Me estoy ¿enamorando?

Las chicas sacaron sus varitas y pronunciaron un 'Lumos', mientras que Draco le lanzaba miradas asesinas al castaño, pero prefirió tomar las cosas con 'calma'.

-¿Desde cuándo sales con Longbottom?- preguntó el rubio conteniendo su enojo mirando a la morena.

-Eh... Este... No te importa Draco- respondió Tori conteniendo los colores de su cara.

-CLARO QUE ME IMPORTA, ERES MI HERMANITA- gritó Draco sin poder contenerse.

-A MI NO ME GRITES, NO ERES MI PADRE PARA QUE ME DIGAS...- la morena se interrumpió bajando la voz al recordar lo que sus padres querían que hicieran.

-Tori... Yo de verdad... Lo siento- dijo el rubio arrepentido viendo la reacción que había tomado.

-No... Te preocupes... Sólo déjame en paz- dijo Tori para salir corriendo, Neville al ver la reacción de la morena salió detrás de ella.

Draco quería disculparse por la estúpida reacción que había tomado, como le pudo haber gritado eso, quería seguirla y abrazarla haciéndole sentir su apoyo pero fue detenido por el azabache.

-Déjala Draco, es mejor que este con Longbottom- dijo Theo, mientras las chicas no entendían absolutamente nada de lo sucedido, al parecer era algo malo, pues la mirada de Tori no era esa que reflejaba felicidad, reflejaba desesperanza y miedo, no era correcto preguntarle y hacerla recordar por lo que sea que esté pasando, pero le preguntarían a Theo -Es mejor que sigas donde quiera que vayas con Hermi- añadió, sonriéndole picaronamente a la castaña haciéndola sonrojar.

-Ya cállate Nott- dijo Draco, no sabía por qué pero sintió como sus pálidas mejillas se incendiaban poco a poco, Draco Malfoy ¿sonrojado? Era una locura.

Theo tomó la mano de su novia y se dirigieron al jardín, dejándole privacidad a ese par de tortolitos, el azabache sabía que a pesar de todos los insultos y odios mutuos había algo que los dos habían escondido durante tantos años pero que ahora había salido a la luz, esta complemente seguro que el amor había llamado a sus puertas, después de todo la apuesta no había sido tan mala, pues ese era el camino para encontrar a las verdaderas personas con las cuales pasarían el resto de sus vidas, aunque fueran los suficientemente idiotas y orgullosos para dejar entrar al amor; aunque, sabía que esas chicas harían lo que su Luna había hecho en él... Entrar en su corazón de una forma tierna y a la vez muy inesperada pero perfecta.

Draco y Hermione entraron a la Sala de Menesteres, donde había un gran sofá y algunas que otras bebidas, que para la castaña era más que suficiente, tomaron algunas copas con hidromiel y hablaron de todo un poco. Las horas pasan rápido cuando te diviertes, y este era el caso del rubio y la castaña, pues sin darse cuenta ya era media noche. La castaña indicó que era hora de regresar a la torre de premios pero al rubio no le agradó mucho su idea, para decir verdad el tiempo que había pasado con ella era lo mejor que tuvo en todo el día.

-Draco, en serio, ya debemos irnos, nos pueden ver, y debemos cumplir con las reglas- repetía la castaña.

-Nadie nos verá Hermione... ¿No será que estas preocupada porque te vean conmigo?

-No digas tonterías Draco, este tiempo fue...- pero la castaña vio como unos ojos grises le pedían a gritos continuar - Fue agradable- finalizó.

¿En serio sólo agradable?- pensó el rubio algo desanimado.

-Para mí fue más que agradable.

-Draco, ¿esto fue una cita?- preguntó algo temerosa, el rubio se quedó pensando en lo que su madre le había dicho, ¿de verdad estaba cambiado? Él sabía que esa salida había sido para él una cita pero no estaba seguro de lo que la castaña pensaba de él,

¿De verdad me estoy volviendo loco o estoy sintiendo cosas por Granger?

Al ver como unos ojos miel lo miraban esperando su respuesta, salió de sus pensamientos.

