Ciaossu ~

Hola a todas mis preciosuras, cuando subí el capítulo 24 tenía algo de miedo, pero me emocioné mucho al saber que aún tengo lectores interesados *0* muchas gracias por su fidelidad y lamento mucho tardar tanto en actualizar, el tiempo me es escaso últimamente uff.. si hiciera un fic de lo que me ha pasado últimamente podría sacar un buen drama xD ahora que lo pienso, es una idea interesante e.e

Mary-animeangel: Asi es linda, a nuestro Hibari le cuesta expresarse, pero eso lo hace muy lindo *0*

Faby Hola: A Dino le tocó duro con este alumno, pero nosotras sabemos que él puede manejarlo ;)

Ichiru no Are: Muchas gracias! Esperemos que Hibari no muerda mucho a Dino :( y que Haru entienda lo que Hibari le está intentando decir.

Darkinnocence: DARKI-CHAAAN! Tanto tiempo TwT como estas mi vida? Tenemos que ponernos al día de mucho, que alegría saber que sigues por aquí.

Erikalozano: Aquí está el capítulo linda, lamento si tarde demasiado .

Elena: Muchas gracias a ti por leer, esperemos que Dino siga enseñando a Hibari tan bien como hasta ahora :)

Akari: Muchas gracias! :)

Disfruten el capítulo!


Hay que reconocer que habría sido muy agradable si Hibari la hubiera invitado a cenar con un poco más de tacto, pudo haberle preguntado que día estaba disponible, claro que era obvio que el prefecto no tenía esa clase de delicadezas, con él todo tenía que ser salvaje y a su gusto.

Se sintió un poco ridícula, frente al espejo había una hermosa chica de ojos castaños, resaltados con pequeñas cantidades de suave maquillaje, su cabellera del mismo color recogida en un moño elegante, pero no muy elaborado, un fino collar enrollado a su cuello, y finalmente un vestido azul cubriendo su cuerpo hasta las rodillas. Le había puesto mucha dedicación a su atuendo de esa noche, lo que la hizo pensar que le estaba dando demasiada importancia a su "noche con Hibari". Era estúpido preocuparse tanto, ella no solía preocuparse así, y menos considerando que iría semi-obligada por el ex prefecto.

—Hibari-san pudo haber tenido la consideración de decírle a Haru a qué hora llegaría.

Veinte minutos después, alguien tocó a su puerta, no era necesario ser un adivino para saber quién era.

Abrió la puerta y luego olvidó qué era lo que estaba haciendo. Ahí, frente a ella se encontraba el mismísimo Hibari Kyoya, tan aterrador como siempre.

—Sígueme —ordenó Hibari.

En ese momento, Haru recordó que respirar era un proceso vital, por lo que volvió a hacer que el aire entrara a sus pulmones.

Cerró la puerta y acompañó a Hibari hasta su auto, Haru no sabía mucho de coches, pero a simple vista podía adivinar que aquel carro había costado una fortuna.

—No sabía que Hibari-san tuviera un coche —comentó, siempre lo había visto rondar a pie, o en su motocicleta, con la misma calma amenazadora de siempre.

—Lo compré para la ocasión —contestó Hibari, abriéndole la puerta del copiloto. Gesto que la sorpresa hizo que pasara desapercibido por la mujer.

—¡Hahi! —exclamó Haru—. ¿Cómo gasta esa cantidad de dinero de un día para otro?

—Necesitaba un medio de transporte para trasladarte—fue la simple excusa del guardián—. Ahora sube.

La castaña obedeció en silencio, demasiado sorprendida como para hacer otro comentario en todo el camino. ¿Quién compra un auto así solo para una noche?

En lo que duró el viaje, Haru guardó silencio demasiado nerviosa como para decir algo, de vez en cuando miraba de reojo a Hibari, quien conducía con rostro inexpresivo y a gran velocidad. El traje negro resaltaba la blancura de su piel, su corbata púrpura y su mirada grisácea. Sabía que tenía un sexto sentido tan desarrollado que que era perfectamente capaz de sentir sus ojos sobre él, pero no podía dejar de lanzarle tímidas miradas.

Se dio cuenta tarde que estaban saliendo de la ciudad, ya iban en mitad de la carretera, por un camino muy distinto al que había recorrido con Dino.

—¿A dónde vamos? —preguntó.

—A cenar.

Como si no fuera obvio.

No le quedaba más que confiar en el guardián de la nube Vongola.

Llegaron a un restaurant que quedaba en medio de la nada, un lugar reservado exclusivamente para la mafia.

Hibari tenía reservada una mesa para dos en una zona privada del restaurant, por un momento la escena se tornó algo romántica ante los ojos de Haru, pero rápidamente se deshizo de la idea.

Algunas personas se voltearon al verlos pasar, reconociendo a los miembros de la gran familia Vongola, Hibari pasaba por alto a todas las miradas curiosas, sin si quiera voltear a ver a nadie, y aunque a ella le habría gustado pasar con la misma indiferencia, todos esos ojos sobre ella la hacían sentir incómoda.

El mozo que los atendió los guió hasta una mesa apartada, en una habitación privada, donde solo tenían permitido estar ambos. Fue un alivio salir del blanco de atención de tantas miradas.

Se sentaron y pidieron, luego aguardaron en silencio. Los orbes grisáceos puestos firmemente sobre Haru, ni siquiera las miradas de todas las personas en el comedor principal la hicieron sentir tan nerviosa como lo hacían los ojos de Hibari puestos en ella.

—Hi-Hibari-san, ¿por qué decidió invitar a Haru a cenar? —preguntó de pronto.

—Por culpa del bronco.

—¡Hahi! No entiendo.

—No hagas tantas preguntas.

—Esta bien...

En algún momento de esa noche, mientras sentía la penetrante mirada de Hibari sobre ella, descubrió por qué esa tarde había puesto tanto empeño en su atuendo. Quería que Hibari la viera como algo más que una simple herbívora.

—No quiero que sigas teniendo citas con el bronco —ordenó Hibari.

—Haru no entiende a quién se refiere —repuso ella.

—Cavallone.

—¡Hahi! Pero Haru no tuvo una cita, ella y Dino-san solo fueron a cenar.

—Igual que tú y yo ahora, solo salimos a cenar, pero cualquiera sabe que no se trata de solo salir a cenar.

La castaña se quedó en silencio, intentando entender lo que Hibari le estaba diciendo. Se tardó un par de minutos e hipó al darse cuenta a qué se refería.

—Hibari-san su declaración es bastante fuerte.

—Tú eres de mi propiedad, las reglas dicen que te invite a cenar.

—Hibari-san, Haru ya le dijo que ella no le pertenece. Ella es libre ~desu.

Nuevamente, Haru no estaba entendiendo lo que Hibari quería decirle.

La comida estaba deliciosa, aunque la porción en cada plato era un poco pequeña para el gusto de Hibari, quien en ese momento se encontraba hambriento.

Comieron e intercambiaron otro par de palabras antes de regresar a la mansión.