- ¿Estás bien, hija? – se sentó a mi lado en el suelo. No debería hacerlo, no tiene edad para coger frío y mucho menos por mí.
Asentí sin dejar de mirar la improvisada tumba de mi familia. La había señalado colocando un palo en vertical con un pañuelo viejo atado. El pañuelo ondeaba al viento, me parecía algo triste, no sé por qué pero eso me puso peor. Estaba sentada sobre la nieve, ni me había molestado en quitarla y ahora me mojaba el culo mientras se derretía. Sentí un cosquilleo en la mejilla, me miré las manos entrelazadas, una lágrima cayó mojándome la palma.
- No creo estar bien. A todos les pongo buena cara pero estoy muriendo por dentro – le dije – No me gustan nada como están las cosas ahora mismo. Siento que en cualquier momento voy a perder a las personas que más quiero.
- Eso no va a pasar. Vamos, estamos en este motel, seguros de todo lo que pasa afuera. Ningún caminante podrá atravesar la verja. No vas a perder a nadie más – me consoló.
- Créeme que los muertos son los que menos me preocupan en estos momentos – reí amargamente – Ya has visto como se pelearon en el comedor. Shane es un tipo muy peligroso Dale, tú mismo me lo dijiste y Daryl me lo contó la otra noche también. Nadie en este grupo parece quererle cerca pero le seguimos aguantando porque se atreve a hacer el trabajo sucio de todos. Shane sobrevive como sea y por encima de quien sea y ahora mismo solo Rick y Daryl se atreven a hacerle frente. No me gustaría ver como termina una pelea así porque siempre perderemos.
- Si Shane tratase de hacer algo en contra de cualquiera del grupo, nos levantaríamos todos contra él. Yo mismo avisé a Rick de lo peligroso que podía llegar a ser y lo tiene en cuenta.
- Pero Rick no podrá hacer nada si hay un enfrentamiento entre Daryl y Shane. Los dos irán a matar al contrario, uno por tratar de sobrevivir y el otro… - me callé apretando los labios. Había estado apunto de contar un enorme secreto que llevaba varias noches guardando.
- Supongo que el que quiere sobrevivir es Shane. ¿Por qué pelearía Daryl contra él a muerte? ¿Por qué se enfureció tanto cuando le tocó? – Dale me miró inquisitivo. No se le escapaba una al viejo.
- Ya sabes como es, si se enfurece ataca – traté de escabullirme por las ramas, dando una razón que cualquiera que conociera a Daryl daría por verdadera, al menos cualquiera que no le conociera en profundidad.
- Vamos hija, soy viejo pero no imbécil. Algo debe de estar preocupándote para que estés así – me miró como solo sabía hacerlo él, con ojos bondadosos, como miraría una persona a su mejor amigo cuando necesita apoyo en el fin del mundo.
- ¿Qué pasa si conoces un secreto sobre alguien, un secreto tan oscuro, que no sabes como ayudarle a curar todo el mal que le hizo? – respiré hondo para calmarme. Dale me pasó la mano por la mejilla limpiando mis lágrimas.
- Pienso que si se lo contarás a alguien de confianza no tendrías que buscar la solución al problema tú sola.
- Creo que sé la causa de que Daryl sea tan violento, impulsivo y desconfiado. Y me da miedo que siga siendo así porque… algún día se peleará y terminará muerto – le miré sin ocultar mi angustia.
- Vamos, puedes contármelo. Te prometo, te juro que no diré nada y que haré lo posible para ayudarte en todo.
- Su padre abusó de él en la infancia.
No miré a Dale mientras lo dije. Después de la confesión reinó el silencio. No sabía como sentirme al habérselo contado, ¿bien, mal? Me aliviaba haberlo dicho y me atormentaba que nada iba a cambiar. Cuando me enteré todo cobró sentido, era como si la última pieza del rompecabezas hubiera encajado de repente. Toda su intimidación y recelo tenía un sentido lógico, un desencadenante. Lo que pedía ahora era que tuvieran un fin. No podía cambiar el pasado, muy a mi pesar, pero esperaba poder cambiar el futuro que le esperaba si seguía tratando de matar a todo el mundo y rechazando la ayuda.
