Volví!

Gente... mil perdones! mil mil perdones! Nunca fue mi intención abandonar, de corazón se los digo pero acabo de volver de mis muy extensas vacaciones! Fui a recorrer el sur de Chile y me prohibieron estrictamente llevar pc... lo siento mucho pero en verdad fue una experiencia increíble recorrer los lugares con amigos en medio de la lluvia y alguna que otra tormenta eléctrica! Se los recomiendo!

Me imagino que me odian... y las entiendo! Pero en verdad necesitaba ese break ahora que se viene un año llevo de obligaciones. Espero me entiendan y no castiguen a la historia!

Como disculpa, me esmeraré en el próximo capítulo y haré tanto un Edward POV y un Jasper POV... y lo subiré muy luego!

Espero disfruten este y en verdad me disculpen por la demora...


Capítulo 19

-Joder- murmuré intentando llevar aire a mis pulmones.

Edward deslizó sus labios por mi cuello incrementando la presión sobre mi recalentada piel y sentí que iba a morir calcinada en cualquier momento.

Se supone que debíamos estar haciendo un trabajo para el instituto, era sábado y nos habíamos propuesto hacer un informe con anticipación, ya que nuestro nuevo estatus como novios había hecho que disminuyésemos el desempeño estudiantil.

Pero apenas habíamos puesto un pie en su casa, los libros habían sido abandonados en la entrada y nos habíamos arrojado a la primera superficie lo suficientemente cómoda.

El elegido era un sillón en la sala de estar, donde me hallaba a horcajadas encima de su cuerpo de dios griego aún con la ropa puesta. Algo que tenía la intención de cambiar.

Tomé su cabeza y guié sus labios hacia los míos, uniéndolos con ímpetu mientras nuestros alientos se mezclaban. Edward exploró mi boca con su lengua traviesa, haciendo que mi cabeza diera varias vueltas y un nudo de anticipación se alojara en mi estómago. Me dejó marcar el ritmo por un tiempo, pero cuando acaricié sus pectorales y su abdomen por encima de la camisa, tomó mi nuca e impuso una pauta más feroz. Movió sus manos con toda la intención de quitarme el top, pero en un ágil movimiento lo detuve y nos giré para que él quedara sobre mi.

-Tú primero- musité sobre sus labios, y lo sentí sonreír.

Solíamos competir sobre quien desnudaba a quién primero. Debía admitir que Edward lograba sacarme la ropa antes que lo hiciese yo con él, gracias a su vasta experiencia previa y también a su efecto instantáneo en mi cuerpo. De hecho, casi podía jurar que sentía como mi ropa interior quería saltar de mis partes privadas cada vez que lo veía.

Pero yo iba mejorando con el tiempo.

Antes de que pudiese detenerme empujé su camisa hacia arriba, sin paciencia suficiente como para desabotonarla. Edward la lanzó hacia un lado rápidamente, igual de ansioso que yo. Su maravilloso, tonificado y perfectamente masculino torso hizo que la boca se me hiciera toda agua. Carlisle y Esme en verdad sabían fabricar buenos hijos.

Pasé las manos por su cuerpo, pero él las tomó entre las suyas y las dejó sobre mi cabeza.

-Tramposa- dijo con voz ronca antes de inclinarse y besarme.

Con lentitud me dejó libre y me dedicó una sonrisa sensual mientras se ubicaba entre mis piernas y descubría una porción de mi estómago. Sentí su cálido aliento justo a un lado de mi ombligo haciendo que me arqueara hacia él y un momento después, sus labios se posaron ahí. Me estremecí notablemente y dejé escapar un gemido, pasé las manos por su cabello manteniendo su cabeza prisionera. Su boca caliente se deslizó por la piel de mi estómago y luego por mis costillas con una lentitud que me volvió completamente loca.

-Joder- dije de nuevo y me incorporé unos centímetros para quitarme la molesta ropa y quedarme en sujetador.

Edward sonrió con arrogancia al verme perder el control, pero antes de que pudiera jactarse demasiado rodeé sus caderas con mis piernas, presioné su trasero con mis manos y lo apreté con fuerza contra mí. Edward murmuró violentamente mientras sus ojos se oscurecían.

Antes de que pasara un segundo, rodeó mi cintura y parte de mi espalda con un brazo, y con el otro se aferró a una de mis piernas. No había ni un centímetro de separación entre nuestros cuerpos mientras volvía a reclamar mis labios de modo implacable.

Ninguno de los dos sintió la puerta abrirse ni los pasos acercarse.

-Hola- dijo una voz divertida.

Por un instante ambos nos quedamos paralizados en la fogosa posición. En ese escaso segundo intenté reconocer la voz, pero no pude pensar con claridad, debido a que mi sangre palpitaba con fuerza en el sector sur de mi cuerpo.

Empujé a Cullen lejos, pero como se hallaba enredado en mi cuerpo, al impulsarlo también yo me fui al suelo y caímos en un vergonzoso lío de brazos y piernas.

Ahora sí reconocí las escandalosas carcajadas de Emmett y la risa de campanitas de Alice. Me enderecé y los miré con mala cara, intentando no ruborizarme y fracasando en el acto.

-¿Qué demonios hacen aquí?- preguntó Edward incorporándonos. Se veía molesto.

-No queríamos interrumpir- murmuró Alice intentando aguantar la risa.

Meneé la cabeza, mientras le ordenaba a mi cuerpo que se enfriara y me disponía a buscar mi top.

-Lo hicieron- siseó el cobrizo- No vuelvan a entrar sin llamar a la jodida puerta.

Emmett se inclinó a un lado del sofá y levantó mi ropa con una sonrisa. Edward la tomó con brusquedad y me la entregó. Se puso delante tratando de cubrirme con su cuerpo mientras me vestía y rodé los ojos por su exageración.

-Tranquilo, semental- dijo Emmett- pero en nuestra defensa nunca traías a tus...- dudó cuando alcé una ceja- mmm... chicas aquí.

¿No lo hacía?

-¿En serio?- me volví hacia Edward, quien se encogió de hombros mientras se colocaba la camisa.

De pronto, me sentí más contenta.

-Sólo vinimos a traer las cosas para la noche.- explicó Alice.

Inspeccioné las cajas a los pies de los chicos. Era mucho alcohol y algunas bolsas de comestibles.

-¿Qué es todo esto?- quise saber.

-Para la fiesta.

-¿Fiesta?

-Ya sabes, por el campeonato- explicó como si fuese obvio.

Examiné los tres rostros que tenía adelante completamente confundida.

-¿Qué?

-Bella ¿en qué mundo vives?- dijo Alice exasperada - Es la fiesta de inicio del campeonato de baloncesto.

-Oh...- hice un mueca cuando entendí.

Cada año, durante los últimos meses de clases, los equipos de la región competían en un torneo. Participaban institutos de ciudades cercanas como Port Angels, Tacoma, Olympia y también algunas más lejanas como Seattle. Y como el equipo de Forks había clasificado se hacía una fiesta para celebrar el inicio de las competiciones.

