Bueno, hola, hola, hola!!!!
Ehm… ¿puedo asomarme sin necesidad de invocar un escudo alrededor de mi persona??
Antes que nada dos cosas. Primero, pido disculpas por el tiempo que he estado ausente dejando de lado esta historia, pero como ya he explicado a algunos lectores, y los que escribáis me comprenderéis y estaréis de acuerdo en esto conmigo, a veces la musa… simplemente desaparece. He estado mucho, muchísimo tiempo escribiendo este fic y mi otro fic de HP "Amor en riesgo" y prácticamente actualizaba un capítulo de cada fic una vez a la semana… Supongo que la presión de querer escribirlos y subirlos a la página de forma tan seguida ha sido demasiado para mí y por eso tuve que tomarme un descanso tanto de este fic como del otro. Nunca, jamás, abandonaré un fic a medias… siempre termino lo que empiezo y cuando empecé a escribir este fic me comprometí con vosotros, lectores, a terminarlo y es lo que pienso hacer. Eso sí, mis actualizaciones serán más espaciadas, así que espero que tengáis la misma paciencia que habéis demostrado tener hasta este momento.
En segundo lugar, quiero dar las gracias a todos los que me habéis estado animando, apoyando, leyendo y disfrutando de mi fic a pesar de llevar tanto tiempo parado. Es un auténtico placer escribir cuando sabes que alguien al otro lado de la pantalla te va a agradecer tus esfuerzos.
Llevo tanto tiempo sin escribir este fic, que aunque mantengo la idea original en la cabeza, puede que tenga errores o que me equivoque con situaciones o que repita escenas, si ese es el caso os ruego que me perdonéis y me indiquéis qué está repetido o en qué me he equivocado ¿de acuerdo? Cuento con vosotros hasta que vuelva a lograr retomar mi ritmo habitual de escritura.
Creo que eso es todo. Ahora os dejo con el capítulo esperando que os guste leerlo.
Un beso, nos leemos abajo!!!
Capítulo 20. Besos.
Lo notó tan pronto como la energía golpeó el castillo entero. Fue un breve instante pero fue suficiente. Una gran onda de magia sacudió el castillo entero, golpeando cada piedra, cada cuadro y cada columna. Pero no fue eso lo que más le preocupaba, fue lo que ocurrió después. La esencia mágica que sintió brevemente. Dumbledore se puso de pie tan rápidamente que la silla cayó al suelo por la inercia mientras un único pensamiento atravesaba su mente.
No podía ser. Era imposible.
Durante años había dirigido el colegio y conocía a todos y cada uno de los estudiantes que había allí así como también era capaz de reconocer la esencia y la magia de cada uno. Cada mago o bruja de Hogwarts poseía una fuerza interna, una magia propia que lo rodeaba, un aura… y aún después de tantos años, era capaz de distinguir en un mar de personas a aquellos que habían formado parte de Hogwarts en algún momento de su vida de los que no.
Por eso sabía que era él. Había sabido el momento exacto en que la magia de él había desaparecido, el momento preciso en que había dejado de existir, como si alguien hubiese apagado el interruptor de encendido de su aura. Y ahora, volvía a sentirlo… Era débil, apagado, casi inexistente, pero estaba ahí… estaba presente, estaba en Hogwarts y aumentaba un poco a cada segundo que pasaba… como si estuviera despertando de un sueño muy profundo.
-Sirius Black…
Sólo tuvo que decir su nombre en voz alta para que fuera más real, para darse cuenta de que eso era lo que estaba sintiendo, la magia de Sirius volvía a estar presente en Hogwarts.
Tan pronto como lo hubo notado, tan pronto como había aparecido, se había desvanecido. Dumbledore se concentró en intentar seguir el rastro de la magia de Sirius. Intentó seguirlo con su mente, a través de pasillos y escaleras y cuartos y habitaciones vacías… pero de repente, desapareció. Se esfumó. Como si no lo hubiese sentido nunca, como si sólo hubiese sido producto de su imaginación.
Sirius Black no podía estar en Hogwarts. Era imposible. Sirius Black había caído en el velo; Sirius Black había desaparecido; Sirius Black había muerto. Y aunque no hubiese sido así, Sirius Black jamás podría haber entrado en Hogwarts sin que él lo supiese. Era una verdad solemne y tan antigua como la magia más pura.
Pero esa explosión de energía… Esa explosión no había sido la magia de Sirius. Su esencia sólo se había manifestado en el castillo después de la explosión que había sacudido cada fibra y nervio de su ser. Algo había ocurrido dentro de los muros de Hogwarts, dentro de su terreno, dentro de las protecciones que él mismo había instalado… Y no tenía la menor idea de lo que era. Pero por algún extraño motivo, sabía que estaba relacionado con Harry.
Suspiró, y de un revuelo caminó hacia la puerta. Fawkes, detrás de él, sonrió satisfecho en su percha, con la sensación de que Dumbledore iba a tener su primer encuentro con el Primero.
OOOO
Les había dejado solos. Deseaba estar con Sirius viendo como despertaba finalmente, viendo como hablaba, como respiraba. Deseaba que sus manos se tocaran y que él le sonriese y le llamase por su nombre. Deseaba que Sirius le mirase con el cariño y el amor que durante años le habían prohibido utilizar y deseaba estar a su lado para atender todos y cada uno de los pequeños deseos que el animago quisiese en aquel momento. Pero por mucho que lo deseara, sabía que Ann lo necesitaba más. No habían dicho ni una palabra pero no había sido necesario. Harry había sido capaz de sentir a su alrededor el amor que sentían el uno por el otro; la magia enlazada con Ann parecía haber retomado nuevas fuerzas y haber vuelto a la vida, él lo había notado en su propio cuerpo. El calor de alguien amado, el sentimiento de desear amar a alguien, la suavidad de amar a alguien.
