Comenzaré diciendo que este es el capítulo más largo que he escrito en todos los fics que llevo aquí o en cualquier sitio. Nunca habría pensado que llegaría a 7.272 palabras ni de coña, la verdad. Y bueno, quería aclarar que no he podido revisarlo porque no tenía nada de tiempo y seguramente haya más de un fallo, pero perdonadme :( En segundo lugar quería decir que el tema Kyra es muy complicado de expresar porque es muy doloroso y no estoy segura de si he sabido llevarlo bien o no, la verdad. Más aún desde el punto de vista de Rick. Btw, espero que os guste.

Y antes de que alguien me pregunte, (esto es algo que entenderéis más adelante) sí, es Sandra Bullock y necesitaba meterla en esa escena porque ya la tenía pensada y ella es uno de mis crushes. De todas formas espero que nadie se haya sentido ofendido o algo ante una escena así, porque cada persona es un mundo, mi intención era hacer una escena picante y divertida para abrirle mundo a Kate. Mundo que Rick conoce muy bien.

Así que esta escena va totalmente dedicada a todas mis amigas del colectivo homosexual a las cuales yo llamo "mis bollos" de la forma más cariñosa posible, y entre ellas me refiero a Sara, Carmen o Ángela, aunque hay muchas más. Y bueno, que las quiero mucho y les dije que algún día les escribiría una escena, pues aquí está. JAJAJAJAJAJAJA

Muchas gracias por leer y por seguir aquí un capi más, un beso!:*

PD: Una review nunca viene mal jo.


Capítulo 25. "Enséñame a quererte."

-Cuando Kyra murió, yo morí con ella.-esperó el contacto visual con los ojos de la chica antes de inclinar el vaso de cristal sobre sus labios. El sabor agrío del whisky le heló la lengua y le produjo una sensación de ardor una vez hubo bajado a lo largo de su garganta.-Era todo lo que tenía. La razón por la que pisaba el suelo por las mañanas, por la que sonreía, por la que vivía.

Si su voz sonaba áspera poco tenía que ver la bebida con la que se estaba deleitando. Era fruto de las emociones que llevaban tanto tiempo retenidas dentro de su cuerpo luchando por escapar de allí. Nunca se había planteado comenzar una nueva vida. Poner una coma a lo que para él había significado un punto final. Volver a enamorarse de una mujer era sinónimo de la palabra imposible, y él creía tenerlo muy claro hasta que ella apareció.

-Estuve unos meses durmiendo despierto.-frunció el ceño. Su mano temblaba apoyada en su muslo mientras aferraba el vaso. Tal vez habría sido mejor si se hubiese inclinado hacia delante y lo hubiese dejado sobre la mesita auxiliar de madera que tenían a la altura de las rodillas. Sin embargo no hizo nada. Se quedó quieto, viendo la reacción que producía su cuerpo cada vez que intentaba hablar de su difunta mujer reproducida en el movimiento irregular del líquido ambarino.-Por esa época tenía unos veintipocos. Nos casamos jóvenes.-sus labios se curvaron ligeramente hacia arriba.

Para Rick, los recuerdos eran esenciales en ese tipo de ocasiones, cuando una persona no estaba, ni nunca volvería a estarlo. Lo único que podía mantenerla viva era eso. Los recuerdos. Los momentos. Algo que nada ni nadie podría borrar de su mente pasase lo que pasase.

Suspiró.

-Trabajaba en la doce como inspector de homicidios, con Javi.-abrió un poco los ojos, enarcando de la misma forma las cejas.-Dios, Javi fue quién mejor supo ayudarme en esa época además de mi madre, de Jamie o Nikki.

Kate lo escuchaba apoyada en el sofá de cuero rojo y negro. Tenía la cabeza orientada hacia el rostro de Rick, mientras que su cuerpo permanecía recto, con una pierna cruzada sobre la otra. Después de lo sucedido con ese hombre ruso, le había propuesto refugiarse con ella en uno de los reservados del fondo, cerca de la barra. No eran los únicos compartiendo una conversación en un tono de voz medianamente bajo al mismo tiempo que un pequeño hilo musical creado con las notas musicales salidas de un piano amenizaba la sala. A su alrededor, varias parejas, o al menos eso creía ella que serían, se inclinaban unos sobre otros diciéndose cosas al oído. Alguna vez era consciente de ciertas caricias superficiales que se proporcionaban ajenos a que pudieran ser observados. El rubor en las mejillas, la forma en la que sus respiraciones iban saliendo poco a poco a través de sus labios entreabiertos o las miradas cargadas de lujuria delatarían a cualquier amante en un juego previo.

-¿Te encerraste en ti mismo?-preguntó la joven en un susurro.

Él asintió con un simple movimiento de cabeza. La distancia entre su cuerpo y el de Kate era microscópica. Es más, ella podía rozar el dorso de su mano izquierda en el menor esfuerzo. Por lo tanto su olor era latente, y de alguna manera reconfortante. Antes de ella otras mujeres habían intentado ir más allá en lo que suponía su relación con él. Pasar sus barreras, llegar hasta su corazón, hacerle sentir de nuevo que ese órgano no estaba ahí solo para mandar sangre al cuerpo, sino para sentir. Sin embargo, ninguna había conseguido que esa coraza de hierro se oxidase hasta caer. Ninguna salvo Kate, en ese momento.

-No podía ir a trabajar, me dieron la baja porque a raíz de su muerte cogí una pequeña depresión. Al ver que no podía hacer lo que quería y que ella no estaba a mi lado, no podía conmigo mismo.-los ojos de Kate reflejaron dolor al imaginar cómo de dura podía llegar a ser una situación de esa clase. El sentirse impotente ante todo. Ante su trabajo. Ante sí mismo. Ante la pérdida de su mujer.-Mis días se basaban en dormir, y dormir y dormir más.

