Prejuicios de Familia –Parte 1–

Es el capítulo más largo hasta ahora. Espero sirva para perdonarme un poco por la espera. A leer, mis valientes!

Albus tragó saliva. El Gran Harry Potter y la Gran Señora de Harry Potter (O así era conocida la pareja), se acercaban a la mesa de Slytherin a grandes zancadas, con una expresión homicida y los puños prietos.

Se detuvieron junto a los dos hermanos. Scorpius dejó caer el tenedor en el plato, atónito.

Albus cerró los ojos.

– ¡¿Cómo pudiste hacer algo como esto? –Comenzó a gritar su padre apenas se detuvo. Todos en el gran salón debían estar pendientes de sus palabras– ¡Eres un imprudente, un insensato! ¿Es que acaso nunca te hablé de cómo es esto? ¿De lo difícil, de lo espantoso que puede llegar a ser? Se trata de tu vida. No se juega con esas cosas. Estoy muy decepcionado de ti.

Aquellas palabras dolieron más que una patada en el estómago. Albus abrió los ojos.

–Papá…–Comenzó, pero su padre no lo dejó terminar.

– ¡Silencio, Albus, no intentes defender a tu hermano!

El muchacho se quedó de piedra. ¿Acaso…?

– ¿Defenderlo de qué…?

– ¡Pues de esto! –Exclamó Harry señalándose a sí mismo– ¡De mí, de seguro! ¡Sabes que lo que digo es cierto! ¡James sabía que no podía participar! ¡Campeón de Torneo! ¡Si pudiera lo detendría ya mismo!

James, más pálido aún, miraba a su hermano con los ojos muy abiertos. Albus se había quedado con en estado de Shock.

–Papá…–Musitó el mayor de los hermanos Potter mirando a su hermano pequeño.

– ¡Calla! –Exclamó el padre– ¡Que aún no acabo contigo!

–Pero papá…

– ¡James, cierra la boca! –Gritó la madre.

–Es una vergüenza, James, no sé en qué fallé. No sé en que no he sido claro. Siempre intento darte lo mejor. Siempre te doy lo mejor. ¿Acaso no te doy lo mejor? –Gritó.

–Pero…–Respondió un consternado James.

– ¡James, respóndele a tu padre! –Intervino la enfadada Ginny.

– ¿Acaso no te lo doy?

– ¡Sí, pero…!

– ¡No me cuestiones, muchacho! –Exclamó Harry, que en verdad nunca había estado tan enojado con alguno de sus hijos. James frunció el ceño, pero guardó silencio– ¡Tú lo sabías! ¡No eres sólo tú en el mundo, James! ¿Sabes lo que sería para nosotros si te pasara algo? ¡Es…!

–Pero…

– ¡Es imposible que esté pasando esto! ¡No es real!

–Pero…

– ¡Ya ajustaremos cuentas cuando todo esto termine!

– ¡PERO PAPÁ…! –Explotó James, harto de soportar retos que no le correspondían.

– ¡¿QUÉ? –Le gritó en respuesta Harry.

– ¡YO NO SOY EL CAMPEÓN DE HOGWARTS! ¡ES…! –Pero Harry no lo dejó terminar.

Les dio la espalda a sus dos hijos y, mirando hacia la mesa de Ravenclaw, gritó voz en cuello:

– ¡¿LILY?

La pelirroja, que lo había mirado todo con la boca abierta, exclamó:

– ¡Papá, yo no soy!

Harry se giró hacia James con mirada sádica.

– ¡James, ¿Por qué mientes?

– ¡No estoy mintiendo, papá, yo…!

– ¡No puedo creer que sigas engañando, ocultando cosas, fingiendo, como si fueras un…!

Albus cerró los ojos otra vez. Su padre creía que se trataba de James, incluso había creído que se trataba de Lily, que James le mentía…nunca pensó siquiera en la posibilidad de que él, Albus, fuese el campeón…

– ¿UN SLYTHERIN? –Sugirió– ¡PAPÁ, YO SOY EL CAMPEÓN DE HOGWARTS! –Exclamó, dejando a su padre con las palabras en la boca, el dedo acusador señalando a James en el aire, y la mirada desenfocada. James tragó saliva y miró a su hermano. Ginny se llevó una mano a la garganta.

Transcurrieron los segundos. Harry Potter no reaccionaba…

– ¿Albus? –Musitó al fin. El Gran Comedor había sido cubierto por un silencio completo y total.

– ¡Sí, papá, yo fui! ¡Aunque no puedas creer que sea capaz! –Gritó el muchacho controlando la voz para que no se le quebrase.

Harry estaba atónito, anonadado, completamente patidifuso.

–Pero tú…

– ¡El estúpido de Albus! ¡Ya sé! ¡No tengo lo que hace falta! –Le soltó, clavando su mirada verde en la copia exacta de sus ojos.

Harry Potter pareció volver en sí.

–No es así, no quise decir eso, yo confiaba en que tú…

– ¡Por favor! ¡Lo pensaste de Lily antes que de mí! –Harry Potter no respondió, siguió mirándolo con estupefacción– ¡Yo nunca estaría a la altura!

–Sabes que no es así…

–Yo desencajo. Yo sobro aquí. No compagino, no… míralo a él–Lo señaló a James–. ¿Qué te hizo pensar que era él? ¿Por qué él? ¿Por qué no yo?

–Hijo, tú siempre fuiste más sensato que él…

– ¿Por qué Lily antes que yo? ¡Es una Ravenclaw! ¡Lleva la palabra "sensata" tatuada en la frente!

Harry no respondió.

–No se trata de eso–Continuó Albus–. No importa la sensatez. Se trata de que sea un Slytherin. Ése es el problema.

Harry negó con la cabeza.

–No es así, hijo. Yo jamás puse pegas en que tú vinieras aquí…

–Lo aceptas, papá, y te lo agradezco. Lo aceptas, pero no te agrada–Harry no dijo nada–. Sabemos que, si hubieras podido, me hubieras puesto en Gryffindor, en Ravenclaw, hasta en Hufflepuff, pero nunca en Slytherin–Hizo una pausa–. James tiene muchos amigos, es un excelente jugador de Quidditch, un excelente humorista, todos lo quieren y respetan. Él es lo que toda mi vida quise ser–Declaró, sin importarle ya estar frente a todo el colegio. James se ruborizó–. Y es lo que siempre quisiste que yo fuera.

