MI VIDA ANTES DE TI

Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi.

Advertencia: Como todo fic que escribo este contiene lemon.

XXXX: Las palabras subrayadas de este capítulo hacen referencia a un recuerdo breve.

Flash Back: escena retrospectiva.

POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.

Capitulo 25

Kagome recorría las concurridas calles de ese pueblo hecha una fiera; las miradas curiosas se posaban sobre ella y tampoco podía culparlos, pues su apariencia era bastante bizarra, únicamente se encontraba con la bata que "había tomado prestado" del lugar del que estaba fugándose y las pantuflas rosas provenientes del mismo lugar. No había podido evitar huir avergonzada y furiosa luego del espectáculo que había montado Inuyasha.

Era solo una broma, sé que mi hembra me matará si por error veo a otra mujer desnuda. – había expuesto riendo, lo que no fue para nada divertido menos al escuchar las ofensas y juzgamientos de las mujeres con quienes "compartía" el lugar. El recuerdo de lo ocurrido, logró que su furia creciera, mientras a pasos presurosos intentaba llegar al hotel.

No se arrepentía para nada de los millones de osuwaris que había pronunciado, aunque si se arrepentía terriblemente por no haberse tomado el tiempo de vestirse.

Inuyasha gruñó cuando el efecto del conjuro terminó y finalmente pudo despegar su rostro del suelo. Estaba enojado y frustrado, no podía entender a la mujer.

Maldito Miroku. – gruñó al tiempo que se paraba y limpiaba la inexistente suciedad de su ropa.

Flash Back

Aún era de madrugada y él ya había salido de la habitación; no podía quedarse por más tiempo en ese lugar; era una tortura estar tan cerca de ella, quería ingresar a la habitación de al lado y hacer con la mujer lo que su instinto solicitaba, pero sabía que hacer eso sería tonto, no tanto por los osuwaris que recibiría, sino por que volvería a dañarla y eso era algo que él no quería, por lo que la mejor opción a criterio del hombre era alejarse de la tentación.

Caminó lentamente por los pasillos y un tenue sonido fue captado por sus sensibles orejas, por lo que extrañado fue en esa dirección. Al ver a Yumiko en la cocina le sonrió y ella correspondió "al saludo". Durante todos los años vividos en ese lugar, las pocas veces que había podido tomar posesión del cuerpo, esa Youkai fue la única que no sintió temor, por lo que cuando ésta le pidió su ayuda para llevar el desayuno a los monjes ya que Airi extrañamente no había aparecido, él sintió que ese era su deber y su destino.

Cuando llegó frente al lugar donde vivían los monjes, sonrió sádicamente al ver al joven ojiazul sentado descuidadamente sobre una silla al costado de la puerta de entrada; parecía como si éste estuviera haciendo guardia, pero no estaba para nada alerta y el ojirojo lo supo cuando a sus sensibles orejas llegaron los ronquidos.

Oe, despierta para que pueda matarte. – gruñó Inuyasha e inmediatamente el monje despertó. Los ojos azules exhibieron el terror que sentía.

– Inuyasha, amigo, ¿qué haces por aquí?. – musitó simulando una afable sonrisa, lo que amplió la sonrisa sádica de Inuyasha.

Pensaste que podrías mentirme y seguir vivo. – gruñó acercándose a su presa como un depredador. Miroku sonrió nerviosamente.

– Ahhh, el collar, pues…no te enojes por eso, en verdad lo hice para ayudarte. – aseguró e Inuyasha gruñó mientras sus garras lanzaron un feroz ataque que el monje por poco esquivó.

No caeré dos veces. – aseguró acercándose. Miroku miró desesperado a su costado y vio su báculo recostado por la silla en la que anteriormente estaba sentado. Inuyasha siguió su mirada y su expresión siniestra fue más palpable. – ¿Quieres probar quién de nosotros es más rápido?. – ofreció petulante y el monje inmediatamente corrió en la dirección, pero el ojirojo lo interceptó y con un leve ataque evitó que llegara a su objetivo. Miroku gimió al sentir su carne siendo perforada por las garras del hombre y éste sonrió cuando lo vio jadear mientras sujetaba su hombro herido.

– La señora Kagome volvió a sentirse cómoda después del collar ¿verdad?, el creer que tiene el poder de detenerte ha logrado que te tema menos. – comentó en un jadeo lo que detuvo toda acción del ojirojo. – Ese era el plan, déjala pensar que tiene el poder sobre ti, déjala que "te castigue", sé que eso no te lastimará. – agregó.

Eso no logrará que ella me ame y mucho menos que nos apareemos. – gruñó. Miroku suspiró.

– El collar, solo era la primera parte del plan. – murmuró. – Sabes Inuyasha, los humanos, somos bastante complicados, pero las mujeres, ellas son sin duda un enigma inentendible para muchos. – comentó "sabiamente". – pero no para mí. – agregó. Inuyasha lo miró escéptico por varios segundos sin decir una palabra por lo que el monje continuó con su discurso. – Ellas dicen que quieren amor, respeto, fidelidad, y un sinfín de boberías cursis, pero si cumples con eso y con todo lo que te pidan, solo lograras ampliar la lista de pedidos. – Aseguró. – Si en verdad quieres tener a la señora Kagome, en todos los sentidos, solo hay tres cosas que debes hacer. – agregó convincente. Inuyasha sin proponérselo estaba cayendo cada vez más en la trampa del monje, y éste lo supo cuando lo escuchó susurrar.

