Capitulo 25:

-Piénsenlo un poco- dijo Pinako-. Podríamos utilizar uno de los barracones de los muelles o incluso la parte de abajo del faro y convertirlo en una escuela. Ahora que tenemos a alguien interesado en enseñar, podremos tener nuestra propia escuela.. Ya no tendríamos que estar a merced del carísimo internado de la ciudad, y no tendríamos que preocuparnos de los cambios del tiempo cada vez que los niños deban hacer el viaje.

-Pero los niños reciben una buena educación en el internado- opino la señora Harter-. No sabemos nada de esta mujer, experto que Roy la saco del mar y que esta viviendo con el.

Pinako puso los brazos en jarra.

-Eleanor, puedo decirte que es una muchacha inteligente. Y te aseguro que va a darles a los niños una educación mucho mejor que esa del internado.

-Y quien nos dice que se quedara- intervino la señora Freely-. Imagina el desastre que seria sacar a los niños del colegio y que ella se fuera.

Riza se seco el sudor de las manos en el vestido.

-Pinako, si me permites hablar con las señoras- todas se volvieron a mirarla. Nadie sonreía. Riza sintió un escalofrió. Nunca se había sentido mas fuera de lugar. La tensión del ambiente se podía cortar con un cuchillo-. Tengo conocimientos de francés y latín y, por supuesto, leo y escribo perfectamente.

-¿Alguna vez ha enseñado?- pregunto Sylvia.

Riza miro a la mujer frente a frente.

-No, pero me he educado en los mejores colegios. He leído mas libros de los que puedo recordar y se que me encantara trabajar con los niños.

La señora Harter dio un paso a delante.

-Yo tengo una de trece y uno de cinco. ¿Vas a enseñarles a los dos en la misma clase? Mi hija es lista como un zorro y lee desde que tenia cinco años; mi hijo sin embrago no piensa en mas que pescar. Los profesores pasan mas de la mitad del tiempo intentando mantenerlo en su asiento.

-Sin duda será un desafió para todos-. Aseguro Riza.

La señora Winters negó con la cabeza.

-A mi no me gusta que mi hija pase tanto tiempo en el océano, me hiela la sangre verla marcharse cada domingo. Pero esta teniendo muchos problemas para aprender a leer, dice que las palabras están al revés. Si la llevo a su escuela, ¿podría arreglarlo?

Lo cierto era que no lo sabia.

-Tendré que evaluar la situación.

La señora Winters frunció el ceño; obviamente esa no era la respuesta que esperaba.

-No mezclemos las cosas- sugirió la señora Freely-. No conocemos a esta mujer. Apareció en nuestras costas y lo único que sabemos de ella es que Roy se lleva bien con ella. No dudo de que sea inteligente y de que quizás algún día sea una buena profesora, pero no voy a sacar a mis hijos del internado a menos que sepa que se quedara.

-Le doy mi palabra de que me quedare un año- prometió Riza.

-No es suficiente- respondió la señora Harter-. No la conocemos lo suficiente como para saber que cumplirá su promesa.

-Y, francamente- añadió la señora Freely-, no me gusta mucho la idea de que este viviendo tan libremente con Roy. Es una relación que me resultaría difícil explicar a un niño.

-Puedo asegurarle de que mi relación con el señor Mustang es completamente respetable- se defendió Riza.

-Puede que lo sea, pero no sabemos si lo seguirá siendo.

-Mi muchacho es una hombre correcto- intervino Pinako tajantemente.

- Si- intervino esa vez la señora Winter-. Pero es un hombre y tener bajo su mismo techo a una mujer como Riza Hawkeye tentaría hasta a un santo.

- Yo digo que votemos- propuso la señora Freely-. Yo personalmente no creo que sea una buena idea que esta mujer enseñe a nuestros hijos.

Riza tenia la sensación de que el mundo se le echaba encima.

- ¿Hay algo que pueda decir para hacerla cambiar de opinión?

-No. Votemos. Tengo que volver a casa a hacer la comida. Las que esten a favor de que Riza Hawkeye sea la profesora de nuestros hijos que diga yo.

El silencio fue absoluto.

Pinako levanto la mano.

-Yo.

Riza tenia el estomago encogido, pero trato de sonrió a Pinako.

-Las que se pongan que digan no.

Un sonoro "no" hizo vibrar las paredes de la tienda y a Riza se le cayó el alma a los pies.

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Riza no vio a Roy en toda la tarde. Había pensado que pasaría por la casa, pero el trabajo lo tuvo ocupado. Le habría encantado poder contarle lo ocurrido en el pueblo.

Así que, Riza se paso la tarde sentada junto al fuego rehaciendo la puntilla de encaje para el vestido de Gracia. Cuando se puso el sol. Encendió los faroles y continuo trabajando.

