edad que tenga. Ustedes dijeron que puedo tomarme un semestre sabático y tomar las pruebas universitarias cuando esté lista. ¿Por qué no aprovechar el tiempo intentando algo totalmente diferente?

―Hay una diferencia entre intentar algo nuevo y arriesgar tu vida ―comparó su padre―. ¿De verdad crees que esto que quieres es lo correcto? ¿Crees que vale la pena someterte a tal peligro por una oportunidad?

Rin torció la cabeza ante aquel ilógico racionamiento e intentó mantenerse seria. Sus padres intentaban desesperadamente hacerla cambiar de opinión, pero su mente ya estaba puesta en su objetivo.

―Lo prefiero antes de quedarme preguntándome qué hubiera pasado. Además, le hice la promesa a Sesshomaru y planeo cumplirla.

―Si piensas que vamos a permitirte marcharte con esa cosa... ―empezó su madre ofuscada, pero ella la detuvo

―Mamá, por favor déjame tomar mis propias decisiones y riesgos. Sé que no es lo que quieres para mí... lo que ninguno de los dos quiere para mí, pero creo tener criterio suficiente para saber qué hacer con mi vida. No me estoy arrojando a la boca del lobo ni estoy huyendo de casa, simplemente voy a iniciar otra etapa con el hombre que amo. No es el arquetipo perfecto, pero es el que yo escogí, y sé que no puedo estar en mejores manos que en las suyas. Es fuerte, valiente, responsable, inteligente y muy gentil conmigo, considerando lo diferentes que somos. Estaré bien.

―Rin... ―suspiró su madre cuando superó el shock inicial, con los ojos abnegados en lágrimas. Sus labios temblaban y se veía tan triste que Rin sintió cómo sus entrañas se comprimían. Ella era responsable de su sufrimiento―. No quiero perderte, hija. Eres todo lo que tenemos. Si algo llegara a pasarte y no podemos ayudarte... no sé si podría vivir con eso.

―No van a perderme. Hay maneras de mantener el contacto, podemos seguir viéndonos aunque no sea a diario. Además no es como si fuera a ese lugar para que me maten, tengo planeado vivir por bastante tiempo.

―¿Y qué es lo que quieres hacer en ese tiempo? ―cuestionó su padre. No estaba tan alterado como su esposa, pero tampoco estaba muy tranquilo que pudiera decirse―. ¿Vas a vivir de la misma forma que Higurashi, quieres... casarte con ese inugami?

―No en un futuro cercano. Quiero ver cómo resultan las cosas primero. Tenemos un plan de hecho ―sonrió nostálgica―. Como ha estado tanto tiempo encerrado en la mansión, le dije que cuando se rompiera el sortilegio viajaríamos para conocer el país. Hice un mapa y todo... fue un regalo. Y él dijo que esperaría a que yo volviera para que lo cumpliéramos.

―Ya fue suficiente, no sigas ―dijo su madre al levantarse. Parecía estar a punto de entrar en un colapso nervioso.

―Mamá...

―Basta, Rin. Por favor. No quiero escuchar una palabra más.

La muchacha sólo pudo ver cómo su madre se iba del comedor con una expresión de profunda angustia, dejándola sola con su padre quien le recomendó que la dejara ir cuando se disponía a pedirle que se quedara.

Hizashi dejó escapar un prolongado suspiro y se echó hacia atrás para asimilar toda la información. Sus ojos permanecían bastante abiertos, sin apenas parpadear.

―No quise decepcionarlos de esta forma ―comentó Rin cabizbaja y con la voz afectada. No había manera de describir lo mal que se sentía.

―Realmente no sé si se pueda llamar decepción ―respondió Hizashi pasándose una mano por la cara hasta masajear el puente de la nariz―. Teníamos nuestras sospechas, pero apostamos a que sólo fuera una etapa. Sigo pensando que lo es ―la miró cuidadosamente. Ella negó.

―Hasta donde sé no es una etapa, papá. Y si lo es... al menos debería dejar que la quemara.

―Si fuera cualquier otra circunstancia te animaría a que lo hicieras. Nunca te hemos negado nada, Rin, y hemos intentado que siempre tengas todo lo que necesites, tanto en material como en oportunidades. No cerraremos puertas para ti, pero... esto es demasiado. Te quieres ir de casa para vivir con un tipo como ese. No es lo que queremos para ti.

