Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi

Otros son de mi imaginación. ;)

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Capitulo 24-. La oscuridad de la noche sin Luna

Kagome salió de la habitación en la que dormía con las hijas de Miroku y Sango, y Natsuki. Todo estaba en silencio en el pasillo y frente a ella, en el patio central de la casa, casi no se veía absolutamente nada. Se nota la ausencia de la luna, pensó la miko. Caminó por el pasillo hasta el zaguán de la casa, ese estrecho y corto sitio que separaba el interior de la casa y la puerta de salida.

Pensó en las posibilidades de volver al futuro, después de todo había pasado mucho tiempo ya, ¿cómo estarían los refugiados? ¿La guerra? Y por un instante se permitió soñar en jamás regresar. Sabía que si destruían a Shoujiro, al menos al regresar, el bando de los Kitsune del sur se calmaría y una nueva alianza con los Ryu yokai del Este volvería a comenzar. Todo estaría en suspensión de nuevo, pero para eso, ellos debían volver y anunciar la noticia. Entonces los problemas pequeños seguirían, cuidar del arco, de los refugiados sin Casa, de los humanos que cazaban yokais.

Se apoyó en la orilla de la puerta antes de entrar en zaguán suspirando, pensando que ya habían pasado dos meses y no había podido hablar con su hija, dándose cuenta de las posibles ideas que Izayoi tenía sobre ella y el arco. Quizá sí había sido culpa suya después de todo, se reprochó, tal vez si hubiese insistido más o si hubiese buscado otros medios. Pues, aún cuando el tiempo pasaba, ella había dejado poco a poco de luchar para sacar esa arma del cuerpo de la niña, además de eso, en ciertas ocasiones había ayudado a reforzar el sello.

Posó una de sus manos sobre su rostro, ahuecando la palma en él. Nunca debió dejar que Sesshomaru se la llevase, suspiró. Pero era tarde para lamentaciones ahora.

-¿Kagome?

La voz en la puerta de entrada le hizo esbozar una sonrisa.

-Inuyasha…¿ no puedes dormir?

El híbrido movió la cabeza en negación- sabes que no puedo hacerlo en luna nueva.

Kagome posó su mirada triste en él. A pesar de haber pasado tantos años, pensó, él aún no confiaba lo suficiente como para dormirse en Luna nueva, el mes anterior simplemente lo había dado por hecho, pero ahora comprendía. Se preguntó mientras se mordía el labio, si hubiese pasado lo mismo estando ella a su lado, si hubiese regresado o si el pozo nunca se hubiera sellado, se negó a sí misma esos pensamientos, creer en el "hubiese" nunca era bueno. Se acercó con lentitud y se sentó en la puerta de entrada, Inuyasha le imitó luego de unos segundos de duda y Kagome suspiró apoyando su cabeza en el hombro del hanyo. Los ojos oscuros del ahora humano le vieron de soslayo, pero Kagome mantenía su vista perdida en la oscuridad del frente.

-Miroku me dijo, me dijo que era mejor esperar ….- dijo Inuyasha incomodo, no sabiendo ni él mismo a qué se refería exactamente.

-Lo sé…- susurró Kagome cerrando los ojos, sintiendo el aroma de las ropas de Inuyasha, intentando calmar un poco los remordimientos de su pecho. El Sengoku Jidai le traía paz, Inuyasha le recordaba los momentos dichosos del pasado y se sentía feliz, y al mismo tiempo culpable por disfrutar de una felicidad que no incluía a Izayoi. ¿Qué estaría haciendo ella ahora?, se preguntó, y suspiró sonoramente sin darse cuenta que Inuyasha le veía atento.

-Kagome… - La muchacha se volteó a verle al escuchar susurrar su nombre, separándose apenas unos centímetros de él. Sus ojos se fundieron en la oscuridad, en donde apenas podían distinguir la figura del otro.

Una de las manos de Inuyasha se dirigió indecisa al rostro de Kagome, ahuecando su palma en la mejilla sonrojada de la miko, acariciando levemente su piel con uno de sus dedos. Kagome posó su mano sobre la de Inuyasha y le sonrió con dulzura, sintiendo la fuerte cercanía. El hanyo apoyó su otra palma en la madera y en un solo movimiento se acercó peligrosamente al rostro de Kagome, sin dejar de mirarla en ningún momento. Escuchó el susurró de la chica pronunciando su nombre y sintió el aliento cálido de ella sobre sus labios, cuando el mismo había pronunciado el en un hilo de voz el de la mujer.

