El uno de septiembre llegó, desde que les había contado a los adultos las extrañas palabras de aquella profesora de adivinación, habían mantenido varias reuniones; Harry sabía que los adultos se reunían, y a veces le dejaban estar presente. En una ocasión le preguntaron porque no les conto antes sobre ello, Harry simplemente dijo que no le dio importancia a esas palabras hasta lo que sucedió en los mundiales, no porque tuviese relación sino porque las coincidencias por extrañas que fuesen, no le gustaban.
En esa ocasión, como ocurrió con anterioridad, consiguieron autorización para usar un traslador, no les autorizarían a realizar la aparición conjunta hasta que Harry tuviese los quince años; Sirius se ofreció a llevar a Harry a la estación, el traslador les dejó en la estación medía hora antes de la partida del tren. Juntos buscaron un compartimento y acomodaron el baúl en la rejilla portaequipajes; Harry se preguntaba porque les pidieron una túnica de gala; había escogido una de color verde oscuro, de un tejido suave.
- Cualquier cosa fuera de lugar, escribe – le advirtió Sirius – no te esperes a que se junten varias cosas raras
- Lo prometo – dijo Harry seriamente, en ningún momento había dejado de contarles lo que ocurría
Una vez se hubo marchado Sirius, quien dijo que lo esperaría para saludarlo desde el andén, Harry sacó uno de los libros del curso que iba a comenzar y se puso a leer mientras aguardaba; tenía ganar que partiese el tren y disfrutar del curso escolar con sus amigos. Reflexionó unos instantes, no se arrepentía de la decisión que tomo en primer año.
Poco después llegaron Neville, Luna y Draco. Se metieron con él en el compartimento para charlar y hacerle compañía durante el viaje
- ¿De verdad apareció aquello en el partido de Quidditch? – pregunto Neville preocupado
- Si, fue horrible; mientras Sirius y el tio Jack iban a ayudar a los demás, me mandaron ocultarme en el bosque con el profesor Lupin
- Yo creo saber quien está detrás de lo que pasó – dijo Draco – es alguien a quien admiro, o admiraba, pero no estoy seguro de querer seguir sus pasos al completo, no despue´s de lo que vi en los mundiales
- Los nargles dicen que tomarás la decisión más sabia que puedes tomar
- Eso no ayuda Luan; me debo a mi familia y tengo que actuar conforme a lo que se espera de mí, debo honrarlos.
- ¿Y qué hay de honrarte a ti mismo? – pregunto Neville, en parte entendía a Draco con toda esa mierda de cumplir ciertas expectativas. Le pasaba con su familia, su abuela, insistía en convertirlo en una copia de su padre y él no era su padre - ¿creéis que regresara? – inquirió dubitativo
- Padre no dice nada, pero sé que piensa que lo hará – mencionó Draco
- Volverá – sentenció Harry – no será que no lo ha intentado antes – recordó
Tras aquello estuvieron un buen rato en silencio, como si este se hubiese adueñado del lugar, finalmente Neville pregunto lo que Harry llevaba semanas preguntándose
- ¿Por qué nos han pedido túnicas de gala?
- Eso lo sé yo, el ministro le contó a padre; es por el torneo de los tres magos, va a celebrarse de nuevo y Hogwarts será la sede. ¿Participaréis?
- No lo creo – dijo Harry al tiempo que Neville y Luna negaban con la cabeza. El torneo de los tres magos era una competencia entre las tres escuelas de magia más importantes de Europa: Hogwarts, Bauxbattons y Durmstrang. Harry había leído sobre él como parte de su formación cultural, el conocimiento siempre era importante. Ese torneo comenzó en el siglo XII - XIII y cada tres años una de las escuelas actuaba de anfitriona; dejó de hacerse cuando las autoridades se alarmaron por el número de accidentes, la mayoría mortales, y por las consecuencias de los mismos - ¿Por qué celebrar un torneo que hace más de un siglo que no se celebra?
