Notas de Autor: Antes que nada me disculpo por haber tardado tanto, no tengo excusa, estuve poniendome al día en el manga de One Piece, eso es todo. Sorry!

¡Pero estaréis más interesados en este cap, que además es muy importante!

Disfruten~


El tiempo se acaba

La espada pasó muy cerca suya, pero no había llegado a rozarle. Suerte.

Pero ya era la tercera vez que pasaba, no podía seguir así. Por lo menos su contrario ya se estaba cansando de él, y es que lo único que hacía era esquivar, esquivar, esquivar. Se preguntaba como tenía pensado ganar así...

- ¿¡No vas a atacarme!? -se quejó ya su contrincante.

Al-Andalus vaciló un momento antes de decidirse a dar un hachazo. El otro lo esquivó fácilmente. Mierda, mierda, mierda...

Para él, ese era el otro, porque no sabía como llamarle. Aunque se había presentado ya a si mismo: Al-Andalus. Pero no lo iba a llamar así, esos terrenos pronto volverían a ser suyos, y el nombre Al-Andalus solo quería verlo como un apodo para él, por tener un nombre tan largo.

A lo mejor era una excusa para no aceptar que el que tenía delante también era un país.

Y aunque se negara a verlo así, no era capaz de atacar al que tenía delante. Además se le hacía más difícil si esta persona tenía la misma cara y voz que tú, y cuando representa parte de lo que eras, era como apuñalarse...

Se sacudió la cabeza mientras esquivaba otro golpe. No, no podía centrarse en eso ahora o le matarían. Y él quería volver a ver las playas del mediterráneo y ese sol tan maravilloso... No es que no le gustara el norte, no, era verde y montañoso, pero él quería las dos cosas, quería la península completa, era su sueño. Los sueños de países eran bastante grandes, pero tampoco eran inalcanzables.

Interpuso la vara de su hacha entre él y la estocada que le lanzaba su copia, tuvo que retroceder unos pasos. Apretó los dientes. Detrás suya, a pocos metros, estaba Romano. Había una enorme mancha roja donde tenía la herida y hacía tiempo que no daba muestras de vida. Se estaba temiendo lo peor.

Pero no podía morirse, ¿verdad?

No, si pensaba así se distraería y él enemigo podría aprovecharse. Ya le había pasado un par de veces, asique solo le quedaba atacar y alejarse lo máximo posible de su amigo, pero a la vez no demasiado para poder estar atento de que ningún otro soldado le dañara.

¿Por qué tendría que ser tan difícil?

Maldijo por lo bajo mientras daba un empujón y conseguía librarse del árabe. Pudo avanzar unos pasos. El otro sonrió.

- Veo que avanzas.

- ¡Claro! ¡No dejaré que toques a Roma! -respondió con energía, mientras le apuntaba con el hacha.

El castaño frunció el ceño, molesto.

- Es solo una molestia. -se lanzó a por él.

- ¡No! ¡Es mi amigo!

- Pero lucharías mucho mejor si no tuvieras que estar pendiente de él.

Al-Andalus suspiró mientras volvía a enzarzarse en la batalla. El otro tenía razón, si Romano no estuviera allí estaría peleando con mucha más confianza. ¡Pero tampoco iba a dejarle ahora! Él le había ayudado cuando fue herido, no iba a dejarle tirado.

El otro pareció darse cuenta de lo que se le pasaba por la cabeza.

- Déjale en paz, ya estará muerto.

- ¡Qué no!

Ese chico se metía en sus nervios, sabía que solo intentaba enrabietarle, pero no era capaz de quedarse callado sin decir nada.

El castaño empezó a atacarle con más fuerza, obligándole a retroceder más aún. Mierda, ese chico parecía tener mucha más experiencia que él en peleas, y lo peor es que no podía pararle con su hacha. Estaba perdiendo...

Entonces tropezó y cayó de espaldas. Soltó su hacha sin querer... Juraría que le había hecho la zancadilla.

El otro no tardó en apuntarle con la espada al cuello.

- ¡Eh! ¡Eso es jugar sucio! -dijo, apartando la cabeza lo máximo que podía del filo.

- No hay reglas en este juego, copia caducada. -acercó la espada- Ríndete.