Los suaves labios de Kagome le arrancaron un suspiro ahogado. Movió los suyos intentando seguir el ritmo lento pero férreo que poseían, sintiendo las palmas de la miko aferrarse a su haori y subiendo despacio por su cuello. Gimió sin quererlo cuando sintió las manos frías de la mujer acariciar su nuca y su lengua rozar con lentitud sus labios. Susurró su nombre una vez más entre cada caricia, y buscó la profundidad de aquel beso consumiéndose ante el deseo irrefutable que la mujer le provocaba cada vez que suspiraba.

Cada vez más cerca, cada vez más inclinados. Pronto la miko yacía con su espalda sobre la madera del suelo y sus brazos aferrándose a los hombros de Inuyasha. El hanyo, presionó su pecho contra el de ella sin dejar de besarla, mientras sus manos se aventuraban presionando los muslos de la chica. Kagome gimió apretándose aún más contra Inuyasha, cuando sintió como este bajaba por su cuello y removía con lentitud parte de su traje de miko, dejando a la vista su clavícula.

-Bésame…Inu.. yasha…-susurró Kagome, viendo como los labios de hombre volvían a ella y no dudó en aferrarse a ellos con desesperación, ahogándose ante la respiración agitada de ambos, mientras uno de sus pies rozaba el muslo de Inuyasha hasta su rodilla, arrancándole un gemido al medio demonio. Inuyasha era realmente sensible como humano, pensó Kagome. Abrió los ojos sonriendo y por primera vez se dio cuenta de dónde estaban, se sonrojó ante la idea de que alguien pudiese verles, y despacio alejó al muchacho de sí misma ante un bufido del humano, explicándole la situación. Inuyasha se levantó de ella maldiciéndose por no estar en otro lugar o por no ser un hanyo justo ahora, y suspiró derrotado preparándose para irse.

-Quedémonos… un poco más… Inuyasha…- y ante su interior negativa aceptó la propuesta de Kagome. Sintiendo su corazón desbocado volver a la calma y como la sangre que había corrido espesa por sus venas se relajaba.

La oscuridad se adentraba como pandemia por todas partes en las noches como esta, cuando la luna desaparecía. De la misma forma Ryuji e Izayoi la sentían.

La chica ahora humana colocó el Kimono de ratas de fuego sobre sus hombros acercándose al fuego de la fogata que había hecho unos momentos después de que oscureciera. Miró los alimentos que tenía y bufó insatisfecha, una manzana, un par de yerbas comestible y algunas vayas de dudosa procedencia. Al menos sería suficiente para no caer desmayada, pensó. Comió despacio y bebió el agua de la cantimplora que traía en el bolso. Miró hacia la entrada de la cueva atenta, no tenía un arco con ella y aunque sabía de conjuros no podría matar a más de un yokai en las condiciones físicas en que se encontraba, debilitada por el sueño y hambrienta. Se reprendió a sí misma no haber comido mientras era hanyo. Y volvió a dirigir su mirada al fuego.

Luego de algunos minutos el ambiente comenzó a volverse espeso. Su cuerpo pesó demasiado de pronto y antes de que pudiese levantarse como lo tenía previsto, notó como cadenas hechas de oscuridad se ferraban a sus muñecas. Lucho, maldiciendo y mirando a su alrededor buscando el responsable, pero no había nada, ni siquiera una presencia. Sintió la misma sutil cadena hecha de oscuridad cruzando bajo sus pechos, y esta la tironeó con fuerza estrellando su espalda contra la pared de roca de la cueva. Sonrió, aún con sus manos inmovilizadas conocía de algunos conjuros que podía usar solo hablando. Y estuvo a punto de hacerlo cuando sus ojos se cruzaron con los rojos de una especie de yokai, su cuerpo se paralizó y aunque su mente funcionaba con rapidez, ninguna parte de su cuerpo respondía.