El sentimiento había sido tan intenso que Harry se había visto obligado a desprender el lazo de unión entre Annie y él. Ann ni siquiera se había dado cuenta de ello. En aquellos momentos, mientras caminaba por los pasillos de Hogwarts, Harry no podía dejar de preguntarse qué era lo que podía sentirse amando a alguien con la intensidad con la que Ann y Sirius se amaban. ¿Era posible tal amor? Habían pasado años solos, separados el uno del otro… y aún así, sólo habían tenido que mirarse para que todo ese amor, para que todo ese tiempo perdido, fuese olvidado, como si hubiese sido sólo un sueño. Harry se preguntó en silencio si alguna vez podría amar a alguien con esa intensidad y se dio cuenta de que sería completamente feliz si encontrara a alguien que le amase sólo la mitad del amor que los dos adultos compartían.
Incluso estando abstraído había sido perfectamente capaz de notar la presencia de Luna dirigiéndose hacia él, así que su voz no lo sorprendió demasiado.
-¡Oh, hola Harry!
La rubia caminaba hacia él con una sonrisa soñadora en el rostro, el cabello largo cayendo sobre su espalda completamente libre y sus pies dando ligeros saltitos mientras andaba.
-Hola Luna.
El rostro de ella se volvió inexpresivo. Su ceño se frunció y cuando se acercó más a él, Harry se preguntó qué pasaba. Antes de poder preguntarle a la bruja si había algo mal, ella se limitó a ponerse de puntillas, envolver sus brazos alrededor del cuello de Harry y depositar un besito dulce y pequeño en su mejilla antes de retirarse y mirarle como si no hubiese pasado nada.
Harry la miró extrañado y confuso.
-Luna… ¿qué… -suspiró-… ¿por qué me has besado?
Luna se encogió de hombros.
-Parecías necesitar un beso y un abrazo –dijo con sencillez-. Y para eso estamos los amigos ¿no?
Harry no pudo evitar sonreír al pensar que si todo el mundo fuese como Luna las cosas serían mucho más sencillas y definitivamente, mucho mejor para todos.
-Sí, Luna. Gracias –le dijo sinceramente.
Ella frunció el ceño.
-Pareces cansado, quizá deberías descansar un rato. Estoy segura de que hacer que Sirius despierte te ha dejado exhausto.
Harry se tensó ante aquellas palabras y la miró. Abrió la boca para decir algo, para preguntar cómo sabía ella que Sirius estaba en el castillo, cómo sabía que él le había despertado y cómo sabía cualquier otra cosa que supuestamente no debería de saber.
Luna sonrió.
-Los pimkius adelys me lo dijeron –se encogió de hombros. Sus ojos soñadores-. Oh, tengo que irme, alguien ha escondido mi libro de herbología y tengo que encontrarlo para ayer. Hasta luego Harry.
Harry la miró irse dando pequeños saltitos. Luna tenía razón. Estaba cansado, muy cansado. Necesitaba descansar en algún lugar en el que pudiera recuperar la energía que había perdido. La explosión de magia que había necesitado experimentar para hacer que Sirius abriera los ojos de una vez por todas, le había dejado agotado física y mentalmente. Lo único que deseaba era llegar al Cuarto de los Menesteres, convocar una cama y dormir durante horas sin que nadie le molestase, sin que nadie le interrumpiese. Sólo quería descansar un rato. Sólo eso.
Desde luego, siendo Harry quien era, debería de haber pensado en la posibilidad de que algo o alguien le impidiese hacerlo.
-Harry, muchacho, me gustaría hablar contigo.
Harry gimió internamente. Ónix apareció a su lado inmediatamente. ¿Qué diablos iba a pasar ahora?
OOOO
Severus no parecía demasiado sorprendido cuando encontró a Draco esperándolo en su sala privada.
-¿Ha ocurrido algo?
-No –contestó Draco demasiado sereno.
Severus le conocía lo suficiente para saber que el frío de su mirada gris no indicaba nada bueno. Tal vez no había pasado nada, pero estaba a punto de ocurrir y Severus tenía el presentimiento de que le tocaría a él hacer de parachoques.
-Entiendo. ¿Quieres un poco de licor de hadas?
Alzó la botella para que Draco la viese pero el adolescente negó con la cabeza. El profesor oscuro se sirvió una copa generosa antes de sentarse frente al sillón que ocupaba Draco que lo miraba fijamente sin perder sus ojos nunca.
-Blaise está bajo un conjuro de confusión –dijo Draco.
Severus alzó una ceja.
-¿Debo asumir que tú has lanzado ese conjuro sobre Blaise?
-¿Es que alguien más podría hacerlo?
Severus tuvo que morderse la lengua para contestar. El confussio era un conjuro de nivel avanzado, muy avanzado y bastante peligroso por lo que no se aprendía hasta una edad bien adulta; él mismo lo había aprendido en la Universidad Mágica de Londres una vez ya finalizado Hogwarts. El riesgo de dicho conjuro residía en la magia de quien lo lanzara ya que si ejercía demasiada presión sobre la varita o si las palabras eran lanzadas con demasiada ira, podían inducir a la víctima a una locura extrema o, incluso, a una locura permanente. Pocos magos podían realizar ese conjuro sin llegar a lamentarlo después. De echo, Severus estaba convencido de que en aquellos momentos, en Hogwarts, nadie salvo Draco, Granger, Dumbledore, Remus, Ann, Potter y él mismo, podría hacer tal hechizo sin matar a la víctima.
-No en Slytherin –aceptó Severus-. ¿Puedo preguntar por qué has lanzado un confussio sobre Blaise?
-Pansy ha recibido una carta de su padre –Draco enarcó una ceja-. En dos semanas el Lord la convocará.
Severus frunció el ceño. Empezaba a entender a Blaise. Por mucho que el muchacho quisiera ocultarlo, sentía algo por la señorita Parkinson. Se contuvo de rodar los ojos y exclamar algo parecido a "hormonas adolescentes" dado que era del Lord Oscuro de quien estaban hablando.
-¿Blaise no lo tomó demasiado bien?
-No demasiado –Draco carraspeó y Severus enarcó una ceja-. Me ha pedido que sea su mano derecha.
-¿Su mano derecha, para qué, Draco?
-Quiere desafiar al señor Parkinson para evitar que su hija sea llevada ante el Lord.