Ya debía imaginarse una respuesta.

- ¡No!

El otro volvió a poner una sonrisa malvada.

- Tienes dos opciones... -acercó más el arma- Uno: te mato ahora, luego a tu amigo, y me hago con toda la península, o... Dos: Te conviertes en mi subordinado y puede que no mate al del rulo, si es que no la ha palmado ya.

Los ojos verdes de Al-Andalus se abrieron como platos, ¿De verdad le estaba ofreciendo eso? El otro le acercó un poco más la espada.

- Responde.

Al-Andalus empezó a pensar, no sabía que hacer. Si se negaba le matarían, a él y a Romano, y después se harían con toda su península. Si aceptaba, acabaría gobernado por el Imperio Árabe y quién sabe si volvería a ver sus tierras... pero Romano viviría. Y Romano era alguien muy importante para él, no solo porque se hubiera hecho muy amigo suyo en estos meses, también porque el chico le daba una sensación extraña, muy familiar, el castaño parecía conocerle de toda la vida. Y no sabía como era posible.

No se arriesgaría a perderle.

Al-Andalus miró a esos ojos que eran clavados a los suyos, muy fijamente, pero solo consiguió ver la mirada de alguien que ya daba por ganada la partida. Y por mucha rabia que le diera reconocerlo, así era.

- No le harás nada. -dijo en tono seco.

- No tocaré ni un solo pelo de su querida cabeza. -esa sonrisa le estaba sacando de quicio- Ahora suelta esa hacha, corta.

Al-Andalus apretó los dientes y soltó el arma, que calló apenas haciendo ruido en el suelo manchado de sangre.

El otro bajó la espada y Al-Andalus se lanzó a donde yacía su amigo, rezando por que aún respirara. Comprobó su respiración, pero apenas podía notar nada, le cogió de la muñeca, buscando su pulso por todas partes; al final notó un ligero ritmo, lento y muy muy fino. No hacía falta ser un experto para darse cuenta de que eso no era bueno, pero tampoco lo hacía para alegrarse de que al menos estaba vivo.

No pudo evitar unas pequeñas lágrimas de alegría, simplemente cuando se trataba de cosas felices no había forma de frenarlas. Pero ahora tenía que centrarse en despertar a Romano, antes de que fuera demasiado tarde. Empezó a zarandearle con fuerza, intentando hacerle reaccionar.

- ¡Romano! ¡Romano! -le pareció notar que movía los párpados- ¡Romaaa!

Pero el castaño no daba más muestras de vida. No podía ser, ¿y si estaba perdiéndole? No podía dejar que eso pasase. Le zarandeó con más fuerza, pero no conseguía nada. Decidido, tenía que tomar medidas más contundentes.

Alzó el brazo en alto, con la palma bien abierta, lo sentía mucho si le dolía.

- ¿Qué... ?

Y le cruzó la cara de una bofetada.

La reacción no tardó en llegar y su amigo soltó un fuerte quejido. Espera, ¿no había dicho algo? Oh mierda, le había golpeado cuando ya estaba despierto, ¡así no funcionaban las reanimaciones! Pero por lo menos estaba vivo.

- ¡Romano! -le aplastó en un abrazo.

- Bastardo... ¿me has dado tú?

- ¡N-no! ¡Ha sido el aire!

- Ja...

Se separó de él, intentando posarle en el suelo lo más cuidadosamente posible, a fin de cuentas, estaba herido. Estaba tan feliz de tenerlo de vuelta entre los vivos que tuvo que contenerse de abrazarle otra vez.

El castaño abrió los ojos ligeramente, parpadeando repetidamente. Al-Andalus sonrió.

- ¡Romano! ¡Estás vivo! ¡Pensé que no te ibas a despertar y tenías esa herida tan horrible y no podía parar de preocuparme y creí que ya no volverías pero entonces volviste y... -se cortó al notar que los ojos de Romano se abrían con fuerza- ¿Romano... ?

Se giró en la dirección a la que miraba, alarmado. Una sombra de ojos verdes estaba sobre él. Su espada yendo con fuerza contra su cuello.