Observó con furia como la yokai casi trasparente tomaba forma, pronto adoptó imagen de mujer y sus cabellos resueltos y azules cayeron como nudos sobre sus hombros, que se cubrían con una yukata blanca y simple. Sus labios como la sangre, al igual que sus ojos contrastaban con la pálida piel del demonio. Izayoi le observó abrir la boca mostrando sus colmillos y la forma en que unos cuernos retorcidos hacia adelante salían de su cabeza.

La yokai le mostró una sonrisa afilada y se acercó al cuerpo inmóvil de la chica.

-muéstrame…- dijo en voz gutural la mujer tomando el rostro de Izayoi, fijando los ojos de la muchacha en los suyos rojos. – muéstrame el dolor de tu pasado y déjame consumirte…

Izayoi quiso gruñirle que se pudriera, pero antes de poder articular palabra sus ojos se volvieron negros y pronto cayó en la inconsciencia, siendo recorrida por ese escalofrío que había sentido cuando peleó con Shoujiro meses atrás.

La hanyo abrió los ojos, a lo lejos sintió la calidez del fuego, intentó mover sus manos pero estaban atadas, levantó la vista confundida. Estaba en lo que parecía ser una habitación, miró sus manos intentando zafarse y se dio cuenta que tenía garras, bueno al menos algunas de ellas crecían en sus dedos. Escuchó el sonido de pisadas sobre el piso de baldosas y aunque quiso mirar se dio cuenta que su cuerpo se movía solo, que sus dedos eran pequeños y sus manos también.

-No te resistas …- escuchó a su lado la voz de una mujer, pero no pudo voltear a ver quién era, su cuerpo no respondía a sus mandatos- si lo haces tardaremos más tiempo, cariño…

"cariño", ese apelativo, odiaba ese apelativo, pensó la hanyo. Recordó que esa mujer siempre le llamaba de esa forma, quizá para calmarla. Pero ella no respondía.

-¡Deberíamos matarla de una buena vez, llevamos dos años y no podemos hacer que nos entregue el maldito arco…!- escuchó gritar a un hombre a lo lejos. Pero tampoco pudo levantar la mirada, se sentía encerrada, prisionera de su propio cuerpo.

Escuchó el sonido del hierro contra hierro, y esta vez su piel se erizo por completo, sintió su alma contraerse y reconoció el miedo como una ola poderosa sobre sus poros.

-Idiota, escuchaste lo que el jefe dijo, mientras el monstruo este se resista el arco no saldrá…- respondió alguien más y reconoció las campanillas que los monjes llevaban en el Palacio del Oeste.

Sus ojos estaban pesados y su respiración era dificultosa, pudo sentir el sabor de la sangre y como las heridas que tenía en el cuerpo ardían con fuerza. Los pies de un hombre pesado se sintieron hacia ella, el sujeto le tomó del cabello y le levantó el rostro para que sus miradas se encontraran. Era un asqueroso humano, con barba, regordete y sudoroso. El hombre se acercó hasta la nuca de Izayoi y susurró con lentitud…

-hoy, iremos a por tus orejas …

El grito desgarrador en medio de la oscuridad lo sobresaltó, miró hacia la cueva en donde la hanyo, ahora humana se encontraba y escuchó claramente como parecía retorcerse de dolor y gritar de una forma que no podía ser humana. Sacó su espada y antes de pensar lo que hacía se dirigió hacia donde Izayoi estaba.

Desde unos pasos después de la entrada pudo ver a Ao sonriendo mientras se alimentaba del dolor de una Izayoi que yacía sujeta sobre el piso. La muchacha con los ojos completamente negros convulsionaba de algún dolor imaginario, mientras gemía y gritaba con desesperación. Apretó con fuerza su espada y se convenció a sí mismo que ayudaría a la hanyo, sólo porque no podía permitir que su hermano consiguiera ese Arco.

Azotó su espada y el ruido de la energía acumulándose dio cuenta de la presencia de Ryuji en el lugar. Ao retrocedió aún sin soltar a la hanyo de sus cadenas oscuras.

-¿Qué crees que haces niño…?- siseó gutural la yokai lejos de Ryuji mirando de reojo a la hanyo. Faltaba tan poco, se maldijo la yokai, sólo faltaba el último recuerdo y la muchacha se perdería en la inconsciencia.

