Los personajes de esta historia no me pertenecen.
No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.
AVISO: Este fanfic es YAOI, si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Unicron/Starscream. Jetfire/Starscream.
Capítulo 25. Pacto entre caballeros
Era el momento. La armada autobot y la armada decepticon estaban al completo, cara a cara en el espacio aéreo designado previamente. Las naves comandantes, el Arca y la Némesis, estaban al frente, la una frente a la otra. Los puentes de unión entre ambas naves se habían conectado exitosamente y la corte de primeros mandos de ambos bandos estaba situándose a cada lado del amplio túnel de unión.
Los autobots y decepticons, enemigos durante largos años, se miraban con desconfianza, había motivos de sobra para odiarse. Al unísono y a la hora acordada de antemano, los líderes de cada facción empezaron a andar el uno hacia el otro. Megatrón caminaba con aplomo, escoltado por sus lugartenientes más antiguos, Demolisher y Shockwave. Al otro lado, Óptimus hacía lo mismo, escoltado por Red Alert y Prowl. Se miraban directamente a los ópticos desde el inicio del camino y se detuvieron a apenas un paso de distancia.
La tensión se palpaba en el ambiente. Se producía electricidad estática. El silencio era sepulcral. Ambos líderes habían leído la proposición de tregua del otro y sus lugartenientes se habían ocupado de la posterior negociación, técnicamente el documento de la tregua ya había sido aprobado.
Pero en el simbolismo de este momento residía la certificación de algo que solo era un documento. Ningún autobot o decepticon aceptaría una tregua a menos que lo vieran con sus propios ópticos. Siglos de lucha, batalla, de litros y litros de energón vital derramado sobre Cybertrón, no podían cesar con un simple intercambio de documentos.
Megatrón y Óptimus se miraron largamente. Sabían que iban a estrecharse las manos, ninguno de los dos tenía duda alguna de que el otro haría esto, y cualquier cosa, con tal de rescatar a Starscream y destruir a Unicrón.
La pregunta que pendía era si aquella tregua duraría lo suficiente... o qué pasaría después.
Ambos extendieron el brazo y estrecharon sus manos, provocando un inmediato jolgorio en el puente, todos los transformers manifestaron su aprobación y alegría. Megatrón sintió no cierta incomodidad al oír a sus propias tropas aprobar con tanto entusiasmo la tregua.
La monótona voz de Shockwave informó a ambos líderes de que el documento definitivo de la tregua, ahora ratificado, debía ser firmado personalmente por ambos en presencia del otro. Todo estaba listo en la sala de reuniones del Arca. Óptimus, como anfitrión, dejó paso libre a Megatrón, todos los transformers regresaron a su postura de firmes, saludando ceremoniosamente a los líderes a su paso. Aquel era un día que sería recordado. Si sobrevivían para recordarlo.
La puerta se cerró a su espalda y Óptimus sintió el silencio como nunca antes, estaba a solas con Megatrón en la sala de reuniones, una sala circular con una mesa redonda y varios asientos radiales.
Un único datapad de inmaculado aspecto, con las firmas ya de los tres lugartenientes principales de cada bando, aguardaba sobre la mesa.
Megatrón estaba callado, con el ceño fruncido, toda su postura hablaba de rigidez e incomodidad, se sentó, o más bien se dejó caer sobre el asiento frente al datapad. Óptimus sintió otro destello de reconocimiento, Megatrón siempre parecía desplomarse sobre los asientos en vez de sentarse en ellos. Destrozaba el mobiliario. No pudo evitar reír quedamente y Megatrón le fulminó con la mirada.
- ¿Qué pasa?
- No, nada.
- Te has reído, así que dime que pasa.- Gruñó Megatrón con impaciencia.
- Pensaba en la butaca.
- ¿La butaca?
- La butaca de mi viejo apartamento, siempre se desplomabas sobre ella en vez de sentarte, acabo de recordar aquel momento en que se rebeló contra tu forma de sentarte.
Megatrón se quedó rígido y deseó desesperadamente usar una máscara de combate como la de Óptimus para ocultar su vergüenza. No podía olvidar que aquella butaca, su favorita, se había roto estruendosamente con él encima, enviándole al suelo de la forma más ridícula posible. Óptimus se había reído hasta caerse junto a él.
- No es... Ahora hay cosas importantes que hacer.- Masculló.
