Stage 25: Girasoles

Lelouch P.O.V.

Suzaku era Suzaku, eso es lo que me molestaba en su mayoría en este momento. Pero no podía hacer nada para evitarlo o para echar atrás mi palabra. Solo sabía que el maldito japonés se había aprovechado para tomar el control de la situación. Aunque debía admitirlo, había pasado un largo tiempo desde que me había detenido a admirar algo tan simple o tonto, dada la situación actual.

Cuando debíamos elevar nuestras defensas mientras podíamos.

-Deja de pensar Lelouch, no es por eso que te traje hasta aquí- dijo con tono de regaño. Se detuvo unos metros adelante para dejarme alcanzarlo, pero él ya debía saber que yo no estaba hecho para este tipo de actividades.

-No tienes prueba alguna… de que esté pensando… en lo que tú crees- reté de regreso logrando alcanzarlo por fin, pero él solo sonrió y se encogió de hombros.

-La mirada asesina que sentía sobre mi espalda me indicaba que estabas a punto de organizar un golpe de estado- argumentó rápidamente. Giré mi vista hacia a otro lado, eso no era cierto. –Sí lo es, Lelouch. Andando-

No me gustaba en la forma que parecía saberlo todo. No me gustaba que las cosas hubiesen tomado este rumbo después de aquél día, porque desde entonces no me lo había quitado de encima un solo segundo. Creo que cometí un gran error al dejarlo ver tanto y tan difícil cuando siempre había tratado de ocultarlo.

A él no parecía importarle, creo.

Pero yo sabía que solo era en apariencia. Dijo que confiara en él, que nada cambiaría, pero era imposible que las cosas no cambiaran, para bien o para mal, porque no era cualquier cosa lo que había ocurrido y parecía esforzarse en disimularlo. No me llevaba mucho saber cuándo pensaba en las marcas y cuándo trataba de hacer algo por eso, siempre había sido una persona sincera y lo conocía el suficiente tiempo para decirlo, solo que no me gustaba que fuera un tema que ocupara la mayoría del espacio en su mente ahora.

No era justo.

Para ninguno de los dos. Era enteramente mi problema. Aunque lo había dejado intervenir, tampoco podía permitir que llegara tan lejos. Ahora que tenía todas mis memorias de vuelta, nadie podría engañarme y yo sabría los límites de la confianza que ponía en cada persona. Él estaba intentando llegar más lejos que nadie, pero ahí es donde debía detenerlo.

-Llegamos-

Levanté la cabeza y disipé todos esos pensamientos cuando su voz irrumpió en mi mente. Giré alrededor admirando y reconociendo por primera vez el lugar en el que estábamos.

-Es…-

-Tenía mucho tiempo sin venir aquí- comentó Suzaku adelantándose y pasando su mano suavemente entre la vegetación.

Es el campo de Girasoles que estaba cerca del Templo Kururugi.

Me acerqué yo también pensando en la última vez que habíamos estado aquí, era una memoria muy distante. Antes de la guerra, antes del área 11, antes de todo. Era como el punto de partida de lo que nos había traído hasta aquí, hasta volver a este campo de girasoles que seguía como la última vez que lo había visto. Con Nunnally y Suzaku riendo, sin preocupaciones de ningún tipo.

-Que lindos tiempos aquellos- musitó Suzaku empujando levemente un gran girasol que se devolvía hacia él con el viento y volvía a repetir la acción.

-Éramos niños- respondí a sus palabras, pero Suzaku comenzó a entretenerse con dos girasoles a la vez –Bueno, algunos todavía son niños-

-¡Hey!- levantó la vista no tan indignada en mi dirección, atiné a dirigirle una mirada inocente. –¿Lo dice quien no podía subir una simple ladera?-

Estaba alardeando.

-Era un niño- le devolví de inmediato mirando alrededor, sabía que esa ladera no estaba lejos de aquí, al menos eso podía recordar. Suzaku de nuevo había comenzado la lucha contra los girasoles, prestando cero atención y no me tomó mucho tiempo el divisar el desnivel del suelo.

Parándome a lado de eso no podía creer que hubiese pensado que era alto, antes. Claro que no era como si ahora lo fuese a subir de un salto, no era Suzaku, pero yo podía hacerlo solo. Apoyé el pié en una roca saliente y lo logré.

Tan fácil y sencillo.

Era incluso ridículo el sentirme orgulloso de haberlo logrado, habiendo tantos años de diferencia entre el ayer y hoy.

-No es lo mismo-

Bajé mi vista para toparme con Suzaku observándome desde abajo, una leve sonrisa en su rostro. Enarqué una ceja ante su comentario.

-No es lo mismo, Lelouch. Éramos niños, no es lo mismo a ahora-

Me detuve un momento a pensarlo, porque no nos referíamos enteramente a subir este pedazo de tierra. No era siquiera lo que importaba. Si no quizás lo que había pasado después. Porque desde aquí se habían podido observar las primeras naves de Britannia que descendieron en Japón y comenzaron a destruir todo. Desde aquí pensábamos en lo que haríamos una vez que llegásemos al templo y las importantes decisiones que cambiarían el rumbo de todo.

Era casi como aquella vez.

Estábamos en el campo de girasoles y un país llegaría con fuerza militar reclamando Japón. Soltarían sus armas nunca antes vistas y no sabríamos que hacer hasta que el problema estuviera frente a nuestras caras.