―¿Ese es el problema? ¿Sesshomaru?

―Sí, justamente. No es humano, Rin.

―Créeme que lo sé. También sé todas las cosas malas que ha hecho, conozco su carácter y su personalidad. El que no sea un ser humano complica las cosas, pero no tiene por qué ser algo malo. Yo lo quiero tal cual como es.

Su padre volvió a masajearse el tabique nasal al mismo tiempo que suspiraba.

―¿Y si no es lo que esperabas, Rin? ¿Y si no todo es tan bueno como quieres que sea?

―Ya lo he dicho, volveré aquí. No estoy diciendo que me iré para siempre y no volveré a verlos. Si las cosas no funcionan, estaré de regreso.

―¿Y si no te deja?

―Me dejará. No es tan malvado como piensas, siempre se preocupó por mí.

―Sí, eso lo dijiste. Pero en el caso hipotético de que no te lo permita, ¿qué harás? ¿Cómo garantizas tu retorno si el inugami está en tu contra?

Rin lo meditó unos instantes, tratando de comprender el punto de vista lógico de su padre. Claro, él no conocía a Sesshomaru, no sabía cómo era su forma de pensar ni de actuar. Era normal que estuviera mortificado ante la noticia y evaluara todas las posibilidades.

―Haré que funcione ―contestó decidida―. Lo hice una vez y sé que puedo hacerlo de nuevo. Él me escucha, no es alguien irracional. Y si no es así... sé que puedo contar con Kagome.

―Rin... ―musitó el hombre―. ¿Estás realmente segura de que es lo que quieres?

―Totalmente.

―¿Entonces por qué regresaste al colegio? ¿Por qué te esforzaste tanto en graduarte con tus compañeros? Creí que querías ir a la universidad con tu grupo de amigos. En cambio, quieres dejarlo todo.

―No podía irme sabiendo que dejé los estudios incompletos. Además... tenía que volver con ustedes, quería demostrarles que realmente me importa mi educación.

―Pero hasta un punto.

―Sí, hasta este punto. No sé si vaya a ir a la universidad en algún momento, pero por ahora quiero aprovechar que soy joven. Necesito mis energías si quiero recorrer el país ―su padre no contestó nada, sólo mantuvo la cabeza algo baja como si se esforzara por asimilarlo. Rin temía muchísimo haberlo lastimado―. ¿Estás enojado conmigo?

―Aprecio que dijeras la verdad, pero... esperaba algo mejor para ti. Algo más seguro. No quiero verte marchar otra vez, será muy difícil.

―Pero esta vez sabrán dónde estoy y que soy feliz ―le animó.

―No tenemos forma de asegurarlo de verdad. Sé que ya eres mayor, que no eres ninguna niña, pero eres nuestra única hija. Tengo mucho miedo por ti ―le reveló francamente. Rin se acercó a su lado y lo estrechó en un fuerte abrazo, no soportaba verlo así, pero también era algo inevitable.

―Lo sé. A decir verdad yo también tengo miedo, pero eso no significa que sea algo malo. Y pase lo que pase, nunca estaré demasiado lejos de ustedes, lo prometo. Siempre volveré a casa en cuanto sea posible. Pero esto... esto es algo que necesito hacer. De verdad lo quiero mucho, papá. No quiero arrepentirme por no dar este paso, no puedo darme el lujo de esperar. Lo lamento.

―No... no te disculpes. Está bien, comprendo. Eso creo. Todo esto es bastante extraño ―le dijo en cuanto se separaron. Hizashi se le quedó viendo un momento, detallando lo mucho que había cambiado a lo largo de los años. Siempre la había visto como a su niñita querida, una pequeña chiquilla inquieta que se sube a los árboles para ayudar a los pájaros y que se mete en problemas por meter clandestinamente animales salvajes en la casa.

Pero ahora podía darse cuenta de que ya no era esa niña. Había crecido, y era momento de aceptarlo. Debía respetar sus decisiones y dejar que forjara su propio camino.

Y si algo le sucedía... siempre estaría ahí para ella, sin importar el tiempo que pasara.

