Ya sé, sin capítulo de miércoles y sin capítulo de viernes, con una semana complicada, pero bueno... mejor tarde que nunca. Después del partido y habiendo salido segundos, dejo este capi :)


─ ¿Se puede pasar? ─ preguntó Mitty mientras abría la puerta del cuarto. Umi estaba casi con medio cuerpo metido en el armario y arrojaba cosas hacia atrás, buscando algo. ─ ¿Qué es lo que estás buscando? ─ cerró la puerta.

─ Papel ─ su respuesta retumbó dentro del mueble. Mitty levantó las cejas.

─ ¿Papel? ¿Por qué no le pides a Gio? ─ el sólo nombrarlo le producía escalofríos.

─ No ─ la negativa por parte de Umi le dijo que era algo diferente la idea de Umi de la que se estaba haciendo ella.

─ Umi, necesito que hablemos ─ el tono que empleó la carpintera hizo detener a Umi, que salió del armario para verla a los ojos con el rostro lleno de preocupación. Algo había sucedido, estaba completamente segura. Se sentó en la cama y Mitty a su lado.

─ ¿Estás bien? ─ fue lo primero que le preguntó su capitana.

─ Por supuesto que sí, Sabo me trató muy bien y me enseñó un montón de cosas ─ al recordar lo que había vivido durante esa semana se le iluminó el rostro.

─ ¿Quién? ─ Mitty rió, dándose cuenta de que aún no le había dicho nada a su capitana y amiga.

─ Antes de que Buggy el payaso hiciera explotar medio restaurante, un hombre me sacó del lugar ─ comenzó a explicar Mitty, siendo escuchada atentamente por Umi. ─ Era un tipo muy raro, con galera y una enorme cicatriz de quemadura que le tapaba media cara ─ la carpintera se esforzaba por hacer gestos y poner caras para que Umi comprendiera perfectamente, como si fuera una niña pequeña. ─ Después de eso, cuando nos separamos para buscarte a ti, volví a encontrarme con él. Me llevó a su barco ─ los ojos le brillaban. ─ Un barco perfecto, soñado, con un sistema de navegación único, quería conocer sus secretos, no pude negarme a su invitación ─ su rostro se enrojeció de vergüenza al descubrir que ese barco había sido la causa de que ella abandonase su tripulación para irse con un perfecto extraño.

─ ¿Y qué sucedió? ─ Umi parecía estar muy interesada.

─ Sabo es de la Armada Revolucionaria

─ ¿Y qué es eso? ─ la capitana realmente no sabía nada de nada.

─ Eso no importa ahora, lo que si importa es lo que me contó acerca de Gio

─ Si vas a empezar como Ryu, mejor vete ─ dijo y se levantó de la cama, pero volvió a sentarse cuando sintió que Mitty la tomaba por la muñeca.

─ Tienes que escucharme, Sabo me pidió que te dijera algunas cosas. Y luego tú decides qué hacer ─ se miraron intensamente por unos cuantos segundos, luego de los cuales Umi asintió.


Dos horas después todos estaban en sus quehaceres. Partirían al día siguiente hacia Isla Victoria, sin más contratiempos, y en una semana estarían disfrutando de la hermosa y exótica isla. Sora rondaba por los pasillos internos del barco, cerca del Cuarto de Derrota cuando Gio salió. Tragó saliva porque aunque deseaba hablar con él acerca de Marisol, de su relación con ella y de qué era lo que realmente buscaban en Isla Victoria, tenía miedo a la reacción de Gio. Él lo había visto con sus propios ojos, era un usuario de haki. Y aunque Sanji le había explicado las bases para usarlo, nunca lo había logrado controlar.

─ ¿Sucedió algo? ─ preguntó al fin, después de unos cuantos incómodos segundos de silencio. Gio sonrió de lado.

─ No, quiero tomar un poco de aire. Este lugar está muy encerrado

─ ¿Cuándo partiremos?

─ Cuando la Capitana lo indique, por supuesto ─ fue lo último que dijo antes de retirarse. Sora suspiró cuando escuchó el sonido de la puerta. No era normal desconfiar de un compañero, pero después de saber que él y Marisol, que era una persona buscada y de lo más misteriosa, pertenecían a la misma organización o al menos eso parecía, no le daba mucha confianza.

Vio el mapa sobre el escritorio y entró al Cuarto de Derrota para ver en qué estaba trabajando Gio, y no se sorprendió al ver el recorrido que llevaban desde que él había ingresado a la banda. El mapa parecía viejo y gastado y tenía otras rutas marcadas, que por el color de la tinta, supo que eran viejas o quizá de los anteriores dueños del barco.