Estaba muy cansado y le dolía todo el cuerpo, además de que le pesaban demasiado los parpados. En conclusión: no podía moverse. Pero alguien molesto estaba agitándole, como si no se diera cuenta de que con cada movimiento el ardor que sentía en el pecho se acentuaba. Además, prefería mil veces quedarse en esa oscuridad que en lo que quiera que le había pasado para acabar así.

- ¡Romano! ¡Romano! ¡Romaaa!

Pero esa persona molesta no parecía pensar lo mismo. Frunció el ceño, para eso sí que tenía energías.

- ¿Qué... ?

Entonces la realidad le golpeó como una bofetada, soltó un fuerte quejido. Espera... LE HABÍAN pegado una bofetada. Eso ya fue la gota que colmó el vaso. Se quiso levantar para golpear al culpable pero no le hizo falta porque un abrazo aplastante le elevó solito. Intentó quejarse, aunque le dolía menos el pecho.

- ¡Romano!

- Bastardo... ¿me has dado tú? -sentía como si un estropajo se hubiera paseado por su garganta.

- ¡N-no! ¡Ha sido el aire!

- Ja...

Estaba bastante mareado, lo último que recordaba era haber quedado inconsciente por esa herida tan fea y... despertar aquí, donde estaba. Ningún misterio, la verdad, pero le pareció que algo extraño había pasado entre medias, y no se acordaba de qué. Entreabrió los ojos; el inútil que tenía por amigo le había tirado de vuelta al suelo sólo soltarle del abrazo, mira que era bestia, pero por lo menos parecía estar bien...

Pestañeó un par de veces. Estaba al lado suya, agachado. Decía cosas incomprensibles a toda velocidad, pero no las escuchaba, había algo detrás con unos brillos verdes que le hizo abrir los ojos como platos.

- ¿Romano... ?

Al-Andalus se giró justo cuando la espada caía.

Todo pareció congelarse. Romano se había medio levantado, ya nada molesto por ninguna herida, aún con los ojos abiertos de par en par, pero sin atreverse romper al silencio que se había creado.

El castaño se limpió la sangre de la cara con la manga, sus ojos verdes reflejaban una mirada más fría que un témpano, pero no había ninguna otra expresión en su rostro. Miró al otro moreno, que había caído al suelo, con la chaqueta tintada de rojo.

El primero se levantó del suelo, tenía un corte en el brazo, a la altura del hombro, pero no mucho más. Se acercó al otro, que se había llevado la mano al lado derecho del pecho, tosiendo algo de sangre.

- ¿Por qué lo has hecho? -dijo, con un tono entre decepcionado e impresionado.

El otro solo enseñó una vaga sonrisa, mientras se quitaba la daga que tenía clavada de un tirón. Soltó un pequeño quejido.

- Al final atacaste, ya pensé que estaba luchando con un inútil. -dijo secamente- No quería perder contra un idiota.

Al-Andalus se quedó unos segundos callado, apretando los dientes. Se miraron fijamente unos instantes, el sureño en el suelo, tirado y el otro de pie. Parecían dos hermanos gemelos investigándose mutuamente. Entonces Al-Andalus sacó una sonrisa retadora.

- Pues en la próxima batalla, pelearé de verdad. -aseguró, tendiéndole una mano.

El otro se la correspondió, con fuerza. También con esa sonrisa.

- Veamos quién es el mejor...

Y se esfumó.

Romano no se sorprendió demasiado, los países solían desaparecer de vez en cuando. Había oído que Francia lo solía hacer con las chicas, para dejar "Une fin inoubliable", aunque todos sabían que era un pervertido algo más romántico que la media. Sobre todo Romano, y ese maldito inglesito.

El caso es que Al-Andalus, a diferencia de Romano, se había quedado congelado en el sitio, aunque no sabía muy bien por qué. Después bajó la mano, que aún tenía tendida, pensando en alguna cosa. Pero entonces sonó un cuerno o algo, y las tropas musulmanas empezaron a retirarse, causando más de un estruendo, entre ellos un montón de gritos de victoria por parte de los ibéricos. Al-Andalus pareció volver a la realidad, sobresaltado por los gritos.

