Eres mi vida, pequeña
-Siéntate Severus.
Severus tomo asiento frente al director, aun sin atreverse a mirarlo.
-¿Hay algo que quieras decirme?- inquirió el director, contemplándolo con aquellos penetrantes ojos azules.
El pocionista negó lentamente, con la mirada aun clavada en el piso.
-Severus- lo llamo el director obligándolo a mirarlo -Pensé que serias mas prudente…
-Albus…- susurro el hombre en tono suplicante.
-No tienes excusa, Severus- intervino el director duramente -No debiste hacerlo, sinceramente, esperaba algo más de recato, por parte de la Señorita Granger…
-No la juzgues a ella…- musito el pocionista suplicante -Todo es culpa mía.
Albus suspiro, se encontraba notablemente molesto.
Por un par de minutos, un silencio incomodo se apodero de la habitación.
-Supongo, que sabrás lo que esto significa, ¿No, Severus?- inquirió el director, interrumpiendo el pulcro silencio.
Severus levanto la vista del sus rodillas, temiéndose lo peor.
-¿A qué te refieres?- inquirió el pocionista.
-No puedo permitir que esto continúe- repuso Dumbledore, completamente decidido.
-¿Qué?
-Lo que oíste, tendrás que terminar tu relación con Hermione.
**********Narradora**********
-¿Estas bien?
Fue lo primero que inquirió el pelirrojo, acercándose a ella en cuanto la vio salir del despacho de Dumbledore.
Hermione lo contemplo, con una llamarada de furia encendiéndose en sus melados ojos.
-¡Eres un grandísimo imbécil!- exclamo al tiempo que su mano se estrellaba sobre la mejilla del pelirrojo.
-¿Pero qué ocurre contigo?- inquirió el chico, sujetándose la mejilla en cual acababa de recibir el golpe.
Las lágrimas volvieron a brotar nuevamente por los ojos de la chica.
-¡Te odio!- exclamo yéndose de ahí.
-¡Hermione!- la llamo Ron.
Pero ella ya no lo escuchaba, había echado a correr, huyendo de ahí.
La castaña susurro entrecortadamente la contraseña al retrato de la Dama Gorda, y entro a la Sala Común.
-¡Hermione!- la llamo el pelirrojo alcanzándola en medio de la Sala Común, ahora solo ocupada por Harry y Ginny.
-¿Qué ocurre?- inquirió el moreno acercándose a ambos.
Ginny los contemplaba, sentada en una butaca cercana al fuego.
Hermione intentaba parar las lágrimas que aun resbalan por sus mejillas, pero le resultó imposible.
-¡Hermione! ¿Estás bien?- inquirió Harry, pero cabe decir que la pregunta estaba de más.
-¡Vamos Herms!- susurro la pelirroja poniéndose de pie, y dándole un cálido abrazo.
-¿Qué paso?- volvió a preguntar el pelinegro, ayudando a su amiga a sentarse en la butaca más cercana.
-¡El idiota de Ronald! ¡Eso es lo que paso!- exclamo con la voz temblándole por la rabia.
-¿Qué hizo esta vez el idiota de mi hermano?- inquirió Ginny como si Ron no la escuchase.
Hermione sollozo más fuerte esta vez, aferrándose a la túnica de Harry, sentado a su lado.
-Es por él ¿Cierto?- susurro el pelinegro quedamente, al odio de la castaña para que solo ella pudiese escucharlo.
La chica asintió lentamente, contemplándolo con aquello ojos melados, ahora enrojecidos por el llanto.
Harry estaba a punto de preguntar a qué venia Ron en todo eso, sin embargo el pelirrojo se adelantó.
-¡No entiendo por qué te comportas así!- bramo el pelirrojo molesto -¡Te salve de ese maldito bastardo!- grito al tiempo que se acercaba a ella.
-¡Tu no me salvaste de nadie!- repuso la chica, poniéndose de pie y encarándolo.
Ron la observo.
-¡Porque tienes que seguir fingiendo! ¡Ambos sabemos lo que ahí sucedió!
-¡Tú no sabes nada! ¡Solo eres un maldito entrometido!
Ron había abierto la boca, dispuesto a replicar.
-Herms, ven aquí- susurro la pelirroja acercándose a su amiga, y obligándola a sentarse.