Me giré hacia Dale que seguía callado. Estaba con la boca abierta, mirando el suelo que tenía delante de él. Temblé por el frío. Si Daryl se llegaba a enterar de que le había contado eso a Dale me mataría, y no se lo reprocharía.
- ¿Te lo contó él mismo? – consiguió articular.
- No, claro que no. Daryl jamás contaría algo tan personal, ni a mí ni a nadie.
- ¿Entonces como te enteraste?
- Una noche empezamos a hablar de la infancia – respiré hondo antes de volver a hablar – Me dijo que, después de que su madre muriera empezó a pegarle a Merle. Pero jamás me dijo que le maltratasen.
- Un momento, estás partiendo de la suposición de que su padre agrediera a sus dos hijos, quizás solo lo sufrió Merle.
- Su hermano se pasó la mayor parte de su adolescencia de reformatorio en reformatorio, ¿quién se quedaba entonces en casa solo? No hay que ser muy listo para darse cuenta de lo que pasaba – discrepé – Además solo tienes que observarlo, presenta la psicología de un hombre del que han abusado durante su niñez; provocador, violento, receloso, reservado, individual, reacciona ante las muestras de cariño de mala manera. Recuerda como se comportó cuando Shane le tocó con el dedo, al encontrarse en una situación de peligro lucha hasta la muerte.
- Pero contigo no reacciona así – objetó.
- Porque, no sé en qué momento, decidió confiar en mí.
- Igualmente, ¿cómo sabes todo esto? No creo que en el libro de medicina de tu padre pusiera todos los trastornos mentales que existen.
- No, claro que no, pero en mi pueblo mi padre era de los únicos con carrera en medicina. A él le llegaban todos los casos, incluso los de abusos a menores. Recuerdo a un chico que iba con frecuencia a su consulta porque su tío le forzaba.
- ¿Qué le pasó? – le dediqué una mirada de tristeza.
- Se suicidó – volvió a implantarse el silencio entre nosotros – Lo que más miedo me da es que me confesó que Shane le había recordado a su padre en varias ocasiones, me dijo que era igual de violento que él. Por eso me aterra que se pelean, porque Daryl no lucha contra un hombre sino contra su pasado.
Dale suspiró a mi lado.
- No te preocupes hija. Ahora cuidaremos los dos de él, no dejaremos que se meta en líos. Siempre podrás contar conmigo.
Me sonrió conciliadoramente e incluso llegué a pensar que las cosas se pondrían bien para todos. Nos levantamos del frío suelo y nos alejamos en silencio de la pequeña tumba. Volví la cara hacia atrás. El pañuelo hondeaba al viento, parecía que nos despedía. Se me hizo un nudo en el estómago y volví a sentirme intranquila.
El agua caliente caía por mi cuerpo. Mis manos se apoyaban contra la pared evitando que cayera. Me eché el pelo hacia delante y lo peiné con mis dedos. Escuché abrirse la puerta y como alguien entraba en el baño. Al poco tiempo apartaron la cortina y alguien entró en la ducha conmigo. Me abrazó y me mordió el hombro. Me giré para quedar frente a él. Tenía un corte en el puente de la nariz por los golpes que había recibido y la piel se le volvía morada entre los ojos. Me besó voraz, probando mi piel salpicada de gotas de agua. Me levantó del suelo y me agarré a su cintura con las piernas. Levanté la barbilla, escapando de su lengua, para poder respirar. Sus ojos azules miraban los míos fijamente. Quería decirme algo pero no sabía cómo empezar.
- Yo… perdí los nervios en el comedor – evitó mirarme al decir su torpe disculpa.
- No pasa nada. Pero prométeme que tratarás de ser más paciente y no pegar a nadie más.
Lo pensó unos segundos y asintió lentamente. Sonreí y le besé. Quiso atrapar mi labio pero no le dejé, quería un beso lento y dulce. Le rocé, le acaricié y comprendió lo que le pedía. Salimos de la ducha, él todavía me cargaba, y fuimos hasta la cama. Nos tumbamos sobre ella sin importarnos que pudieran mojarse las sábanas. Rodamos hasta que me coloqué encima de él. Me miró esperando, con sus manos sobre mis caderas. Sonreí y me incliné sobre él buscando el sabor de todo su cuerpo. Y sabía muy bien.