Había un punto en particular que le llamó la atención. Una pequeña isla en el camino hacia Isla Victoria. Una isla sin nombre, al menos no tenía uno escrito en el mapa. ¿Acaso Gio pensaba pasar por allí? Tal vez por provisiones, no tenía que desesperar ni pensar demás. Seguramente Umi anunciaría el resto del viaje pronto y ya se enterarían de que iba esa isla.

Salió de allí para volver a sus quehaceres. Fuera del cuarto, encontró a Marisol, y volvió a sentirse incómodo. Ella lo había convencido de una forma un tanto extraña de que la llevara a su barco, y él había accedido. Pero eso no quitaba que se sintiera extraño estando con ella.

─ Sora ─ lo llamó en forma de saludo. Y él sonrió nervioso. ─ Quería agradecerte ─ el cocinero se sorprendió. ─ Por no haber dicho nada

─ Tú me pediste que no lo dijera, sólo cumplí

─ Pero le ocultaste la verdad a tu capitana y yo no cumplí con lo que te dije, no puedo quedarme aquí

─ ¿Te lo ordenaron, no es cierto? ─ Marisol abrió los ojos un poco más. ─ Que viajes con nosotros a Isla Victoria ─ aclaró.

─ Así es

─ Si Umi está de acuerdo, entonces no tengo nada para decir ─ Sora disponía a huir de esa situación incómoda, cuando ella continuó hablando.

─ Tu nakama ya lo sabe ─ él supo inmediatamente que hablaba de Mitty. ─ No te preocupes, no haremos nada ─ continuó.

─ Confía en la Capitana

─ No es que no confíe en tu capitana, al contrario ─ hizo una mueca y rodó los ojos. ─ Pero no me fío de tus nakamas, lo siento ─ bajó la cabeza.

─ Supongo que es normal, pero oye ─ Sora sonrió. ─ No sucederá nada, somos piratas ─ bromeó y Marisol levantó la vista. Parecía un poco más tranquila, pero igualmente al cocinero no le convencía su actitud. ─ ¿Tu sabes para qué haremos una parada en una isla a unos días de aquí? ─ soltó de pronto.

─ No ─ contestó ella, y parecía sincera. ─ No he hablado con Gio sobre lo que haremos ─ casi sin querer estaba confirmando que ella y él pertenecían a la misma organización.

─ Ya veo ─ fue lo último que dijo Sora antes de retirarse. Era la hora de preparar la cena.


Water 7

El amanecer los sorprendió charlando. Sanji había escuchado todo lo que su hija tenía para contarle. Dieciocho años era mucho tiempo y ella había pasado de ser una jovencita a ser una mujer. Sonreía con cada palabra y su corazón saltaba de gozo. Realmente Ayumi se había convertido en una artista famosa en el mundo entero, y él ni enterado del asunto.

─ Creo que tengo que regresar al hotel ─ terminó diciendo Ayumi, con cierta tristeza.

─ Es lo mejor ─ Sanji se sentía igual de acongojado por esa separación, pero ella tenía razón. ─ Creo que aún no deben vernos juntos

─ ¿Por qué dices eso? Las cosas no son como antes, ya nadie busca piratas

─ Ayumi ─ la tomó por los hombros y la miró con afecto. ─ Primero tengo que encontrar a Syra y hacer que pare con esta locura ─ era totalmente sincero en lo que decía. No sabía qué era la organización que habían armado, pero le olía muy mal. ─ Luego volveremos a Arousa, todos juntos, como una familia ─ una risotada se escuchó desde atrás, retumbando en los escombros. ─ ¡¿Quién es?! ─ gritó Sanji, parándose delante de Ayumi.

─ No te preocupes ─ el dueño de aquella risa salió de su escondite. Llevaba una capa y estaba encapuchado.

─ Daisuke ─ susurró Ayumi.

─ El mismo ─ se quitó la capucha. ─ Estuve escuchando sus tonterías todo el tiempo ─ les informó en tono burlón. ─ ¿Por qué le crees? ─ arrugó el ceño y miró fijamente a su hermana que sentía una gran presión en el pecho.

─ Daisuke, las cosas no son como tú piensas ─ quiso comenzar a hablar Ayumi cuando Sanji dio un par de pasos al frente, en dirección hacia donde estaba su hijo. Sacó la cajetilla de cigarrillos del bolsillo del saco y encendió uno con un encendedor dorado. Dio una calada y exhaló suavemente, disfrutando el momento. Nadie decía nada.