Ryuji sintió el aroma de las lágrimas proveniente del cuerpo de la hanyo. Apretó su espada con fuerza y le sonrió a Ao que lo miró con desconfianza.

-Sabes que sé como matarte…- Susurró el muchacho- suéltala…

Ao era cobarde, miró a todas partes intentando escapar, pero al ver la mano de Ryuji levantar su muñeca y raspar su piel contaminándola con sangre de dragón, soltó a la chica y desapareció escurridiza en la oscuridad que la fogata no daba.

El cuerpo de Izayoi cayó de frente directo al piso. Ryuji se acercó despacio y la volteó. Frunció el ceño al notar que los ojos de la muchacha estaban aún negros y perdidos en la tortura de sus recuerdos. El Ryu yokai sabía que su hermano no tardaría al notar que Ao se había esfumado. Guardó su espada y las cosas de la chica. Cargó a la humana viendo con preocupación cómo ésta aún no reaccionaba y como sus ojos seguían negros como la noche.

Saltó entre los árboles perdiéndose en la oscuridad. Hasta que chasqueó la lengua dándose cuenta que su hermano estaba cerca. Se detuvo y aferró el cuerpo de la muchacha al suyo, cuando escuchó la voz de Shoujiro a lo lejos.

-¡¿Cómo que Ryuji está aquí?!...- el grito de Shoujiro se oyó entre las suaves gotas de lluvia que comenzaban a caer, amenazando con el porvenir de un fuerte aguacero.

Ao pronunció algo que no pudo escuchar por la distancia, pero la carcajada de su medio hermano sí fue audible.

-¡No puedo creer que ese idiota haya dejado cautivar su corazón por la hanyo de nuevo…!-Las palabras de Shoujiro lo paralizaron, acaso había dicho ¿de nuevo? Las voces estaban más cerca, pero aún contra el peligro que cernía sobre ellos al ser descubierto Ryuji se quedó en el lugar estático de todos modos, esperando que la fuerza de la lluvia ocultara el aroma de la chica- No importa si es aquí o en el futuro, mi patético medio hermano terminó enredándose entre las piernas de la perra híbrida.

La respiración de Ryuji aumentó con lentitud. Miró de reojo a la muchacha que cargaba y que seguía aún contra todo pronóstico con los ojos negros y su mente en la inconsciencia.

-Mátenlo…- agregó Shoujiro con sorna- esta noche lo haremos, sacar el arco sagrado.

Los yokai se dispersaron, pero Ryuji se quedó en el lugar. Intentaba comprender las palabras de su hermano pero no podía, él no conocía a esta hanyo y definitivamente, se repitió, no dejaría que su vida se entrelazara con la de ella jamás, esta muchacha era tan sólo una híbrida.

-Ryu…ji- el susurro de Izayoi lo trajo de vuelta, ella estaba diciendo su nombre. Le llamaba, se aseguró el muchacho.

¡No!, se dijo con sorna, sintiendo la lluvia con fuerza sobre sí, ¿cómo era posible?, se preguntó. Él jamás…. , pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando sintió el ataque de alguien acercarse. Saltó lejos, pero pronto se vio rodeado por cuatro yokais, dos de ellos eran parte de la guardia de su padre. Así que el muy maldito había sobornado al sequito personal del rey dragón, pensó Ryuji.

Miró la carga que llevaba y se maldijo por haberse inmiscuido en algo como esto. Pero no podía huir, no cuando su medio hermano había ordenado matarlo. Dejó a la chica en el suelo y tiró las cosas de Izayoi al piso. Desenvainó su espada con lentitud y antes de decidir a quién atacar los guardias del palacio Ryujin le atacaban con maestría. La ráfaga de viento salado de su arma les alejó unos segundos, lo que le dio tiempo de voltearse y lanzar con su mano derecha una bola de energía negra hacía otro yokai, que al ser tocado por esta se deshizo en el acto.