Harry parpadeó.

–No es cierto, hijo, todos tenemos defectos y virtudes diferentes, James es James y tú eres tú, y me gusta como son ambos, excelentes a su manera, no tiene que ver con las casas…

–Lily–Continuó Albus haciendo caso omiso de las palabras de su padre–es tu niña adorada, la luz de tus ojos, ella jamás haría algo como eso… ¡Y lo creíste de ella antes que de mí! ¡Crees que soy un cobarde!

–Albus, no es cierto…

– ¡Mírame! –Exclamó el muchacho señalándose el pecho– ¡Soy yo, Albus! ¡No soy tú, papá! ¡Ya te gustaría que lo fuera, y también a mí, me encantaría ser cómo tú, pero no puedo! No puedo–Susurró–. Así soy. Por más que no te guste.

–Claro que me gusta cómo eres, hijo, no creo que tú seas…

– ¡Ya sé que no lo crees, pero en verdad lo deseas! –Replicó–Sé que te me parezco mucho, pero no soy tú. Y ahora que lo pienso, ser como tú no sería tan maravilloso como siempre creí. Creo que por eso decidí estar en Slytherin. Preferiría tener un padre como tío Ron, obsesionado con la rivalidad de Slytherin y Gryffindor pero que me ha aceptado sin poner pegas, a ser hijo de un hombre hipócrita que finge ser abierto cuando en realidad tiene prejuicios hacia sus propios hijos.

Harry lo miraba como si nunca lo hubiera visto bien en su vida.

–Entiendo, hijo.

Albus negó con la cabeza.

–No. Tú nunca entiendes nada.

Y dicho esto, se retiró a toda velocidad del Gran Salón.

Desde dentro del baño, los golpes se oían más fuertes de lo que eran; aunque, claro, Scorpius hubiera tirado la puerta abajo de haber podido.

–Albus, por favor, sal…–Le rogó comenzando a perder la paciencia.

Desde dentro, adentro de la bañera vacía y con los ojos cerrados, Albus no respondió.

–Anda…

–Déjame en paz, ¿Quieres? Quiero morir aquí dentro–Le respondió con voz lúgubre Potter al tiempo que corría las cortinas de la tina.

Pudo oír con perfecta precisión como Scorpius soltaba un bufido.

–Escucha, pelear con tu padre no es el fin del mundo, ¿Sabes? Te lo digo por experiencia propia–Le confió el rubio, cambiando de enfoque–. A veces se olvidan de que tienes sentimientos y hacen lo que se les viene en gana, pero hay que aprender a tolerarlo…

–Jamás había peleado con él. Nunca de este modo–Murmuró el moreno abrazándose las rodillas.

Scorpius no dijo nada.

–Es difícil para mí entenderte. Tu padre es tu héroe–Comentó Scorpius después de un rato, con voz consternada ante la afirmación–. Eso, definitivamente, no me pasa a mí en estos momentos. A mi padre yo quisiera matarlo con mis propias manos…

–Scorpius, no estás ayudándome.

–Lo siento.

Se oyeron pisadas al otro lado de la puerta.

–No quiere salir–Le informó Malfoy a alguien.

–Hazte a un lado–Le ordenó a Scorpius una voz femenina. Al parecer, Scorpius obedeció–. Al, por favor, sal de ahí dentro…

–No voy a salir–Replicó el aludido tozudamente.

La muchacha suspiró.

–Entonces… ¿Me dejas entrar?

Ella era definitivamente la única persona a la que podía tolerar ver en ese momento. Asintió, pero al darse cuenta de que la chica no podía verlo, dijo:

–Bueno.

Se puso de pie y quitó el pestillo de la puerta. La abrió lentamente. Emma lo miró con una sonrisa triste al entrar. Apenas había espacio suficiente para dar unos pasos, por lo que ambos se quedaron de pie dentro del baño de baldosas verdes y blancas.

– ¿Cómo estás? –Preguntó la chica mirándolo con ansiedad.

Si Scorpius hubiera hecho esa pregunta, seguramente se habría ganado una poco amable y sarcástica respuesta. Pero tratándose de ella, no pudo evitar responder con toda sinceridad.

–Nada bien.

Emma le tomó una mano entre las suyas, cálidas.

–Lamento todo esto.

Albus alzó la mano libre y apretó las de la chica.

–También yo.

Se quedaron así durante un largo rato, con las manos unidas, mirándose a los ojos en silencio, hasta que Emma se atrevió a romperlo.

–Tienes que hablar con él.

Ni siquiera había terminado la frase que Albus negaba enérgicamente con la cabeza.

–No. No, Emma, no pienso volver a dirigirle la palabra nunca más.

La muchacha lo miró angustiada.

–Albus, tú no quieres pelearte con él.

–Ya lo hice–Observó el chico esquivando su mirada.

–No quieres seguir peleado con él–Se corrigió. Él no respondió. Emma liberó una mano y la puso sobre el rostro del chico. Albus la miró a los ojos, de un azul claro y vívido. Intensos–. No antes de la Tercera Prueba.

– ¿Y eso que tiene que ver? –No pudo evitar el tono de desafío en esa pregunta.

La mirada de Emma era de un azul entristecido agudo como cuchillos.

– ¿Qué tal si te pasa algo? –Susurró la chica.

Evitando el contacto visual de esos ojos de lince triste, Albus le dio la espalda.

–Qué más da. Tal vez no pase nada, tal vez me muera… ¿A quién le importa…?

– ¡No digas eso! –Exclamó ella con voz rota a sus espaldas. Asustado, Albus se volteó para mirarla– ¡Es importante! He estado muy preocupada por ti, estoy muy preocupada por este torneo de mierda desde que decidiste participar–Continuó hablando con los ojos llenos de lágrimas. Albus estaba atónito–. Siempre te he apoyado, y nunca dejaré de hacerlo en todo lo que te propongas. Pero me da miedo. En cada estúpida prueba me da miedo de que te pase algo. Y si tú mismo no te preocupas por ti, si te sucediera algo, yo…

Albus, que seguía mirándola pasmado, atinó a abrazarla en el preciso momento en que Emma se largaba a llorar.