Me desperté desorientada, mirando el techo verde de la habitación. La luz del cartel luminoso que señalizaba el motel entraba a través de las rendijas de las cortinas. T-Dog aún no había conseguido encontrar el fusible que lo desconectaba y ese cartel absorbía mucha electricidad. Miré hacia la derecha. Daryl dormía boca abajo, como siempre, con medio cuerpo tapado por las sábanas y un pie por encima. Miraba hacia el lado contrario al que me encontraba. Retiré las sábanas y me vestí con ropa interior limpia y el pijama de invierno, ya no tenía sueño pero el pijama era muy calentito. Me volví para mirarle, estaba muy guapo cuando dormía, se le veía tan tranquilo y feliz. Me acuclillé y le acaricié el pelo.
- Te quiero, Daryl Dixon – no sé porque pero tenía que decírselo.
Respiró profundamente pero no se despertó. Cogí algo de abrigo y salí por la puerta tratando de cerrarla sin hacer ruido. Afuera hacía frío, no nevaba pero el aire era helado. Me coloqué bien la ropa y crucé los brazos sobre el pecho para darme calor. Me apoyé en la barandilla mirando hacia fuera. Sobre la caravana no había nadie. Me preocupé al ver que no estaba ninguno del grupo haciendo la guardia. Miré en todas direcciones pero no pude descubrir a ninguna persona.
- Buenas noches – su voz me sobresaltó. Me giré hacia él con un brinco.
- Me has asustado Shane. No sabía que estabas haciendo la guardia – le fulminé con la mirada.
- Así que, tú y Daryl ¿eh? – sonrió de una manera que no me gustó nada. Me fijé que miraba el abrigo que llevaba, había cogido la cazadora de Daryl porque mi chaqueta estaba guardada en el armario.
- ¿Por qué no estás sobre la caravana vigilando el patio? – cambié de tema rápidamente. Apoyó la espalda en la barandilla sonriendo con autosuficiencia. Se colgó el rife que llevaba al hombro.
- Estaba dando una vuelta. Venía a ver si tenías alguna aspirina, me duele un poco la cabeza – se tocó allá donde había recibido un cabezazo, le estaba saliendo un buen chichón.
- Creo que tengo alguna en la mochila, en la habitación, pero Daryl está durmiendo y no quiero despertarle por algo tan banal.
- Siempre tienes respuestas a todo ¿eh? Quería hablar una cosa contigo.
- ¿Sí? Suéltalo ya que quiero volver a la cama, aquí hace frío – dije algo irritada por el tono de voz que había usado.
- ¿Qué opinas del grupo? – la pregunta me pilló por sorpresa, no entendía a qué venía eso.
- Eh… Y yo que sé, no es una pregunta para hacer de madrugada en pleno invierno.
- Vamos, sé que no eres tonta. También te has dado cuenta de que ya no somos un grupo fuerte.
- No, Shane, tú eres el único que trata de destruir el grupo – le corté.
- Yo no lo destruyo, intento que sobreviva – dijo con dureza – Siempre tengo que ser yo el que toma las decisiones más duras. Rick no se atreve a hacer nada que esté fuera de las leyes, pero las leyes que él defiende no sirven en este mundo.
Habló con rabia, mirando al horizonte y apretando los puños. La vena de su cuello volvía a crecer igual que en el comedor. Me aparté disimuladamente de él un poco, dejando un poste de la barandilla entre nosotros.
- Rick es un gran líder. Consigue mantener el grupo unido y toma buenas decisiones – le defendí.
- No, eso no es cierto. Muchas de sus decisiones nos hacen más débiles, él fue el que arriesgó la vida de tres hombres para ir a buscar al gilipollas de Merle, no tuvo huevos para plantarle cara a Hershel y poder quedarnos en la granja, no llevó por carretera y nos atacó un rebaño, por su culpa Carol perdió a su hija. ¿Eso es ser buen líder?
- Eso ocurrió mucho antes de que me uniera a vuestro grupo. Cometió errores pero todas las personas los cometen.
- Pero por su culpa estuvimos en peligro demasiadas veces. Yo siempre trato de hacer lo mejor para el grupo, aunque sean situaciones difíciles y conlleven medidas desesperadas que a nadie le gustan.
