Disclairmer: Los personajes no me pertenecen, son de la genial Suzanne Collins, sólo los uso para el argumento del fics.

Summary: Katniss Everdeen, una adolescente de diecisiete años, comienza el instituto en donde su vida da un giro de...muchos grados al conocer a sus compañeros: amistosos algunos y a otros que les partiría la cara. Después de la muerte de su padre, Katniss, no creía que volvería a ser feliz pero ¿Se había equivocado? Mal Summary . T por lenguaje adulto


Este capítulo posée un pequeño Spoiler de LJDH


Capítulo 25: Una ocasión especial

Cuando llegué a casa me dolía muchísimo el hombro derecho, el del brazo ileso, por haber cargado el pesado pastel durante el trayecto de diez cuadras hasta la parada del autobús, el viaje en autobús y la caminata hasta casa. Rogaba porque no fuera nada, ya tenía bastante con un solo brazo, tal vez hubiera sido más sensato dejar que Peeta llevara la torta a la fiesta de Prim, aunque luego recordaba que no lo había invitado, por razones que todavía me eran inexplicables y me hacían sonrojar, y me decía a mi misma que había resultado mucho más sencillo cargarlo yo misma.

Haber pasado toda la mañana con Peeta me había distraído de la amargura con la que había salido de casa. Sin embargo ahora volvía a sentirla, algo más aplacada, en mi interior. Tal vez fuera el hecho de que era en ese mismo lugar en donde había un montón de recuerdos sobre mi padre, palpitantes y anhelantes recuerdos, que me dejaban un sabor agrio en la boca y me anegaban los ojos. Odiaba esa sensación de vulnerabilidad.

Tarde un minuto en poder abrir el portal de mi hogar, no porque la cerradura tuviera algún problema o no encontrara la llave, si no, porque sentía una extraña sensación que me hacía temblar las piernas y las manos, casi dejé caer la bolsa con el pastel. Cerré los ojos con exasperación e incredulidad, no podía estar pasándome a mí, luego solté un suspiro largo y profundo para calarme y entré decididamente.

Dentro, la casa parecía muy despierta, demasiado para mi gusto, el televisor estaba prendido y un locutor de algún noticiero pasaba el pronóstico del tiempo, Effie hablaba, más bien chillaba, desde el salón hacia la cocina relatando sobre una compañera inepta de su trabajo a Healer, mientras que dentro de la cocina se escuchaba un barullo de ollas, platos, puertas abriendo y cerrándose, pasos y el maullido del bendito gato de Prim.

Siquiera se notaba mi presencia con tanto lio.

En el salón comedor Effie y Haymitch estaban preparando la mesa para comer, era una suerte que, siempre que venían ellos, comiéramos más tarde de lo normal, a eso de las dos o tres de la tarde. Puesto que Effie siempre distraía a mi madre y a Prim con todos sus chismes y parloteos, mientras que Haymitch se entretenía a su mismo mirando algún partido de football, rugby, tennis, o cualquier partido de lo que fuera que hubiera en los canales deportivos.

Habían colocado un mantel color verde manzana sobre la mesa de algarrobo, los platos cuadrados y transparentes, regalo de Effie hacía un par de años –nunca se nos hubiera ocurrido a nosotros comprar esa bajilla-, perfectamente alineados con cubiertos a cada lado. Únicamente faltaban los vasos y la comida, cosa que Haymitch parecía ansiar.

-¡Por fin volviste, creímos que te habías perdido!- soltó Effie cuando me vio, llevaba un manojo de servilletas blancas en las manos.

El chiste no me hizo gracia, la verdad no estaba para hablar con nadie, tal vez, excepto, con cierto panadero, aunque me gustaría hacer cualquier otra cosa con él a hablar.

-Ja- dije simplemente de mala gana y me encaminé a la cocina.

Tenía miedo de que la cobertura de chocolate se hubiera derretido y el perfecto nombre de Prim, hecho por Peeta, se hubiera estropeado con tanto viaje y quería meter el pastel dentro de la nevera lo antes posible.

Entonces Effie soltó un chillido de alegría al ver el paquete que llevaba y se me acercó casi volando olvidando la preparación de la mesa que había quedado a su cargo.

-¡¿Por qué no me dijiste que habías comprado un pastel?!- gritó de emoción, mirándome con sus pupilas enormes y celestes como piedras preciosas.