–No va a pasarme nada–Le aseguró el muchacho sintiéndose sumamente consternado. Le acarició el largo cabello al tiempo que ella sollozaba.

–No puedes saber eso–Murmuró entrecortadamente.

– ¿Por qué nunca me lo dijiste? –Le preguntó él– ¿Por qué nunca me dijiste que estabas asustada?

–Ya suficiente tenías contigo mismo.

–Emma, tú siempre piensas en mí. Me siento un completo egoísta. Nunca me doy cuenta de nada.

–Despistado no es lo mismo que egoísta–Replicó la muchacha con voz pastosa a causa del llanto.

Albus suspiró, y le secó las lágrimas con los dedos.

–El que me defiendas de mi mismo me hace sentir incluso peor. Soy un desastre humano, un saco de defectos y tú no ves ninguno.

–Claro que los veo–Susurró–. Pero amo cada uno de ellos. Eres despistado, pero adoro que lo seas. Eres demasiado lento a veces, pero eso te hace encantador. Eres inseguro, pero te prefiero así a arrogante sin remedio. Haces chistes malos, pero me hacen reír más que los buenos. Eres orgulloso, terco y a veces demasiado honesto, pero te prefiero así a un mentiroso, falso y manipulador. Odio Pociones, pero seré capaz de dar el éxtasis con tal de tomar esa clase contigo. Tienes miles de defectos, pero yo también. Sin ellos, no serías tú–Alzó la vista y lo miró–. Por favor, Albus, ten mucho cuidado. Te quiero, y por eso mismo no quiero que te pase nada malo, ¿Lo entiendes?

–Sabes que te quiero–Susurró el muchacho.

Emma sonrió, y le acarició el rostro, pero continuó mirándolo con ansiedad.

–Prométeme que tendrás cuidado. Cuidarás de ti. No lo hagas por mí, ni por tu padre. Hazlo por ti.

–Lo prometo. Pero que conste–Tomó el rostro de la chica entré las manos–que no lo hago por mi padre…–La besó–Ni por mí–volvió a besarla–. Lo hago única y totalmente porque tú me lo pides.

–Me alegra ser de utilidad.

Albus se rió quedamente.

–No hay nada más útil en mi vida que tú. Te amo, Emma Wilson.

–No más que yo a ti, Albus Potter.

Por primera vez en su vida, a Scorpius estar en Inglaterra no le parecía una opción agradable. Ni siquiera soportable. Si hubiera sido por él, se hubiera ido a Egipto en ese preciso instante, o se hubiera hecho animago para poder salir del país como pantera.

Pero fuera de su cabeza y de sus caóticos planes de arrebato adolescente, existía algo aún más importante y que estaba arraigado en él como una enorme raíz: el sentido del deber. Debía ser un buen hijo, debía retribuir a sus padres todo lo que le habían dado, debía casarse con Demetria Nott. Punto. Fin del asunto.

No había opciones.

La rebeldía no era una, desde luego. No podía convertirse en un don nadie, en un pobre diablo sin futuro ni posibilidades en el porvenir. Después de todo, si en verdad hubiera…si en verdad hubiera dejado todo por ella, no hubiera tenido nada que darle. Y eso, desde luego, hubiera sido estúpido.

Mira en lo que te pones a pensar, idiota, como si fueras adulto. Tienes catorce años, ¿De acuerdo? Habían sido las palabras de Albus cuando le había comentado sus pensamientos. Claro que para Albus era distinto: tenía un padre comprensivo y una relación súper buena con él. O por lo menos, así había sido hasta entonces, porque en ese momento las cosas estaban de lo peor entre ellos y lo que bien podría haber sido una reunión familiar pre-tercera prueba acabó siendo una tertulia de personas enfrentadas en una especie de… ¿Cómo lo había llamado Rose? "Guerra Fría". Exactamente eso. Una guerra fría, como habían tenido esos rusos con los de Estados Unidos que…

¿Por qué Rose siempre era reina y soberana de sus pensamientos?

Suspiró, y no pudo evitar una mueca de desagrado al ver a Demetria acercarse a él para ir juntos a contemplar lo sucedido en el laberinto.

La respuesta, no era necesaria decirla con palabras.

Su insistencia en buscar a cierta melena castaña entre el gentío hablaba por sí sola.

Todo Hogwarts gritaba por él. Por él. Eso generaba, desde luego, intensidad. Pero era una intensidad que poco tenía de alegre, más bien era nerviosa, angustiosa, emocionante, sí, pero…no muy alegre. Todas las personas que quería lo miraban en ese momento como si su muerte estuviese cerca. Lo cual, era relativamente cierto.

Rose le sonrió, aunque era una sonrisa extraña: sonreía mientras se mordía el labio inferior. En verdad le estaba costando mucho todo eso, pensó Albus.

–Suerte–Le dijo después de abrazarlo–. Te quiero vivo, ¿De acuerdo?

Albus rió, aunque no sabía si aquello era una broma o si hablaba en serio. Prefirió no preguntar.

–Cuenta con ello.

–Recuerda el testamento de la religión Muggle: honrarás a tu hermano–Le dijo James, que poco y nada sabía de aquello.

–No dice eso, idiota–Albus se permitió insultarlo en un intento de des estresarse. No funcionó.

James le dio una especie de abrazo con golpe.

Albus se frotó el brazo después de aquella "despedida". Aquella palabra lo perturbaba sobre manera.

Lily le dio uno de sus asfixiantes abrazos.

– ¡Suerte, suerte, suerte, suerte! Te quiero, ¿Lo sabes? Cuídate mucho–Agregó con el semblante repentinamente adusto.

–Lo intentaré.

–Promételo–Ordenó la chica con firmeza.

–Eh…lo…–Emma lo miraba con ansiedad–lo prometo.

Lily sonrió repentinamente.

–Perfecto.

–Suerte–Le dijo Scorpius tendiéndole una mano. Albus la miró arqueando una ceja.

– ¡Vamos, deja tu postura de cartón! –Dijo dándole un abrazo y despeinándole el pelo, fingiendo jovialidad– ¡Si me muero no querrás despedirte de mí de ese modo!

