Capítulo XXV

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Notaba como el sueño me iba abandonando, dando paso a la lucidez poco a poco. No quería abrir los ojos aún, me sentía tan cómodo en la cama. Más descansado de lo que podría imaginar, después de cómo me sentía por la noche.

Percibí unas suaves caricias en mi cabello, pero no quise moverme. Recordé que Andrea estaba aquí conmigo, la había sentido por la noche y la había enlazado más de una vez, para seguir durmiendo. Sus dedos acomodaban con cariño las hebras y eso me llenaba de calor el corazón. Ver el cartel que había colgado desde la grada en el concierto, me había emocionado más de lo que ella probablemente imaginaría.

No pude evitar reír, cuando noté que me estaba soplando en el rostro, para que me despertara.

- Buenos días… - me decía en alemán.

Yo hundí el rostro en la almohada con pereza.

- Buenos días… - insistía riendo y moviendo mi hombro.

Pero al notar que yo no respondía, sus dedos comenzaron a jugar por el borde de mi camiseta, que estaba enrollada alrededor de mi cintura. Le sostuve la mano con un movimiento rápido que la hizo exclamar asustada, para reír a continuación.

- Malo… - me dijo riendo. Giré la cabeza hacia ella, mirándola aún adormilado.

- Bruja… - le contesté con la voz oscurecida por el sueño.

Ella hizo uno de esos gestos peculiares que tenía y me dio un golpe con dos dedos entre las costillas.

- Auch…- me quejé y me di la vuelta hacía ella, que estaba sentada en la cama, comenzando a hacerle cosquillas.

El salto que pegó fue tan impresionante y estruendoso, que tuve que sostenerla por miedo a que se cayera de la cama.

-¡Cuidado! – le grite, asustado.

Andrea me reclamó algo en español, en medio de risas, sujetando mis manos con fuerza buscando liberarse de ellas.

- Tranquila… - le pedí riendo también, pero parecía que tocarla ya era suficiente para que las cosquillas la desesperaran, pero si la soltaba, estaba seguro que se iría de cabeza al suelo.

Vaya situación.

- Déjame, déjame, déjame… - repetía entre risas nerviosas. Tirando de mis manos, que se negaban a soltarle la cintura. Y mientras más la aferraba, más se retorcía.

- Shhh… - comencé a pedirle que se calmara. Ella empezó a respirar por la nariz rápidamente y cerró los ojos. Entreabrió los labios, absorbiendo más aire, hasta que se fue calmado. Me miró y volvió a respirar profundamente antes de poder sentarse arrodillada otra vez sobre la cama.

Nunca más la atacaba con cosquillas. Al menos no, mientras se pudiera caer de algún sitio.

Ahora es que respiró profundamente fui yo.

- Lo siento… - se disculpó. Sus mejillas estaban enrojecidas, no sabía si por la vergüenza o por la agitación.

Le sonreí.

- No tiene importancia… - negué con un gesto.

Comencé a notar en su gesto cierta incomodidad. Probablemente por no poder expresarse como querría. Pero había solo una cosa que ella tenía que saber ahora mismo. Así que extendí mi mano, y la deslicé entre su cabello y bajo su nuca, llegando de ese modo mi boca a su boca. Dándole ese beso de 'buenos días' que nos estábamos debiendo.

Lo siguiente fue tenerla sentada sobre mi cadera. Y lo siguiente. Bueno, lo siguiente fue deseo, pasión y la exquisita sensación de pertenecerle.

- Hambre… - me dijo frotándose el estómago por encima de la sábana.

Me reí. No podía dejar de observarla. ¿Por qué no podía dejar de observarla? En ese momento pensé en el 'te amo' que le había dicho unos días atrás, pero también pensé en ese otro 'te amo' que me había dicho ella, hacía muchos más días y que no había vuelto a repetirse.

¿Se habría arrepentido de decírmelo?

- ¿Qué pasa? – me preguntó.

Me había quedado demasiado pensativo. Sonreí tomando el teléfono móvil que tenía entre sus manos y le escribí un mensaje.

"Estaba pensando en qué tenemos para desayunar, pero no lo sé, tendremos que salir a mirar"

"¿A qué hora tienes la primera entrevista?"

Miré la hora en mi reloj, que estaba sobre una repisa lateral.

"En dos horas. Deberíamos bajar del autobús"

"Deberías bajar tú y que a mí me saquen de aquí, ¿no crees?. Puede ser complicado que las fans me vena bajar"

Me molestaba pensar en eso. Porque era una situación incómoda para Andrea, pero a la vez, no me sentía preparado aún para presentarla como mi novia.

"Ya lo sé… ¿no te molestará si el chofer se va contigo?"

Ella sonrió y me dio un beso en la mejilla. Desde luego, expresiones de cariño, tenía conmigo más de las que nadie con quién hubiese estado, había tenido. Quizás era cierto eso, de que las latinas son más dulces.

"Lo haremos así entonces. ¿Irás al concierto esta noche?"

Ella negó con un gesto. Yo arrugué el ceño y tomé el teléfono para escribir nuevamente.