Óptimus asintió, el tiempo apremiaba. Pero realmente se alegraba de haber hecho el comentario, había roto el hielo. Y se sentía aliviado de saber que Megatrón recordaba tanto lo malo como lo bueno. Quizá, cuando todo hubiera terminado, podrían hacer que la tregua se hiciese permanente. No atesoraba esperanzas sobre ellos dos, pero sí sobre el futuro de los transformers.
Megatrón sacó su bolígrafo digital y estampó su firma personal en el documento. Se puso en pie y se apartó para que Óptimus hiciese lo mismo. Óptimus se sentó, pero no firmó aún, aquella era la manera de obligar a Megatrón a permanecer allí, quizá sería el único momento para hablar en privado que tendrían en mucho tiempo.
- Megatrón, esta tregua...
- Está todo especificado en el documento que YA has leído. Firma de una vez.
- No es solo entre nuestras facciones. Es una tregua personal.
- Ya lo sé.- Respondió Megatrón inmediatamente.- Firma.
- Antes de firmar quiero saber una cosa, solo una.
Megatrón seguía dándole la espalda, pero Óptimus interpretó su silencio como un permiso.
- ¿Por qué no criaste a Starscream? Podrías haberle mentido sobre su padre, podrías haberle cuidado.
El silencio reinó en la sala. Megatrón guardó silencio, con los brazos cruzados con fuerza, hundiendo los dedos con rabia silenciada, dañando sus antebrazos. No podía confesar que había sido por miedo... pero Óptimus merecía una respuesta. A fin de cuentas, era también el creador de Starscream.
- Tenía... Era un mal recuerdo.
Óptimus estampó su firma y dejó el documento. Se puso en pie y miró a Megatrón, su postura, su tono, hablaba mucho más que sus palabras. Nadie, nadie conocía mejor a Megatrón que Óptimus, que era su enemigo, que ahora era su aliado, que había sido su amante y amado. Sabía leer entre líneas. Starscream le había recordado a Óptimus, a algo que no quería recordar. Había sido por miedo al recuerdo.
- Tenemos que rescatarle.- Megatrón se volvió.- Así que vamos de una vez.
- ¿Y después de la tregua?.- Insistió Óptimus.
- Después ya veremos.
Ambos en pie, igual que en el puente, pero solos, sin nadie vigilando el encuentro, se miraron. Recordando tiempos pasados, lo que les unía, y lo que les separaba.
- Megatrón, yo no te traicioné.
- Insistes en esa mentira.- Gruñó el otro, con los rojos ópticos encendidos.- Ya basta de hablar de eso, la prioridad es...
- Te juro, en nombre de Primus y la matriz de mando que llevo en mi pecho, que jamás tuve relaciones no profesionales con Sentinel Prime.
Megatrón dudó, Óptimus jamás, jamás juraría en falso sobre algo tan sagrado como Primus y la matriz de mando, pero... era imposible.
- Lo vi, Óptimus, cuando me lo dijeron no lo creí, pero después lo vi.- Se los señaló para puntualizar su ira al respecto.- Deja de... insultarme con tus mentiras, no es el momento.
- Sé que lo crees, sé que piensas que viste eso, pero... ¿cuándo? ¿Cuándo viste tal cosa?
- ¡Maldita sea, Óptimus! ¡Os vi, juntos, no solo estabais haciendo interfaz sexual sino que uníais vuestros núcleos!
- ¿¡Cuándo!? ¿¡Dónde!?
- ¡En el callejón del bar de Tuercas! ¡A las 0102005009!
Óptimus supo inmediatamente, sobre todo porque no era cierto que hubiese engañado a Megatrón, que aquello era un montaje. El bar de Tuercas, el bar que estaba cerca de la oficina donde él había trabajado antes de ascender, era un local al que Megatrón y él solían ir a beber. No sabía ni por donde empezar a rebatir aquello.
- Escúchame, piénsalo, ¿por qué iba a serte infiel en un lugar al que sabía que tu podrías ir? Es absurdo, además, Sentinel jamás hubiera puesto un pie en un barrio como aquel.
- Claro, Sentinel, él no se rebajaría, dime, ¿el revolcón en un barrio de clase baja fue lo suficientemente morboso para el viejo Prime?.- Prácticamente escupió las palabras.
- Ya basta.- Óptimus se cuadró con asertividad.- No te engañé, nunca, y si no te dominara la ira y los celos serías capaz de verlo.
- No te atrevas a...