-No lo he comprado- contesté con indignación frunciéndole el entrecejo- un amigo me ha ayudado a hacerlo- agregué señalando mi brazo maltrecho y sonrosándome al recordar la mañana que había pasado con Peeta. Sus grandes músculos amansando el pan, ayudándome a ponerme un delantal para cocinar, pasándome un pancito de queso y albahaca…

-¡Oh! Deja me verlo- sonrió la mujer ahora más emocionada por el hecho de que el problema del pastel se había solucionada como ella lo había querido y devolviéndome a la realidad, el calor era palpable en toda mi cara.

-¡Claro que no!- corregí y las pestañas de Effie se alzaron casi como signos de interrogación llenos de pasmo - es una sorpresa- susurré para que Pirm, quien seguro estaba del otro lado de la puerta de la cocina, no me escuchara.

La mejor amiga de mi madre frunció los labios con reproche y comenzó un regular zapateo con sus tacos en respuesta a su impaciencia.

-Está bien. Esperaré- finalizó con resignación y consternación en su elevada voz.

No estaba segura de qué había sido lo que la había hecho apartarse de mí, lo más probable fuera mi cara de perro, tal vez creyera que si le ponía una mano encima al pastel sacaría mis dientes y le mordería los dedos… no sería una mala idea. Sin embargo seguía siendo extraño que Effie se negara a hacer algo que quisiera, seguramente sólo Haymitch podía desanimarla con sus extraña y locas ideas.

En la cocina, como había supuesto, Prim y Healer estaban terminado de hacer la comida para almorzar, aunque mi hermana estaba mucho más entretenida acariciando a Buttercup que otra cosa y él le ronroneaba gustoso. Su rostro estaba mucho más iluminado que cuando me fui. Eso me hizo sonreír un poco.

Guardé el pastel con cuidado haciendo lugar en la, inusualmente, recargada nevera al lado de unos paquetes de sandwichs de jamón, queso, mostaza y aceitunas. Esperaba que la torta no terminara con el olor del jamón.

Suspiré de alivio al notar que mi tarea para con el cumpleaños de Prim estaba resuelta y comencé a ayudar con lo que faltaba para comenzar a comer. No tenía mucha hambre ya que el bocado que había tenido en casa de Peeta me había llenado y la sensación áspera por la ausencia de mi padre me había quitado todo rastro de apetito. Hacía mucho que no me sentía tan mal por ellos, y quería golpearme por eso. Necesitaba hablar con Lavinia urgentemente.

Healer había preparado pastel de carne con papas y verduras al horno, el olor de la comida me abrió brevemente el agujero del estómago. Cuando la mesa estuvo lista nos sentamos a comer y a disfrutar del último almuerzo de Prim con trece años.

-No se dan una idea de todo el escándalo que tuve que armar para que agregaran los instrumentos en el salón- comentaba Effie a Healer y a Haymitch, quien por su expresión ya debía haber escuchado la historia.

Había perdido el hilo de la conversación hacía tiempo, aunque estaba casi segura de que Effie se quejaba sobre una banda de músicos para que tocaran las típicas canciones de cumpleaños. Ya era sabido que ella detestaba el sonido mediocre de las grabaciones del "Que los cumplas feliz" o el "Feliz cumpleaños", además era Effie, todo lo que eligiera debía ser chic, no era de sorprender que una banda de música tocara, aunque sí me resultaba excesivo.

No dejaría que organizara nada para mi próximo cumpleaños.

-Pero al final lo conseguí- agregó con presunción la rubia batiendo sus pestañas en señal de grandeza –así que, Prim, tu fiesta será inolvidable ¿Cuántas veces has ido a un cumpleaños en el que una banda tocara?- agregó con su perfecta y blanca sonrisa alzando la cejas hacia mi hermana quien sonreía de oreja a oreja.

Rodé los ojos ante la pregunta, no quería imaginarme siquiera cuando dinero se había gastado para la organización de la fiesta y, más allá, los excéntricos deseos de Effie.

Seguí mirando la mitad de pastel de carne que quedaba en mi plato con el estómago revuelto. Durante lo que había sido el almuerzo no había dejado de ver el asiento vacío en la cabecera de la mesa, el único sin ocupar, en donde siempre se sentaba mi padre. Sentí una punzada de anhelo en el pecho al recordarlo y me pregunté si era la única que había pensado en ello durante la comida.