-¿Ese chico se ha vuelto idiota? –bramó Severus casi saltando de su asiento.
-Ha sido mi misma reacción –argumentó Draco.
-Parkinson no tendría ni para empezar con Blaise –gruñó Snape-. Sería como si Longbottom se enfrentase al Lord esperando ganar.
-Bueno, Blaise no es tan bobo como Longb…
Severus calló con una mirada la defensa que Draco había iniciado a favor de su amigo sintiendo que necesitaba defenderle de algún modo.
-¿No? En lugar de actuar como un Slytherin, pensar, calcular y encontrar una solución adecuada para ello, se limita a decir en la sala común de seguidores del Lord que va a desafiar a un Mayor para que Pansy no se convierta en mortífaga, ¿e insistes en que no es bobo? Es rematadamente idiota. Moriría antes de tener la oportunidad de sacar su varita.
-Lo sé. Por eso estoy aquí –argumentó Draco-. Tiene que haber algún modo de encontrar una solución a esto.
-Ha sido una reacción completamente irracional e infantil, por no decir que ha sido algo realmente estúpido.
Draco permaneció en silencio esperando que Severus se desahogarse. Le miró levantarse, observó como se servía otra copa de licor y como la vaciaba rápidamente antes de volver a sentarse en el sillón de cuero negro. Fue entonces cuando el rubio volvió a hablar.
-Yo habría hecho lo mismo –aseguró Draco entonces. Snape le miró-. Si alguien estuviese intentando obligar a la bruja que quiero a hacer algo que no desea, yo también habría actuado de forma estúpida e irracional –confesó.
Severus asintió. En el fondo, él también lo habría hecho.
-¿Tienes alguna idea de cómo se siente Pansy respecto a Blaise? –Draco negó-. ¿Podrías averiguarlo?
-No –dijo tajantemente-. Pero conozco a alguien que podría hablar con Pansy de… eh… de esas cosas.
-¿Quién?
Draco sonrió brillantemente.
-Ginevra Weasley –Severus enarcó ambas cejas en una muda pregunta-. Pansy siempre ha estado con nosotros pero ahora… ahora Ginebra pasa bastante tiempo con nosotros y creo que entre las dos se han creado ciertos… eh… lazos afectivos.
-¿Y la señorita Weasley podría averiguar si Pansy siente algo respecto a Blaise?
-Estoy seguro de que sí.
-Mmmm…
Draco miró a Severus mientras pensaba. Era como ver a un genio trabajando. A veces, cuando era niño, Draco había pasado horas y horas escuchando a Severus, pero cuando más caso le hacía era cuando lo observaba en silencio, era como si pudiese ver el cerebro de Snape trabajar buscando la resolución de los problemas o intentando encontrar la salida a algo que parece no tenerla. Era…era realmente fascinante.
-Habla con la señorita Weasley y ocúpate de que ella hable con Pansy. Quiero la respuesta de Pansy y de Blaise mañana por la tarde, cuando acaben las clases –Draco asintió-. Draco, la única solución que se me ocurre, la única que hay en realidad, es bastante… impactante. Tienen que tener sus prioridades y sentimientos claros, ¿entiendes?
-Sí.
-Bien. Ahora será mejor que te marches… -se levantó y caminó hacia su armarito personal sobre un mueble, lo abrió y tomó una pequeña botella con un líquido amarillento-… Dale esto a Blaise, hará que esté tranquilo y podrás hablar con él de forma razonable.
-Bien, gracias –dijo Draco-. Hasta mañana –añadió caminando hacia la puerta con una sonrisa en el rostro.
Si había controlado bien el tiempo quizá aún pudiese encontrarse con Granger en la biblioteca. Oh, sí, iba a ser un encuentro bastante… interesante.
OOOO
Harry cerró los ojos unos instantes antes de girarse para enfrentar a Dumbledore. El anciano director le estaba mirando de forma evaluadora como si de algún modo estuviese haciéndole un examen en aquel preciso momento. Harry elevó una barrera mental de forma casi automática, sin pensarlo y sonrió tristemente al darse cuenta de que hasta hacía muy poco hubiese confiado en aquel hombre sin siquiera plantearse ninguna duda… y en aquellos momentos, en cambio, no quería estar frente a él sin estar completamente seguro de que era incapaz de entrar en su mente.
-Disculpe, director, pero no es un buen momento… -dijo Harry intentando no sonar demasiado brusco.
-Harry, lamento que no sea un buen momento para ti, pero realmente tenemos que hablar sobre algo –Harry suspiró y le miró-. Bueno, Tom ha estado bastante tranquilo últimamente y me preguntaba si tú sabrías algo al respecto.
Harry enarcó una ceja.
-¿Por qué debería yo de saber algo al respecto? –preguntó el adolescente-. ¿Acaso piensa que nos enviamos cartas o algo así?
Harry contuvo la risa al ver la sombra de pánico que atravesó los ojos del director. Y seguramente se hubiese echado a reír si no estuviese tan cansado.
-Por supuesto que no, muchacho… pero…
-No me llame muchacho –dijo Harry entonces-. Hace mucho que dejé de ser su muchacho.
Ónix se tensó junto a Harry y clavó sus ojos sobre los de Dumbledore en una muestra de protección y una muda advertencia de que tuviese cuidado con el adolescente. Harry se lo agradeció acariciándole el pico sin apartar sus ojos de los de Dumbledore. Notó la tentativa del mago mayor intentando forzar su mente y Harry frunció el ceño devolviéndole una ráfaga de aire frío que hizo que Dumbledore le mirara con los ojos abiertos.
-Deje de hacer eso –dijo Harry con voz calmada y espaciando las palabras para darle mayor énfasis-. He tenido un día bastante largo y estoy muy cansado para aguantar sus juegos.
Dumbledore notó la magia de Harry extendiéndose a su alrededor y envolviéndole como si fuese una cálida manta. El fénix negro estaba sobre el hombro de Harry, mirándole, esperando que diese un paso en falso para poder hacer algo al respecto. Sabía que el animal protegería a Harry hasta el último aliento de su cuerpo. Fidelidad, protección y lealtad; eran las tres características principales de los fénix. Y Dumbledore sabía que ese fénix en cuestión estaba dispuesto a cumplir con las demandas de su especie sin pensarlo un segundo.