En todo mi tiempo en la secundaria jamás había asistido, principalmente porque tenía lugar en casa de alguna de las animadoras y además se les ocurría la desastrosa idea de que la gente se disfrazara. Miré las cajas otra vez.

-¿Y va a ser aquí?- pregunté con incredulidad.

-¡Claro!- chilló Alice entusiasmada- Edward es el capitán... ¿dónde mejor? Además no quise organizarla en la casa de alguna de esas estúpidas.

-¿Tú la organizas?- inquirí cada vez más anonadada- ¿Acaso no te odian?

Habían pasado dos semanas luego del atentado contra el equipo de porristas y las aguas estaban más tranquilas. De hecho no había habido ningún otro incidente digno de mención durante los días que había durado nuestro castigo, debido exclusivamente a la vigilancia de los profesores durante éste. Además, Alice había presentado su renuncia al escuadrón poco antes de la pelea y ahora pertenecía al grupo de baile.

-Oh, sí me odian- se encogió de hombros sin darle importancia- pero ellas ni siquiera pueden organizar una fiesta decente, así que el equipo me lo pidió a mi.- le dedicó una sonrisa radiante a Edward y Emmet, mientras trasladábamos las cosas a la cocina.

-Bueno, seguro lo pasarán bien.

Los tres se volvieron a mirarme con los ceños fruncidos.

-¿No vendrás?- preguntó Edward.

-¿A una fiesta de disfraces con el equipo de baloncesto y el montón de zorras?- sacudí la cabeza- No lo creo.

-Pero tienes que venir, eres como... la primera dama del equipo o algo así- rió Emmett y puse mala cara.

-Además no es sólo el equipo y las porristas, viene todo el mundo- argumentó Alice guardando bebidas en el frigorífico, luego me miró emocionada- ¡Y podré arreglarte! ¡Oh, sí! ¡Dí que si, Bella!

Edward y Emmett me dirigieron idénticas sonrisas burlonas.

-Uhm...-

-¡Por favor!

-No...- negué con la cabeza reforzando mi respuesta.

-Por favor, Bella- la pelinegra me observó con su estudiada mirada de cachorro triste.

-Pero...

-Te lo pido como amiga- dijo la chantajista.- Te verás genial lo prometo y también podemos aprovechar de renovar tu armario.

Cerré los ojos y oré por paciencia, ella había sugerido eso en varias ocasiones.

-Alice- suspiré- por última vez, no hay nada malo con mi ropa.

-No, nada malo, yo sólo... esto es por mí... vamos Bella, déjame hacerlo. Te juro que lo disfrutarás- otra vez ultilizó la mirada.-¿si? ¿como un favor para tu amiga?

Resoplé de mal humor cuando Edward y Emmett me miraron como si yo fuese un ogro. Estaba claro que Alice conseguía lo que quería de ellos.

-De acuerdo- levanté un dedo cuando comenzó a dar pequeños saltitos alrededor- Pero nada de rizos... ni nada rosado. Tampoco tacones.

Sonrió.

-No te preocupes. Quizás podrías venir de Rapunzel o quizá de Cenicienta- miró la expresión horrorizada de mi cara- Bueno, seguro encontraremos algo.

Sí, claro.

Edward, que estaba sentado en un piso tomó mi brazo, hizo que me sentara en una de sus piernas y dejó un beso en mi cuello. Me pareció que era un tipo de agradecimiento y también consuelo por lo que me esperaba con su mejor amiga.

Emmett y Alice miraron el gesto como si de pronto nos hubiese crecido un tercer ojo en la frente.

Me moví algo incómoda, todavía no me acostumbraba a estas actitudes propias de noviazgo. Me costaba tomar la iniciativa hasta para agarrarle la mano y en realidad, para cualquier acto de cariño público. Varias veces me había preguntado si había algo funcionaba mal conmigo. Probablemente si.

Y por lo que veía, sus amigos tampoco parecían habituarse a estas exhibiciones de afecto. De todos modos sólo llevábamos dos semanas oficiales como novios y las cosas iban cambiando poco a poco.

En la escuela las personas ya se habían acostumbrado a vernos juntos y las cabezas no se giraban demasiado en nuestra dirección. Carlisle y Esme habían celebrado la noticia y me habían invitado a cenar, algo que aun no se concretaba pues me había escabullido hábilmente de aquella invitación. No me sentía mal por Edward ya que él tampoco había vuelto a mi casa cuando Charlie andaba por ahí, aunque había que mencionar que tras comunicarle la noticia, mi padre le había advertido severamente a Cullen que no hiciese nada indebido conmigo, todo el tiempo con la mano apoyada en la pistola enfundada en el cinturón. Edward había mantenido el semblante tranquilo, pero pude ver la inquietud revolotear en sus ojos.

Una amenaza vacía en todo caso. Casi todo lo que hacía con Edward se consideraba indebido.

-¿Qué tal si pedimos una pizza?- pregunté para dejar atrás el silencio incómodo.

De algún modo, Edward se había convertido en un adepto de mi comida y rápidamente los tres me convencieron para que les preparara almuerzo. Carlisle y Esme estaban fuera de la ciudad hasta mañana y habían dejado el lugar completamente abastecido para que a su bebé no le faltara nada, de manera que no me costó nada encontrar lo necesario para cocinarles.

Mientras ellos organizaban las cosas para la noche, aproveché de llamar a Rosalie.

-¿En serio, Bella?- respondió la rubia con un bufido.- Ya me llamaste en la mañana.

-¿Puedes culparme? -pregunté- Sólo me estoy asegurando que estás bien.

-Bella - suspiró con cansancio- ya te dije que fue una cosa del día. No soy una jodida drogadicta.

Fue mi turno de resoplar.

-Yo sólo...

-Te preocupas - interrumpió- Pero no lo hagas, estoy bien.

Retrocedí dos semanas atrás y recordé lo ocurrido.

...

Después de que Jazz la cubriera con su camisa, subimos a Rosalie a mi camioneta y salimos del instituto. Lo último que nos faltaba era que un profesor la viera en ese estado.

-¿Qué demonios pasa con ella?- pregunté mientras ella se reía tontamente.

-Está completamente drogada- dijo Jazz afirmándola.

-¡No me digas!- repliqué con sarcasmo- Pero ¿por qué? ¿acaso lo hace siempre?

Recordé que ella me había dicho que se había esforzado mucho para disgustar a su padres y me pregunté si la droga era parte de ese plan.

-¿Tú sabías de la cocaína?

-No-respondió Jazz con seguridad- Lo habría notado.

-Joder.

-Hey- se quejó Rose en brazos de su primo- ¿Quién tiene algo de ron?

-¿Rose?- Jazz la examinó con ojo crítico- ¿Tomaste alguna otra cosa?

Ella pareció no escucharlo.

-Quiero ron, Jasper.

- ¿Qué tomaste?- repitió el rubio con autoridad.

Rosalie entrecerró sus ojos azules.

-No eres mi jodido padre... ¿dónde vamos?- se apoyó en el asiento y cerró los ojos, completamente ausente del mundo.