―Te quiero mucho, Rin ―musitó al abrazarla de nuevo. Él no era un sujeto muy dado a esos gestos, pero desde su regreso habían cambiado algunas cuantas cosas. Rin le devolvió el abrazo envolviéndolo con fuerza―. Eres mi única hija, y confío en ti. Sólo te pido que tengas muchísimo cuidado.

―Lo tendré, papá, no te preocupes ―sollozó en su hombro.

―Tienes que ir a hablar con tu madre ―pidió al cabo de un rato cuando ambos ya se habían tranquilizado―. Quedó realmente mal cuando partiste la primera vez, es normal que le haya sentado fatal la noticia.

―¿Crees que esté muy enojada conmigo?

―No está enojada, tiene mucho miedo como yo, sólo que lo expresa de otra forma. Ve con ella. No le gustará nada lo que le digas, pero no puedes dejar las cosas así.

―Sí, tienes razón. Será mejor que vaya con ella. Y papá... gracias. De verdad ―le sonrió conmovida en cuanto se levantó para ir escaleras arriba. Su padre le regresó el gesto sin mayor remedio, contento por ver a su hija feliz. Era lo que realmente importaba.

Cuando la muchacha se fue al piso superior, el hombre cambió completamente la cara a una más desconcertada y estupefacta. Fue hasta la cocina y tomó un par de latas de cerveza de la nevera antes de volver a sentarse frente al televisor. Su partido ya había acabado, pero estaban dando las repeticiones y notas finales de las mejores jugadas.

Tomó un largo sorbo de la primera lata y contempló la pantalla sin cambiar su expresión. Todo en lo que podía pensar era en '¿qué demonios...?' mientras bebía. Dios sabía que necesitaba un trago para pasar semejante conversación.

...

Rin la encontró sentada en el borde de la cama, con los brazos apoyados en las piernas y las manos sosteniéndole la cabeza gacha. No estaba llorando hasta donde alcanzaba a ver, pero seguía igual de pálida e ida como antes.

―¿Mamá? ―se adentró a la habitación y se sentó a su lado sin obtener respuesta. Mantuvo la boca cerrada por unos segundos, nerviosa por el estado de su madre. ¿Qué podía decirle para animarla, si es que eso era posible?―. Perdóname por no habértelo dicho antes. Temía cómo fueras a reaccionar. ¿Mamá? ¿Estás bien? ―se inclinó un poco para intentar ver el rostro, pero la mujer no respondía―. Por favor di algo.

―Ya lo sabía ―musitó al fin después de un prolongado mutismo―. Tenía la intuición cuando leí las cartas. Y luego cuando vi el vídeo. Y por último, lo supe cuando se lo dijiste a Higurashi la noche siguiente de tu regreso.

―¿Nos escuchaste?

―Sólo por un momento cuando fui a buscar agua ―contestó. Rin se mordió los labios.

―¿Estás muy molesta conmigo?

―No. Estoy molesta conmigo misma.

―¿Qué? ¿Por qué? Tú no hiciste nada.

―Fallé en hacerte cambiar de opinión. Quería que vieras que este es tu lugar y no necesitas a ese monstruo, pero no pude hacerlo.

―No había forma de que me hicieras cambiar de opinión. Ya lo había decidido antes de venir, había prometido que volvería con él.

―¿Hay manera de que te quedes con nosotros, Rin? ¿Te fallamos en algo para que quieras irte?

―¿De qué estás hablando? No me han fallado en nada, ni papá ni mucho menos tú. Esta decisión es sólo mía y no tiene nada que ver con ustedes. ¿A qué le tienes miedo, mamá? ¿Qué te preocupa tanto? Sabes que volveré, lo he dicho y lo repito ahora. Prometí hacerlo la primera vez sin importar lo que costara, ¿recuerdas? Ahora no será diferente.

―Soy tu madre, Rin, y siempre temeré por ti ―le dijo calladamente―. Temo por tu vida, por su salud, tu seguridad... temo que te suceda algo irreparable sin que pueda hacer nada para ayudarte. No tienes idea del sufrimiento por el que pasamos tu padre y yo el año pasado. Me despertaba cada noche e iba a tu cuarto, esperando verte ahí. Creí que habías muerto ―se tapó la boca para aplacar el llanto. Rin no hizo nada para detenerla, sino que le permitió desahogarse―. Tuve muchas pesadillas imaginando que pudo haberte pasado, qué podría estarte haciendo esa bestia. Luego llegó tu primera carta, pero el miedo no se fue. Pensé... pensé que te estaba manipulando, que era un truco, tu manera de despedirte para no preocuparnos más. Te imaginé destrozada tantas veces... encerrada, asustada y llorando... Incluso ahora tengo esas pesadillas. Y esta noche... dices que quieres regresar ahí... ¿Cómo quieres que me sienta, cómo quieres que lo acepte?