"Tienes que decirme qué conciertos, de los que faltan, podrás ver. Te conseguiré pases para los otros"

"Me aburriré de tanto verte"

Rió. Pero sin embargo yo la miré y me quedé con aquella frase atravesada en el pecho. ¿Podía aburrirse de mí?

Desde luego que podía, nadie tenía comprado el interés permanente otra persona. Como siempre que sucedía con una luz brillante, primero te encandila, pero llega un momento en el que deja de hacerlo.

"Sólo si quieres, no puedo obligarte a estar conmigo siempre. Quizás quieres hacer otra cosa"

Comencé a sentir esa extraña presión en el pecho, esa que precede a la desesperación. Me estaba angustiando. Así que me senté en el borde de la cama y comencé a buscar algo de ropa para ponerme.

¿Por qué me estaba sintiendo tan mal?

Andrea me tocó la espalda y me pasó el teléfono.

"Si estás pensando que no quiero estar contigo, te equivocas. Creía que ya conocías mi sentido del humor"

La angustia iba remitiendo. Y la respiración que se me había agitado, comenzaba a calmarse. Tenía razón, aquella respuesta era parte de su sentido del humor. Tuve deseos de darme un golpe en la frente, a mano abierta.

Escribí un nuevo mensaje y me giré hacía ella para entregárselo.

"Sólo pensé que podías tener algo más que hacer, pero si quieres que te consiga pases"

Se había quedado muy seria leyendo. Me miró por un largo minuto antes de escribir algo.

"¿Recuerdas cuando te mordí?... pues me están dando ganas de hacerlo de nuevo… ¡testarudo!…"

Me reí. Y ella pareció enfadarse más aún. Llenó las mejillas de aire y lo soltó con un bufido. Acto seguido, la sábana que la cubría se extendió por el aire en tanto ella se levantaba.

Alcancé a sostener su cadera cuando aún iba de camino a ponerse de pie, enterrando los dedos en ellas, sosteniéndola y devolviéndola a la cama.

- Espera… - le pedí.

- ¡Idiota!... – me respondió en claro inglés.

Me miró con ganas de fulminarme, arrojándose contra mí de inmediato, alcanzando mi boca y encerrando mi labio entre sus dientes, sin llegar a morderme. Gruño enfadada, mirándome desde esa cercanía, cerrando los ojos en el momento en que comenzó a besarme, ablandándose contra mi cuerpo, permitiéndome sentir sus formas acopladas a las mías.

Me reí en medio del beso y Andrea hizo un sonido de queja que volvió a tensarla, comprendí exactamente lo que necesitaba. Así que la abracé y la giré sobre la cama, para dejarla sentir mi peso. Mi presencia. Besándola profundamente hasta que suspiró agitada. Acariciándola para que esa tensión se disipara, hasta que estuve listo para entrar en ella. Entonces todo, extrañamente, comenzó a calmarse, a pesar de los movimientos rápidos y agitados que ambos protagonizábamos, a pesar de los gemidos y de las exclamaciones que salían de mi boca. El cuerpo ardía. Dentro, todo parecía en su lugar. En su sitio. Pacifico.

Dos horas más tarde me encontraba en medio de una entrevista para una de las revistas juveniles con edición en Portugal.

- Tom – se dirigió la periodista a mi hermano – las fans nos bombardean con preguntas sobre tu relación con una modelo, con la que se te ha visto paseando por Los Ángeles durante los últimos meses.

Me acomodé mejor en el sillón en el que estaba y miré a Tom, esperando para ver cómo salía de esta pregunta, nuevamente.

- Caroline y yo, somos amigos… - contesto. Y no pasé por alto que no mencionó el 'buenos'

- ¿Sólo amigos? – redundó la periodista.

- Sí… - sonrió Tom con amabilidad.

- Ahora voy contigo Georg – se dirigió a éste – las fans preguntan si tienes pensado casarte.

Tom tosió levemente disimulando una risa. Yo sabía bien lo que opinaba de la relación de Georg. Ambos estábamos muy contentos de que siguiera con su novia, él parecía feliz, casi todo el tiempo, pero casarse. ¿Para qué?, si vivir con ella era como estar casados, creo incluso que estar en el tour, trabajando, era para él como estar de vacaciones. Y es que el carácter de Georg es tan afable, que simplemente se adapta a las órdenes.

- Casarse siempre es una opción, para todos ¿no?

Esa fue su escueta respuesta. Aunque bastante eficaz.

- Bill… - me habló la periodista. La miré como si estuviese prestándole la mayor de las atenciones. ¿Cómo me había distraído tanto? Llevaba una mañana muy extraña, como si todo me diera igual y nada me preocupara. Incluso cuando hablamos de la prueba de sonido, yo me encogí de hombros, sabiendo que todo tenía que salir bien. Ese optimismo en mí no era normal.

Sentí la mirada de los tres chicos en mí.

- ¿Sí? – pregunté.

- Una pregunta de las fans para ti… - me dijo sonriendo – ésta la hemos tomado esta misma mañana, porque se repetía una y otra vez… - comenzó a formarse un nudo en mi estómago – las fans preguntan, si es cierto que te has estado viendo con una chica durante el tour. Se dice incluso que se te ha visto con ella en tu autobús.

