Disclaimer: Los personajes y el maravilloso mundo de Harry Potter pertenecen a la genialidad de J.K. Rowling. Yo solo me adjudico la trama que nace de mi desequilibrio mental y esos deseos locos en donde todos los "y sí…" son posibles. Obviamente no me hago responsable por la inestabilidad y delirios que pueda provocar en los lectores, tendrán que costearse solos su medicación y leer bajo su responsabilidad, mis queridos.

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas…

Capítulo XXV

La cinta de medir de Madame Malkin se enrollaba en la cintura de Hermione con gracia, mientras la vuela pluma apuntaba rápido medidas que la bruja le ordenaba en cuanto obtenía lo que buscaba.

Sirius la observaba divertido entre las perchas de trajes, en donde miraba los diferentes modelos y también aprovechaba de revisar algunas camisas y la nueva colección de corbatas. A él ya le habían tomado las medidas.

–¡Listo, querida! –Anunció Madame Malkin y ayudó a la chica a bajar de la tarima circular en donde estaba –Para finales de enero tendré tres modelos de prueba, y en base a lo que escojas comenzaremos a trabajar en el vestido.

–Eso será fabuloso. –Comentó Hermione agradecida.

El pelinegro al ver que habían terminado se acercó.

–Y lo tuyo, –dijo señalando a Sirius –estará listo a fines de marzo. Puedes venir en las vacaciones a buscarlo y aprovechamos de hacer una prueba por si hay algo para corregir.

El chico envolvió en un abrazo a la alegre mujer y bajó con ella las escaleras circulares hasta el primer piso con Hermione siguiendo sus pasos.

–¿Qué haríamos sin usted, Madame? –Preguntó galante Sirius.

–¡Oh, Sirius Black eres un sinvergüenza! –La voz de la bruja sonó avergonzada al contestar –Yo estoy muy honrada que me hayan pedido diseñar sus trajes para el matrimonio.

Su emoción era auténtica.

–También prepare su túnica, Madame. –Le sugirió Hermione –Debe acompañarnos ese día, usted está invitada.

Madame Malkin casi daba saltitos de felicidad, pero se contuvo al ver que chicos de primero esperaban con sus madres en la entrada.

–Espera mi lechuza con el horario de prueba, querida. –Le recordó a la castaña mientras se despedía de ambos.

Hermione se tomó del brazo de Sirius y salieron al Callejón Diagon que estaba cubierto de nieve. Las familias estaban reunidas en las diversas tiendas comprando las últimas cosas antes del regreso de los chicos a Hogwarts.

–¿Estás seguro que quieres encargarte de las invitaciones? –Preguntó la castaña sonriente.

–Por supuesto, –respondió el pelinegro mirando el paquete de llevaba en su brazo libre –tengo todo lo necesario, además James y Remus quieren ayudar.

Hermione asintió feliz.

–Euphemia se encargará de organizar el resto con la madre de Dorcas. –Comentó la chica más aliviada –¡Son tantas cosas!

–¿A quién se le ocurre casarse en medio de una guerra, con tanto Mortífago por atrapar? –Le preguntó divertido Sirius.

–Sin mencionar al hombre de los tatuajes. –Le siguió el juego Hermione –¡Solo unos dementes lo harían!

Siguieron caminando entre bromas, hasta llegar al Caldero Chorreante por donde salieron a Londres.

3 de enero de 1978. El invierno se hacía presente y los copos de nieve caían sobre ellos, mientras la suave brisa rozaba sus rostros.

Hermione se acercó más a Sirius y continuaron con su camino.

Los días después de Navidad habían sido muy tranquilos y acompañados de sus amigos. Euphemia y Charlotte se habían sumado a la organización del matrimonio, lo que era de gran ayuda, ya que desde Hogwarts no era mucho lo que podían hacer Sirius y Hermione.

Regulus tenía permiso para ir a ver a Dorcas y estaba aprovechando al máximo el tiempo que les quedaba de vacaciones. Solo la chica regresaría al colegio, por lo que ese tiempo se resumía a los períodos que estaría en casa, al menos hasta el final del año escolar.

No tenían muchas noticias de Narcissa, quien según las palabras de Regulus, se esmeraba en representar su papel lo mejor posible, era todo lo que Lucius siempre soñó. Eso mataba un poco cada vez a Gideon que a pesar de estar recuperado, tendría que esperar hasta volver a Hogwarts para ver a la rubia, que solo había contestado una de sus cartas por precaución.

Para Año Nuevo los Potter dieron otra fiesta, pero esta vez Sirius y Hermione solo fueron a saludar después de las doce de la noche, prefirieron tener una cena más íntima y disfrutar de la compañía del otro.

Al día siguiente se dedicaron a ordenar sus baúles para regresar a Hogwarts, les quedaban solo tres días de vacaciones, el sábado a las once de la mañana partía el Expreso desde Kings Cross.

Y por supuesto que Sirius y Hermione comenzaron a adelantar los preparativos del matrimonio tomando las medidas de sus trajes, además de comprar lo que necesitaban en el Callejón Diagon y Londres.

–¿Estás segura que no quieres que te acompañe? –Le preguntó Sirius a la castaña trayéndola de regreso a la realidad.

–No es que no quiera que me acompañes, Sirius. –Aclaró Hermione sonriendo ante el dramatismo que siempre ocupaba –Es solo que ya estabas comprometido con James y no lo quiero armando un espectáculo en mi casa porque lo dejaste otra vez plantado.

–Es solo un partido de Quidditch, se la puede arreglar con Remus y Lily. –Insistió el chico.

–Pero es importante para él. –Dijo finalmente la castaña y terminó por hacer entender al chico que suspiró.

–Es cierto. –Reconoció mirando a su novia.

James estaba nervioso porque se venía el siguiente partido de Quidditch y tenían que ganar para asegurarse una opción de levantar la Copa. Remus, Sirius y Lily lo ayudarían a practicar en el enorme jardín de los Potter.

Y hasta la tarde anterior, Hermione también estaba confirmada para ayudar, pero en la noche recibió una lechuza de Alastor que la esperaría a las cuatro de la tarde en el Ministerio. Eso la sorprendió, se suponía que tendrían reunión de Aurores el viernes por la tarde, solo antes de partir a Hogwarts. Seguro era algo privado.

–Además debes acompañar a Dorcas, será difícil para ella. –Siguió en su plan de convencer a Sirius.

–Los chicos la apoyarán, aunque no sé si se creerán ese cuento de que no recuerda quién es el padre del bebé. –Bufó el pelinegro.

–Menos Lily. –Estuvo de acuerdo Hermione.

–¿Sabes que las chicas me señalarán a mí, verdad? –Preguntó de pronto Sirius algo molesto –Todo lo que implique meterse en la cama de una chica siempre es mi culpa. –Se quejó.

–Pero yo sé la verdad, y no me importa lo que comenten. –Le dijo la castaña sonriendo y dándole apoyo.

Sirius asintió sonriendo.

–¿Han sabido de Marlene y su hermano? –Preguntó la chica y por respuesta recibió una negativa.