Insistimos con las preguntas todo el camino, pero ella no nos tomó en cuenta y la llevamos a casa de Charlie para no preocupar a Annie. La subimos al segundo piso y la metí en el baño. Francamente, estaba hecha un asco, tenía tierra y hojas en el pelo y en la ropa, apenas se podía mantener de pie y terminó vomitando en el retrete. Le pregunté varias veces dónde se había metido pero no lo dijo, aunque había que ser ciego para no darse cuenta que la rubia se había desviado en algún lugar del bosque.

Intenté mejorar su aspecto, pero finalmente terminé empujándola hacia la ducha pensando que el agua la haría volver un poco en si misma. La preocupación retorcía mi estómago mientras la ayudaba, no me cabía duda que había alguna otra sustancia alojada e su estómago además de cocaína.

Al terminar la envolví en mi bata y la llevé a mi habitación. Ella quería dormir, pero Jazz estaba esperando con algo de comida.

-Tienes que comer, Rose -dijo él cuando la rubia apoyó la cabeza en la almohada y cerró los ojos dispuesta a dormir- Necesitas absorber lo que sea que hayas tomado.

Claramente, Jazz también pensaba que el polvito blanco no era lo único que había consumido. Después de diez minutos de forcejeo y quejas, ella por fin comió algo y decidimos dejarla descansar. Jasper salió del dormitorio y estaba por seguirlo cuando Rose me llamó.

-¿Qué?- dije acercándome pensando que iba a vomitar otra vez.

-Soy una mala persona- dijo con una mueca.

Suspiré.

-No lo eres, Rose.

Siguió como si no me hubiese oído.

-Soy una persona horrible...- su barbilla tembló ¿se echaría a llorar?- La cosa es que no sabía... es decir lo sabía, pero me sentía tan mal... me fui y ... no me fui, debí haberme ido.

-¡Joder, Rose!- puse una mano en su frente y le despejé el pelo de los ojos- Ni siquiera sabes lo que hablas.

Rosalie sacudió la cabeza y cerró los ojos.

-Ya verás- tragó saliva y se cubrió la cara con una brazo- Un día verás, no deberías preocuparte por mí... nadie debería.

Le hablé, pero ya no quiso decir otra palabra y pareció quedarse dormida. La tapé con el cobertor y abandoné el lugar para unirme con Jazz en la sala. Estaba cruzado de brazos mirando por una ventana.

-¿Se durmió?

Asentí.

-Quizás no sea para tanto ¿sabes?- mencionó con la vista fija en la calle- No es como si nosotros no lo hubiésemos hecho alguna vez.

Me dejé caer en el sillón con el ceño fruncido.

-Ese no es el punto, Jazz. Creo que le pasa algo.

-¿Algo como qué?

-Ni idea... ¿Emmet tal vez?

Me observó nada sorprendido, él también se había dado cuenta que pasaba algo raro ahí.

-Voy a vigilarla de cerca- decidió con un dejo protector en la voz.

-También yo.

... ... ... ...

-Tú y mi primo me van a volver loca.- dijo regresándome a la realidad.- ¿No deberías estar tirándote a tu novio o algo así?

-Nos interrumpieron- murmuré.

Rosalie soltó una carcajada.

-Suenas frustrada.

¿Y quién no lo estaría?

-Como sea, ¿qué harán esta noche?- Alice me había forzado asistir a la maldita celebración y planeaba hacer lo mismo con el dúo Whitlock-Hale.

-No lo sé, ¿por qué?

-Hay una fiesta...

-¿La estupidez de los disfraces?- interrumpió y luego su tono cambió a burlona incredulidad- ¿Tú iras a eso?... supongo que sí, siendo tu novio el capitán. Quizás deberías ir de porrista.

Le gruñí y ella se carcajeó.

-Le estoy haciendo un favor a Alice- dije bruscamente.

-Ajá... y no quieres enfrentarte a ese horror sola.

-Exacto.

-De acuerdo, pero me dejarás elegir tu disfraz.

Alcé los ojos al cielo preguntándome qué demonios tenía de interesante un maldito pedazo de género.

-Discute eso con la enana- solté- y comunícale a Jasper...

-Si, él irá- interrumpió y mi ceño se arrugó.

-¿Qué?-

-La perra sarnosa vino hace un rato y se lo llevó para comprar ropa para la noche.

Tal como mi sabia mente lo había previsto, Rosalie se había unido al club "Quememos, descuarticemos y escupamos a los restos de María".

Pero Jasper, lamentablemente no compartía nuestra opinión. Todo lo contrario, en los últimos días había visto a mi amigo sólo durante las horas de clase y las dos veces que había ido a su casa él estaba fuera con María y me había aburrido de esperarlo. Tampoco me había ido a visitar, cosa alarmante pues nunca pasaban más de tres días sin que tocara la puerta o escalase el árbol hasta mi ventana.

Le habíamos insistido a Jazz que no era bueno para su salud mental, fisiológica, emocional, social y cualquier otra, que frecuentara tan nefasta compañía, pero él se reía y hacía oídos sordos. Había puesto lo mejor de mi parte para no gritarle y hacerle una escena, pero esto ya escapaba de mis manos.

-¿Jazz se fue con ella a comprar un disfraz? ¿Jasper?... ¿Jasper Withlock?- pregunté sin poder imaginar semejante escenario.

-Lo que escuchas, cariño.

-¡Joder! ¿Y dónde estabas tú que no lo impediste?

-¡Oye! Sólo tengo dos manos y mi primo parece perro en celo. Amenacé a la zorra pero ella sólo se rió, la estúpida se está ganado una buena patada en los ovarios.

-Genial- mascullé- ¿Sabes? Ella va a terminar contagiándole el puto SIDA o algo.

Bufó mostrando su acuerdo y de pronto, mi maquiavélica cabeza comenzó a formar un plan.

-Rose, necesito un disfraz de Caperucita Roja- el silencio fue eterno -¿Rose?

-Te creía mejor que eso.

-No es para mi.

-¿Eh?

Suspiré.

-Si Jazz insiste en pensar con su miembro en vez de con la cabeza, eso es exactamente lo que le vamos a dar.

-Bella ¿de qué demonios hablas?

-Sólo consígueme el maldito disfraz- pedí sin ganas de explayarme.

-De acuerdo, luego explicarás.

Sonreí mientras cortaba la llamada. Los días de María estaban contados.

El resto de la tarde transcurrió en la organización de la bendita tertulia. Alice nos dirigió con la misma autoridad de un comandante, pero aún así Edward y yo encontramos tiempo para finalizar lo que habíamos comenzado en la mañana. Al atardecer volví a casa para alimentar a Charlie y darme una ducha, luego llegó Rosalie con mi pedido.

Ella ya estaba vestida y se veía increíble como Súper Chica. Con el pelo largo en cayendo en estrictos rizos sobre los hombros, una malla azul que se le pagaba como guante quirúrgico al cuerpo, una minifalda roja, botas en el mismo tono y finalmente una capa.

-¿Viniste a salvar el mundo?- me reí cuando entró a mi habitación como si fuese la dueña.

-A salvarte el trasero... aquí tienes- me entregó una bolsa- ¿Para quién lo necesitas?

Examiné el disfraz de Caperucita, era perfecto.