- Intereses políticos – dijo Draco simplemente – todo siempre responde a intereses políticos. Mi padre quería enviarme a Durmstran, pero mi madre se opuso. En Durmstrang no admiten a gente que no tenga padres mágicos y enseñan artes oscuras como parte de su curriculum – dijo aburrido, le tentaban las artes ocurras y por un lado le molestaba haber perdido la oportunidad de estudiar allí, pero por el otro, Hogwarts era una buena escuela
- Y en Bauxbattons tienen una excelente reputación en cuanto a encantamientos – dijo Neville – se dice que son pioneros
(***)
Las clases habían comenzado hacía unos días; todos estaban emocionados y casi habían olvidado que no se jugaría aquel curso el campeonato de Quidditch, estaban todos entusiasmados con el torneo de los tres magos; quizá algo molestos respecto a las normas de reciente implantación, pero emocionados con el evento.
Se encontraban en clase de DCAO, aguardando la llegada del profesor, conversando algunos sobre el tema de moda en Hogwarts; el torneo de los tres magos.
- Debe haber una forma de engañar a ese juez imparcial – oyó que decía Ronald Weasley – estaría bien salir campeón, todos respetan a los campeones
Harry negó con la cabeza, todos respetaban y apoyaban a los campeones, si; pero a sus espaldas pensaban que otros hubiesen sido mejor campeón. Era lo que se deducía de las crónicas de los torneos anteriores y las entrevistas a sus respectivos campeones y amigos. No dijo nada, no creía que mereciese la pena hacerlo.
El profesor no tardó en aparecer, su aspecto era igual de siniestro que cuando se presentó en medio del banquete. Iba con una prótesis de madera que hacía que se balancease al moverse al son de la música que su pierna producía; su rostro estaba marcado con cicatrices como si alguna vez lo hubiese tenido en carne viva, faltándole un trozo de nariz; uno de sus ojos estaba sustituido por uno mecánico que viraba 360 grados en todos los planos del espacio, lo cual Harry reconocía que era tan aterrador como provechoso.
- No esperéis que os de los buenos dinas ni una cálida bienvenida – gruño el profesor – estáis aquí para aprender a defenderos de todo aquello que un mago pueda hacerle a otro, no para jugar a las casitas.
Todos quedaron impactados por las palabras del profesor, algunos parecían incluso asustados. A Harry le dio la impresión de que al profesor Moody le preocupaban poco los exámenes, más bien su filosofía parecía la de solo el más fuerte o el que lo sea en el momento ganará. Al menos consiguió que la clase quedase en silencio sepulcral.
- El director me ha informado que tenéis un nivel eficiente en cuanto al enfrentamiento con criaturas – comenzó de nuevo moviendo su ojo en todas direcciones, no necesitando pasearse por la clase – falta por saber hasta qué punto realmente. Lo que sí me aseguro es que no sabéis nada en cuanto a enfrentaros a las maldiciones – pronuncio aquello desaprobatoriamente – en mi clase no se perderá el tiempo con maleficios de niños tontos, el ministerio os considera todavía muy jóvenes para saber, yo en cambio opino que si tenéis edad suficiente para retozar por ahí y asistir a campañas políticas, la tenéis para esto. ¿Quién puede decirme cuáles son las maldiciones imperdonables?
Varios levantaron la mano, Harry entre ellos, el profesor le señalo a él para que le hablase, llamándolo señor Potter, no dijo nada al respecto, estaba harto de decir que su apellido era Brennan, no Potter; simplemente se limitó a responder
- Son tres: Imperius, Cruciatus y Avada Kedavra
- ¿y Porque se llaman imperdonables?