―Mamá... Tienes que entender que todo eso que imaginaste nunca fue real ―se inclinó para ver su rostro y dedicarle una expresión calmada y segura―. Jamás sufrí ningún daño... más allá del hombro dislocado, pero eso fue culpa mía ―rectificó―. Comía más de lo que podía aguantar, podía moverme con libertad y tenía un día a día realmente pacífico. Sí, corría peligro y más de una vez lo vi más cerca de lo que hubiera querido. Pero nunca pasó a mayores. Sesshomaru siempre estuvo ahí para cuidarme y me mantuvo en una sola pieza. Sé que lo detestas y crees que es un monstruo, pero pese a lo que hizo, pese a ser la razón por la que fui ahí en primer lugar, también fue por él que pude regresar con vida.

―De no haberte llevado no habría tenido que salvarte tantas veces.

―Sí, es cierto. Pero de no haberme llevado, posiblemente alguno de mis amigos hubiera terminado peor que lesionados en la clínica. Sí, Sesshomaru tiene un carácter cuestionable a veces, pero es un inugami, en su lógica intentaba que los demás mantuvieran sus distancias conmigo y nada más.

―¿Y realmente quieres a un sujeto tan posesivo contigo? Ya has visto lo violento que es, ¿qué pasa si un día te agrede a ti?

―Eso realmente lo dudo. Sesshomaru pudo haber hecho cosas bastante graves, pero a mí nunca me puso un dedo encima. Es parte de su manera de pensar como inugami: debe proteger a su inumochi... aunque ésta le grite e insulte.

―¿Lo insultaste? ¿Estás loca?

―Estaba muy molesta ―se sentó inclinándose hacia atrás un poco más relajada. Parecía que su madre se estaba abriendo un poco más y eso la alentaba―. El primer día me lo encontré en el ático y le dije que me dejara volver. Como él se negó, empecé a gritarle y me escapé de la casa corriendo. Dios, cómo lo odiaba, no quería creerle. Ahí fue cuando me encontraron los demonios... y empezaron a perseguirme. Corrí como una loca, esquivándolos y salvándome de sus ataques de milagro... hasta que me acorralaron y no pude más. Me hirieron el hombro tirándome contra un árbol, no podía correr más. Creí que moriría en ese instante. Pero cuando estaban por saltarme encima, apareció Sesshomaru y me salvó la vida. Justo una o dos horas después de haber hecho una rabieta y llamarlo loco. Luego me acomodó el hombro, me regañó por haberme ido y me llevó de regreso.

Rin suspiró ante los recuerdos y no quiso ver la cara exaltada de su madre. Había comentado que salió momentáneamente de la mansión y se había encontrado con algunos demonios, pero nunca había querido entrar en detalle para no estresar a nadie.

―Esa misma noche volví a enfrentarlo. Discutimos por lo mismo de antes, lo llamé loco otra vez y estuve tan cerca de mandarlo a la mierda que no sé cómo me contuve. Y aún así, él ni siquiera alzó la voz. Es más, me dio algo de comer y cuando terminó la discusión se fue diciéndome que hacía frío y debía volver a entrar a la casa. Puede ser un tipo explosivo, pero siempre estuvo muy calmado conmigo sin importar lo que yo hiciera lo le dijera. Extraño, ¿no? Un tipo tan violento que ni siquiera le alza la voz a una chica insolente que lo insulta.

―Eso no quiere decir nada en especial, Rin, sólo se contenía. Puede explotar en cualquier momento y tú puedes estar en el medio.