La primera vez que habíamos comido todos juntos, después de la muerte de papa, había sido unos meses más tarde cuando Effie comenzó a poner cartas en el asunto para ayudarnos con nuestras penosas vidas. Recuerdo que mi madre estaba completamente ida y Effie la ayudaba a comer, había sido muy desagradable, Prim no había dejado de mirar el plato sin siquiera tocar los cubiertos mientras sus ojos se llenaban de lágrimas al ver a Healer, y yo había estado con la mandíbula apretada y el ceño fruncido esperando a que terminara la tortuosa comida. Había una gran diferencia entre aquellos tristes días y estos, pero la ausencia de nuestro padre seguía allí, tangible, resaltando ante todo lo demás.

Al final terminamos de comer, recogimos los trastos sucios y volvimos a repartirnos las tareas para dejar la casa impecable antes de irnos, al anochecer, al salón de fiestas.

La tarde pasó demasiado rápido para lo que me hubiera gustado. No estaba nerviosa, eso se lo dejaba a Prim y a Effie, ya que no conocía mucho a los compañeros de mi hermana, únicamente a Bonnie y a Rue, así que estaba complemente segura de que pasaría una noche tranquila y sin trastornos, escuchando las anécdotas de un Haymitch ebrio y riendo de el ceño fruncido de su esposa por ello.

A mitad de la tarde Prim me pidió ayuda para escoger el vestido que usaría, la verdad era que no tenía mucha idea de moda pero acepté encantada la propuesta puesto que no tenía otra cosa que hacer y me agradaba la idea de que todavía necesitara de mi ayuda.

Había unos cuantos: los que Effie le había comprado unas semanas atrás y unos más viejos míos que ya no me quedaban, y Prim estaba enamorada de todos. Se parecía mucho a Effie en ese aspecto. Al final nos decidimos por un strapless ajustado, color petróleo, con encaje negro que cubría el escote, y gran parte de otra tela para darle un aspecto menos achatado, junto con unos zapatos a juego con un poco de taco. El oscuro vestido hacía que la piel pálida de Prim brillara, mientras que sus, todavía no desarrolladas, curvas resaltaran como si fuera mucho mayor. Los tacos le daban una figura más estilizada y alta que me sobrepasada por unos buenos centímetros, estaba claro que el destino de Prim era ser más alta que yo.

Effie apareció para ayudarnos con el maquillaje, aunque, de haber estado nuestro padre, se habría negado completamente a que maquillaran la aniñada cara de su hija menor, además de que las rubias pestañas de Prim siempre le habían gustado para que se las volvieran negras. La mejor amiga de Healer usó los cosméticos que le había regalado esa misma mañana, poniendo oscuridad con sombras grises y azuladas, delineador y rímel, haciendo que los ojos azules de Primrose se agrandaran.

Al terminar me quedé embobada mirando a la que antes era mi pequeña, inocente e infantil hermana. Con aquella ropa tan elegante y el maquillaje se había convertido en toda una mujer, y me pregunté si mi padre había sentido la misma mezcla de tristeza y felicidad al verme crecer a mí.

-Ve a mostrarle a tu madre lo hermosa que estás- opinó Effie al guardar los cosméticos en la cajonera de la cómoda de nuestra habitación.

Prim, sonriente, salió corriendo de la alcoba.

-Le preguntaré a Healer si puedo quitarte esa cosa totalmente antiestética del brazo- comentó la rubia señalando mi brazo encastillado con el ceño fruncido hacía la funda azul.

-Effie, me lo acaba de poner. No dejará que me lo saque- rodé los ojos ante su expresión desafiante.

A pesar de que mi madre estuviera saliendo de la depresión sus dotes médicos nunca habían menguado y su alma de sanadora jamás la dejaría, siquiera los reproches de Effie podrían hacerla cambiar de opinión ante sus posturas médicas.

Cuando la mujer dejó la pieza suspiré mirando el guardarropas, era mi turno de cambiarme si no quería que la persona que acababa de salir me matara por hacerlos llegar tarde.

Me hubiera gustado ponerme uno de los vestidos que mi padre me había regalado tiempo atrás pero sabía que me desanimaría, además de que no eran tan elegantes como para una fiesta, a excepción de el negro que había usado para la fatídica fiesta de la primavera. Así que opté por usar uno de los dos vestidos que Effie me había obligado a aceptar hacía unas semanas, cuando me había arrastrado junto a Prim y Healer al centro comercial. Los dos era muy hermosos y elegantes, obviamente elegidos por Effie, no por mí.