Su arma chocaba con fuerza contra las de ellos, al fin estaba en una batalla, pero no podía pelear tranquilo. Su vista se desviaba de vez en cuando a la figura de la chica que seguía inconsciente, y esos segundos eran aprovechados por sus enemigos. Recibió una herida con la lanza de coral en su brazo izquierdo. Entonces levantó su espada con fuerza dejando la punta de la hoja afilada mirando hacia la tierra. La fuerza del viento se azotó delante de todos y un rayó cayó sobre el mango de la espada, que Ryuji enterró en la tierra. EL choque eléctrico calcinó a los yokai de un solo movimiento, al trasmitirse el poder de su espada por la tierra y la lluvia. Se sintió satisfecho, hasta que el grito de agonía de Izayoi lo sacó de su autoalabanza. Ao estaba sobre chica, rodeada por un círculo negro y un sello dorado sobre la tierra. Vio como la yokai extendió sus garras en el aire sobre el cuerpo humano y corrió hacia ella, pero su hermano le atacó antes de llegar.

Miró a Izayoi de reojo, y apreció que la yokai extraía de su pecho algo luminosos, mientras observaba asombrado como las almas de la muchacha se arremolinaban a su alrededor iluminando el bosque con fuerza.

Un nuevo grito femenino desgarró el silencio del bosque y Ryuji se lanzó contra su hermano, iba a matarlo.

Kagome caminó unos pasos hacia la habitación de las chicas, junto con Inuyasha. Estiró su mano para tocar la puerta, cuando su cuerpo palpitó. Una…. Dos….. tres veces. Escuchó la voz de Inuyasha que le llamaba a lo lejos e intentó levantar la vista, pero su cuerpo se extendió con sus manos a los lados cuando el selló del arco sagrado expulsó a Inuyasha contra el barro del patio central, marcando bajó sus pies la figura que contenía el poder del arma.

Kagome sintió sus pulmones asfixiarse, el arco estaba siendo sacado a la fuerza destruyendo la esencia del portador, y se desesperó por Izayoi cuando se dio cuenta de eso, miró a Inuyasha, pero no vio nada. Sintió como sus almas comenzaban a escaparse de su cuerpo para dar paso al poder del arco y gritó de dolor cuando sintió la fuerza del artefacto intentar escapar de su pecho.

Inuyasha la veía atónito, la fuerza de la energía que rodeaba a Kagome no lo dejaba acercarse y no podía hacer más que gritar su nombre y maldecir. Pronto todos los pernoctantes de la casa estaban fuera de sus habitaciones intentando comprender lo que sucedía, mientras Inuyasha gritaba el nombre de la miko y explicaba a medias lo poco que había ocurrido.

Shoujiro estampó su propia arma contra la espada de Ryuji y en el momento del choque el veneno se extendió entre ellos. Ryuji escuchó un nuevo alarido de dolor y se concentró en atacar a su hermano.

-morirás esta noche mocoso…- dijo seseante y satisfecho Shoujiro.

-en tus sueños bastardo…- la respuesta fue rápida, al igual que el choque de sus armas.

-sabes- continuó Shoujiro sonriendo con superioridad a centímetros de Ryuji, empujando su espada contra la de su medio hermano- no puedo creerlo realmente, que te hayas vuelto a entrometer con esa hanyo…

-De qué mierda hablas …- Escupió el muchacho desasiendo la cercanía. Shoujiro se escondió entre la oscuridad y el sonido de la lluvia. Ryuji intentaba no desconcentrarse, pero tras un grito de satisfacción de Ao, bajó su guardia y su medio hermano apareció tras él realizando un movimiento rápido que clavó el arma del yokai tras la espalda de Ryuji, quién soltó su espada ante el impacto.

La voz de su hermano se escuchó como un susurro junto a su oreja

-Te lo diré porque morirás… - la sonrisa siniestra del Ryu yokai se iluminó por un relámpago - yo te maté… en el futuro, yo acabé con tu vida y con la de tu amada hanyo y ahora volveré a hacerlo en el pasado.

Ryuji clavó sus garras manchadas con su propia sangre en el cuello de su hermano que se alejó chillando al verse quemado con el ácido que se trasmitió a su cuerpo. Tomó su espada y lanzó el rayó que cayó en ella a través del arma hacia su hermano.