Y por la cara que puso Emma, lamentó en lo más hondo haber dicho eso.

–Lo prometiste–Exclamó Lily dándole un puñetazo.

– ¡Ya, ya! ¡Sí, lo hice! –Se defendió alzando las manos. ¿Por qué todos sus hermanos lo golpeaban?

Una cortina de cabello rojo le nubló la visión…y un fuerte apretón lo dejó sin respiración.

–Mamá…no…respiro…–Masculló Albus, intentando tomar aire.

Ginny lo soltó, pero sólo para cubrirle el rostro de besos.

–Cuídate muchísimo. Ya has ido al baño, ¿Verdad? –Susurró en voz perfectamente audible.

– ¡Mamá, sí! –Se indignó el chico.

– ¡De acuerdo, sólo era por si acaso! –Le dio un último abrazo, más opresivo que el anterior–Te quiero, Al.

–Yo también te quiero, mamá.

El muchacho alzó la vista; junto a Ginny, mirándolo con el semblante inexpresivo pero con un destello de angustia en los ojos, estaba Harry.

–Albus, yo…

El aludido lo miró por un largo rato.

– ¡Necesito a los campeones aquí! –Exclamó en ese momento McGonagall. Harry la miró por un momento y luego volvió a fijar sus ojos en su hijo.

Albus le dedicó un seco asentimiento a su padre y le dio la espalda, dejándolo con la palabra en la boca. Tomó a Emma de la mano y la arrastró hacia un par de árboles.

– ¡Señor Potter! –Le llamó McGonagall.

– ¡Sólo quince minutos! –Dijo Albus al tiempo que quedaba oculto de la mirada de los curiosos.

La chica respiró profundamente. El muchacho la miró a los ojos. Había tal grado de incertidumbre y angustia en ellos que se sintió forzado a apartar la mirada, e iba a hacerlo cuando Emma lo abrazó, con una fuerza quizá más asfixiante que la de su madre, su hermano y Lily juntos, pero que lo llenó mil veces más que la de todos ellos.

Albus la rodeó con los brazos y cerró los ojos, aspirando ese perfume tan extraño a agua que emanaba y sintiéndola como nunca la había sentido.

Quería decirle que la quería, pero no encontraba las palabras. Quería decirle que no tuviera miedo, pero él también estaba asustado. Quería decirle que todo estaría bien, pero él no sabía con certeza si así sería. Quería…quería tantas cosas, quería hacer y decir tanto… pero en ese momento no podía. No podía nada. Y ese abrazo resultó mil veces más significativo que cualquier otra cosa.

Cuando se separaron, Albus pudo verle la cara colorada y salpicada de lágrimas.

–No llores, Emmie, no quiero…– "No quiero que esa sea la última imagen que me lleve de ti"–No quiero verte triste.

La chica se secó las lágrimas, e intentó sonreír.

–Nunca he sido un buen ejemplo de fortaleza.

–Te quiero–Susurró él de repente dándole otro abrazo.

–Te quiero–Repuso ella devolviéndoselo.

Hubo un momento de silencio.

– ¡SEÑOR POTTER! –Clamaba la directora de Hogwarts.

Albus soltó a su novia.

–Es hora–Declaró seriamente.

Emma asintió, y automáticamente se largó a llorar.

Sumamente conmovido, Albus tomó el rostro de la chica entre las manos y la besó.

–Debo irme. Nos veremos en unas horas–Le aseguró.

– ¡Promételo! –Exclamó Emma de modo infantil sin dejar de llorar.

Se detuvo y la miró intensamente con su mirada esmeralda.

–Por mi vida, Emma–Le dijo solemnemente para después darse la vuelta y caminar hasta el laberinto junto con los demás jugadores.

Albus se detuvo junto a la directora, que comenzó a hablarles a los tres (Dominique, Dimitri y él), pero el muchacho no la escuchaba. Era como si le hubieran puesto algodón en las orejas. Se dio vuelta lentamente, contemplando los rostros de la gente a la que quería. Tanta diversidad de cabellos, ojos, personalidades…y todos aún así transmitían lo mismo en ese momento: "Cuídate mucho, te queremos"

Albus respiró hondo y entró en el laberinto.

Era primavera, pero hacía frío. Era abril, pero parecía octubre. Era de día, pero parecía de noche. Las líneas del tiempo se desdibujaban ahí dentro. Entre esas paredes de seto altos, más altos de los que podría haberse imaginado (O así le parecían) lo rodeaban, lo aprisionaban. Era prisionero de algo que, como bien le había dicho Emma meses atrás, había elegido.

Y como lo había elegido, había que aguantársela.

Respiró hondo y comenzó a caminar.

Era curioso el silencio que lo rodeaba. Parecía imposible que un momento antes se oía el bullicio que provenía de los exaltados alumnos y (Sintió un retorcijón en las tripas) familiares de los competidores y que al siguiente un mutismo absoluto lo envolviese por completo.

Era curioso…y perturbador.

Tragó saliva al tiempo que sacaba la varita con indecisión. Aquello le sonaba a suicidio. Pero que novedad.

–De acuerdo, Albus…–Musitó mientras tomaba un recodo, insultándose con encono por dejarse provocar por Goyle y Selwyn hacía el principio de año–es momento de avanzar en esto. Entre más pronto termine, mejor… ¡PERO QUE MIERDA DE…!

Definitivamente quién hubiera visto lo mismo que él hubiera encontrado el empleo de la palabra "Mierda" más que justificado.

Un Escreguto de cola explosiva de cómo dos metros de alto se alzaba frente a él, sin ojos, boca, ni nada más que una asquerosa ventosa en lo que debía ser su…su centro, y en la cola ese aguijón que…y encima lanzaba fuego de…

Fuego. Una llamarada carmesí que voló hasta su brazo y… ¡BAM! Quemaduras de primero, segundo, no…de tercer grado.

Se agachó para esquivar la siguiente. Había estudiado a esos bichos conocidos por la mayoría del alumnado como "Las mascotas de Satán" en la clase de Hagrid, y el profesor le había dicho que estarían en el laberinto. Pero no se había dado cuenta de lo monstruosos que se habían vuelto.

La cosa se preparó para atacar. Albus rodó por el suelo, y las flamas le chamuscaron unos cuantos pelos.