Mientras convertía el hilo blanco en encaje le vino a la cabeza el recuerdo de su vestido de novia, un traje de seda que había costado una fortuna porque Frank había exigido que estuviera listo en solo tres semanas. Toda la boda se había preparado de prisa y corriendo. En aquel momento Riza se había resignado a la voluntad de Frank, ahora se daba cuanta de lo tonta que había sido al dejarse manipular de esa manera.

Un reloj que había sobre la chimenea dio la hora. Su boda había sido hacia poco tiempo y sin embargo ahora no era más que un vago recuerdo. El vestido blanco, los jarrones de flores y la elegante comida se habían convertido en sombras... casi como si nunca hubiera sucedido. Casi.

El reloj dio las doce. Había terminado el cuello de encaje y, con el hilo que le había sobrado, hizo dos puños a juego que finalmente dejo sobre la silla hasta el día siguiente. Normalmente, Roy iba a casa a cenar antes del turno, pero esa noche no fue así.

Riza garro el farol y fue a la cocina donde se arrodillo frente al horno para remover las ascuas. Al ver que saltaban pequeñas chispas rojas, cero la puerta satisfecha y puso la tetera el fuego.

Después fue a la despensa a buscar el jamón que había visto antes. También saco un enrome cuchillo de cocina que agarro con extrañeza. Consiguió partir un trozo pequeño e irregular. Iba a clavar de nuevo el cuchillo en el jamón cuando oyó unos pasos en el porche. El cuchillo atravesó la carne rápidamente y le corto la mano.

Soltó el cuchillo de golpe y se miro la herida. La sangre salía a borbotones del dedo índice.

-¿Qué haces todavía levantada?- pregunto Roy nada mas entrar por la puerta.

Riza se sentía tonta por haberse cortado.

- Tenía hambre e iba a prepararme algo.

-¿Te has cortado?- fue corriendo hacia ella.

- Si- dijo agarrando la jarra de agua-. Ha sido un accidente muy tonto- cerro el puño, como si tratara de esconder el corte.

Roy acerco otro farol y le tomo la mano herida entre las suyas para inspeccionar el corte. El frió del exterior seguía pegado a el, olía a aire fresco y tenia las manos ásperas.

- Hace solo unos días que afile ese cuchillo. Tienes suerte de seguir teniendo el dedo.

-¿Quién iba a pensar que algo tan sencillo me causaría tantos problemas? Viendo a Agnes hacerlo, parecía tan fácil.

-¿Agnes?- pregunto, levantando la jarra y echando agua sobre la herida.

- Nuestra cocinera.

-¿Nuestra?- volvió a preguntar sin levantar la mirada de la herida.

Riza trato de retirar la mano.

-La cocinera de mi padre- otra verdad a medias, otra mentira por omisión.

Roy continúo garrándola con fuerza.

- Nunca habías hablado de tu padre.

-Murió hace mas de un año.

-Lo siento- le envolvió en dedo en un paño seco. El roce de sus manos le provoco un escalofrió-. No hacen falta puntos. Solo tienes que dejarla así toda la noche y la herida se cerrara sola.

- Gracias- susurro Riza, mirándolo a los ojos.

El la miro fijamente.

-¿Entonces has estado sola todo este año?

- No- se alejo de el, pensado que si el no le veía la cara, no podría ver la verdad que ella tanto deseaba olvidar. Se puso en tensión a la espera de mas preguntas, pero nunca llegaron.

-¿Tienes hambre?

- Si- dijo, agradecida.

Roy cortó el jamón con la misma facilidad que Agnes.

- Entonces siéntate y preparare algo.

- Siempre me das de comer- dijo ella sentándose ala mesa.

-Todavía estas muy delgada- respondió al tiempo que ponía frente a ella un plato con jamón.

-¿Qué tal ha ido el turno?

- Tranquilo. Ni rastro de barcos.

- Eso esta bien.

Roy saco dos tasas del aparador y después de todo la tatarea para comprobar la temperatura.

-Todavía no esta caliente.

-Acababa de ponerla al fuego.

-¿Qué has estado haciendo hasta tan tare?

Aquel momento de tranquilidad parecía tan normal.

- He estado haciendo un cuello y unos puños de encaje para el vestido de novia de Gracia.

-¿De verdad?- pregunto sorprendido.

- Dante le había hecho una puntilla t a Gracia no le gustaba.

- Mi prima a veces es un poco exigente.

- Esta bien que una chica sepa lo que quiere. Desde luego, yo a su edad no lo sabia- hizo una larga pausa antas de decir-: Me ha invitado a la boda.

- Tenía intención de decírtelo, pero con tanto trabajo lo olvide.

Al principio le molesto que se hubiera olvidado de ella durante todo el día, pero luego pensó que seguramente a el no le preocupaban tanto ese tipo de formalidades.

-Entiendo.

- Mañana tendré que trabajar antes de la ceremonia, pero podemos vernos en la iglesia. Podemos sentarnos juntos.

-Si- aquella sencilla invitación la hizo sonrojar.

Roy sonrió.

- Entonces tenemos una cita.