- Jamás hubiera tenido relaciones con Sentinel Prime, la simple idea es... ¡no se me ocurre algo mas anti-erótico!
Megatrón se quedó milagrosamente callado y después no pudo ahogar una risa incómoda.
- Anti... anti-erótico... – Masculló con risa ahogada.
- ¡Por Primus!.- Exclamó Óptimus exasperado.- ¡Era como un creador matriz para mí! Sería prácticamente incesto, de ninguna manera.
El decepticon superó la hilaridad con un arranque de ira.
- ¿Entonces qué pasó? ¡¿Es que estabais borrachos?!
- ¡De ninguna manera!.- Óptimus procuró dejar de gritar, no iban a ninguna parte.- Solo quiero que sepas que no te miento, no sé lo que viste ni por qué, pero no era yo.
Ambos permanecieron callados, finalmente Megatrón cubrió sus ópticos para reflexionar. Lo había visto. Realmente lo había visto, y se lo habían dicho. Pero Óptimos parecía endemoniadamente sincero, jamás había sabido mentir. Pero no era posible, sus sistemas de pensamiento lógico se sobrecalentaban solo al tratar de computarlo.
- No es el momento.- Insistió, confuso.
Óptimus asintió y lo dejó estar, insistir solo enfurecería a Megatrón. Y realmente ahora tenían otras prioridades. El líder decepticon abrió la puerta y dejó a Óptimus salir ante él, tenían que empezar a organizar las tácticas en colaboración.
Al pasar el autobot, Megatrón apretó los puños, pero esta vez no era ira. Nunca... había pasado mucho tiempo desde que habían estado tan cerca sin intentar matarse. Había olvidado lo agradable que era el olor de Óptimus. Se estremeció.
Todas las posibles cavilaciones personales desaparecieron en la sala de tácticas, donde analizaban la forma monstruosa de Unicrón en busca de puntos débiles... y donde descubrieron que había vuelto a moverse... y estaba desplegándose... como un transformer.
Starscream se retorció en las ataduras, pero era imposible liberarse. Unicrón le había aprisionado en la pared, atado con cables por brazos y piernas. Se sentía humillado e impotente, a veces le parecía que llevaba ciclos enteros en aquel lugar, pero su cronómetro interno le informaba de que apenas llevaba medio ciclo prisionero.
La situación era insoportable, su sistema de interfaz dolía de tensión no resuelta, los mensajes contradictorios hacían que le doliera la cabeza y tenía ataques de ansiedad cada vez que algo cambiaba en el extraño lugar.
Unicrón le atormentaba, se manifestaba en su avatar interno y le estimulaba sin compasión, acariciándole y estimulándole con manos y boca.
Una vibración le alertó, Starscream se tensó con un gemido. El suelo de la sala estaba inundado de un liquido de colores cambiantes, tornasolados e iridiscentes, aguamarinas y dorados hipnóticos, no parecía profundo, pero Unicrón surgía de ellas como la divinidad que era.
Siempre hermoso, siempre sobrenatural, divino, inalcanzable y a la vez real. Surgió de cuerpo entero, dejando que el extraño líquido resbalara sobre su perfecto blindaje. Aquella pose, aquella sensualidad, eran parte del tormento de Starscream, que gimió ahogadamente cuando su ya anteriormente sobre-estimulada coquilla se abrió revelando la interfaz.
- ¿Por qué sigues resistiéndote, Starscream? Es inútil, sabes que solo estas atormentándote. ¿Por qué alejar de ti el placer? ¿Por qué negarte a mí?
- Déjame en paz.
Unicrón se acercó a él, apoyando la mano sobre su sistema de interfaz, acariciándole al tiempo que besaba la junta de su pecho, bajo la cual, capas de blindaje sellaban el preciado núcleo vital, cuyo brillo se adivinaba ya.
- Paz es lo que yo te ofrezco. La guerra solo tendrá un final, Starscream, el final que yo le daré.
- Hablas de exterminio.
- Soy el inevitable fin de Cybertron, Starscream. Nada me detendrá, no desperdicies compasión con quienes no la merecen.
- Tú no puedes sentir compasión.- Replicó.
Unicrón no se molestó en rebatirle. En cambio le acalló con un beso ardiente y profundo, recorriendo su boca y hundiendo los dedos en el puerto de entrada, haciendo que Starscream gritara y se impulsara contra él en busca del alivio final.