Se pasó la mano por la frente. Aunque fuese invisible para Kate, él comenzaba a notar las gotas de sudor frío recorriendo su columna vertebral. La angustia que llevaba tanto tiempo sin sentir y que siempre aparecía si tocaba el tema de su pasado más de la cuenta. Quizá esa era una de las razones principales por las que se obligaba a evitar cualquier cosa que le hiciese retroceder en el tiempo.

-Estás temblando.-Kate le acarició la mejilla con ternura. Su rostro estaba lívido, más que de costumbre. Puesto que Rick se caracterizaba por tener una piel terriblemente blanca en contraste con la suya, pero bajo la tenue luz de aquel lugar, ese color parecía cenizo. Cuando se habían sentado allí tras haber pedido su vaso de whisky y un mojito para ella, el cual estaba haciéndose de rogar, no tenía ni idea de los planes de Rick ni su iniciativa de sincerarse así. El simple hecho de dejar de lado su forma de ser para poder explicar su conducta, su historia, su identidad, y que de esa manera ella pudiese comprenderlo, le convertía en un auténtico héroe. A pesar de lo que llevaba dicho, estaba impresionada. Si verlo sufrir así significaba sincerarse, no quería ser partícipe de ello.-No tienes que demostrarme nada. Yo sé cómo eres sin que tengas que decirme nada.

Se arrepentía de todas esas veces en las que la curiosidad había actuado por ella y le había hecho equivocarse con él. Ahora entendía demasiadas cosas.

-No esperabas verme con miedo, ¿verdad?-volvió a darle un trago a su bebida después de verla negar.-Me da miedo revivir toda esta mierda porque no quiero verme en un pozo sin fondo. La última vez me llevó meses poder levantar la cabeza sin temer que nada me la pisase. Volví al trabajo, me centré solo en eso, en lo que me gustaba porque tampoco quería perderlo. Recuperé todo el peso que perdí al no comer. Me entrené. Cerré algunos casos. Incluso hice constantes horas extras, sobre todo en navidades o días especiales que todo el mundo espera pasar en familia.-apretó los ojos cuando Kate entrelazó sus dedos con los suyos. Si hubiesen estado en medio de una guerra, ella habría sido como un chaleco antibalas que podía protegerle de cualquier cosa. Así se sentía cada vez que estaban cerca el uno del otro, en tierra firme.-En esas fechas mi madre lo celebraba en casa de Jamie si no decidía ir de viaje con sus amigas, mientras que yo trabajaba en comisaría.

Kate repasó el contorno de su garganta con la mirada. Su nuez iba y venía cuando tragaba con dificultad. Ya fuese su propia saliva o el whisky helado. Tal vez, si se hubiese fijado más detenidamente en la piel que surcaba esa zona de su cuello, habría podido notar la forma en la que su pulso vibraba dentro de la carótida. Para ella, el cuello de un hombre, o mejor, la nuez de Adán de éste, era algo erótico y muy sexy.

-¿Por qué te torturabas de esa forma?-Rick abrió la boca dispuesto a contestar, sin embargo uno de los camareros se acercó a ellos llevando el mojito que había pedido Kate hacía varios minutos. La pareja miró al hombre al mismo tiempo que él hacía su tarea, la cual consistía en colocar la bebida en la mesita baja y por supuesto, encima de un irónico posavasos para que la humedad no calase la madera.-Sabes que no fue tu culpa.

Rick le sonrió nostálgico a las profundidades del vaso de cristal, casi vacío a esas alturas. Dentro podrían quedar varios mililitros que acabarían en un último trago. Continuó su explicación cuando Kate se recostó a su lado, esta vez con el mojito entre sus manos. Al principio había pensado que compartir ese tipo de recuerdos, de sentimientos, de vivencias con una persona ajena a su vida, que había aparecido sin ninguna base y había acabado convirtiéndose en uno de sus pilares podría resultar difícil o doloroso. No obstante, estaba resultando ser todo lo contrario. Por millonésima vez, volvió a preguntarse si Kate sería algo bruja.

-Le dije que no lo hiciese.-sus labios formaron una U al revés.-Que no debía conducir en su estado, que sería peligroso.

Esa vez fue Kate quién perdió la respiración momentáneamente. Miró a Rick con la incredulidad reflejada en su rostro. Él asintió, haciéndole saber que había escuchado bien. La situación había dado un giro de trescientos sesenta grados, en todos los sentidos. Desde ahora ya no se trataba de una pérdida normal, sino de una pérdida doble en la que ninguno pudo salvarse. Su estómago estaba hecho un auténtico nudo, contraído hasta lo más interno de su vientre.

-¿Estaba embarazada?-notó la sorpresa en su propia voz.

El duro agente del FBI, ya no era alguien frío incapaz de sentir. De poseer un corazón con el que guiar sus sentimientos. Era un hombre corriente cargando dos muertes impactantes a su espalda sin saber durante años qué hacer con su vida sin considerar que estaba faltándole el respeto a su esposa. No podía entenderlo en toda exactitud, pero sabía que eso no debía ser para nada placentero.

-Siete meses.-dejó el vaso en la mesa. No porque hubiese terminado de beber, sino porque no podía seguir sosteniéndolo si quería enterrar la cabeza entre sus manos. Su voz estaba completamente rota después de todo lo que había ido confesando a su ritmo. Poco a poco, y aun así eso no quitaba la dureza ni el dolor que quería transmitir. Se ahogó con sus propias lágrimas mientras su cuerpo sucumbía a los temblores del llanto incontrolable. Pero lo que más le sorprendía a Kate era la forma sigilosa que tenía de llorar.-Íbamos a ser una familia.-lo escuchó gemir a través de los dedos empapados que sujetaban su rostro.