¿Y eso es?. – indagó intrigado.

– Primero: darle celos. – aseguró.

Keh, ya lo he intentado y todo fue peor. – aseguró en un gruñido recordando la experiencia vivida horas antes.

– Pero hay una manera correcta y una incorrecta de hacerlo. – comentó ilustradamente. – La incorrecta, es mirando, tocando o besando a otra mujer mientras la dejas ver. – musitó y la mueca del ojirojo logró que sonriera satisfecho al descifrar que ese fue el método utilizado. – La correcta es logrando que mujeres te elogien y te deseen, pero tú "solo tengas ojos para tu mujer e ignores a las demás". – aseguró. Inuyasha escuchó las palabras y le parecieron muy coherentes por lo que decidió atrasar la muerte del hombre por unos minutos más.

¿Qué es lo segundo y lo tercero?. – indagó curioso. Miroku se animó entonces a acercarse y pasar un brazo por los hombros de su "amigo". Inuyasha gruñó, pero de igual forma el ojiazul no se apartó.

– A las mujeres les gusta los hombres con humor, una buena broma deja en el aire un ambiente de complicidad y distención, eso logra que luego estén más dispuestas para…ya sabes. – susurró sonriendo libidinosamente. – Y lo último es un buen regalo, ninguna mujer se resiste al hecho de que hayas pensado en ella y hayas comprado algo, esto sirve si has fallado y buscas redención o simplemente si quieres sumar puntos para lograr más rápido…eso– aseguró.

Keh, ¿con eso consigues que te amen?. – gruñó vacilante. Miroku rascó tras su oreja mientras reía.

– La verdad no lo sé, no lo he utilizado para eso, pero si me sirvió para conseguir sexo. – comentó logrando una furiosa mirada.

El número uno no podré cumplirlo, mírame, ¿crees que alguien se interesará en mí y me deseará?. – indagó señalando sus orejas.además no tengo ni una pisca de humor. – gruñó eliminando inmediatamente las dos primeras opciones.

– Yo te ayudaré, para eso estamos los amigos. – expuso. – ya lo he planeado todo, tu solo debes hacer lo que te diga y la señora Kagome no querrá dejarte levantar de su lecho. – aseguró. Inuyasha sonrió ante la idea mientras entregaba la comida al monje como una ofrenda de paz.

End flash back

El primer obstáculo había sido superado gracias a un misterioso polvo que el monje le había entregado, para la grata sorpresa de Inuyasha había funcionado; apenas habían llegado al pueblo él había utilizado el polvo salpicando disimuladamente en el rostro de una de las mujeres, como Kagome estaba dándole la espalda no había visto esa acción, ella había elogiado sus ojos y sus orejas, algo muy irreal, pero lo verdaderamente gratificante había sido que la mujer que la acompañaba se unió a los halagos, enardeciendo a su compañera.

Gracias Miroku. – había pensado el hombre cuando ella remarcó su posesión y aceptó su abrazo. En ese momento vio al monje como un ser mítico por lo que haciendo caso a su advertencia se alejó de las mujeres antes que el corto efecto terminara. Cuando veía a una mujer bella y Kagome no lo veía él esparcía el polvo recibiendo la falsa atención; Kagome se veía feliz cuando él mostraba "que solo tenía ojos para ella". Era un juego bastante divertido. Con la señora de la posada no había utilizado el polvo por lo que se sintió algo extrañado al recibir tanta atención, pero mientras pudiera molestar a Kagome hasta el punto de decidir que dormirían en la misma habitación, fueron bien recibidos sus piropos.

Pero lo de la broma había sido una pésima idea. Miroku había dicho, inventa algo que la haga sonreír, cualquier cosa será bueno, pues bien, se había equivocado, no cualquier cosa funcionaba como broma, él lo había comprobado luego de cavar un hoyo en el suelo del recinto. Gruñó a las mujeres que habían tachado a su compañera como libertina y decidió ir corriendo tras ella. No sin antes ser interceptado por el guardia del lugar y haber pagado por los pequeños daños y los objetos extraviados.

Al salir del local se sintió abrumado, había tantas personas que aturdieron sus sentidos, las voces, los olores, los sonidos, eran demasiado, nunca lograba acostumbrarse a ello, pero en ese momento agradeció traer puesto la gorra pues había disminuido aunque fuere un decibel los molestosos barullos.

Empujo "levemente" a las personas que impedían su camino por el estrecho pasillo. Deseaba encontrar lo más rápido posible a Kagome.

– Y lo último es un buen regalo, ninguna mujer se resiste al hecho de que hayas pensado en ella y hayas comprado algo, esto sirve si has fallado y buscas redención o simplemente si quieres sumar puntos para lograr más rápido…eso– Inuyasha gruñó al recordar las palabras del monje.

Keh, por que debería comprarle un regalo a esa perra malvada. – gruñó orgulloso.