Tenía razón, no en todo, pero tenía razón cuando decía que había situaciones difíciles que conllevaban medidas desesperadas. Yo también había estado en contra de algunas de las decisiones de Rick, pero era el líder del grupo y debíamos apoyarle. Soportaba un enorme peso sobre sus hombros al tratar de mantenernos con vida a todos.
- Sé que no soy popular pero desde siempre mi máxima preocupación ha sido mantener a todos a salvo – continuó Shane.
- Deberías trabajar en equipo con Rick. Toma decisiones muy importantes aunque no sean las acertadas pero un hombre solo no puede llevarlo todo – propuse.
- No, no, no. Yo me he cansado de ser el perrito faldero del sheriff – se negó – He estado pensando que este grupo ya no es seguro.
- Debes de estas de coña – reí – Tenemos un techo bajo el que guarecernos, comida, agua caliente y potable. En estos momentos no podemos pedir más.
- ¡Abre los ojos! Vivimos en un motel a la vista de todo el mundo, con unas maderas simulando ser un muro y la valla electrificada en la que trabajaba T-Dog está desconectada porque el "líder" – hizo comillas con los dedos – piensa que consume mucha energía mientras un enorme cartel luminoso pende sobre nuestras cabeza. Para un buen invento que tenemos y lo jode. Pronto nos quedaremos sin electricidad, sinónimos de volver a comer cualquier cosa que consigamos sin garantías y encima adopta a tres desconocidos. Estamos viviendo en una trampa mortal, con unos bandidos tratando de matarnos. Esto no es sobrevivir, a esto se le llama ser carne para otros.
- No eres justo con él, hace todo lo que puede – respondí preocupada porque tenía razón. Debíamos movernos ya y encontrar otro sitio.
- Pues parece que eso no es suficiente. Yo, como líder, sí podría protegerlos a todos, a Carl, a Lori, a Maggie, Glenn, a Daryl – hizo hincapié en este último consciente de que era mi punto débil – A ti te hacen caso los demás, tienen tu opinión en cuenta, solo necesito que me ayudes un poco. Apóyame en las votaciones.
- No puedes hacerme eso, no puedes pedirme que apueste por alguno de los dos – rechacé. Crucé los brazos sobre el pecho, temblando por el frío.
- Tú verás lo que haces, pero he estado pensando en largarme de aquí y entonces ya no os quedará nadie que os haga el trabajo sucio, a ver cuanto duráis – se pasó la mano por el pelo rapado y se puso recto – Si te quedas lo más seguro sería que murieras, por un caminante o un bandido, pero si vinieras conmigo sería más fácil que sobrevivieras. Andrea también vendría, ya lo hablé con ella.
- No podría, jamás dejaría el grupo.
- Como quieras.
Nos quedamos mirándonos unos segundos. Su rostro estaba inexpresivo, me costaba ver sus sentimientos pero supuse que se sentiría frustrado y cabreado. Me separé de la barandilla dispuesta a entrar en la habitación de nuevo y acurrucarme en la cama junto a Daryl. Al otro lado del edificio se escuchó un grito femenino y a gente corriendo de un lado a otro. Shane se volvió rápidamente y los dos miramos en la dirección. Rick apareció por la esquina corriendo, vestía solo unos pantalones y parecía alarmado.
- ¡Sue, rápido, Lori ha roto aguas! – gritó antes de volver por donde había venido.
- Mierda – dije tirándome contra la puerta de mi habitación.
Shane salió corriendo detrás de Rick, a saber lo que pensaba hacer. Dejé la puerta abierta para salir cuanto antes y encendí la luz sin preocuparme del hombre que seguía durmiendo. Gruñó, revolviéndose en la cama, y levantó la cabeza mirándome con los ojos entrecerrados por culpa de la luz.
- ¿Qué haces? ¿Qué pasa? – me observaba buscar mi mochila del armario. Dejé su cazadora sobre la mesa y cogí mi chaqueta.
- Lori se ha puesto de parto – fue lo único que le dije.
Se levantó y empezó a buscar su ropa por la habitación. Salí sin esperarle y corrí hasta la habitación de Lori.