La joven frunció el ceño, deshaciéndose a su vez de su propia copa. Perder al amor de tu vida, estando embarazada de tu hijo, a dos meses de dar a luz era una de las peores crueldades que la vida podía usar contra ti. Ella siempre había querido conocer la historia del hombre que se lamentaba a su lado en silencio, dejando salir aquello que había mantenido dentro de él tanto tiempo. Siempre le había llamado la atención su carácter, su manera de afrontar la vida, la dureza de su mirada y los secretos que aguardaban tras ésta. El glamour externo de un hombre cansado de vivir sin aparentes razones. Pero las tenía. Y demasiado horribles, además.

-Rick…-internó los dedos en los mechones cortos de su pelo claro, rozando con las uñas su cuero cabelludo en el proceso. Vio cómo su cuerpo se estremecía ante la caricia, no muy segura de saber si se trataba por ella o por una nueva sacudida producida por el llanto.-Me siento fatal viéndote así, por favor, para.-echó un vistazo a la sala queriendo asegurarse de que no eran el centro de atención de nadie. A decir verdad, allí el único centro de atención era uno mismo con la persona que tenía al lado, la melodía a piano mezclada con los gemidos de las habitaciones contiguas y los pensamientos de lo que podría pasar después de pasar un rato charlando. No tenía de qué preocuparse.

-Perdóname a mí.-cerró los ojos de nuevo, ejerciendo presión sobre ellos. Fue inevitable que dos lágrimas paralelas cayesen al hacerlo, sin embargo no le dio importancia. Estaba demasiado ocupado en controlar su respiración sin llegar a tener que toser. El pecho le ardía y sentía los ojos irritados. Parte de la sensación de estar sobrevolando el vacío ayudado por los recuerdos había desaparecido. Esa tensión que nunca conseguía eliminar del todo parecía haberse evaporado al hablar de él, de lo que sentía, de lo que había sufrido, de Kyra. ¿Cuántos años hacía que no la nombraba siquiera delante de su madre? Casi no podía recordarlo.-Me he dejado llevar.

El corazón de Kate se encogió a juego con su estómago cuando Rick abrió los ojos. Lo que había sido blanco alrededor de su iris azul ya no lo era, había quedado sustituido por un tono rojizo digno de la irritación que presentaba. Ella continuo inclinada hacia delante siendo consciente de que él yacía apoyado en su totalidad sobre el respaldo del sofá. Con la cabeza echada hacia atrás y la mirada clavada en el techo inmaculado Rick dejaba que la inercia de sus dientes mordiesen su labio inferior para frenar las lágrimas.

-¿Quieres que te diga lo que pienso?-ella lo imitó, colocándose en la misma postura. De la misma forma.

El agente suspiró profundamente. Acto seguido deslizó las palmas de las manos sobre sus muslos con cierto nerviosismo. Esa sería la primera vez que dejaría que alguien opinase de ese tema que guardaba receloso ante los demás. No obstante tenía curiosidad por saber qué ideas tendría Kate ahora que comprendía parte de sí mismo.

-Adelante.-ladeó el cuello como había hecho ella para escucharle y la miró a los ojos. En el fondo, el hecho de verse en la misma posición que Kate con esa sincronización que les caracterizaba le hizo gracia. Había algo dentro de su mirada que le tranquilizaba. Que apaciguaba todo su ser al igual que el efecto de un tranquilizante o un fármaco cuando dormir era imposible.

-Pienso que aunque intentes culpabilizarte de algo que no pudiste evitar, nunca podrás cargar con la culpa porque no es tuya. Creo que me parece suficiente condena no haber sido capaz de rehacer tu vida, de volver a enamorarte por miedo a fallarle.-el ceño de Rick se hizo más profundo al escucharla hablar sobre temas que había decidido no tocar del todo. No obstante ella había sabido adivinar qué pensaba sin la necesidad de decirlo. Tal vez a través de sus gestos. O entre las líneas de sus palabras. Kate era observadora, podía tratarse de eso.-El dolor forma parte de nosotros y ojalá no hubiese sucedido eso y tú pudieses tener la familia que querías y que seguro también habría dado todo por ti. A pesar de que los dos sabemos que entonces no nos habríamos conocido. A pesar de saber que nunca hubiese podido enamorarme de ti. A pesar de todo, si tuviese la decisión en mis manos, te daría la opción de ser feliz. Porque te quiero.-sonrió al ver la incredulidad cruzar los ojos azules del agente, desbaratando cualquier rastro de ceño que surcase la parte superior de sus cejas.-Llevo estos meses queriendo saber qué era eso que ocultabas detrás de la fachada de hombre duro.-colocó su mano sobre la de él en una caricia suave. Pero Rick no se inmutó, estaba perdido en sus ojos.-Puedo asegurarte que en la vida habría pensado que lo que te había hecho cambiar había sido una pérdida tan dolorosa. Pienso en mi o en lo que habría hecho yo y te admiro. Te admiro porque de veras que no habría sabido cómo reaccionar y tú estás aquí, ahora, intentando crear algo conmigo en lo que hemos apostado sin saber.-su mano fue ascendiendo a medida que sus palabras fluían carentes de barreras que le impidiesen hablar.-Siento si en algún momento he invadido tu espacio personal haciendo preguntas fuera de lugar.-cambió su mirada seria por una inocente, cosa que hizo que las comisuras de la boca de Rick se curvaran.-No sé dónde está ella puesto que mis creencias son nulas, pero puedo decir que estará sonriéndote. Orgullosa de haber visto cómo te levantabas con fuerza y no dejabas que nadie te abatiese. Incluso me atrevería a decir que solo quiere que tú seas feliz, da igual como sea, solo que lo seas. Conmigo, con otra mujer o con tu pistola favorita.-para entonces su mano ya acariciaba la mejilla azorada del agente. Apartó con el pulgar una última lágrima diminuta que había salido gracias a sus palabras y dejó que el movimiento circular de la caricia profundizase en todas direcciones.-Podemos ser una historia más o un intento fallido, pero me gustaría que te quedases a comprobarlo.