Kagome´s POV-

Apenas llegué al hotel, mi rabia aumentó al ver a la mujer de la recepción mirando a mis espaldas, en un gesto que denotaba claramente que buscaba a alguien. Y yo sabía perfectamente a quien deseaba ver, por lo que refunfuñando subí los peldaños.

Cuando ingresé a la habitación maldije al hombre y mi furia aumento unos niveles más; deseaba que llegara pronto para así poder retorcer su cuello y aligerar mí rabia.

Los minutos pasaban y contra todo pronóstico mi ira iba disminuyendo dando paso a otros sentimientos como el miedo y la incertidumbre, por un segundo me preocupe de que pudiera haberle pasado algo, pero pronto deshice esa idea. Se suponía que él tenía súper poderes, no debía preocuparme; pero no podía evitarlo.

Me acerqué a la ventana y observé las concurridas calles intentando ver el inconfundible cabello plateado, algo ardía en mi pecho, dolía mucho.

– ¿Donde te metiste?. – susurré. Necesitaba que llegara, saber que estaba bien, pronto empecé a preguntarme ¿qué más podría haberlo atrasado tanto tiempo? Y ahí un nuevo sentimiento empezó a recorrerme y se esparció rápidamente por todo mi cuerpo llenándome de dudas y miedos. – ¿Y si se cansó de que lo lastime?, ¿si fue con una de esas mujeres?. – murmuré analizando que podía estar pasando, mientras el recuerdo de todas las mirada femeninas sobre Inuyasha y las palabras dichas por éstas sobre lo hermoso y sensual que era aumentaban mi turbación, más al saber que ellas no lo rechazarían como yo lo había estado haciendo.

Sabía que quizás me había excedido un poco al mandarlo tantas veces al suelo, la sola posibilidad de que él me hubiera abandonado, me aterró. Lo que Inuyasha había hecho no había sido divertido, pero tampoco me había dañado. Me había excedido y lo supe cuando los minutos se transformaron lentamente en una hora y él no volvió.

Desesperada analicé la posibilidad de bajar y salir a buscarlo, pero al mirar por la ventana y ver que el pasillo que antes estaba repleto de gente estaba casi vacío, me acobarde, no tenía ropa, ni siquiera tenía ropa interior bajo la bata, ahora me preguntaba ¿cómo me había animado a recorrer las más de diez cuadras que separaba el hotel del local de aguas termales?, quizás había sido la furia la que había movido mi cuerpo, pero ahora tenía miedo, en realidad sentía pavor. Sabía que las calles eran peligrosas, ya había sufrido en carne propia lo que podía pasarle a una mujer sola por la noche, no tenía coraje de salir y tampoco quería quedarme ahí.

– Inuyasha, vuelve ya por favor. – rogué en un susurro. Me dolía mucho el pecho y pronto empecé a hiperventilar, sentía que me faltaba el aire, por lo que caminé hasta la cama y me senté en el borde de ésta mientras sujetaba mi pecho intentando normalizar mi presurosa respiración. Volví a sentir la angustia de perder a alguien amado y saber que esta vez había sido por mi culpa, hacía que duela muchísimo más.

Todas las cosas buenas que hizo Inuyasha, pasaron como un flash por mi cabeza; mi vida daba asco antes de conocerlo, me sentía tan sola y miserable, pero luego de conocerlo me volví demasiado pretenciosa, pensé que él siempre estaría conmigo. Por eso en un momento solo empecé a señalar sus puntos malos y a olvidar los puntos buenos.

Olvide que él me había liberado de volver a trabajar con el asqueroso ser que mato a mi familia, me salvó de volver a vivir en esa pocilga mientras temía ser acosada, olvidé agradecer por el plato de comida y la cama caliente, olvidé responder los besos y las caricias que rogaban por aceptación. Mi arrogancia me hizo creer que yo merecía todo eso, y que él merecía sufrir por lo que me hizo, pero…

– Yo, en verdad soy una mala mujer. – susurré. Mis ojos escocían por el deseo de llorar y lo hubiere hecho si la puerta no se hubiere abierto lentamente rebelando medio cuerpo del hombre quien solo asomaba la cabeza y el torso, como si él tuviera miedo de entrar y estuviere tanteando el terreno.

Kagome yo… – lo escuché susurrar. Mi cuerpo quedó inmóvil mientras miraba sus largos cabellos, me olvidé de respirar mientras observaba su rostro preocupado. Inuyasha se mostró sorprendido cuando finalmente pude salir de mi inercia y corrí en su dirección, pero como siempre no se negó a mi abrazo, aún cuando yo merecía el mismo rechazo que le había dado, él siempre me esperaba de esa manera, siempre me recibía aprisionándome fuertemente entre sus brazos.

– Inuyasha. – gemí y finalmente las lágrimas abandonaron mis ojos, mientras mi garganta emitía un fuerte lloriqueo; mi alma dolía, en verdad dolía mucho y me sentía muy afortunada también, más al sentir sus garras recorriendo mi cabello intentando reconfortarme.

Shhh, lo siento, me equivoqué, no llores. – gruñó con esa voz que siempre percibía como autoritaria, pero en este momento se me hacía lo más maravilloso. – Yo…solo quise hacerte reír, pero sé que no fue bueno…no sé cómo hacerlo, siempre termino haciéndote llorar. – comentó y mi llanto aumentó aun más, pero era porque había aguantado tanto, y en ese momento era muy feliz.

