¡HOLA CAOTICOS Y CAOTICAS QUE ME LEEN!

Lo sé… si…. Bien…. Estoy de acuerdo, ha pasado un siglo sin capitulo (puede que sean exageraciones mías), culpa mía y de mi cabeza que ha perdido la línea de tiempo, me releí todo e intente llenar las partes vacías.

Como he dicho esta corta historia está por concluir. Se darán cuenta con este capítulo. Muchos dirán que continúe, otros que ya era tiempo y algunos querrán una segunda parte. Mi idea siempre ha sido que las buenas cosas deben tener final y dejarles ir…. No sé si sea buena... pero ha salido de mi mente y espero darle el final que merece. Dejemos lo triste a un lado y comencemos.

De tal forma que léanlo, disfrútenlo y déjenme su reviews.


Los derechos de los personajes son de J. K. Rowling.


Catty: Es grandioso que te gustara tanto. Pues es normal, aunque si soy cincero hace mucho escribi un capitulo donde los celos de Hermione eran muchos mayores, al punto que casi podia matar si solo lo miraban. Me parecio exagerado y nada propio de Hermione, y lo cambie. Tu respuesta es correcta, mas alguien lo contesto antes. Sorry... tal vez a la siguiente.


La dedicatoria especial es para "dark-songdxd". Un nombre largo y que no me deja claro si es chica o chico. Me inclino más por lo segundo. Aunque no me aclaro del todo. Lo siento de verdad si no es así jeje. Un enorme abrazo, una felicitación por saber algo que yo no y disfruta de este capítulo. Que espero tenga eso que le falto en el anterior.

La siguiente dedicatoria es para quien me diga... ¿Cómo Katie Bell se hizo con el collar de Ópalos en el sexto libro?

Seré sincero, no tengo ni una más recóndita idea, tendría que leerme el libro de nuevo y a veces me da flojerita y de las que más pesa. ¿Sera correcto pesa o pasa? Aunque cualquiera de las dos me sirve.

Capítulo 25.- Daña el cuerpo y has que ruede la cabeza.

Hermione, Abril.

Lo primero que realizo, Harry, en cuanto se reunieron todos fue cambiar a las gemelas Carrow, cosa que incluso atemorizo a Gideón. Ambas chicas gritaron de dolor y se retorcieron mientras Harry les tocaba las frentes y les cambiaba. No supo cuánto tiempo pasaron él es suelo en posición fetal y llorando, McGonagall intento calmarlas aunque parecían como si hubieran ido al mismo infierno y regresado.

Las gemelas se volvieron animago o algo parecido. Hestia cambiaba hasta convertirse en águila de plumaje verde y con destellos, podría lanzar un graznido tan fuerte que dañaba el equilibrio de cualquiera y sus garras perforaban cualquier material. En cuanto a Flora, se volvía un enorme tigre de color rosa, con cuernos en la cabeza y una cola llena de espinas, podría crear electricidad y dirigirla ya fuera con los cuernos o la cola, aunque los rayos eran de su mismo color. Claro que a Harry ni le importo cuando lo demostraron, podía observar que en su mente rondaban ideas diferentes, y le dio el mandato a Gideón de entrañarlos como asesinos.

Harry no lo necesitaba, después de todo logro derrotarlo. Salieron heridos, aunque parecía que desde ese entonces se había vuelto mucho más fuerte. No cualquiera lograba derrotar a los fundadores.

Gideon podría poner en forma a cualquiera, incluso a Sirius, era un entrenamiento espartano. Durante los siguientes dos meses les dio trabajos muy duros, les entreno para no dudar y actuar con urgencia. Desde atacarlos para asesinarlos en cualquier momento del día, hasta que atacaran a otros sin dudar, incluso entre ellos mismo. Los llevaba a su límite, haciendo que sus cuerpos recibieran hechizos que los dejaban inconscientes, hasta que lograran aguantarlos y continuar luchando. Una tortura se diría. La cuestión era que a Hermione no le costaba tanto, sus alas podían repeler cualquier hechizo, también eran tan fuertes que un ligero toque a otra persona la mandaba al suelo y si aleteaba con todo su poder incluso lograba desviar cualquier magia básica.

Aun con todas las habilidades de cada uno era imposible seguirle el paso, McGonagall trasformada en el temible Comitanix apenas duraba un par de minutos consiente; en cambio la trasformación de Fenrir de Sirius era un tanque, capaz de aguantar un montón de hechizos y continuar en pie, mas eso requería toda su concentración y por lo general la perdía con facilidad; para la forma Werewolf de Lupin serbia más el ataque, aunque conservaba parte de la inteligencia del profesor y lograba discernir todo, sus instintos le hacían ser agresivo; la trasformación, Águibrante, de Hestia podía ser de reconocimiento al ser capaz de tener una aguda visión y poder identificar cualquier objeto a la distancia; Flora trasformada en Taigertrico podía paralizar a cualquiera con su electricidad. Juntos era un buen equipo. Y aun así Gideón les daba batalla.

Ella no participaba mucho, más que nada por su capacidad de incluso superar cualquier cosa que le lanzaran. Cada hechizo que conocía lo podía lanzar al agitar su mano, muy parecida a Harry, sola que en su caso era menos potente. También cada pluma lograba desprender un poco de magia. Incluso curar si era necesario. Gideón llamaba a su magia "Plumis et pura". Y su única debilidad eran los maleficios o… Harry. Sí. Al parecer su esposo era el único en que si la tocaba o atacaba el hechizo le afectaba, podría ser que fuera por que le dio el poder o porque estaba tan perdidamente enamorada que no concebía que le dañara.

Otra cosa buena del entrenamiento de Gideón era que Hedwig se encontraba ocupada, siendo de gran ayuda en los intentos de asesinatos, se trasformaba e intentaba matar a cada uno de los demás. Aunque sobre todo a Sirius, de verdad se llevaban mal. Y Hedwig le llamaba juego al entrenamiento. Y era bueno por que dejaba a Harry y ella a solas mucho tiempo, a veces hasta el día por completo solos.

Aunque su entrenamiento le ayudo a controlar sus alas, siempre el toque de Harry la descontrolaba y las desplegaba sin pensarlo. Mas Harry solo sonreía y acariciaba sus plumas, eso la excitaba. Sus plumas no tenían dolor o incluso tacto, mas sentía las caricias de Harry como si fuera su piel y solo con él enseguida se volvía loca. Y como hacia unas horas atrás, hacían el amor sin que nada del exterior les importara y si no hubiera un mañana intentando ser uno por completo. Era completamente feliz al estar abrazada por Harry, desnudos y sintiendo el máximo de piel posible de piel del otro, incluso si eso significaba que dejara a su esposo con una mano en su pecho y la otra envolviendo su cintura.

-Tenemos que levantarnos- dijo Hermione sin muchas ganas, si fuera por ella pasaría todo el tiempo con Harry, encerrados en la habitación.- Es medio día… tengo hambre-

-Yo ya he comido- dijo Harry besando su hombro.- ¿No lo recuerdas? ¡Ah! Claro… fue mientras gritabas mi nombre y me empujabas a tus pechos-

-¡Descarado!- dijo Hermione intentando lucir enfadada, aunque poco le salía- Es en serio, debemos comer-

-Si te levantas, yo lo hago- dijo Harry aferrando su agarre y pegando su cuerpo al de ella, sintiendo una parte en especial entre sus glúteos, una que si se despertaba por completo no parían hasta la cena.

De alguna forma logro sentarse y girar la mirada a su esposo que asintió, y se sentó en la otra orilla. Miro su espalda, no entendía como los mortifagos se las arreglaron para dañar cada trozo de su piel, se notaban las profundas cicatrices, también el dolor que sintió, incluso pensaba que en ese momento debía estar muerto. Pero no, Harry estaba con ella, era su marido y a pesar de su doloroso pasado le seguía sonriendo con amor. Algo que ya no debía existir en su ser después de cada cosa que le hicieron. Se acercó y le abrazo por la espalda, aferrando sus manos a sus pectorales y besando su cuello, bajando poco a poco hasta su columna.

-No molestes al demonio, no a menos que quieras salir quemada- Gruño Harry- De verdad amor, eres la que quiere que nos levantemos y me…-

-¿Provocas?-pregunto Hermione con una leve risa, besando el mismo camino, con diferencia que pensaba acabar en los labios de su esposo.-Después de anoche y ¿Aun no estás cansado?-

-Para ser tan lista, ahora estas preguntando algo que por si solo se contesta- respondió y la beso.- Aunque en algo tienes razón, debemos ir a comer y luego con Midas-

-¿A la bóveda? ¿Para qué?- pregunto Hermione desconcertada.