- La armada transformer se ha reunido en un fútil intento, Starscream, serán aniquilados sin remedio.
Entonces Starscream le mordió. Unicrón se apartó con disgusto al notar la perforación en su labio inferior, superada la sorpresa la reemplazó la ira, la mano que estimulaba el puerto de entrada aferró el cable de conexión externa, que estaba rígido y dolorosamente extendido, y le dio un severo apretón.
Starscream gritó y gimió agónicamente en la mezcla de placer y dolor. Unicrón chasqueó la lengua y se inclinó, lamiendo con dedicación el cilíndrico puerto de salida, besándolo y después introduciéndolo entre sus labios, en su boca. Starscream no pudo ahogar el torrente de gemidos, y maldijo desesperadamente cuando Unicrón se apartó de él al sentir la aproximación de la sobrecarga.
- ¡Basta! ¡Me vas a matar!
- Ábrete, enséñame tu núcleo.- Exigió Unicrón.- Une tu núcleo al mío y te daré alivio.
Starscream apretó los dientes y se negó, aunque el sobrecalentamiento acabase dañando su interfaz, no lo permitiría. No se condenaría a una eternidad sometido a la lujuria de un dios destructor, una criatura tan egoísta como cruel. La obsesión y la posesión no eran amor, no, no se entregaría a una vida de esclavo, aunque fuera el esclavo mejor tratado seguiría siendo un esclavo. Unicrón era un dios destructor... no, era un demonio.
- ¡Deja de negarte!.- Bramó Unicrón.
El dios se dispuso a abofetearle, pero súbitamente su expresión se tornó pensativa y se detuvo. Se quedó quieto, como si tuviera la atención en otra parte.
- Mmmmh.. Quizá tenga que arrebatarte antes toda esperanza.
Unicrón apagó los ópticos de su avatar y centró su conciencia en su forma auténtica, su inmenso cuerpo ya desplegado en su colosal forma. La de un transformer alado, inmenso, tan grande que podía cubrir un tercio de Cybertrón, siendo este un planeta de tamaño considerable.
Starscream sintió un leve alivio al ver como Unicrón desaparecía de nuevo en las extrañas aguas. Pero al mismo tiempo terror al imaginar a qué se refería con arrebatarle la esperanza.
Un rugido, colosal y rotundo, hizo retumbar todo el lugar. Unicrón... la verdadera forma de Unicrón, rugía. Y el universo se estremeció.
- El cuello es un punto débil.
El ataque inicial había sido un fracaso... o eso podía parecer. En la sala de mando, la noticia de que el ataque inicial de Hot Shot y Wheeljack había hecho descubrir un punto débil en el poderoso blindaje de Unicrón hacía ver un brillo de esperanza a todos los presentes. La moral había sufrido mucho al ver el enorme tamaño del enemigo.
Óptimus y Megatrón, codo con codo, contemplaban la imagen proyectada en la mesa táctica.
El holograma mostró el punto débil, en el cuello.
- Buen trabajo.- Felicitó Óptimus.- Ahí es donde atacaremos.
- Pienso que esa debe ser la parte más fina de su armadura.- Asintió Megatrón.- Pero, ¿funcionará, Prime?
- Nuestras opciones son pocas, pero si actuamos ahora tendremos en elemento sorpresa de nuestro lado.
Megatrón asintió.
- Sideswipe, contacta con Hot Shot y su equipo y dales este mensaje, deben abrir fuego contra el cuello de Unicrón.- Recordó que habían avistado al traidor sobre Unicrón e hizo un añadido.- Olvidaos de Thrust, yo me ocuparé de él.
- ¡Sí, señor!.- El joven autobot no dudó en saludar militarmente al decepticon y corrió a cumplir la orden.
- Ordenaré a los autobots comenzar el ataque general de distracción. Megatrón, ordena a los decepticons atacar la cabeza de Unicrón.
- Sí, buen plan.- Coincidió Megatrón.
Las fuerzas de combate se replegaron a fin de preparar la estrategia señalada por sus líderes.
Red Alert, y prácticamente todos los transformers de la sala de mando, estaban sorprendidos por la eficacia que estaban demostrando los comandantes trabajando codo con codo. Centrados en un mismo objetivo, no solo no discutían, sino que complementaban sus ideas. Como si hiciera años que trabajaban juntos en vez de pelear.