-Rosalie, si le dices esto a Jasper te cortaré las tetas con cuchillos desafilados y me reiré mientras gritas- advertí sádicamente.

La rubia no pareció amedrentada por mi amenaza, pero asintió y se sentó a mi lado.

-Tu primo tiene una... cierta fijación por Caperucita Roja.

-¿Fijación?- se quedó callada y luego abrió los ojos como platos- ¿Te refieres a fantasías sexuales?

Apreté los labios para no reírme y asentí. Ella explotó en cacajadas.

-¿No enfermeras o mujeres mayores, sino la puta caperucita roja?... Mi primo es un freak.

Sonreí porque había pensado lo mismo cuando él lo confesó y me había reído por por meses.

-Y vas a hacer que Alice lo use ¿verdad?

-Me cansé de esta estupidez, ambos se gustan y esa perra loca no se va a salir con la suya.

-Ya... ¿y qué pasa con mi primo que está enamorado de ti? ¿pensaste en eso?

La miré con mala cara.

-Él nunca dijo tal cosa y eso ya es agua pasada- alzó una ceja y la miré algo enojada por su falta emoción ante mi plan -Rosalie, ¿vas a ayudarme con esto o no?

Accedió y luego sacó otras ropas de la bolsa que yo no había notado. Miré con asombro el conjunto.

-¿Y eso?

-Es para ti.

Abrí y cerré la boca varias veces, un estremecimiento de horror me sacudió.

-Olvídalo, pareceré una puta... ¿y qué demonios es eso?- señalé el tenedor gigante.

-Un tridente- explicó como si yo fuese tonta- Y te verás genial. Alice estaba ocupada con la fiesta y me encargó esto diciendo que no pondrías ni una sola queja. Y lo que es mas relevante, tiene mi completa aprobación.

Como si me importara.

-Tú puedes usar esa... ropa, Rosalie pero yo no.

Puso la misma cara de cansancio exasperado que Jasper me dirigía a veces.

-Puedes y lo harás.

Después de diez minutos, la llegada de Alice, algunos gritos y un eficaz chantaje, accedí a disfrazarme a gusto de ellas. Miré mi reflejo en el baño e hice una mueca... no me veía mal, pero sentía que pertenecía a algún prostíbulo.

Era oficialmente la compañera de Satanás o una diablesa, con un corset negro ultra mega justado, una falda rojo oscuro que caía en puntas hasta las rodillas dejando ver mis muslos, medias negras de red y botas altas de un brillante negro. Lo peor era que estaba segura que me iba a desnucar con semejantes tacones. Para completar el atuendo tenía un tridente de rojo escarlata, peligrosamente filoso y que era tan grande que podía usar como bastón y un cintillo con dos cuernos saliendo de mi cabeza. Esperaba que Alice no hubiese vestido a Edward de Satanás. Eso de los disfraces en pareja era el colmo de la bobería.

Dejaron mi pelo con sus ondas naturales suelto sobre mis hombros y maquillaron mi rostro recargando el negro sobre los ojos y pintando mis labios rojo sangre. Supuse que debía sentirme sexy.

Alice por otro lado, quedó encantada con el atuendo de caperucita roja, (Rose le dijo que había traído "por si acaso") así que no nos fue difícil convencerla que olvidara sus planes de vestirse de bailarina árabe. Era la viva imagen de la sensualidad, con su camisa blanca ajustada, una falda corta acampanada, ligueros blancos, tacones y capa roja. Estaba inocentemente atractiva y yo intuía que mi amigo iba a tener dificultades de apartar la vista de la pequeña en toda la noche.

Cuando salíamos de mi casa, Charlie vio mi atuendo y estuvo a punto de no dejarme ir. Aquello terminó por confirmarme que parecía una ramera.

Al llegar a la casa Cullen, Edward puso el grito en el cielo. Me miró de arriba a abajo y le costó varios segundos reaccionar, pero luego le dirigió una mirada asesina a su mejor amiga.

-¿No había algo con menos ropa?- preguntó de modo sarcástico y reprimí una sonrisa.

-¿Dé qué hablas?- dijo ella frunciendo el ceño- Se ve genial.

-Sí, pero...

-No quiero oírlo, Edward. Ella es mi creación y no acepto críticas... quiero un vodka-naranja - agarró a Rose del brazo y se internaron en el lugar. Mientras tanto examiné a mi novio con una sonrisa, era un vampiro.

Estaba todo vestido de negro lo que acentuaba la palidez de la piel y lo hacía, si eso era posible, aún más hermoso. Su cabello tenía signos de haber sido peinado, pero como siempre su manía de pasarse las manos por el cabello ya formaba un pequeño desastre. Llevaba una larga capa que topaba el suelo y unos colmillos.

-Así que... ¿podría esperar un par de mordidas hoy en la noche?- pregunté.

Sonrió y se inclinó para besarme pero luego se detuvo e hizo ademán de sacarse los colmillos.

-No- lo atajé- No los saques.

Alzó una ceja.

-Es sexy- declaré.

-¿Los vampiros son sexys? ¿en serio?- asentí con una sonrisa- Quizás debería guardar esta ropa para algunas noches- dijo con un divertido baile de cejas.

-Definitivamente.

-Y quizá también deberías guardar la tuya -lo besé como toda respuesta y tardamos un buen rato en entrar a su casa.

La gente ya estaba ebria y el paisaje dentro era bastante divertido. Superhéroes, elfos, bomberos, princesas, brujas, asesinos, doncellas, mosqueteros, enfermeras, fantasmas, conejitas, novias y algunos enmascarados, todo un festín de gente extraña.

Ángela y Ben habían acudido de vaqueros, Mike usaba una capa negra y me dio la impresión de que personificaba la muerte pues traía un hacha, Tyler era Batman, Emmett era un cavernícola (lo que me sacó varias risas porque era idéntico a Pedro Picapiedra), Jessica y Lauren eran Barbies, la primera con un horrendo vestido rosado y la segunda con un bikini casi inexistente, su piel se estaba poniendo azul debido al frío. Tanya estaba apoyada en la pared y entrecerré los ojos cuando vi que había venido de vampiresa. La muy zorra.

Le dirigí una mirada amenazadora pero ella sólo le dedicó una sonrisa a Edward, que afortunadamente no vio, porque observaba con ceño fruncido las miradas lujuriosas que algunos me lanzaban. No quería que se pusiera todo celoso y troglodita así que lo distraje con besos y alcohol.

Rosalie se perdió y Edward, Emmett, Alice y yo nos dedicamos a llenarnos las gargantas con shots de tequila y jugando estúpidos juegos propios de borrachos, con lo que me fui poniendo más y más contenta. Los demás bailaban ebriamente y una idiota se tropezó justo en frente de mi novio para que la atrapara. Edward la dejó caer al piso.

Después de mucho rato temí intoxicarme por la cantidad de tequila ingerido y fui a la cocina para inventar una mezcla entretenida con los tragos.

-Hola- di media vuelta para encontrarme a Jazz entrando.

-Ahoy- saludé divertida ante su atuendo de pirata.