Rick había enmudecido totalmente. Quería grabar a fuego lento esa escena en su retina, en su cabeza y en todos los lugares del mundo para poder recordarla años después. Él era partidario de buscarle un "por qué" a las cosas, pues cada acción conllevaba detrás una explicación. No podía calcular el tiempo que podría haber estado esperando una razón por la que Kyra hubiese tenido que irse tan pronto. Por la que hubiese tenido que quedarse solo. Allí, en ese mismo momento, pensó que las posibilidades que brindaba la vida podían ser extrañas, al igual que el destino y aunque la respuesta fuese dolorosa, debía decir que tenía sentido. ¿Y si su verdadero fin había sido llegar a ella y no a Kyra? Por mucho que quisiera saberlo, nunca podría hacerlo. Y solo por eso, decidió dejar de lado ese tipo de explicaciones.

-He dejado claro que no quiero irme.-susurró reduciendo la pequeña distancia que separaba su rostro de el de ella.-Eres mi primera vez en mucho tiempo.-los dos rieron en voz baja ante la broma malintencionada y a la vez tierna.-Prefiero disfrutar contigo lo que pueda y tener que preocuparme después.-Kate asintió lentamente, siendo testigo de la aproximación que iban tomando sus labios hasta que acabaron chocando en un beso húmedo.-Te quiero.-repitió varias veces seguidas dejando una serie de besos sencillos encima de su boca.-No tienes ni idea de cuánto. Ni de lo mucho que agradezco que puedas estar para mí cuando siquiera yo sé hacerlo.

-Has demostrado ser algo que llevaba buscando mucho tiempo.-susurró ella.

Mantenía los ojos cerrados, absorbiendo no solo sus besos, sino sus palabras y su aliento. Las veces que había pensado en tener un novio estable lo había imaginado como alguien sensato. Maduro. Protector y capaz de dejar de lado el orgullo si de veras la situación lo requería. Porque no necesitaba detalles constantemente que realzasen el amor que sentía por ella. Quería hechos que demostrasen sus palabras. Y Rick cumplía sus expectativas. Aparte de lo que ahora conocía sobra él, cosa que solo le hacía mejor persona.

-No prometo ser el mejor novio del mundo básicamente porque nadie es perfecto y porque yo tengo más oscuridad que luz. Ni podré amarte de la misma forma a la que la amé ella, pero eso no quiere decir que lo haga menos. Te aseguro que eres una de las cosas más importantes que tengo en la vida.-acercó su boca a la suya por milésima vez en esos pocos segundos con ayuda de su mano y volvió a abrir y cerrar su labios contra los suyos. Mantuvieron los besos varios minutos más, de esa manera que tanto les gustaba, lento y pasional. A falta de expresiones para explicarse, besos con los que enamorarse. Ellos eran así.

-Ahora que estás más tranquilo-comenzó a decir la joven apoyando sus manos en el pecho de Rick. Aprovechó el momento en que necesitó coger una bocanada de aire después de habérselo regalado al agente del FBI para hablar-y que la parte mala ha pasado. ¿Podrías explicarme por qué estamos aquí? Más que nada porque el sitio sí que sé lo que es.-Rick río de una forma que Kate solo pudo deducir como sexy ante la ceja arqueada de la chica.

A decir verdad había olvidado que se encontraban en aquel local. Demasiada efusividad al recordar sus tormentos. Él sabía que ese tipo de trance en el que solo eres capaz de concentrarte en los sentimientos que tienes a flor de piel podías llegar a perder la noción del tiempo e incluso la del lugar. Hizo un rápido reconocimiento visual de esa sala principal. Al parecer había ido llegando gente nueva y ocupando los asientos de las otras personas que desparecían ya fuese a las demás estancias o a seguir la fiesta a casa. Las voces superaban la dulce melodía del piano, no más de lo normal, pero lo hacían.

-Vale, quería enseñarte algo. No pienses mal-añadió al ver la expresión ceñuda y a la vez divertida de su rostro.-No aún.-aferró su mano con delicadeza, intentando agarrar su mojito para dárselo. Pues él ya había terminado su bebida, a diferencia de ella.

-¿Vas a llevarme a una sala de torturas sexuales o algo así?-se aventuró a preguntar Kate tras haber bebido un poco de la pajita negra. El sabor de la lima, la menta y el azúcar se había incrustado en su paladar hacía ya buen rato, mientras Rick iba conduciéndola a través de los extraños pasillos.

Allí, las paredes habían dejado de ser rojas. Más bien parecía madera barnizada mezclada con detalles negros, como las molduras del suelo y el techo. En algunas esquinas, reposaban sillones de cuero negros alumbrados por una tenue luz proveniente de un foco de emergencias en lo alto. Kate se preguntaba si aquello estaría allí para las personas que no soportaban lo que fuese que ocurriese dentro de las demás habitaciones o solo para descansar de "un duro trabajo". Sus teorías se hicieron más reales cuando cruzaron uno de esos sillones, esta vez ocupado por una mujer pálida, de cabello oscuro que intentaba que su respiración se acompasase a la normalidad. Rick la acercó a su cuerpo y le susurró al oído que al menos, disimulase un poco su curiosidad ante los demás si no quería que nadie le protestase nada. Por lo tanto, desvió la mirada al mismo punto que el agente, a una de las puertas con un letrero que no alcanzaba a ver bien, mientras escuchaba a un segundo hombre acudir al lado de la mujer.