Mirándoles, Red Alert, el único de los presentes que había visto con sus propios ópticos la antigua relación entre los dos transformers, no podía sino pensar que había sido una desgracia que hubieran separado sus caminos hacía tantos siglos. Habían sido una pareja magnífica, envidiable.
A nadie le había gustado pero... los verdaderos amigos de Óptimus, los que realmente se habían molestado en conocer un poco a Megatrón, habían visto lo perfectamente bien que se complementaban. Había sido un gran dolor encontrar a su amigo, Óptimus, llorando desconsolado el día que Megatrón había recogido sus cosas y sencillamente desaparecido.
- Tenemos que atacar desde el exterior... y desde el interior.- Razonó Óptimus.
- Los mini-cons que forman las armas legendarias.- Megatrón comprendió al instante.- Unicrón los consumió para despertar... si los convocamos desde dentro... claro, entraremos. Y así encontraremos a Starscream.
- ¡Comandantes, miren!
En la pantalla se mostraba a Unicrón, su pecho brillaba, y finalmente se abrió, revelando... un arma, parecía una versión siniestra y retorcida de la matriz de mando que llevaba Óptimus. Puntos de energía brillaron alrededor del centro y... disparó.
Y en un único disparo, con un único impacto, la ciudad de Praxus, que ocupada una quinta parte de Cybertrón... fue arrasada.
- Está destruyendo Cybertrón.- Susurró Demolisher.
- ¡Óptimus, no hay tiempo que perder!.- Exclamó Megatrón.
- ¡Soldados, Megatrón y yo vamos a introducirnos en el interior de Unicrón a fin de iniciar una ofensiva desde dentro. Jetfire, quedarás al mando.
- Informo a los decepticons, deben seguir las órdenes de Jetfire.
- Con todo el respeto señor, debo rechazar tal honor. Delego tal honor en Hot Shot.
Óptimus se sorprendió. Megatrón frunció el ceño irritado.
- Está bien.- Concedió Óptimus.- Pero, ¿por qué...?
En la sala Jetfire, lugarteniente y comandante aéreo de adelantó y miró a los dos líderes.
- Sé que Starscream está dentro de esa cosa y nada me importa más que entrar a buscarle, señores, permítanme acompañarles.
Megatrón se mordió la lengua, quería mandar al infierno al autobot, pero lo cierto era que le impresionó la dedicación. Mas tarde, cuando Unicrón fuera polvo estelar y Starscream estuviera a salvo, discutirían el tema. De momento el valor bien valía una oportunidad.
- Está bien, ¿Óptimus?
- Coincido, vamos allá, Jetfire.
Las fuerzas combinadas de la armada transformer se lanzaron al ataque con todos sus efectivos, era una lucha por la supervivencia de todo Cybertrón. Siglos de guerra habían convertido a la suya en una raza de guerreros, y ahora Unicrón enfrentaba a todo un ejército de veteranos de guerra.
Megatrón, Óptimus y Jetfire se armaron con su mejor arsenal y esperaron, cuando la batalla alcanzó su máxima intensidad aprovecharon la multitud de objetivos para atravesar el punto de guardia de la barrera de Unicrón y entraron en su espacio aéreo.
Megatrón soltó una carcajada al vislumbrar al traidor, Thrust, justo en el hombro de Unicrón, listo para pagar cara su traición. Megatrón señaló al cabeza cono y los otros dos transformer asintieron comprendiendo, el traidor tenía que pagar el pacto con Unicrón y su ataque a su propia especie.
- Hola, Thrust.
Megatrón sintió una enorme satisfacción al ver temblar al decepticon aéreo. Aterrizó frente a él, Óptimus y Jetfire lo hicieron a unos metros de distancia, dejándoles espacio.
- Has traicionado a los transformers, Thrust, me has enfadado, y ya sabes como me pongo cuando me enfado.
- ¡Ja! No... no te temo. Yo he hecho aliados sabiamente, no como tú.- Se burló, señalando a los autobots.- ¿En qué piensas aliándote con Óptimus? Es tu enemigo, ¿recuerdas?
Un puñetazo lanzó a Thrust al suelo, pero el decepticon continuó burlándose de su antiguo líder y haciendo todo tipo de proclamas grandilocuentes que más que enojar a Megatrón empezaban a aburrirle.
- Siempre te buscó el sonido de tu propia voz. ¿Verdad?
