The Rape
Summary: Solo en un departamento no te puede pasar mucho, menos si es tuyo... ¿Pero y si te raptan? ¿Y en tu propio departamento? ¿Quién te raptó? ¡¿Qué se cree que está haciendo ahora?! ¡NO...! - ¡Juro que me vengaré, te voy a matar algún día, maldito bastardo!
Disclaimer: Los personajes de Gundam Wing no me pertenecen, ésta historia es sin fines lucrativos sino tan sólo de aficionados para aficionados.
Este FanFinc tiene contexto yaoi, si eres intolerante al tema y/o crees que no estás apto a leerlo, está bajo tu decisión.
No trato de hacerle ningún tipo de propaganda a ninguna marca/artista/escritor/etc. Simplemente uso sus nombres como complemento, sin poseer ningún derecho sobre ellos.
Parejas:Más entrada la trama definiré eso.
Advertencia: Lemon en la mayoría de capítulos, así que esto es un NC-17. Insultos y comentarios subidos de tono.
Comillas: ' '
Diálogos:- -
Pensamientos: " "
-~-~-~- Capítulo 22 -~-~-~-
"El paraíso que habías buscado al punto de haberlo abandonado todo
no es más que un espejismo flotando en un mar de arena,
una ilusión que se escurre por las palmas de tus manos secas." Tsuki Sen'ichiya, Rurutia.
- … nunca te me confesaste
-… ¿Eso quieres?
- […] das vuelta mi mundo.
… me pregunté si era posible siquiera pretender que habíamos vuelto.
Era desagradable intentar aceptar que le instinto me había fallado.
-… ¿Planos?
- Del Warpeace.
- Ustedes entrarán por el primer piso, o por el segundo; son los dos pisos con mayor movimiento, así que van a tener que ir por la ventilación… aquí, o aquí. El objetivo está en el tercer piso, pero trataré de moverlo al segundo piso donde están los transbordadores. Una vez que Relena y Clovis estén fuera de la nave van a tener que exiliarse hasta que Preventers se defina
- ¿Cuándo haremos esto? -
- Cuando Solo venga por mí –
Desperté definitivamente, luego de tres o cuatro intentos de aterrizaje mental
Su mano me detuvo por el brazo sin ejercer presión haciéndome voltear hacia él…
- ¿Heero?
- Sht.
Su boca ardiendo sobre la mía, húmeda, pretendiendo fusionarse conmigo si eso fuera posible.
-… No quiero que vayas.
- Sabes que tengo miedo…, […] yo también quiero volver…
Sentí el suelo temblar a nuestros pies sacudiéndonos a todos.
- Él está creando confusión no sólo para destruir la base, sino para sacarme. En teoría ustedes tendrán que defender a Preventers hasta que puedan abrirse paso y llegar a la nave, infiltrarse, sacar a los rehenes, y desaparecer
- Entonces nos prepararemos para iniciar ese plan, yo por mi parte permaneceré del lado de la ESUN. Que Barton, Winner y Yuy se encarguen del rescate y proteger a los rehenes. Buscaré el modo de contactarlos en la medida en que consiga las pruebas necesarias.
- ¿Qué pasa?
- Usa el Wing. […] Usa el Zero.
- P-Pero…
- Estarás bien.
Me miró y lo miré, fueron segundos eternos de mi vida, y cuando su carácter se suavizó, sus ojos se transparentaron, y la sonrisa se dibujó en su boca, supe que yo estaba condenado…
La escena se me hacía familiar: Heero de pie frente a mi observando mientras el Mobile Suit iniciaba sus turbinas y se elevaba en el aire. No era la primera vez que me iba, o que él me hacía ir.
La espeluznante noche llena de obscuridad refusilaba por los cañonazos de los Mobile Suits, las espadas de sable encendidas y las explosiones. Podía ver disparos y fuego por doquier –lo último me hizo recordar a una de las tantas pesadillas que tuve los últimos meses, esa en dónde veía caer a los Gundams, uno por uno. Miré a mi alrededor todavía pasmado, sin reaccionar del todo, hasta que una unidad vino a mi encuentro recibiéndome con una ronda de balazos.
-… Bien.
Suspiré profundamente apretando los controles en mis sudorosas manos.