-¿Para ti lo fue?- esta pregunta hizo que Hermione se sonrojara violentamente pues para ella esa noche había sido maravillosa y no sólo agradable, pero no sabía sí estaba mal interpretando las cosas, no quería sentirse como una estúpida al darse cuenta que sentía cosas por el rubio engreído de Malfoy y él no sentía nada por ella.

-No lo sé- dijo cabizbaja pues si lo sabía pero tenía miedo al rechazo.

-Por qué siempre dices que no lo sabes pero en realidad sé que sabes- dijo el rubio molesto, ¿acaso lo estaba rechazando? Hermione sabía que tenía razón, no había sido honesta con él ni con ella misma.

-Mira Draco no he sido honesta contigo.

-Por lo menos sabes eso- interrumpió el rubio haciendo que la castaña le enviara una mirada asesina.

-Yo pregunté primero Draco y quiero que me respondas - espetó ignorando lo que iba a decir anteriormente.

-Sabes qué, mañana en la mañana nos vamos a encontrar en el lago cerca de las 8 y diremos si esto fue o no una cita- dijo el rubio ya cansado, pues no diría cosas que luego se arrepentiría, debía estar seguro lo que le pasaba.

-Me parece bien, entonces mañana a las 8.

-Sí.

-Bien, adiós- dijo Hermione saliendo de la sala para dirigirse a su torre, dejando al rubio bastante pensativo.

-No puede ser que me esté enamorando... ¿Puede ser eso cierto y posible?

Por su parte Neville había alcanzado a Astoria y veía que esa conversación con Malfoy la había aturdido.

-Tori...- dijo el castaño tomando su muñeca haciéndola detenerse.

-Lo siento mucho Nev, no creo que sea la persona correcta para estar contigo- dijo con ojos llorosos.

-No digas eso, tu eres perfecta- dijo sonrojándose, ¿acaso se estaba declarando?

-Nev... Esto es bastante delicado, te contaré mis razones pero prométeme que no me interrumpirás hasta que termine de hablar- dijo derramando unas rebeldes lágrimas, el chico las secó y se dirigieron a la Torre de Astronomía.

-Nev, después de lo que te voy a contar, entenderé si jamás me volvieras a hablar, sería bastante difícil pero lo entenderé- dijo con tristeza, no podía ocultarlo más, no a él, hizo algunos hechizos silenciadores y empezó a contarle todo lo de la carta, sus angustias y temores que esto le infundía, la había marcado profundamente y no podía hacer más que callar y esperar a que poco a poco las cosas sucedieran. Al principio el castaño se sorprendió al saber lo que su familia era y lo que sus padres querían que hiciera, ¿cómo podían llamar a eso una familia? Eso no era el amor que los padres brindaban a sus hijos. Entendió el sufrimiento por el cuál aquella morena estaba pasando y algo en su interior le decía que era incapaz de abandonarla en esta situación, así que sin más secó las lágrimas derramadas y la abrazó fuertemente transmitiéndole apoyo, comprensión y amor... Entonces Neville Longbottom comprendió que definitivamente estaba enamorado de la castaña que lloraba entre sus brazos desahogándose de todo el sufrimiento que su dulce y cálido corazón tenía, el cerraría y curaría sus heridas, estaba decidido en hacerlo.

Las cosas entre Theo y Luna iban cada vez mejor, cada ocurrencia y criatura que decía la rubia enamoraba más al azabache, Theo se sentía muy a gusto al haber salido de la estúpida apuesta de sus amigos, esa rubia de grandes ojos azules lo traía loco y rendido en sus pies, aunque la chica fuera muy inocente para darse cuenta de esto, pero era mejor así, Luna era la prueba de que él tenía un corazón, no tan puro e inocente como ella pero le hacía ver que tenía uno, cada vez que lo dudaba cogía sus manos con las de él y las ponía el en el pecho del azabache, haciendo que se sienta la persona más afortunada del universo.

-Luna Lovegood eres lo mejor de mi vida, te amo- dijo tomándola del mentón y mirando sus hermosos ojos.

