DISCLAIMER: Hetalia le pertenece a Himaruya. Este fic al grupo de Las Inadaptadas, Vicky y Josita en este caso.

oxOXOxo

Capítulo 25:

Después de una clase medianamente productiva, Francis se acerca al eslavo con una sonrisa y un sobre.

Bonjour, Iván, ça va?

Privet, estoy bien.

—¿Te fue bien con los vídeos? —directo al grano.

—¿Vídeos? —no recuerda eso ya.

Oui, los que vimos ayer —se apoya en el pupitre del frente mientras el otro guarda sus cosas —, ¿los pusiste en práctica?

—Ah, da —fue un desastre, nada que ver con los videos pero para ellos estuvo bien.

—Oh, me alegra mucho. ¿Tienes un minuto?

Da.

—Oh, ¡qué bien! Vamos caminando —se endereza.

Iván termina de guardar sus cosas y asiente, saliendo del aula con el francés detrás. Gilbert se queda con la bocota abierta.

—Estuve pensando en tu idea, lo de la comida —le entrega el sobre que está lleno de hojas impresas de recetas —, pero caí en un dilema trágico.

—¿Cuál? —mira las recetas y no tiene ni idea de lo que son.

—No sé cuál de estas recetas hacer —suspira —, la mayoría sé prepararlas, pero hay unas nuevas que muero por probar... ¿Cuál te parece bien?

—Eh… —están en francés.

—Mira —le señala una hoja cualquiera —, esta es una crepe, puede ser dulce o salada. Esta de aquí —toma otra hoja —, es un cassoulet, es ternera con verduras. Esta es una sopa de cebolla, ¡ah, y el brioche! —y así le explica todas las recetas compulsivamente hasta que llegan a la siguiente clase.

El ruso le escucha con atención, así por lo menos se entera de algo.

—Perdón, es la primera vez que quiero que algo me salga excelente y eso me pone nervioso —se disculpa, pasándose una mano por su sedoso cabello.

—Yo no sé mucho de la comida de aquí pero creo que a los adultos les gusta la comida salada.

—Bueno, cabe aclarar que esta es pura comida francesa —levanta la nariz.

—Ah, tampoco la conozco —se encoge de hombros. Francis lo ve con su peor cara de horror absoluta.

—Mi pobre niño... ¿Qué has estado comiendo todos estos años?

—La comida que hace mi hermana.

—Bueno, cualquier comida hecha con amor es una comida deliciosa —le hace pat pat en la espalda —. ¡Pero la comida francesa está hecha de amor puro!

—Entonces cualquier cosa que prepares sabrá muy bien —sonríe. Francis suspira y asiente, viendo la respuesta que quería pero no sabía que lo era.

—Tienes razón, mientras la prepare de corazón estará bien —y se siente más calmado —, merci, Iván.

—No hay problema —le tiende el sobre.

—Claro que lo hay, me has ayudado mucho, ¿qué puedo hacer yo para ti?

—… No… ¡Ah, sí! ¿Cuándo dos personas se gustan qué pasa luego? —pregunta matadora.

—Oh —pone sonrisa de gato —, no es una pregunta complicada pero no hay una respuesta correcta.

—Ah... entiendo —no, no entiende y se le nota en la cara.

—Mira —entran al aula donde no hay casi nadie —, a lo que me refiero es que no hay un orden para el amor. Puede que te beses con alguien que no te gusta y luego te enamores. O que te enamores, se hagan novios y luego pasen a los besos.

—Pero ninguno de esos me pasa...

El francés pone sus libros en uno de los pupitres cerca del ruso y la mirada que tiene es de interrogación.

—¿Qué no te pasa exactamente, Iván?

—¿Estoy enamorado? Besé a alguien que me gusta pero no sé si estoy enamorado.

Fran se sienta junto a él y le mira de lado. Esa sí es una pregunta complicada, ya que de seguro no es igual en todos.

Mon dieu... —se pasa una mano por la cara, desanimándose con la pregunta y incapacidad para darle una respuesta amena como se la hubiera dado el Fran de tres días atrás. Suspira —. Mira, eso es algo que sólo tú puedes saber, pero hay señales que te pueden ayudar.

—¿Señales?

Oui, cuando lo besas, cuando estás con él, cuando le tomas de la mano, cuando lo miras a los ojos.

—Señales… —asiente con la boca entreabierta, imaginando grandes letreros propios de Las Vegas.

—Felicidad, nervios. Estas no son señales exactas pero, si eres feliz con él, sientes nervios cuando te abraza o te besa y a pesar de ello quieres que no lo deje de hacer... Significa que te gusta mucho, de ahí a enamorarse no hay tanta distancia —sonríe.