–Están encerrados en su mansión, –contó el chico –además tienen a Skeeter tras sus pasos. Y Marlene tiene que estar mordiéndose la lengua y revolcándose en el piso. –Terminó con burla.

–¡Sirius no seas cruel! –Lo regañó Hermione.

–Es verdad, Mione. –Dijo con tono serio el chico –Siempre ha hablado contra los hombres lobo, los trata como lo peor y ahora su hermano es uno.

–No debe estar muy bien. –Le dio la razón la castaña.

Llegaron hasta un parque que estaba a tan solo unas cuadras del Ministerio. Tenía árboles lo suficientemente frondosos para que Sirius pudiera desaparecer. Se puso frente a la castaña y la tomó por los hombros.

–Última oportunidad, Granger. ¿Estás segura que no quieres que me quede? ¿Qué harás… tres horas sola? –Preguntó Sirius luego de mirar su reloj.

La castaña se rio y le dio un gran abrazo.

–Me sentaré a comer algo y cuando falte menos de media hora iré a juntarme con Alastor. No te preocupes, Sirius. Estaré bien. –Prometió la chica poniéndose en puntillas y alcanzando los labios de Sirius.

El chico correspondió el beso con una enorme sonrisa y luego la soltó.

–Te veo en casa para la cena. –Le dijo guiñando mientras caminaba hasta unos árboles y desaparecía.

Hermione sonrió y cruzó la calle hasta donde había tiendas llenas de gente. Escogió la menos atestada y entró. Lo único lamentable es que toda la comida era dulce.

Un Salón de Té.

La chica rodó los ojos, por supuesto que estaría desocupado a esa hora.

Se sentó en una de las mesas cerca de la chimenea y se acomodó hasta que una de las meseras se acercó. Dejó de leer el menú y le prestó atención a la chica.

–Buenas tardes, ¿ya escogió que ordenar? –Preguntó lista para apuntar en su libreta.

–Sí, –respondió con una sonrisa Hermione –quiero un Cappuccino doble y una porción de Brownie.

La mesera asintió con una sonrisa amable y se fue a buscar el pedido.

No tardó ni cinco minutos en llegar con una bandeja y servirle a Hermione que enseguida se lanzó sobre la taza de café. Sintió cuando tras ella alguien se acomodaba en una silla. La mesera se acercó y repitió la misma pregunta que había hecho antes a la chica.

–¿Cuál es la especialidad de la casa? –Preguntó amable una sedosa voz de hombre.

A Hermione se le quedó atascado en la garganta un pedazo de Brownie, por más que lo intentaba no se movía de allí, era como si su garganta se hubiese estrechado por un repentino miedo que la atravesó.

–Por supuesto que una taza de té y una porción de pastel de fresas. –Respondió la chica con gracia.

–Entonces que sea eso. –Contestó el hombre con delicadeza.

La mesera se fue y la silla tras Hermione se movió nuevamente.

La castaña vio cuando el hombre pasó por su lado hasta quedar frente a ella, descorrió la silla libre y se sentó.

–Debí supone que si decía Salón de Té, la especialidad sería . –Comentó con diversión Lord Voldemort mientras se quitaba el elegante sombrero y desabrochaba su trench de color claro, para luego dejar ambas cosas a un lado.

Frotó sus manos rojas por el frío y le sonrió a Hermione que tenía su mano puesta en su varita que se encontraba dentro de su abrigo. El hombre se dio cuenta de esto y negó con la cabeza mientras abría una de las capas del trench y señalaba su varita dentro.

–No he venido a montar un espectáculo, y mucho menos a atacarla, señorita Granger. –Le explicó con sumo cuidado –Solo he venido por una taza de té, y para mi sorpresa me he encontrado con una amiga.

–Yo no soy su amiga, Tom. –Susurró la chica sin soltar su varita, llevándola hasta sus piernas.

Voldemort se vio interrumpido por la mesera que se sorprendió al verlos juntos, pero no preguntó nada y sirvió el pedido al hombre para luego retirarse.

Él llevó hasta sus labios la taza y lo probó con aceptación.

–Es un buen té, aunque sea muggle. –Comentó mientras comenzaba a comer pastel y asentía nuevamente.

Hermione tomó la cuchara que estaba al lado del plato y la giró en dirección a la puerta. También miró con disimulo a los costados, pero no había ningún Mortífago que reconociera o alguien más aparte de las familias que ya estaban cuando entró al Salón.

–He venido solo, no tema. –Aclaró Voldemort bebiendo de su taza.

La castaña elevó una ceja y lo miró incrédula.

–¿En serio? –Preguntó soltando una risa –Estamos a la vuelta del Ministerio, hay Aurores y personal siempre dando vueltas por este sector. No creo que se arriesgue a tanto, ellos podrían…

–Ellos no pueden hacerme nada. –Completó Voldemort recargándose en la silla –Dígame, señorita Granger… ¿Qué cargos tienen en mi contra? –Preguntó sin preocupación –No he hecho nada de lo que aparece en los periódicos, han sido mis hombres, por eso están ellos en Azkaban y no yo.

La castaña tragó pesado y se recargó también en su propia silla. Sentía lágrimas de impotencia en sus ojos. Él decía la verdad, es por eso que Alastor ni el Ministro podían emitir una orden de captura y solo se limitaban a tratar junto a Dumbledore de atraparlo en el campo de batalla de turno, con pruebas. ¿Y mientras tanto? Debilitar sus filas que parecían interminables.

–Es el líder de un movimiento que segrega y que ha matado a cientos de magos y brujas, sin ninguna justificación. –Respondió molesta Hermione.

–En todas partes hay líderes. –Tras su voz calmada se detectaba la sonrisa –Hay causas incomprendidas porque no se ven todas las aristas, se quedan con lo que se dijo.

–O sea que el fin justifica los medios que utiliza. –Aseguró la castaña.

–Pensé que eso no estaba en discusión. –Contestó el hombre para luego terminar su pastel.

Hermione suspiró.

–De todas formas no es prudente, –insistió la chica –hay Aurores que lo han visto en batallas y ataques, yo misma.

–¿Y qué hará? ¿Arrestará a un mago que simplemente está tomando el té con muggles? –Preguntó.

–Podrían verlo y…

–Nadie me verá. –Dijo muy seguro sonriendo a la chica.

–¿Cómo está tan seguro? –Preguntó riendo Hermione.

Voldemort se inclinó sobre la mesa para quedar más cerca de ella.

–Porque están todos en el piso diez, justo a esta hora. –Susurró elevando una ceja al ver el desconcierto de Hermione –Aurores, Jefes de Departamentos, Prensa, todos espectadores, atentos a la votación del Wizengamot.

La chica se quedó en silencio y miró su servilleta buscando alguna conversación que pasó por alto en el Ministerio.

–No me diga que nadie le avisó. –Dijo con falsa angustia Voldemort –Pero si hasta sus amigos los Prewett están presentes, y Alastor también. Este chico Longbottom. ¡Y cómo olvidar a Dumbledore, Jefe Supremo del Tribunal!