-Theodore Nott yo te amo hasta la luna.

-¿Sólo a un centímetro? ¿Tan cortito?- dijo fingiendo tristeza.

-No tonto, hasta...- pero la besó haciéndole quedar a medias su explicación sobre la luna.

La pelirroja se encontraba aunque no lo crean, en la biblioteca estudiando, esa era la única forma en la cual encontraba para olvidarse de ese estúpido moreno, que desde hace algunos días se le había metido en su testaruda cabeza, hasta que alguien la interrumpió.

-Ginny, ¿podemos hablar?- dijo un chico cuya voz reconocía hasta durmiendo para su desgracia.

-No te voy a dar copia de la tarea Ron, Herms no me quiere ayudar y mañana tendré que pedirle ayuda a Tori.

-Ginny no es para eso... Necesito un consejo- dijo su hermano algo nervioso.

-¿Consejo? ¿Tú?- preguntó riendo.

-Esto es en serio Ginny.

-Pero que ánimos, a ver... Suéltalo hermano.

-Ginny... Creo... Queestoyenamorado.

-¿Qué?- fingió no entender, quería oírlo bien.

-Creo que estoy enamorado- dijo más calmadamente.

-Vaya hermanito, ¿y de quién?

-Ese es el problema, no sé cómo, cuándo y por qué...

-Sí, bueno, ¿pero de quién?

-Es bastante complicada, impulsiva, gruñona...

-¡¿DE QUIEN?!

-De Parkinson- dijo Ron sonrojado.

-¡¿De la pansona?!- gritó Ginny sorprendida.

-De Pansy, Ginny.

-Por eso, la pansona, ese es su apodo- dijo riendo.

-No me da gracia Ginevra.

-A mí sí, ¿problema?- dijo rodando los ojos -¿Y qué quieres que te diga?

-¿Qué le gustan a las mujeres?- preguntó Ron haciendo que Ginny se carcajeara, pero se callara al ver la cara de fusil de su hermano.

-Pues, esa chica es todo un caso, la verdad no sabría que decirte, de ella sólo sé que tiene fama por ser una zorra pero de gustos...

-No tienes que recordarlo Ginevra.

-Tú preguntaste y yo respondí lo que sabía... ¿Por qué no buscas a Harry?, así aprovechas y hablas con Daphne, según tengo entendido ellas son amigas, seguramente te ayudará en tu problemita- dijo riendo.

-Pues lo he buscado toda la noche y no lo encontré, por eso recurrí a ti, pero lo volveré a buscar mañana.

-Bien- dijo volviendo a su aburrido libro.

¿Cómo harán Hermione y Astoria para pasar horas en este aburrido lugar? Ya me dio hambre de pensar tanto- pensó la pelirroja saliendo de la biblioteca dirigiéndose a las cocinas, pues ya era tarde y debía ser precavida de no encontrarse con ningún Prefecto, para su suerte llegó sin problemas y los elfos domésticos prepararon algunos bocadillos para la hambrienta pelirroja que estaba tranquila y sentada en un pequeño taburete hasta que la sacaron de su tranquilidad.

-Tómalo con calma que nos dejaras sin comida.

-¡¿Y tú quién te crees que eres para decirme lo que tengo que hacer o no?!- dándose la vuelta y quedando petrificada automáticamente... Sí, era su basilisco personal Zabini.

-Ni un poco de azúcar te baja ese genio- dijo riendo y pensando que no aguantaría ni un minuto escuchando esos estruendosos gritos y regaños de la pelirroja.

-Mira pedazo de...- pero fue interrumpida por un beso que correspondió al instante, ¿Alguna vez se cansaría de besar esos exquisitos labios?... No, ninguno de los dos se cansaría de probarlos una y otra vez. No se aburrían de la hora o lugar, era cada vez más interesante aunque no lo reconocieran. Era cómo volar, pues sentían la misma adrenalina y aparecían esos deseos de querer saber cuándo sucedería el siguiente y en qué forma lo realizarían... Jodidamente adictivo y placentero.