Desplegó el cañón, dispuesto a desintegrar al traidor. Pero este saltó a tiempo de esquivarle... y caer en una junta del hombro de Unicrón, que empezaba a cerrarse. Megatrón fue el primer sorprendido al ver que Thrust quedaba atrapado por los cables y empezaba a ser aplastado por la transformación de aquella enorme divinidad, que ni siquiera sabía que estaban sobre él.
- ¡Megatrón! ¡Por favor, lo siento, ayúdame!
Patético. Hacía unos segundos este mismo transformer proclamaba su inmenso poder y superioridad, y ahora suplicaba por su vida, a punto de ser destruido por la indiferencia de su supuesto aliado.
- Tienes dos opciones, Thrust, o bien te destruyo yo mismo volándote la cabeza, o bien sales por tu propio pie, sin un solo lugar donde esconderte. Eso es todo.
Le dio la espalda, Óptimus y Jetfire contemplaban con una mezcla de horror y resignación como Thrust moría... lentamente aplastado. El gesto de Megatrón, ensombrecido, era igualmente terrible.
- Le has dejado morir.- Dijo Jetfire.
- Lo ha matado su ambición. Vámonos.
Óptimus asintió.
- ¿Estas listo, Megatrón?
- Si, vamos. Hemos encontrado una vía de entrada, antes de realizar los ataques con esa "matriz", genera siempre un efecto de aspersión, aprovecharemos para dejarnos arrastrar.
- De acuerdo, vamos.
Mientras se dirigían al punto perfecto para ser aspirados, Megatrón mantuvo una expresión sombría, la muerte de Thrust le había mostrado algo que no le gustaba. La ambición de Thrust le había matado... Megatrón acababa de mirarse en un espejo.
Y el reflejo no le había gustado.
Unicrón luchaba con las oleadas de soldados y contra los mini-cons, que formaron una figura, reflejo de la suya, para enfrentarse a él. Aaaah, mini-cons, hijos descarriados, les había creado hacía miles de años, usando en ellos la poca energía que poseía, a fin de recudrecer la guerra entre autobots y decepticons, forzándola a más y más altas cotas. Y ahora, con una conciencia propia, se revelaban contra él.
Les aniquilaría. Desplegó el poder de su pechó, disparó de nuevo... no percibió en absoluto a los tres transformers que aprovecharon para entrar dentro.
La oscuridad era casi total. Había dado tumbos, chocando y cayendo sin control alguno hasta dar en el suelo, Óptimus recuperó el control de su cuerpo y escaneó, no tenía mas que daños superficiales. A su lado distinguió a Megatrón.
- ¿Estas bien?
- Claro que sí, estoy hecho de materiales mucho mas resistentes que los de un autobot. Y ahora movámonos.
- Si, tienes razón. No tengo idea de donde estamos, busquemos señales de mini-cons, allí deberían estas las armas.
Estaban en un lugar extraño, entre orgánico e inorgánico... perturbador. Y...
- ¿Dónde está, Jetfire?
- Debió separarse de nosotros.- Megatrón se encogió de hombros.- Él es un transformer aéreo, ¿no? Entonces no te preocupes, estará en mejor posición que nosotros para moverse por aquí.
Óptimus asintió. Tendría que confiar en él.
Ahora estaban solos, Megatrón y él, en el interior de Unicrón, dentro de un dios destructor. Cualquier otro hubiera sentido miedo.
Pero Óptimus miró sus propias armas y experiencia, y miró a su aliado, la más poderosa máquina de guerra, el mismísimo Megatrón, y supo que era Unicrón quién no tenía ni idea de en qué se había metido al llevarse a Starscream.
Nota de la autora: Megatrón y Óptimus tendrán más momentos para hablar del pasado y continuar con su historia, os lo aseguro, pero en este capítulo están muy estresados con lo de rescatar a su hijo y salvar su planeta. Quería ponerles mas tiempo de aprecio mutuo pero me estaba quedando forzado, tendrán que esperar.
Jetfire también tendrá mas protagonismo en el próximo capítulo, que tiene que ser el caballero andante (o volador).
La idea de un hijo con Unicrón puede ser interesante, pero tal y como tengo pensada la historia, no concuerda. Aun así gracias por la sugerencia.
Nuevamente gracias por los reviews, que han crecido mucho, como las setas cuando llueve. Son una gran alegría para mí.
SonyaChan: De momento no tengo interés en escribir más fanfics de Saint Seiya. No quiero dar falsas esperanzas al respecto, últimamente estoy más centrada en Transformers.
