Capítulo 2.10 La Princesa Oscura del Eclipse Sangriento
Frágil.
Esta joven es considerada uno de los mayores monstruos sobre la faz de la tierra, ella es uno de los poderes más grandes que habitan este planeta y sin embargo todo en este momento se siente tan frágil como su cuerpo da a entender.
Joven es una palabra que sólo describe su estado físico, la edad y sabiduría que ella posee no puede ser medida según los convenios mortales, poca es la diferencia que ella siente entre una década y un siglo.
Cuando la luna se tiñó de rojo primero se vio superada por la sorpresa, después se tomo largo tiempo para pensar en lo que fue, en lo que será e incluso en lo que pudo ser.
Finalmente cansada y con la cabeza dolorida de pensar en círculos sin llegar a nada, subió a la almena más alta del castillo. Para simplemente observar la luna, sin pensar realmente en nada.
Desde lo lejos le llegan aullidos, y la lluvia moja su vestido negro, de una moda pasada hacía ya siglos.
Ella podría refugiarse o podría detener la lluvia con sólo pronunciar unas pocas palabras. Pero no hace nada de eso, la lluvia que cae es un regalo de su sierva y ella siente las gotas cálidas y reconfortantes contra su piel.
También su mirada es frágil, no es la mirada salvaje de un cazador nocturno ni es la mirada llena de sabiduría del oráculo de la luna sangrienta. Es la mirada de un pájaro que sabe que pronto tendrá que volver a su jaula.
Ella es solamente una joven, que no parece superar los catorce inviernos .Su larga melena negra, húmeda por la lluvia, está pegada a un vestido negro, demasiado arcaico para ella.
Desde lo lejos se comienza a escuchar un chirrido metálico. Lentamente, el sonido se va acercando.
Realmente el propietario de esa resonancia podría moverse con absoluto sigilo así pues, ella suele tomarse el molesto ruido como una forma educada de anunciar su presencia.
Finalmente, el caballero negro llega a lo alto del castillo, sin embargo, su ama no desvía su mirada para saludarle. Así pues, él se limita a apoyarse contra la pared y observar la vacua expresión que se ve impresa en su cara, dejando que la lluvia le cubra a su vez.
Verla era a la vez hermoso y triste.
"Lo siento."
Ella gira la cabeza por primera vez hacia su siervo. Uno de los pocos seres aún más viejos que ella. Muchas veces había señalado que no había diferencia entre mirarle a él y mirar a una sombra. A ella se la llamaba la princesa oscura, pero él era incluso más oscuro.
Cabello negro, armadura negra y bajo ella también ropajes oscuros. Parecía joven, pero su rostro es demasiado pasivo, duro e insensible para una persona joven. Esa era la diferencia con su ama, en ella hay aún una chispa de algo, en él no hay nada. También su rostro es oscuro.
Lo único que en él resplandece es la espada Neardark, el auténtico demonio.
Inalterable soporta la mirada, que lo traspasa dolorosamente.
"¿Por qué?"
La voz de ella refleja hastío y a la vez cierta diversión. Como si al mismo tiempo hubiera muchas razones para pedir disculpas pero todas ellas estuvieran igual de fuera de lugar.
El lanza un sonoro suspiro.
"¿Sería "por todo" una buena respuesta?"
"Sería una respuesta propia de ti, al menos."
Ella compone una sonrisa nostálgica, sin darle importancia. Y vuelve su vista hacia el cielo nuevamente.
El silencio se volvió a hacer entre ellos interrumpido tan solo por el sonido de las gotas de lluvia al impactar con el suelo.
"Lo siento, me hubiera gustado poder hacerte libre. Hacerte libre como tú hiciste conmigo."
Su voz es seca y profunda y aun cargada con una tristeza que lo supera no se quiebra.
"Simplemente no fuiste la persona destinada para ello."
La de ella es suave y cargada con una dulzura que pocos conocen.
"Lo siento, me hubiera gustado poder estar contigo hasta el final."
Su rostro no refleja ninguna emoción, sólo sus cansados ojos grises reflejan algo.
"Simplemente no fuiste la persona destinada para ello."
Ella no le mira, sabiendo que no es capaz de ofrecer ningún consuelo.
"Lo siento, me hubiera gustado poder amarte."
Él baja la cabeza. Si alguna emoción cruzó en ese momento su rostro inexpresivo, nadie jamás lo sabrá.
"Simplemente no fuiste la persona destinada para ello."