El calor era sofocante dentro de mi cabina, pero me acostumbraba mientras maniobraba para evitar ataques. De a poco fui capaz de concentrarme, pero me sorprendían las explosiones en lugares que no imaginaba. La torre de control estaba completamente destruida, en llamas; uno de los hangares estaba abierto, con todas sus luces encendidas, y desde mi posición todavía podía ver a las personas correteando por los pasillos que todavía no habían sucumbido al humo.
Un disparo me dio en el hombro. Todo el aparato tembló siendo empujado contra el piso.
- Vamos Zero –susurré intentando concentrarme-.
Esquivé un ataque próximo haciendo girar al Gundam hacia la derecha, sobre sí mismo, mientras desenfundaba el sable de luz. De un movimiento corté la cabeza del Mobile Suit e impulsé al Wing con sus turbinas hacia arriba, en busca de otro oponente. Vi un par de oficiales de preventers combatiendo en sus unidades, por lo que me les uní inmediatamente de backup. La rapidez de este Gundam era superior a la de cualquier unidad Taurus, así que evadí un par con ayuda del movimiento de las alas, primero hacia el frente y luego hacia atrás.
Un disparo desde lejos me llamó la atención. Retrocedí hacia el oeste para evitar que me diera. Segundos después el radar indicó la presencia de un importante Mobile Suit, y me mostró en la pantalla el Hellburn.
- Maldición…
Estaba preocupado, expectante de que el sistema reaccionara en el peor momento, se activara y yo quedara inutilizado, inconsciente, o muerto dentro de la cabina. El fantasma de lo que había pasado la última vez que usé este Gundam me perseguía, torturaba, asustaba, y desconcentraba. Estar desconcentrado en el campo de batalla era una de las peores cosas… y extrañamente, era lo que al mismo tiempo me mantenía a salvo del Sistema Zero.
Con sus turbinas a máxima potencia el Hellburn arremetió contra mí. Solamente pude defenderme con el escudo, mientras el sable intentaba cortarle una de sus extremidades (el más largo de sus brazos). La electricidad corrió por las armaduras de ambos y nos apartamos bruscamente.
"Yutira…"
Ella era la última persona con la que deseaba enfrentarme.
El Mobile Suit azul se movió hacia mí intentando atinarme un golpe, pero el escudo de mi brazo lo detuvo con éxito. Entonces tuve que volver a impulsarme hacia atrás, viendo cómo pretendía usar su brazo extensible para rostizarme. Lo mismo se repitió varias veces: nuestros Gundams colisionando, intentando cortarse, y luego apartándose para que yo evadiera el ataque de sus volteos energéticos. Analicé la situación por un momento mientras elevaba la unidad y pude encontrar la brecha para el próximo movimiento. Inevitablemente nuestros Gundams volvieron a chocar enardecidamente.
Sentí al sistema iniciarse, la pantalla coloreándose de amarillo por un momento impidiéndome ver, y lo siguiente que presencié fue demasiado confuso.
Mi cerebro se sentía bombardeado por sensaciones etéreas, invisibles, que sólo podía afirmar por sentirlas estresándome, jalando cada neurona y estriñéndola hasta que el dolor se volvía palpitante, insoportable. Respiré profundamente intentando sentir el aire entrando a mi cuerpo, aunque los aguijonazos de dolor comenzaban a esparcirse por toda mi piel. Sostuve mi cabeza con la mano izquierda comenzando a ver las imágenes pasar, inconexas, incoherentes, aceleradas, distorsionadas hacia los bordes. Los oídos zumbaban horriblemente y los tambores auditivos parecían explotarse y regenerarse al mismo tiempo. Qué aterrorizante sensación de morirse en vida.
Reconocí al Deathcythe peleando frente a mí, su guadaña se esgrimía en mi contra, cada vez con más velocidad. Mis manos temblorosas intentaban esquivar cada ataque, pero los tendones adoloridos y poco sincronizados hacían torpes mis movimientos. Inmediatamente descubrí que no era el Deathscythe quien me atacaba, era el Wing con su sable. Pero cuando lo noté todo volvió a girar a mi alrededor y la imagen ya no era esa, todo estaba negro, y no había gravedad ni mucho menos un sentido de la dirección.
