¡Cinco capítulos más para el desenlace! Vuestro apoyo está resultando fundamental para sacar adelante esta historia. Con el final tan cerca, tenemos un drabble bastante contemplativo... Plasmar a Loki en esta fase es un verdadero desafío. ¡Dejadme reviews, por favor! Es la única manera de saber cómo lo estoy haciendo.
¡Por cierto! Si tenéis Tumblr, no dejéis de pasaros por el blog en el que estoy colgando muchos fanfics de esta cuenta. Está recién creado, así que de momento no hay gran cosa, pero en el futuro habrá bandas sonoras, desafíos para escribir oneshots y más cosas. La dirección está en mi perfil.
Disclaimer: Thor, sus personajes y ubicaciones no me pertenecen a mí, sino a Marvel y a Disney.
25. Labios
Loki se vio obligado a admitir para sus adentros que no había esperado que Frigga se hiciese cargo de la situación con tanta energía. Desde que la conocía, la reina había ocupado un modesto segundo lugar a la sombra del Padre de Todos, al que reverenciaba como los demás asgardianos, y el jotun siempre dudó que su madre adoptiva pudiese ejercer otra labor que la de acompañar a su todopoderoso rey y hacer bonito en sus fiestas. Craso error el suyo, como ahora comprobaba. La pacífica consorte había comenzado a mover las fichas clave para que su plan se viniese abajo, y por si eso fuera poco, Laufey había vuelto a la carga e insistía en someter Asgard a sangre y fuego. O hielo. Los pormenores poco importaban; lo esencial era que Loki veía cómo el resultado de sus intrigas se venía abajo día tras día. Y lo más alarmante era que notaba que todo aquello le importaba menos de lo que debería. De alguna manera, todo parecía encontrarse en segundo lugar, todo estaba por detrás de Darcy. La midgardiana le resultaba adictiva como una droga, y su mente vagaba por los rincones de su cuerpo durante cada momento que no pasaba en el dormitorio que le había asignado.
Sabía que no era la manera más inteligente de proceder, y en ocasiones se dejaba llevar por la frustración y la rabia, pues era consciente de que su reacción se oponía a lo que pretendía ser, a la venganza que había rumiado durante siglos. Por eso, había días en que irrumpía en el dormitorio de Darcy y la torturaba haciéndoselo duro, como las primeras veces, o exasperantemente lento, o la encendía a base de caricias hasta que se deshacía en gemidos para marcharse después. Cuando la oía aullar de frustración, se sentía un poco mejor consigo mismo.
Aquél era uno de esos días. El rey de Asgard atravesaba el silencioso corredor mientras la trémula noche caía silenciosamente sobre el Reino dorado. A duras penas lograba ocultar la ira que bullía en su interior tras una reunión secreta con Laufey en la que su padre había conseguido ponerle los nervios tan de punta que había pasado varias horas bajo su forma jotun tras la partida de los Gigantes de Escarcha. Honestamente, guardaba mucho rencor a Odín por todo lo que le atañía, pero después de haber iniciado sus negociaciones con la corte de Laufey, empezaba a ponerse en su lugar. Y eso tampoco le gustaba, la verdad.
No se anduvo con preámbulos cuando entró al dormitorio de Darcy y la besó en mitad del espacio libre entre la cama y la bañera de oro. Ella ya nunca oponía resistencia cuando la tocaba; es más, Loki había notado que se lanzaba a sus brazos con una alegría que se le daba muy mal disimular. No es que la joven hubiese perdido un ápice de su proverbial rebeldía, que no dudaba en demostrar cada vez que luchaba para cabalgarle como su amazona o cuando tomaba la delantera, sometiéndole con caricias tan osadas que harían ruborizarse a las damas de Asgard, pero Loki había percibido un cambio sustancial en ella. Tal vez se había enamorado de él. Si así era, al menos, estaban igualados, porque aunque él fuese prisionero de sus deseos, al menos se había salido con la suya.
El monarca ya tenía mucha práctica despojando a la midgardiana de aquellos deliciosos vestidos que enmarcaban sus curvas a la perfección. A pesar de los asuntos que le traían de cabeza desde hacía unas semanas, llevaba un tiempo reservando unos minutos cada mañana a seleccionar personalmente las prendas que las criadas depositaban sobre la cama de Darcy cada mañana. Hallaba un placer etéreo y muy particular en quitarle unas prendas que él mismo había elegido.
Cuando el vestido de color azul cielo yacía sobre el suelo del dormitorio, Loki y Darcy estaban ya en la cama. Él seguía vestido, y besaba con ansia la piel desnuda de la joven, que se deshacía en jadeos. Él separó el rostro del cuerpo de la midgardiana para volver a embeberse de su imagen. Por Odín, qué hermosa era. Todo en Darcy le volvía loco: su piel, sus curvas, sus pestañas, su cabello, sus labios. Sobre todo sus labios. Loki estaba completamente seguro de que no había conocido nada en su larga existencia capaz de atraerle tanto como los labios de Darcy Lewis. Y cada vez que concluía en aquella certeza, una vocecita en su cerebro le advertía de que la pasión a la que la joven le arrastraba sería su perdición.
Pero mientras estaba en el dormitorio con ella, no le importaba.
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