―La única vez que lo vi explotar de verdad, yo estaba en el medio. Fui la causa ―le dijo viéndola de reojo. Su madre mantenía la expresión de desconfianza, pero permaneció callada para dejarle hablar―. Fue cuando enfrentó a su padre al creer que me había matado. Era la primera vez que veía su verdadera forma, y también la primera vez que lo vi fuera de sí. Pero cuando se dio cuenta de que estaba ahí, todo se detuvo, la pelea terminó y todo volvió a la normalidad. No es un sujeto que suela expresar sus emociones, pero esa noche cambió radicalmente aunque fuera por esos minutos. Jamás vi a alguien tan aliviado y agradecido en toda mi vida, y haberlo visto específicamente a él lo hizo aún más especial. ¿Ves lo que quiero decir? Es por eso que sé que jamás me lastimaría. Y no me ha manipulado, de verdad ―se anticipó a su contestación―. Nunca impuso su voluntad sobre la mía, sólo me explicó su manera de pensar... de forma poco ortodoxa, pero jamás me culpó por no entenderlo, jamás me hizo sentir siquiera inferior. Me respetaba bastante y se esforzaba por hacerme feliz.

―Si realmente le importara tu felicidad te hubiera dejado volver a casa en un principio.

―Siendo él un inugami y yo su inumochi no estaba dentro del término. Además de que yo le había prometido hacer cualquier cosa para salvar a mis amigos, y él se toma las promesas muy en serio.

―Independientemente de eso, tuvo que...

―Y lo hizo. Justo durante el solsticio, cuando la amenaza que era su padre pasó, cuando no tenía por qué hacerme volver... simplemente me dejó ir. Justo después de haber luchado por mí tras haber creído que estaba muerta, de descubrir en realidad lo que yo significo para él. No es una persona egoísta en realidad, mamá.

―Pero aún así, Rin... ―sollozó Yuriko, abatida―. Ya estás en casa, él te liberó y tú no tienes que ayudarlo a salir de la mansión. Puedes continuar con tu vida como debe ser. ¿Acaso no eres feliz aquí? ―preguntó tras una pausa.

―Lo soy, mamá. Pero... falta él para que lo sea de verdad. ¿Me odiarías si le doy una oportunidad?

―No te odio, Rin, ¿cómo podría? Eres mi hija, sólo quiero lo mejor para ti.

―Eso es lo que voy a intentar descubrir: lo mejor para mí. Y si no lo encuentro, sé cómo volver a casa.

Su madre apretó los labios queriendo acallar sus resoplidos, y todo lo que pudo hacer Rin para ayudarla fue darle un fuerte abrazo.

Siempre había pensado que su madre era una persona muy fuerte, una que no cometía errores y estaba en la cúspide de la madurez. Pero aquella alocada experiencia le demostró que nadie era perfecto, todo el mundo tenía un punto de quiebre, un talón de Aquiles que los desarmaba hasta dejarlos desnudos.

Su madre quedó totalmente expuesta esa noche: era una persona frágil y sensible, llena de remordimientos y temores con respecto a su hija y sus propias capacidades de madre. Y estaba de parte de Rin demostrarle el espléndido trabajo que había hecho con ella y que no tenía nada de malo dejarla ir.

Tuvo buenos motivos al agradecerle a Sesshomaru cuando se separaron aquella última noche. Había crecido de una manera insospechada, madurado mucho en comparación a la chiquilla ingenua que era cuando llegó a ese mundo por primera vez. De no ser por él, estaba segura de que no hubiera manejado una situación como esa ni la mitad de bien que lo hacía ahora.

Tras varios minutos en un fuerte abrazo, Yuriko pareció recuperar la compostura y se separó de ella, dándole una mirada profunda tal y como lo había hecho Hizashi en el piso de abajo. Estaba contemplando el cambio en su hija, la persona adulta en la que se había convertido de golpe.

Y aunque no le gustara para nada la situación en la que estaba por meterse, no podía sentirse más orgullosa de su madurez. Había hecho mal en llamarla egoísta durante la cena, ahora podía verlo.

―¿De verdad amas a ese inugami? ―quiso saber poco después. Su voz aún no había regresado a la normalidad, pero estaba mucho más estable que antes.

―Sí.

―¿Aunque sea tan serio y extraño?

―Una vez que te acostumbras no tiene nada de extraño ―sonrió Rin.

―¿Y nunca te ha... obligado a hacer nada que no quieres hacer?

―No, nunca. Siempre respetó mi espacio. Es gracioso, porque aunque no entendiera muy bien las emociones y costumbres humanas, se esforzaba bastante en no hacerme sentir incómoda. Podía verlo preguntarse muchas cosas con respecto a mí.