-Tengo que hacer aumentar el tamaño de mi arma- dijo Harry levantándose y atrayendo su ropa.

-No es necesario, es bastante grande, gruesa y me satisface por completo- dijo Hermione con un toque coqueto, y vistiéndose con el collar de la naturaleza.

-Muy graciosa- dijo Harry tronándose el cuello, mas tenía una sonrisa grande- Pero no me refiero al arma que me dio la vida-

-Yo también- rio Hermione al ver como Harry se volteaba por completo y le alzaba una ceja. Se acercó y le tomo de la cintura, su mirada era un tanto divertida y se rio un poco.

-¿A caso quieres que muramos de hambre?-pregunto rosando sus labios con los de ella.- Mira que si continuamos de esta forma, no saldremos nunca de la habitación-

-Suena interesante- susurro al recibir un beso tierno.

Bajaron a comer como cualquier día, no estaba nadie, podía ser que la noche anterior Gideón los entreno tan duro que aún se encontraban durmiendo. De tal forma que desayunaron tranquilos y sin que nadie les interrumpiera. Harry nunca comía lo suficiente, al principio solo probaba un leve bocado y cuando se dio cuenta le regaño, cosa que no cambio nada, parecía no soportar ingerir lo mínimo de alimento. Debía ser por la poca comida que ingirió por meses y meses, su cuerpo estaba acostumbrado a casi nada de nutrientes, pero eso lo estaba cambiado. Sentada en las piernas de Harry le daba pequeños bocados, el los aceptaba aunque tardaba en tragarlos y volver a abrir la boca, aunque siempre lo hacía si ella insistía. Cuando su tono empezaba a cambiar a verde le dejaba, no quería que vomitara lo que comía.

Al terminar, Harry le tomo de la mano y se encamino por la casa hasta el otro lado justo en la biblioteca. Uno de los sitios favoritos de Hermione, más cuando pasaba horas acostada en el pecho de su esposo y escuchando su voz, disfrutando de que le leyera cualquier cosa. Su voz le causaba tranquilidad, y serenidad de sentirse amada. Nada los dañaba si se encontraban ellos dos juntos.

En ese día no pararon en su cómodo sofá y tomaron el primer libro que vieran, no, continuaron hasta la bóveda Potter donde lo vigilaba un dragón dorado llamado Midas. Se lo había mostrado en el recorrido del castillo, y lo sorprendente es que el dragón dorado le reconoció como esposa de Harry casi de inmediato.

Camino pasando la vista por las montañas de oro, los artilugios increíbles e incluso en la altitud que mostraba, no podía ser real el que pareciera interminable.

-Midas- dijo Harry mirando al dragón-¿Cuántos materiales raros tenemos en la bóveda?-

-Tres cientos mil doscientos treinta y seis, entre acero duende, joyas y diferentes objetos recolectados a través del último milenio- contesto el enorme dragón dorado.

-Suena genial- dijo Harry extendiendo la mano libre, de ella apareció su plateada y enjoyada arma.- Trae cada uno de ellos delante de mí-

-¿Qué pasa por esa cabeza?-pregunto Hermione asombrada, verla en acción no era lo mismo que en ese momento, totalmente quieta y deslumbrando en la mano de su esposo.

-Quiero incrementar el alcance de mi arma-sonrió Harry, luego acerco su mano a la suya y soltó con suavidad sobre la superficie plateada, dejando la enorme guadaña cerca de su cuerpo- ¿Quieres probarla?-

No respondió más si se colocó detrás y coloco su manos obre las suyas, y la coloco en la superficie de arma. Sostenerla hizo que una descarga de magia se fundiera con su cuerpo.

-Es grandiosa- dijo Hermione sintiéndose poderosa con solo sostenerla, intento levantarla más era tan pesada que apenas logro levantarla unos centímetros.

-Tranquila, no te sobre esfuerces- dijo Harry cerrando su mano apretando más y ayudándome a levantarla, al estar casi a la altura de sus cabezas la vio resplandecer y comenzar a encender su filo de luz roja.

De todos lados comenzaron a llegar piezas plateadas, doradas, rojas, azules, verdes, moradas y multicolores metálicas que llegaban traídos por la energía dorada que desprendía Midas. Y de joyas preciosas ni hablar, una montaña comenzó a pilarse a lado de los metales, el cristal precioso deslumbraba y proyectaba luz tan hermosa que parecía irreal. Algo que nunca espero observar. Una montaña de artefactos deslumbrantes a su derecha y a su izquierda una montaña de joyas de la mitad del tamaño, y aun así siendo el triple de grande que ella.

-¿Eso servirá mi señor? Aún falta revisar el otro cincuenta por ciento de la bóveda- dijo Midas trayendo una joya con forma de dragón a tamaño natural, con incrustaciones de oro, plata y platino como parte de su ornamenta.

-Supongo que sí, veremos qué tan hambrienta esta- dijo Harry sosteniendo la guadaña con ambas manos.

-¿A quién te refieres?-Pregunto Hermione mirándolo de lado.

Sus ojos se veían decididos y la malévola sonrisa que surgió le hizo estremecerse, no de miedo sino de excitación.

La guadaña tembló y comenzó a hacerse liquida, la plata floto y comenzó a ir directo a las montañas de artefactos mágicos y joyas. Se creó una enorme cortina plateada que floto hasta el techo, y dejando una fina línea plateada que escapaba de sus manos y cuando el último tramo liquido desapareció Harry entrelazo dedos abrazándola desde atrás. La cortina bajo hasta cubrir todo lo que Midas presento frente, dejando la silueta de los dos montes y antes de que incluso pudiera descubrir que pasaba comenzó a moverse el líquido, con ondulaciones y agitarse.

Segundos después algo cambio, los montículos ya no eran tan altos y la masa plateada comenzaba a tomar forma. Continúo de esa forma durante algunos minutos, hasta que solo quedaba una enorme pelota plateada y que brillaba. Soltó a Harry para que continuara con lo que hacía, el sonrió nuevamente y le dio un beso luego fue al cumulo plateado, metió las manos de lleno y el líquido comenzó a correr por sus brazos, hasta que se redujo de tamaño. La forma volvió a ser muy parecida a la de guadaña, aunque al final un brillo blanco la cegó. Al regresar la mirada, vio a Harry empuñando una guadaña en cada mano, descansando el largo del cuerpo en un hombro y con los filos cruzados detrás de su cabeza. Ambas guadañas deslumbraban poder.

La primera era la que ya conocía, aunque con la imagen un poco cambiada por el camino de joyas que mostraba el filo. La otra era de color negro, con picos bajando por la cabeza y terminando en el mango se componía de un acero completamente negro mientras tenia adornos rojos, bajo la vista se dio cuenta que al final se ensanchaba de golpe dejando un espacio grueso y de ella salía una cadena negra que se conectaba con las manos de Harry. Las movió con lentitud al frente de su cuerpo, un sonido silbante surgió sin siquiera que lo hiciera con fuerza y al cruzar los filos en un punto surgió un "Bom" y múltiples chispas saltaron por todos lados. A la distancia se encontraba oro solido apilado, pero en cuando Harry coloco las guadañas sobre sus hombros, esta se desplomo revelando un corte limpio e inclinado que le hizo derrumbarse sin control alguno.

-Creo que están bien, aunque puede que me quiten un poco de velocidad- dijo Harry moviendo la guadaña de arriba abajo, creando cortes en el suelo sin siquiera tocarlo. Luego soltó en mango la guadaña que salió volando por el aire girando y cuando la atrapo nuevamente creo un nuevo estruendo al crear un curco más grueso en el suelo- Si, un poco más pesadas que la versión anterior-

-¿Cómo sabias que se duplicaría?-pregunto Hermione curiosa por conocer su secreto.

-Supongo que intuición- dijo Harry acercándose, pero se frenó al ver los cortes en el suelo, movió las manos y las guadañas desaparecieron dejando en su lugar dos anillos, uno en cada mano y de diferente color, plateado y negro.- Ahora ¿Qué quieres hacer amor?-

Le sonrío, se acercó y le beso, el regreso el beso mientras que sujetaba su cintura. Al separarse una mirada picara se notó en Harry.