-¿Qué haces?- apuntó a las botellas.

-Magia- me reí- ¿Quieres uno?

-Seguro- él conocía mis dotes de barwoman.

-Así que... ¿día de compras?

- Algo así- se encogió de hombros y no dijo más.

-Te llamé- comenté como quien no quiere la cosa.

-¿En serio?... Debo haber estado ocupado- evité rodar los ojos ante sus patéticas respuestas.

La puerta volvió a abrirse y apareció María, también vestida de pirata, con una camisa cuyo escote estaba a milímetros de mostrar el pezón. Mi estómago se llenó de plomo al verla.

-¡Jazz!- gritó y le arrebató el vaso- ¡Uhh! Está delicioso.

-No era para ti- dije.

-Quita la cara de mierda, cariño. Si somos como hermanas.

Hice una mueca de asco.- Vete.

Jasper puso mala cara y miró a la zorra.

-¿Puedes darnos un minuto?

Asintió y lo besó fugazmente. Antes de cerrar la puerta, me sonrió.

-¿Por qué eres tan desagradable con ella?

-¿Qué?- abrí los ojos más que sorprendida.

-Podrías ser más amable.

Busqué algún indicio en su cara de broma, pero estaba serio.

- ¿Me estás tomando el pelo, verdad? ¡Ella me encerró en un puto baño!

-Bella, estás exagerando. Además no hizo nada que tú no harías.

-No me compares con esa furcia- comencé a enojarme- ¿Qué demonios Jazz? ¿Por qué te pasas todo el día con esa idiota y ahora la defiendes?

Entrecerró los ojos azules.

-¿Estás celosa acaso?

-¿Qué? ¡No!

¿Cómo podía preguntarme eso?

-¿Entonces por qué te molesta tanto?

-¡Porque está loca, Jazz!

-Bella, no te metas en mis asuntos.- dijo en un tono increíblemente cortante.

-Pero...

-No, tú lo quisiste así.

-¿Así cómo? Soy tu amiga... ¿qué se supone que tengo que hacer cuando te estás tirando una psicópata? ¿Aplaudirte?

-Si yo no puedo decir nada sobre a quién te tiras, entonces tú tampoco puedes.

-Eso es diferente.

-No veo cómo, Cullen es un puto imbécil y no digo nada- respiró hondo- Ella me gusta y espero que empieces a ser más agradable.

Apreté los labios con rabia.

-No puedo creer lo que me estás diciendo, Jazz. ¿Qué demonios ocurrió contigo?

Sacudió la cabeza.

-Soy yo Bella, tu amigo. Pero lo justo es justo. No puedo estar dividido entre tu y ella.

-¿Dividido?- entrecerré los ojos- ¿De qué puta división hablas? ¿Acaso nos hemos visto desde que esa zorra llegó?

-¡Nos hemos visto todos los días!

-¿Fuera del instituto? ¿Acaso hemos mirado películas? ¿Hemos ido a algún lugar? ¿Has golpeado mi puerta? ¿Nos hemos encontrado en tu casa? Porque eso no ha pasado, Jasper.

Se quedó en silencio un instante, pero luego sus ojos lanzaron llamas azules.

-¡Has estado ocupada follando!

-¡Te he ido a ver, maldito imbécil!- vociferé de indignación- Pero tú no llegaste nunca a tu jodida casa. Te llamé mil veces y no contestaste. Y cuando te hablé en el instituto cambiaste de tema...

-Ese no es el punto... quizás cometí un error, pero quiero asegurarme de que tratarás bien a María...

-¡Cuando las vacas vuelen!- grité.

Jasper me observó por unos segundos respirando agitado.

-Bien, jódete entonces.

Dio media vuelta y fue hacia la puerta ante mi completa incredulidad.

-Jazz- llamé pero el me ignoró y salió.

Me quedé en estática en mi lugar sin poder entender qué demonios había pasado. Jamás había discutido con él. Sí nos habíamos gritado millones de veces, pero ahora era diferente. El llevaba dos semanas evitándome y hoy definitivamente me había mandado al infierno. Sentí un extraño pánico posesionarse de mis entrañas.

- Mierda... mierda, mierda- eché la cabeza hacia atrás y la golpeé contra el mueble mientras pronunciaba las palabras.

-¿Es un idiota, verdad?

Pegué un salto, Rosalie estaba en la puerta que daba al patio.

-¿Qué carajos?- pregunté.

-He tenido la misma conversación con él varias veces, pero creo que fue menos rudo conmigo.- avanzó un poco tambaleante y suspiré al verla mejor, estaba completamente ida, con una botella medio vacía en la mano y sudada como caballo de carrera.

-¿Qué tomaste?

-Un par de cosas... nada grave- rió y tomó un trago- Esta fiesta es una mierda.

Extendió la mano y me mostró tres pastillas.

-¿Quieres una? Son geniales.

-¿De dónde las sacaste?

-Estamos en la casa de un doctor ¿verdad? Sólo tuve que husmear un poco.

-Rose ¿que putas estás haciendo?- aparté su mano.

-Divirtiéndome, olvidando... como sea- fue hacia la puerta y no tuve fuerzas para detenerla - No durará ¿sabes?

-¿Qué cosa?

-Tú y tu novio jugando a la casita feliz... al final siempre se jode todo.

Mi corazón se saltó un latido y una sospecha se coló en mi cabeza.

-Rosalie, ¿acaso sabes algo que yo no?

Se llevó la mano a la boca y tragó la mercancía hurtada.

-No- dijo y luego sonrió- Yo que tu no me preocupaba más por María...

-¿Por qué no?

-No nos molestará por hoy.

-¿Eh?

-Tengo que irme-y se perdió por el patio antes de que pudiese interrogarla en extenso.

-Genial- farfullé saliendo de la cocina hacia el living olvidando los tragos. Edward y los demás todavía estaban bailando y viéndose algo estúpidos. Me quedé apoyada ahí con pocas ganas de unirme a su entusiasmo. Mi noche estaba arruinada...

Miré a Edward beber y hacer idioteces con sus amigos de equipo, estaban completamente ebrios y desde mi lugar, me reí porque la imagen que daba era realmente lamentable. Pero sabía que él no era así, sabía que había algo mas que el mujeriego vicioso que ejercía una fascinación poco sana sobre los demás. También sabía que personas como mi mejor amigo quizás nunca pudiesen ver el otro lado de Edward, pero yo le había exigido a Jasper que confiara en mí, que sabía en lo que me estaba metiendo.

Y él lo había hecho.

Quizás había actuado como una niñita malcriada. ¿Y si María no fuese tan mala? ¿Y si ella también tenía ese otro lado que podía ser... aceptable, tal como Edward? ¿Y si a él realmente le gustaba? ¿Acaso esperaba que Jasper se quedase eternamente a mi lado? Yo ya estaba con alguien más y lo quisiera o no, eso lo desplazaba un poco. Jazz estaba en todo su derecho de hacer lo mismo si quería.

¡Demonios!... ¿Me había equivocado en todo? Prefería tragar ácido que ser agradable con la zorra loca, pero eso era mejor que perder a mi mejor amigo.