El lugar de Britannia lo ocupaba Australische.

El Knightmare había pasado a ser Hybrid Knightmare.

Y a pesar de saber que haría lo que fuese necesario para que esa amenaza no cumpliera su objetivo, temía porque las cosas terminaran igual en este nuevo inicio.

One no seguiría tan tranquilo, Japón no sería solo defendido. Sabía que cuando ellos vieran que teníamos la oportunidad verdadera de derrotarlos, la lucha se atizaría y habría una verdadera planeación detrás de cada movimiento. Ahora realmente comenzaría, y nosotros decidiríamos si era por el mismo camino de la última vez.

-No te traje aquí para que pensaras en eso- sentí un delgado palo conectando en la parte superior de mi cabeza. Al mirar acusatoriamente a Suzaku él solo sonrió y me lanzó otro palo. -¿Te despejarías un momento?-

-Viéndote desde aquí arriba creo que tu palabra no tiene validez- le regresé con tono altanero, pero sabía que su intención era buena aunque no lo estuviera demostrando correctamente. Le tendí la mano como cuando éramos niños.

Estaríamos en las posiciones opuestas entonces, pero las cosas habían cambiado. Ambos habíamos cambiado.

Él la tomó con una sonrisa y comenzó a apoyar un pie firmemente mientras yo lo jalaba. Pero a mitad del proceso se congeló sin previo aviso, al seguir su mirada supe por qué. Entonces solté su mano y eso lo tomó completamente por sorpresa. Terminó en el suelo con los ojos completamente abiertos y mirada de reproche.

-No acepté venir aquí para que pensaras en eso- le devolví, pero no pude evitar hacer mi mano marcada hacia atrás. -¿Te despejarías un momento?- necesitaba en ese momento confiar en alguien y sabía que Suzaku no diría nada si yo se lo ordenaba, pero la manera en que actuaba no me dejaba otra alternativa más que reprenderlo.

Él y su complejo de culpa saltaban a la vista una vez más.

-Lo siento, ¿Feliz?- suspiró mientras se levantaba sacudiéndose –¿Pero por qué siempre giras mis palabras contra mí?- eso era más parecido a un berrinche.

Pero ese punto se lo podía dar por cierto, solo mentalmente.

-Porque eres tú, Suzaku- y no había explicación más lógica.

Brincó sin mi ayuda esta vez a la cima del pequeño montículo y se posicionó a mi lado. Me miró unos segundos antes de sentarse en el suelo y yo seguí su ejemplo.

-Te traje a este lugar para que dejaras de pensar unas horas en lo demás…- miré de reojo a Suzaku encogerse en sí mismo con derrota –Pero parece que hice lo contrario-

Realmente a él no se le daba pensar en cosas como estas. Por eso siempre había preferido guardar silencio, porque sabía que se le dificultaba este tema. Quizás porque ninguno de los dos habíamos tenido una familia por mucho tiempo y solo nos teníamos los unos a los otros, contando a Nunnally, pero nadie nos había enseñado a depender de alguien más.

Suzaku parecía más abierto a intentarlo.

Yo no.

-No pensamos de la misma manera- traté de reconfortarlo un poco –Apuesto a que tú si encuentras este lugar relajante y tranquilo, por eso lo elegiste- se sonrojó en vergüenza al darse cuenta de que era cierto.

Para mí, con que lo hubiese intentado bastaba.

-Estás mal esta vez, Lelouch- puse mi completa atención en él, Suzaku sonrió tristemente –Pasé todo el día de ayer preguntándole a aquellos que te conocen, sobre un lugar que ayudara a que olvidaras todo por unas horas. No tan sorprendido, al final del día había llegado a la conclusión de que no existía un lugar así, lo único que necesitas es estar cerca de personas que puedan hacer eso por ti-

Abrí mi boca para protestar.

-El hecho de traerte hasta aquí…- continuó rápidamente, levantando una mano para detenerme. Cerré la boca. –Es que espero que tomes en cuenta, para lo que sea que quieras hacer de ahora en adelante, que las cosas no son como antes. Sí, estamos en este campo de girasoles, pero ya no somos unos niños. Ya no tenemos que decidir por futuros que ya tenemos, tampoco debemos comenzar una nueva vida. Solo debemos pelear por esta…-

-…y somos muchos los que queremos lo mismo. Somos más los que queremos proteger a destruir, esta vez-

Él podría estar en lo cierto.

-Así que estamos aquí con el único propósito de empezar de nuevo- Suzaku giró su vista al campo de girasoles con una renovada sonrisa. Había pensado mucho en esto, al parecer –Y estoy tratando de convencerte de confiar que entre más personas, el sacrificio es menor-

Me estaba ofreciendo un camino demasiado fácil. Demasiado. Sabiendo que no era lo mío dejar que otras personas pelearan por lo que yo quería, no al menos de la forma en que estaba constituida la Orden de los Caballeros Negros. Suzaku se refería a confiar pensamientos, ideas y sucesos que a mitad del camino podrían hacernos flaquear. En el pasado sabía que sería más fácil si hubiese alguien que comprendiera todo desde mi punto de vista, pero al mismo tiempo me contradecía, sabiendo que no quería que alguien más entendiera.

Porque era un oscuro futuro el que se avecinaba, siempre.

Porque no quería compartir algo tan malo con quien no era necesario. Ni siquiera con C.C.