Creo que en ese momento sentí que toda la sangre se me iba a los pies. Sonreí y miré a Tom de reojo, buscando quizás un salvavidas.

- Desde luego… - intervino mi hermano – Bill tiene la costumbre de llevarse dos o tres chicas al autobús después de un agotador día de entrevistas y concierto – rió irónicamente.

- ¿Eso quiere decir que es sólo un rumor sin fundamento? – insistió la periodista.

- Rumores siempre hay sobre nosotros – saqué la voz, no sería normal que no dijera nada ante una pregunta que me hacían a mí – si algún día hay algo importante que contar al respecto, seré el primero en contarlo.

Bien Bill, has salido del paso, sin decir una mentira, quise convencerme mentalmente.

- Eso tranquilizará a muchas fans… - continuó sonriendo la periodista.

En cuanto salí de la entrevista, me fui a la habitación que tenía en el hotel y comencé a pasearme de lado a lado frente a la cama, pensando en cómo era posible que alguien me viera con Andrea, y subiendo al autobús además. Respiré profundamente mirando por la ventana del piso once, encendiendo un cigarrillo, intentando comprender lo inevitable que era, que siempre hubiese 'alguien' siguiendo mis pasos.

En ese momento mi teléfono sonó. Miré la pantalla, era Reina. Recordé que no le había respondido el correo que me había enviado.

- ¿Sí?... – pregunté. ¿Hacía cuanto que no hablaba con ella?

- Hola Bill… - su voz sonaba amable, casi dulce a decir verdad.

- Hola…

- Te escribí un mail hace unos días, estoy en Alemania… - comenzó a contarme.

Cuando alguien deja de responder tus llamadas y tus mensajes, ¿no es cuando llega el momento de retirarse? Normalmente la razón dice eso, pero en cosas del amor, no siempre respondemos a la razón ¿no? ¿Cuántas veces insistí yo mismo llamando a Reina, y ella no se dignaba a responderme? Sabía lo que eso solía.

- Sí lo vi. ¿Qué tal tu viaje? – le pregunté amablemente, los amigos se hacían preguntas así ¿no?

- Muy bueno… he estado con personas conocidas aquí. Te mencionaba que estaré en parís para tu concierto, podríamos cenar juntos ese día – continúo.

En ese momento reparé en que ella no creía en realidad, que yo ya no estuviese interesado en ella. Reina se sentía tan segura de sí misma, que lo único que había hecho, era darme un pequeño espacio para que yo comprendiera que tenía que regresar a su lado.

Eso me pegó de lleno en el orgullo. Y cuando alguien me golpeaba ahí, tenía que prepararse, porque podía ser muy cruel.

- Desde luego… - le dije sonriendo.

- Me alegro… - su voz sonó algo más melosa.

- No te importará que nos acompañe alguien más ¿verdad? – pregunté, endulzando también mi tono de voz.

- Oh, no… ya sabes que los chicos me caen muy bien… - aceptó.

Confirmando con aquella aseveración, que no creía posible que mi compañía no fuesen los chicos.

- Nos hablamos entonces… - le dije.

- Me alegrará mucho volver a verte… - suspiró – te he extrañado mucho… ya lo verás…

No me reí ante el teléfono, por no arruinar la lección que tenía pensado darle.

- Nos veremos entonces. Ahora tengo que cortar, me esperan para una entrevista – me despedí.

- Claro, a mí también me esperan… - mencionó. Y no pude evitar pensar en quién le esperaría.

Corté la llamada, sabiendo que mi lado bueno, estaba muy molesto por esta pequeña trampita que le estaba preparando a Reina. En tanto mi lado malo, ya estaba frotándose las manos, sólo por imaginar su expresión, cuando se diera cuenta que ya no tiene exclusividad con Bill Kaulitz.

Tomé mi portátil y le escribí un mensaje a Andrea.

"¿Qué tal ha ido el día?... ¿te llegaron los pases?... quisiera saber si cenarías conmigo la noche del último concierto en Paris"

Esperé apretando una uña entre mis dientes, copiando ese mal gesto de Andrea.

"El día ha ido muy bien. Los pases ya están en mi poder y sobre la cena… (Suspiro)… ¿en Paris?... por supuesto…"

Inmediatamente después de recibir ese mensaje, mi mente comenzó a pensar en todo lo que podría hacer después de la cena, con Andrea en medio de la noche parisina.

Continuará…

Está bien tener orgullo, pero lo de Bill ahora mismo, aunque es justificado, no sé si es buena idea, aunque también, debo decir en su defensa, que él planea tener una noche excelente con Andrea. Ya veremos qué pasa con esa cena. ¿Y la entrevista?, pobre, no se salva de que lo vean ¿eh?... y eso que en mi historia no hay app. Igual si la hubiera, no habría tanto detective fantasma merodeando.

Espero que les haya gustado y que me dejen sus mensajes. Me rió un montón leyendo

Siempre en amor.

Anyara.

P.D.: Jen y Moni, no las tengo por face?