Suspiré y entendí que no tenía otra alternativa. Cumpliría con mi deber y le comunicaría que pensaba que su novia estaba desquiciada, pero todo estaba en sus manos y si él seguía adelante con eso, bueno... lo apoyaría. ¿Acaso había otra opción? Además, Jazz se lo merecía.

Comencé a buscarlo por todo el lugar, pero no lo vi a él ni a María y supuse que ya se habían ido. Lo llamé pero como era obvio, no me contestó ¡Mierda!

Jacob me encontró rato después en los escalones de la entrada congelándome el trasero y consumiendo el centésimo cigarrillo de la noche. Sin decir palabra me entregó un vaso que me tomé de un solo trago. Era fuerte y me estremecí hasta los pies.

-¿Qué haces aquí?- pregunté cuando se sentó a mi lado.

-Esta es una fiesta de apertura de campeonato ¿verdad?

Lo miré sorprendida.

-¿Tú compites?

-Claro, en un par de semanas nos enfrentamos contra tu instituto.

Imaginé a Edward y Jake en la misma cancha e hice una mueca.

-¿Eres bueno?

Me dirigió una mirada llena de confianza y rodé los ojos. No lo había visto en algunas semanas pero él había llamado un par de veces para hablar y siempre terminábamos riéndonos y pasando un buen rato.

-¿Por qué estás aquí?

-Esta es la casa de mi novio.

Abrió los ojos imposiblemente.

-¿Novios?- repitió. Asentí y mis mejillas se ruborizaron por la costumbre.

-Wow.

-¿Qué se supone que significa "wow"?- alcé una ceja ante su evidente sorpresa.

-Nada... sólo que, yo sabía que tenían algo pero ¿novios?... No me parece que seas del tipo de -dudó- relaciones.

Lo mismo que me había dicho James. Me encogí de hombros.

-Probablemente no lo sea, pero llegamos a un punto donde era cortar o seguir adelante. Y preferí lo último.

Asintió pensativo.

-Eso es bueno... yo pensé...- esperé pero no agregó nada más.

-¿Pensaste que?

-Que quizás, después de lo que pasó entre nosotros...

-¿Yo no iba a querer estar con alguien más?

-No, de querer seguro que quieres, pero pensé que no ibas a atreverte.

Reí.

-Supongo que no aprendo.

-O eres valiente... ¿es tu primer novio, verdad?

-Técnicamente, sí.

-¿Técnicamente?

Tragué saliva, estaba ebria de modo que la verdad salió de mi boca.

-Sé que nunca le pusimos nombre a lo de nosotros, pero en mi mente -puse una mano a un costado de mi cabeza- tu fuiste mi primer "pseudo" novio. De hecho iba a pedírtelo formalmente la mañana que te fuiste.

-¿En serio?- carraspeó por la sorpresa.

-Sip.

Él tardó en volver a hablar.

-Lo siento.

-Jake- resoplé- Ya dejamos atrás lo tiempos de las disculpas. Sólo decía.

Quise cambiar de tema y fijé la mirada alrededor esperando ver a Jasper. Le pregunté a Jacob por él pero tampoco lo había visto.

-¿Por qué lo buscas?- inquirió.

-Discutimos- suspiré.

-¿Por qué la cara larga, Swan?

Me di vuelta para ver a Jessica mirándome, iba a ignorarla pero ella se puso justo delante.

-¿Qué putas quieres?- no estaba de humor.

-Te dije que no te iba a durar mucho- sonrió con satisfacción. Le echó una mirada a Jake y sacudió sus estúpidas pestañas coqueteándole.

-¿Qué?- pregunté.

-Edward ya te encontró un reemplazo.

Me levanté en el acto, Jacob también.

-Escúchame zorra, deja de hablar...

-Lo acabo de ver con mis propios ojos, subiendo la escalera con una rubia directo a lo que me pareció, es su habitación- vio por mi expresión que no me tragaba sus palabras y sonrió- Si no me crees, ve a verlo tú misma. Seguro te encontrarás con un escena interesante.

Sabía que no debía hacerle caso, pero mis pies se movieron por inercia hacia la casa.

-¡Bella!- ni siquiera me di vuelta ante la llamada de Jake y me dirigí hacia el segundo piso con pasos tambaleantes. Miré alrededor pero no vi a Edward por las cercanías.

Seguro mi novio había caído inconsciente en algún rincón o estaba con la cabeza metida en un retrete.

¿No podía ser cierto, verdad? Seguro era una tonta broma por parte de Stanley.

Abrí la puerta de la habitación de Edward y me quedé paralizada en el umbral.

La puta madre...

Debido a la sorpresa y el horror, cerré los ojos y luego salí de ahí cerrando la puerta. Sabía que aquella imagen iba a quedar constantemente grabada en mi retina. Me quedé mirando el pasillo aún con la mano en el picaporte... sin poder creerlo.

Jessica tenía razón. Edward estaba ahí dentro, en plena tarea de desvestir a una chica.

Apreté los dientes con fuerza y me dispuse a volver a entrar... Maldito imbécil, jodido embustero hijo de...

-¿Bella? -su voz de terciopelo me habló desde un lado- ¿Qué haces?

Su rostro apareció frente a mi con una sonrisa ebria y, antes de poder analizar la situación, mi mano impactó con fuerza en su mejilla.

-¿Q-qué demonios?- preguntó.

-Tú -escupí- Puto mentiro...- mis neuronas de pronto conectaron- espera, ¿no estás en tu habitación?

Me miró como si estuviese loca.

-Obviamente no... ¿por qué carajos me pegas?

-Yo creí...- el alivió me inundó- hay alguien ahí dentro y pensé...

-Emmett y Rosalie.

-¿Eh?

-¿Acaso no la viste?- se apoyó en la pared debido a su inestabilidad- Estaba haciendo un escándalo allá abajo, casi tirándose a un tipo y sacándose la ropa. Emmett la tomó de un brazo y entre los dos la trajimos a mi habitación. Está completamente drogada y el idiota está haciendo su buena acción del día y está acostándola.

-Oh.

-¿Qué pensaste?- pasó un brazo por mis hombros- ¿Qué era yo?

-Jessica dijo...

Me interrumpió.

-Me enojaría pero estoy demasiado ebrio.- enfocó mis rostro- Creo que tenemos que buscarnos otra habitación.

Nos quedamos en una de las habitaciones de invitados ya que Edward era demasiado escrupuloso como para dormir en la cama de sus padres. No lo culpaba, me daba un escalofrío sólo de pensar en Edward y yo en la cama de Charlie.

Me lancé al colchón dispuesta a dormir y olvidarme un poco de la infame noche, pero Edward se puso a mi lado y besó mi cuello con pericia. Sabía que el alcohol no disminuía en nada su deseo sexual y cualquier otra noche hubiese saltado encima de él, pero hoy no.

-¿Podemos sólo dormir?

Su boca se detuvo e hizo que lo mirara.

-¿Qué ocurre?

-Tengo sueño.

Hizo una mueca.

-Mientes pésimo.

Apoyé mi cabeza sobre su pecho y lo abracé.