–Quiero salir vivo de aquí, quiero salir vivo de aquí–Murmuraba. McGonagall había dicho algo, según recordaba, sobre que debían hacer cuando querían salir de allí…– ¡Quiero irme! –Exclamó al tiempo que intentaba esconderse tras un seto, sin éxito. Salió corriendo cuando el Escregruto fue a la carga– ¡Quiero irme pero no recuerdo cómo se hacía!

Con toda razón el Cáliz nunca elige a los Slytherin. Son todos unos cobardes–Albus oyó a la vocecilla insidiosa de su mente como si nunca hubiese dejado de aparecer. Aunque no la oía desde hacía ya meses. Unos hermosos meses, por cierto.

"¡Creí que ya me había librado de ti!"

Si no fuera por mí, no serías nada de lo que eres.

"¡Sí claro!" –Albus esquivó de nuevo al Escreguto, intentando recordar que cuernos había dicho McGonagall.

¿Quién te dijo que le dijeras a Emma que la querías? ¿Quién te dijo que la besaras?

"¿Y quién me dijo que participara en este torneo de mierda?" Pensó Albus mientras intentaba acordarse de un hechizo que detuviese a la criatura, y del hechizo que había que hacer para salir de ahí.

Huyes de todo. De mí, del torneo, hasta de tu padre…

"Deja mi orgullo en paz. No funcionan tus tácticas. Ya lo he superado" Aseguró Albus, a quién el brazo le escocía y no estaba de humor para dilemas internos, pero automáticamente dejó de pensar en salir de la competencia.

Apuntó al escreguto con la varita intentando parecer amenazador. La criatura dio una especie de mezcla de mugido con gruñido.

–Eh…Eh… Engorgio! –Exclamó Albus, y, para su gran pavor, el monstruo adquirió un tamaño titánico– ¡Oh, Merlín! ¡Jamás fui muy bueno en Encantamientos! ¡No es justo! –Exclamó al tiempo que volvía a echar a correr– ¿Cómo lo quito, como lo quito? ¡Ah, sí! –Se giró hacia su persecutor y gritó–Reducto! –El escreguto volvió a su tamaño original, lo que, por otra parte, no simplificaba las cosas.

Albus dobló un recodo y se ocultó detrás del seto. Jadeó al tiempo que intentaba recordar un hechizo medianamente útil. Podía oír los crujidos que hacía el bicho al moverse. El brazo le ardía, e intentar no pensar en el grado de su quemadura se le hacía imposible. Cerró con fuerza los ojos.

"Uno…"

Apretó con ímpetu la varita.

"Dos…"

Respiró hondo y abrió los ojos.

"Tres."

Salió de su escondite y se plantó frente a la alimaña.

–Escreguto bonito…–Masculló al tiempo que retrocedía un paso. La criatura avanzó hacia él–Muy bonito…

El escreguto gruñó.

"Piensa, piensa…que aprendimos de los Escregutos…"

"Su único punto débil es su vientre, niños. No los lastimen"–Había dicho Hagrid.

Su punto débil…

Inmobilus! –Clamó el muchacho en dirección al centro de la bestia.

Una inhalación. Eso fue todo el tiempo que necesitó el hechizo para congelar a la bestia. Albus suspiró, increíblemente aliviado, y sonrió tontamente.

– ¡Ahí tienes! –Exclamó regodeándose en su victoria.

Continuó caminando por el laberinto, con el corazón aún latiéndose con violencia a causa de las emociones recién vividas y la quemadura del brazo.

–Estúpido bicho…–Mascullaba mientras caminaba sin un sentido fijo, taciturno.

Ya no le parecía muy útil retirarse del Torneo, porque eso sería darle la razón a su padre y a sus prejuicios Gryffindorianos contra los Slytherin. Tampoco le parecía muy útil desesperarse por ganar, ni él tenía mucha fe en su pericia.

Simplemente…haría lo posible por sobrevivir. Por sobrellevar la situación y salir lo más ileso posible.

Los actos heroicos, en otro momento.

Cobarde.

"No, soy inteligente"

Inteligentemente cobarde.

"Ya. ¿Sabes qué? Me irritas"

Haz que tu orgullo sirva para algo.

Bufando, Albus puso la varita sobre su mano.

– ¡Oriéntame! –Murmuró, y la varita señaló hacia la derecha, dándole a entender a Albus que allí estaba el norte. El muchacho sabía que en el noroeste estaba el centro, y tenía que ir al centro, y se alegró de comprobar que debía tomar el camino opuesto al Escreguto–Una buena nueva por hoy–Dijo tomando dicha bifurcación– ¡Ya, voy a la copa! ¿Estás feliz? –Le preguntó al viento, y se sintió un completo lunático.

Ese camino estaba quieto. Muy quieto. Demasiado, tal vez. Albus ladeó la cabeza. Después de que se hubiera encontrado con la misma quietud en el camino en el que estaba el Escreguto, había decidido actuar con mucha cautela.

–Oh…no quiero pasar–Gimió. Dio un paso, pero vaciló. Dio otro, pero se detuvo otra vez. Suspiró, y dio la vuelta para tomar el otro camino cuando recordó que allí estaba el Escreguto–. De acuerdo, Albus Severus… anda ya, y demuéstrales a todos que no eres un cobarde.

Se adelantó con brío en el pasillo, de una oscuridad poco acogedora. Estaba ya a la mitad del mismo cuando oyó un chasquido. Se detuvo en seco.

Lumos!

Barrió el camino con la luz, pero no vio nada. Continuó caminando.

Otro chasquido.

Contuvo la respiración. Había oído eso antes…

Chasquido, chasquido, repiqueteo, pisadas.

Muchas pisadas.

Alzó la varita a la altura del rostro.

Una criatura de ocho patas, peluda y altísima lo miraba con ojos penetrantes, y las húmedas pinzas ponzoñosas a la altura de su mentón chasqueaban con una premura hambrienta que hizo que se estremeciera.

–Acromántula…–Musitó Albus retrocediendo un paso–Oh, Merlín…Hagrid y la…

Las pinzas de la criatura chasquearon donde un segundo antes había estado su rostro. Tragó saliva compulsivamente.