-Es muy temprano para regresar a la cama- dijo Harry metiendo su cabeza en el cuello de ella.

-¿Tú crees?-pregunto Hermione soltando una risita- Entonces salgamos a pasear-

Pasaron el resto de la tarde en el jardín, paseándose de la mano y platicando, de lo que fuera incluso de los montones de libro que conocía y de los planes que tenían para el futuro. Una que otra vez, de los temas diversos que hablaban, surgió lo que paso en el sótano de los Riddle y Harry cambiaba a una mirada con miedo. Al final deicidio evitar el tema a toda costa. Regresaron a la casa antes de que el sol se ocultara.

Encontraron a todos los habitantes de la mansión en la sala de estar: Sirius con la cabeza contra la mesa de te, a Lupin comiendo un par de filetes sanguinolentos, las gemelas casi dormidas (una sobre la otra), a McGonagall con ojeras muy pronunciadas y a Gideón mirándolos con una leve sonrisa. Le llamo la atención el ronroneo de Hedwin acostada cerca de la chimenea en forma de gato, luciendo apacible y cómoda.

-¿Cómo van?-pregunto Harry sin prestarles atención a los que parecían a punto de desfallecer. Se sentó en un lugar libre, ella en sus piernas y le abrazo.

-Supongo que listos… por lo menos sobrevivirán- dijo Gideón tomando una copa y mirándole de reojo- No me diste mucho tiempo-

-Bueno, tenían que estar listos para mañana- dijo Harry acariciándole la cadera de forma inconsciente.

-¿Qué pasara mañana?-pregunto McGonagall haciendo esfuerzos por no dormirse.

-Unas vacaciones de esta tortura- gruño Sirius volteando la cara, golpeada y con saliva pegada a su mejilla- Por favor-

-No hay tiempo para descansos, tenemos que iniciar el ataque- declaró Harry con seriedad y mirando a la nada- Descansen hoy, mañana iremos por Voldemort-

-¿QUÉ?-gritaron el resto, despertando a las gemelas.

De un movimiento se levantaron y parpadearon, luego se vieron entre ellos y terminaron en Harry.

-¿Cómo que mañana?-pregunto Lupin con los ojos más grandes.

-Iré a enfrentarlo y ustedes me acompañaran- declaro Harry viéndolos. Se lo quedando mirando un tiempo, más ninguno chisto, no cuando la mirada decisiva de Harry era absoluta. Hermione no comprendía al cien por ciento su decisión, más la aceptaba y estaba preparada para ir a luchar.

-Genial. Maña podre clavarles las garras a unos cuantos- dijo Hedwin alzando la cabeza- Le pateare el culo a esos pendejos-

Algunos pensaron que saldrían temprano, y fueron a dormir de inmediato, más ellos se recostaron y platicaron un rato. A la hora de dormir Hermione se encontraba abrazada de frente a Harry con su cabeza a la altura de su pecho y sus piernas entrelazadas, sabía que debía descansar, aunque el latido de Harry le hacía querer seguir despierta. Algunas veces le daba terror que fuera el último y no poderlo escuchar más.

¿Qué mejor momento que atacar que en la noche? Luego de un sueño reparador y que despertaran hasta muy tarde, se prepararon salir. Los demás estaban muy nerviosos y se veían, cada que podían, preguntándose si realmente lo harían. La respuesta era clara. Sí.

Ese día Harry se colocó la misma ropa de siempre, su gabardina y una camisa blanca, junto con sus pantalones de mezclilla negros. Aunque ahora no era por la magia de la naturaleza, no, le dijo claramente que prefería que ella llevara la armadura y en caso de alguna herida que se curara más rápido. Para la batalla se colocó uno pantalones deportivos pegados que atrajeron la mirada de su esposo por un buen tiempo, también un top deportivo que dejaba demasiada piel al descubierto y aunque le gustaba la comodidad, lo que más le agradaba eran los celos que le dedicaba Harry. Por las miradas que le dieron Sirius y Lupin, que aunque fueran adultos y amigos de ella, seguían siendo hombres y no podían evitar mirarla. Gracias a los constantes gruñidos de Harry y el que la abrazara con posesión se decidió a cubrirse con una sudadera holgada.

Ni había intentado que no lo acompañara, la conocía y su terquedad la haría ir de una o de otra forma. Además era bastante fuerte, su poder podía ser equiparable al de Gideón y sin tantos años de entrenamiento. Hablando del asesino, lucia muy como si fueran al parque y no a combate. Hedwin por otro lado no paraba de dar lata, se notaba que no podía con el ansia de salir y clavarle los colmillos aun par de mortifagos mal encarados, estaba deslizándose en forma de serpiente de un lado a otro silbando y mostrando sus colmillos a todos.

-Un Mortifago mataremos, acaso dos o tres

La gran Hedwin que sale invencible es

La golpiza y mil cortes vamos pronto a darles- canturreaba mientras se paseaba a sus pies.

-Una vez más, ¿Dónde aprendiste esa canción?- dijo Harry sobándose la sien.

-Calla idiota que me desconcentras –silbo Hedwin y le hizo el amago de morderlo, leuco continuo canturreando su canción.

-Por lo menos no desentona-dijo Hermione mirando a la criatura reptar por todo el sitio.- y ha cambiado las palabras correctas-

-¿Y entonces a dónde iremos?-pregunto Sirius - Recuerdo que se dirigían a la mansión de los Malfoy después de la tremenda explosión que provocaste en Haglenton-

-Me hizo enfurecer- se disculpó Harry sin mucho ánimo, mientras miraba la indumentaria de los demás.

Pareciera que fueran a la guerra ataviados con algunas piezas de armadura que encontraron por la casa. Sobre todo Sirius que estaba vestido por completo con una armadura completa, incluida la cota de malla. No podía dar dos pasos sin hacer ruido metálico. Lupin llevaba una enorme mochila a su espalda, según entendía, contenía pociones curativas, de sangre y muchos más artículos que se pudieran necesitar. En cuanto a las gemelas ambas estaban vestidas con su ropa normal, aunque una llevaba una pechera de acero y su hermana ambos brazos cubiertos del resto de la armadura. La profesora llevaba su antigua indumentaria de bruja, mas ceñido y con sombrero puntiagudo, lo que se creía una bruja de verdad en el mundo muggle. Por ultimo Gideón solo llevaba una playera blanca y unos pantalones negros, sin nada tan ostentoso como los demás.

-Entonces a la mansión Malfoy-dijo Sirius como un caballero de la edad media, caminando con pasos resonantes y alzando la espada.

-Quítate esa armadura- dijo Harry mirándole de arriba a abajo-No estamos en las cruzadas-

-Pero si es genial- dijo Sirius mirándose- Intente pintarla de negro… pero me hace ver gordo-

-Por Merlín- soltó McGonagall bajándose el ala del sombrero y cubriéndose los ojos.

-Corre a cambiarte o no vas- declaró Harry, bufando. Sin saber cómo sentirse.

-No quiero- dijo Sirius cruzándose de brazos como un niño pequeño.

Harry no dijo nada avanzo dos pasos y le empujo con la punta del dedo, se desbalanceo por el peso del acero y cayó de sentón. -Corre a cambiarte- ordeno con el tono autoritario.

Aunque refunfuñando, enojado y haciendo mucho ruido, se cambió por su clásica apariencia motociclista, Con su chaqueta y camisa desgastada debajo, a Hermione le sorprendió ver que la utilizara por primera vez y no anduviera medio desnudo por la casa, aunque conservaba la espada en su cinturón.

-Bien, todos agárrense, este viaje puede costarme la desaparición de esta existencia- dijo Harry mientras sacaba unas risas de las gemelas y Sirius, claro que él no estaba diciéndolo en broma.

Le había contado sus pequeños encuentros con esas entidades tan formidables, y aunque al principio pensó que tenía algún daño por tanta tortura, término de aceptarlo al ver que en ciertas cosas parecía ser la única forma de que existieran artículos tan poderosos y que salieran de la nada.

Le tocaron y Hedwin se le subió en el hombro. Un mili segundo después terminaron en una calle sombría cubierta de niebla, a su derecha se veían edificios Muggles comunes y corrientes, del lado derecho un muro de espeso arbusto se observaba. Lo reconoció enseguida, era el mismo tipo de muro que utilizaron en la tercera prueba, esas plantas que utilizo Dumbledore en el laberinto.