-Harry… últimamente he notado que tu magia está un poco… descontrolada –Harry arqueó una ceja-. No es tu culpa, desde luego, después de todo, nunca aprendiste a controlarla.
-Ann y Remus me enseñaron este verano, director y le puedo asegurar que tengo pleno control de mi magia –sonrió al notar como Ónix se estiraba desplegando sus alas con cierto aire regio y solemne-, de toda mi magia –añadió.
Dumbledore le miró unos instantes intentando saber a qué se refería el chico.
-Tal vez deberíamos pedirle a Poppy que te haga una revisión de tu magia –Harry le miró incrédulo. ¿Es que era tan estúpido que podía pensar que esa era una buena idea?-. Después de todo, no sabemos si Tom está consiguiendo entrar en tu mente de alguna forma y…
-Ann me mantiene completamente protegido respecto a Voldemort –contestó Harry sin estar demasiado dispuesto a dar su brazo a torcer-. Quizá deberías hablar con ella respecto a eso.
-No creo que debamos meter a Ann en esto… -sus ojos brillaron tras las gafas de media luna-… De echo, creo que deberías dejar de…
-No, otra vez no, Dumbledore –pidió el chico.
No era el mejor momento, desde luego. Estaba usando parte de su magia para envolver con ella la esencia de Sirius que había empezado a ser visible tras su completo despertar. La explosión de energía y magia que había necesitado para hacerlo lo había dejado débil y el tener que continuar envolviendo la magia de Sirius no era algo que le estuviese haciendo demasiado bien. Estaba cansado, agotado, hastiado y con la magia a punto de explotar si no hacía algo. Estaba intentando controlarla, desde luego; y la presencia de Ónix resultaba bastante útil para ese cometido. Pero Harry sabía perfectamente que si Dumbledore seguía hablándole de ese modo condescendiente, si seguía criticando la actitud de Ann, o si seguía intentando entrar en su mente, acabaría explotando y aún no estaba seguro de cómo la magia del Primero podría reaccionar. Necesitaba salir de aquel pasillo, pedir ayuda a Ónix y dejar que la magia del Primero se tranquilizara antes de hacer algo que posiblemente lamentaría más tarde.
-Si me disculpa, director, no tengo demasiados deseos de hablar sobre esto ahora mismo. Como le he dicho, si quiere hablar de algo de mi magia o de Voldemort hable con Ann.
-Harry –lo intentó el mago otra vez antes de que Harry se diese la vuelta por completo-. La Orden cree que…
Fue eso. El detonante fue ese. Harry sintió la cólera recorriendo su cuerpo. La magia desorbitada, el poder, la fuente oscura dentro de él, la rabia, la ira, el dolor… todo volvió a su cuerpo con la simple mención de la orden del fénix que para él no dejaba de ser un grupo de magos y brujas a las órdenes de Dumbledore, hipócritas, absurdos y algunos de sus miembros completamente intolerantes y estúpidos, capaces de intentar organizar su vida e incluso su destino y su muerte.
-He dicho que ahora no –sus ojos se clavaron en los del director y éste vio como la negrura los cubría por completo.
Ónix gorjeó a su lado para hacerle entender que estaba con él, que estaba de su parte. Dumbledore volvió a intentarlo. Estrechó sus ojos para intentar meterse en la mente de Harry y poder descubrir qué diablos pasaba para que su magia se hubiese visto aumentada de repente. Harry no lo aguantó, no quiso aguantarlo y decidió que esa vez sería él quien le diera una lección al director.
Concentró una pequeña parte de su magia y bajó las barreras de su mente y justo cuando la sonrisa de triunfo y autosuficiencia apareció en el rostro del mago mayor creyendo que había sido capaz de traspasar sus barreras, Harry le lanzó un expelliarmus tan fuerte que no sólo logró que Dumbledore retrocediera en su avance mental, sino que el mismo cuerpo del mago, cayó al suelo, en un retroceso violento, golpeándose contra las piedras del pasillo.
Desde el suelo, Dumbledore vio la figura potente de Harry. Sus ojos negros, su cuerpo en tensión preparado para todo, el fénix negro en un hombro, el cabello moviéndose como si una ráfaga de aire lo estuviese rodeando. Y entonces lo vio. Entonces estuvo seguro de haberlo visto. Una fracción de segundo, por supuesto, y estaba convencido de que lo había visto porque Harry así lo había deseado. El poder del Primero. La magia legendaria de la vida. El poder oscuro combinado con la magia blanca. La magia en su estado más puro. De algún modo, en algún momento, sin que él lo supiera, Harry había convocado la magia del Primero y lo más importante aún, su cuerpo la había aceptado y Harry no parecía tener ningún problema con ello.
El adolescente clavó sus ojos en Dumbledore.
-Cuando le digo que no lo haga quiero decir eso exactamente. No me gusta que intervengan en mi vida privada, no me gusta que intenten meterse en mi mente, no más, ya no. Ya ha jugado conmigo lo suficiente, director. Esto ha sido un aviso, la próxima vez, no jugaré –esperó a que sus palabras hiciesen mella en el mago mayor y luego asintió al pensamiento de Ónix que le pidió marcharse-. Vamos.
Ante la mirada escéptica de Albus Dumbledore, Harry Potter y su fénix hicieron lo que jamás había visto en Hogwarts en todos sus años de estudiante, profesor y director. Harry Potter se desapareció en medio del pasillo sin que las barreras antiaparición del castillo pudiesen impedírselo.
Ahora más que nunca Dumbledore deseaba el poder de Harry.
OOOO
¿Cuánto tiempo llevaban mirándose el uno al otro? Segundos, minutos, horas… ¿quién lo contaba?, ¿a quién le interesaba? Annie no se había movido de su lugar junto a la cama de Sirius y él apenas había movido un solo músculo. No necesitaban hacerlo. Sus manos entrelazadas y el silencio era todo lo que necesitaban para estar bien, para estar a salvo, para estar seguros de que la otra persona estaba a su lado, de que ninguno de los dos estaba solo, de que nunca volverían a estar solos.