– Por que tar…daste tanto. – gemí entre llanto. Él se separó del abrazo, y al sentirme lejos de su reconfortante pecho por un segundo me sentí turbada, pero al ver la caja azul que el exponía entre nuestros cuerpos lo miré sorprendida.

Yo quería comprarte otra cosa, pero el hanyo estaba llorando en mi cabeza, así que tuve que cambiarlo por esto. – comentó dejándome confundida. – Tómalo. – agregó.

– ¿Es para mí?. – pregunté mirando extrañada la caja, mi corazón latía demasiado rápido, no sabía cómo responder, ya que me había tomado por sorpresa. Él me sonrió y entonces sentí mi suelo temblar.

Claro que es para ti. – aseguró. Mis manos temblaron en cuanto tuve la caja entre ellas. No recordaba cuando había recibido un regalo, pero podría jurar que este día si lo recordaría por el resto de mi vida. Abrí la caja y sonreí al ver el reloj dentro de esta, era hermoso, parecía más un brazalete que un reloj pero las manecillas indicaban la utilidad del mismo. Saqué de la caja con sumo cuidado y lo contemplé por unos segundos, el color dorado resaltaba y el blanco le daba un aire elegante; nunca había tenido algo tan hermoso por lo que me quedé apreciándolo fijamente. – Siempre buscabas un reloj, cuando despertabas tarde. – comentó y me sorprendió el hecho que el recordara ese detalle tan insignificante.

– Gracias. – susurré, mirando embelesada el objeto. – Esto, estuviste buscando esto por eso tardaste casi dos horas. – murmuré al tiempo que lo guardaba con sumo cuidado en su caja y esperaba la respuesta; necesitaba su confirmación, quería creer que no había estado con otra durante este tiempo.

Si. – susurró. – Además tardé, porque no sabía si podía volver, pensé que quizás no querrías verme. – musitó y mi corazón casi se detuvo de la emoción al ver el mismo temor en él; el hombre tampoco sabía cómo actuar; ahí lo comprendí más, él como yo era alguien que tenía mucho amor que dar pero no sabía cómo. Todas las cosas que había vivido me habían hecho una persona casi insensible y muy temerosa.

– Tienes razón, no quiero verte. – musité y él bajó la cabeza demostrando una imagen de derrota. Por lo que por un segundo quise reír. – No quiero solo verte, también quiero besarte y poder tocarte. – agregué rectificando mis palabras y el cambio fue muy notorio, aún con los lentes negros pude percibir el cambio en la mirada del hombre o más bien recocí la expresión que acompañaban a esa enorme sonrisa. La puerta entonces finalmente se cerró y él se acercó a mí lentamente, era tanta la fuerza que exudaba que no pude evitar dar un paso hacia atrás, levemente intimidada.

Kagome, no puedes decirme eso y después querer huir, eso no está permitido en este juego. – gruñó y yo sonreí. – ¿dime Kagome exactamente qué parte te gustaría tocar?. – preguntó y mi sonrisa desapareció mientras un intenso sonrojo invadía mi rostro. – ¿Donde te gustaría besar?. – agregó. Chillé en mi interior como colegiala enamorada al escuchar su excitante voz.

De un rápido movimiento el sujetó mi mano derecha logrando que dé la impresión soltara la caja, por un segundo quise regañarlo, pero cuando él colocó mi mano sobre su pecho, solo pude mirarlo fijamente totalmente expectante a su próxima acción.

¿Quieres tocarme aquí, o prefieres aquí?. – indagó logrando que mi concentración se fije en el caliente abdomen donde reposaba mi mano en ese momento.

– Quiero todo. – susurré y él sonrió lascivamente. Soltó mi mano lentamente pero yo la mantuve sobre su estómago, no quería terminar el contacto, temía que si lo hacía él pudiera desaparecer nuevamente.

Lo que quieras es tuyo. – aseguró y yo sentí mis piernas flaquear. Mi mano descendió un poco más, aún así, él quedó inmóvil, lo que era extraño, cuando llegué al final de esa remera blanca sin pensarlo mucho lo levanté lentamente, él levantó los brazos y de última me ayudó a despojarme de la prenda. El gorro cayó pero no me importó, es más, llevé mi mano para también sacar los lentes y al hacerlo, sentí el ardor quemando mi pecho al ver esos ojos de fuego.

Solamente con un dedo de cada mano, delinee su perfecto torso mientras ascendía, me sentí poderosa cuando un pequeño gruñido abandonó su garganta cuando rose sus pezones. Entonces me acerqué un poco más, pegué mi nariz a su cuello y gemí al percibir ese aroma que me encantaba. Deposité un beso en la zona, un simple rose de mis labios contra su sedosa y caliente piel.

Mi mano descendió nuevamente por su torso lentamente, me gustaba la forma en la que reaccionaba a cada ligero toque y cuando metí mi dedo pulgar mientras en resto de mis dedos se aferraron a ese Jeans que lo hacía ver endemoniadamente sexy el gruñó.