─ Quieras o no, todo lo que dije es verdad ─ Sanji no tenía intensiones de ponerse a discutir en ese momento. Deseaba con todas sus fuerzas que Daisuke creyera en él, pero no podía pelear, no en ese momento. ─ Tu madre y yo nos encontramos en el Baratie un año después de que Satsujin hundiera el Sunny ─ dijo con voz serena, mirando a los ojos a su hijo que se mantenía en silencio, con una leve sonrisa. ─ Le pedí que se escondiera contigo y con tu hermana ─ el humo ascendía y se mezclaba con la humedad del amanecer. ─ Nos volveríamos a encontrar después de que todo terminara

─ ¿Diecisiete años? ─ las palabras de Daisuke estaban cargadas de algo más que ironía. Sanji podía detectar rencor y dolor. Arrugó sus cejas. ─ ¿Tantos años? Para mi estás muerto ─ dijo duramente.

─ Tomar aquella decisión no fue fácil ─ el cocinero hizo caso omiso de las palabras de su hijo. ─ Durante meses vagué por el mar queriendo encontrarme nuevamente con ustedes tres, de casualidad, verlos, saber cuánto habían crecido, en quiénes se estaban convirtiendo ─ dio otra calada al cigarrillo, levantó la cabeza y sacó el humo lentamente. ─ Lo hice porque creí que si yo estaba lejos de ustedes, estarían más seguros, protegidos de ese asesino

─ Bien ─ dijo Daisuke luego de unos cuantos segundos de silencio. Ayumi permanecía más atrás, con sus manos juntas y los ojos llenos de lágrimas. ─ No escucharé más ─ estaba serio. ─ Ayumi ─ llamó a su hermana. ─ ¿Qué harás? ─ la intimó a responder con un tono autoritario.

─ Volveré a casa


Isla Victoria

Bienvenida ─ el saludo cordial de la Reina de Isla Victoria, con su sonrisa siempre amable, su cabello renegrido, su piel blanca y sus ojos verdes, era como una caricia para el alma herida de Vivi, la nueva Reina de Arabasta.

Gracias, Gisella ─ Vivi sonrió con pesadez, y bajó el escalón con dificultad. Sus seis meses de embarazo no le sentaban para nada bien. Traía una solera de gasa celeste, suelta, que disimulaba bastante su avanzado estado de gestación. Gisella la observó con una mueca de disgusto.

Deja de hacer eso ─ la regañó. ─ Sabes que no me gusta ver que reniegas de tu hijo ─ se cruzó de brazos realzando su abultado busto.

Lo siento ─ Vivi bajó la cabeza. ─ No debería hacerlo, pero-

Ya sé toda la historia ─ la cortó. ─ No me la cuentes de nuevo ─ la tomó de la mano derecha. ─Vamos, cuéntame más sobre cómo van las cosas en el Paraíso, extraño mi tierra, ¿sabes? ─ se sentaron en unos sillones imperiales tapizados en rojo, junto a una chimenea que estaba apagada.

Las cosas van mejorando de a poco ─ Vivi terminó de acomodarse en el mullido sillón. ─ No es fácil gobernar un reino

Dímelo a mi ─ ambas rieron, Vivi con menor énfasis que Gisella. ─ ¿Sabes qué nombre le pondrás? ─ preguntó, cambiando de tema. Vivi la observó confundida.

No ─ respondió con la misma pesadez que antes y bajó la vista. Luego, inmediatamente, se dio cuenta de que estaba haciendo lo mismo por lo que su amiga la había regañado momentos antes. ─ No logro decidirme ─ se corrigió, con una falsa sonrisa en el rostro.

Cuando estaba embarazada no lograba decidirme por el nombre para mi pequeño ─ Giselle parecía rememorar un momento por demás gratificante. ─ Hasta que Vittorio lo decidió por mi ─ se cruzó de brazos. ─ No me gustaba Giorgio, pero después me encantó ─ hizo sonar una campanita y luego de unos segundos una jovencita de cabello rizado apareció, vestía como mucama. ─ ¿Podrías traernos algo de té y unos bocadillos? ─ le pidió amablemente. La chica sonrió y asintió sin decir palabra. Cuando se retiró, Gisella siguió hablando. ─ No logro que diga una sola palabra ─ comentó en voz baja. ─ Me preocupa

¿Giorgio? ─ preguntó Vivi en el mismo tono y arrugando la frente.

¡No! ─ gritó. ─ Antonia ─ volvió a susurrar.

¿Esa chica de recién? ─ la reina Giselle asintió con la cabeza.

Quiero que ella se haga cargo de cuidar a Giorgio ─ se puso de pie. ─ Se llevan muy bien ─ se acercó a un mueble con cajones sobre la pared. ─ Pero no sé si ella quiere hacerlo o no ─ abrió uno y tomó un pequeño mantel. ─ Desde que la encontraron jamás ha dicho nada

¿Tiene algún problema? ¿Algo físico? ─ Giselle se acercó y extendió el mantel sobre la pequeña mesa.