Corrió a donde Izayoi estaba, pero antes de llegar observó como algo luminoso que provenía desde otro lugar se unió al cuerpo de Izayoi lanzando lejos a Ao, que al verse sola desapareció al instante. Las almas de la chica pronto regresaron a su cuerpo eliminando la figura luminosa que se había formado en el suelo mojado del bosque. Un relámpago sonó entre ellos.

Su hermano volvería por ella- pensó mientras sentía el veneno de la espada de Shoujiro recorrer con lentitud dolorosa su cuerpo. Tenía que sacarla de ahí, pero no pensó en las razones, no quería hacerlo. Recogió las cosas de la chica y la cargo presuroso aguantando un gemido de dolor, había sólo un lugar donde podría llevarla. Y corrió hacia la aldea.

Cuando una bola de energía roja se extendió alrededor de Kagome como si fuese veneno. Todos comenzaron a desesperarse, más pronto aquella sustancia se volvió compacta y salió disparada fuera de la casa de Miroku y Sango. Las almas de Kagome volvieron a su cuerpo y el sello desapareció. Inuyasha corrió hacia ella y la sujeto con sus brazos húmedos mientras la llamaba.

Kagome deliraba, pronto la llevaron dentro de la habitación de Kazuki al ser la más cercana y comenzaron a intentar bajar la fiebre que comenzaba a consumirla. Todos estaban dentro de la habitación. Sin poder comprender qué demonios había pasado. Preocupados por aquello que había escapado del cuerpo de Kagome.

Luego de unos minutos, Megumi ofreció un poco de té para tranquilizar a Inutomaru y Natsuki. Y para sentirse de utilidad ante un ambiente como el que se presentaba en su casa. Se levantó y caminó hasta la puerta, y antes de que pudiese abrirla, esta lo hizo con fuerza, dejando entrar la fría briza de la noche. La sombra que estaba en la oscuridad de la entrada avanzó hasta el interior de la habitación.

-hermana…- suspiro Inutomaru. Cuando todos vieron a aquél yokai empapado y herido cargar con el cuerpo de Izayoi en su forma humana.

Inuyasha se levantó presuroso sosteniendo el mango de su espada, pero no alcanzó a decir media palabra cuando el muchacho yokai hizo una mueca y cayó de rodillas, entonces fue ahí que Inutomaru se levantó y ayudó a cargar a Izayoi.

Ryuji observó a la chica alejarse, afirmó su costado con fuerza. La herida comenzaba a escocer. La espada de Shoujiro era herencia de Orochi, veneno puro. Su cuerpo estaba consumiéndose despacio. Se levantó y caminó hacia la salida. Tenía preguntas, muchas, pero no podía esperar respuestas en la condición en la que estaba.

-¡Eres tú!… - gritó Kazuki luego de reconocer al chico que se alejaba- quien atacó a Izayoi la última vez.

Las miradas de todos le ultrajaron, tomó su arma preparado para luchar de nuevo de ser necesario cuando sintió el veneno apretar su pecho. El veneno de Orochi era poderoso, consumía en minutos a aldeas y gigantescos yokai. Incluso su padre había perdido un brazo al pelear por la madre de Shoujiro, cuando el veneno le había rozado el hombro.

Escuchó la voz de la hanyo llamarle y supo que todos estaban mirando a Izayoi, que mantenía sus ojos negros aún, cuando ya debería de haber pasado el efecto de Ao. Había fallado, si la hanyo moría su maldito hermano ganaba y eso significaba que él la estaba dejando morir. Escuchó a lo lejos el nuevo llamado, y quiso huir, huir de ella, pero finalmente había caído entumecido en la entrada.

¿Por qué?- se preguntó- ¿por qué esa hanyo lo llamaba?- sonrió burlándose de sí mismo mientras yacía boca abajo inmovilizado - ¿por qué?, ¿por qué él había respondido a su llamado?


Holaaaa :3

Bueno este capi me dejó, uffff como decirlo, casi como catatónica cuando lo leí. Espero les guste igual que a mí. Estaba pensando hacer un cap. que dé cuenta un poco de la relación de Izayoi y Ryuji, es que a medida que he avanzado en la historia no pude evitar imaginármelos, me gustaría hacerlo con una narración distinta, extraña, bueno ahí veremos.

Muchaaas gracias por leer y los review, saludos y mucha suerte.