La chica negó y boqueó un poco antes de encontrar su voz.

–¿Qué votación? –Ordenó saber.

–Sobre los nacidos muggles y su asistencia a Hogwarts. Se dice que es peligroso por los tiempos que estamos viviendo. –Contestó sin expresión.

–Miente. –Dijo la chica –Esa votación fue suspendida luego que atacara a Dorcas con su séquito de maníacos.

–Es cierto, ¿cómo se encuentra la señorita Meadowes? –Quiso saber con preocupación –Fue realmente una terrible equivocación, pero sus padres fueron muy comprensivos y de gran ayuda con ciertos documentos.

–La mansión se quemó. –Hermione trataba de contener su rabia.

–Pero los registros no, mis hombres los salvaron. –Respondió sonriendo.

La castaña tomó aire, sentía que el espacio se hacía demasiado pequeño. Miró una vez más en todas direcciones, estaba segura que en cualquier momento aparecerían Mortífagos y atacarían. Estaba sola y el lugar se comenzaba a llenar de a poco. No podría defender a las personas. Pero estaban a la vuelta del Ministerio, Alastor llegaría en cualquier momento si algo pasaba, él y los Aurores.

Voldemort le dio unos segundos y continuó.

–¿Usted sabe por qué no le avisaron de la votación? –Preguntó curioso.

–No pertenezco al Wizengamot, no tengo nada qué hacer ahí. –Dijo ella con voz entrecortada evitando la mirada profunda del hombre –Además, si están votando es para defender los intereses comunes y el bienestar de las personas que podrían verse afectadas.

Voldemort negó y la seguía desconcertando.

–No confíe en los políticos, Hermione. –Susurró muy lento y sin gota de burla –Mienten, pero no seré yo quien le dé esa lección tan básica, tendrá que aprenderla por sí misma.

La castaña se tomó su café que ya estaba frío de un trago y no soltó la taza que cada vez presionaba con más fuerza.

–Tiene gente en el Ministerio, de otra forma no lo sabría. –Escupió prácticamente la chica.

Otra negación de Voldemort.

–Mis hombres escuchan cosas. –Respondió.

Hermione estaba nerviosa y necesitaba salir de allí. Tenía que ir al Ministerio para saber si lo que estaba diciendo Voldemort era verdad.

De pronto se rio de ella misma, cómo podía confiar en ese demente.

–¿Lo va a terminar? –Preguntó el hombre señalando el Brownie que estaba casi intacto, ella negó y él lo tomó.

La chica esperó a que acabara de comer. Estaba confundida.

–Le diré por qué no le avisaron sobre la votación en el Wizengamot y por qué de a poco la querrán ir dejando fuera de todas las decisiones importantes, de las cuales usted será solo un títere. –Le dijo mientras juntaba sus manos –Usted, es un peligro.

Hermione se tomó un momento para procesar lo que dijo y luego se rio en su cara negando. Ella era un peligro, lo decía el hombre que tenía aterrorizado a medio mundo mágico.

–Por favor, no tome lo que le acabo de decir a la ligera. –Pidió Voldemort –Sé que quizá no soy el indicado, pero usted se está volviendo un peligro para el Ministerio y para Albus Dumbledore. –Hizo una pausa para mirarla fijamente –Llegó como una salvación, una especie de heroína de las que tienen los muggles, pero poco a poco comenzó a ganar terreno, demostrar su conocimiento y la última vez que nos enfrentamos quedó claro lo peligrosa que puede ser, una temeraria.

–Hice lo que debía hacer. –Se defendió ella.

–Miente, hizo más. –La contradijo –Conozco su secreto, Hermione Granger, así como usted conoce el mío.

–¿Y por qué no me mata de una vez, qué espera Tom Ryddle? –Preguntó la chica con el pulso acelerado.

Voldemort sonrió y le hizo un gesto a la camarera que se acercó. Le pidió la cuenta y mientras la chica iba con el recibo, sacó de su bolsillo dinero.

–¿Dinero muggle? ¿Es una broma? –Dijo la castaña con asombro.

–Lo tomé de alguien que digamos, no lo iba a necesitar. –Contestó encogiéndose de hombros.

Pagó a la mesera y se paró para abrigarse mientras miraba a Hermione.

–Si me permite… –dijo mirando su reloj de bolsillo –me gustaría invitarla a dar un paseo, será algo breve.

–Me lo pregunta como si tuviera opción. –Contestó la castaña siguiéndolo a la salida.

Hermione iba tras Voldemort, pensando cuánto le tardaría al hombre alcanzarla con una maldición si se le ocurría huir.

Miró como desquiciada en todas direcciones, no había rastro de Aurores ni personal del Ministerio, nadie que conociera. Tampoco había Mortífagos escondidos.

–Nadie me acompaña, no se preocupe. –Le dijo Voldemort en cuanto entraron en un callejón continuo.

–No creo que esté solo. –Respondió la chica alerta –De seguro la perra fiel está escondida en alguna parte. –Comentó con sorna.

–¡Oh, no! Bellatrix insistió en acompañarme cuando le dije que saldría, pero le expliqué que era privado y ella comprendió. –Contestó tendiendo su brazo a la chica –Y por favor no se refiera a ella de esa forma, son casi familia.

Hermione pensó que estaba loca por no correr, pero algo le decía que tenía que seguirle el juego a Voldemort. Armándose de valor tomó su brazo y desaparecieron.

La castaña chocó contra una muralla de la cual salió una nube espesa de polvo. Había olor a humedad y apenas entraba la luz. Se aparecieron en un pasillo angosto de alguna casa o edificio muy antiguo y en mal estado.

¿Dónde la había llevado?

–Seguimos en Londres, –comenzó a hablar Voldemort mientras caminaba –estamos en el Orfanato de Wool. Pensé de hecho en ir primero a Little Harrington, pero supongo que conoce el lugar muy bien y no hay nada curioso allí, por supuesto luego de saquear la casa Gaunt.

–No soy una ladrona. –Se defendió siguiéndolo.

Quedaron frente a una puerta con el número 27 grabado en números oxidados. Voldemort empujó suavemente la puerta que soltó un sonido chirriante y la invitó a pasar.

Hermione entró y vio a su izquierda un viejo armario, más al fondo una cama individual sobre la cual había una pequeña ventana y a la derecha un escritorio. Todo estaba cubierto por una espesa capa de polvo, el lugar además era muy pequeño.

–Nací en este horrible lugar. –Comentó Voldemort entrando y sentándose en la pequeña cama –Es la primera vez que lo visito en mucho tiempo, pero necesitaba algo privado.

La castaña asintió y se sentó en la silla del escritorio quedando frente a él.

–¿Qué quiere de mí? –Preguntó directamente.

–Todo lo que tiene para ofrecer, por supuesto. –Respondió como si fuese lo más obvio del mundo.

–Quizá me subestima. –Se permitió bromear Hermione.

Voldemort soltó una risa y asintió.