Annie agradecía a Harry que los hubiese dejado solos. El chico había entendido que necesitaba pasar esos primeros minutos con Sirius a solas y no estaba convencida de que el animago se hubiese dado cuenta de la presencia de Harry, al menos no del todo. Harry era demasiado maduro para su edad pero, pensó con una sonrisa, ahora que Sirius estaba con ella, ahora que Sirius estaba allí, ahora que volvía a ser real, todo sería distinto, todo sería diferente… Todo sería como debería haber sido.
Se habían mirado recorriendo los ojos del uno el cuerpo del otro, memorizando cada diminuto detalle que había cambiado. En un pasado, Annie se hubiese sentido terriblemente incómoda bajo el escrutinio atento al que la mirada grisácea de Sirius la estaba sometiendo, pero no en aquellos momentos. A pesar de seguir con su sobrepeso, a pesar de seguir sintiendo vergüenza en algunas ocasiones, a pesar de tener que crear sus propias túnicas a su gusto y de su talla, en aquellos momentos, no le importaba absolutamente nada excepto que él sonreía mientras la miraba, diciéndole de ese modo en silencio, que seguía siendo como siempre, que seguía amándola como siempre, que seguía siendo el centro de su corazón, alma, vida y existencia y que así seguiría siendo para el resto de su eternidad.
Annie había acariciado la mejilla de él con suavidad, casi temiendo que todo fuese un sueño y que en cualquier momento fuera a desaparecer… sus manos, se habían paseado desde la mejilla hacia la nariz, hacia la frente, las cejas, los ojos que él había cerrado para dejar que ella lo explorase a gusto, y luego… luego se había deslizado hacia su firme mandíbula antes de colocar sus dedos sobre los labios de Sirius quien los había besado con dulzura y casi reverencia. Entonces se habían sonreído, reconociendo la presencia del otro y, cada uno, dando gracias en silencio por volver a estar en los brazos del otro.
Y por primera vez, desde hacía años, desde hacía mucho, muchísimo tiempo, la voz de Sirius pronunció las palabras que Ann llevaba tantos años queriendo volver a escuchar.
-Te quiero, preciosa…
Y Annie, con los ojos acuosos y brillantes, la sonrisa boba en el rostro, sus hombros temblando por los sollozos contenidos, se inclinó hacia delante, rozó la nariz de Sirius con la suya propia, apoyó su frente cálida sobre la de él, notando la piel cuarteada y reseca, suspiró profundamente, respirando el aroma de él, el olor de Sirius, de su Sirius. La punta de su lengua mojó los labios resecos por el tiempo que habían estado en silencio y entonces fue su voz la que alcanzó los oídos de él.
-Te quiero Sirius…
Sonriendo, feliz como no hacía mucho tiempo que se sentía, Annie se inclinó hacia los labios del merodeador y le besó con suavidad, acariciando sus propios labios, saboreando cada rincón de su dulzura, ignorando la barba incipiente que rascaba su mejilla y su fina barbilla. Y cuando Sirius abrió la boca y la incitó a que profundizase su beso, Ann aceptó la oferta y bebió de él como si llevase años sedienta y en cierto modo, así era.
A ninguno de los dos le importó que ella se tumbase sobre él, ni siquiera estando débil como estaba Sirius dejó que Annie se apartase. Sonrió dentro del beso cuando el cabello de ella, largo y sedoso, acarició parte de su cuello haciéndole cosquillas. A ninguno de los dos le importó que la mano de Sirius atrapase su cintura y le hiciese círculos sobre la espalda mientras que su otra mano se anclaba en su cadera, sintiéndose como si hubiese vuelto a casa, a su hogar.
Ann se separó de él unos milímetros sólo por la pura necesidad de respirar. Luego volvió a besarle. Se besaron una vez, y otra, y otra vez más. Cada una de ellas más profunda que la anterior, cada una de ellas más dulce que al última… deseando recuperar el tiempo perdido, los días perdidos, deseando, anhelando, queriendo permanecer el uno junto al otro para el resto de sus vidas, olvidando el pasado y el dolor que aún seguía demasiado fresco en la mente de los dos.
Así fue como se los encontraron Dani y Remus al entrar en la habitación. Ambos habían sentido la explosión de Harry, ambos habían notado por unos breves instantes la esencia de Sirius y aunque Remus había intentado decirle a Dani que seguramente Annie y Sirius estarían ocupados, la bruja no había querido hacer caso de ello y le había arrastrado, literalmente, por los pasillos de Hogwarts hasta la habitación.
Aunque dejaron de besarse al escuchar la puerta abrirse, sus manos siguieron donde estaban; las de Sirius en la espalda y cadera de Annie, las de ella, aferrando la sábana que cubría el pecho desnudo de él.
-Le dije que necesitabais más tiempo… -empezó a defenderse Remus con una sonrisa comprensiva. Miró a Danielle-. ¿Verdad que sí, cariño?
Pero Dani no dijo nada. Sólo sonrió unos segundos antes de lanzarse sobre la cama de Sirius anclándolo en un abrazo suave, dulce, protector y fuerte mientras enterraba su rostro en el cuello de él y le besaba una y otra vez haciendo reír a Remus, Ann y al mismísimo Sirius.
-Eh, yo también te he echado de menos… -su voz sonaba rota y rara por la falta de uso, pero era su voz. Danielle sollozó más fuerte mientras le pedía entre lágrima y lágrima que no volviese a darle tal susto.
Sirius alzó la cabeza y sus ojos se toparon con la dulzura de los de Remus que le miraba desde los pies de la cama. Le sonrió.
-Me alegro volver a verte, Moony.
-Bienvenido a casa, Padfoot –contestó Remus con una ligera inclinación de cabeza-. Bienvenido a casa…
OOOO
Voldemort estaba eufórico. Nagini lo veía reír. Una risa cruel, malvada, fría y dura. Una risa escalofriante que hacía que cada uno de los nervios se pusiera en tensión. Volvía a tener poder. Lo notaba. Pero era diferente. Era más fuerte que antes, más poderoso, más peligroso.