La chica se sentó, resignada, pero aun con los ojos centelleantes. Ron la contemplaba, incrédulo. Como si le pareciera simplemente imposible que ella estuviera negando algo como lo que acababa de suceder. Y es que, eso era, era simplemente imposible.
-¿Herms, puedes explicarme a qué diablos se refieren ustedes dos?- inquirió la pelirroja, completamente confundida.
-¡Diles Hermione! ¡Anda! ¡Diles que fue lo que paso en ese pasillo!
-¡Ronald cállate!
-¡Díselos! ¡Quiero que se los digas!
-¡Tú no eres quien para decirme que hacer!
-¡No me cambies el tema!
-¡Solo cállate Ron!- exclamo la castaña comenzando a llorar de nuevo.
-¡Diles que fue lo que ese imbécil te hizo!
-¡Él no me hizo nada!
-¡ El abuso de ti!
-¡YO LO AMO!
Harry los contemplaba gradualmente sorprendido, en cambio, Ginny había tapado su boca con ambas manos, ahogando un grito. Y Ron, la observaba incrédulo.
-¿Qué has dicho?- susurro el pelirrojo negándose a asimilar lo que la castaña acaba de gritarle.
-¡Lo que oíste!
-No tiene por qué encubrirlo…- susurro Ron, con fingida paciencia, como si tratara con una niña pequeña.
La castaña lo contemplo fastidia, siendo esta vez ella quien negaba con la cabeza.
-¡Hermione! ¡Él te forzó!- volvió a exclamar el chico.
-¡Fue algo que yo quise!- repuso la chica perdiendo los estribos.
-¡Eres una…
-¡No te atrevas a llamarla de ningún modo!- intervino Ginny.
Ron contemplaba a ambas horrorizado.
-¡Estás loca!- grito antes de desaparecer por las escaleras que conducían a los cuartos de los varones.
Por un segundo, los tres presentes se contemplaron, sin saber que decir.
-Hermione…- susurro el ojiverde acercándose a ella.
-Solo déjenme sola- repuso la chica abandonando la Sala Común.
Abrió lentamente la puerta, intentando hacer el más mínimo ruido.
-Severus, ¿Estás aquí?- inquirió. Pero no recibió respuesta.
La chica recorrió el despacho con la mirada. Por un momento, tuvo miedo de que aún no volviera del despacho de Dumbledore.
Camino hasta la puerta, situada en el fondo de la habitación, e ingreso por ella.
La cama del pocionista se encontraba perfectamente tendida, con aquellas pulcras sabanas negras que tanto le rememoraban.
Se sentó a la orilla de la cama, contemplando la habitación. Las lágrimas unas vez más, comenzaron a brotar de sus melados ojos.
Fue cayendo lentamente, hasta encontrarse tenida sobre aquellas cálidas, mantas, abrazada a la almohada sobre la que, durante tantas noches, ella había dormido.
**********Narradora**********
-Lo que oíste, tendrás que terminar tu relación con Hermione.
Los ojos del pocionista se abrieron desmesuradamente.
-No puedes hacerme esto- susurro casi de manera suplicante.
-Ya lo he decidido, y es lo que harás- repuso el director, terminante.
-No- negó el pocionista.
-Lo siento hijo, pero es lo correcto. Desde un comienzo, no debí permitirlo…
-Albus…
-No Severus, confié en ti, de verdad, esperaba algo más de responsabilidad por parte de ambos, pero después de esto, no pudo permitir que lo tuyo con la Señorita Granger continúe.
-Albus, fue solo un error… yo…
-Fue más que un simple error Severus, un error que te está costando caro, y lo lamento, pero me veo obligado a pedirte que termines con todas relación con Hermione, más allá de lo laboral.
-Albus no puedes hacerme esto, yo la amo.
-Lo siento hijo, pero tú me has obligado a tomar esta decisión, además, tal vez Minerva tenga razón.
-¿A qué te refieres?- inquirió el pocionista, recuperando aquel tono de voz frio.
-Severus… no has pensado, ¿Qué pasara cuando finaliza el curso? En algunos días Hermione se marchara, y partirá del castillo para nunca volver.
-Yo…
-Severus, la señorita Granger, partirá del colegio, continuara con su vida.