―Rin ―carraspeó su madre, cortándola. Un tinte incómodo pero serio se instaló en sus facciones, haciendo que su hija le devolviera una expresión parecida―. ¿Qué has hecho con este tipo exactamente? ¿Hasta donde llegó su relación?

No tuvo manera de ocultar su reacción, pues sus ojos se abrieron tanto que no hubo manera de interpretarlo de una manera muy inocente. Eso, junto sus mejillas arreboladas, terminaron de darle la idea certera a su madre.

―¿De verdad quieres saber? ―tragó con dificultad haciéndose un poco hacia atrás. Yuriko entrecerró los ojos, dándole a entender que iba muy en serio―. ¿Prometes no enojarte conmigo, mamá?

―¿Tengo razones para enojarme contigo? ―alzó una ceja llena de sospecha.

Oh, Dios, había temido hablar de eso durante meses, y estuvo tan cerca de librarse de la oportunidad al menos durante esa noche que casi pudo celebrar para sus adentros. Pero no, su madre pretendía que se sincerara totalmente, y rayos... se lo debía. Por más bochornoso que fuera.

―Nos cuidábamos ―terminó soltando sin verla a la cara, nerviosa de que de repente sacara un bate de debajo de la cama y la persiguiera por toda la casa. Yuriko guardó silencio por diez segundos exactos, Rin los contó para tener algo que hacer en lugar de morir de la ansiedad.

―¿Cómo... se cuidaban exactamente?

―Remedios y tés preventivos. Han me enseñó a prepararlos, y yo me los tomaba todos los días. N-nunca pasó nada.

―¿Cómo estás tan segura de que no pasó nada?

―Bueno, en primer lugar tendría una barriga justo ahora ―trató de bromear encogiéndose en sí misma.

Oh, Dios, primero tenía que discutir de su vida sexual con Jaken ―No, eso nunca pasó, está borrado de mi memoria―, después con el doctor Miyano y ahora... con su madre. ¿Quién seguía, los padres de Sesshomaru? ¿Sus maestros? Quizás tener una mente tan abierta en el tema no era lo mejor después de todo.

Miró de reojo a la mujer esperando ver su reacción con cierto temor, encontrando demasiado rara la situación para su gusto. Estaba dando un paseo en la montaña rusa de emociones y no podía esperar para bajarse de la alocada travesía.

―Dios, Rin... Sabía que este día llegaría, pero, ¿con un perro?

Santo cielo, ¿ella también?

―¡Mamá! Sesshomaru no es un perro de verdad, tiene forma humana ―exclamó avergonzada hasta las orejas.

―Técnicamente es un perro.

―Pero usualmente no tiene la forma de uno.

―Ay, Rin ―resopló abrumada. También era incómodo para ella, pero ni por lejos tanto como lo era para Rin.

―¿Estás... molesta?

―No sé si debería. Tienes cierta edad... y estabas viviendo sola con un hombre. Creo que era de esperarse que eso pasara.

―¿Te lo imaginaste alguna vez?

―Sí, muchas veces. ¿Por qué crees que estaba tan preocupada después de ver los vídeos? Creí que ese tipo te violaría.

―No... él nunca haría eso.

―Sabía que había algo diferente contigo cuando regresaste en diciembre ―continuó la mayor llevándose una mano a la frente. De nuevo se puso ligeramente pálida. Todo lo que la chica quería hacer era cavar un hoyo bastante profundo y lanzarse de cabeza en él. ¿Qué cara pondría Sesshomaru si estuviera aquí teniendo esta conversación?―, pero no quería creer que era algo como esto. Al menos fuiste consciente y tomaste precauciones. ¿Él nunca te forzó, verdad? ―quiso estar segura. Rin negó rotundamente.

―No.

―Al menos... no es tan malo como imaginaba.

Rin se le quedó viendo entre extrañada e incrédula mientras su madre sólo se masajeaba la frente y seguía suspirando. Parecía haber recuperado bastante bien el ánimo comparándola cómo había estado minutos atrás, y no estaba segura de si aquello era del todo normal. O real, siquiera.

―Estás tomándotelo mucho mejor de lo que pensé.

La mujer alzó la cara y le volvió a dedicar una mirada de ojos entrecerrados un tanto rara.