-Bien, este es el lugar- dijo Hermione avanzando y asombrándose por la altura del arbusto.- ¿Cómo quieres hacer esto? ¿Amor?-

No contestaba y eso le saco de su pensamiento anterior, giro intentando ver que le pasaba, más se quedó de piedra cuando unos pasos resonaron a su lado y vio los ojos sangrientos más vacíos que nunca. El odio que comenzaba a surgir en sus recuerdos era palpable en su vista y su atención en cada musculo, así como en la magia oscura que desprendía su cuerpo. La energía estaba descontrolándose desprendiéndose de su cuerpo como si quisiera llegar al sujeto que le hizo pasar miles de cosas troces y horribles, que torturo a Harry por meses y meses, y que pinto el suelo y las paredes de donde lo encerró con su propia sangre. Algo que seguro Lord Voldemort desearía no haber hecho.

-¿Harry? Amor no te dejes llevar por el odio… estoy aquí contigo- intento decirle acercándose más y más, sin embargo. Se veía sus ojos cada vez más lejos y su cuerpo temblaba, no, no solo era su cuerpo. El alcance de su magia comenzaba a provocar temblar cada tramo del lugar.

-¿Wild?-pregunto Hermione como si supiera que ahora Harry estaba bajo su otra personalidad. Las ráfagas de aire comenzaron a surgir de todos lados, el vendaval golpeaba en todas direcciones provocando que polvo y cosas diminutas se alzaran en el aire. Se cubrió los ojos en un reflejo -Dijiste que iríamos en silencio-

-Lo sé- gruño mientras comenzaba a tronarle cada extremidad, respiraba con pesadez, casi jadeaba con cada palabra.- Pero… sangre… quiero… su sangre. Voy a matarlo-

-Tranquilo cachorro-avanzo Sirius preocupado.

Al instante sus ojos se perdieron. -¡ALEJATE!-grito mientras aparecían ambas guadañas en sus manos, cubiertas con aura roja.- ¡LOS MATARE!-

Los movimientos que le siguieron no fueron vistos, solo escuchados al caer las guadañas al chochar varias veces seguidas y luego frenar. El estruendo siguiente fue parecido a una explosión ensordecedora salvo que en lugar de calor todo volatilizo en aire. Destruyendo el muro de plantas y convirtiéndolas en diminutos fragmentos verdes, creando una alfombra de hierba destrozada en todo lo largo y ancho de la calle. A lo lejos se miraba una mansión oscura, pero la sensación de peligro inmediato los invadió. Un parpadeo basto para que Harry desapareciera delante de ellos y en los patios de la mansión comenzaran a escucharse explosiones.

-Prepárense, esto se pondrá peor y peor- indico Gideón sacando su varita.-Chico más vale que sepas lo que haces- Los demás le siguieron, incluida ella misma.

No dijeron nada solo comenzaron a entrar a tropel. No desplego sus alas eso sería una mala jugada en aquel lugar. Adentro quedaba una buena horda de mortifagos, a pesar de los cientos o miles que tenía Harry encerrados. Los guardias más cercanos saltaron sobre de Lupin y Gideón, que al instante se los quitaron de encima. Uno convirtiéndose en hombre lobo y rasguñándolos tan profundo que gritaron y se quedaron tendidos sobre su espalda; el otro movió la varita con un movimiento exagerado creando una llamarada negra que golpeo el suelo y comenzó a esparcirse por todos lados a la orden de su varita.

-Encárguense, iré junto con Harry- indique a la profesora y Sirius que ya se encontraban en su propia batalla, peleando mano a mano con cuatro o cinco al mismo tiempo.

Hedwin era velos acababa de convertirse en un enorme dragón que rugía y lanzaba llamaradas directas a los que se encontraba en su paso y parecía muy feliz.

-Peligroso- dijo McGonagall arrastrando a un Mortifago con una cadena que salía de la punta de la varita.- Eso es muy peligroso-

-Te acompaño- dijo Sirius levantando unas piedras y arrojándolas como balas a los atacantes.

-No- dije al momento que uno intento hechizarme por la espalda, mas mis alas absorbieron el bajo nivel de magia y cuando gire le lance un torrente de hechizos que lo dejaron enterrado.- Quédate como apoyo-

-Es sumamente peligroso- dijo McGonagall gruñendo al pasar un hechizo rozándole el hombro.

-No tanto como si Wild enloquece-

Harry, un minuto antes.

Si seguía aumentando su número de multas, el Tiempo se vería la necesidad de informar a quien se encargara de dirigir a esas enormes entidades y entonces todo se iría a la mierda. Tomo a todos e hizo un viaje celestial, lo más rápido que podía. Esperaba que fuera menos llamativo y la factura fuera menor, aunque no lo creía. Tarde o temprano debía dejar los viajes celestiales y sacar a los mortifagos del limbo abismal. Aunque no sabía qué hacer con ellos.

Había estado bien, si siquiera se encontraba un poco alterado, nervioso o preocupado. Mas cuando sintió la magia que rodeaba aquel lugar, sin lugar a dudas eso le exploto en la mente. Aquella magia que la rodeaba la conocía bien, no por nada él lo veía siempre que era torturado. La calle sombría y con niebla no ayudo a tranquilizarlo, y lo empeoro el muro de espeso arbusto que utilizaron en el laberinto. Esas que Dumbledore utilizo. ¿Acaso los Malfoy se las proporcionaron? Se preguntó mientras su sangre comenzaba a hervir. Su piel se sentía tan caliente, sus ojos ardían y ya veía todo con el color de la sangre, su boca se secó y el aire la pareció lleno de putrefacción. Como si nuevamente estuviera encerrado.

-Bien, este es el lugar- dijo Hermione delante de su vista, mas con su sudadera apenas y la veía.- ¿Cómo quieres hacer esto? ¿Amor?-

No contesto. Su boca se abrió y no encontró ninguna palabra para expresar lo que quería hacer. Era tan fácil pensarlo, para Harry lo único que deseaba era pagarle de igual forma a él. Avanzo a un costado de Hermione sin verla, y sin siquiera proponérselo, su cuerpo ya no seguía a su mente, porque su mente estaba desconectada y lo único que quedaba era su más puro odio aferrándose al asesino que suprimía Hermione. Aunque en ese momento estaba fallando, no más Harry solo quedaba el salvaje que destrozaría a Voldemort y luego ira por Dumbledore. No se percató ni de que la magia salía sin control, que las guadañas se desplegaron sin mover un dedo.

-Estoy aquí contigo- susurro una voz en sus cercanías. La conocía bien, una parte de su ser grito que le hiciera caso, la otra la aparto y busco en las inmediaciones a Voldemort. Estaba cerca, bastante cerca solo tenía que destruir el muro cruzar un largo trecho, matar a un par de mortifagos en el proceso y arrancarle la piel de un solo tajo. Temblaba de solo pensar en verlo pedirle perdón, se saboreaba el momento.

-¿Wild?-pregunto Hermione aclarando un poco su mente, su pensamientos fueron un poco más coherentes. Había ido con todos para ser más silenciosos y vitar que pudiera largarse, aunque su instinto asesino estaba ganándole y por montones. -Dijiste que iríamos en silencio-

-Lo sé-su respiración estaba alterada. Luchando con eliminar a todo lo que tenía adelante sin cuestionárselo- Pero… sangre… quiero su sangre. Voy a matarlo-

-Tranquilo cachorro-dijo otra voz que. Una que le altero de inmediato.

"Abrió los ojos y lo primero que vio fue oscuridad por completo, le dolía la cabeza, también las muñecas y se sentía muy sucio. Olía al peor y más sucio baño del mundo, donde dejaron que un cuerpo se pudriera. O cierto, se dijo a sí mismo, soy yo.

Entonces recordó el día anterior donde Bella se animó lanzándole el cruciatus, al tiempo que lo golpeaba como saco de box. También la risa de Voldemort sentado en la silla de atrás, mirándole con su vista amoratada. Acaso no tenía suficiente con hacerle tanto daño que ya ni se quejara, solo dejaba que lo hiciera día tras día.