-No… no, yo… algo haremos…
-Tal vez es mejor así- susurro el director guiñándole uno de sus azulados ojos. -Puedes irte.
Snape se puso de pie. Albus lo llamo antes de que este cerrara la puerta detrás de él.
-Severus, debes terminar tu relación con la Señorita Granger, si no la haces, lo sabré.
Severus lo contemplo casi con odio y cerro de un portazo detrás de él.
Entro a su despacho tan molesto, que apenas noto que la puerta no estaba cerrada con seguro, como él la había dejado.
Comenzó a lanzar todo lo que se encontraba a su paso, desahogando así, la insoportable frustración que sentía.
Abrió la puerta de su habitación, aun furioso.
-¿Hermione?- susurro visiblemente sorprendido.
-Severus- repuso la chica incorporándose y corriendo hasta él, sin embargo este se apartó.
-¿Ocurre algo?- inquirió la castaña extrañada.
-Sal de mi despacho, por favor.
-¿Qué ocurrió con Dumbledore?- inquirió la chica ignorando lo dicho por el pocionista.
-¿No me escuchaste? Vete.
-Severus… ¿Qué ocurre?
-Esto debe terminar- repuso el pocionista
-¿Qué?- exclamó la chica sin creer lo que escuchaba.
-Hermione, no hagas esto más difícil, solo vete.
-Severus no…
-Y por favor - continuo este -No habrá más Severus ni Hermione.
-No me hagas esto. Por favor- suplico la chica acercándose a él, pero de nuevo, el logro apartarse-
-Por favor, no me hagas esto más difícil- pido el hombre.
-No… Severus… yo te amo
Aquellas palabras hicieron que Severus se sintiera morir…
-Por favor Hermione… tu vida continua, conocerás a más personas, volverás a enamorarte, pronto lo olvidaras.
-¡No!- exclamo la chica -¿Cómo puedes decir eso? No es tan sencillo.
-¡Hermione! Todo pasara, pronto quedara en el olvido, tú conocerás a alguien mejor, formaras una familia y continuaras con tu vida.
Las lágrimas, de nuevo surcaban las mejillas de la castaña.
-Pero yo no quiero olvidarte, no quiero conocer a nadie más, quiero formas una familia contigo, continuar mi vida a tu lado.
-¡Hermione por favor! Esto solo es pasajero, una aventura, pronto pasara.
-¡Eso es lo que soy para ti! ¡Solo una aventura!- bramo la castaña sin creer lo que acaba de escuchar.
Severus la contemplo por un segundo.
-¡No!- exclamo.
Odiaba que ella causara eso en él, que complicase tanto las cosas, porque no solo se iba y lo dejaba continuar pudriéndose por dentro, odiándose por perderla. Por qué tenía que complicar de tal manera las cosas, obligarlo a contradecirse hasta el punto de darse cuenta que le era imposible engañarse a sí mismo.
-¡Entonces!- grito la castaña -¿Qué fui para ti? ¿Solo un juego?-
-¡Tu!- exclamo Snape acercándose a ella peligrosamente -Tu eres una insufrible sabelotodo, MI insufrible, eres mi pequeña bruja, mi alumna favorita, mi perfecta prefecta, mi reina, mi princesa, mi todo. Mi razón de ser, de existir, de continuar respirando cada día. Eres mi vida pequeña. El amor de mi vida.
Estaba a tan solo unos centímetros, sus alientos se entremezclaban, embriagándolos.
La catana cerró los ojos esperando sentir los labios de él posarse sobre los suyo, pero aquello no sucedido. Sintió aquel cálido y envolvente beso sobre su frente, y, para cuando abrió los ojos, él ya había desaparecido por la puerta del despacho, con aquella capa negra ondeando detrás de sus pasos.
De nuevo estoy por aqui! Les traigo la penultima entrega de este longfic, y espero poder actualizar pronto!
En cuanto a los que leen Una Razon, les pido me disculpen pero yo creo que taradare un poco mas en actualizar, mis maestros muggles de mi prepa muggle son una hijos de la chi*** y me dejan desiada aburrida tarea muggle! apenas tengo tiempo de respirar!
Puff! Prometo actualizar en cuanto pueda!
Un beso apalstante
Feer
P.D: Dejen sus reviews