—¡Ah! —eso sí lo entendió.

—Entonces, ¿qué crees sentir?

—Creo que todo eso.

—Ah, non, non —agita las manos frente a él —, no me tienes que creer todo. Sólo tú puedes saberlo, eres el que lo está sintiendo.

—Ah… pero tú eres quien explica mejor todo —el único que le explica, mejor dicho.

Francis se lleva una mano a la boca y se obliga a sí mismo a no reírse como enajenado, encantado con lo que le acaban de decir y recuperando una parte de su confianza.

—A lo que me refiero es que tú mismo te darás cuenta. ¿Qué pensabas que seguía después de gustarse? ¿Planeabas algo?

Iván lo mira y de nuevo sus mejillas toman color porque recuerda las novelas de su hermana. El francés suelta inclina la cabeza y en su cerebro se manifiestan las filias más perversas de la era. Se escandaliza.

—¡Recuerda que aun son niños!

—¿Está mal? Alfred es menor que yo…

—No, non —se ríe de sí mismo —, estaba pensando en otras cosas. ¿Qué querías hacer?

—Yo... —vacila —, como las cosas que le gustan a Katyusha.

—¿A tu hermana?

Da.

—Mmm, el otro día la conocí, muy linda ¿Qué le gusta a ella?

—Las cosas bonitas y la novela de la noche.

—Ah —chasquea los dedos —, ¿"Pasión en llamas"?

Da.

—Oh, pero hay cosas muy picantes en esa novela —apoya la cabeza en sus manos.

—¿Picantes? Creo que Al come de todo.

Oui, no, a lo que me refiero es que esas cosas que sólo los adultos harían —y yo, agrega en su mente el muy maduro.

—¿Ser novios es de adultos? —no se puede imaginar lo "picante" ya que Kat le tapa los ojos durante esas escenas.

—Ah non, non —tose —. ¿Por eso preguntabas qué pasaba después de que dos personas se gustasen?

Da, es por eso.

—¡Eso es francamente hermoso! —se emociona.

—¿Lo crees?

—¡Claro que sí! ¿Cuándo se los pedirás? ¿Cómo?

Los alumnos empiezan a llegar y el francés tiene que controlarse un poquito, moviendo los pies compulsivamente.

—No sé, no sé cómo se hace.

—Es fácil: Iván, ¿quieres ser mi novio? —susurra.

Net —responde totalmente serio. Fran levanta las cejas.

Non?

Net, no eres tú quien me gusta.

Non, Iván, era un ejemplo —se ríe, algo picado —, mon dieu

—Ah, entiendo —se relaja otra vez, empezando a susurrar también. El de ojos azules le ve con cara de "lo dudo, pero bueno".

—¿Tienes ya una idea de cuándo y en donde hacerlo?

Net, ¿tiene que ser un momento especial?

—Pues... No necesariamente, pero no la harías en medio pasillo con toda la escuela allí, non?

Net —pero ya se le olvidó que se besaron en medio pueblo.

—Creo que basta con que estén ustedes dos solos y ya.

—Esperaré el momento —no confío en los impulsos e impaciencia de Al.

Fran asiente a eso y se gira al escuchar la voz de sus amigos. Estos van cruzando el umbral, gritando entre risas. No, sólo Antonio, que se ríe. Gil entra con cara de pocos amigos mirando fijamente a Iván

El francés nota la mirada, levantándose y poniéndose en medio de esta para capturar la atención del albino.

—Gilbert —le mete un dedo en una de las cosas esas para meter la faja que yo no sé cómo se llama.

—Jum, ¿qué quieres? —indignado.

—Nada, ¿no puedo venir a mimar a mi amigo? —notando el tono cortante y sabiendo bien por qué.

—¿Tu amigo? Ya no sé quien es tu amigo —se cruza de brazos.

—Tú eres mi amigo y lo sabes —sonríe, separándose un poco de él.

—No lo creo, ¿verdad Tony? —mira al español.

—¿De qué estás hablando, Gilbo? ¿Otra vez pelearon? —no se entera de los celos de su amigo.

—¡Idiota, se supone que debes ayudarme! ¡Eso no es awesome!

El francés aprieta los ojos y los toma a ambos del brazo y se los lleva a una esquina.

—Gil, Antonio y tú son mis mejores amigos, no importa con quien más hable.

—¡Nos abandonaste en el salón! —pasar tantos años con ellos le enseñó a hacer drama.