Ella se encoge, su voz va bajando el tono hasta acabar en un susurro.
La lluvia sigue cayendo sobre ellos, un servicio de la bestia blanca, ayudando a derramar lágrimas por el ama y su caballero, que no son capaces de hacerlo.
Vuelven a dejar que el silencio les cubra. Desde siempre, el silencio ha sido más natural para ellos que las palabras.
"El día está cerca."
Ella se recuesta incomoda en la fría piedra.
"Sí, lo está."
Él sabe que hablar de esto daña a su princesa. Desde hace siglos ha sido un tabú para ellos siquiera pensar en ese día.
"¿Cómo te encuentras?"
Su tono de voz refleja una preocupación sincera y en ella queda sólo un deje de dolor.
"Estoy preparado… Llevo demasiado tiempo preparado. Sé que no saldrá todo tal y como lo deseo, pero incluso eso he llegado a aceptarlo."
"¿Estás en paz, entonces?"
"No, aun no. Pero alcanzaré la paz, de una manera o de otra."
El pálido rostro no es ahora una máscara, no muestra aceptación o resignación. Es algo que el caballero no ha sentido en milenios. La más infantil esperanza de que mañana será un día distinto.
"¿Cómo crees que sea?"
Sólo una vez le había visto ella así, la noche que se conocieron por primera vez. Así pues, continua hablando, deseando que él pueda continuar así la mayor cantidad de tiempo posible.
"¿Quién?"
"El asesino, su amante"
"Tiene que ser alguien paciente, la familia Brunestud requiere mucha paciencia."
La pequeña niña flexiona su mano formando una guerra.
"Parece que quieres que tus últimos días en la tierra estén llenos de dolor, viejo amigo."
La cara del caballero negro no muda su expresión, pero quizás durante un segundo se percibe un brillo en sus ojos.
"En cualquier caso, no puedo hablar de alguien sin conocerlo, pero no me cabe duda alguna de que debe ser una persona pura. Ella no hubiera permitido que una persona impura se le acercase."
"Empiezas a hablar como la serpiente. Un asesino puro ¿Es eso siquiera posible?"
La armadura produce un sonido metálico al encogerse de hombros la figura de negro.
"Se han dado casos. Pero no puedo evitar pensar en lo diferente que debe ser ese chico de nosotros."
"Por supuesto, es poco más que un niño y sólo un humano."
Él lanza un leve suspiro.
"No, no es por eso. Es por como ocurrió todo esto, el chico parece el loco antes de comenzar el viaje, no atado por nada, completamente libre sin saber si el siguiente paso lo aproxima al abismo o le permite alcanzar tierra firme."
"Libre, eh ¿Crees que ella consiguió ser libre? "
¿Por ser diferente de mí? ¿Por ser perfecta?
Esas preguntas no se hicieron en voz alta, pero fueron perfectamente audibles.
"Sí lo era, ya no lo es. Y eso significa que nosotros tampoco lo seremos."
"Si hay algo a lo que no puedo renunciar es eso."
"¿Y qué harás si no, princesa? Yo lucharé por ti aunque mi cuerpo se parta mil veces. También puedes contar que la bestia luchará hasta que no quede una sola piedra más sobre la que luchar. Incluso Fina se alzará, si es por vos, mi señora."
Ella se levanta agitada al fin y comienza a describir pequeños círculos mientras anda. Su furia e impotencia cargan el ambiente mientras el pelo mojado azota constantemente su espalda.
"No, no, no. Sangre y muerte son mis derechos de nacimiento, no es eso lo que necesito que se me entreguéis. No es ese mi deseo."
Sus manos entrelazadas se sujetan con tanta fuerza que sus largas uñas comienzan a hacer pequeños cortes en su piel.
"Yo solo quiero ser libre."
La niña forma una garra con su mano ensangrentada.
"Y si para ello tengo que agachar la cabeza y renunciar a mi nombre y a mi honor, así lo haré ¡Esperaré a que la luna cambie!"
De un solo tajo, la larga melena negra cae al suelo.
Las puntas que surgen del pelo recién cortado, tienen un tenue color dorado.
"Me someteré, y seré solo Altrouge."
La expresión de su señora es de completa dignidad, pero la cara no deja de reflejar una sonrisa triste. El caballero no puede evitar bajar la cabeza.
La frágil mano de la princesa está cubierta por los oscuros cabellos.
"Marchamos, mi siervo. He encontrado un regalo propio del rey."