– Ven aquí. – pedí mientras jalaba levemente de su pantalón y le "ordenaba" que se arrimara contra la mesa. Le miré al rostro por un segundo y lo vi sonrojado, lo que ganó el premio a lo más bizarro de la noche. Mi mano libre acarició su espalda notándolo sudado, lo que era bastante extraño, ya que el otoño había iniciado hace más de un mes y el calor ya no era demasiado a esas horas. Mordí su hombro y un jadeo ronco logró erizarme los vellos de mi brazo. La mano que estaba al borde su jeans viajó hasta el botón y lo desprendí con maestría con una sola mano y del mismo modo baje su cierre rozando "accidentalmente" su erecto miembro. Mi separé de él un paso y lo recorrí con la mirada queriendo grabar a ese perfecto hombre. Amé su mirada, la forma que su boca liberaba y absorbía rápidamente el aire y el vaivén de su pecho con cada respiración.

Bajé lentamente su pantalón mientras acariciaba en mi descenso su cuerpo, él me ayudó sacándose los zapatos y el resto del pantalón cuando llegue a estos. Entonces arrodillada a sus pies levanté la mirada, pero él tenía los ojos cerrados negándose a mirarme. Lo sentí temblar cuando mis manos se posicionaron en su pierna una en cada lado, hice que sintiera mis uñas contra su sensible piel y lo escuché maldecir al llegar hasta donde comenzaba el ajustado bóxer negro que traía puesto.

Kagome, por favor. – lo escuché rogar mientras contraía la mandíbula, fue lo más extraño, era insólito, tenerlo tan sumiso.

– Dijiste que podía tocar y besar lo que quisiera. – susurré sorprendiéndome por lo jadeante que sonó mi voz.

Si. – aseguró escuetamente. – Pero…– agregó, pero tan solo gruño cuando yo coloqué ambas manos al borde del bóxer, lo quité lentamente, y finalmente pude apreciarlo completamente desnudo.

Perfecto, ese hombre era deliciosamente perfecto. Me incorporé sin siquiera rozarlo, Tomé el espaldero de una silla y tire de ella.

– Ven, aquí. – susurré, mientras acariciaba la silla y él cumplió nuevamente mi pedido sorprendiéndome gratamente. Me observaba fijamente incendiando todo mi cuerpo, ni siquiera me había tocado, pero sentía toda mi piel sensible, llevé mi mano al nudo que mantenía la bata en su lugar y lo deshice, con ambas manos lentamente lo bajé por mi hombro dejando que cayera silenciosamente al suelo.

Kagome, quiero que sepas que me yo me niego a esto. – jadeo en un murmullo. Y yo sonreí. Notoriamente falsas eran sus palabras, su miembro estaba tan rojo y erecto, además el líquido pre seminal, humedecía la punta mostrándome que no estaba tan en desacuerdo con lo que hacía.

– Claro, he notado tu resistencia. – comenté sentándome sobre sus regazos al tiempo que él gruñía, solté un gritito de placer cuando finalmente rocé nuestros centros, sorprendiéndome al percatarme de mi excesiva humedad. El sonido fue indecente pero lo sentí glorioso, por lo que me contonee buscando ese contacto. Colé una de mis manos entre nuestros cuerpos y sujeté el caliente falo logrando otro gruñido, y cuando lo sentí bien dirigido en mi entrada me dejé caer sobre él, gritando de placer al sentirlo completamente dentro. Mis manos se aferraron al espaldero de la silla mientras con mis pies me daba un pequeño impulso y mis caderas hacían el resto.

No podía evitarlo, sentirlo tan dentro era irreal, por lo que el ritmo que marcaba era lo más rápido que podía, lo escuchaba gruñir y jadear y eso me encendía más.

– Te amo. – susurré entre mis propios gemidos de placer y no supe si lo escuchó o no, pero no me detuve para averiguarlo, lo apreté entre mis paredes y él se derramó violentamente dentro de mí, llenándome, pero no me detuve aún lo sentía duro y en mi interior por lo que contoneando las caderas busqué mi propia culminación. – Inu…te amo…márcame…por favor. – rogué al sentir un extraño calor en mi bajo vientre, aún no entendía muy bien las tradiciones de su clan y tampoco que conllevaba ser su compañera, pero deseaba averiguarlo todo, quería estar con él, y si la demostración de mi amor era dejar que me mordiera, yo rogaría por ello.

Sentí como movió su cabeza y pronto su lengua lamiendo mi cuello me enloqueció, se sentía tan bien el roce de su áspera lengua contra mi piel, por lo que aun creyéndolo imposible aumenté la velocidad contoneándome indecentemente sobre él mientras arqueaba la cabeza hacia atrás dándole acceso a mi cuello. Sentí sus colmillos perforando mi piel y como el violento orgasmo avasallaba mi cuerpo, por lo que grité audiblemente y me sentí en un mundo irreal por unos segundos mientras gozaba las lamidas en la zona y como mi cuerpo temblaba violentamente ante cada lengüetazo, recosté pesadamente mi cabeza contra el hombro masculino y él sonrió.

Sus manos se colaron hasta mi espalda y presionaron mi cintura, dejándome sentir finalmente su caliente tacto mientras me levantaba hacia arriba separando nuestros cuerpos. Miré hacia abajo notando como su pene casi abandonaba mi interior y gruñí inconforme, quería sentirlo dentro un poco más.

