— DÉJAME AYUDARTE A OLVIDARME —

25


— ¿Qué la temperatura de la Primavera está bajando? —preguntó Rapunzel, preocupada.

— Lo hace en nuestros mundos, al menos, seguro en el tuyo también ocurre —dijo Mérida.

Ambas princesas se encontraban, junto con Hiccup, sentadas en una mesa cuadrangular de cuatro tronos. Rapunzel estaba sentada de cara al jefe vikingo, que escuchaba la situación con gravedad, Mérida, por su parte, le daba la cara a un trono vacío, el de Jack.

— Bueno, noté una ligera brisa, pero por lo demás no había nada diferente.

— ¿Nada? ¿Ningún cambio en tus estados de ánimo o en tu salud? —cuestionó el Guardián del Otoño— ¿Qué me dices de tu Reserva, qué hay de él?

La princesa escocesa abrió los ojos enormes y vio a la rubia como si la hubieran golpeado.

— ¿Tú también tienes un Reserva? —preguntó sorprendida— ¡Soy la única que se ha quedado sola, acaso!

— Mérida, eso ahora no entra en cuestión —se quejó Hiccup y la pelirroja calló, teniéndole que dar la razón a su compañero y amigo.

Rapunzel, por su parte, miraba la madera de la mesa con sus ojos verdes declarando nerviosismo. Viéndola, Hiccup suspiró, se cruzó de brazos, y recargo su espalda en una esquina del trono.

— Está bien, dinos.

Interrogar a Rapunzel era como pedirle explicaciones a una niña sobre un suelo embarrado, cuando ella misma también estaba embarrada de píes a cabeza. Estaba cantado desde antes de empezar.

— Varian está enfermo —dijo jugando con sus manos, el único varón presente levantó una ceja.

— ¿Solo eso?

— ¿Qué tiene? —se interesó Mérida.

— Fiebre —contestó ella.

— Es un sin sentido —se quejó Hiccup—. Nosotros mismos nos hemos puesto enfermos alguna vez y no afectó a nuestras estaciones.

— ¿Qué hay de Jack? —se interesó la princesa de alborotado cabello, viendo directamente al trono vacío del Guardián del Invierno.

Rapunzel se encogió de hombros ligeramente. No le conocía, así que no podía decir nada. Sin embargo Hiccup se frotó la barbilla.

— Jack está muerto, es un fantasma, así que en un sentido práctico dudo que haya habido cambios en él, por otra parte —sus ojos verdes se clavaron en el trono del más inmaduro de los Guardianes—, ama su estación, una parte de él siempre está pendiente de ella, nunca antes faltó a una reunión.

— Nunca antes de Rapunzel —dijo la princesa pelirroja y la rubia por algún motivo se sintió ofendida.

¿Estaba siendo evitada?

— Esta es la primera reunión que hemos tenido que hacer desde que ella se incorporó a nosotros —Hiccup se frotó las sienes—. Tanto él como yo representamos a las estaciones del frío, pero no soy capaz de notar ninguna perturbación en mi estación. En Berk estamos en otoño y todo va según lo previsto, Rapunzel, en tu mundo es verano y según nos contaste no hay nada extraño en eso, pero Mérida, es primavera en tu mundo y no deberías de notar ese frío.

— Jack vino a visitarme a mi mundo hace unos meses en invierno, estaba emocionado por ver a Angus, no veía un caballo desde que estaba... Bueno, vivo. Le ayudó a recuperar nuevos recuerdos, al menos esos espero —explicó la princesa escocesa—. Y, por supuesto, Hiccup, sabes como es él, no pudo evitar hacer un espectáculo con su nieve. A lo mejor algo de sus poderes se quedó ahí y por eso el fuerte helado.

— ¿Quieres decir qué tal vez solo sea una falsa alarma? —Rapunzel ganaba esperanzas.

— Ojala y sea así, pero nosotros no podemos confirmarlo. Jack controla el frío, él si puede hacerlo, pero ya que parece que por alguna razón hoy no nos va a dignar con su presencia —los tres se quedaron mirando el trono vacío por unos segundos, como si el difunto fuese a aparecer de repente, antes de que Hiccup continuase—, lo mejor es viajar a su mundo para buscarle.

— El suyo es un mundo mucho más avanzado al nuestro —dijo Mérida— y también casi sin magia. Se puede salir de él si tienes poderes, pero volver a entrar...

— Si Jack puede hacerlo, también nosotros —aseguró Hiccup, sonriendo—. Y una vez dentro no será difícil encontrarle, quiero decir, es obvio que creemos en él.

— Ahí viven los Guardianes de la Infancia y también el Hombre de la Luna, cualquiera de ellos puede indicarnos el camino hasta él. Según Jack me contó, dos de ellos recorren todo su mundo cada noche, solo hay que pedirles que nos guíen hasta Jack.