Terminé poniéndome uno color rojo escarlata, que cuando se movía brillaba como el fuego, se me ceñía al cuerpo realzando mi busto y mi cintura, era largo hasta los pies, poseía un solo tirante grueso del lado izquierdo del escote y tenía un cierre en la parte trasera para ponerlo y sacarlo con cuidado y rapidez. Agregué a mis pies unos zapatitos sin taco, color negro, no me importaba que no combinara ya que siquiera se verían. Me recogí el cabello en un rodete más o menos presentable para no llevar la insulsa trenza de siempre y no me maquillé, puesto que no me gustaba mucho ni tampoco era una experta como Effie.

Al mirarme en el espejo me quedé espeluznada. Aquel vestido no representaba nada de lo que yo era. Sí, era hermoso, pero me sentía realmente incómoda con toda esa tela puesta ¿Cómo hacía Effie para llevarlos todo el tiempo todos los días? Para mi suerte el cabestrillo rompía el hipnótico efecto fogoso de la prenda y por primera vez me sentí segura con el brazo envuelto –Tal vez debía abstenerme de golpear muy fuerte a Cashmere por eso-.

-¡Wou! ¡Katniss, estás muy hermosa!- suspiró Prim cuando entraba al cuarto. Desde el espejo puede ver sus ojos y su boca abiertos por la sorpresa.

Negué con la cabeza, volví a agradecer tener el cabestrillo, ella era quien estaba más impresionante.

-Tú lo estás mucho más- aseguré girándome hacia mi hermana quien se había quedado clavada en medio de la habitación.

-Quiero ser como tú- susurró mirando el suelo con las mejillas encendidas.

Volví a negar con la cabeza, aunque ella no me estaba mirando. Deseaba que Prim quisiera todo menos ser como yo, no podía querer ser una piedra siendo ella una flor.

-¿Estás preparada, Patito?- pregunté desviando la conversación hacía algo más feliz como una fiesta.

Prim levantó su rostro y noté que sus, oscurecidos, ojos azules estaban llenos de lagrimas. Se me cayó el alma a los pies.

-Sí- hipó con dificultad- Me gustaría que papa estuviera aquí- anunció con tristeza en su voz soltando un leve sollozo.

Su comentario no hizo más que recordarme todos los sentimientos que me habían estado atacando durante la mañana, el medio día y la tarde. No había sido la única en sufrirlo y quise golpearme por no haberme dado cuenta de que Prim se sentía mal.

Me acerqué rápidamente a ella y la abracé, ahora que tenía puesto esos zapatos con taco, teníamos casi la misma estatura aunque ella me pasaba.

-Él está, Prim- afirmé con tota la seguridad de la que fui capaz y rogando por no ponerme a llorar frente a ella- Siempre está- besé su coronilla y ella desplazó sus brazos para devolverme el abrazo fuertemente.

Nos quedamos en silencio y abrazadas durante un buen rato hasta que la chillante voz de Effie nos llamó desde el pasillo. Había surcos de lágrimas en las mejillas de Prim cuando nos separamos, para su suerte el maquillaje elaborado no se había corrido. Las limpié con dulzura para que no se hiciera daño.

-Vamos a una fiesta, Prim. Quiero ver esa sonrisa- comenté intentando sonreírle para animarla.

Lo hizo, aunque sabía que sus sonrisas era muchísimo más grandes y brillantes. Al menos no saldría de la habitación con los ojos anegados y rompería a llorar en brazos de Healer –Que consuelo, pensé con sarcasmo-. Seguramente al llegar a la fiesta estaría mejor y olvidaría un poco su desanimo.

-Chicas, vamos. Se hace tarde- repitió Effie colando su cabeza por la puerta abierta de nuestra habitación.

-Ya vamos, Effie. No queremos correr el riesgo de llegar veinticinco minutos antes que el primer invitado- bromeé más para reanimar a mi hermana que para mofarme de Tía Effie, aunque también me resultó productivo.