–Desconozco su historia, Hermione Granger. Lo único que sé es que usted conoce el secreto de mis Horrocruxes, que robó dos de ellos y destruyó uno de los más importantes. –Habló con seriedad y luego agregó curioso –Sabe mi secreto mejor guardado y estoy seguro que más. Conoce la historia de mi familia y por alguna razón está obsesionada con destruirme. –Aseguró sonriendo –Unió fuerzas con Dumbledore y Moody para lograr su objetivo y no escatima en esfuerzos, no le importa lo que esté obligada a hacer para conseguir sus objetivos. Y hace unos días cuando luchamos en la mansión Lestrange, comprendí todo esto, sumado a la visión de Sirius Black. –Continuó triunfal –Y fue cuando entendí que no era solo una bruja con mucho talento que quería escalar en el Ministerio, no… no existen registros suyos, no tiene pasado, pero sí tiene futuro… porque usted Hermione, no es de esta época. –Se inclinó hacia adelante apoyándose en sus rodillas –¿Qué es lo que busca evitar? ¿Qué hice tan bien o tan mal que busca mi destrucción? ¿De dónde viene, Hermione?

La pregunta no la tomó de sorpresa como pensó en algún minuto después de darse cuenta de los errores que había cometido esa noche en la mansión Lestrange. Ella lo dijo, Voldemort no era un estúpido y ahora todos eran vulnerables.

–Es mi secreto. –Susurró en dirección al hombre que sonrió.

–No esperaba que me lo dijera, tampoco lo necesito… es algo que sé. –Comentó interesado –Solo me causan curiosidad los detalles.

Se produjo un pequeño instante de silencio que no era incómodo.

–Llevaban la ventaja. –Dijo de pronto Voldemort –Creo que Dumbledore no esperaba que matara el Horrocrux, solo llevó el Colmillo de Basilisco y a su Fénix por precaución, pero usted actuó sin pensar en las consecuencias. En ese instante se volvió peligrosa. –Analizó en voz alta –Ya no tienen ventaja, solo les queda esperar al siguiente movimiento. Es por eso que no le avisaron de la votación, su conocimiento los deja vulnerables. Jugar con el tiempo es peligroso y un arte oscura.

–Solo está haciendo conjeturas infundadas. –Respondió Hermione presionando fuerte su varita.

–Y que al parecer no le parecen del todo erradas, por su expresión. –Continuó el hombre –No pondría en duda que comiencen a apartarla, por supuesto que la aprecian, pero hay cosas en las que será mejor que no participe.

La castaña se quedó seria.

Voldemort en ningún momento había tratado de entrar en su mente, al parecer sí estaba completamente solo, y lo peor de todo… las cosas que decía estaban tomando sentido, lo cual era preocupante. En tiempos de guerra lo peor era desconfiar de las personas que luchan a tu lado, que pertenecen a tu bando, y él estaba logrando hacerla dudar de muchas cosas, no solo por lo que decía, si no por lo que veía que pasaba.

–Dumbledore es el mejor mago de la historia y Moody un Auror excepcional, no soy peligro alguno para ellos. –Trató de darle la vuelta a la conversación Hermione.

–No a ellos, a la institución. –Explicó Voldemort –No todos tienen la determinación para hacer lo correcto a cualquier costo.

–Y todos estamos en lo correcto según nuestro propio punto de vista. –Dijo ella controlando sus lágrimas –Por eso vino solo y no me ha atacado, ya no represento un peligro para usted. –Soltó con nerviosismo.

–Finalmente lo entiende. –La felicitó Voldemort –No quiero lastimarla, olvide lo que dije de las segundas oportunidades hace un tiempo. Quiero que comparta su conocimiento y poder conmigo, haríamos grandes cosas. No la veo como una enemiga a la que se debe destruir, es una aliada.

La castaña negó fervientemente.

–¡No soy una traidora, Voldemort! Y usted está equivocado. –Le gritó furiosa.

Él sin perder la calma asintió para la sorpresa de Hermione que tenía ganas de vomitar.

–Tranquila, Hermione. –Le pidió –No la lastimaré a usted ni a Sirius. –Prometió –Entiendo que no quiera ver las cosas como realmente son y esperaré a que se dé cuenta por sí misma. Luego tendrá que tomar una decisión, sea cual sea.

–Por supuesto que no tocará a Sirius. –Respondió controlándose.

–Vino por él. –Dijo Voldemort poniéndose en pie.

Se acercó hasta la chica y miró su reloj.

–¿Sabe que puedo crear más Horrocruxes, verdad? –Preguntó de pronto.

–Los buscaría hasta en el fin del mundo para destruirlos, no se preocupe. –Contestó poniéndose a su altura.

El hombre sonrió.

–Atacaremos muggles, todo cortesía de los padres de su amiga Dorcas. –Le informó.

La castaña abrió sus ojos y negó.

–Los protegeremos. –Aseguró.

–No puedo decirle la fecha exacta, aunque sí el lugar. Será en Londres. –Dijo con seriedad –Y en ese momento verá que esto ya no es sobre humanidad, es política. Finalmente todos quieren poder. Yo busco solamente lo que nos pertenece.

–No somos superiores. Yo soy una sangre sucia, Lord Voldemort. –Susurró Hermione.

–Una en mil. No se compare. –Pidió y tendió su brazo a la chica –Por favor extienda mis felicitaciones a Sirius por el compromiso.

Se aferró a él y aparecieron en el mismo lugar donde se encontraron.

Voldemort le dio una sonrisa antes de desaparecer del callejón.

Hermione miró en todas direcciones. Luego corrió hasta el Ministerio.

Estaba más vacío que de costumbre y vio unos cuantos magos y brujas del Wizengamot.

Fue directo hasta el despacho de Alastor decidida a contarle todo. Le costaría un enorme regaño por parte de su jefe.

Se acercó con cuidado al sentir unos gritos y en vez de tocar se quedó pegada a la puerta.

–¡No estoy de acuerdo, Albus! ¡Granger es una de mis mejores Auror! –Le reprochó su Jefe al Director.

–Está decidido, Alastor. –Contestó sin espacio a réplicas Dumbledore –Es peligroso que la señorita Granger regrese a Hogwarts, no solo para ella, lo es para todos.

Hermione sintió un ruido parecido a cuando alguien patea un mueble.

–¡Al menos le debiste decir antes, y el por qué también! –Siguió quejándose el Jefe de Aurores.

–Ella lo entenderá, Alastor. –Fue la escueta respuesta que recibió.

–¿Entenderá que la estás apartando, Albus? –Preguntó con ironía Moody.

Hermione no aguantó más y de un golpe empujó la puerta para poder entrar al despacho.

Tanto Dumbledore como Moody la miraron sorprendidos.

–¿Cómo es eso que no regreso a Hogwarts, Director? ¿Qué me están ocultando? –Ordenó saber la chica con su rostro inexpresivo.

Alastor con su sutileza habitual la arrastró hasta una silla y la obligó a sentarse.