- Porque la sociedad las considera una aberración por los efectos que causan, en algun lugar tienen que poner el limite judicial entre lo que merece una sentencia o merece otra
El profesor lo miró atentamente, como evaluándolo, luego paso a hacer una demostración de lo que hacía cada una de las maldiciones; casi todos se rieron con la maldición Imperius, Harry no, no le veía la gracia a una maldición que abolía la voluntad de la persona sometiéndola a la del otro; Moody tampoco rio, los miró molesto dándoles una buena reprimenda general con unas palabras en un escalofriante tono gélido.
- Gracioso, ¿verdad?; durante el auge del señor tenebroso muchos magos y brujas fueron controlados con esta maldición; obligados a divulgar secretos, a robar todo tipo de cosas que al señor oscuro se le antojaban e incluso a torturar y matar a sus familiares, amigos y seres queridos en general. ¿os hace gracia?¿os gustaría que os ocurriese a vosotros?
Tras aquello, en la clase no volvió a oírse ni una mosca hasta que terminó, la gente parecía contener la respiración en las dos demostraciones siguientes. Neville estaba sentado al lado de Harry, su reacción frente a la maldición cruciatus era de terror absoluto, Harry lo comprendía, ver a la araña retorcerse no era plato de buen gusto, le puso una mano en el hombro para calmarlo, gesto que había aprendido de Booth.
La última maldición, el profesor la definió como la peor, la maldición asesina; Harry prestó atención, el destello verde le recordó a unas pesadillas que tenía de cuando en cuando. Sabía a qué hacían referencia; era, en parte, un consuelo saber cómo había sido. Harry no creía que el Avada Kedavra fuese lo peor, era la peor porque suponía la muerte, pero había cosas que eran peores que la muerte. Se mantuvo tranquilo ante el comentario del profesor de que era el único superviviente a esa maldición. Cuando tocó la alarma de salida de clase, recogieron en silencio, todavía impactados por la clase; abandonando el aula uno por uno conforme terminaban.
- Vamos Neville – le susurro a su amigo ayudándole a recoger, pues seguía en shock
- Potter, Longbottom – los llamó el profesor – quedaos un momento.
Dejaron las mochilas sobre la mesa y permanecieron quietos, el profesor no hablo de nuevo hasta pasado un rato de que se fuera el último compañero.
- ¿Estáis bien? – inquirió el profesor manteniendo el tono serio pero menos agresivo, se refería a la clase, de eso estaba seguro Harry
- Bien – dijo Neville débilmente, Harry no dijo nada, simplemente asintió
- Habéis sido muy valientes – reconoció el profesor – y muy sensatos al no reíros, esta clase ha sido especialmente dura para vosotros, pero tenéis que conocer lo que son capaces de hacer los de peor calaña – les sonrío, aunque casi hubiese sido mejor que no lo hiciese – tened, os los habéis ganado – les entregó un libro a cada uno, uno sobre plantas a Neville y otro sobre costumbres de los dragones a Harry – tomadlo como un regalo.
- Pero profesor... – comenzó a objetar Harry
- Os los habéis ganado, y ahora marchaos antes de que lleguéis tarde a clase.
Una vez fuera del aula comenzaron a caminar apresuradamente hacia las mazmorras, les tocaba pociones, Harry esperaba que alguno de sus compañeros hubiese avisado al profesor Snape.
(***)
El 30 de octubre llegó, era el día que estaba previsto llegasen las delegaciones de Durmstrang y Bauxbattons; seguir el cartel que había aparecido en la sala común a principios de semana. Estaban en clase de transformaciones, la profesora estaba molesta porque seguían muchos tomándose las clases como en años anteriores, como un juego.
- Actuando así no conseguiréis superar los TIMOS – les advirtió la profesora
- Pero si los TIMOS son el curso que viene – protestó Ron
- En efecto, señor Weasley; los TIMos son el curso que viene, sin embargo, eso no significa que debamos descuidar por completo su formación – dijo seriamente la profesora – ya deberíais haber comenzado a trabajar duramente, tened en cuenta que quiero una redacción sobre los usos y aplicaciones del hechizo que hemos estado practicando así como de sus riesgos, y por supuesto no aceptare trabajos que tengan una sola hoja de pergamino.