Prim se echó a reí y dimos por terminado nuestra conversación mientras Effie nos fruncía el ceño y bajábamos las escaleras hacia el salón. La mujer se había cambiado el vestido con el que había llegado esa misma mañana a casa, ahora lucía uno color rosa chicle que le llegaba a las rodillas y era completamente ceñido, hasta tenía las piernas juntas por culpa de la presión y daba pequeños pasitos mientras caminaba con sus tacos gigantes, sin embargo le quedaba bien, simplemente era estrafalario como todo lo que ella podía usar.

Abajo Healer se encontraba en la puerta, también estaba muy bonita, con un sencillo vestido crudo que realzaba su delgadez y el color azul de sus ojos iguales a los de Pim. Casi parecía la mujer fuerte y sonriente de antes…casi. Por otro lado Haymitch se notaba incomodo en un traje negro de gala, con el cabello peinado, corbata ajustada y zapatos negros de cuerina reluciente. Debía felicitarlo por su anormal elegancia o tal vez no, por que cuando descubriera el alcohol en la fiesta podría llegar a arruinarlo todo.

Al vernos bajando por la escalera, nuestra madre, nos sonrió como hacía mucho no lo hacía. Esperaba que aquello animara más a Prim, ya que la extraña mueca también me influía fuerzas a mí, aunque no se lo diría.

Salimos de la casa, yo misma cerré la puerta de entrada y me acomodé en el coche de mi madre junto con Prim en la parte trasera, mientras que Effie, la nueva supervisora de llevar el pastel que había hecho con Peeta esa misma mañana, y Haymitch iban en el suyo y nos guiaban hasta el salón de fiestas ya que ninguna de las tres se había molestado en preguntarle a la organizadora en donde era. Como era de esperar el lugar se encontraba en el casco urbano de La Plata no muy lejos del centro de la cuidad ¿Por Dios, cuánto habría salido alquilarlo?

El recinto consistía en una sala rectangular lo suficientemente grande para abarcar: unas siete mesas circulares con manteles blancos y servilletas azul marino junto a seis o siete sillas al rededor, una pequeña pista cuadrada en la cual había una tarima con los famosos instrumentos que a Effie le había costado tanto instalar (guitarra, bajo, piano, batería y una mezcladora de DJ) a la izquierda así no molestaba a los que fueran a bailar y una bola de disco pendía arriba. El recibidor era pequeño y los baños se encontraban a la derecha pegados a lo que debía ser la cocina. Todo estaba decorado con colores blancos o pasteles y azul marino en donde los globos, que me había pasado todo el viernes inflando, se encontraban ¿Cuándo habían preparado todo aquello? Por suerte Effie se había controlado, ya que sí hubiera podido habría puesto una fuente de cristal con una sirena de hielo para que los comensales se refrigeraran con ella.

Solté un suspiró al sentarme en una de las sillas acomodadas junto a una mesa, la bajilla relucía inmaculada. Estaba totalmente resignada a lo que seguro sería una velada algo aburrida para mí, tendría que saludar a todos los amigos de Prim, posar para las fotos y limitarme a acompañar a mi hermana. No era que no quisiera hacerlo, sólo que con la última conversación que habíamos tenido estaba muy desanimada y cuando sus amigos comenzaron a aparecer por el recibidor me sentí un tanto inútil, además Haymitch se había sentado a mi lado y no tenía ni la más mínima gana de hablar con él.

Para mi sorpresa muchas de los compañeros y amigos de Prim del colegio anterior habían asistido. No reconocía a todos, aunque sí me resultaban familiares y era fácil notar la diferencia de clase social entre los chicos del la escuela pública y la privada por el atuendo que llevaban. Me agradó la idea de poder mezclarme con gente tan común, como yo.

Prim parecía estar encantada con todos así que sonreía a todo el mundo y a mí me relajaba saber que había olvidado por un buen rato sus pesares.

Una media hora después de haber empezó la fiesta, el salón estaba rebozando de conversaciones, música, vestidos y gente, llegaron Rue y Thresh acompañados de Mad. Instantáneamente, al verlos, me acerqué a recibirlos en la puerta.

Madge se veía espléndida con un vestido color melocotón corto y vaporoso con finos tirantes, mientras que nuestro amigo iba con la parte de arriba de un traje negro pero con unos jeans caídos y Rue, quien estaba muy bonita con un vestido violeta corto y suelto, parecía estar retándolo por su atuendo desfachatado cuando llegué a su lado.

-¡Katniss, estás increíbles!- me alagó Mad en forma de saludo al verme.

-Wou- fue lo único que pude decir Thresh al verme, cosa que me hizo reír junto a su expresión de enajenación.