Su inmortalidad ya era un problema.

Así que Suzaku no podía venir a decirme que confiara tan abiertamente en todos. Podría tratar, pero debería bastarle con lo que pudiera hacer. Tampoco podría despegar mi atención de la batalla.

-Lelouch, nada de lo que has hecho o hagas es nuevo para mí- me incitó después de unos segundos de observarme. –No puedes sorprenderme más, hablando de los límites a los que puedes llegar por lograr tu objetivo-

Sonreí.

-Lo dudo, Suzaku- respondí casi de inmediato, pero él solo enarcó una ceja de reto en mi dirección.

-¡Anda, puedes decirme!- ahora se había quedado con la duda.

-Suenas como Milly- le reprimí con cierto escalofrío. –Además, no. No es algo que tenga planeado decirte-

-¿No confías en mí?-

Su contraataque no lo esperaba tan rápido. Pude escuchar claramente el tono de decepción en su voz, casi me hacía sentir culpable al respecto.

Casi.

-En quien no confío es en mí, Suzaku. No puedo decirte algo así- cuando lo miré a los ojos, él todavía seguía interesado. Demasiado para mis gustos.

-No puede ser tan malo. Lelouch, sé todo lo que has hecho, no puede ser tan malo- insistía. –Me convenciste de asesinarte, no puede superar eso-

Sonreí para mí mismo.

Si esto podía alejarlo…


Estaba nervioso. Tenía todo el derecho de estarlo. No muchas personas sabían con fría exactitud el día y la hora de su muerte, y en mi caso, yo había planeado la mía con el antes y el después, era una lástima que no podía planear también mi funeral. Pero con solo saber que me entregaba voluntariamente, debía mantenerme firme a mi palabra y acciones.

Para que al final todo valiera la pena.

Solo necesitaba asegurarme de que la otra mitad del plan saliera a la perfección y eso significaba arreglar varios detalles con Suzaku. Porque no moriría sin su ayuda. Tampoco sería fácil para él tener lo que quería desde hace tiempo, tan fácil. Pero si había aceptado en el Mundo de C, no tenía por qué retractarse ahora, tenía que dejarlo en claro.

Por eso lo había llamado aquí.

Cuando apareció usando con tranquilidad su atuendo ligero de Knight of Zero no podía pensar en otra cosa mas que en las ironías del destino y lo que nos había traído hasta aquí.

Él estaba muerto para el mundo. Hacía unos días, y me había evitado por completo después de eso.

La parte en que él debía morir era solo la primera fase del plan, lo había cumplido sin excusas y con gran credibilidad. Era fácil, fingir una muerte. Pero la segunda fase del plan era un tanto más complicada. La hablamos a grandes rasgos poco antes de decidir tomar el mundo, porque debíamos tener un motivo al final. Él había estado bien con los términos.

Pero a medida que el momento de demostrar que estaba bien con lo que tenía que hacer, él evitaba encontrarse conmigo para planear los detalles.

Estaba dudando.

No podía permitir que él dudara ahora. Solo a él podía confiarle esto.

Para su desgracia, solo había una forma de asegurarme de que cumpliera a pie de la letra lo acordado.

Cuando se detuvo frente a mí, solo saludó levemente.

-Hola, Lelouch-

No your Highness, como siempre lo haría. Cuando evitaba ese reconocimiento real es que estábamos hablando en serio, al contrario de cuando diría Your Highness y por ende seguiría cualquier orden que yo diera.

Ya sabía por qué lo había citado aquí.

Bueno, eso facilitaba las cosas un poco. Devolví su gesto con un asentimiento.

-Suzaku-

De reojo podía ver movimiento detrás del trono y si no me daba prisa, Suzaku también lo notaría. Lo que estaba a punto de hacer no era algo nuevo, pero siempre era difícil.

Moví levemente mi mano, esa era la señal.

Como usuario del Geass, podía ver ese espectro expandirse. El campo de fuerza rojo que envolvió la habitación del trono, llamado Geass Canceller, que Jeremiah tenía la desdicha de portar.

Cualquier geass era una desdicha.

Tan rápido como llegó, desapareció.

Entonces era mi momento de actuar.

-¿Tienes algo que decirme, Lelouch?- y Suzaku no debía darse cuenta.

Sonreí levemente ante sus palabras y levanté mi mano derecha hacia mi rostro. No le daría tiempo de reaccionar, aspiré tanto aire como podía.

-Lelouch Vi Britannia te lo ordena…- quité ambos lentes de contacto ante la confusión de Suzaku, pero después de eso, ya no era él con quien estaba hablando. No cuando sus ojos se suavizaron al punto de la completa obediencia.

Esto era lo mejor.

-Cuando empiece a planear contigo los detalles de mi muerte, tendrás todo el derecho a oponerte si así lo quieres y a negarte por un tiempo. Eres libre de sentir lo que te plazca respecto al plan, pero…- necesitaba asegurarme de tener éxito –Al final aceptarás. Porque algo en el fondo te dirá que es lo correcto y que no importa qué, será lo mejor para todos-

Quizás estaba manipulando de manera vil su mente o quizás lo estaba ayudando.