–El Ministro Minchum necesitará protección extra por algunas medidas recientes y la mejor solución es que usted al ser una de las Aurores más capacitadas del equipo de Alastor, ocupe un cargo al lado del Ministro. –Explicó el Director muy serio.

–¿No se supone que eso lo decida Alastor? –Preguntó incrédula mientras miraba a su Jefe que le devolvía una mirada triste.

–Serás Asistente del Ministro, Granger. –Moody trató de sonar animado, pero falló terriblemente –Tienes buen desempeño y recomendaciones, era obvio que escalarías rápido.

La chica negó.

–Esto no fue idea tuya, Alastor, no me mientas. –Le pidió con la voz quebrada y miró al Director que seguía rígido y serio –Es la mejor opción para dejarme fuera de todo.

Dumbledore entendiendo que la chica no era idiota y que había alcanzado a escuchar la conversación, asintió.

–Es peligroso que esté al tanto de todo, será solo por un tiempo. –Explicó –Ahora será un objetivo para Voldemort y lo mejor es que se mantenga al margen. Sigue siendo Auror, pero desde este minuto responde directamente al Ministro de Magia como su Asistente.

Hermione se tragó las lágrimas y asintió.

Moody la miró detenidamente y sacudió su hombro.

–¿Dónde andabas, Granger? Estás toda sucia. –Preguntó preocupado.

–Fui por unos materiales que necesitaba para unas pociones de Sirius. –Mintió –El lugar era un chiquero.

Dumbledore la miró sin creerle mientras Alastor asentía aún triste porque sacarían a Hermione de su equipo.

–Te prometo que no será por mucho tiempo. –Se comprometió Moody con la chica –Buscaré una forma de traerte de regreso conmigo y los chicos.

El Director le dio una mirada severa a Alastor que acostumbraba meterse en líos y hacer lo que se le daba la gana.

–¿Hubo algo en el Wizengamot? –Preguntó de pronto Hermione señalando el atuendo de Dumbledore.

El Director asintió.

–Se votó la ley de ingreso de nacidos muggles a Hogwarts, por supuesto que fue a favor por gran mayoría. No les cerraremos las puertas, menos en este momento. –Respondió el hombre.

La castaña asintió.

–Los archivos que entregó la madre de Dorcas… –Dijo como recordando de pronto –¿Qué pasa con eso? Voldemort atacará.

–También se habló y pondremos toda la seguridad posible, incluso se moverán familias si es necesario. Señorita Granger, entienda que esto no es personal, es por el bien de todos. –Pidió Dumbledore suavizando su gesto y dándole una sonrisa –Convertirla en una heroína significa sacrificarla, y muchas veces lo que deseamos con más fuerza no es lo que necesitamos.

Por el bien mayor, pensó Hermione.

La chica asintió y se despidió de ambos.

–El lunes comienzas con el Ministro, ahora puedes ir a descansar. –Ordenó Alastor.

La castaña salió rauda y de camino escuchó a algunas secretarias comentando la votación del Wizengamot. Todos habían estado presentes.

¿Se había convertido en una amenaza realmente?

Tomó la red flu para volver y cruzó en segundos la chimenea de su casa.

Estaba vacía.

Subió a darse una ducha y ponerse el pijama, a pesar que eran recién las cinco de la tarde. Estaba cansada.

Preparó de forma monótona algo para comer, cuando Sirius regresara seguro tendría hambre. Luego volvió a su habitación y comenzó a desempacar su baúl y ordenar su ropa en el armario.

–¿Mione, qué haces?

Hermione se sobresaltó y la ropa que estaba ordenando se resbaló entre sus manos. No había escuchado a Sirius llegar.

–No te escuché, lo siento. –Dijo lo primero que se le vino a la mente.

–¿Estás llorando? –Preguntó el chico acercándose.

La castaña se alejó y se recostó en la cama, mientras Sirius la seguía y se sentaba a su lado.

–Viste mis recuerdos, Sirius. –Comenzó a hablar torpemente, no se había dado cuenta que estuvo llorando –Estabas tan triste, y a pesar de la destrucción y dolor en todas partes, nos amábamos y teníamos esperanza. Pero no podíamos ser felices con todo el peso que cargábamos, todos a quienes amábamos o nos importaban estaban rodeados de tristeza y pérdida. No teníamos futuro y me convenció la idea de que si hacía este viaje, si interfería en el tiempo, todo sería diferente. –Le explicó al pelinegro que tocó su frente pensando que quizá tenía fiebre y deliraba –¿Qué tal si me equivoqué, Sirius? ¿Y si hubiésemos tratado de ser felices solos, lejos de todo?

Sirius se dejó caer en el piso, al lado de la cama para poder quedar a la misma altura de Hermione y secó una lágrima solitaria que caía por su mejilla.

–La felicidad no es completa si no se comparte. –Respondió algo confundido –¿Qué pasó, Mione? ¿Qué es tan terrible para que estés cuestionando todo?

La castaña miró a los profundos ojos grises de Sirius y aguantó las náuseas que sentía subiendo por su garganta.

–Estuve con Voldemort.

Se lo soltó tan calmada que el pelinegro no reaccionó de inmediato. La miró sin entender.

–Cuando te fuiste, crucé a comer algo y llegó a mi mesa, estaba esperando. –Completó Hermione la frase inicial.

Sirius se paró con rabia y se sentó en la cama.

–¡Maldita sea, Hermione! ¡Te dije que debía quedarme! No son tiempos para andar solos. –Gritó molesto.

–¿Cómo esperabas que lo supiera? –Preguntó la castaña de vuelta y sentándose en la cama también.

–Porque destruiste una maldita parte de su alma, era obvio que se acercaría. –Recriminó el chico calmándose un poco y tirando su cabello –No estoy molesto contigo, es solo… ¿Y si te hubiese hecho algo? Espera… –la miró serio –¿te hizo algo? ¿Te hechizó acaso y llegaron los Aurores? Mione, no me malentiendas, pero… te ves bien y no estamos hablando de que te juntaste con un jugador de Quidditch a una reunión social, hablamos de Voldemort.

Hermione suspiró y dejó que Sirius viera todo lo que había ocurrido en sus recuerdos de ese día, no tenía ganas de contarlo porque seguro terminaba vomitando.

Pasó al menos una hora luego de que Sirius terminara de ver todo y asegurarse tras unos hechizos de que Voldemort no la había hechizado. Comenzó a pasearse por la habitación sin decir nada, tenía unas ganas horribles de transformarse en Padfoot para pensar con claridad, pero no podía dejar a Hermione sola, menos en ese momento.

Finalmente dio un golpe en el baúl vacío de la castaña y suspiró. Se recostó contra el respaldo de la cama y arrastró a la chica hasta su regazo.

–Mione, por lo que más quieras… no le creas a Voldemort. –Pidió con calma Sirius.

–Viste lo que pasó en el Ministerio. ¿Y si es verdad, Sirius? –Preguntó asustada.

El chico asintió.