— Me encantaría ir y ver esa civilización tan avanzada —dijo Hiccup, suspirando—. Pero no puedo, en mi mundo hay un pueblo que me necesita.

La pelirroja trató de ocultar la pena que sentía por su amigo, ella sabía que no le gustaba nada ser el jefe, le limitaba para todo lo que le gustaba hacer.

— Iré yo —dijo Mérida—. Mi padre está demasiado ocupado con mis hermanos y el reino como para notar que no estoy durante un tiempo. De todas formas le dejare una nota contándole alguna trola.

— ¿Qué hay de tu madre? —cuestionó el jefe vikingo.

— Ella es un mal distinto que confrontaré al volver —Mérida le quitó hierro al asunto—. ¿Raps, me acompañas? Ahora que tienes un pelo normal seguro no darás tanto la nota.

La princesa de Corona realmente quería, pero recordó a Varian, recordó a la Guardia y su sospechosa expedición nocturna, recordó a Gothel y eso se notó en sus ojos.

— Lo pillo —dijo la otra princesa tras segundos de silencio—. Tienes planes. Que bueno que yo no. Más diversión para mi.

— Rapunzel, ¿en serio todo está bien? —cuestionó Hiccup clavándole la mirada— ¿Nada malo en el clima de tu reino o en ti recientemente?

La muchacha rubia sintió unas irrefrenables ganas de pasar saliva. Pero negó. Sus sospechas con respecto a Varian y Gothel no podían estar vinculadas a las estaciones, ¿verdad?

— Por favor, Hiccup, mirala, ¡está como una rosa! —exclamó Mérida y se levantó golpeando la mesa— ¡Zanjado el asunto, me voy de viaje!

— ¡Espera! —exclamó Rapunzel tomando a Mérida del brazo de forma inconsciente.

— ¿Qué pasa?

— ¿Es... estrictamente necesario que nadie sepa lo que... bueno, lo que somos y lo qué hacemos?

Hiccup fruncio el ceño.

— Lo sabía, te pasó algo.

Y entonces ella ya no pudo guardar silencio. Les contó la pesadilla que tuvo, les habló del miedo latente que tenía desde hace un año a que su raptora volviese, y el despertar de los poderes de Varian, incluido su accidente y el ataque de nervios que la atacó a ella cuando (según ella) él más la necesitaba y el interrogatorio al que seguro Cassandra la sometería.

Mérida se veía sinceramente afectada por su relato, se lo demostró dándole unos golpecitos en la espalda a modo de ánimo. Por su parte, el vikingo tan distinto a la media la escuchaba analizando su situación lo más fríamente posible.

— Díselo —dijo finalmente, muy seguro de lo que estaba diciendo.

— ¿En serio? —preguntó la princesa pelirroja.

— Sí, quiero decir, ¿por qué no? Hasta ahora no le hemos dicho nada a nadie porque no teníamos la necesidad, pero en realidad no tenemos porque ocultarlo —dijo—. El Hombre de la Luna nunca nos dijo que tuviéramos que mantenerlo como un secreto, simplemente confió en nosotros para salvaguardar las estaciones, no creo que eso cambie si alguien más lo sabe. De todas formas el poder está dentro de nosotros, no es como que terceros tengan la manera de interferir.

— La otra cosa está en que nos crean —comentó Mérida, riendo, coincidiendo en lo dicho por Hiccup.

— Entonces, sí, se lo diré —Rapunzel sonrió ligeramente, sintiendo como un peso se iba de sus hombros, ante la posibilidad de poder contarle la verdad a su mejor amiga y a su novio, y claro, también a sus padres—. Pero preferiría quedarme en mi mundo, mientras las cosas continúen así de tensas.

Mérida asintió.

— Lo entendemos, lo mejor será que me encuentre con Jack cuanto antes y juntos iremos a tu mundo.

El de cabello caoba asintió.

— No me gustaría meterme en una guerra que no es mía...

— Es solo una forma de hablar —Merida tranquilizo a Rapunzel, que ya comenzaba a poner cara de alarma por las palabras del vikingo.

— Pero si algo se complicase, por favor llevame con vosotros.

Mérida sonrió.

— Por supuesto que no dejaremos que te pierdas la diversión, Una Pierna.

— Ya deja de llamarme así —Hiccup se quejó.

— Chicos... —interrumpió Rapunzel.

— ¿Sí? —preguntaron ambos.

— Muchas gracias por escucharme, de verdad —ellos le sonrieron.

— Por eso somos amigos —contestaron.

Y Rapunzel marchó a su mundo mucho más tranquila, sin sospechar las terribles noticias que le esperaban en él.