-Completado el réquiem eres libre de pensar y sentir lo que sea, pero deberás superarlo. Con el tiempo, algunos meses. Comprenderás al ver en el nuevo mundo que todo ha valido la pena y que era lo que yo quería-

-Pase lo que pase, recuerda que tienes que aceptar el plan. Pero no como una orden, sino como una parte de ti que cree que es lo mejor. Al final de todo podrás ser feliz tu también en el mundo que nos tomó tanto tiempo construir, es lo que yo te diría. Pero más importante…-

-…Vive. Es una orden-

Parpadeé rompiendo el contacto directo y aprovechando los valiosos segundos de su confusión para ponerme de nuevo los lentes de contacto. Mis ojos ardían, y se lo debía al tener que mantenerlos abiertos todo el tiempo para que la larga orden quedara perfectamente escrita en el subconsciente de Suzaku, con suerte ya lo había logrado.

-¿Lelouch?-

Levanté la vista en su dirección, dio un paso hacia mí.

-Solo es un pequeño dolor de cabeza- estaba de regreso a lo normal, era tiempo de ver si había hecho las cosas correctamente. Directo al punto –Suzaku, me matarás tal y como lo acordamos…-


No tenía planeado decirle nunca lo que había hecho, por una simple razón: La expresión que tenía en su rostro en este momento.

Nos odiamos el uno al otro hasta puntos donde en el pasado él me hubiese asesinado sin dudarlo mucho, pero durante el tiempo que unimos el mundo bajo un solo poder, mi poder, me di cuenta de que él empezaba a ver las cosas diferentes. Pensaba en que era lo correcto, que yo estaba en lo correcto. Y claro que yo pensaba también lo mismo, pero lo que no admitía era que pensara en cambiar el final del plan.

Él lo comenzaba a ver innecesario.

Lo que me había hecho confesarle eso justo ahora me era desconocido. Quizás porque tenía el derecho de saber, quizás porque era más fácil mantener una cierta desconfianza entre ambos a que confiara todo lo que podía en mí y me obligara a hacer lo mismo.

Si, la última opción era la más probable.

Él estaba muy decepcionado al respecto. Confundido, incrédulo. Pero sobre muchas otras cosas, enojado. Creo que eso no se lo esperaba al decirme que no creía en que yo hubiese hecho peores cosas. Siempre encontraría la manera de probarlo equivocado.

Se levantó de su lugar a mi lado y me dio por completo la espalda. Realmente ya esperaba el reclamo, era casi divertido estar a la espera.

-Eres un maldito controlador- no me miraría directamente todavía, yo tampoco tenía problema prestándole más atención al pasto bajo mis manos.

-Lo soy- admití. De reojo vi sus hombros tensarse ante la confesión. -¿Olvidas que soy el Emperador Demonio?-

-Olvidaba que contigo todo es posible- refunfuñó convirtiendo ambas manos en puños.

-No soy una persona confiable- agregué con toda la sinceridad del momento, eso pareció molestarlo más. –Siempre lo has sabido, no sé por qué te sorprende tanto-

Entonces se giró. Automáticamente levanté mi vista sin poder evitarlo, Suzaku estaba conflictuado.

-Tú siempre haces estas cosas con los demás- comenzó a modo de regaño –Tú buscas de maneras muy extrañas, el bienestar de los demás y luego lo disfrazas con tus inexistentes ambiciones- estaba a punto de abrir la boca y contradecirlo cuando se movió de su lugar a un punto detrás de mí.

Esperé lo que sea que fuese a hacer. Me sorprendí cuando sentí su espalda recargarse contra la mía.

-¿Quién te asegura eso? Realmente no quería tener problemas contigo, no quería que arruinaras mi plan- contraataqué empujando mi espalda hacia atrás y haciéndolo a él encogerse.

Pasaron unos segundos para su contestación. El sonido del viento entre los árboles era lo único que se escuchaba.

-No me hubieras ordenado tan sutilmente el matarte. Si no te importara lo que yo pensaba al respecto, solo me hubieses ordenado matarte en el Réquiem- estaba alardeando.

No se supone que las cosas tomaran este rumbo.

Empujó su espalda sobre mí.

-Solo era para que no sospecharas- insistí, empujándolo de regreso –Podrías haber alterado mis planes, es fácil saber cómo piensas- sentí como refunfuñó al respecto.

Entonces nos volvimos a quedar en silencio, esta vez por minutos. No le dejaría el espacio libre, pasara lo que pasara. Él podría pensar lo que quisiera pero yo no admitiría nada para él, porque entonces no serviría el confesarle que había usado el geass de nuevo en su persona sin que se diera cuenta.

-No tienes que hacer esto, Lelouch- comenzó en un tono bajo, no me gustaría lo siguiente que diría. –Alejar a la gente de esta manera, de todas formas sabes bien que la mayoría seguirá regresando, sin importar lo que hagas-

Nunnally, Suzaku, C.C., Kallen, Shirley, Milly, Rivalz…Euphy, Cornelia.

-No sé de lo que hablas-

Empujó de nuevo con más fuerza de la necesaria.

-Lo sabes perfectamente. Deja de hacer las cosas difíciles, quedamos en que confiarías en los demás, ¿No es cierto?-

-Confío en los demás- aseguré con entereza empujándolo a él, pero no duró mucho.

-No lo suficiente-

-Suzaku, usaré el geass de nuevo en ti sin ningún problema si sigues insistiendo en eso- empujé lo suficientemente fuerte como para casi quedar acostado sobre su espalda. Sentí que se reía.