–Aun cuando sea verdad, no le creas. Si lo haces vas a romper todo lazo de confianza que tengas y eso te volverá débil y quedarás sola. Podemos confiar en tan pocos, no te apartes. –Continuó Sirius con tranquilidad –Pero mantente alerta, si vas descubriendo algo que no está bien, podrás actuar, pero en base a lo que sabes y viste, no a lo que te dijeron.

Hermione asintió.

–Te lo prometo, Sirius. –Se comprometió Hermione.

–Estaré contigo, pase lo que pase y tomes la decisión que tomes. –Le prometió el pelinegro de vuelta.

Sirius suspiro y cerró sus ojos con el entrecejo fruncido.

–Entiendo lo que dice Dumbledore, hasta cierto punto te está protegiendo, pero no tiene derecho a hacerte a un lado. Eres tú la que hizo el viaje, bajo sus órdenes. –Se quejó repentinamente molesto.

–Hogwarts me daba algo de privacidad, ahora estaré en el Ministerio en el ojo público. No sé qué es lo que quiere Dumbledore con todo esto. –Lo secundó Hermione.

El pelinegro dejó un beso en la frente de su castaña y sonrió con tristeza.

–Al menos te veré en los periódicos, eso es seguro. –Trató de bromear.

–No me escaparé de la cámara de Skeeter, así me verás seguido. –Dijo Hermione con una sonrisa triste.

Un ruido en el primer piso los sacó de la conversación, pero enseguida supieron de quién se trataba.

–¡Sirius, Hermione!

Regulus entró corriendo a la habitación y respiró con tranquilidad en cuanto vio a la chica a salvo en los brazos de Sirius.

–¡Por Merlín, estás bien! –Exclamó el chico lanzándose sobre ambos en la cama.

Eso hizo explotar a Sirius.

–¿Sabías que el loco de tu jefe la estaba persiguiendo?

–¡No es mi jefe, Sirius! Y por supuesto que no sabía, te lo habría dicho. Me acabo de enterar. –Respondió molesto Regulus.

–¡Cálmense! –Ordenó la castaña –Explícate Reg.

El chico bufó.

–Muy temprano fui con Dorcas y su madre estaba hablando con Dumbledore en el despacho por la votación del Wizengamot, así que cuando iban de salida nos ofrecimos para venir a buscarte, escuchamos que era público. –Comenzó a contar Reg recargado sobre Sirius que a ratos se quejaba –Dorcas se ganó un regaño por escuchar tras las puertas y Dumbledore dijo que ya estabas al tanto y no nos dejaron venir.

Sirius y Hermione se miraron y lo incitaron a seguir.

–Me pareció sospechoso, así que me fui diciendo que tenía un almuerzo con mis padres y vine a buscarte pero Dobby me contó que habían ido a Madame Malkin. –Continuó apresurado –Fui al Callejón Diagon y entré a comprar una corbata con Madame y no estaban. –Dijo frustrado –Así que volví casa y recibí una lechuza de Bellatrix que estaba como loca.

–Ella está loca. –Dijo Hermione rodando los ojos.

–Me contó que Voldemort había salido y no le había permitido acompañarlo, quería saber si yo sabía algo. Le dije que no y me quedé con ella que tenía vuelta loca a la pobre Narcissa. –Hizo una pausa –A eso de las cuatro llegó Lord Voldemort y me llamó a la biblioteca, me contó que se había juntado contigo en un Salón de Té y había tenido el primer acercamiento. También me pidió hablar con mis padres para que acepten el matrimonio de ustedes y que seamos una familia nuevamente. –Terminó de contar lo que ni él se creía.

Sirius abrió la boca y la volvió a cerrar.

–¿Familia? ¿Es decir que tus padres me consideren una Black legítima aun siendo nacida de muggles? –Preguntó Hermione y Reg asintió.

–¡No necesito el permiso de Walburga ni Orion para casarme! –Gritó Sirius y se calmó con la mirada de la castaña –¡No! No permitiré que se te acerquen.

–¡Por favor déjame ver lo que pasó, Granger! –Pidió Reg y la castaña lo dejó.

Cuando Regulus terminó los tres estaban tirados en el suelo pensando.

–¿Te das cuenta, Granger? Lograste destruir por completo el árbol genealógico de los Black. –Bromeó Reg y lo primero que sintió fue a Sirius sobre él haciéndole una llave en el brazo.

–¡Sirius, déjalo! –Ordenó Hermione lanzándose sobre ambos forcejeando.

–¡Ni de broma, Reg! –Dijo Sirius molesto –¿Te das cuenta que Voldemort ya se acercó a Hermione? ¡Fue capaz! Eso quiere decir que es capaz de lanzar a nuestros padres sobre ella, y eso significa también a Bellatrix cerca. ¡No los quiero ni a un metro de mi futura esposa! ¡Maldita sea, vuelvo en tres días a Hogwarts! –Terminó su monólogo de desesperación aflojando el agarre en su hermano.

–¡Maldito perro maníaco, Sirius! –Gritó Reg en cuanto recuperó el aire y le dio un golpe con el codo en el estómago –¡Eso te lo mereces, me dolió!

–¡Suéltense ambos! –Pidió Hermione molesta –Sirius, no es culpa de Reg, y Reg… solo no lo provoques.

–No volveré a Hogwarts. –Anunció Sirius decidido –No dejaré a mi chica sola.

–¡Sirius Orion Black! –Explotó Hermione, era su turno, había tenido un día de locos y no lo seguirían arruinando los hermanos Black –Volverás a Hogwarts, yo estaré bien y cuando te gradúes nos casaremos.

–No estaré tranquilo. –Siguió con insistencia el pelinegro.

Reg bufó en la alfombra y lo empujó en busca de aire.

–Yo la cuidaré, te lo prometo. Y tú Sirius, debes volver a Hogwarts y cuidar a Dorcas. –Pidió a su hermano y le tendió la mano –¿Promesa Black?

Sirius lo pensó un momento y asintió estrechando la mano de su hermano.

–Promesa Black.

Hermione los abrazó a ambos y dejó caer todo su peso sobre los chicos que se quejaron.

–A Voldemort lo tiene fascinado que hayas viajado en el tiempo. –Comentó Reg divertido –Solo lo ha comentado conmigo, no quiere que nadie sepa, al parecer te quiere de mascota.

–Y por otro lado tenemos a Dumbledore siendo recatado, después que él la manda. –Lo coartó Sirius.

–¿Se pueden callar? Deberíamos tener más cuidado cuando hablamos estos temas. –Agregó Hermione con la cabeza apoyada en el hombro de Sirius.

Los tres comenzaron a reír, no sabían si era de estrés por lo que había pasado y lo que se les venía encima o si porque realmente y de alguna forma muy retorcida todo era gracioso.

Se desenredaron como pudieron y volvieron a la cama.

Sirius le daba consejos a Hermione sobre qué tener en cuenta si sus padres intentaban acercarse entre las risas de la chica, ya que los dejaba como verdaderos demonios. Reg en cambio se dedicaba a tocar todo lo que veía, y en eso estaba cuando encontró una pequeña caja de madera y la abrió. Dentro tenía un objeto plateado que el chico le señaló a la castaña.