Muchos bufaron molestos, Harry no; le parecía una medida muy lógica, si trabajabas a diario no había problema en alcanzar el nivel requerido.
Terminaron la clase media hora antes, cuando salieron a los terrenos como comité de bienvenida, estaba toda la escuela y todos separados por casas, en formación como comité de bienvenida.
Primero llegaron los de Durmstrang, entre los alumnos de la institución estaba el busador búlgaro, Viktor Krum; al parecer era más joven de lo que se pensaba en realidad la gente. Dejaron su barco atracado cerca del embarcadero del lago.
Poco después, llegaron los de Bauxbattons, en un carruaje tirado por caballos Abraxan, Harry estaba seguro que tenía varios encantamientos que lo hacían tremendamente espacioso en su interior.
Después de que hubiesen llegado los invitados, fueron todos al gran comedor, sentándose en sus respectivas mesas; otras dos mesas se habían añadido al gran comedor, para cada una de las escuelas invitadas, y en la mesa del profesorado, aparte de los profesores y los tres directores, había dos funcionarios del ministerio. Dumbledore se dirigió al atril.
- Señores, da por comenzado el torneo de los tres magos – dijo mostrando un cáliz encantado mágicamente – este es el cáliz de fuego, quien escohe a los ampeones de cada escuela, aquellos que competirán por ver sus nombres gravados en la historia, aquellos que disfrutarán de eterna gloria. Durante esta noche y hasta el final del banquete de mañana, podréis presentar vuestras candidaturas al cáliz. Para asegurarse que no se cuela ningún candidato menor de edad, trazaré una línea de edad alrededor del cáliz.
El discurso de Dumbledore se prolongó durante un rato más, a Harry no le interesaba demasiado, pasaba olímpicamente del torneo, sabía lo suficiente de él como para darse cuenta que no era algo en lo que arriesgarse; demasiado riesgo y poca posibilidad de beneficio. Se marchó a dormir junto con sus compañeros.
(***)
Había pasado varias semanas pensando en aquello que le había contado Stephen; pensando y hablando con él varias veces. Realmente sólo sabían que él de alguna manera debía proteger a los herederos de los fundadores, pero desconocían exactamente de qué, el cómo y el porqué.
Se encontraban en el hospital, siempre que podía, él acudía allí y pasaba el rato con ella; en una ocasión incluso puso como excusa para estar allí el evaluar los protocolos de prevención de infecciones nosocomiales; Natalie consideraba que estaba un poco loco.
- ¿No crees que llama la atención que vengas mucho por aquí? – le preguntó mientras tomaban un café en su despacho
- No quiero que te pase nada, Nat.
- Se cuidarme sola; además, si la leyenda de tu familia es cierta, tienes otras tres personas que encontrar.
- ¿Cómo si fuera fácil?
- Si las cosas tuviesen una solución fácil, en el mundo no habrían dificultades y todos serían felices
- Tiene que haber algún modo; árboles genealógicos o algo – estaba nervioso, tenía miedo de lo que ocurría si no los encontrase.
- Quizá pueda ayudarte con lo del árbol – le dijo tras mirarlo atentamente, seguía conociéndolo bien – quizá allí encuentres algo - añadió con una sonrisa.
- ¿Tu no conoces a nadie?, quiero decir...
- Se lo que quieres decir – sabía bien que Stephen se refería a si ella conocía a algún otro heredero – de la casualidad que conozco a un descendiente, pero se ahí a que sea heredero – dijo ocultando lo que sabía, dando una verdad a medias, no estaba seguro de querer desvelar lo que sospechaba - ¿recuerdas a mi primo?