Romano se quiso levantar para felicitarle por haber ganado a su manera: dándole dos buenos golpes en la nuca por haberle preocupado tanto. Pero no pudo hacerlo, porque no podía levantarse. Sentía los brazos rígidos, apenas conseguía moverlos, como si le pesaran una tonelada, y lo mismo para las piernas. Entonces notó como poco a poco el frío se extendía por todo su cuerpo, a una velocidad mucho más rápida que las anteriores. No le hacía falta quitarse los guantes para darse cuenta de que se le acababa el tiempo (¿se le acababa el tiempo? Esa frase le daba cierto déjà vu...), y esta vez no podía hacer nada para pararlo.

- Eeh... Al-Andalus...

El chico solo oír su nombre pareció salir de su confusión y saltar como un resorte a aplastarle con un abrazo digno de un oso.

- ¡Romaaaaa! ¡Pasé miedo! ¡Creí que te iba a pasar algo y de repente vi que estaba detrás! ¡Y claro, después de ver como tu lanzabas dagas yo había practicado mucho y tenía puntería y... pero eso no es lo importante! ¡Creí que te había dado un shock y... !

- ¡Al-Andalus!

El chico se calló enseguida, sobresaltado por el grito. Le miró algo preocupado. El italiano le miraba fijamente.

- Oye, Roma, estás muy pálido. -le puso la mano en la frente- ¡Estás helado! ¡Hay que llevarte a las tiendas! Venga, seguro que tienen algo para ti.

Se levantó, tirándole del brazo. Romano suspiró, un poco fastidiado, mientras el otro intentaba tirar en vano de él. Pero simplemente, no conseguía moverse.

- ¡Roma! ¡Vamos, tienes que venir!

- …

- ¡Venga! ¡Muévete! -Al-Andalus parecía más que nunca un niño pequeño.

Romano se llevaría una mano a la cara si pudiera, pero no estaba en condiciones. Soltó otro suspiró.

- No puedo ir, Al-Andalus. -sentenció, intentando no sonar tan duro como lo hizo.

El castaño paró los tirones instantáneamente, mirándole sin entender.

- ¿Qué?

Romano fijó sus ojos en los suyos. Sí le había entendido.

- Se me acaba el tiempo... -notaba como su temperatura iba bajando, se preguntó si ya había empezado a desaparecer- Me tengo que ir.

El castaño se quedó mirándolo unos instantes, para soltar una risa nerviosa.

- ¿Qué? Venga Roma, no bromees, tenemos que ir al campamento, a que te curen esas heridas, y a celebrar que hemos ganado. ¡Y hay que avisar a Portu y a Francia! Seguro que se alegran... -volvió a tirar del brazo del italiano- ¡Vamos! ¡Muévete! -volvió a intentarlo- ¡Romano! ¡Ya no tiene gracia! ¡Levántate!

Al-Andalus tiraba de él con todas sus fuerzas, con las dos manos. Romano decidió que tenía que parar esto. Con un gran esfuerzo tiró de Al-Andalus. Cayó al suelo justo delante suya.

- ¡Ah! ¡Eso duele!

Le miró a los ojos, serio.

- Al-Andalus. Me voy. -sentenció.

El chico se le quedó mirando fijamente, con los ojos llenos de confusión. Su voz sonó rota.

- ¿T-te vas? -sonaba más como una afirmación. Unas enormes lágrimas aparecieron en su cara a la vez que asentía- No... ¡No puedes irte Romano! ¡No puedes! ¡No!

Rompió repentinamente a llorar mientras caía encima de Romano, intentando quitarse las lágrimas con la mano. Al mismo tiempo, pareció que las nubes se decidieron a descargar su cargamento de agua. Empezó a llover, primero unas gotas, y luego a cántaros. Romano pensó que las casualidades eran increíbles.

Con un esfuerzo, consiguió pasar los brazos por encima del castaño, intentando darle un abrazo. Al-Andalus levantó un poco la vista, con los ojos nublados por las lágrimas y los mechones de pelo pegaros a la cara por el agua. De repente su mirada cambió a una de susto.

- R-romano... Tu cara... -dijo con voz entrecortada.

Sí, estaba desapareciendo.

Abrazó con más fuerza al chico.

- No pasa nada, Al-Andalus... -dijo en tono tranquilizador, aunque él tampoco estaba del todo seguro- No es malo...