Poder. Poder oscuro corriendo por sus venas. Sentía como sus músculos se hacían más fuertes, como la magia lo envolvía protegiéndolo, como las venas se nutrían de la magia externa. Adoraba sentir el poder. La magia oscura… Sobretodo en esos primeros momentos de contemplación y reconocimiento.
No había sido difícil. Había sentido la esencia del mal puro en cuanto éste había llegado a su lado. Potter había sido rápido y había conseguido retener la mayor parte de los espíritus oscuros al otro lado del velo, al otro lado del portal… pero este no… Este que ahora sentía dentro de él, fusionándose con su propia alma… éste había logrado escapar, había logrado sobrevivir y había logrado encontrarle a él.
Sabía a quien pertenecía esa alma oscura que pululaba dentro de su cuerpo intentando adaptarse a su nuevo lugar… Grindelwald. Gellert Grindelwald. Un mago que había sido capaz de enfrentarse a Dumbledore y que había perecido en el duelo únicamente por una cuestión de mala suerte… Albus había logrado matarle y se había apoderado de la poca magia blanca que había en su cuerpo dejando a su alma unida únicamente a la oscuridad, oscura magia que ahora él poseía, que ahora él retenía y de la que hacía gala.
El alma de Grindelwald lo había buscado y lo había encontrado y ahora, era él quien se estaba recuperando, quien notaba como segundo a segundo, sus fuerzas volvían, su poder regresaba.
Ya no necesitaría el glamour ni la presencia de Snape para asegurarse de que sus súbditos y seguidores seguían temiéndole. Ya no necesitaría que Severus siguiese investigando qué le pasaba… Ya no necesitaría nada porque su magia negra se vería aumentada con la que poseía puramente el alma de Grindelwald.
Grindelwald. Tan deseoso de destruir a Dumbledore como él mismo lo estaba. Ansioso por hacerle pagar los años de derrota, de sufrimiento, de dolor que el mago le había causado. Nadie conocía a Dumbledore tan bien como Grindelwald y él mismo. Era un astuto estratega, hipócrita, egoísta y lo suficientemente inteligente para saber rodearse de magos poderosos y vaciar sus cuerpos de su magia poco a poco. Dumbledore ya debería de estar muerto pero no era así… La vida eterna. La magia poderosa. Eso era lo que Dumbledore llevaba años buscando. Había intentado engañarle pero él había sido demasiado inteligente para dejar que Albus dominara su vida. Nunca se había fiado de ese viejo mago; nunca había confiado en el modo en que sus ojos brillaban como si conociese secretos que sólo le estaban destinados a él. Nunca le había gustado el podo paternalista en que lo había tratado ni la forma en que lo había empujado a tomar decisiones para las que él aún no había estado preparado.
Sabía que si Albus hubiese tomado las cosas con otra dirección, seguramente él le hubiese seguido y le hubiese entregado lo que le hubiese reclamado… pero no. Albus cometió un error, un gran error… Albus quiso que él fuera su pupilo. Quiso crear un lazo de unión entre los dos… Tom lo había sabido desde el momento en que le hizo esa proposición. Con una unión entre los dos, Albus podría vivir de la magia de Tom hasta que éste muriera y por el cuerpo y la existencia de Dumbledore no pasarían ni un solo segundo.
Dumbledore sólo quería utilizarle como había utilizado a miles de magros y brujas durante toda su vida. Quería seguir siendo el gran mago, capaz de derrotar a Grindelwald, capaz de enfrentarse a Lord Voldemort, capaz de hacer que Potter pusiese fin a una guerra en la que jamás había deseado participar. Dumbledore se había equivocado. Grindelwald había vuelto y estaba furioso con él, contra él. Los días de Albus Dumbledore estaban contados…
Voldemort volvía a ser el Lord Oscuro y Nagini sabía que esta vez, su magia sería mortal para todos aquellos que intentaran probarla.
OOOO
Estaba mal. Sabía que estaba mal. Quería apartarse de él, apartar sus manos de su nuca y quitar las manos masculinas de sus caderas. Quería separarse de él, alejarse de la puerta contra la que tenía la espalda y empujar el pecho de él para que dejara de presionarla contra la madera. Quería gritar, golpear y aplastar su cabeza con un simple giro de muñeca, apuntando su varita directamente a él. Quería que él desapareciese de aquella habitación, de aquel colegio, de su vida…
Y, no obstante, era incapaz de hacerlo.
Los labios de él se movían sobre los femeninos con maestría, sabiendo en cada segundo qué debía hacer, dónde debía poner sus manos, cómo debían acariciar sus dedos, como tenía que jugar su lengua, cómo morder su labio inferior y tirar de él haciéndola gemir.
Él lo sabía todo y ella no sabía nada.
Las manos de él permanecían en sus caderas, aferrándose a ella como si fuese una tabla salvadora. Cómo si algo pudiese salvarle a él realmente…
No había pretendido que eso ocurriese. Jamás hubiese deseado verse mezclado con semejante figura del sexo femenino, pero así había sido. Había algo en ella que le hacía desear cuidarla, abrazarla, protegerla, besarla y acariciar cada centímetro de su cuerpo, de su delicioso y perfecto cuerpo.
Sus labios abandonaron la boca de ella y sonrió presionando un beso contra su delicada mandíbula cuando ella emitió un quejido de protesta. No le dio tiempo a hacer ni decir nada más.
Los labios de él se pasearon por su mandíbula haciéndola gemir de placer. Su boca dejó un rastro de húmedos besos deslizándose desde su barbilla hasta su oreja, donde mordió con suavidad el lóbulo exterior haciéndola resoplar y ladear el cuello para darle un mejor acceso de manera instintiva, involuntaria, inconsciente. Los besos de él se deslizaron hacia abajo, por su cuello, hasta llegar a la camisa que estaba perfectamente abrochada.