Un sonido distorsionado, apagado y tenue comenzaba a resonar. Los oídos ya no dolían igual, podía concentrarme en mi entorno. Las voces se hacían fuertes pero no claras y durante los próximos eternos segundos creí que me aturdirían para al final sorprenderme con su nitidez.
- La guerra arrebató nuestras infancias.
Solo.
- Si hubiéramos permanecido juntos las cosas habrían sido diferentes… pero el hubiera no existe.
Yutira. Selene.
- ¿Cuánto más vas a tardar hasta encontrarte a ti mismo…?
Heero.
"¿Qué hago reviviendo muertos y adorándolos al mismo tiempo?"
La imagen de quien era el Duque Frederic en medio de la absoluta y vacía oscuridad se retorcía convirtiéndose de a ratos en lo que yo recordaba como Solo. Se borraban las cicatrices y el paso del tiempo, se aniñaban sus rasgos, para al segundo volver a rearmarse. La sangre comenzaba a brotar de sus poros bañándolo, desde la coronilla de su frente hacia el suelo hasta que ya no era más que un cuerpo cadavérico y putrefacto estirándome una mano, intentando alcanzar y sujetarme, arrastrarme consigo.
Náuseas.
- ¡Aaah…!
Mi cuerpo se estremeció sacudiéndose con vigor, conmigo completamente fuera de mis cabales, incapaz de reaccionar racionalmente.
- ¡No!
El sable se balancea peligrosamente al frente intentando cortar la atemorizante imagen del horizonte, que se desvanece en la nada y me deja a mí mismo, golpeando contra el Hellburn. Respiro agitadamente mientras me esfuerzo por comprender lo que sucedió, pero una aún más horripilante sensación de suciedad, de manos atrapándome al asiento del piloto, y de pesadez, me obligan a propulsar el Wing hacia arriba. Entre revoloteos sólo puedo concentrarme en elevarme, elevarme hasta que mi mente se despeje con el frío de la estratosfera.
Cuando mis pulmones finalmente se llenan de aire suficiente y sobre mi cabeza se ve el espacio exterior, con todas sus magníficas estrellas, todo se esclarece de manera asombrosa. Todo cobra un espantoso sentido, todo lo que es ya no es, y todo lo que era vuelve a destruirse. De repente todo lo que existe soy yo, un yo que ni siquiera se puede definir en palabras. Y nada más importa, porque yo estoy aquí, y porque todo lo demás no es otra cosa sino el pasado persiguiéndome.
A nadie le interesa por qué la gente actúa como lo hace. A nadie le importa las razones por las cuales estamos aquí. Todo lo que importan son los hechos, no las interpretaciones. Todo esto pasó porque he estado preguntándome el sentido de cada hecho. Todo esto pasó porque comencé a hacer preguntas que jamás tuvieron respuesta, intentando justificar hechos y traiciones que seguramente eran injustificables.
Mire hacia abajo buscando el campo de batalla y el Hellburn abriéndose paso para darme alcance.
El por qué de esta guerra era otra pregunta que carecía de sentido. El por qué Relena cooperaba tampoco tenía relevancia. El por qué Yutira tuvo que ser vendida y violada hasta el cansancio tampoco es algo que deba cuestionarse. El que Solo haya repetido lo mismo conmigo tampoco, aunque no lo pueda superar. Son hechos que pasaron, sucedieron, tuvieron consecuencias. Son hechos que deben ser detenidos sin importar la razón.
Tanto rencor.
¿Dónde quedó la bondad de este mundo?
- La bondad está en nuestros corazones… -susurré citando a Quatre, sin querer-.
Entonces solamente tengo que hacerla despertar.
Si la humanidad entera estaba perdida, había que eliminarla.
Apreté los controles en mis manos, me deshice de la sensación de pesadez, y arremetí contra la corteza terrestre desarmando a mi paso todo Mobile Suit que se me cruzaba. Había que erradicar el foco del problema. En un pestañeo llegué al suelo, donde me tocó evitar el impacto danzando con las turbinas hasta hallar el camino a los hangares, o lo que quedaba de ellos. Tuve que tomar un par de escombros que había en el suelo y lanzarlos al Hellburn para lograr distraer a su piloto; después me metí en un subsuelo para que su radar dejara de detectarme y me apresuré a encender la válvula de descompresión del Gundam, bajándole la temperatura. Eso me dio tiempo de meterme en el hangar sin ser visto.