-Eres una cotilla.-bromeó Rick haciendo cómo si estuviese explicándole en qué consistía exactamente la función de su sala.

-Quería saber si la gente viene aquí a descansar o desahogarse.-le dio un codazo cariñoso en las costillas que no produjo daño alguno en el agente.

A sus espaldas, los murmullos de la pareja se fundían con los gemidos guturales que nunca cesaban en aquel maldito lugar. El sentido de la orientación le decía que venían de todas partes, de diferentes personas, hombres o mujeres, pero ella quería prestar atención a la conversación, no al sexo.

-Sabes que si no puedes aguantar tienes una palabra de seguridad.-escucharon susurrar al hombre. Kate reprimió las ganas de darse la vuelta y ver más concretamente de quién se trataba.-En esto se basa todo. En la confianza que una sumisa pone sobre su amo.

Esa vez fue Rick quién tuvo que distraerla agarrando su rostro entre sus manos para darle un buen beso y así impedir que se girase y entablase una discusión con aquel chico. Conocía a la perfección su faceta feminista como para saber que hubiese ido directa a protestar sobre los derechos de la mujer y su integridad al escuchar la palabra "amo". Kate parpadeó confundida ante ese gesto veloz y por qué no, ese beso tan ardiente que había conseguido excitarla en medio de un pasillo, aplacando al mismo tiempo su cólera.

-La llama sumisa y se denomina a sí mismo como amo porque existe una relación sexual en la que la mujer se deja someterse ante cualquier cosa que quiera hacerle el hombre. Es un juego de roles que no disminuye en ningún momento la dignidad de la mujer, ni el amor que se tiene el uno sobre el otro.-explicó éste. A pesar de la belleza de aquella chica que le tenía totalmente cautivado, siempre olvidaba que se trataba de una universitaria de casi veintiún años. Kate no parecía ser tan joven y eso a veces le confundía hasta que lograba acordarse.-No vayas a discutir con nadie porque no sabes del tema.

Ella se relamió el labio inferior, todavía afectada por ese beso. Sin poder evitarlo había llevado sus manos hasta la cintura de Rick, sujetándose allí. Su mirada le transmitía tranquilidad. No quedaba rastro alguno de su habitual arrogancia a la hora de hablar. Esa vez no. Miró un par de segundos sus labios entreabiertos.

-Veo que tú sí que lo dominas.

-Por eso quería traerte aquí.-hinchó sus mejillas con aire. A Kate le pareció adorable aunque tampoco quería demostrárselo. Prefería permanecer con el semblante serio para que no se confiase. Se mantuvieron la mirada el uno al otro en silencio. Rick podía ver qué sucedía detrás de Kate, ya que el ángulo de la joven no era el idóneo para espiar. El chico, o más bien, el "amo", besaba con cariño a la otra mujer. Por primera vez reparó en la escasez de ropa de ambos, pero no le extrañó. Él mismo había participado en alguna sesión, en segundo plano, pero lo había hecho. Sabía cómo acabaría aquello. Y vio que tenía razón cuando él la cargó en brazos en dirección a la habitación de dónde habían salido.-Ya se han ido tus amigos.-posicionó la palma abierta de su mano encima de una de sus nalgas.

-Me da la impresión que has probado todas las salas.-dejó caer ella ladeando la cabeza.

La cercanía del cuerpo de Rick, duro y caliente, su mano acariciándole el culo de esa manera tan erótica, su colonia de hombre y los besos que dejaba aleatoriamente sobre su boca cuando quería tentarla, comenzaban a afectarle de verdad.

-Me faltan algunas.-respondió él en el mismo tono irónico que ella. Aguantaron la risa cuando escucharon una serie de jadeos, gemidos y expresiones del estilo "ahí", "más fuerte" y "¡dios, cuidado con la boca que me corro!" saliendo a través de la puerta que flanqueaba las espaldas de Rick.-Me sorprende que esto te haga gracia y no te asuste.

-Que tengas unos gustos sexuales diferentes a los míos no debería asustarme.-hizo una mueca con las cejas, medio alzándolas medio frunciéndolas.-Mientras que solo lo hagas conmigo…-el agente dejó caer su peso contra la puerta mientras suspiraba de placer. Kate mordía la parte baja de su cuello, cerca de la clavícula. Uno de los lugares más sensibles de su cuerpo después de su amigo al sur.

-Podemos usar una habitación si quieres.-rio éste de forma ronca a causa de esa tortura sensual. La sintió sonreír sobre su piel, algo que actuó como incentivo para que apretase su nalga con fuerza.-Son higiénicas.-arqueó sus cejas rápidamente, consiguiendo que al fin se riese.

-En tu vida.

-Me pones cuando te haces la dura.-la abrazó con dulzura. Ella le correspondió entrelazando los brazos detrás de su cuello y regalándole algún beso.

-Creía que habías dicho "me la pones dura".-de la garganta de Rick salieron unas sonoras carcajadas que rebotaron por todos los pasillos. Ella lo imitó, pues aunque él no riese de esa forma constantemente cuando lo hacía era pegadizo y gracioso.

-Eso también.

Si alguien le hubiese advertido de lo que unos ojos o una mirada eran capaces de hacer, no habría hecho caso de ello. Lo habría tomado como una tontería propia de las personas enamoradas, pero a fin de cuentas habría terminado por darle la razón tras conocer al hombre que le había hecho cambiar de opinión. Al hombre que con una simple sonrisa acompañada de su mirada de cachorrito abandonado, que pocas veces usaba, lograba desamarla en su totalidad. Y justo ahí no estaba desarmándola, estaba volviéndola loca.