–¿Qué es, Granger? –Preguntó sosteniendo el Desiluminador que Dumbledore le había dado en su antigua realidad a estas alturas.

Tanto Sirius como la chica se paralizaron.

–¡No lo presiones, Reg! –Gritó Hermione asustada.

Pero como todo que le decía a los Black, una vez más no la escuchó y presionó el objeto. Sirius cubrió con su cuerpo a la castaña esperando que algo terrible pasara; Hermione se aferró a Sirius pensando que sería apartada de él tan pronto; mientras que Reg los miró con una mueca.

Las luces de la habitación fueron absorbidas por el objeto y quedaron a oscuras.

–¿Apaga luces? –Preguntó decepcionado Regulus presionando una vez más –¿Y también las prende? –Siguió hablando mientras la habitación se iluminaba otra vez.

Sirius y Hermione se soltaron y respiraron aliviados.

–¡No vuelvas a tocar las cosas de Hermione sin su permiso! –Reprendió Sirius a su hermano y le arrebató de las manos el Desiluminador.

En cuanto tocó el pequeño objeto, quemó su piel. El pelinegro lo soltó asustado por lo repentino y lo lanzó a la cama. La castaña lo atrapó en el aire y seguía tan frío como siempre.

–Está hirviendo esa cosa, Mione. –Le advirtió y la chica lo miró extrañada.

–Se siente frío. –Lo contradijo mientras tomaba la caja que Reg le tendía y lo guardaba otra vez, a salvo bajo muchos hechizos.

Regulus se sentó al lado de su hermano y lo miró curioso.

–¿Qué es esa cosa? ¿Por qué se asustaron tanto cuando lo toqué? Y más fundamental aún… ¿Por qué te quema y a nosotros no? –Finalizó señalándose a él y Hermione.

Con un suspiro la castaña le contó que el Desiluminador se suponía la iba a regresar al futuro, Dumbledore se lo había dado.

–Cuando lo presionaste pensé que… pasaría algo y regresaría. Pero no entiendo por qué no pasó nada, Dumbledore dijo que sería llegado el momento y que lo sabría, aunque es extraño. –Analizó la chica con el ceño muy fruncido.

–¿Por qué me quemó? –Quiso saber Sirius.

–Esa cosa tiene magia muy oscura, lo sentí en cuanto toqué la caja. –Le respondió a Sirius –Quizá pueda ser la razón o tal vez no, porque a Granger y a mí no nos hizo nada. Deberías preguntarle a Dumbledore, Hermione. –Opinó el chico serio.

–Ni siquiera lo ha inventado, no sabrá. –Razonó con calma Hermione.

–Puede tener alguna noción de qué sea… –Sugirió Sirius acariciando su palma que se había puesto roja.

La castaña se acercó a él con una sonrisa y le iba a hacer una broma cuando sintieron unos pasos apresurados subiendo la escalera.

Miraron los tres en dirección a la puerta y vieron a la sonriente Dorcas con un plato lleno de pastelitos.

–Preparamos pastelitos con mamá, te los vine a dejar Hermione, –les contó la chica a forma de saludo –y creí escuchar la dulce voz de mi Reg.

Le tendió el plato a Sirius que los aceptó agradecido y se lanzó sobre Reg.

Hermione sonrió y separó en cuanto pudo a Dorcas de su ahora novio.

–Cuéntame cómo te fue con los chicos. –Pidió, ya que no habían hablado de nada más con Sirius.

Dorcas se lanzó agotada sobre la cama y suspiró. Dobby que recién llegaba también se unió a escuchar la conversación.

–James y Remus me apoyan en todo y se pusieron felices al saber que tendré un hijo, también me dijeron que me defenderán. –Comenzó contando muy entusiasmada –Lily y Alice fueron otra historia, me apoyan pero no creen ni por un segundo que no sé quién es el padre. –Siguió con el entrecejo fruncido –Y como siempre Sirius salvó la situación y les dijo que me dejaran en paz. Todo habría quedado ahí si no fuese porque llegó Marlene en su intento por aproximarse y hacerse la víctima por su situación, –dijo Dorcas haciendo una mueca –y al parecer se molestó por no ser el centro de la conversación y dijo que yo era una maldita prostituta, y que seguramente el padre es Sirius, por ende te engaña y te lo mereces por bruja maldita.

Hermione se puso roja y se controló.

–Marlene no decepciona. –Masculló.

Reg rodó los ojos.

–McKinnon es una insoportable, ahora andará por ahí esparciendo el rumor. –Se quejó Reg con Sirius –Greyback debió morderla a ella.

–Podría hacerle algo si me lo piden. –Ofreció Dobby mientras se iba a su habitación con algunos pastelitos.

Sirius y Dorcas se rieron, mientras Hermione los miraba severa a todos.

–Lo que importa es que nosotros conocemos la verdad. –Dijo muy segura la castaña y todos asintieron con una enrome sonrisa.

Conversaron solo un poco más y Reg se fue con Dorcas para dejarla en casa de sus padres antes de volver a Grimmauld Place.

Sirius y Hermione se acostaron en cuanto los chicos se fueron.

–¿Hablarás con Dumbledore? –Preguntó el pelinegro.

–Sí, no pierdo nada. Te avisaré cuando vaya de visita a Hogwarts. –Respondió recuperando su alegría habitual Hermione.

El resto de los días los disfrutaron al máximo saliendo a Londres de paseo solos y también con sus amigos.

Cuando llegó el sábado, ambos sentían que el tiempo había sido demasiado corto, pero tenían la certeza que antes de lo que imaginaban estarían juntos otra vez.

Hermione acompañó a Sirius al andén que estaba completamente custodiado. Lily, Alice y Remus estaban tristes porque no la tendrían en el taller de Duelo.

–Ya no podré ayudar a Sirius a meterse en tu habitación. –Se lamentó James riendo. Hermione le iba a responder cuando el chico soltó un grito y salió corriendo –¡Peter!

Todos fueron al encuentro de Pettigrew, menos Sirius que le dio una mirada furiosa.

–Ten cuidado. –Le pidió Hermione notando lo tenso que se había puesto.

–Me iré con Dorcas, Lily y Alice en un compartimiento aparte. –La calmó el pelinegro.

Hermione le dio un gran abrazo a Dorcas y le pidió que se cuidara.

El tren dio su último llamado y Sirius se despidió de Hermione con un gran beso.

–Recuerda salir mucho en El Profeta. –Le recordó riendo y se alejó para subirse al Expreso.

La castaña le lanzó besos desde el andén mientras el tren partía, hasta que desapareció.

El resto de los días pasaron más rápido aún y el lunes llegó para Hermione como una sentencia que debía cumplir.

Llegó al Ministerio con la mejor actitud y proponiéndose que sería una excelente experiencia, sacaría provecho a todo y cuando menos lo pensara estaría de vuelta con Alastor Moody.