-De verdad tengo sueño, lo demás... te lo contaré mañana.

-¿Lo harás?- sus mano se paseó rítmicamente por mi pelo.

Asentí y me incorporé un poco para besarlo, mientras lo miraba bien.

-Estás hecho un asco.

Se rió.

-Tú no hueles precisamente a rosas- lo besé otra vez y no tardamos mucho en dormirnos.

Un desagradable sonido de arcadas me despertó. Me volví en la cama, restregándome los ojos y me levanté con dificultad. Me di cuanta que era muy temprano y que Edward no estaba allí, pero siguiendo el ruido lo encontré en el baño. Se inclinaba sobre el excusado y estaba pálido.

-¿Necesitas algo?

Sacudió la cabeza mientras lo evacuaba y se sentó en el piso. Su rostro estaba pálido pero en realidad no se veía muy mal.

-Voy a matar a Emmett, inventó una mierda de trago que me revolvió las tripas- mencionó. Tuvo que haber sido algo horrendo para hacerlo vomitar, Edward tenía estómago de acero. No me cabía la menor duda que él iba a vengarse de su amigo.

Edward tomó una larga ducha mientras yo preparaba café.

-¿Estás mejor?- preguntó suspicazmente cuando volví, encontrándolo limpio y vestido- Veo que no.

-¿Qué?

-Tienes rostro de... no sé, algo. ¿Qué pasó anoche?

Fruncí los labios y le pasé una taza.

-Discutí con Jasper...

Edward escuchó con atención toda la historia, sin interrupciones. Cuando terminé sólo me miró.

-¿Y?

-¿Y qué?- preguntó.

-¿No dirás nada?

-¿Cómo qué?

-Que soy una idiota, mala amiga... no lo sé.

-Lo rechazaste, Bells -me recordó con voz amable- No puedes culparlo si se quiere alejar un poco y tirarse a alguien, es su derecho.

-Dijo que seguiría siendo mi amigo. No quiero que se aleje... ¿acaso no te pasaría lo mismo con Alice?

Asintió y se acercó.

-Dale un poco de tiempo.

Sonreí apenas mientras me observaba pensativamente.

-¿Quieres que te suba el ánimo?- le eché un vistazo a la cama y el negó con la cabeza- Eso puede esperar, ven-

Lo seguí por la casa y le pregunté por qué estaba tan limpia. Esperaba un desastre luego de la fiesta.

-Alice -explicó- Siempre deja todo como nuevo.

Llegamos al primer piso y caminamos hasta una puerta al final del pasillo.

-¿Tienes una habitación secreta?

-Algo así.

Abrió la puerta y eché una mirada dentro. Cuando divisé el piano, todo mi cuerpo se estremeció.

-¿Tocarás?

Sonrió y me llevó hasta el gran instrumento que no había visto en tanto tiempo. Pasé una mano temblorosa por la superficie y recordé las veces que lo había visto interpretar melodías tanto suyas como de otros. Siempre había imaginado que iría a un conservatorio y llegaría a ser un gran músico.

Edward se sentó en el banco observando mi expresión.

-No toco tan seguido como antes.

-¿Por qué no?

-No sé -se encogió de hombros- sólo vengo cuando quiero relajarme.

Me senté junto a él.

-Eché de menos esto- confesé.

Sonrió y pasó los largos dedos por las notas.

-¿Recuerdas la noche que viniste a dejarme el libro de los compositores como regalo atrasado de cumpleaños?

Asentí.

-Tengo algo parecido para ti.

-¿Una canción?

-Una nana... En ese entonces sabía que no podía ir a tu casa a desearte feliz cumpleaños y me encontré aquí componiendo. Me hizo sentir mejor, aunque no la escucharas.

-¿Tú la escribiste?- me sorprendí.

-Hace tiempo, mucho tiempo. Tú tenías miedo y te cantaba para que durmieras.

Lo recordaba. Era demasiado orgullosa para reconocerle a nadie aparte de Edward que algunas noches tenía miedo.Él se burlaba, pero luego comenzaba a tararear para que me durmiera y mis miedos terminaban evaporándose en el aire.

-La transformé en melodía el día que cumpliste los dieciséis.

Los ojos me picaron sospechosamente.

Sin decir otra palabra Edward comenzó a mover las manos por las teclas con su gracia característica y la música tomó forma. Lo observé en silencio mientras cada nota me llegaba directo al alma.

La nana era increíblemente dulce, estaba llena de ternura... tal y como debía ser una canción para una niña con miedo. Mi corazón estaba apretado y se me erizó la piel al reconocer el tarareo que solía cantarme hace años y que, asombrosamente, todavía tenía el poder de hacerme sentir segura.

Los ojos se me aguaron cuando un montón de emociones me invadieron sin advertencia, de modo muy intenso. Como si Edward estuviese tejiendo un hechizo entorno a mi mientras tocaba, haciéndome presa de sus propias emociones. Como una marioneta pensé que él, a través del instrumento, podía hacerme sentir cualquier cosa que él quisiera. Lo observaba mientras se entregaba completamente al piano y fijaba sus ojos en los míos...

Lo amaba.

Ya lo sabía, supongo que lo había sabido desde hace un tiempo, pero por alguna racionalización había obviado mis sentimientos. Estaba enamorándome de él, probablemente ya estaba enamorada y supe que no había poder en la tierra capaz de detener aquello.

Amor...

Hice lo mejor que pude por mantenerme serena mientras mi mirada permanecía prisionera en él y traté de eliminar el miedo que me invadió al comprender la dimensión de nuestra relación. Era una sensación completamente nueva y, similar a lo que me imaginé, sería saltar de un avión sin paracaídas esperando que alguien pudiera atajarte.

Yo ya había saltado.

Edward me hacía sentir una especie de aterradora necesidad por su compañía que nunca había sentido por nadie. Había algo muy espeluznante y al mismo tiempo completamente revitalizante en entregarle a una persona la absoluta capacidad de hacerte feliz o destruirte... y Edward había derribado todas mis defensas.

Apartó los ojos llegando al final de la canción, pero yo no pude dejar de observarlo mientras tocaba las estremecedoras últimas notas. Nos quedamos en silencio algunos momentos mientras intentaba deshacer el nudo en mi garganta.

-Gracias, es... mejor de lo que recordaba.

-De nada.

Se encogió de hombros aún sin mirarme. La conexión que había sentido con él mientras tocaba, de pronto se cortó.

-¿Edward?- pregunté al verlo tenso.

Se levantó y fue hacia la puerta. Lo miré son entender nada.

-Tengo algunas cosas que hacer- dijo antes de salir con la voz extraña- Sería mejor que te fueras, yo... te llamo más tarde.

Cerró la puerta y me quedé sola con mis sentimientos recién confirmados. No esperé mucho antes de salir y noté que el Volvo se había ido.

...

...

...

Aporrearon la puerta y me desperté sobresaltada. Había estado en el sillón de la sala de estar, mirando televisión e intentando no pensar en Edward, ni en Jasper, ni en nada. No había resultado y me había tomado un relajante muscular para poder dormir.

Una pésima idea considerando que había soñado con pianos y melodías suaves.