―No me malinterpretes, estoy en shock. Pero también estoy aliviada de que no hubiera sido peor. Y no sé si culparte. A los diecisiete años yo también hice algunas cuantas cosas con tu padre...

―No quiero saber. Por favor no me hagas saber ―cruzó los brazos formando una equis como si intentara espantar un espíritu maligno. Yuriko hizo una mueca con la boca y enarcó una ceja.

―Claro, hazte la inocente ahora.

―Tengo una imaginación muy aguda y no quiero estimularla con cosas perturbadoras.

―No exageres, Rin, como si no supieras de esto ahora.

―Y ese conocimiento me basta, gracias.

Su madre resopló negando con la cabeza y ambas guardaron un silencio algo tenso en el que las miradas recurrentes e inseguras de Rin no faltaron.

―¿Estamos bien, mamá? ―preguntó al fin, menos temerosa que antes y definitivamente más optimista.

―Sigo sin estar contenta con todo esto. Me parece que es muy peligroso y ese inugami no lo considero de fiar. Necesito algo de tiempo para pasar la noticia. Pero... soy tu madre, Rin, y todo lo que quiero es que estés a salvo ―le dijo de la misma manera que su padre lo hizo antes―, pero sobre todo... quiero que seas feliz. Es tu vida, y si crees que esto te hará feliz...

―Sí lo creo ―asintió determinada―. Estoy segura de ello.

―Necesito tiempo para asimilarlo, hija. Es difícil de digerir.

―Entiendo. Gracias, mamá ―volvió a abrazarla y le dejó un beso en la mejilla―, gracias por escucharme.

―Gracias por la sinceridad, supongo. Y... perdóname que haya reaccionado tan mal. Actué como su tuviera cinco años.

―No te preocupes, sé que te cayó en el hígado.

―En todos los órganos en realidad ―volvió a posar la cabeza en sus palmas abiertas soltando un resoplido agotado―. Pero me alegra que nos hayas dicho la verdad después de todo.

―Era lo correcto aunque no fuera fácil.

La mujer no respondió a eso, sino que dejó escapar otro suspiro prolongado. Todavía estaba pasando toda la información, como sospechaba que seguía su padre en la planta baja, y no les culpaba por estar helados de la impresión.

Al menos había salido relativamente mejor de lo que había estimado al principio. Aunque mucho más incómodo en la recta final también, pero era un daño colateral que estaba dispuesta a aceptar si eso significaba que las cosas regresaran a la normalidad entre ella y sus padres después de esa noche.

Quizás se había preocupado más de la cuenta y había subestimado a sus padres.

De seguro estarían algunos días aún en estado catatónico, pero si ya habían aceptado la verdad aunque no les gustara, al menos no podía empeorar.

―Buenas noches, mamá ―le dijo al levantarse de la cama, dada por terminada la conversación. Se agachó y la estrechó por los hombros una última vez, arrancándole una pequeña sonrisa que la hizo sentir mejor―. Te quiero.

―Yo también te quiero, Rin.

Si su madre podía decirle eso sin quebrar su voz ni empezar a llorar, entonces consideró que todo estaba bien.

Se asomó un momento al comedor sin descender por completo de las escaleras y se encontró con que su padre iba por la tercera lata de cerveza y miraba las noticias sin dejar de suspirar. Ya no había nada que pudiera hacer por sus padres más allá de permitirles el tiempo y espacio que necesitaban.

Cayó en la cama bocabajo como si fuera de plomo, agotada por la noche tan emocionalmente agotadora que se alegraba que ya hubiera terminado. La cena había comenzado a las ocho de la noche y según su celular, ya casi eran las diez y media, por lo que había estado más de dos horas hablando con sus padres acerca de Sesshomaru. Estar tanto tiempo estancada en un tema, repitiendo una y otra vez las mismas cosas de diferente manera le había dejado un tremendo dolor de cabeza.

Pero todo resultó a la final, no me puedo quejar.

Extrajo el broche de oro de su bolsillo y lo contempló agradecida. Tenía razón, le había dado toda la suerte que pudo necesitar.

...

GLOSARIO

...