-No he tenido relaciones serias antes de ti y después de Kyra.-dijo de repente.-Alguien, en una fiesta mencionó uno de estos sitios. Aquí la gran mayoría de las personas vienen a tener sexo sin compromiso, a pasarlo bien sin tener que preocuparse del nombre de la otra persona al día siguiente, solo a disfrutar. Y yo estuve varios años así. Un día con una, otro con otras-resaltó el plural-y otro con otra diferente. De cualquier forma. Y sí, he compartido estas habitaciones con hombres y mujeres.-Kate se alarmó un tanto al escuchar la palabra hombre y compartir habitación en una misma frase.-No me mires así, yo no follo con tíos. Pero sí que he estado en, bueno,-se rascó la nuca un tanto nervioso. Se le hacía un tanto difícil hablar de sus experiencias allí con ella sin que sus mejillas adquiriesen ese tono rojizo.-otras cosas.

-¿Qué cosas?

Rick rodó los ojos, pasándose una de sus manos por la frente.

-Pues orgías, gang-bangs, bukakes y este estilo de cosas que no quiero repetir.-le lanzó una mirada de advertencia que poco le importó a ella. Estaba abstraída de cualquier cosa que no fuese eso que acababa de decir Rick.-Así que vámonos hacia allí que hay una especie de discoteca y olvida lo que hemos hablado.

-¿Van a meterme mano si voy?

-Querrán.-sonrió de una manera secreta.-Pero estando yo delante no van a hacerte nada, te lo aseguro.

Kate dudó un par de segundos antes de encogerse de hombros y asentir.


Llevaba el suficiente tiempo bailando, girando, riendo y bebiendo como para comenzar a sentir el mareo apoderándose poco a poco de su cordura. Sin embargo le era imposible dejar de hacerlo. Se sentía genial allí dentro, acogida por los enormes brazos de Rick, con la calefacción encendida y su rostro ardiendo ante el calor de la sala y el de su propio cuerpo en llamas. La música no cesaba, al igual que el dolor de sus pies dentro de esos tacones, pero no le importaba. El hecho de escuchar a Rick reír tras su espalda, cantar al compás de la letra e intentar bailar al mismo tiempo sin que ninguno de los dos cayeran al suelo era suficiente razón para continuar allí. Esa noche era él quién merecía un respiro.

-¿Seguro que estás bien? Esos tacones tienen pinta de estar matándote.-dijo el aludido como si le hubiese leído la mente. Kate asintió eufórica, robándole besos de por medio y haciéndole sonreír.

No había calculado la hora, pero debía ser tarde. Hacía tiempo que no se preocupaba por el tiempo que pasaba divirtiéndose. Hacía tiempo que no se sentía tan vivo como lo estaba haciendo allí. Hacía tiempo que alguien como Kate no bailaba tan cerca de él, riendo y le calentaba el corazón además del cuerpo.

-Mientras no sangren…-fue la única respuesta de ella. Él frunció el ceño. Nunca había llevado tacones, por razones obvias, pero siempre había pensado que aguantar tu peso durante horas encima de ellos podía resultar muy doloroso. Y Kate no solo estaba aguantándose a sí misma, sino que no dejaba de moverse. Unos movimientos muy buenos. Todo había que decirlo.

El gentío que los rodeaba también gritaba acorde con la música y repetía movimientos. De maneras diferentes, las chicas se contoneaban más frente a ellos, entre ellas y se divertían libres de ser juzgadas. Como le había explicado a la futura abogada, la única preocupación era la diversión. Y ella parecía habérselo aplicado.

Vio a alguien en medio de la multitud que le resultó familiar, y al comprobar de quién se trataba le hizo un gesto para que se acercase. Kate, ajena a todo, solo veía a una mujer acercarse con la mirada fija en ella. Una mujer que aunque le costase aceptarlo, era preciosa. Llevaba el pelo suelto, de la misma forma que ella, solo que el de esa mujer era más bien liso. El maquillaje destacaba los rasgos de su rostro, haciéndola deslumbrante. En esa oscuridad no pudo adivinar bien si el color de sus ojos eran verdes o una tonalidad más cercana al azul oscuro/grisáceo.

-Ella es Sandra.-la voz de Rick acarició su cuello, provocándole un escalofrío. No sabía si era por la bebida, por el calor, por el enorme cuerpo de Rick presionando el suyo o por la mujer cada vez más cerca, pero estaba excitada.

-¿La conoces?-su voz sonó jadeante.

-Mucho.

Las manos de Rick volaron desde su cintura hasta su bajo vientre. Ella se pegó más a su pecho, sintiendo así una erección presionando su trasero. Para entonces, Sandra ya estaba a unos centímetros de ella, sonriéndole de forma seductora.

-Cuanto tiempo sin vernos, Richard.

-Demasiado.-a juzgar por su tono de voz supo que sonreía.

Ella continuaba desconcertada. En otro momento habría sentido celos por el trato tan cercano de esa maravillosa mujer hacia Rick, pero algo le decía que no tenía de qué preocuparse. La otra parte de ese desconcierto se basaba en la manera que tenía su cuerpo de reaccionar ante la tal Sandra. Eran una serie de centímetros lo que le separaba de ella, pero tampoco quería alejarse de ellos. Se sentí hipnotizada.

-¿Y quién es esta preciosidad?-Kate tragó saliva con fuerza cuando ella le acarició los labios con los dedos índice y anular. Se sintió estúpida y más confusa aún al querer hacer un intento de besarlos.

Rick estaba cada vez más cerca de la superficie de su Monte de Venus. Jugaba con ella por encima de la tela del vestido mientras mantenía algo parecido a una conversación con la otra mujer. Ésta última alternada su mirada seductora entre la pareja.