¿Cuál sería la expresión de Peeta si llegara a verme con ese vestido? Ahora que lo pensaba no me disgustaba tanto tenerlo puesto.

-Gracias, Mad. Tú también lo estás- dije encogiéndome de hombros mientras saludaba a todos.

-Lo ves. A ti nadie te dice siquiera que estás presentable- le reprochó Rue a su hermano mayor al escucharnos haciendo una mueca de disgusto que me recordaba a las de Prim cuando, de pequeña, no quería comer las comidas poco inspiradoras que Effie nos preparaba cuando nuestros padres salían a cenar juntos.

-Está bien, Rue- admitió Prim sonriéndole y tomándola de la mano- ven quiero presentarte a mis antiguos compañeros- agregó antes de que las dos chicas desaparecieran por entre la multitud.

-Me han salvado la noche- sonreí a mis compañeros mientras los dejaba pasar y nos encaminábamos a la mesa en la que antes me encontraba sentada.

-No creí que habría tanta gente, ni tantos chicos- comentó receloso Thresh paseando su mirada dorada por el salón y recalcando especialmente en el grupo de jóvenes con quienes estaban hablando Prim y Rue, su mirada estaba plagado de celos sobre protectores de hermano mayor.

Mad y yo reímos ante sus palabras.

-Oh, sí. Prim es la hermana sociable- admití con un deje de admiración hacía hermana.

Yo nunca podría invitar a tanta gente a una fiesta, primero porque no conocía a tanta y segundo porque me desesperaría si encontrara a tantos individuos cerca de mí.

Mis amigos y yo tomamos asiento al lado de Haymitch. Mi madre y Effie también habían elegido aquella mesa para sentarse y estaban enfrascadas en una animada conversación, saludaron a los recién llegados para luego seguir con lo suyo.

Para mi suerte ni Mad ni Thresh preguntaron acerca del paradero de mi padre, o tal vez habían supuesto que era Haymitch. Aunque esperaba que no hubieran llegado a esa conclusión lo preferían antes de tener que hablar de ello.

-Espero que haya buena comida- dijo Thresh ganándose la confianza de Haymitch en un segundo.

-¿Has venido a comer?- le preguntó Mad con indignación casi como si fuera Rue.

-Y a tener vigilada a mi hermana, claro- agregó solemne el chico inflando el pecho y mirando a los adolescentes.

-Creo que no estás haciendo un muy buen trabajo- opiné al encontrar a Rue entre dos chicos que la miraban animadamente- descuida, por suerte hay muy buena comida- añadí sonriendo e intentando que uno de sus dos objetivos no se viera afectado.

-Genial- dijo sin preocuparse.

-Peeta me ha ayudado a hacer el pastel, así que ya te imaginas- admití sin darme cuenta de lo que estaba diciendo. Me puse como un tomate.

-¿Sí? ¿Vendrá él?- inquirió Mad sorprendida. Sin embargo noté que estaba pensando en la charla que habíamos tenido el miércoles pasado al igual que yo.

Mi rubor se extendió hasta mis orejas ¿Por qué mierda había sacado el tema?

-No, me dijo que quería descansar aunque Glimmer le había propuesto ir a una fiesta- negué sin poder disimular mi disgusto ante la idea.

Mad mi miró con suspicacia al procesar la información.

-Bueno, Glimmer me envió un mensaje hoy por la tarde, diciendo si queríamos ir a una fiesta, supongo que será la misma- señaló mi amiga alzando las cejas en señal de inquisición.

No tenía idea de que podría estar pasando por la mente de Mad, aunque esperaba que no fuera nada parecido a lo que estaba pasando por la mía. Si Madge tenía razón entonces Peeta estaría allí y no podía dejar de preocuparme por qué le pasaría ¿Estaría con alguna chica?

-Sería genial. Tengo ganas de terminar la noche con algo de alcohol ¿Se apuntan? Yo pago el taxi- dijo Thresh ensanchando su sonrisa mientras se retorcía las manos en plan malévolo.

-Qué remedio ¿Qué dices tú, Kat?- Mad se encogió de hombros, sabía que a ella le ilusionaba la idea de salir tanto como a mí, por eso me extrañó que no se negara. Tal vez la negativa de Gale seguía haciendo replicas como las de un terremoto en ella y no estaba pensando con claridad.