El Ministro la recibió con extrema alegría y le mostró su despacho que era tan grande como el de Alastor. Eso la asombró, además tenía su propia chimenea y un pequeño salón para recibir invitados. Se dejó encantar por Minchum que le indicó cuáles serían sus labores, y que eran básicamente asistir a todas las reuniones con él, darle consejos y cubrirlo cuando no pudiese ir a algún lado. También tendría trato directo con el Primer Ministro muggle y organizaría la agenda del Ministro de Magia.

–Esperamos grandes cosas de usted, señorita Granger. ¡Sea bienvenida! –La felicitó el Ministro cuando terminó de enseñarle todo.

La dejó sola con un montón de archivos y papeles para organizar.

Hermione sonrió positiva, pensando que era una gran oportunidad y no simplemente un castigo que reducía su labor de campo a quedarse tras un escritorio.

Su primera semana la pasó entre reuniones con el Primer Ministro muggle y Shacklebolt que siempre la retenían por más tiempo. También tuvo que acompañar al Ministro a una votación del Wizengamot y dar una primera aprobación a algunas solicitudes de los distintos Departamentos para luego pasarlas al Ministro.

Era viernes, todavía no tenía noticias de Sirius y apenas había almorzado. Iba corriendo con unos documentos que el Ministro debía firmar de forma urgente, y a mitad de camino la interceptó Rita Skeeter de la cual llevaba escapando la semana completa. Le había prometido al pelinegro no escapar de su cámara, pero le costaba mantener una conversación civilizada con la mujer.

–¡Hermione Granger! –Exclamó la periodista feliz –La nueva favorita del Ministerio. –Dijo provocadora.

La castaña bufó y se dio vuelta tan rápido que Skeeter casi cae sobre ella.

–Señorita Skeeter, –dijo de forma amable –si accedo a darle la entrevista que tanto quiere, ¿me promete que me dejará tranquila por un tiempo? –Preguntó la chica.

La rubia asintió y le guiñó.

–Perfecto, pase por mi despacho el lunes a las cuatro de la tarde para tomar el té. –Soltó rápidamente la castaña para no arrepentirse luego –Y por favor, no traiga esa vuela pluma.

Se dio la vuelta sintiendo las conspiraciones que armaba en su cabeza la periodista.

Cuando llegó a su destino llamó tres veces a la puerta y el Ministro no salió y tampoco la hizo pasar. Empujó la puerta que nunca estaba con hechizos y entro al enorme despacho.

–¿Ministro Minchum? –Preguntó cerrando la puerta tras ella.

El lugar estaba vacío.

Se acercó hasta el escritorio y dejó los archivos encima mientras escribía una nota explicando qué tipo de documentos eran.

Cuando se iba unos papeles llamaron su atención, tenían un gran timbre rojo de "rechazado" atravesándolos. Tomó uno de ellos y lo leyó con cuidado de que alguien entrara.

COMISIÓN DE REGISTRO DE NACIDOS MUGGLES

Solicitud: Traslado de nacidos muggles

Zona: Londres

Hermione se lanzó sobre los otros papeles que ella no había visto antes y todos estaban aprobados, excepto ese. No moverían a los niños magos y brujas de Londres. En el papel estaban las firmas del Ministro y de los miembros del Wizengamot. También estaba la de Dumbledore y Moody.

La habían firmado para comenzar con el traslado y protección. ¿Por qué ahora estaba rechazada?

Se sintieron pasos y arrugó la hoja que metió rápido en el bolsillo de su túnica.

–¡Señorita Granger! –La saludó el Ministro que recién llegaba.

–Ministro, le dejé unos documentos que son de suma urgencia sobre su escritorio. –Explicó la chica.

El hombre enseguida los firmó y se los devolvió agradeciéndole.

Hermione salió rauda a entregar los documentos firmados y luego corrió prácticamente a su despacho en busca de sus cosas, tenía que ir con Moody para preguntarle qué demonios estaba pasando y si estaba al tanto. Tenía la hoja, llevaba pruebas.

Estaba a unos pasos de llegar cuando una lechuza le entregó una pequeña carta. La castaña iba tan apresurada que no se molestó en abrirla enseguida.

Entró a su despacho y desdobló el pequeño pergamino que venía dentro.

No entres a tu despacho.

R.A.B.

Terminó de leer y levantó la vista hasta el sillón en donde había un hombre con postura de aristócrata que la miraba intentando esconder el rechazo que sentía por ella. Se quedó sin aire cuando notó el enrome parecido con Sirius y Regulus.

–Orion Black. –La saludó el hombre poniéndose en pie y tendiéndole un pergamino doblado –Lunes por la noche justo para la cena. No nos gusta la impuntualidad, señorita Granger.

Dicho eso salió raudo del despacho y dejó a una Hermione totalmente descolocada en el espacio tiempo.

Travesura realizada…

Nota de Autora: ¡Hola chicas bellas!¡¿Cómo han estado? Espero que se encuentren muy bien todas y por supuesto que esta semana sea espectacular.

He aquí un nuevo capi; la verdad lo tenía listo en la semana, pero lo revisé y corregí mínimo tres veces jajaja Es como si estuviese tomando una enorme decisión, fuese cual fuese el punto intermedio iba a llevar la historia a "x" punto, así que tuve que decidirlo con cuidado. Y estoy conforme, espero por eso que les guste también.

¿Se esperaban lo de Voldemort? ¿Creen que realmente hay una especie de sabotaje a Hermione? ¿Cómo se tomarán en Hogwarts estos cambios? Hermione ahora tiene un cargo muy importante, ¿lo ocupará a su favor? ¿Irá con Orion? Bueno, estas y muchas interrogantes más en los siguientes capítulos muajaja.

Por ahora espero que les haya gustado y por supuesto que me dejen en un lindo Review sus impresiones, comentarios, etc. Les agradezco el infinito apoyo, a todas las que leen muchas gracias y a las que comentan. ¡Me hacen muy feliz!

Ahora a los comentarios…

NavaL.23 (¡Mil gracias!jajaja bueno, esa es la idea, que las atrape con la intriga. Besos gigantes y linda semana. ¡Nos leemos!).

Adhara Cassiopea Black (Bueno, los tratamientos Black los da una vez por semana creo, le preguntaré jajajaja La vez anterior no me pusiste en situación con Voldy y Dumby… algo me dice que ahora lo harás *grita*. Mil gracias por leer y te mando miles de besos ¡Linda semana! ¡Nos leemos!).

Cora (¡Upa! Mira que todo el lío que montaron Reg con Dorcas va a traer consecuencias *spoiler*. Jajajaja a varias las dejé con las ganas, pero tranquilas… ya se vienen más sesiones con Sirius Black *guiño*. Bueno, este cap responde lo de Tom y creo dejará más dudas aún. Te mando enormes besos y nos leemos en el siguiente. ¡Excelente semana).

Bueno chicas, las leo en los comentarios para ver lo que me dicen y en la siguiente actualización que como saben es semanal.

Linda semana para todas y besos enormes con abrazos apretados.

¡Besos! ¡Nos leemos!