-Es mi novia.

Si Sandra se sorprendió ante la confesión no lo demostró. Al contrario, pareció complacerle, pues redujo la distancia un par de centímetros más. El corazón de Kate martilleaba con fuerza dentro de su caja torácica. Su sentido de la razón la había abandonado a su suerte, ya que en su interior, algo gritaba ordenándole que besase a esa recién llegada mientras Rick continuaba haciendo su trabajo en su vestido.

-¿Cuántos años tienes?

-Veintiuno.-se repasó los labios con la lengua al notarlos extremadamente secos. Notó cómo sus piernas se abrían a medida que Rick las separaba con sus pies, sin dejar de acariciar sus muslos cerca del liguero. Comprobó que efectivamente estaba húmeda. ¿Qué estaba pasándole?

-Es muy…joven para que esté aquí, ¿no?-la risa de Rick resonó en su tímpano. Ejercía un extraño poder sobre ella que no le permitía apartar la mirada de su rostro, de sus labios…

-Es astuta.-se limitó a responder el agente del FBI acercando la boca al cuello descubierto de la joven. Kate reprimió un gemido cuando sus labios alcanzaron su piel.- ¿Confías en mí?

Tardó en comprender que había sido él quién le había susurrado al oído, de nuevo. Quiso asentir, pero solo pudo hacer que su cabeza rebotara.

Sandra intercambió una última mirada con Rick. Una mirada que expresaba todo lo que las palabras no podían aclarar. Kate no comprendió qué se avecinaba hasta que esa mujer comenzó a besar sus labios. Calor. Ardor. Eso sentía. La boca de Sandra ardía bajo sus labios cada vez que los abría y los cerraba tanteando el terreno.

Iba a explotar en algo que ni siquiera ella sabía cómo denominar entre las caricias de Rick acercándose a su tanga, sus besos erizándole el cuello y la lengua de Sandra provocando la suya. Terminó por dejarse llevar del todo, aferrando la cintura de esa mujer y devolviéndole el beso con la ferocidad que haría si fuese Rick. Sandra sonrió sobre sus labios.

Y Rick, bueno, solo notaba la hinchazón en sus bóxers deseando ser calmada cada vez que rozaba el trasero de Kate.

-Mmmmmmmm…-la escuchó gemir dentro de la boca de Sandra a pesar del volumen exterior de la música. Apretó su sexo por encima del tanga, provocando un nuevo jadeo que, de nuevo, la otra mujer disfrutó absorbiendo.

En medio de ese frenesí de sensaciones contradictorias llevó la mano a uno de los pechos de Sandra, masajeándolo. Era como si repitiese los movimientos de Rick sobre su humedad en ella. Algo que nunca se habría planteado. Tocar o besar a una mujer.

Esa vez, el turno de gemir fue de Sandra. La boca de Kate era un auténtico paraíso. Sus labios, su lengua. La sexualidad que ponía en acariciar sus labios había conseguido mojarla hasta tal punto de querer perder el control y huir a una habitación con la pareja. Sin embargo era la novia de un amigo que ya le ofrecía la posibilidad de probar la boca de la chica con el consentimiento de ella. Y en otro momento se lo agradecería de veras.

Rick esperó a que su vieja amiga abriese los ojos para indicarle que la diversión había terminado. Mientras disfrutó tocando con libertad a Kate por dentro del tanga, recibiendo sacudidas contra su erección cada vez más sensuales, duras y necesitadas. Pasaron un par de minutos hasta que Sandra se cercioró de la nueva decisión del agente del FBI. Una mirada seria de Rick bastó para que le sonriese y desapareciese sin decir nada por dónde había venido.

De esta forma Rick hizo girar a Kate entre sus brazos, dejando su sexo completamente hinchado y suplicando un final mejor que ese. La agarró con firmeza por las nalgas y proporcionándole unos segundos de respiro para que pudiese centrarse, coger oxígeno y ser consciente de lo que acababa de suceder, volvió a devorar su boca mejor de lo que Sandra podría haber hecho nunca.


Se levantó empapada en sudor. El corazón le iba a mil por hora y no porque hacía solo unas horas que había vuelto a hacer el amor con Rick, o porque acababa de tener un sueño erótico igual de placentero que frustrante dónde la amiga de Rick no usaba solo su lengua para besarla mientras él la tocaba, sino porque su estómago estaba revuelto y las náuseas se habían apoderado de ella completamente.

Corrió como pudo desde la cama hasta el dormitorio, consciente de que solo vestía unas bragas de encaje que había decidido ponerse después de acabar una buena sesión de sexo con Rick. Por suerte la chimenea continuaba encendida e inundaba la habitación del calor natural del fuego. En cambio, la temperatura en el baño era terriblemente fría. Abrió la taza sintiendo el contenido de su estómago ascendiendo en vertical por su garganta y terminó derramándolo todo en el pequeño rectángulo con agua del inodoro. Su cuerpo se sacudía con fuerza, una y otra vez sin dejarle descanso entre arcada y arcada. La mayor parte del vómito consistía en jugos gástricos y la poca bebida que había consumido esa noche, cosa que terminó por alarmarla.

Ella había tenido noches peores en la que se había pasado de su límite de copas y la única consecuencia había sido una dura resaca por la mañana. Aferró la taza con fuerza, sintiendo unas terribles ganas de llorar de lo asustada que estaba. No por los vómitos, sino por el retraso en el periodo, y ahora eso. Un nuevo signo de embarazo. Y en el caso que eso pudiera ser real, no sabría qué hacer.

¡Ni siquiera recordaba haberlo hecho sin protección! No entendía nada y eso solo le causaba más ansiedad.