Era hora de hacernos despertar a todos.
Detuve el Wing cerca de la plataforma. Junto a él quedó un Taurus viejo con la escotilla abierta, listo para ser encendido y arrancar. El edificio temblaba aún más que antes, y algunas luces chispeaban en corto circuito producto de las fallas en la estructura, ya insostenibles. Los ecos de disparos y gritos provenían del exterior, a través de las paredes maltrechas que apenas se mantenían en pie; el sonido vivo de la guerra resonando en nuestros oídos, volviéndonos inmunes, recordándome una vez más que yo sólo había sabido revivir muertos…. El único soldado en el área era Heero, junto a un escritorio mientras armaba un par de mágnum. Abrí la compuerta de mi unidad para salir.
Nuestras miradas se encontraron de inmediato.
Supe que sin decir nada él lo sabría todo. Así había sido siempre. Pero esta vez sabía que si él no decía nada yo seguiría en mi ignorancia y confusión… sin saber qué es lo que realmente está pensando, sin saber lo que su cabeza está maquinando. Él siempre sería esa pieza de un rompecabezas que nadie puede completar, pero tan obvio que es fácil de adivinar; y a pesar de eso, nadie logra poner las piezas en su lugar…
- Después de que esto termine –pronuncié cuando me le acerqué a paso firme-, me debes una conversación.
- Claro.
Su mano me extendió el arma recién pulida y ensamblada.
Mi sonrisa se acentuó al tomarla entre mis manos, intuyendo que ése era su modo de demostrar su confianza, con un arma cargada y lista para disparar. Aproveché mi mano libre para jalarlo hacia mí, sujetarlo por la cintura y acercármele al oído. De nuevo nos tendríamos que separar quién sabe por cuánto tiempo. Quise decirle mil cosas, pero sabía que eran inútiles así que solamente me quedé allí un segundo, disfrutando de ese delicioso aroma a Lexus Vol 0.98 P que me encantaba sentir en las mañanas, luego de su ducha matutina.
- Robaré un poco de tu personalidad –le susurré apresando su boca contra la mía en lo que podía llamarse, un escandaloso beso-. Has que dure.
Su mirada transparente se chocó con la mía mientras nos alejábamos, apenas chispeante. Solamente pude sonreírle una última vez antes que el tiempo nos corriera, él rumbo a su Gundam y yo al Taurus, con el que me esperaba una misión suicida.
Vi cómo el edificio se llenaba de humo y comenzaban a caer partes del techo justo en el instante en que el Wing encendió y despegó, a velocidad considerable, dejándome atrás intencionalmente. Revisé los cargadores de repuesto en los bolsillos de mi campera; en el recuento encontré un par extra bajo la butaca de la cabina junto a un par de granadas. Acostumbrado a pilotear no muchos minutos atrás el Gundam 01, chasqueé la lengua al comprobar la rigidez de los controles que tenía mi nueva unidad. A pesar de ello me las arreglé para salir de entre los escombros – ya no podía llamarse a eso hangar – iniciando el proceso de evasión y elevación. Mi objetivo: el Warpeace.
Presté atención a mis alrededores. De la base ya quedaba poco y nada, algunos aviones de cargamento se habían llevado los últimos soldados sobrevivientes y material en condiciones. Los únicos que permanecían resguardados en la parte subterránea eran los miembros del comando. Veía el fuego erguir columnas de humo negro hacia el cielo, de diferentes explosiones y focos de incendio esparcidos por todo el territorio. No se me dificultó sobrepasar la primera línea de combate, pero la segunda línea sí me recibió con un par de choques. Traté de evadir las peleas porque sabía que me mancillarían, y continuar ascendiendo hasta que pudiera colarme en la seguridad de la nave era la única salida. Mientras quemaba el combustible en el motor vi haciéndose cada vez más grande el navío de guerra, cada segundo más cerca que el anterior.
Esquivé hacia la derecha un golpe fatal que me proporcionó un Mobile Suit (no vi cuál), y en pocos instantes tenía en mi radar al Hellburn dirigiéndose a máxima velocidad hacia donde me encontraba. Traté de no prestarle atención mientras seguía hacia arriba en zigzag, distrayendo la atención de varios. Un par de balazos le dieron al Taurus en la pierna dejándola sin funcionamiento y le tuve que disparar de regreso al atacante, que aunque salió ileso, logró perderme de vista cuando giré hacia abajo colocándome detrás de otras unidades, que corté en el camino con un sable de poca energía.