Desmaius! Desmaius! –Los hechizos rebotaron sobre la araña gigante sin ningún efecto aparente– Desmaius! Desmaius! ¡Maldita sea, que te desmayes!

Al parecer, la araña no estaba de acuerdo con sus deseos. Albus gimió al tiempo que intentaba encontrar una forma de…de…

– ¡…De hacer algo, maldita sea! –El monstruo era completamente repulsivo—Arania exumai!

La Acromántula salió catapultada hacia atrás. El muchacho aprovechó el momento para lanzarle otro hechizo– Impedimenta!

Bingo. La criatura quedó despatarrada en el suelo, al parecer inconsciente. Albus suspiró, al tiempo que se llevaba una mano al pecho, donde su corazón latía estrepitosamente.

–Maldito adefesio demoníaco–Gruñó bajando la varita lentamente, evaluando con la mirada lo realizado–. Bueno, no me hizo nada. Dos hurras por mí–Se burló. Le dio la espalda y comenzó a caminar por el desierto pasillo.

Al poco rato llegó a un pasaje muy extraño; el camino, franqueado por las altas murallas de verde follaje, se había ensanchado, y el suelo se cortaba abruptamente dando lugar a un profundo pozo, en el que parecían flotar cosas blancas e inquietantes.

Albus caminó hasta el borde, y pudo contemplar las aguas inquietas. Un par de piedrecillas se desprendieron del acantilado y cayeron al fondo, sumergiéndose sin reparo alguno en las aguas de sempiterno fondo.

El muchacho tragó saliva.

Un puente de roca maciza se materializó frente a sus ojos. Albus parpadeó repetidas veces, sorprendido con el asunto, y después se reprendió mentalmente por encandilarse con una demostración de magia absurda.

Iba a poner un pie en el puente, cuando algo que calificaría más tarde como instinto lo detuvo. No parecía muy seguro. Bueno, en realidad si lo parecía, es decir, era de granito o algo así, pero…

Ahí nada era lo que parecía ser.

Recorrió la escena con la mirada, intentando encontrar un camino alternativo; detrás suyo tenía a su amiga la arácnida, y, por si fuera poco, detrás de la misma al Escreguto. Definitivamente, no podía echarse atrás.

Utilizó el encantamiento brújula de nuevo, y este le indicó que iba por la dirección correcta. Tragó saliva. Hora de continuar.

–De acuerdo, Albus, ten valor.

¡Ja!

"¡Calla! Intento concentrarme"

Su insidiosa conciencia guardó silencio, para alivio del chico.

Juntó los dos pies, cerró los ojos y saltó sobre la construcción. Abrió los párpados. El puente parecía estar en óptimas condiciones. Se atrevió a despegar un pie del suelo. No pasó nada. Dio un paso. Todo seguía igual. El muchacho dio un suspiro de alivio…

Y el puente comenzó a desmoronarse.

"Definitivamente, la confianza mató al gato"

¿No era la curiosidad?

"¡Cómo sea!"

Albus comenzó a correr, al tiempo que el suelo se deshacía bajo sus pies. Podía sentir el acelerado palpitar de su corazón, el vibrar del suelo, la descarga de adrenalina que lo invadía mientras se desesperaba por llegar al otro tramo de camino.

Por fin, el puente se terminaba; Albus podía distinguir con lujo de detalles la otra orilla, estaba a punto de llegar, sólo le quedaba un metro y…

Y el puente se rompió por completo.

Fue una fracción de segundo. Una fracción de segundo en el que pudo imaginarse en las frías aguas profundas que había debajo, entre esas cosas fantasmagóricas y blanquecinas…

Fue esa mano lo que lo salvó. Esa mano que extendió en un intento desesperado de no desplomarse al vacío.

Estaba literalmente colgando de una sola mano, a varios metros de un pozo de aguas inquietantemente turbulentas.

Sentía el corazón como si se tratase de un colibrí en su pecho.

Puso todo el empeño que tendría jamás en sujetarse con esa misma mano, en mantenerse allí, sin importar lo que pasara. Soportando más de cincuenta kilos así.

Colgando de una mano en el borde del despeñadero.

Suspiró, y alzó el otro brazo. Se asió como pudo y sujetó el borde con la mano que agarraba la varita. La dejó allí, en el suelo.

Contó hasta tres.

Su mente no pudo evitar la analogía de salir de la piscina. Tuvo que hacerse con la fuerza de sus brazos e hincar la rodilla en la tierra para poder treparse.

Albus Potter había derrotado a la muerte.

–Por ahora–Musitó tomando la varita del suelo e intentando calmar a su agitado corazón–todo en orden.

Ya no sabía que podía llegar a pasar, que podía ser peor; nada iba a sorprenderlo a partir de ahora, después de todo, era previsible que los peligros irían aumentando de escala…

Aunque eso no quitaba que sintiera pánico.

Los caminos parecían más angostos que nunca. Los muros, más altos. El silencio, más opresivo. Sentía el ruido de su respiración como si estuviera exhalando en un altavoz.

El encantamiento brújula le indicó cómo seguir en una bifurcación: hacia la izquierda.

Le hubiera encantado poder masticarse su miedo y digerirlo en su estómago de una buena vez, donde los ácidos allí imperantes lo liquidarían y no quedaría nada de su antiguo pavor.

Pero el miedo no era masticable y el pánico no era digerible.

Sí era liquidable.

Aunque claro, eso no era nada fácil.

Se topó con dos caminos; uno iba a la derecha, el otro a la izquierda. El encantamiento brújula le dijo que debía ir a la izquierda, e iba a hacerlo cuando oyó pisadas acercarse desde el camino por el que había venido. Temiendo que se tratase de la Acromántula, Albus alzó prudentemente la varita, con la luz encendida, al tiempo que caminaba lentamente en dirección al camino.

Las pisadas se iban acercando, y Albus pudo distinguir en efecto que eran más de dos los pasos que oía…

La oscuridad lo había ido envolviendo poco a poco, cada vez había menos luz solar, lo que no hacía sino complicar más las cosas.

Podía sentir las pisadas a sólo un par de metros suyo; se acercó a la entrada del pasillo, agudizando el oído, preparándose para lo que venía…

Y lo que se encontró fue sumamente inesperado.