Las manos masculinas serpentearon sobre la ropa de ella, subiendo desde sus caderas, abrazando su cintura y rozando los lados exteriores de sus pechos hasta que sus dedos alcanzaron los botones superiores y los desabrocharon con fluidez y rapidez dejando expuesta parte de su clavícula y de la parte superior de su pecho.
Ella gimió y se arqueó contra él haciéndole sonreír y murmurar un "calma, despacio" con una voz tan ronca por el deseo que la hizo estremecer.
La boca masculina no dejó de besar, acariciar, lamer y chupar cada centímetro de piel expuesta antes de volver sobre la boca de ella quien le aceptó como si fuese lo más necesario para poder vivir.
La lengua de él se introdujo en la boca femenina y una explosión de sabores, placer y lujuria explotó en ambos. La lengua de ella buscó la de él y se enzarzaron en una pelea por el poder, en una batalla en la que no habían perdedores, sólo ganadores, sólo poseedores del placer, sólo sentimientos y deseos expuestos.
El tiempo había pasado. Ella gimió cuando escuchó el reloj dar la alarma. El tiempo con él se había terminado. A regañadientes, gruñendo del mismo modo en que ella deseaba hacerlo, él se apartó, salió de su boca, sus manos dejaron de acariciar su piel, sus ojos se abrieron y la buscaron, sonriendo con un brillo burlón de superioridad al ver el rostro enrojecido de ella, los ojos velados por el placer y la boca hinchada y entreabierta. No pudiendo resistirlo, la besó una vez más antes de separarse definitivamente.
-Mañana a la misma hora, Granger.
Y Hermione asintió. Asintió porque quería volver a sentir las manos de él en su cintura, sus labios en su cuello, sus dientes en el lóbulo de su oreja, su lengua dentro de su boca. Asintió porque deseaba volver a verle, porque deseaba volver a hacerle estremecer, porque deseaba volver a escuchar sus gemidos, su sonrisa contenida, porque deseaba volver a ver su mirada gris acerada siendo ablandada por una caricia. Asintió porque sabía que aunque se negara, su cuerpo acudiría al lugar de la cita. Asintió porque no quería negar lo que sentía por él. Asintió porque tenía miedo de llorar si hablaba.
Y él la besó una última vez. Colocó sus labios sobre los de ella dirigiéndolos con suavidad y dejándola flotando en el aire una vez más antes de volverse con elegancia y desaparecer por la pared falsa, haciendo ondear su túnica tras sus pasos.
Y ella sonrió de nuevo, impaciente porque el mañana llegase pronto y pudiese volver a disfrutar de uno solo de sus besos.
OOOO
Las hojas de la revista que estaba ojeando hacían verdadero ruido. Nott enarcó una ceja mientras miraba divertido y curioso el modo en que Ginny estaba mirando su revista mientras él terminaba de releer el último apartado del tema cuatro del libro de Transformaciones, no habiéndole quedado demasiado claro un punto del libro.
Cuando le había dicho a Ginny que quizá podían pasar un rato en su cuarto ya que conocía un modo de subir las escaleras de la torre de Gryffindor sin que éstas se convirtiesen en un tobogán, la pelirroja había dudado unos segundos mordiéndose el labio inferior hasta que finalmente había asentido diciendo que seguramente se arrepentiría de su decisión.
Empezaba a entender a qué se refería la pelirroja.
Cuando la tercera risita resonó en la habitación de las chicas, Ginny resopló, recogió su varita y convocó un hechizo antisonoro sobre su cama, añadiendo un segundo hechizo de privacidad para impedir que el dosel de la cama fuese removido por excusas estúpidas como había estado pasando la última media hora. Theodore levantó la vista del libro que estaba leyendo y sonrió al ver la cara de enfado de su novia.
-¿Estás bien?
-No, no lo estoy –dijo ella sinceramente-. Odio eso –señaló con las manos hacia fuera.
Nott enarcó una ceja.
-¿Odias tus cortinas? –preguntó divertido.
Ginny frunció el ceño pero terminó por sonreír ante el agradable intento de Nott.
-No, bobo, odio esas risitas…
-Oh, ya veo. ¿Y por qué?
-Porque piensan que estamos teniendo sexo –dijo Ginny rodando los ojos.
Nott abrió los ojos y la boca, completamente convencido de que si hubiese estado bebiendo algo en aquel momento lo habría escupido o habría acabado atragantándose con él.
-¿Qué?
-Bueno, cuando un Slytherin aparece en el cuarto de chicas de Gryffindor, se mete en la cama de ella y cierran las cortinas, es lo máximo que tres cerebros minúsculos pueden entender –apuntó Ginny cruzándose de brazos mirando hacia las cortinas como si su mirada pudiese atravesarlas y pudiese llegar a fulminar a las chicas que estaban allí.
Theorode emitió una risita baja y ronca, dejó el libro sobre la cama y estiró su mano para atrapar la cintura de la pelirroja atrayéndola hacia él y sentándola a medias en su regazo.
-¿Y por qué te preocupa lo que piensen? –su rostro se puso serio-. ¿Acaso te importa que piensen que nosotros…
Ginny giró su rostro para mirarlo de frente, la sorpresa escrita en sus ojos.
-¿Bromeas? No podría preocuparme menos lo que piensan los demás.
-¿Entonces?
-Lo que me preocupa es que Ron pueda enterarse de lo que ellas piensan que estamos haciendo aquí.
-Tu hermano no me da miedo –afirmó Nott.
Ginny enarcó una ceja.
-¿Y Harry?
Nott tuvo la decencia de tragar saliva y de sonreír avergonzado.
-Quizá un poco –admitió al final-. Pero si lo dices por ahí tendré que torturarte –amenazó con una sonrisa-. Los Slytherins no le tememos a nada.
-¿Ah si? -ella rodeó el cuello de Nott con sus brazos y le sonrió acercando su rostro al de él-. ¿Y tienes pensado un método de tortura o sólo… vas improvisando?
La boca de Nott se deslizó hacia su barbilla donde dejó un beso antes de moverse para dejar otro en la comisura de su boca, muy, muy cerca de sus labios rojizos.