-Eso no desaparecerá las cosas- estábamos sentados en equilibrio. –Hacerme olvidar a mí para que deje de pensar en lo que pasó no significa que tú lo olvidarás-

-¿Para qué querrías tener esa información?- insistí –Lo que no puedes entender es que si ya pasó, no hay nada para remediarlo-

-Dime que cada trazo en tu espalda y en tu brazo no te dolió- su voz se ensombreció al final –Claro que sí importa-

-No desaparecerán te diga o no te diga algo al respecto- presioné un poco más. Pero entonces me detuve. –Lo que realmente debería importarte es lo que hagamos a futuro. Así no se repetirá, así no será en vano. Como el réquiem-

-No te perdono-

-No te estoy pidiendo una disculpa-

-No lo voy a olvidar, Lelouch- cuando su espalda dejó de tocar la mía, se giró para quedar de frente a mí. Yo hice lo mismo.

-No voy a dejar de mentir, Suzaku- sonreí.

Funcionamos así.


Suzaku P.O.V.

Sin importar lo que hacía, Lelouch parecía siempre estar un paso adelante, sin planearlo. Porque era una caja de secretos que si bien no eran malos, los utilizaba a su favor cada vez que podía. Era injusto. Porque siempre encontraba la forma de defenderse a pesar de mis intentos, y justo cuando creía que lo tenía acorralado, contraatacaba con algo igual de grande.

Como ahora.

Sabía que estaba en todo mi derecho de enojarme y reclamarle al respecto, pero después de unos segundos de pensar con algo de lógica sin dejarme llevar por lo primero que sentía, me daba cuenta de por qué lo había hecho.

Aunque ahora tenía la duda… ¿Lo hubiese logrado asesinar por mi propia cuenta?

Pasé un año creyendo que sí. Que era mi culpa, que yo había aceptado. Pero ahora veía las cosas diferentes, como que a pesar de que nunca estuve contento con eso, tampoco tuve opción.

Era malvado. En un sentido superficial.

Porque también sabía que si yo no hubiese cumplido con mi parte del plan, entonces tampoco tuviésemos este mundo y las personas en el no lo disfrutarían.

Era como un arma de dos filos.

Me dio la fuerza para cumplir mi promesa, pero ya no sabía si era capaz por mis propios méritos.

Es un bastardo inteligente. El día que sus planes estuvieran incompletos entonces era porque él no los había planeado.

-¿Cómodo, your Highness?-

Eso no significaba que cuando pudiera, no sacara provecho de la situación. Rara vez se presentaba la oportunidad y desperdiciarla sería terrible.

-Solo cállate, Suzaku. Ten en cuenta que tengo tu cuello muy al alcance para asfixiarte- su voz sonaba tan frustrada como la expresión que creía que tenía en su rostro, pero no podía evitarlo, era como una especie de karma.

Después de dejar en claro que a pesar de todo, no cederíamos el uno al otro y menos aún al enemigo, me había levantado para sacudirme las pequeñas ramitas del pasto que se pegaron a mi pantalón. Lelouch… intentó tirarme. Moviéndose en el suelo de tal forma que golpeó su pié contra mis rodillas.

Realmente caí.

Al doblarse las rodillas, sin esperarlo, terminé mirando el cielo azul algo confundido, al principio. Hasta que escuché a Lelouch quejarse. Caí en su pié, y yo que pensaba que había sido una roca.

Los que nos trajo hasta aquí. No se había podido parar, no sin mi ayuda. Pero debía contar con que habíamos caminado hasta este campo una considerable distancia. Con él así, no regresaríamos nunca. De inmediato había ofrecido el cargarlo, cometí un error al extender mis brazos.

-¡No soy una princesa!- había dicho-gritado. Me mordí la lengua para no responder nada a eso.

Estaba más decidido que nunca a continuar por su cuenta y yo lo iba a dejar hasta que aceptara –unos metros más adelante- que no podría solo, pero entonces recordé que sería contra-producente dejarlo hacer eso. Solo se había torcido el pie, pero si lo dejaba entonces se lastimaría.

-En mi espalda, Lelouch- no había sido una opción, sino una orden directa. No sabría por qué aceptó tan rápidamente hasta que comenzó a darme leves tirones del cabello, regañándome por creer que podía ponerme tan comandante con él.

-Ya casi llegamos- musité, aunque todavía trataba de comprender todo lo que había pasado.

Todo.

En cualquier cosa que abarcara la palabra.

Diez… once años atrás jugaríamos por estos lugares. En mi espalda tendría a Nunnally y Lelouch nos seguiría a ambos como un halcón a su presa. Reiríamos toda la tarde sobre cosas sin importancia y les enseñaría a ambos príncipes sobre las tradiciones de Japón. Solo haríamos eso, solo pensaríamos en lo que pasaba en ese preciso momento.

Once años después las cosas habían dado un giro drástico. Si cualquiera de nosotros hubiera dicho que algo como esto pasaría, me habría reído. Hubiese sido imposible.

Ahora me reía de lo inocente que había sido el pasado.

-Hey, Lelouch…- el templo ya saltaba un poco más a la vista, antes de llegar debía asegurarme de algo.

-¿Hm?- había encontrado mi cabeza cómoda para recargar la suya, sus manos seguían aferradas a mi cabello.