Dimitri Krum cargaba a Dominique Weasley, que tenía ensangrentada la pierna derecha. Albus sintió que el color huía de su rostro.

– ¡Do! –Exclamó corriendo hacia ellos. Miró a Krum– ¿Qué le pasó?

Acrromántula–Fue la lacónica respuesta del muchacho, que tenía los ojos fijos en la herida de la chica.

Con ayuda de Albus, la recostó en el suelo. Dominique se sujetaba la pierna apretando la herida con los dedos, que tenía toda la pinta de ser profunda e infectada.

–Gracias por ayudar a mi prima, Krum–Expresó Albus mirando al búlgaro. El aludido sólo asintió.

Deberrías llamarr parra que vengan a buscarrla, Potterr. Yo tengo que seguirr camino. Suerrte, Weasley–Agregó inclinándose y besando la mano de la chica, que le sonrió trabajosamente–. Esperro que te mejorres.

El muchacho se dispuso a tomar el camino de la izquierda cuando Albus le dijo:

–Oye, Krum…–Comenzó fingiendo vacilación–Ya que ayudaste a mi prima, bueno…yo usé el encantamiento brújula y…dice que debemos ir por el de la derecha.

Dimitri arqueó las cejas.

– ¿Estás segurro, Potterr?

–Más que seguro–Le dijo cruzando los dedos tras su espalda–. Tú adelántate, yo te seguiré en cuanto haga que vengan a buscar a Do.

Krum asintió, sonrió y se adentró en el camino de la derecha.

"Idiota" Se sonrió Albus al tiempo que miraba a la chica lastimada.

–Estúpidos bichos–Masculló al tiempo que su prima gemía–. Hay que decir que vengan a buscarte.

–Arroja…chispas…rojas–Dijo la chica con dificultad.

Albus se dio una palmada en la frente.

– ¡Con que eso era! –Exclamó frustrado, al tiempo que hacía lo que Dominique había propuesto. En el acto se alzaron en el cielo los destellos escarlata cual fuegos artificiales–No tardarán mucho en venir, espero–Abrazó a la muchacha–. Adiós, Do, que te mejores.

La chica le devolvió el abrazo, pero velozmente lo soltó.

– ¡Apresúrate, o Dimitri va a ganarte! –Lo apremió mirando inquieta el camino a su diestra.

Albus, sin embargo, se encogió de hombros y caminó en dirección a la entrada izquierda.

– ¿Qué haces? –Se extrañó Dominique– ¡Es por la derecha!

–No lo creo. El encantamiento brújula dice que es por la izquierda.

–Pero le dijiste a Dimitri que…

Albus sonrió antes de meterse en el camino.

–Mentí.

A medida que iba caminando, sentía que algo distinto se avecinaba. No una fiera asesina, ni un peligro inminente. Sentía que en ese lugar, iluminado tan sólo por la luz de su varita en alto, había una magia. Una magia diferente. Tal vez estaba cerca del final después de todo…

Su corazón se aceleró de emoción, al tiempo que apuraba el paso, hasta casi correr.

Pronto la vio: la maravillosa copa del Torneo de los Tres Magos descansaba en una especie de pedestal, rodeada de una aureola de resplandor plateado que le daba un aspecto más que misterioso, e increíble.

Comenzó a correr…

No vio las enredaderas, ni nunca sabría de donde habían salido; simplemente, aparecieron. Se enroscaron en sus tobillos, reptaron por sus piernas, tomaron su cintura; hicieron que cayera al suelo, lo arrastraron sin piedad.

"Tan cerca…" Pensó con desesperación clavando las uñas en la tierra, sin éxito alguno "Tan cerca…"

Cerró los ojos, agitando y tirando de sus piernas y brazos, inútilmente…

"Tan cerca…"

Se mordió el labio hasta que sangró.

"Tan cerca…"

Abrió los ojos, y sus ojos verdes relucieron como llamaradas.

"No me lo van a quitar"

Haciendo un esfuerzo que a cualquiera le parecería suficiente como para romperse el brazo, o arrancárselo de cuajo, Albus tiró de las enredaderas que aprisionaban su brazo, apuntándolas con la varita.

Incendio! –Exclamó, y la planta mortífera estalló en llamas…

Al igual que su ropa.

– ¡Oh, oh, oh! ¡Maldición, maldición! ¡Quita, quita! –Empezó a rodar por el suelo, con las enredaderas chamuscadas y mustias alrededor de su cuerpo, intentando apagar el fuego– Aguamenti! –Dijo, y un poco de agua brotó de la punta de la varita hacia las flamas. Cumplió su cometido. El fuego se apagó.

Una vez que hubo pasado el momento, fue consciente del escozor que sentía en el brazo quemado por el Escreguto a causa de su revolcón en el suelo, de la herida que se había hecho en el labio y los múltiples raspones y magullones que tenía por todo el cuerpo.

O fue medianamente consciente, ya que su consciencia plena, completa y total estaba puesta en la copa, la copa hacia la cual corría…

Se detuvo a su lado, sólo lo suficiente para apreciar su fulgor nacarado.

Había ganado.

Nunca había imaginado el sabor de la victoria así, tan dulce al paladar, tan expresivo para su corazón y su mente.

Era el ganador.

Hogwarts era el colegio triunfador.

Slytherin se llevaba la Copa de los Tres Magos.

Todo, por él.

Después de todo, no era tan inútil.

Es más: era bastante útil.

Sonrió, y creyó que iba a llorar cuando acercó la mano al trofeo.

–No más Escregutos, Acromátulas, Caballos Alados, Banshees… Se acabó–Tomó la copa firmemente con ambas manos. Todo comenzó a girar a su alrededor, como un torbellino de colores, sonidos y formas…

"Espero que sea suficiente para que estés orgulloso de mí, papá."

Voló por el aire durante esos segundos, eternos y fugaces al mismo tiempo, asiendo la copa con fuerza y cerrando los ojos…

Cayó sobre la hierba.

Lo siguiente que sintió fue una algarabía que hubiera destrozado los oídos de cualquier mortal, unos brazos delgados y firmes con perfume a hierbabuena que lo levantaron del suelo y lo estrecharon en un fuerte abrazo. Albus, atontado, emocionado, estupefacto, miró con sorpresa a la persona que lo apretujaba.