No tardó mucho en despertar y lo que llegaron, un nuevo Mortifago y Voldemort. En cuanto la puerta chirrió abrió un poco sus ojos y miro a su nuevo torturador, Lucius Malfoy. Era la primera vez que le tocaba, y sabía que cada uno de los mortifagos le gustaba torturarlo de diversas formas. Ya fuera clavándole objetos, golpeándolo, flagelándolo, haciéndolo sangrar hasta el desmayo, romperle huesos progresivamente, casi mutilarle los miembros o incluso introducirle objetos por la boca y nariz hasta asfixiarlo. ¿Quién diría que disfrutaría del método clásico de tortura?

En ese momento temía que aunque fuera peor que las demás torturas ya ni importara, solo deseaba morir.

La risa cruel de Lucius resonó. Dijo algo de que apestaba el lugar y la vista era una mierda, luego comenzó. Lo siguiente que paso fue que se ahogaba, lo envolvió en una enorme burbuja de agua mientras le quitaba el oxígeno. Esperaba hasta que tuviera convulsiones en busca de aire y cuando casi perdía la conciencia le dejaba tomar aire, y repetía.

¿Por qué no lo dejaban en paz? ¿Por qué simplemente no lo mataban ya? ¿Y qué querían de él?

Se acercaban, los veía acercarse con esos rostros llenos de satisfacción al mismo tiempo que parecían psicópatas. Querían que lo dejaran, que terminaran, Si alguna vez salía, juraría que los mataría, a Voldemort y todos sus secuaces."

-¡ALEJATE!-grito sin darse cuenta que salió de sus recuerdos. - ¡LOS MATARE!-

Aferro sus guadañas con ambas manos, las giro desde su espalda hasta enfrente y lanzo un centenar de cortes directo al muro y lanzo un último hechizo. La explosión fue devastadora, lanzando un torrente de cosas al aire. No espero ni un segundo, se lanzó de frente y directo a donde se encontraba la magia de Voldemort.

Le encararon un par de mortifagos, no fueron ni un reto, abrió camino con sus guadañas, salpicando sangre a los lados y dejando dos masas sin forma. Continúo de frente, cortando a otros cinco o seis, golpeando de lleno a una veintena lanzándolo tan lejos y dejándolos gritando de dolor. Escuchaba la batalla a su espalda, mas solo se concentraba en la persecución de Voldemort.

Aunque no esperaba encontrarse cara a cara con un viejo rival.

La verdad, si era una sorpresa verlo parado delante, con esa cara puntiaguda, su cabello rubio peinado hacia atrás y sus ojos azul intenso. Draco Mafoy me apuntaba con su varita y una sonrisa sínica.

-¿A dónde vas?-pregunto con una risa cruel-¿Acaso extrañas tus torturas diarias? Fue una molestia cuando te fuiste… esperaba ser el siguiente de disfrutar-

Alzo la guadaña lo atravesaría en dos movimientos, aunque se detuvo.

-¡CONQUE TU LO SABIAS MALDITO!-Grito la voz de Hermione desde un lado, antes de que incluso levantara la guadaña, un hechizo morado golpeo la protección mágica de Draco. Aun así salió despedido a un lado- Todo ese tiempo… tu pudiste ayudarlo y…. eres un desgraciado-

El rubio, desde el suelo, levanto la varita apuntando a Hermione que lucía enojada. Apenas lo hizo recobro un poco de su sentido común, lanzo un tajo que atravesó de un lado a otro la mano de Draco. Con su varita completa y un par de dedos volando en el aire. Grito de dolor mientras se tomaba su mano y se revolcaba en el suelo.

-A mi esposa nadie le apunta- dijo avanzando hasta llegar a donde se encontraba el adolorido rubio. Dio una fuerte patada en su estómago que lo alzo en el aire, seguido de otro puñetazo que lo lanzo unos metros lejos, y por ultimo coloco su cara contra el suelo mientras era pisado.- ¿Dónde está tu papi? Tengo asuntos importantes que hablar-

-¡AAHHHH!-grito Draco al hacer más precio en su cabeza, casi sentía, a pesar de la suela, como su cráneo empezaba a ceder.

-No es importante- dijo Hermione tomando su brazo, girándolo y plantando un beso, que aunque duro muy poco. Aunque suficiente para que dejar de ver rojo.- Ve por Voldemort, te cubrimos.-

-No tardare mucho- dijo volviéndola a besar, moviendo su guadaña, creando un curco enorme muy cerca del cuerpo de Draco que enmudeció- Si la tocas o siquiera se te ocurre intentar dañarla, el siguiente tajo que lance contra ti te dividirá en dos y aun vivirás para sentirlo-

-Puedo defenderme sola- dijo Hermione con un leve puchero de enojo, y para demostrarlos desvió sin mirar un par de hechizos directo a ellos, luego creo una explosión en un grupo de Mortifagos que comenzaban a acercarse.

-Eso me gusta- susurro en su oído.-No puedo esperar a abrazarte de nuevo- Le dio un último beso y continúo su camino. Mirando como Hedwin se movía entre los numerosos mortifagos para darles de golpes y dejarlos adoloridos, en una forma de mono enorme, aunque no los mataba. Disfrutaba de su presa.

Ninguno era de su talla, en cuanto lo encaraban terminaban cortados, con alguna parte de su cuerpo rota o desangrado en el suelo. Paso unos dos minutos en los cuales no se encontró con nadie que supiera su nombre, todos les parecían Mortifagos genéricos, como dobles para llenar el escenario y una que otra mortifaga de mala caña que se atrevían incluso a intentarlo seducirlo.

Llego a las enormes puertas que decían "Malfoy" y la serpiente pintada en el medio, pateo tan fuerte que las saco de sus goznes y dejo todo el recibidor lleno de astillas y escombro.- ¿Qué no hay nadie que me reciba como se debe?-

De las sombras salió un diminuto ratón, que intento colarse entre sus piernas, más una afilada cuchilla cayó impidiéndole el paso.

-Peter, inútil y apestosa rata- dijo mientras lo encerraba con la otra.- ¿Intentando huir nuevamente?-

Chillo despavorida, y corrió para colarse por los laterales, solo que no contaba con el hechizo que le dio de lleno. Transformándolo en un hombre gordo y con cara de ratón que lloraba intentando escapar por la puerta. Solo fue necesario un movimiento de cadena de la guadaña para que esta le cerrara el paso por la puerta.

-¿Adónde vas tan apresurado? ¿No quieres platicar un poco?-pregunto con una leve risa.

-¡Perdóname, por favor, señor, perdóneme, yo no quería, me obligaron!- comenzó Pettigrew arrodillado y acercándose.

-No es por ti por el que vengo- dijo volteándose y dándole la espalda- Más no puedo olvidar lo que has hecho-

Tiro de la cadena, atrayendo su arma mortal. La cual pasó por la espalda de Pettigrew y le rasgo el hombro, casi sacando el brazo derecho de su lugar. El chillido de una rata moribunda lleno el lugar, mientras Harry avanzaba por la escalera con ambas armas empuñadas, escuchando rugidos afuera de la mansión (provenientes de McGonagall), algunos aullidos y ladridos (Sirius estaría divirtiéndose) y escuchaba múltiples explosiones y hechizos en todas partes.

Al final de la escalera le esperaban los tenientes de Voldemort entre los más destacados se encontraban: Avery, Greyback, Dolohov, el señor Goyle, Amicus y Alecto Carrow, McNair, Rodolpus Lestrange, Mulciber, Barty Crocuh jr, Lucius Malfoy y para rematar Belatrix. Parecía que todos estaban esperándolo, lo cual le hizo sonreír. Cada uno con la varita levantada y apuntándole directo al pecho.

Dejo caer las guadañas a la escalera de mármol, enterrando el filo y solo sosteniéndolas del fin de cada una.

-¿Hace cuando que no nos vemos?-Avanzando sin ninguna preocupación, mientras que el filo perforaban el suelo como mantequilla- Y veo que traen más amigos. ¿Creen que sean suficientes? La última vez no les fue nada bien-

-Ahora no tienes a esa bestia- gruño Lucios.

-Si te escucha, te desgarrara- dijo Harry con una leve risa- Claro… si sobrevives a mí-

-Somos más de trece contra uno solo ¿Qué puedes hacernos?-pregunto Bellatrix mostrando todos sus dientes. Freno a media escalera, dejo el mango de la guadaña y la recorrió por la cadena, los sonidos de la batalla al exterior y los gritos de dolor de Pettigrew resonaban en la mansión. - Pobre infeliz, ven para que te haga otra cicatriz igual-

-Recuerdas que te dije que te regresaría el favor- dijo Harry tirando de la cadena- Hoy es el día en que…-

Una enorme serpiente blanca con colmillos de elefante perforo la pared, casi derrumbando media mansión y haciendo que lanzaran hechizos directos a él y Hedwin, aunque al ser una bestia mágica poco le hicieron. En cuanto a él, solo alzo la guadaña de la izquierda frenando sus ataques y absorbiéndolos en el metal.