-Improviso… -dijo besándola en la mejilla-… y sigo improvisando… -la besó en la sien-… hasta que mi torturada… -la besó en el cuello detrás de la oreja haciendo que ella se estremeciese-… se rinda o me diga o haga… -la besó en los labios-… lo que quiero saber…
-¿Y te funciona? –preguntó ella riendo suavemente entre dientes.
Nott enarcó ambas cejas y le mostró una sonrisa desvergonzada.
-No lo sé, ¿funciona? –le preguntó besándola de nuevo.
-Mmmm –ella gimió dentro del beso antes de que Nott se separase-… a mí me parece que sí… -cabeceó juguetona.
Theodore asintió al mismo tiempo que ella.
-¿Sí?
-Ajá… -reafirmó Ginny antes de que él volviese a besarla con suavidad.
Era… distinto… Ginny siempre había pensado que preferiría besar a un sapo antes que a un Slytherin pero Theodore era… era simplemente él. La trataba como si fuese de porcelana, la miraba como si fuese el centro de su existencia, y cuando él creía que ella no miraba, lo veía con una sonrisa en el rostro si ella estaba a menos de cien metros de donde se encontraba él. Y sus besos… ¡Ginny adoraba sus besos y se había vuelto adicta a ellos! Eran suaves, dulces, llenos de una ternura que jamás habría imaginado que un Slytherin pudiese imprimir… era como si en cada beso quisiera demostrarle que la quería, que no importaba la diferencia de casas o de familias ni de riquezas ni ninguna otra cosa… sólo ellos dos y el mundo que permanecía a un lado de ambos, esperando a que ellos quisieran explorarlo juntos.
Nott se apartó de ella para mirarla a los ojos. Ginny le miró unos instantes y luego habló.
-¿Tú eres virgen?
-¿Qué? –Nott sonrió ampliamente al escuchar la pregunta de la chica. Pero ella estaba demasiado seria como para que se tratase de una pregunta al azar o una broma; parecía haber estado pensando en ello durante bastante rato, días seguramente, así que lo mínimo que podía hacer era ser sincero con ella-. No, no lo soy.
-Ah… ya veo…
-¿Te preocupa que no lo sea?
-No, no es eso…
-¿Entonces? –Ginny se mordió el labio-. ¿Ginny? –insistió Nott. Ella le miró-. ¿Qué pasa?
-Me preocupa que quieras… ya sabes… yo no… no sé si estoy preparada para…
Theodore tuvo que hacer un gran esfuerzo para no reír ante el rostro completamente ruborizado de la pelirroja. Le acarició la mejilla con suavidad e hizo que ella le mirase y entonces, sólo entonces, le habló suavemente.
-¿Esto es por lo que tus amigas pueden creer que estamos haciendo? –Ginny asintió-. Eso pensaba… -suspiró-. Ginny… sólo porque ellas crean que estamos teniendo sexo no significa que tengamos que tenerlo –la chica frunció el ceño y él colocó un mechón de cabello largo y rojizo detrás de su oreja-. No tenemos que hacer nada que no quieras –le acarició la mejilla-, y definitivamente no vamos a hacer nada que te haga sentir incómoda hasta que no me digas que estás preparada para ello…
-¿De verdad?
-De verdad… y si alguna vez hago algo que te haga sentir incómoda o te acaricio o beso de algún modo que te haga pensar que voy demasiado rápido espero que me lo digas ¿de acuerdo? Puedes gritar, enfadarte, sonrojarte y sonreír, me da igual… pero dímelo siempre, ¿entendido? –ella asintió-. Bien… odiaría hacerte daño aún incluso sin saber que lo estoy haciendo…
Ginny abrió la boca para decir algo pero no pudo. Una voz fuerte, más bien un rugido explotó al otro lado de las cortinas de la cama de la pelirroja.
-¡Nott, como no salgas de ahí ahora mismo y completamente vestido, juro que voy a matarte por tocar a mi hermana!
Ginny rodó los ojos. Theo la miró preguntando en silencio cómo podían escucharle si ella había hechizado el lecho.
-Es bueno deshaciendo el hechizo de insonoridad –se encogió de hombros la pelirroja. Luego sonrió traviesamente-. Pero es pésimo con el de privacidad…
-¿Sí? –Nott la inclinó hacia atrás, sobre la cama, colocándose él a medias a su lado, rodeando su cintura con una mano y sosteniendo su propio peso con el otro brazo sobre la cama para evitar caer sobre Ginny-. Entonces quizá sería mejor que empleáramos bien el tiempo que nos queda hasta que consiga quitar el hechizo –arqueó sus cejas y besó a Ginny.
La chica se dejó besar saboreando el momento. Le gustaba el modo en que Theo la trataba, le gustaba el modo en que la miraba, la manera en que hacía que se sintiera especial, y sobre todo, le gustaba la forma en que Theo la besaba haciendo que todo su mundo desapareciese y sólo quedasen ellos dos.
-¡Voy a buscar a Hermione y será mejor que no hayáis hecho nada!
Ginny dejó escapar una carcajada. Un segundo después, Nott la estaba besando de nuevo, tan divertido y risueño como ella. Después de todo, tenían poco tiempo para aprovechar y demasiados besos que darse.
OOOO
Bueno, que tal?? Personalmente me gusta la escena de Draco-Hermione y de Sirius-Ann, ¿y a vosotros? Sí, sé que no ha habido demasiada acción, pero… no sé… me apetecía escribir un capítulo así… además, con el reencuentro de Ann y Sirius, tocaba un capítulo algo dulzón, ¿no os parece? Espero no haberme pasado con el azúcar :p
Espero vuestros comentarios, vale?
Un besito para todos, recordad que las críticas constructivas y las sugerencias son bien recibidas y que las maldiciones y howlers serán destruidos de inmediato. Dejad volar a vuestras lechuzas y búhos junto a vuestros reviews y estaré encantada de recibirlos, de acuerdo?
Un besito para todos, disfrutad siempre de todo lo que hagáis porque la vida está para ser vivida al máximo. Nos leemos pronto!!!