Después de cinco minutos más de estar agachada junto al helado suelo del baño, arqueándose contra el inodoro, consiguió levantarse. Su reflejo en el espejo no le gustó nada, sobre todo por su lividez fuera de lo normal. Se cepilló los dientes a una velocidad increíble para que el hedor del vómito no molestase a Rick ni le molestase a ella, pues no quería dar ninguna explicación de lo que acababa de suceder. De momento. Y regresó al dormitorio.

El agente dormía profundamente en su dirección, donde había estado abrazándola por la espalda y ahora abrazaba a la nada. Su rostro reflejaba tranquilidad, nada que ver con el estado de nervios en el que se encontraba la joven. Fuera continuaba siendo de noche, aunque parecía que el horizonte comenzaba a clarearse. Al final de las olas del mar.

Decidió hacer algo que seguro podría tranquilizarla. Al menos un poco.

Buscó su iPhone en la mesita de noche, a tientas, pues la luz de la chimenea era pésima cómo para alumbrar esa zona de la habitación. Deslizó el dedo por la pantalla repetidas veces hasta dar con el número de su mejor amiga. Llamar a Lanie era su mejor opción antes de que le diese un infarto.

-¿Kate?-escuchó su nombre de forma adormilada.-Son las cinco de la mañana. Y aunque tú estés por ahí con tu novio, yo tengo que ir en unas horas a la universidad.

La chica sintió el temblor en sus manos y seguido de esto en su voz cuando intentó hablar en un tono bajo para que Rick no la escuchara.

-Lanie, te necesito.-dijo con ojos llorosos.

-¿Estás llorando?-la escuchó incorporarse en la cama.- ¿Ha pasado algo? ¿Es Rick?

Kate sorbió por la nariz en silencio, con un nudo presionando su garganta.

-No, no es nada de eso.-se llevó un dedo a la boca, considerando si debía morderse sus preciadas uñas o no.-Estoy muy cagada.-notó la lágrima desbordándose por su párpado bajando hasta su mejilla.

-Estoy aquí, ¿vale? No me asustes, por dios. ¿Qué pasa?

-Lanie, necesito que cuando vuelva a la ciudad me hagas unos análisis.-bordeó la uña del pulgar con los dientes antes de morderla.

-Kate, ¿estás bien?-la forense notó el terror en la voz de su mejor amiga, cosa que solo hizo que se preocupase.

-Tengo un retraso de dos semanas y media en la regla...Puede-se llevó la mano a la frente.-Puede que esté embarazada.

-Pero si tú usas protección con Rick, ¿no?

Asintió siendo consciente de que ella no podía verlo segundos después.

-Sí.-musitó.-Por eso no lo entiendo.

-¿Cabe la posibilidad de que solo sea un simple retraso en la regla?-Lanie se levantó de la cama en silencio.-Espera que me aleje un poco para que Javi no se despierte.

-No.-sollozó Kate abriendo la puerta del balcón. Retrocedió al instante cuando el aire helado azotó su cuerpo desnudo. Con el móvil en el hombro, agarró un batín y se enfundó en él dispuesta a salir fuera.-Acabo de levantarme a vomitar. Yo nunca vomito, ya lo sabes.

-¿Has salido de fiesta?

-Casi no he bebido.

-Joder.-masculló la forense. Después de pasar tantas juergas al lado de Kate había comprendido que ella era casi indiferente a los efectos de la bebida.

-Dios, solo tengo veintiún años. Exactamente veintiuno. No estoy preparada para esto.-apoyó los lumbares en la barandilla de acero con la mirada fija en el vaivén de las olas del mar.

-Escúchame, ni siquiera sabes qué puede pasar. Tal vez solo sea un susto y el vómito porque te ha sentado algo mal, no tiene que ser la bebida.-Lanie suspiró al otro lado del auricular.-Es tu día, tu cumpleaños. Estás de viaje romántico. No te agobies, ¿vale?

Kate emitió un quejido mientras se limpiaba las lágrimas. Su cuerpo no solo temblaba por el frío de fuera.

-Vale, pero por favor, cuando vuelva házmelo.-rogó. Lanie se estremeció al escuchar esa angustia en su voz. Como mejor amiga que era suya, no podía verla sufrir.

-Lo haré, pero hazme caso tú a mí. Vuelve a dormir, mañana te llamaré para felicitarte. Descansa y no le digas nada a Rick, no le asustes. ¿Lo harás?-añadió tras el silencio de Kate.

-Sí.-suspiró.

-Ahora vete a la cama. Te llamo más tarde, te quiero.

-Y yo.-respondió de forma inaudible Kate.

La llamada de Lanie había conseguido estabilizarla emocionalmente aunque no tranquilizarla del todo. Se arrebujó más en el batín de franela, evitando acariciar su vientre plano como quería hacerlo. Lanie tenía razón. Ese día era suyo y no podía desperdiciarlo preocupándose por algo que ni siquiera sabía si era cierto.

Continuo allí fuera sintiendo como el aire mañanero le acariciaba la cara y de alguna forma la relajaba un poco. El sonido del mar ayudaba mucho, además de las vistas tan preciosas de éste. Cuando el cansancio volvió a aparecer en forma de bostezo decidió entrar de una vez y dormir un par de horas más. No había mejor medicina contra el estrés que el sueño, y ella lo sabía bien.


En el próximo capítulo...

"-¿Qué coño haces tú aquí?-Rick rodó los ojos frustrado consigo mismo al no haberlo visto venir. Había sido demasiado fácil como para ser cierto.

-Más respetos gilipollas, que esta es mi casa no tuya.-respondió el periodista y escritor Jameson Rook mirando detrás del hombro de su hermano al mismo tiempo que le dedicaba una sonrisa burlona. Sin embargo su semblante cambió al ver a Kate."