-¡Esto es genial!- dijo Hedwin golpeando con su enorme cabeza al grupo que entro junto a ella. Y soltando dos enormes chorros de los colmillos, el líquido congelo todo a su paso.-Eso cabrones congélense y rómpanse en cubitos de hielo-

-Hedwin, estaba en medio de algo- dijo Harry mientras regresaba la mirada a sus contrincantes-¿Cómo va todo afuera?-

-Estamos bien, pero acaba rápido. Quiero regresar comer y dormir - dijo Hedwin con una leve risa- Quiero hamburguesas… me gustan las hamburguesas- y después se abrió paso por el otro muro, dejando un pasillo enorme y su cuerpo pasando entre las dos aberturas.

Los mortifagos estaban mudos, mirando como desaparecía bastante animada. Se rio un poco al ver sus bocas abiertas -¿En que estábamos? … ha si… en que perderán la vida-

Alzo la mano junto con la cadena, en el aire comenzó a girarla y luego la impulso a los mortifagos, que apenas reaccionaron. Dos de ellos protegiéndose con escudos mágicos, más la guadaña los paso limpiamente sin siquiera detenerse un poco y cortándolos a la mitad. Mientas gritaban de dolor y caían casi muertos, una enorme sombra con garras y apestando a podrido le venía de arriba. Fue una mala elección, se movió a un lado, Greyback se estrelló contra el suelo, y justo cuando se levantaba Harry cerro las guadañas sobre su cuello, dejando un pequeño espacio para no degollarlo. Le sonrió cuando vio el temor en sus ojos.

-Espero que aprecies que te matare rápido, no como cuando tus garras desgarraban mi piel una y otra vez durante horas.- dijo Harry a su oído.

Unos hechizos sonaron a su lado, a tiempo se introdujo en la zona celestial y salió detrás de Barty el cual estaba escondido. Sin detenerse a juegos estúpidos le clavo la punta de la guadaña de su espalda hasta su pecho y casi saliendo por el cuello. Giro la vista justo cuando la sangre escurría de sus labios.

-Adiós profesor, usted fue el peor de todos- susurro antes de sacar el arma creando aún más daño.

El siguiente en aparecer fue Bellatrix gritando y lanzando maldiciones imperdonables a diestra y siniestra. Soltó un suspiro cuando movió la guadaña como una raqueta, golpeando la maldición y regresándola a su dueña. Chillo y brillo de verde un momento antes de caer inconsciente. O mejor dicho muerta. Solo para asegurarse que lo estaba, continuo caminando por el pasillo y a su lado la degolló, uno nunca sabia cuando una bruja detestable como ella podía estar jugando sucio.

Otros cuatro se apresuraron a intentar matarlo, entre ellos el esposo de Bellatrix que no parecía nada afectado por la muerte de su esposa. Aunque no fueron rivales, Harry paso entre ellos saltando en las paredes y moviendo su guadaña, en cuanto llego al lado contrario de la habitación, subió su guadaña al hombro, que goteaba sangre y se escucharon los cuerpos caer. Regreso su mirada a donde antes estaba Greyback alguno de los hechizos que le dieron debieron ser horribles, se retorcía sujetándose la cara mientras que aullaba de dolor.

-Tranquilo, ya ha terminado- dijo Harry moviendo la guadaña como un pico, clavando la punta de lleno en su corazón. Al retirarla Greyback tenía la cara como cubierta de ácido, los ojos abiertos y no se movía. Lo paso de largo dirigiéndose a los últimos contrincantes.

El primero en caer fue Mulciber, temblaba de miedo y dejo caer su varita. No tenía caso hacerlo sufrir, aunque si siquiera lo haría, le corto la cabeza sin siquiera esfuerzo. Aver, McNair y Goyle intentaron frenarlo con una sucesión de hechizos que podrían decapitarlo, dañarlo de muerte o paralizarlo. Sin embargo con sus dos guadañas paraba la mayoría de hechizos, otros ni le importaba ya que estaban muy mal apuntados. Veía como se movían de un lado a otro intentando no hacerle el fácil matarlos. En cambio él no tenía que verlos. Coloco sus guadañas a los costados, inclino las rodillas, y giro el filo paralelo al suelo tan rápido que creo una honda cortante que atrapo a los hombres dividiéndolos y haciendo que la estructura de la mansión fuera más débil.

El último en pie era Lucios que fue cobarde, se quedó al margen de todo. Continúo caminando, con la débil Mansión temblando, la batalla afuera parecía nula y se escuchaba los gritos de Hedwin desde adentro. Algunos cientos de palabrotas dirigidos a los mortifagos otros a Harry para que se apurara.

Paso a lado de Lucios sin hacerle caso, el hombre pálido y temblando con tanto temor que incluso podría haberse orinado. Se frenó a su espalda y le dijo -Si escapas de lo que has hecho, te buscare y matare, también a tu hijo y esposa. Una persona como tu ni siquiera merece recibir el filo de mi arma-

Continúo caminando y pasando a la habitación que le importaba. Adentro sentía la magia de Lord Voldemort, le sorprendía que no hubiera huido en cuanto apareció y se alegraba de que acabara con los mortifagos en un solo día.

Abrió la puerta con lentitud. Adentro la habitación era amplia con una chinea de fuego verde alumbrando en la oscuridad y una silla alta al final con un sujeto sentado. Lord Voldemort parecía muy tranquilo, con los ojos cerrados y como si lo de afuera no fuera de su incumbencia. Sintió otra presencia, a su derecha acurrucada en una esquina llorando y encogida se encontraba Narcisa Malfoy. Aun con la poca luz notaba el maltrato recibido.

-Vete de aquí mujer- dijo Harry avanzando sin importarle mucho si le hizo caso. Aunque en cuanto llego a la mitad de la habitación escucho pasos correr y luego la mansión quedaba vacía, solo él y Voldemort quedaron adentro.- Hola viejo amigo ¿Cómo te va?-

-Hola Harry. No tan bien, gracias a ti-dijo Voldemort con su voz serpentil.- Veo que te has recuperado bien de nuestro jueguecito-

-Este brazo aun me cuesta moverlo y a veces me duele comer. El que me atravesaras con esa lanza el estómago no fue nada lindo de tu parte - declaro Harry moviendo su mano sobre su estómago- Supongo que de verdad me dañaste de por vida -

-Y aun así estas de regreso- dijo Voldemort abriendo los brazos, pero aun con los ojos cerrados- Bienvenido a casa Harry o debería decir Wild Hunter-

-¿Casa?-pregunto Harry avanzando hasta quedar cerca, casi a un paso de ser abrazado por Lord Voldemort.

-¿Entonces por qué no has regresado a Hogwarts? A lado de tu querido Albus Dumbledore-pregunto Voldemort bajando las manos.

-Ese lugar tampoco es mi casa, y matare a Dumbledore. Eso te lo juro- dijo tomando su guadaña y apuntándola a su cuello.- Mi hogar está afuera, esperando a que termine con tu vida. Ahora, di tus últimas palabras-

-Cuando lo tengas sangrando y pidiéndote clemencia, dile que su viejo alumno le manda saludos –dijo Voldemort abriendo los ojos.

El tono morado, el brillo y su voz le hiso estremecer, soltó la guadaña al sentir que pesaba cien veces más, las piernas le temblaron y comenzó a retroceder con torpeza. Su mente clara y serena, se derrumbó, su corazón palpitaba desbocado y aterrado. Creyó que sería fuerte en todo momento, mas no esperaba que los amoratados ojos de Voldemort le causara tanto miedo, y que incluso frenara sus movimientos.

-¿Qué pasa? No me vas a matar- pregunto con la voz fría que resonaba en sus pesadillas.