–Pro…profesora Mc…McGonagall…–Balbuceó mirando a la anciana mujer abriendo los ojos como platos.

Al parecer repuesta de su arrebato de júbilo, la directora lo soltó.

–Ganaste, Potter, felicidades–Dijo intentando recuperar la dignidad, mientras se alisaba la túnica, aunque Albus notó el brillo de la emoción en sus ojos.

–Gracias–Sonrió el muchacho.

Y el mundo se le echó encima.

Y cuando digo el mundo, es porque en verdad era el mundo. Una marea de gente lo rodeó, besándolo, abrazándolo, golpeándolo, aplastándolo…

Localizó a su madre, que lo ahogó bajo la fuerza de uno de sus titánicos abrazos, seguida por Lily; James, que por primera vez en su vida parecía conmovido con algo, lo abrazó algo bruscamente gritando "¡Este es mi hermano, mi hermano el campeón!"; Rose, que también lo estrujó con una enorme sonrisa de alivio, seguida por Scorpius, que parecía tan feliz que ni siquiera se veía incómodo de tener a Demetria pegada su lado…

Pero Albus buscaba a alguien más, buscaba a alguien importante, buscaba a alguien para demostrarle que había cumplido con su promesa, que no le había fallado…

No había fallado.

La luz amarillenta y tenue que iluminaba la escena le daba al momento un toque de irrealidad, borroneaba los contornos de las personas, de las cosas…

Pero a ella la vio más clara que nunca.

Más clara que nunca cuando corrió hacia él, más clara que nunca cuando la tuvo entre sus brazos, más clara que nunca cuando Emma le susurró al oído "Estás aquí. Te amo", más clara que nunca cuando él le dijo también en un susurro "Lo prometí. Yo también te amo", más clara que nunca cuando la besó.

Ella estaba llorando, el estaba dolorido, cansado, herido, agotado…pero ambos estaban emocionados, conmovidos, felices…

Se había acabado.

Cuando terminaron el beso, sólo fue para mirarse mutuamente, sonreírse, respirar aliviados por primera vez en mucho tiempo, analizarse como nunca antes lo habían hecho.

–Estás aquí–Volvió a repetir ella sin dejar de llorar.

–Lo prometido es deuda–Recitó el muchacho acariciándole el rostro.

–Ya no me debes nada–Aseguró Emma abrazándose a su pecho y echándose a llorar, pero del más puro y sincero alivio.

–Se terminó, Emmie–Sonrió Albus con evidente deleite–. El final.

–No, Al: este recién es el comienzo.

Y lo besó otra vez.

Bueno, queridas/queridos míos. Estamos aquí reunidos para celebrar el final del Torneo de los Tres Magos en Hogwarts.

¡Canten el aleluya!

Tenía escrita mi nota al pie desde hace rato, pero al parecer no la siento correcta ni apropiada a las circunstancias, así que…aquí estamos.

Bueno (Lamento si soy muy reiterativa con esta palabra, es como mi tic escrito), hay varios temas, cosas que se trataron en este capítulo.

¿La actitud de Harry les ha sorprendido? ¡Pensar aquella cosa! De acuerdo, que era posible, pero… En fin, me lo dirán ustedes en un Review.

Emma estaba asustada. Es que, imagínate, la persona que amas se va voluntariamente a los brazos de la muerte (Tal vez no sea tan así, pero ella lo veía de ese modo). En fin, espero haber sido explicativa con esa escena. Darle algo de…sentimiento. Es lo que más me gusta generar: sentimiento, que se vean los sentimientos de mis personajes, sin caer en la obsesión.

El torneo. No sé si ha sido de su agrado esta prueba, espero que les haya contentado. El escreguto, la Acromántula son algo sosos a mi parecer, pero bueno, tenía el cerebro seco y traté de sacarle todo el jugo posible.

Mmm…esta nota al pie está tornándose algo larga...

El detalle de Albus y su "mentirita" con Krum. Creo que es la primera cosa Slytherin que hace en toda la historia. Quitando el "Plan de Cinco Frases", que, como bien dijo BlueMeanie76 hace un par de meses, lo hizo un "pedazo de Slytherin". (Sí, soy tan demente que me acuerdo de las palabras escritas en Reviews de hace meses. Más si son mis favoritos, como los tuyos, María).

Quisiera dedicar este capítulo a mi hermosa hermanita, mi ángel literario, la única a la que le leo mis escritos antes de la publicación, que sólo hago con su beneplácito. Una genia. Es más, me ha inspirado con sus ideas para hacer partes de esta historia.

Y gracias a AvBlack y a Moony Wood, quienes conocí por esta página y gracias a la misma he hecho dos encantadoras amigas. (Nunca me fallas con un Review, Avril y Moony, que eres nueva, espero verte en cada publicación)

Besos a todas, Naty.

PD: He hecho un blog de este Fic, es: bajoeldisfrazdemicorazon . blogspot . com (Quita los espacios. Gracias, Moony Wood, por mostrarme bien como publicar una dirección). Espero que les guste.

(El enlace a prueba de errores está en mi perfil ;-)

PD 2: Me encantaría que leyeran mi nuevo fic, se titula La Familia, y habla sobre como Harry vive el día del padre. Se los agradeceré.

PD 3: Para las amantes de Rose/Scor, me duele tanto como a ustedes dedicarles tan poco. PROMETO que los siguientes capítulos tendrán mucho de ellos, mis niñas, se los juro. Juramento Inquebrantable de honor. Serán en su mayoría orientados a lo que son las vidas de Scor y Rose (Habrá algún fragmento de Albus, pero poco y nada).

Espero que hayan disfrutado este capítulo tanto como yo disfrute escribiéndolo.

Gracias por sus Reviews, me alegra mucho saber que a alguien le gusta cómo me manejo en lo que más me apasiona en la vida: escribir.

Besos, y ya no les estorba más…

NatWizard (ou NatSorcière. J'adore le français, demoiselles, mais je ne parle pas très bien la langue. Excuse-moi)

XXOO

(Lo sé, mezclo idiomas. Francés, inglés e italiano en el colegio. Sepan disculpar las molestias)

Arrivederchi, fan fiction's people.

(Take Compassion)