Tus pies, ponlos en mi hombro. – gruñó. Y yo sentí mi alma temblar al percibir la agitación de su voz.

Gemí al sentir el pinchazo del filo de sus garras clavándose en mi piel cuando él me recostó más para que pudiera cumplir con su pedido. Elevé mis piernas hasta descansarlos por su pecho y hombro notando su trabajosa respiración. Grité al sentirlo casi fuera y como de su rápido movimientos ingresó nuevamente, creía que ya había llegado a lo más hondo que podía pero él me levantaba como si no pesara nada y luego se hundía en mi de una manera bestial, no podía evitar los gritos que abandonaban mi garganta. Al sentir la piel de mi cintura siendo rasgada por esas largas garras, pero eso me excitaba, me recordaba que era él quien me poseía, llegando hasta el fondo de mí ser.

Mírame. – lo escuché gruñir, era una gran lucha mantener los ojos abiertos cuando mi cuerpo era azotado por tanto placer, mi espalda se mantenía en el aire ya que con sus manos en mi cintura el me daba estabilidad, mi cuerpo estaba doblado en forma de V por la posición. Pero deseaba cumplir lo que me pidió por lo que fijé mi mirada en la de Inuyasha, y al hacerlo pude leer todo en ellos, la pasión, el temor, el amor, era la misma mirada que siempre me mostraba, era yo la que recién podía comprenderlo. Solo pude lograr mantenerlos unos segundos abiertos, ya que al ver la enorme sonrisa sádica que me exhibía, supe que no podía más que sucumbir mientras él aumentaba el ritmo de los vaivenes a un ritmo frenético.

Simplemente no podía seguir el ritmo de sus caderas y manos, simplemente no podía acallar los gritos que mi cuerpo liberaba al sentirlo tan dentro como nunca antes, sentía sus manos quemándome como brazas.

– Por…favor. – rogué entre gritos, por la posición ante cada embiste rozaba mi sensible clítoris, y ya no podía aguantarlo, era tan placentero que ya lo sentía doloroso. El gruñó audiblemente probablemente al percibir, mi orgasmo y desenfrenadamente continuó. El chillido de la silla era insoportable en ese punto y cuando esta colapsó Inuyasha me giró rápidamente para que yo cayera sobre él. Agradecí que la silla se hubiera rendido, o sería mi cuerpo el que sería destrozado. Lo vi jadeante mientras me miraba con una expresión extraña.

El hanyo gruñe en mi cabeza, no es para nada feliz. – comentó y yo lo miré fijamente por un segundo recordé las palabras de Inuyasha y me sentí un ser horrible, pero cuando él me giró en un rápido movimiento poniéndome en cuatro patas mientras dos de sus dedos jugaban con mi clítoris olvidé todo, y más al sentirlo invadirme nuevamente con la misma fuerza que antes.

End Kagome POV-

Inuyasha intentaba recomponerse del placentero encuentro mientras la miraba, sonrió al verla respirando agitada sobre el suelo intentando recuperar la respiración.

Miroku había escuchado toda la historia desde el principio luego de dar sus "tres consejos".

– Deja que ella te viole, así luego ya no tendrá nada que reclamarte. – recordó el hombre las palabras del ojiazul, en el momento que lo había oído, lo desechó pues lo creía imposible, pero cuando ella le había dicho que lo quería todo, supo que tenía una posibilidad; había sido duro soportar que ella hiciera lo que quisiera con su cuerpo, pero eso también lo había encendido, por lo que en ese momento que terminó la marca, cuando finalmente supo que ella le pertenecía y no podría negarse a lo que él deseara, la había tomado con una desesperación que nunca había sentido.

Te amo compañera. – gruñó y Kagome abrió los ojos. La mujer soltó un pequeño jadeo de sorpresa cuando él la tomó por la cintura y las piernas y se paró con ella en brazos y la depositó con sumo cuidado sobre la cama. Kagome protestó cuando él se paró abandonando la cama.

– No te vistas. – pronunció la mujer al verlo colocarse su bóxer mientras su vista repasaba el lugar donde había dejado caer sus ropas. Él la miró con una sonrisa socarrona y ella respondió a ésta acariciando la cama a un lado suyo en una clara invitación.

Que sucede compañera, ¿quieres abusar aún más de mí?. – indagó burlonamente y la sonrisa de la mujer se amplió, cuando él se acostó boca arriba, sin cohibirse por su semi desnudez.

Inuyasha sintió cuando ella se puso de costado y enredó sus piernas con las suyas, también el pequeño brazo que rodeó su cintura y la cabeza en su pecho. Ambos se quedaron en silencio, disfrutando de su cercanía. Él extrañamente se sentía satisfecho y en paz, deseaba prolongar esa sensación por lo que uno de sus brazos se ciñó a la espalda femenina y la otra se coló bajo su cabeza, acariciando lentamente los cabellos de la mujer con sus garras.

– ¿Te quedaras conmigo?. – el suave susurro dicho con voz temblorosa lo pusieron en alerta y más aún cuando ella empezó a sollozar.