La alerta del radar me indicó un ataque viniendo desde la izquierda, y vi acercarse hacia mí el disparo del Wing cruzando el cielo horizontalmente. Me elevé dejando que la energía luminosa fulminara varias naves; a su paso había quedado una franja de puras explosiones que pronto se deshicieron en el aire. La segunda línea había sido prácticamente eliminada con un poderoso disparo del 01. Busqué inconscientemente al Hellburn, y lo encontré a varios kilómetros con la pierna chispeando. Supe que Heero le había apuntado a Yutira más que a la segunda línea de combate, y aproveché la brecha para terminar de acercarme al casco exterior del Warpeace. Le disparé a lo largo destruyendo cámaras de seguridad antes de anclar la unidad, firmemente ajustada con las manos para evitar que yo mismo saliera volando al salir.
- Es hora –me dije tomando todo el armamento que pude, más que nada cargadores, porque no quería hacer explotar la nave por dentro-.
Con un suspiro corto pero profundo me mentalicé y abrí la escotilla. Caí con dificultad sobre el metal de la estructura, haciéndoseme complicado para moverme con el viento en contra y la falta de oxígeno de aquellas alturas. Había pequeñas brechas de fuego por todas partes, pero el humo mismo evitaba que yo fuera visto desde lejos. Me moví con sigilo sobre el material hasta quedar sobre el conducto que previamente había memorizado para la ocasión: me alegré de encontrarlo en su sitio. Por sobre el flequillo alcancé a vislumbrar un par de naves sobrevolándome, en pleno intercambio de balacera; fugazmente recordé los días en que OZ era una amenaza y nos veíamos haciendo este tipo de misiones casi a diario.
El Zero me lo había dado a entender. Lo que Solo estaba haciendo era estancarse en el pasado e impedía que también los demás avanzáramos. Era como si algo en él se negara a aceptar que los tiempos habían cambiado, como si su fe en la sociedad no existiera y para peor, quisiera recrear las condiciones idóneas de antagonismo. Quería poder entender por qué tenía esa paranoia, pero por sobre todas las cosas, guardaba una pequeña esperanza de hacerle entender a él que necesitaba aceptar el cambio, moverse hacia adelante, dejar atrás lo que fuera que lo estuviera atando, y ver las cosas bellas que debían ser protegidas en esta nueva era.
No iba a ser tan fácil, intuía.
Me deslicé lentamente por el ducto de ventilación procurando no hacer ruido alguno. Había polvo por doquier, me picaba la nariz, el sendero era demasiado estrecho, y para colmo de males, me estaba poniendo un poco claustrofóbico. Algo inédito y absurdo si consideraba que había sido entrenado para infiltrarme sin miedo. Pensé, mientras seguía moviéndome en cuatro, que quizás sí me había oxidado imperdonablemente durante los años sabáticos. Una rejilla llamó mi atención haciendo que me asome para ver por ella, pero se trataba del pasillo, un mal lugar para descender en aquél momento. Todavía no era buena idea que las cámaras me vieran, ¡menos con la chaqueta de Preventers puesta!
Ah, maldición, había olvidado la chaqueta…
Continué avanzando hasta chocarme con una bifurcación, algo previsto; tomé el camino de la izquierda buscando lo que era un cuarto seguro donde cambiarme de ropas, preparar el arma, y cambiar mi rostro por algo menos sospechoso. Revisé mentalmente los planes: una vez encontrara a Relena debía prepararme para el combate cuerpo a cuerpo, porque sería evidente mi plan; me tocaría robar una nave estando con ella, y rezar que Heero se abriera paso a tiempo para llevársela; entonces tendría todo el tiempo del mundo para ocuparme de Solo.
Si el Dios de la muerte estaba de mi lado no sería tan complicado. Sólo "si…".