El frio se apodero de su cuerpo, como si nuevamente estuviera en el sótano encadenado y colgando como un pedazo de carne para ser golpeado y desgarrado. E incluso sentía las heridas reabriéndose en su cuerpo, como el cruciatus entraba a su piel y le hacía sacudirse con violencia y gritar a todo pulmón. Se llevó una mano al rostro, sintiendo como el cuchillo perforaba su rostro, la carne abriéndose, la sangre salpicando y sus gritos agitando el lugar mientras que se sentía débil. La cara le ardía cual fuego le quemara. Ante aquellos ojos se encontró parado y sin poder hacer nada más que aterrarse, estaba tan quieto que incluso parecía una estatua sujetándose la cara. Las rodillas se le doblaban en contra de su voluntad, las manos se engarrotaron y comenzaron a sentirse mareado y como el sabor a sangre le impregnaba la boca, casi haciéndolo vomitar. Y lo peor su vista se perdía, estaba viendo amarillo con puntos negros. Podían bien haber pasado unos minutos o una hora quietos, mas ninguno de los dos se atrevió a moverse.

-¿Qué sucede? Acaso… ¿Tienes miedo?-

Las manos le temblaban y sus armas se volvían liquidas por momentos, casi desapareciendo por completo. Sus piernas le hicieron por poco caer de rodillas, aguanto al retroceder un paso más. ¿Cómo con solo su mirada podía frenarlo? ¿Qué tan afectado estaba?

-Creí que me matarías de inmediato. O es que… todavía no lo decides-dijo Voldemort suavemente y susurrando -Antes de que tomes esa decisión te diré un par de cosas. Sé que estoy acabado, por eso no he huido y entiendo que vienes por la localización de mis tesoros, de tal forma que esta será una plática corta-

No supo si tomarlo como una rendición o declaración de que no era el fin.

-Mis tesoros son siete: un anillo de Sorvolo, mi diario escolar, la copa de la casa Hufflepuff, un guardapelo de mi familia, la diadema de Ravenclaw y mi querida Nagini- declaro Voldemort sin ninguna duda en sus ojos o voz- Los he buscado todos, y los he traído a esta mansión- dijo señalando una mesita con dos objetos la copa y el guardapelo - Veras que falta el anillo, el diario… lamentablemente esos dos han sido destruidos. Y el guardapelo lo arranque del cuerpo sin vida de una vieja bruja del ministerio. Te los entrego-

-¿Por qué?-logro jadear intentando aguantar de echarse al suelo y gemir de dolor.

-Aunque no te los dijera no creo que me sean de utilidad ¿Cierto?- dijo cruzando la pierna, mostrando sus pies descalzos -Deseas mi muerte y eso solo lo obtendrás de una u otra forma, no descansaras hasta encontrarlos y destruirlos. Y aunque pudiera regenerar mi cuerpo una vez más… no podría hacerlo hasta pasando diez años de nuestro encuentro en mi viejo hogar. En ese tiempo seguro que logras eliminarlos. Prefiero evitarte las molestias y espero que me permitas pedirte mi último deseo a cambio de ellos-

-¿Y la diadema?-

-Se encuentra en Hogwarts, si continua en el lugar que la deje será fácil eliminarla. Se halla en el séptimo piso justo en frente de un tapiz de Bárnabas el Chiflado, para hacerla aparecer se debe pasar tres veces frente al pedazo de pared despejada con la necesidad clara en la mente, si se concentra y lo logra se aparece una puerta que al abrirla revela la sala adaptada totalmente a la necesidad requerida.- dijo con una voz leve.

-¿Y Nagini?-pregunto avanzando con pasos temblorosos.

Sus ojos temblaron, saco la mano de su túnica mostrando una cabeza de pitón grande y con los parpados abiertos. Por primera vez vio tristeza en sus ojos, una mirada que demostraba los sentimientos del hombre hacia la serpiente. Levanto la mano y acaricio la superficie escamosa con lentitud y tomándose mucho tiempo.

-Mi amada Nagini fue un daño colateral en una batalla, Albus envió a un chico detrás de mí, el cual resulto imposible en deñar. Se sacrificó para mantenerme vivo, el fuego negro consumió su cuerpo, logre cortar su cabeza… aunque… no sé por qué- dijo volviendo a meter la cabeza de Nagini en la túnica- Solo quiero mi última voluntad a cambio de mi vida-

-¿Cuál?-pregunto Harry alzando la guadaña aunque temblaba y perdía forma por momentos.

-Déjame ver al vejete muerto- pidió Voldemort bajando la pierna - Sé que puedes hacerlo posible, solo quiero ver su cadáver. No te pido nada más-

-Eso impediría que te matara ahora- logro decir mientras apuntaba la guadaña a su cuello.

-Ya lo he perdido todo. Mis camaradas, mis Mortifagos… mi amiga- dijo acariciando debajo de la túnica la cabeza- Solo quiero verlo pagar por lo que me hizo-

-¿Hizo?-

-No te contare mi miserable vida- dijo Voldemort con la vista directo a sus ojos- Solo diré que yo soy lo que me ha hecho ser. Supongo que en eso nos parecemos, Wild. Un monstruo nos creó, en mi caso me hizo ser igual a él, solo que tú… has logrado ser algo más. Aunque no sé cómo, ni porque-

Mi Mione, ella me salvo de la oscuridad absoluta. Pensó intentando concentrarse en el momento y no en sus viejos recuerdos.

-Entonces ¿Qué decides?-dijo Voldemort descruzando las piernas, poniendo las manos en su regazo y cerrando los ojos.

Su cuerpo dejo de temblar y reacciono al fin, en un instinto acelerado dejo que el filo tocara su yugular. Unas ligeras gotas de sangre cayeron. Igual de rojas que la suya. Pensó un minuto completo, sopesando las posibilidades.

-Supongo que todo hombre muerto merece un último deseo- dijo levantando la mano y empujo a Voldemort al limbo abismal.

Abrió el espacio que le servía de cárcel y el cuerpo se introdujo sin ningún problema, lo cierro de inmediato. Adentro no podría hacer daño, no con el poder que tenía. En cuanto se quedó solo, se sintió más tranquilo, giro la mirada a los objetos a su derecha. Giro las guadañas cortando el suelo y techo, los apunto a los objetos mientras se iluminaban de fuego, partiéndolos en múltiples pedazos. De adentro salió humo negro, con forma del rostro de Voldemort gritaron y se lanzaron contra él. Al siguiente segundo lanzo una explosión que disperso cualquier cosa que fuera eso.

Salió de la casa mirando el destrozo que realizo adentro, desde los cuerpos repartidos por el lugar, también que cada cuarto parecía haber tenido batallas aunque la mayoría fueron hechizos que no le dieron. Salió por la puerta principal a pesar de los dos enormes huecos que dejo Hedwin. Afuera se veía el campo cubierto de más cuerpos, destrozos, llamas y pilares de hielo (supuso que creados por Hedwin). Le esperaban diez personas. Al principio pensó que los tres arrodillados habían huido, más parecía que fueron detenidos antes de que lo hicieran. Los Malfoy amordazados chillaban por compasión, una que no verían ese día.

Lucios mostraba marcas de muchos golpes, su esposa cubierta por una manta sucia y Draco gimiendo de dolor al tiempo que se sostenía la mano. McGonagall (ya mal vestida y con la capa hecha jirones) intentaba razonar con Gideón que apuntaba su varita a la cien del mayor, luego Lupin y Sirius se miraban. Curioso que su padrino perdiera la parte superior de su ropa a donde fuera o tal vez solo le gustaba mostrar su cuerpo. Las gemelas estaban sentadas, una con una herida en la cabeza y la otra con el pecho cubierto únicamente por vendas. Y Hermione viendo todo a medio camino. En cuanto llego a ella la abrazo.

-¿Todo bien?-pregunto apretándolo con fuerza.

Su ropa estaba completa por lo que observaba, siendo el manto de la naturaleza no esperaba menos, aunque su cabello tenía un mal corte y su mejilla un rasguño que seguro fue un corte que comenzó a cerrarse.

-Ahora si- dijo Harry besándola con amor, miro sus ojos brillando y luego sintió algo subiéndole por la espalda. No le sorprendía que fueran ocho patas y que múltiples ojos se le asomaran por el hombro, Hedwin lucia como una tarántula peluda que desprendía fuego por la espalda.- ¿Te divertiste, cierto?-

-¿Podemos repetirlo la semana siguiente?-pregunto con mucha alegría.

-No creo- dijo antes de abrazar a Hermione por la espalda y comenzar a caminar con sus dos chicas.

-¡No los mataremos! ¡Dejaremos que el ministerio se encargue!-gritaba McGonagall a Gideón que parecía listo para matar.