- E-estás helado y desapareciendo... es malo. -dijo Al-Andalus, enjuagándose unas pocas lágrimas para dar paso a las siguientes- Y-y me dejas solo...

Romano se lo separó un poco de él, ya translúcido.

- No te dejo solo... será temporal.

El castaño abrió los ojos con fuerza.

- ¿¡V-volverás!?

- … No... -volvió a ensombrecerse- No como piensas... -un rayo cruzó el cielo, seguido de un trueno, miró un momento arriba, esa tormenta era demasiado familiar- ¿Te puedo pedir un favor? -dijo, una idea cruzó su mente.

Al-Andalus le miró con curiosidad.

- S-sí, lo que quieras.

- Bien... Olvídame.

El chico le miró con los ojos como platos. El cielo tronó.

- ¿Q-qué?

Suspiró.

- Olvidate de mí, no quiero que te acuerde de mi, nunca más. No, escúchame -le cortó antes de que dijera nada- No volverás a mencionar mi nombre, a nadie, ni a ti mismo, ni siquiera dejes que nadie más lo mencione; no me escribirás en ninguno de tus diarios y te desharás de todas las cosas que tengas relacionadas conmigo. Ni se te ocurra dedicarme ningún pensamiento siquiera. ¿Me entiendes?

- P-Pero...

- ¿Me entiendes? -repitió con exigencia.

Al-Andalus asintió lentamente, sollozando en silencio. Si no fuera por eso, uno podría pensar que las gotas que resbalaban por su cara eran de lluvia. Le abrazó con fuerza.

Romano no pudo evitar una pequeña lagrima resbalase por su cara, incluso un asomo de sonrisa tranquilizadora, aunque ya notaba como su cuerpo iba desapareciendo con cada gota de lluvia. Sabía perfectamente lo que iba a pasar, sabía lo que esa tormenta había venido a hacer, sabía que esa era la lluvia que le había acompañado hace unos meses, cuando llamó a la puerta de esa casa en ese país tan húmedo...

Sabía que se iba. Pero no sabía si quería.

- Ciao, Al-Andalus.

Y desapareció en el aire, dejando a chico abrazando a la nada.

Unos ojos verdes observaban la imagen que se deshizo en el fino cristal del reloj, al mismo tiempo que el último grano de arena caía al fondo. Posó las pequeñas palmas de sus manos en el cristal: estaba helado. El reloj se había parado. Echó su aliento sobre la superficie, dibujando una carita con el dedo en el vaho.

Arthur se sentó en el suelo con aire aburrido.

- Jo, creí que íbamos a tener un nuevo compañero...

- No seas idiota, bastante tengo contigo. -contestó el rubio pálido a su lado, con tono neutro.

El niño se giró sentado a Lukas, que también había estado observando lo que pasaba a través del reloj, con las piernas cruzadas en el suelo. Hinchó los mofletes.

- ¡Y yo contigo! ¡Hmp!

- Es mutuo.

Volvió a caer el silencio, hasta que Arthur se puso rojo por aguantar la respiración de tanto hinchar las mejillas. Cogió una profunda bocanada de aire y se volvió a girar al otro.

- ¿Y por qué decidiste llevarlo de nuevo al presente?

- No está prohibido.

- ¡Pero no tenías por qué hacerlo!

- Quise hacerlo.

Arthur sabía que el tono del rubio había querido decir "se acabó la discusión, cierra la boca si no quieres que te la cosa", pero se aburría mucho en ese lugar, y mirar los relojes de los demás acababa siendo tedioso.

- ¿Pero por qué quisiste esta vez?

Notó como crispaba los nervios del de ojos azules, aunque no pareció alterarse. Tragó saliva.

Lukas se quedó un momento en silencio, un muy incómodo silencio para Arthur, esos ojos azules parecían congelarle por dentro. Al final habló, con calma para su sorpresa.

- Si los Recuerdos lo dijeron, hay que hacerlo. -sentenció.

Arthur frunció el ceño.

- ¿Lo dices por la flor? -el noruego respondió con su usualmente nula reacción- ¡Nunca haces caso de lo que dicen los Recuerdos! ¡Si dices que están chavetas de tanto estar ahí arriba! -dijo apuntando al techo.