Moi... Lo siento, Gilbert. No fue a propósito, sólo tenía que hablar con él de algo importante —se siente mal de inmediato.

—Vamos Gil, tú sabes que Francis adora enseñarle a todos sobre el amor y creo que Iván es su caso más excepcional —le dice Antonio con una gran sonrisa, y es que no sabe del plan con Arthur porque Chiara le robó el cerebro cuando más lo necesitaba.

Francis le mira y le sonríe en agradecimiento.

—Todos merecemos ayuda y yo no puedo negarla, mon petite —extiende los brazos hacia el español —. Como yo necesito la de ustedes.

—¡Ha! ¿Nos necesitas en qué? —le mira de reojo el alemán.

—Voy a hacer un montón de comida deliciosa, nuevas recetas, ¿y quién mejor que mis mejores amigos para probarla? —se repega al español.

—¡Huy, tu comida es buenísima! —le abraza Antonio, feliz.

—¡Genial! ¿Qué cocinarás? —se le acaba de olvidar que está molesto.

El francés sonríe, yéndose a abrazar ahora al alemán.

—Te quiero, Gil —le susurra medio lloroso —, a los dos, mucho.

—Está bien, ayúdale y nosotros te ayudamos —concede Gil.

El de ojos azules le da un beso en la mejilla y le recuerda que siempre va a estar para los dos pase lo que pase. Y se va a poner a llorar. Punto.

Los otros dos ya están acostumbrados.

oxOXOxo

Arthur regresa a casa después de un cansado día de trabajo, si además eso le agrega el que le duele la cabeza desde que el menor de sus hijos no le habla, puede decirse que sólo quiere tomar el té e irse a dormir.

Cuando abre la puerta al primero en ver es a Mathew, el pobre estaba en la cocina preparando le cena y se notaba que tenía prisa en ello. Deja su portafolio en el sofá sin enterarse que Alfred está profundamente dormido allí.

Good evening —saluda a Mathew mientras se afloja la corbata.

Hello, dad —Math le sonríe —, ¿cómo te fue en el trabajo? ¡Oh, ten cuidado con Al!

—¿Alfred? —se gira con extrañeza y lo encuentra desparramado en el sillón y con el portafolio en el estómago —. Good, gracias por preguntar. ¿Cómo te fue a ti?

Good, dad —revuelve con cuidado la cazuela —, cuando llegué estaba ya dormido. Tendrá hambre pronto.

El mayor se va hacia Al y lo acomoda para que no se caiga, le quita el objeto de encima y le acaricia torpemente la cabeza antes de regresar a la cocina.

—Me alegra mucho, Mathew —le sonríe y se sienta en el comedor —. Quieres... ¿Quieres que te ayude con la cena?

—No, no, está bien, ya casi termino —rechaza, nervioso con la propuesta.

—Mmm... —se mira las manos y luego las estira sobre la mesa —. Siento ser un mal padre —suelta de repente con la voz encogida.

Dad? —se gira a él, apagando la cocina por inercia —, no digas eso…

—Ay Mathew, no intentes ser condescendiente con tu padre —se lleva una mano a los ojos, quebrándose por completo —. No sé comprenderlos... No les doy lo que merecen como personas... ¡Ni yo me comprendo!

Mathew se le acerca, agobiándose con la visión de su dolido papá. Visión que le ha tocado ver mucho los últimos días.

Dad, no… —le pone lentamente una mano en el hombro, para nada acostumbrado al contacto físico con el mayor.

—No, no —le toma la mano pero no se la aparta —. Ojalá su mamá... Ojalá Emily... Ella sabría qué hacer... Sabría qué decir...

—Nooo, eres un buen dad… —intenta reconfortarle, desesperado —, el mejor papá…

Arthur niega con la cabeza y se levanta.

—Aunque lo fuera... No he sabido cómo ayudarlos —sonríe tristemente —, y ahora tu hermano me odia...

—¡No, no! Él no te odia… sólo está triste…

El mayor agita una mano y con la otra en la cara se encamina a las escaleras.

I'm sorry.

Dad! —le llama el chico con voz encogida.

Este no se detiene, avergonzado por quebrarse en frente de su hijo, lo que según él, un padre no debería hacer nunca. Math suspira pesadamente y decide terminar su comida, angustiado con el sonido de la puerta de la habitación de su padre al cerrarse.

Alfred, que se despertó con el golpe del portafolio, se sienta y mira a su hermano con la cara roja y húmeda.

—Mattieeeee —le llama con un hilillo de voz y aprieta los labios para no dejar escapar un sollozo. El gemelo mayor se pone peor con la expresión de su hermano y camina hasta donde él, sentándose a su lado.