(*)... y el más reciente que había encontrado estaba en las profundidades de un volcán, donde casualmente se encontraba un poderoso espíritu sellado que había jurado venganza en contra de los seres humanos: esto hace referencia a la historia de Kaguya, una popular leyenda japonesa en la que una princesa de la luna que desciende a la tierra para vivir con los seres humanos pero, resumiendo, terminó volviéndose malvada y la encerraron el monte Fuji, donde cada vez que el volcán hace erupción dicen que es debido a la ira de la princesa. Más información en wikipedia, la nueva película de Studios Ghibli llamada "La historia de la Princesa Kaguya" y la segunda película de Inuyasha xD

...

REVIEWS | REVIEWS | REVIEWS | REVIEWS | REVIEWS

...

Ya era hora de que actualizara, ¿eh? xD Perdonen, el trabajo crece y se acumula como la espuma y con él se va mi tiempo para estar en mi compu personal y escribir. Han sido un par de meses bastante agitados.

Quiero disculparme por la demora para publicar, no creí que me diera tantos problemas, pero me fue imposible mantenerlo resumido aunque lo intenté.

Espero también que puedan perdonarme que haya quedado un tanto repetitivo (después de todo tuve que hacer que Rin discutiera lo mismo con tres personas diferentes -sin contar a Momoko-), pero no podía quitar ninguna de esas escenas ni ponerlas en otro lado. Ojalá al menos no les haya aburrido mucho y el dinamismo haya sido suficiente para mantener las conversaciones incómodas fluidas.

En este capi se tocan muchísimos temas: el regreso a clases, la prueba de embarazo, la perspectiva de Kagome e Inuyasha, una de Sesshomaru, la graduación milagrosa... y pare de contar. Dios, fue demasiado, espero no haber abrumado a nadie, pero prefiero que sea así a darle largas con dos capítulos y arriesgarme a que cada uno quede aún más extenso y sea más pesado.

Pero ahí está, completo y con un título dudoso que hasta hace muy, muy poco era "NO TENGO IDEA D:" (Cita textual). He estado tan estresada por lo estancada que me quedé con este capi que hace poco me senté decidí que debía actualizar pronto sí o sí. Me da mucha pena dejarlos esperando, así que pisé el acelerador y empecé a conducir como loca. He estado en la escena de los amigos borrachos por semanas enteras, y siempre que escribía algo lo quitaba porque me parecía patético. Tuve que reescribir la conversación con Issei al menos tres veces, y la de los padres igual. Dios, qué dolor de cabeza. Pero si les gustó entonces valió la pena xD

Miles de millones de gracias a todas las personas que se mantuvieron pendientes aún en mi prolongada ausencia. No saben cómo sube el ánimo leer sus comentarios, especialmente los que son tan largos y te hacen sentir tan feliz con todo lo que escribes aunque tengas tus errores. Son los mejores lectores que alguien podría pedir: Kami no musume XD, Begeles, La Rozeta, Nubia, Kassel D. Efrikia, KeyTen, Carol.9803, SeeDesire, Rinmy Uchiha, BeaPleites7, Bucitosentubebida, Kunoichi2518, HasuLess, Nayari, Hooledanisars, Silkie19, Any-Chan, Blueberry Bliss, Viki Mel, Mirai yami, Floresamaabc, Black urora, Gnesis Torres, Nesher, Jenks, Wanheda Targaryen, Abigz, Itza Moon, Yarisha, Alexa Rey, Meaow, MisteryWitch, Tara Castillo, Sayuri08, Foxqueen, Indominus Dea, Fanni-Jin, QuinzMoon, Melinna Sesshy, Rosedrama, Astron, Kokoa Kirkland, Kikyou1213, Inuyuki-chan, Sammy Blue, Sara, Nayari, Andrea Marenco, Anyels, Jezabel, AlinaStarlight, Liito Tsukiyama, Aleliz, Hikary-neko, Sydien, Cami-san Uzumaki y Angellimar. Perdonen si me faltó alguien, es más de media noche y ando medio ciega. ¡Pero tenía que actualizar y con un demonio que lo hice!

Y también discúlpenme las muletillas, errores y dedazos que deben estar regados por todos lados. Prometo que revisé lo mejor que pude pero nunca los consigo todos sino hasta que publico. Lo más seguro es que edite este capítulo cuando lo haya corregido apropiadamente.

Me voy que mañana hay que ir al trabajo y es tardísimo xD Buenas noches a todos, gracias por la paciencia y espero que la espera haya valido la pena. ¡Un beso y un abrazo, hasta la próxima!

45