- Pero tú eres la de Slytherin
- No dije que el fuera un Slytherin
- No comprendo – dijo desorientado
- No espero que lo hagas; sólo que cojas tu colgante mágico y vayamos a visitar a mi primo – le replico en tono seco – tranquilo, no te tocará un pelo de la cabeza – sonrió – al menos mientras yo esté presente.
- Lo que supone un gran consuelo para mí.
(***)
El banquete de Halloween había finalizado; era la hora de ser seleccionados los campeones: por Durmstrang salió Viktor Krum; por Beaxbattons, Fleur Delacour; y por Hogwarts, Cedric Diggory. D repente el cáliz volvió a cambiar de color, de las llamas azules a rojas de nuevo; expulsando un cuarto pergamino – Harry Potter – leyó Dumbledore – señor Potter, cruza la puerta y reúnete con el resto de campeones.
Harry completamente alucinado y asustándose levantó; recorrió el gran comedor hasta salir por la puerta; no comprendía que había ocurrido, él no había puesto el nombre en el cáliz, y no sabía cómo había llegado allí. Poco después llegaron los jueces y los jefes de casa.
- ¿Metiste tu nombre en el cáliz? – interrogó Dumbledore.
- No.
- ¿Le dijiste a alguien mayor que lo hiciese por ti?
- No.
- Está claro que miente – dijo madame Maxime, la directora de Bauxbattons.
- No lo hago; es más mi apellido no es Potter, es Brennan.
- Eso es cierto – aportó el profesor Snape – la magia lo reconoció con tal apellido, y todos sus trabajos y exámenes los firma bajo ese nombre
- El cáliz supone un contrato mágico vinculante, ¿no? – Preguntó Harry, se le había ocurrido como escapar de eso – yo no puse mi nombre, algún otro debió hacerlo; ya ha pasado antes. En el torneo de 1462, celebrando en Durmstrang; un alumno para humillar a un tercero convenció a sus compañeros de que no echasen el nombre en el cáliz y echó el nombre del otro como única candidatura.
- Es cierto – interrumpió Karkarov – el alumno se semetió a un ritual que indicaba si estaba o no vinculados a la elección del cáliz – miro a Harry analizándolo – estas bien informado muchacho
- Aquella ocasión fue algo excepcional – objeto Dumbledore – y el ritual en cuestión es de dudosa legalidad
- Nada que sea una cláusula del torneo es de dudosa legalidad – contraatacó Karkarov – y todos firmamos las clausulas
- Está claro que alguien se ha tomado muchas molestias para que Potter participe – intervino una voz; Alastor Moody estaba en el umbral de la puerta – el cáliz es un objeto mágico poderoso; solo un mago cualificado ha podido hacer esto. Mi teoría, debieron lanzar un poderoso hechizo confundus para hacer creer al cáliz que participaban cuatro escuelas y asegurarse que Harry se presentase como el único de la cuarta escuela.
- ¿Podemos probar el ritual? – inquirió Harry
- Podría ser peligroso, Harry – dijo Dumbledore – y si de verdad estás dispuestas vinculado, tendrás que pagar un precio por desafiar ese vínculo aparte de participar.
- Conozco las consecuencias
- Que así sea – dijo madame Maxime, quien también miraba a Harry con curiosidad
Los directores de Durmstrang y Bauxbattons se dispusieron a realizar el ritual, al negarse Dumbledore, asumió su lugar Ludo Bagman, como representante del ministerio. Se realizó el ritual de verificación. Ninguna luz envolvió a Harry, lo que indicaba que no estaba vinculada al torneo, él no había puesto su nombre y no tenía por qué participar.
Al día siguiente, nada más levantarse, escribió sobre lo ocurrido y mandó la carta; aunque se había demostrado que Harry no puso su nombre en el cáliz y de que alguien lo había hecho para fastidiarlo se extendió por la escuela, aun así, Harry sabía que no dejarían de señalarle ni cuchichear sobre lo ocurrido; le consolaba no tener que participar.