-¿Planeas algo estúpido para el final?- sentí como se quedó quieto ante la declaración, dejando mi cabello en paz alejando las manos tranquilamente. Pero no contestó de inmediato –Como el Réquiem, ¿Ya tienes planeado algo así?-

Aunque debía estar preparado para lo que sea, ya no estaba tan seguro. Acordando que trataríamos de solucionar esto de la manera más sencilla para todos, Lelouch no había prometido dejar de fuera sus planes muy elaborados. Eso incluía algo como el Réquiem y me temía lo que pudiera causar esta vez. No creo que Nunnally me perdonaría algo así.

Nadie estaría contento con algo así.

Pero al final quien tenía la palabra era Lelouch.

-¿Es tan importante que lo sepas?- contestó después de unos segundos. Asentí levemente y lo escuché suspirar –No tengo nada planeado Suzaku, absolutamente nada-

Eso era un pequeño avance.

-No dejarías de nuevo a Nunnally ¿Cierto? No le harías lo mismo-

Estaba arriesgando mis preguntas mucho.

-Suzaku…-

-Lelouch…- suspiró de nuevo. –Si no estás seguro de nada, entonces… promete que volveremos a venir aquí cuando todo acabe-

De regreso a donde todo estaba bien. Y podría traer a Nunnally.

Al menos era algo más tangible y las promesas de Lelouch podían considerarse como verdaderas.

No respondió de inmediato. Lo sacudí levemente para saber si me escuchaba, el nuevo tirón de mi cabello indicó que sí.

-Lo que digas Suzaku-

Perfecto.


C.C. P.O.V.

Así que aquí estábamos. No había uso en decir que yo solo había sido arrastrada aquí, porque yo había venido por mi propio pié, creí que era una buena idea cuando lo comentaron. Aunque la verdad era que aunque no hubiese intentado venir, de todas maneras no me creería. Y este era un momento especial para tantas personas que pensaba en que valía la pena.

Eso había dicho Nunnally.

Ella estaba de vuelta en su humor normal, algo que hacía varias semanas no era visto. No sin Lelouch cerca. Y era algo que todos habían notado, porque desde el Réquiem no se había visto su sonrisa de esa manera. El golpe de One solo había sido una grave falta en su contra, y era algo que no se perdonaría. Era increíble cómo la desaparición de una sola persona podía causar tantas reacciones y tan distintas.

Nunca lo había pensado de esa manera.

Quizás porque mi existencia no era tan necesaria, no al menos de la manera en que muchos necesitaban a Lelouch.

-¿C.C.-san?...- me giré a la alegre voz en mi espalda. Nunnally estaba sonriendo como nunca, eso lo podía atribuir a otro motivo además de Lelouch.

Era la primera vez que ella veía este templo, según tengo entendido. En el año que llevaba como Emperatriz, jamás había venido aquí y cuando lo había hecho, era con Suzaku y Lelouch. Cuando no podía ver ni caminar, cuando no podía defenderse a sí misma. Cuánto habían cambiado las cosas desde entonces. Ella era más independiente de lo que Lelouch creía.

-¿No hay señales de ellos? Suzaku-san dijo que lo traería hasta aquí, de una forma o de otra- ella se paró a un lado mío viendo cómo el sol ya se iba a meter en el horizonte, me encogí de hombros.

-Lo traerá, eso es seguro- conociendo a Suzaku.

-C.C.-san ¿Crees que Onii-sama se sorprenda?-

Miré sobre mi hombro al templo a mis espaldas. Bueno, no es como si Lelouch pudiera oponer mucha resistencia, no frente a Nunnally. Sonreí ante la espera de su hermana menor.

-Estará algo más que sorprendido- iba a decirle que entráramos, no había por qué esperar aquí afuera, cuando divisé dos siluetas al pie de las escaleras. –Aquí vienen- apunté.

¿Por qué Lelouch estaba en la espalda de Suzaku?

Nunnally se quedó justo a mi lado cuando vio que no hice ningún movimiento, como si confiara en mis acciones. Aunque en unos segundos, Suzaku ya había llegado hasta la cima, con una sonrisa algo avergonzada por una explicación que pediríamos.

-¿Onii-sama?- Lelouch suspiró ante la mirada preocupada de su hermana, el jalón de cabello que le dio a Suzaku no nos pasó desapercibido.

-Fue mi culpa, Nunnally. Yo…-

-Dijiste que lo traerías de una forma o de otra, pero esto es salvaje, Kururugi- dije. Funcionó tal y como esperaba.

Lelouch se preguntaba por qué de lo que dije, pero Suzaku agrandó los ojos en sorpresa por mi mal-interpretación de los hechos.

-¿Suzaku-san?- y ahora Nunnally también dudaba.

El ojiverde no sabía a qué mirada contestar.

-¡Yo…él…!- Lelouch gruñó por lo bajo

-Solo me torcí el pié- argumentó el príncipe de Britannia con algo de sospecha en su voz.

-¿Llegaste tan lejos como para destruir cualquier posible huída?- continué cuestionando a Suzaku con una ceja arqueada. Todavía no encontraba la manera de explicarse.

Nunnally solo rio levemente, ella sabía que nada de lo que yo decía era cierto y que la confusión de Suzaku solo era porque no lo dejaba contestar por su cuenta mis cuestionamientos. Pronto se acercó a su hermano y alargó una mano en su dirección, él la tomó pero Suzaku no lo bajaba.