Los golpes siguieron y me levanté. Abrí y me eché hacia atrás al verlo, como si fuese una serpiente venenosa.

-¿Qué...?

-Vine a decirlo, ¿de acuerdo?- Edward entró viéndose extremadamente nervioso y pasó las manos por su cabello.

-Decir... ¿qué?- cerré y me apoyé en la madera.

-Fue jodidamente raro, Bella. Yo... tú te sentías mal y quería hacer algo para que te sintieras mejor. Se suponía que era tu regalo atrasado de cumpleaños... pero en la mitad, ¡joder! No se ni siquiera que pasó, pero todo se puso confuso y yo ya no supe, ¡mierda!... No quise echarte así de mi casa.

-Está bien- dije, después de todo yo también había sentido aquello mientras tocaba, la diferencia era que yo no había salido corriendo- ¿Viniste para decirme eso?

Sacó a relucir su sonrisa y sacudió la cabeza. Lo miré más confusa.

-No.

-¿Entonces?

-Vine a decirte... que estoy enamorado de ti.

Edward sonreía, pero estaba sudando a chorros. Imaginé que era de pánico y rápidamente me contagió de su miedo.

-Te amo- ahora lo dijo lentamente. Sus ojos brillaban con temor, expectación...

Me impresionó que lo repitiera porque yo todavía no juntaba coraje para decirlo una sola vez.

-¿Por qué?

-¿Por qué, qué?

-¿Por qué me... amas?

Abrió los ojos.

-¿Necesito una razón?

-Eso creo... no lo sé, no se como funciona -me mordí el labio y otra vez sentí ganas de llorar, que reprimí apenas- Esto me asusta y quizás si me explicas, quiero decir no espero un maldito poema pero si me das algún motivo...

-Eres molesta- interrumpió.

Detuve en seco el lamentable soliloquio. Edward se acercó un paso.

-¿Qué?

-Eres molesta... muy molesta a decir verdad, la mayoría de las veces un constante dolor en el trasero- cuando despegué los labios para replicar puso un dedo encima- Y a veces das un poco la lata, sobretodo cuando empiezas a preocuparte en exceso... te aburres con facilidad, lo que es un puto dolor de cabeza, duermes demasiado, eres terca, de pronto insegura y es imposible hacerte cambiar de opinión o hablarte cuando tienes la nariz metida en tus malditas novelas antiguas. También hablas mientras duermes, lo que era interesante cuando éramos niños, pero ahora me despiertas y es fastidioso.

Lo miré atónita ante el festín de defectos. Puso ambas manos a los lados de mi cara con los ojos cargados de ternura.

-También eres probablemente la persona mas desinteresada que conozco.

-¿Lo soy?- enarqué mi ceja.

Asintió- Eres hermosa, sexy... muy sexy y crees que lo sabes, pero la verdad es que desconoces completamente tu efecto sobre mi- me reí ante eso pues yo pensaba lo mismo de él- Eres leal y transparente, generosa... y a pesar de proyectar esa imagen de chica mala y ser impulsiva, no eres capaz de lastimar una mosca.

Suspiró.

- Te amo porque encajamos, Bella -se rió ante mi expresión- no sólo físicamente. Es como... no sé, se siente jodidamente bien. Te amo porque me haces feliz y me revolucionas todo el cuerpo.

Con sus labios tocó los míos por un segundo.

- Me enamoré de ti a los trece años y no sé si pasó todo otra vez o en verdad nunca dejé de quererte. Pero no importa, esperé por esto y se siente... correcto.

Sus palabras tocaron una fibra importante dentro de mi, del mismo modo que lo había hecho su música.

-¿Esperaste por esto? ¿Qué algún día seríamos novios?- pregunté.

-Claro que lo hice.

Lo interrumpí y lo abracé con fuerza, rodeando su torso con mis brazos, porque lo que acababa de decir era importante. Cuando nos habíamos distanciado, había dado por perdido a mi amigo y lo había eliminado de mi vida de forma absoluta. Si bien Edward había hecho lo mismo, no se había dado por vencido completamente y eso hablaba de que sus sentimientos eran genuinos y completamente reales. Parte de mis temores desaparecieron.

-¿Por qué no me lo dijiste? ¿Cuándo teníamos trece años?

-No lo sabía, lo supe cuando ya no me hablaste más.

Levanté la mirada.

-Yo también te amo.

Extrañamente, no me costó nada decirlo. Era como reconocer lo más obvio del mundo. Sus ojos chispearon con alegría y me regaló una sonrisa cargada de felicidad.

-Lo suponía por la forma en que me miraste en la sala de música.

Le di un codazo juguetón.

-Presumido.

-Siento haber salido corriendo, me sorprende que tú no lo hicieras.

Quise amenazarlo un poco.

-Quizás lo haga ahora...

No alcancé a terminar la frase cuando su boca se pegó a la mía en un beso diferente al que acostumbrábamos a darnos... porque no había lujuria o quizás muy poca. Sentí como si él quisiera poner todas sus emociones en aquella caricia de labios. Pasión, obsesión, admiración, celos... amor.

Una vez había escuchado que uno no se enamoraba realmente sin perder el control, sin volverse algo loco. Nosotros definitivamente habíamos llegado a ese punto y concluí que esto del enamoramiento era peligroso.

No importaba.

Le devolví el beso con la misma intensidad y apenas sentí cuando Edward me levantó y me cargó por las escaleras. Con su pie abrió la puerta de mi habitación pero de un minuto a otro separó su boca de la mía y se tensó.

-¿Qué...- comencé a preguntar algo molesta y seguí su mirada hasta mi cama. Las palabras murieron en mi garganta.

Había dos personas durmiendo ahí.

Jasper y Alice.

Estaban con sus disfraces puestos y abrazados, como si se hubiesen quedado dormidos en la mitad de una tierna conversación.

¿Qué demonios?... ¿Cómo se habían juntado ellos dos? ¿Y en mi cama?


Como dije... el próximo capítulo es de Jasper y Edward... y aclararemos algunas cosillas... les dejo el adelanto...

ADELANTO CAPÍTULO 20

...

(Jasper POV)

Bella me miró con ojos cargados de decepción. Me sentí como la mierda.

-¿Eso es lo que piensas?- preguntó con voz firme, pero la conocía lo suficiente para darme cuenta que se estaba quebrando.

-Sí- confirmé.

Ella se lo había buscado.

Asintió quemándome con los ojos castaños.

-Bien- se dio media vuelta pero luego me miró otra vez, manteniendo la compostura. Siempre la había admirado por eso- Ya no somos amigos, Jasper.

...

...

...

(Edward POV)

-¿Estás nervioso?- preguntó algo recelosa.

Bella era increíblemente perceptiva.

-No- mentí.

Estrechó la mirada.

-¿Hay algo que no me estás diciendo?

Mantuve el rostro tranquilo con esfuerzo.

-Bells, no imagines cosas- me reí y atrapé sus labios con los míos en un intento de distraerla. Si ella algún día se enteraba, me iba a odiar.

...


¿Qué me dicen?

Espero les haya gustado!

Muchos besos!

Cata...