En cuanto se acercó se dio cuenta porque Narcisa tenía una manta, estaba desnuda y su única cosa para cubrirse era esa pequeña tela. Lucios intentaba abrir la boca, mas algún hechizo debía de tener porque solo forcejeaba, en cuanto a Draco el solo sostenía su mano sangrante.

-¡VÁMONOS!-grito a los demás.-¡Ya hemos terminado aquí!-

-¿Qué hacemos con estos?-pregunto Sirius emparejándose a ellos y mirándoles.

-No me importa- repitió lanzándole una mirada asesina a todos- Si quieren quedarse adelante, yo tengo sueño-

-Harry…-

-¡HE DICHO QUE ME LARGO!-Grito a todo pulmón, haciendo que saltaran con miedo.

Hermione le tomo sus manos y le miro, el soltó un suspiro y dejo un beso en su frente. -Podemos dejarlos al ministerio. Como una forma de declaración que has terminado lo que dijiste, que Wild Hunter no es una mala persona y menos un hablador- dijo Hermione sonriéndole.

-Eso me parece bien- acepto Harry.

La soltó, camino a Draco que lloraba y lloraba sin consuelo alguno, intento tomarle el brazo izquierdo pero resistió, cuando le apretó el brazo con tanta fuerza que casi le rompe el hueso decido.

-No por favor, no…-balbuceo antes de recibir un puñetazo en la cara. Se sorprendieron, pero no aguantaba tanto lloriqueo. Le toco el tatuaje que lo declaraba como Mortifago, alzo la otra mano al cielo y expulso su magia, una enorme cúpula azul apareció y se dibujó letras en la protección.

"He aquí hasta el último de los Mortifagos. Voldemort está en mis manos, no lo busquen o me busquen por que encontraran al demonio. Se los entregare cuando el segundo Monstruo caiga.

Enciérrenlos en donde no puedan salir y donde yo no pueda entrar o me encargare de terminar mi cacería como se debe. Y a quien los deje libre lo añadiré a mi lista de vidas por sesgar.

Quedan advertidos.

WH"

-¿Te gusta?-pregunto Harry a Hermione, que leyó el mensaje alzando las cejas.

-Directo, atemorizante y seguro que hará que se piensen dos veces antes de dejarlos libres- dijo sonriendo- Aunque ambos sabemos que a los más peligrosos ya los has eliminado-

-No podrán salir ninguna persona con el tatuaje de Mortifago de este lugar, es decir que estarán encerrados aquí y en cuanto al ministerio hare que vengan de inmediato- dijo levantándose.

-¡Espera!-dijo Hestia asustada-¿Y nosotras?- Ambas hermanas se levantaron la manga mostrando su tatuaje.

-Las manos- dijo estirando su mano y convirtiendo su guadaña en una pequeña navaja de bolsillo. Tardaron un momento pero ambas se la dieron. Primero a Flora se acercó y le apuñalo justo en medio del tatuaje, grito y casi se retira, pero le sostenía con tanta fuerza que no lo logro. Se calmó al ver que lo que salía de la herida no parecía sangre, chorros de tinta escurrían. En cuanto la tinta dejo de salir y el tatuaje desaparecieron, retiro la navaja, fue a Hestia y aplico el mismo tratamiento.

-Es increíble que puedas hacer algo así- dijo McGonagall observando con detenimiento.

-Me ha visto transformarme en mil cosas y te alaga a ti, esto es una puta injusticia- dijo Hedwin transformándose en una serpiente y silbándole molesta.

-¿Cómo llamaras a los del ministerio?-pregunto Lupin con curiosidad.

Cambio a su guadaña y ambas cuchillas brillaron de un color blanco intenso. Cruzo dos tajos directo a la mansión, la enorme cruz de luz cruzo el lugar a una velocidad demencial, al llegar a la entrada se estrelló contra una ventana, dejando una marca. Harry guardo las guadañas y se giró.

"BAAAAAAMMMM" resonó en cuanto una enorme columna de luz blanca cayo justo en la mansión. La ráfaga de calor duro un segundo antes de desaparecer, dejando un círculo perfecto y con la orilla llena de tierra ardiente y que despedía humo negro.

-¿Crees que sea suficiente?-pregunto Harry pasando a lado de Lupin que mantenía la boca abierta.-¡Hora de irnos!-

Tomo a Hermione de la cintura, a su lado derecho intento Hestia ponerse más un gruñido de su esposa basto para que la chica se cambiara a lado de Gideón. El cual parecía un soldado infranqueable. Sirius se recargo en Lupin que no reaccionaba, y McGonagall le tomo el hombro. Por su parte Hedwin ya estaba durmiendo dentro de su ropa. Miro una última vez el lugar, la idea fue instantánea, alzo la mano y un enorme circulo se creó en lo más ancho de la cúpula y comenzaron a llover cuerpos. Los cientos o miles de mortifagos que atrapo caían del limbo abismal sin ningún control. Uno tras otro golpeando el suelo. Lo cerró antes de que el cuerpo de Voldemort saliera y siendo el último que le quedaba dentro del limbo lo cerró. Muchos despertaron apenas tocaron el suelo otros se rompieron la cabeza directamente.

Con el sol ya dando sus primeros rayos de luz y mil cuerpos antes sus ojos, algunos levantándose otros sin moverse hicieron un viaje celestial directo a la mansión.

Hogwarts Dumbledore. Una hora más tarde.

Se levantó tan alegre que ni siquiera le molestaron los insultos de su querida Lily, camino a su escritorio y decidió empezar el día con una taza de té fuerte. Aun le alegraban las nuevas buenas que le llevo Anthony, por primera vez le sirvió de algo matando a la serpiente de Dumbledore. Aunque el chico aun parecía un Zombi siempre con la mirada perdía y solo haciendo lo que decía, en resumen servía más que su versión anterior. En cuanto a sus viejos alumnos, aun los mantenía a su lado, como en ese momento cada uno al lado contrario de la habitación cuidando que nadie indeseado ingresara al castillo.

-¿Gustan te?-pregunto más para su diversión.

-Miserable gusano, apestoso anciano, pútrido cadáver lleno de mierda-murmuraba Lily sin siquiera verlo. Al otro lado James ni hablaba, solo apretaba los puños con tanta fuerza que estaban empezando a desmoronarse.

Los había vestido como Aurores y les cubrió la cara con máscaras, para evitar que algún estudiante o cualquier persona los reconociera. Anexado a sus amuletos de silencio eran perfectas marionetas que controlar. Esperaba un informe de Anthony en pocos minutos, después de todo según el chico había seguido a los Mortifagos y estaba planeando una forma de hacer que Wild Hunter fuera a eliminarlo. De esa forma se perderían los últimos Horrocrux y podría dejar en pausa su pelea con Tom, acabar con la mayor amenaza y por ultimo hacer que volviera a recarnar Tom. Para que la sociedad lo viera como un héroe mucho mayor.

Con ese pensamiento feliz comía un dulce de limón, saboreando la acides en su boca mientras pensaba en el glorioso futuro que le esperaba. Una sombra llego de la nada, y se formó Anthony, con su cabello ya casi blanco, sus ojos de un azul pálido y su piel como el barro cuarteado. Su brazo derecho resplandecía por la plata que le ayudaba a manejarlo. Pero era lo único que daba vida al chico.

-y bien ¿En dónde se encuentra Tom?-

-No lo sé.- dijo la voz áspera y baja de Anthony- En la noche la batalla a explotado, eliminaron a todos los Mortifagos y el lugar ha quedado sellado. Cada Mortifago parte de su organización ha sido apresado y llevado directamente a Azkaban. Los cuerpos de los Tenientes de Voldemort han sido identificados, algunos de ellos únicamente por ciertos rasgos peculiares. El cuerpo de Voldemort no aparece. Wild Hunter lo tiene-

Un segundo miro a Anthony con furia, luego apretó tanto la taza que se rompió en su mano, lanzando pedacitos de porcelana al piso y manchando su túnica. Se levantó de golpe, fue a la ventana en zancadas largas, miro el cielo azul y claro por un momento luego sonrió con un poco de malicia.

-Mi querido Harry ¿Qué planearas? Acaso sabrás que me has ayudado- dijo Respirando el aire de los bosques.

-Ja- soltó la voz de James a su espalda, al girar la vista lo vio sonriendo- Es mejor que llames a todos tus putos lacayos, mi hijo no tardara en venir y destrozarte esa idiota sonrisa-