-Onii-sama, vamos- la mirada de Lelouch no tenía precio –Tenemos que cambiarnos de ropa- cuando Suzaku rió por lo bajo, Lelouch comenzaba a comprender con su oh tan inteligente mente lo que le esperaba. Me miró acusatoriamente.

-Buena suerte- sonreí.

Eran tradiciones, era cultura Japonesa, era algo que no se veía desde hacía mucho tiempo con un esplendor de esta magnitud. Y pensar que la idea había salido de mentes que no habían nacido aquí en Japón pero que esperaban sentir y ver esto, era realmente placentero. La forma en que todo estaba decorado, el ambiente que se sentía y lo tradicional que había sido desenterrado del pasado.

Solo cosas buenas, esta vez.

Pero había algo diferente que me hacía tomar esto más en serio y realmente sentirlo. Era el sentido de pertenencia que a pesar de lo que había pasado, por primera vez se había hecho presente en un largo tiempo, con personas que yo conocía. Con personas que me conocían y aún así no decían nada al respecto de lo que era, lo que había sido y lo que había hecho.

Era mutua aceptación.

Porque este no era un grupo perfecto pero sí uno que podría comprender mejor que nadie lo que era vivir y morir. Las diferentes formas de hacerlo y los motivos por lo cual hacerlo.

Lelouch nunca hizo algo así, no al menos siendo Zero, habría sido imposible. Pero ahora que todos se podían ver a la cara y reconocer sus logros que tanto trabajo habían costado, era una celebración bien merecida.

Era el perfecto inicio.


Ohgi P.O.V.

-¿Acaso el primer Ministro de Japón no está listo?- me giré ante la voz que me llamaba.

-Villeta…-

Ella tenía a nuestro hijo en sus brazos y no podía hacerme sentir más orgulloso. Porque esto era real.

Salimos al gran patio del Templo Kururugi. Personalmente no conocía este lugar tan bien como me gustaría, pero el hecho de saber que aquí habían empezado los problemas y resoluciones del futuro del mundo, lo convertían en un lugar especial. Un lugar digno de admiración. Porque era tan común que demostraba a los demás que el mundo se podía cambiar desde cualquier lado, por cualquier persona, de cualquier mentalidad.

Había lámparas de papel en todos lados, listones de colores colgando de los árboles. Mesas y sillas repartidas alrededor, iluminadas por más lámparas de papel y flores de exóticas formas saliendo de vasijas delgadas. El aroma de la comida se saboreaba en el aire y la leve brisa parecía coordinarse con la gran tranquilidad que nos hacía respirar profundamente.

-Da-da…-

Bajé la vista.

Claro que todo esto no había salido de la nada.

-Ven aquí, Ken-chan-

Tomé a mi hijo en mis brazos y lo acerqué un poco a los listones que colgaban del techo.

¿Quién lo imaginaría? Hace unos años.

De ser maestro, a terrorista. A rebelde, enamorado de una Britannian y finalmente Primer Ministro de Japón. Con un hijo.

Es un buen ejemplo de que no estamos nunca seguros de lo que nos depara el futuro. Que nunca debemos subestimarlo. Y que siempre hay que buscar un futuro mejor. Si algo había aprendido, era eso.

No rendirse.

No estaríamos aquí si hubiésemos cedido.

-Con tu madre, Ken-chan…- Villeta se acercó y tomó con una sonrisa a nuestro pequeño. Nuestras vidas no eran las únicas que habían cambiado en los últimos años.

Todou estaba sentado en una de las mesas más alejadas, todas estaban vacías porque apenas y sería la hora de que las demás personas llegaran. Pero él siempre había preferido algo de paz y silencio, incluso cuando no había nadie. Me acerqué despacio y no muy sorprendido noté la katana que reposaba en el lado de su silla.

Nunca había dejado de hacerlo.

-Todo está tranquilo…- comentó, levantando su rostro que había estado inclinado en meditación –Como si nada nunca hubiese pasado- seguí su mirada observando alrededor.

No había estado en este templo antes de la guerra, pero supongo que no había cambiado tanto. Sin embargo sabía a lo que se refería.

-Es como el viejo Japón- comenté, tomando haciendo –Solo que fusionado con uno mejor-

Todou asintió levemente. –Y todos los presentes trabajaron duro por ello-

Estaba por preguntar por qué los presentes cuando no había nadie en este patio trasero, aún, cuando unas risas llegaron a mis oídos, llamando mi atención a la salida trasera del templo que daba a este lugar.

-¡Vamos, Suzaku-san, Onii-sama!-

La Emperatriz de Britannia. Me permití una sonrisa sincera ante su aparición, y su vestimenta.

En esta celebración armada en cuestión de horas, si había una cosa que se había dejado en claro, era la vestimenta tradicional japonesa que todos los asistentes debían usar. Yo no tenía problema alguno con eso, era algo que estaba orgulloso de portar. Villeta se había encargado de mi hakama y gi blanco, del de nuestro hijo, color azul claro, y ella vestía un hermoso kimono color plata que yo había conseguido. Combinaba con su cabello y los detalles oscuros en su kimono bordados a mano, eran dignos de admiración. Ella siempre vestía con elegancia, pero eso había sido presente mío.