- Si no fuera por los recuerdos no estaríamos aquí. Y eres ruidoso. -espetó neutro Lukas.

- ¡Pero es verdad!

- Ruidoso.

- Venga, ¿por qué lo hicisteeee?

El mayor se quedó en silencio. Se había puesto a juguetear con una flor de un tallo verde oscuro, y con un montón de pétalos violáceos, haciendo una forma peculiar. Soltó un suspiro prácticamente inapreciable.

- Tal vez tenga una debilidad con los idiotas... -dijo- Los recuerdos son demasiado fuertes...

Y se guardó en el bolsillo el trébol rojo, flor nacional danesa.


Notas de autor: ¡Espero que haya estado a la altura de vuestras expectativas! Se ve que el trío de tsunderes (técnicamente: tsundere al cuadrado más kuudere) tuvo muchos fans, así que no pude evitar poner a estos dos al final, con un poco de misterio, jejeje...

Esta historia no ha llegado a su fin aún, la tendréis que soportar un poquito más, espero que podáis~

Y espero que les haya gustado, lo hice lo mejor que pude, ¡nunca había hecho una despedida! Pero si tenéis que lanzarme tomates, aquí estoy.

Gracias~

Reviews~~

Pinsel D34cm43 T: A veces creo que lo único que hace Romano es caerse, y que lo único que hacen los personajes de esta historia de desaparecer xD. ¡Espero que hayas sobrevivido hasta este cap, y que haya sido lo suficientemente bueno como para que no te suicides! Lo que ocurrirá en el futuro no lo podré desvelar hasta la próxima actualización, :D aguanta :D

Gracias por el review~

Corona de lacasitos: Espero que en este cap no te haya comido la angustia xD.

La verdad es que siempre he pensado cómo sería una conversación entre tsunderes; pero creo que más que al Roma-Arthur-Lukas no voy a llegar xD y menos mal XDD

¿Si el España de la visión echaba de menos a Romano o quién era? Lo de la visión "de españa", que yo llamo "recuerdo" es un poco difícil de explicar... digamos que Romano llegó a el lugar donde se controla el tiempo y todas sus cosas, con Lukas y Arthur a cargo y todo eso. Pero acabó en la parte donde los recuerdos andan sueltos, y no todos son buenos, y son muuy engañosos, por que el pasado se lo quiere tragar todo. Intenté describir al España Recuerdo que le dio la florecita como el España de la Guerra Civil, que no paraba de hacer claveles de papel (flor nacional~) y estoy segura de que España en ese tiempo pensó mucho en Romano y en cómo estaría, por eso creo que estuvo bien que le ayudase a salir de ese sitio...

No se si te he respondido a la pregunta, si te he liado más o acabo de escribir la fricada del siglo, ¡pero yo lo intento! xD

Gracias por el Feliz Año nuevo, a ti también, ¡por tarde que llegue!

Thanks~

horus100: Me encanta Romano mandando a parir, es genial xD

Desgraciadamente le quedan solo un par de caps a esta historia, más o menos... ¡Espero que este te haya gustado! No puedo evitar ponerme nerviosa cada vez que actualizo...

Gracias por el review~

Guest: Espero que haya quedado el DenNor claro xD. Yo soy de las fans del trío: Spamano, PruHun y FrUk. Espero que no levante polémica~

MapleMary: Muchas gracias~ Me encanta que este cap te haya gustado y que te haya parecido tierno, no hay nada mejor para una autora que que la digan esto :'D

Espero que este cap te haya parecido igual de bueno~

Muchas thaaanks!

Yong Soo Kirkland: Muchas gracias~

A veces me pregunto si hay algún chico que lea fanfiction hetaliense... sorry xD

¡Me alegra que te haya gustado! ¡Si es que el trío tsun/kuudere lo peta X'D!

Espero de verdad que este cap te haya parecido igual de genial, quedó largo~

¡Muchas graciaaas!

Hasta aquí este cap, ya sabéis cualquier amenaza por review, ¿va? (Los alagos y mensajes de ánimo también son aceptado ;D)

Ciao!

MAKE PASTA NOT WAR~