—¿E-Escuchaste todo?

Él asiente y se le escapa un murmullo sin sentido por culpa de la nariz mocosa y la garganta seca.

—Deberías hablar con papá, está muy triste…

Yes... Creo que... —se levanta y se pasa la manga de la camiseta por la cara, haciendo un desastre.

—V-vamos… cálmate —le pide, sin calmarse él mismo. Luego piensa que este niño es un impulsivo y le dirá lo que le salga primero —, ¿Qué le dirás?

I... I'm sorryyyy? —se le quiebra la voz y con ella, se le escapan dos lágrimas.

Escuchar a su papá tan mal lo hizo pensar en lo injusto que fue con él. Su papá estaba inseguro de todo y él no había hecho nada para comprenderle, a pesar de que era lo mismo que él pedía.

Mathew le abraza, algo que hubiera deseado hacer con Arthur pero que nunca logró hacer de forma natural como con Al. Alfred le abraza también y de inmediato se relaja, restregando la cara en el hombro de su hermano.

—Come on, todo saldrá bien —le da un par de palmaditas en la espalda. Alfred asiente y medio sonríe.

—Bueno.

oxOXOxo

Cinco minutos después, Alfred toca la puerta de su papá con varios sándwiches de helado en una bolsita.

—¿Quién es? —responde la voz ahogada de su padre quien ha estado sollozando.

—Eh... Me.

—Al… Alfred, pasa —piensa un poco en lo que le dijo su otro hijo y que no puede actuar como un niño ahora. Se limpia la nariz y los ojos.

La puerta se abre con inseguridad, dando paso a un más inseguro niño. Al verle, el corazón de Alfred se encoge. Su papá que es tan grande y regañón ahora parece un abuelito encorvado y tembloroso.

Dad... —empieza, pero no se le ocurre más que caminar hacia él.

—Alfred, ven aquí, hablemos —le llama con la seguridad que el menor no tiene en ese momento. Alfred llega hasta la cama, subiéndose en ella y dejando la bolsa sobre la sabana —. Al… ¿qué pasa últimamente con nosotros?

I... —se pone las manos en las rodillas —. I don't now dad...

Arthur se aprieta el puente entre los ojos y mira al niño.

—Te quiero y lo sabes, eres mi niño aunque deba regañarte.

Alfred se hace hacia adelante de la impresión ya que su papá no es del tipo cariñoso. Empieza a hacer pucheros otra vez.

I love you too, dad! ¡Y quiero que me quieras por quién soy y por lo que hago para con el mundo y que sepas que no soy como Mattie, pero él es genial también y lo quiero mucho y los dos son awesomes! —se le lanza encima.

Arthur no puede hacer más que recibirlo encima y se da cuenta de cuán grande y pesado está ahora. El de anteojos le abraza fuertemente y no puede evitar llorar. Pero él es cool, así que está bien.

Arthur se siente más seguro ahora que sabe que su hijo no lo odia, queriendo reír pero sintiéndose tan débil que sólo se le escapa un resoplido.

Daaad —chilla Al contra su hombro.

—Ay, Alfred… quizás a veces quiero que te comportes bien y por eso te comparo con tu hermano, pero créeme, no es algo que haga con la intención de hacerte sentir mal o a Mathew.

—Pues lo hace —murmura...

I'm sorry, ya no la haré más. Así que trata de comportarte tú también —le pide conciliador.

Al se separa y se muere por decirle que no, que un héroe es impulsivo, espontáneo y que no importa qué, siempre va a estar al cuidado de los demás. Pero se calla.

—Ok... —le suelta y se sienta frente al mayor —. ¿Quieres un helado?

Fine, pero ten cuidado de no dejar pegajosa la cama —le riñe sólo por hacerlo, es su personalidad.

Al saca varios y se ríe, feliz por estar ahí con su papá compartiendo y llenando la cama de dulce.

Luego los bichitos no lo dejarán dormir.

oxOXOxo

Buenas noches :3

Hoy les trajimos este capítulo emotivo ;u; el asunto con Arthur era algo que nos ponía triste pero es que su familia nunca fue de cariño. Nos imaginamos una familia inglesa muy seria y chapada a la antigua donde Arthur, el penúltimo de cinco hermanos, nunca supo lo que era una caricia.

Hasta que conoció a Emily. Pero con su muy temprana partida, Arthur no aprendió cómo traspasar el amor a sus hijos. Aunque se esfuerza.

Espero les haya gustado y nos regalen un review 3

¡Hasta la próxima semana!