Pero volviendo a la Emperatriz, ella era joven y un gran signo de poder al mismo tiempo, así que no podría estar más de acuerdo con su kimono y la gracia con que lo portaba. Tenía entendido que apenas y se había mandado a hacer por la rapidez con que se organizó esta fiesta, pero era digno de la realeza de Britannia. Era blanco, con una larga cinta roja en todo el perímetro. Pero desde un poco más arriba de la cintura hacia abajo, sobresalía una capa de tela color rosa dulce, que cubría incluso hasta las largas mangas de su kimono, adornado de detalles dorados y delicados, atado al kimono blanco con tiras rojas que se encontraban al frente. Parte de su cabello estaba atado con cintas rojas en dos pequeñas coletas que asimilaban mariposas.

-¡Suzaku-san!-

Escuché a Todou reírse, volví mi atención a él para saber qué era lo que le causaba tanta gracia, pero él solo negó levemente.

-No he visto a Suzaku vestido como debería en un largo tiempo- musitó levantando la vista completamente, a la espera de su alumno.

Suzaku Kururugi. Uno de los motivos por los que estábamos aquí.

-Primero Lelouch…-

-Sal tú, Suzaku-

-¡Conmigo, Lelouch!-

Me senté con algo más que curiosidad, ahora.

Lelouch Vi Britannia. Sería algo digno de ver. Pero no pude imaginar tanto cuando por fin se reveló a uno de los jóvenes que peleaban desde el interior. Suzaku salió por lo que parecía había sido un empujón, apenas se detuvo frente a la emperatriz cuando se giró con cara de pocos amigos hacia quien sea que lo hubiese empujado.

Se miraba diferente con esa ropa, lo debía admitir.

Vistiendo un kimono blanco sencillo, pero con una ancha banda roja adornando su hombro derecho, de perímetro dorado y unas curvas que se cruzaban entre sí por todo lo largo, del mismo color. La larga tira llegaba hasta sus pies, siendo escondida solo parcialmente por el grueso cinturón dorado en su cintura, que sostenía todo el conjunto en su lugar.

Me vi a mi mismo sorprendido. Incluso me giré con Todou para confirmarlo, pero era cierto. Ese muchacho era hijo de una de las más grandes Familias de Japón, y era el mismo que se había unido a Britannia, olvidándose de su pasado.

No, peleando por su pasado.

-¡Ven aquí, Lelouch!-

Apenas regresé mi vista ante el llamado, alcancé a ver a Kururugi alargando su mano dentro de la oscuridad del templo y jalando algo de regreso. Alguien, mejor dicho. Lelouch Vi Britannia tuvo un difícil momento tratando de recuperar su balance, siendo detenido por su hermana y el causante de todo desde el inicio.

Era… increíble.

Como podía ver las cosas diferentes, como ver esos atuendos casi podía concordar por todo lo que había pasado para que estuviéramos aquí.

El manto púrpura oscuro que caía de su hombro era un contraste con el blanco de su kimono. Pero podía decir la pequeña diferencia de lo tradicional. Al mismo tiempo que el color me hacía recordar de inmediato a Zero, los detalles dorados en la tela sobre-puesta sobre su hombro solo me recordaban el estatus que realmente tenía ese joven en el mundo.

Regresando a Zero.

Nadie había pensado por qué en un traje de un líder misterioso habría un color dorado adornando los perímetros, justo como ahora. Lo que en realidad representaba, el poder tras ese color.

El manto se doblaba un poco sobre el hombro del joven dando la apariencia de que era como un saco colgado de su hombro. Un saco púrpura con solapas que terminaban en picos de perímetro dorado y unas cuantas cintas doradas colgando alrededor y en el cinto de la cintura.

No debía olvidar, quién había peleado por lo que teníamos.

Que a pesar de ser Zero, el Lancelot, Líder, Round, Emperador y Caballero, eran jóvenes.

Jóvenes aferrados. Que nos habían mostrado el infierno que era una vida mejor.

-Y pensar que convivieron juntos, cuando estaban pequeños, aquí en este mismo templo. Antes de la guerra- Todou se levantó de su asiento y caminó hacia el pequeño grupo con tranquilidad.

La emperatriz saludó con efusividad, Suzaku Kururugi se inclinó con respeto a forma de saludo y Lelouch Vi Britannia estrechó su mano con una muy leve sonrisa.

Todo había partido de aquí.


Holaa n.n Si, soy yo. Apuesto a que no esperaban -al menos- mi explicación de cómo Lelouch logró que Suzaku lo asesinara en el Réquiem... se me hace una explicación razonable n.n

Regresando al fic, fluffy! n.n Pero todo lo escrito es necesario y no se desesperen si no he sido malvada en los capítulos n.n cuando lo sea entonces pueden desesperarse.

Próximo capítulo, la continuación de esta celebración y más -sip, MAS- revelaciones! wii! Y no será ya taan tranquilo n.n pueden apostarlo.

Gracias a todos mis reviewers, n.n porque al dejar su comentario significa que les interesa la historia y eso hace a la autora feliz! :) Oh, por cierto, los atuendos de Suzaku, Nunnally y Lelouch son de una imagen que encontré en la red: http : / / download . minitokyo . net / Code. Geass : . Lelouch. of. the. Rebellion. 387297. jpg n.n para mayor referencia visual.

Próximo fic a actualizar, Re: Zero Réquiem :) Nos vemos! :D

Review? :3 ne? 1 momento incómodo en el siguiente capítulo por cada review, ¿Trato? n.n

any

TQM Kohai :)