-Mmm, no tengo muchas ganas de salir hoy- respondí sin entusiasmo.

La idea de ver a Peeta era muy tentadora, pero siquiera sabía si iba a estar o si aquella fiesta era la misma de la que él me había hablado. Sin contar con el hecho de que mi humor no era el mejor para andar hasta muy tarde en un sitio lleno de personas desconocidas, sudor, olor a alcohol y borrachos.

-Vamos, mira ese bonito vestido. Siquiera tendrás que arreglarte- rogó mi amigo mirándome con ojos de ternero, que quedaban demasiado bien con su dorado iris.

-Sí, claro- me mofé de su ingenua cara- ¿Y esto?- señalé con pesar el cabestrillo frunciendo los labios hacia abajo.

-Es un detalle- alegó él restándole importancia.

Alcé las cejas en respuesta.

-Tienen hasta que termine el cumpleaños para convencerme- les propuse intentando terminar la conversación y sabiendo que no podrían hacerlo, justo cuando comenzaban a servir los platos de la cena en las mesas.

Claramente no estaba de humor para ir a otra fiesta, veía por todos lados el asiento vació.

La cena era exquisita, no me extrañaba habiendo sido Effie la organizadora de todo. Thresh repitió el plato principal y se puso a hablar con Haymitch sobre deportes mientras que Mad y yo hablábamos del trabajo que la profesora Twill, que impartía la materia de biología, nos había dejado acerca del sistema nervioso, siquiera Mad lo había empezado a hacer y me pregunté si su pelea con Gale también la estaba afectando en aquello, estaba claro que tendría que hablar con él o abofetearlo si era necesario.

Luego de la comida el DJ puso música para que todos salieran a bailar a la pista, para mi sorpresa Thresh le pidió a Mad que lo acompañara, pero era más que nada para estar cerda de Rue, que tenía demasiados pretendientes según el gusto de su hermano, y además de que podría bromear con su amiga haciendo un baile muy curioso y divertido que hasta a mí me hacía reír. Claro que después Thresh me arrastró, literalmente, a la pista e hizo lo mismo conmigo, me daba mucha vergüenza bailar, mucha más con un brazo menos y con una chico que era más o menos tres cabezas más alto que yo. Al final nos reímos mucho.

La noche siguió y Prim estaba espectacular con su vestido color petróleo y su sonrisa inmaculada, nunca la había visto tan resplandeciente.

Healer se acercó a mí luego de comer el postre. Ya eran más o menos las doce de la noche para ese entonces, todos los invitados seguían charlando con la misma energía que antes y Haymitch se había hecho con unas tres cervezas de la cocina.

-Kat. Estás preciosa, cariño- me sonrió mi madre con los ojos chispeantes de alegría.

Su expresión casi me hizo llorar, se parecía tanto a la verdadera.

-Gracias, mamá. Tú también- respondí con la voz algo tomada.

-¿Qué te parece si le cantas una canción a su hermana?- preguntó cogiéndome de la mano ilesa y sin perder la sonrisa.

¡¿Qué me había pedido?!

-¡Sería estupendo, Katniss!- Effie gritó de la nada animando los deseos de Healer, había escuchado nuestra conversación.

Quise matarla.

Me mordí el labio. Los ojos anhelantes de mi madre eran intachables, no podía negarme a su petición pero me daba muchísima vergüenza ponerme a cantar teniendo a treinta o más adolescentes frente a mí, sin contar con que la última vez que había cantado había estado mí padre.

Hasta Haymitch se me había quedado mirando expectante.

-Sí, mamá. Lo haré- decidí al final. Diciéndome a mi misma que sólo lo haría por Prim.

A pesar de todo no era tan estúpida como para ponerme al frente de la tarima donde estaban los instrumentos y cantar a capela así que me acerqué a donde se encontraba Mad terminando su postre.

-Oye, Mad ¿Me ayudarías con el piano a cantar?- le pregunté con disimulo así nadie se enteraba de lo que estaba a punto de hacer.

Mad me miró extrañada y sorprendida pero aceptó con gusto, debía estar más que acostumbrada a tocar con público.

Mientras todos terminaban el postre le tararé la canción a Mad para que supiera el ritmo que debía seguir, habiendo ganado una beca para irse a Londres debía saber perfectamente cómo improvisar canciones, para luego dirigirnos al piano estilo ropero de madera pulida que habían colocado en la tarima junto a la mezcladora de DJ.