¿Qué sucede Kagome?. – demandó saber al percibir el aroma salino. – ¿Donde duele?. – indagó preocupado, podía oler la sangre, sabía que sus garras la habían lastimado, pero no era demasiado, aún así quería saber lo que ella sentía.

– Solo que, yo…–jadeó. – te he hecho muchas cosas malas. – susurró y el hombre sonrió aliviado sin poder evitarlo. – Se que soy u…na mala mujer, sé que no me…merezco tenerte conmigo, pero si me da una oportunidad, intentaré mejorar. – agregó tartamudeando.

No sé de que hablas perra loca, ya no tienes oportunidades ahora, tu última chance de huir de mi se esfumó cuando me pediste marcarte, ahora quieras o no estaré a tu lado por siempre. – gruñó. Para luego escucharla sollozar aun más audiblemente. – Keh, no llores, también dejaré que veas al hanyou. – expuso conciliadoramente.

– Yo…no quiero que otras mujeres te miren, no quiero que las desees, quiero que seas solo mío. – susurró sorprendiéndolo. Él sabía lo posesivas que eran las hembras, pero era la primera vez que Kagome lo manifestaba abiertamente.

Eso depende, ¿Qué me darás a cambio?. – indagó jugando un poco con los celos de la mujer. Él nunca podría desear ni aparearse con otra hembra, pero ese era un secreto bien guardado, Kagome no tenía por qué saberlo.

– No tengo nada para ofrecerte. – susurró triste, daría lo que pudiera al hombre, pero solo tenía un triste pasado, un cuerpo magullado, y una marca muy palpable de depresión y falta de autoestima en su personalidad, no tenía nada bueno que ofrecer. Inuyasha giró entonces su cuerpo quedando frente a frente con ella.

Yo sin embargo veo mucho que me apetece poseer. – susurró mirando descaradamente los senos expuestos. Kagome se sonrojó y él le sonrió.

– En verdad podrías quedarte, si te doy eso…, intentaré ser más complaciente yo…– susurró.

No tienes que darme nada, aunque no hagas nada más que odiarme, igual estaría para ti, porque eres mía y yo soy tuyo. – agregó. Kagome sintió un nudo en la garganta, nunca antes se había sentido tan amada, por lo que nuevamente comenzó a llorar, mientras él le acariciaba dulcemente sus cabellos, la sensación era tan tranquilizadora que la mujer fue cediendo poco a poco ante el cansancio.

Cuando el día siguiente llegó, Kagome despertó sintiendo la respiración acompasada contra su rostro, sonrió al verlo tan expuesto pero al notar que ella estaba igual su sonrisa se borró dando paso a un ligero sonrojo.

– Buenos días. – susurró al hombre y se preocupó al ver el rostro contraído de éste como si estuviera sintiendo dolor. – ¿sucede algo malo?. – indagó preocupada al tiempo que tocaba el rostro del hombre.

Kagome, el hanyo está enojado, apenas puedo retener que vuelva, quería despedirme antes de irme. – expuso y ella lo miró por un segundo compungida. – Volveré en cuando pueda. – gruñó. Kagome lo abrazó como si en verdad se estuviera despidiendo, él la rodeó con sus brazos y sonrió cuando ella susurró te amo. El abrazo terminó lentamente y entonces Kagome levantó la mirada fijándola en la del hombre.

– Hola. – susurró agachando la cabeza inmediatamente sin poder soportar la dolida expresión que vio reflejada en el rostro masculino.

– Volví. – susurró, como si eso fuera algo malo. Kagome asintió intentando esbozar una sonrisa pero no pudo. Se sentía terriblemente mal, por no haber rechazado al ojirojo, es que su corazón se dividía entre los dos, y no podía hacer otra cosa. Kagome llevó instintivamente una mano a su cuello, cuando el hombre fijó su mirada en la zona.– Finalmente le perteneces. – murmuró y la mujer sintió las lágrimas agolparse en sus ojos.

– Pensé que era lo que querías. – susurró. El hombre sonrió y luego restregó su cara con pesar. – Ahora podremos ser felices, dijiste que sería un pequeño pago para estar juntos. – susurró recordándole sus palabras. Él asintió pero la expresión en su rostro no cambio.

– Iré unos minutos abajo a conseguirte algo de ropa. – expuso monótonamente. Kagome asintió entonces con el corazón contrito lo vi vestirse para luego irse.

Inuyasha maldijo por lo bajo; el delicioso olor a cópula que había quedado impregnado en su cuerpo lo estaba torturando, odiaba ser infantil y actuar como un posesivo celoso, pero simplemente su cuerpo actuaba antes que su conciencia y sus palabras abandonaban su boca antes de meditarlas.

Pagó por las ropas para la mujer y sonrió levemente mientras recorría las calles de ese pueblo sin mirar a nadie, repentinamente se sentía con ánimos; ya había pasado la peor parte, saber que a partir de ese momento Kagome sería suya, compensaba el hecho de cómo lo había conseguido.

Pasó por la joyería que había visitado la noche anterior, y sonrió al recordar a su lado Youkai, reconoció que en eso había sido vencido, ya que su lado Youkai era mucho más coherente y maduro. El "acuerdo de paz" entre ambos había sido sellada la noche anterior.