No, no lo creo ─ volvió a sentarse. ─ Es algo que vio ─ la miró durante algunos cuantos segundos a los ojos. ─ Que vio en el mar

─ Sé que quieres irte, pero sin la brújula no llegarás a ningún sitio ─ la voz de Giorgio lo distrajo. Israel estaba terminando de armar su bolso. No había llevado muchas cosas y eso le venía bien para no olvidarse de nada cuando saliera de allí. ─ ¿También vas a escapar de aquí? ─ preguntó, terminando de entrar en la habitación y cerrando la puerta.

─ No es lo que tú crees y tampoco me importa lo que pienses ─ dijo secamente.

─ Eso es mentira ─ Giorgio se acercó y se paró detrás de él, cruzándose de brazos. Estaba vestido con su traje de jockey. Israel, al voltear, lo miró de arriba abajo.

─ ¿Qué haces vestido así? ─ preguntó.

─ Menos mal que no te importaba ─ bromeó. ─ Iba a llevarte a dar un paseo a caballo ─ bajó los brazos. ─ Pero como te estás escapando no creo que quieras venir

─ ¿A dónde?

─ A un lugar al que solíamos ir cuando éramos niños ─ giró y sintió la mano de su amigo sobre el hombro, deteniéndolo.

¿Por qué siempre tengo que irme tan pronto? ─ el pequeño Giorgio de doce años contemplaba con curiosidad a su amigo de cabello plateado. No era la primera vez que lo veía tan acongojado y llorando.

No lo sé, mi madre dice que una Reina debe estar con su pueblo ─ quiso aplacar los llantos sin lograrlo. Israel no quería saber nada con volver a Arabasta.

Tengo nueve años, no quiero estar encerrado ─ balbuceaba mientras continuaba llorando con su rostro entre las manos. Giorgio se sentó a su lado, con las piernas colgando en el acantilado. Un lugar hermoso, en lo más alto de la isla, desde donde se veía toda la amplitud del East Blue frente a ellos.

¿Por qué tu mamá no te deja salir del palacio? ¿Sucede algo malo en tu reino? ─ preguntó el inocente Giorgio.

No lo sé, nunca me lo dice ─ continuaba llorisqueando. El mayor se puso de pie violentamente e Israel levantó la vista mostrando sus irritados ojos. ─ ¿Qué sucede?

Alguien viene a caballo ─ dijo, apretando sus puños. En unos segundos estaba frente a ellos aquel jinete. Era una mujer de cabello rizado, de baja estatura y muy delgada. Traía un vestido gris y delantal. Estaba muy seria. ─ Eres tu ─ dijo Giorgio, menospreciando a la mujer. ─ ¿Ya te mandó mi mamá a que nos busques? ─ era irónico, ella no decía nada.

Basta, volvamos ─ Israel la miraba a los ojos con cierto recelo. Se limpió la cara con las mangas de su camisa y se dispuso a regresar al caballo que habían robado de los establos.

No ─ Giorgio parecía firme. ─ Que ella me lo pida ─ Israel volteó rodando los ojos y se cruzó de brazos.

Sabes que no hará eso ─ protestó. ─ Volvamos

No ─ insistió el príncipe.

Vine porque quiero llevarlos a un sitio ─ por primera vez en su vida los niños escuchaban la voz de Antonia, la institutriz de Giorgio. Los dos quedaron boquiabiertos.

─ Aquella vez Antonia nos trajo a esta cueva y nos mostró lo que había aquí ─ Israel rememoraba la primera vez que habían visitado el lugar cuando tenía nueve años. Era una cueva en medio del bosque, cubierta de enredaderas. Dentro se hallaban unas cuantas pinturas rupestres, que parecían querer decir la ubicación de un tesoro dentro de la isla, que jamás hallaron. ─ Buscamos este tesoro como locos ─ sonrió sinceramente, cosa que llamó poderosamente la atención de Giorgio.

─ Nunca dimos con él ─ acarició una de las paredes donde había un dibujo de un caballo.

─ ¿La extrañas? ─ preguntó Israel después de que su amigo se quedara en silencio.

─ ¿A Antonia? ─ preguntó. ─ Ella debe estar bien ─ agregó inmediatamente.

─ Hay algo que nunca te pregunté ─ ambos se miraron por un segundo, con incomodidad. ─ ¿Quién se llevó a Antonia? ─ sabía que la pregunta no le haría bien a Giorgio, pero necesitaba saber algunas cosas, cosas que antes jamás se había preguntado. El príncipe apretó los puños y sus ojos se oscurecieron.

─ Nathan Conar


Más y más incógnitas. No se preocupen, porque pronto habrá más revelaciones. Por lo pronto, espero poder contar un poco del pasado tortuoso de Vivi, y también de Syra.

Nos leemos!