Effie, nuevamente apareciendo de la nada, le pidió al DJ que apagara la música que sonaba de fondo y que le prestara el micrófono. Entonces comenzó a hablar hacía los invitados.

-¡Buenas noches, y muchísimas gracias por haber venido a esta tan especial ocasión!- habló la mujer sin sentirse amenazada por los pares de ojos que la miraban expectantes. Algo maravilloso que podía hacer Effie era estar radiante frente a una multitud cosa que yo no podría hacer en mi vida.

Las palabras de Effie hicieron sonrojar a Prim.

-Espero que todo haya sido de su agrado. Y aquí tenemos a Katniss, quien cantará una pieza para Prim, pedida especialmente por su madre- continuó señalándome y haciéndome enrojecer.

Los invitados aplaudieron y Effie me pasó decididamente el micrófono mientras me daba un ataque de pánico.

-Cuando quieras- susurró Mad a mis espaldas, se había colocado en el piano como si lo conociera de toda la vida.

Había elegido cantar una nana que nuestro padre nos cantaba cuando eran niñas, era infantil, pero muy dulce que sabía, Prim, reconocería al instante. Así que me armé de valor, imaginé que sólo estaban mi hermana, mi madre, Effie y Haymitch mirando y comencé.

En lo más profundo del prado, allí bajo el sauce,

hay un lecho de hierba, una almohada verde y suave;

recuéstate en ella, cierra los ojos sin miedo

y, cuando los abras, el sol estará en el cielo.

La dulce y angelical melodía del piano inundaba el salón de fiesta mientras Mad armonizaba con sus prodigios dedos la sintonía de las notas que acompañaban la canción. Realmente era increíble con el instrumento y su seguridad me daba el impulso para no dejar de cantar.

Este sol te protege y te da calor,

las margaritas te cuidan y te dan amor,

tus sueños son dulces y se harán realidad

y mi amor por tu aquí perdurará.

Un millar de recuerdos de papá coparon mis pensamientos: un día en el parque, ayudándome con la tarea de la primaria, enseñándome a usar el arco, arropando a Prim, besando levemente a mamá, riendo a carcajadas, cantando esta misma canción…

Sabía que Prim debía estar recordando los mismos y otros recuerdos más de nuestro padre ya que podía ver las lágrimas de emoción que se acoplaban en sus ojos mientras cantaba en voz baja al compás del piano.

En lo más profundo del prado, bien oculta.

hay una capa de hojas, un yaro de luna.

Olvida tus penas y calma tu alma,

pues por la mañana todo estará en calma.

Este sol te protege y te da calor,

las margaritas te cuidan y te dan amor.

Los últimos versos son apenas audibles.

Tus sueños son dulces y se harán realidad

y mi amor por ti aquí perdurará.

Las últimas notas del piano terminaron en una dulce entonación y con ellas Prim corrió a abrazarme mientras los demás aplaudieron como si hubieran ido a un concierto.

-Gracias, Katniss- masculló mi hermana, quien en mis brazos ahora parecía tan pequeña como siempre la había visto, emocionada soltando unos sollozo y aferrándose a mí como si realmente fuera nuestro padre el que había estado cantando.


Holaaaa! ¿Cómo han estado mis geniales lectores?

Espero que no me maten por haberlos hecho esperar tanto pero estuve ocupada con la facultad, todavía lo estoy, y pensaba publicar en Semana Santa pero hubo una gran inundación en mi cuidad y no he podido hacer anda más que ayudar aquí.

Ahora sí, volvamos al fics. ¿Qué les ha parecido? no pensé que saldría tan largo este capí así que espero, al menos, haberlos recompensado con eso.

Quería hacer una aclaración acerca del vestido que usa Katniss en la fiesta, la idea era que fuera el mismo que usa en la entrevista de la película de LJDL ya que me había gustado mucho y era bastante razonable ponerlo en el fics, no quedaba tan bien el de piedras presionas del libro.

¡Gracias por sus comentarios, siempre son un apoyo para mí!

Tengo un pequeño presente para ustedes y sus voraces ansias, un pequeño adelanto en dibujo de "El momento" hecho por mí :D el link de la página en donde lo colgué está en mi perfil en la parte donde se describe el fics de Una razón adolescente.

¡Otra vez me disculpo por hacerlos esperar!

Besos, nos leemos, Scarlet!