Flash Back

Inuyasha gruñía mientras caminaba en dirección al hotel, por más que refunfuñara que las palabras de Miroku eran una tontería y que no compraría nada a la mujer su cuerpo se había detenido abruptamente al pasar frente a una joyería, sus ojos se fijaron inmediatamente en un par de anillos, que entre otros cientos estaban siendo exhibidos.

Ni lo pienses. – había escuchado el gruñido en su cabeza. Pero "el ojidorado" no pudo retener con sus palabras la acción de su cuerpo.

– Buenas noches, ¿puedo ayudarlo en algo?. – susurró una mujer de cabellos castaños.

Si. – musitó escuetamente. Antes de caminar a la zona del local donde conectaba con la vitrina. – Quiero esos anillos. – ordenó.

– ¡No juegues conmigo!, tu ya hiciste la marca y la tomaste como tu compañera, yo…no dejaré que también seas tú quien le entregue los anillos. – el gruñido solo logró que la sonrisa de satisfacción se ampliara en su rostro mientras la mujer abría el candado y tomaba la caja azul entre sus manos preguntando si era el correcto.

Si. – aseguró mientras recibía el anillo más grande y se lo probaba por insistencia de la mujer.

Por favor, deja que yo lo entregue, de todas formas dijiste que las nupcias humanas te parecían ridículas, que preferías la unión de nuestro clan, ya la has marcado, y he dejado que intentes volver a marcarla, deja que al menos sea mía por las costumbres humanas. – rogó desesperado. Un largo silencio siguió a esa frase hasta que finalmente el anillo fue devuelto.

Mejor llevaré eso de ahí. – había dicho señalando el lujosos reloj exhibido en el pedestal.

End Flash Back

– Señor, ha vuelto, finalmente se ha decido llevar éstos. – indagó la joven de cabellos castaños e Inuyasha sonrió al ver los anillos de boda que había elegido su lado Youkai, recordó la vergonzosa pelea interna y las suplicas y no pudo más que sonreír mientras asentía.

Cuando estuvo frente al hotel suspiró hondamente, pero se animó a ingresar y cuando estuvo frente a la habitación, sintió su corazón latiendo presurosamente. Abrió la puerta y se encontró con una mirada arrepentida. Por lo que suspiró.

– Vístete, vendré en unos minutos. – expuso pasándole la bolsa. Kagome lo tomó y asintió desganada. Cuando la puerta se cerró la mujer revisó la bolsa encontrando en ella un conjunto de ropa interior azul, sonrió al ver la falda tableada del mismo color y la blusa mangas largas color blanco. Prontamente una caja azul llamo su atención, era muy similar a la que había recibido la noche anterior solo que más pequeña. Abrió la caja con cuidado y se sorprendió al ver la pequeña nota ¿ACEPTARÍAS TAMBIÉN LLEVAR MI MARCA?. Levantó el papel y sus ojos se llenaron de lágrimas al ver los dos anillos de oro blanco y diamantes.

Era obvio que deseaba estar por siempre con él, por lo que tomó el anillo más pequeño y lo colocó en el cuarto dedo de la mano derecha, pronto buscó la otra caja azul que había quedado olvidada desde la noche anterior y en la misma mano se colocó el reloj mirando fascinada su mano.

Kagome escuchó los dos golpes en la puerta y sintió su corazón latiendo presurosamente en la garganta, era feliz, como nunca antes.

Inuyasha estaba impaciente mientras esperaba frente al hotel, había decidido salir, pues la mirada de la mujer de la recepción lo inquietaba, sintió su celular vibrando en su bolsillo por lo que lo tomó y se sorprendió al ver el número de Sesshomaru.

– Hola. – masculló.

– Finalmente contestas. – musitó estoicamente, pero su voz estaba más ansiosa de lo normal, quizás cualquier persona no lo notaría, pero Inuyasha al escucharlo supo que algo no estaba bien.

– ¿Que sucede?. – indagó, preocupado.

– Sobre tu consulta de la otra vez, ya tengo resultados. – anunció.

Continua…

Hola, tanto tiempo verdad?, lo siento, me disculpo por haber descuidado este fic, es que no supe como continuarlo, habiendo tantas opciones a veces es difícil decidir el rumbo que seguirá la historia, pero como ya lo tengo decidido espero poder avanzar desde ahora más rápido. He leído todos sus reviews, he estado impaciente y frustrada escribiendo y borrando este capítulo pues quería continuarlo.

En cuanto UmaCaking comento el doushinji, me sorprendí jeje…en verdad estaba esperando a que estuviera completo el primer capítulo, locamente quería compartirlo, pues es algo que me tiene muy emocionada, me encanta todo lo que ha hecho Len, me sentí muy honrada de que haya decido diseñar mi historia de una forma tan bella. Me gustaría que pudieran apreciar su trabajo.

Los diálogos están en inglés pero pueden verlo en el siguiente link h-t-t-p-s : / / mylifebeforeyoudoujin. wordpress archive / (eliminen los espacios y los -), no sé si les saldrá el link porque creo que la página no lo permite. Pero si escriben mylifebeforeyoudoujin igual lo podrán ver aunque con un poco más de esfuerzo XD si así lo desean. Nos leemos pronto.

Atte.

Mizune-Mei