Contuve el estornudo presionando la nariz contra el dorso de mi mano, con mi cuerpo haciéndose una bolita instintivamente para soportar la ola de sensibilidad que me recorría. El polvillo era insoportable, me iba a matar de alergia si seguía por mucho más tiempo en cuatro patas caminando por estos pequeños compartimentos. Desterré tanto como pude la idea de estar encerrado, de tiznarme de negro, de cualquier posible olor o bacteria, de ser descubierto y morir acribillado entre un montón de chapas, y seguí andando hacia el frente. Doblé hacia la izquierda en la próxima bifurcación encontrándome a pocos metros con otra rejilla, esta vez dando a lo que parecía una habitación oscura.
Si mi memoria no me fallaba (y hasta ahora no lo había hecho) era el lugar perfecto para salir del basurero.
Tras suspirar procedí a retirar las grampas de seguridad, me acomodé y me colgué de los brazos balanceándome suavemente, todavía con los pies a varios centímetros del suelo. Me fue fácil aterrizar porque no llevaba conmigo ningún bolso extra. Ya en el piso guardé silencio inmóvil a la espera de cualquier sorpresa que jamás sucedió. Al cabo de unos instantes comencé a quitarme la chaqueta, seguida de la camisa; luego volteé ambas prendas al revés y me las volví a colocar para que no se pudiera ver ningún logo ni marca que me identificara. Tendría que servir hasta que consiguiese un cambio de ropa en alguna parte.
Carecía de reloj para tomar el tiempo que había transcurrido desde que me separé de los demás, pero podría contar fácilmente más de media hora.
Sin mucho más que perder, me acerqué a la puerta y la abrí con arma en mano. El metal se deslizó hacia un costado incrustándose en la pared. Esta área parecía haberse quedado completamente deshabitada con los escuadrones de mantenimiento en los hangares. Lo complicado sería salir de la nave, más que moverse por adentro, aparentemente. Caminé con precaución hacia la izquierda, casi volviendo sobre mi avance en la ventilación. Por largos metros no me topé con nada, ni puertas, ni escotillas, ni gente; me llevó otros largos minutos que parecieron horas para encontrarme con el cruce de caminos que me llevaba al área de habitaciones para invitados especiales. Allí me moví con más velocidad y confianza, todo recto por el camino de la derecha hasta que un espacioso living se abrió frente a mí.
La pared opuesta decorada con un hermoso ventanal que ahora se encontraba sellado desde el exterior con material blindado. Los sofás todos en color vino se disponían en un cuadrado, enfrentándose todos a la misma mesita ratona ovalada color caoba. Eran pocos los muebles, pero de gusto y clase, especiales para esta sección. Recordé las innumerables veces que vi a Relena sentada en uno de esos sillones disfrutando de una lectura ligera. En mi misma pared pero hacia la izquierda podía encontrar otro pasillo hundiéndose hasta otra zona de hangares privada; la pared perpendicular derecha también tenía un pasillo, en el que se ubicaban todas las habitaciones del comando; finalmente la pared perpendicular izquierda, la más alejada de todas, tenía un pasillo que iba hacia los cuartos de personal y recreación – el sector más amplio.
Otra vez inicié el recorrido en busca del pasillo paralelo al mío. Achiqué la distancia tan rápido como pude, me adentré en la oscuridad, y seguí de largo hacia la segunda puerta hacia mi derecha. Presioné le botón para abrir sin siquiera consultar quién estaba adentro, porque o era ella, o era una emboscada. Apenas se deslizó la puerta mi arma estaba al frente, apuntando a lo que sea que estuviera adentro.
Pero la luz estaba prendida y Relena me miraba sentada en una de sus sillas, con una expresión de confusión y sorpresa palpable.
– ¿Duo? –su voz casi sonaba estrangulada–
– Relena –le contesté entrando con cuidado al cuarto– ¿Sola?
– Sí… ¿no habías…? –intentó preguntar, y supe que no sabía ni cómo encarar el asunto–
– Vamos, Heero debe estar por llegar –le respondí sabiendo lo bien que ese nombre le nublaba la mente y la volvía un poco tonta. En verdad funcionó, porque contuvo la respiración e hizo como le pedí sin decir más–. Te sacaremos después de que encuentre a Clovis.
Me giré sobre mis pasos cuidando de revisar el pasillo, por ahora vacío. Cuando me aseguré de que pudiéramos echarnos a andar le hice señas, saliendo finalmente del cuarto con ella a mis espaldas. Avanzamos conmigo al frente y ella prácticamente oculta detrás de mí, hasta que metros más adelante y tras dos puertas, llegamos al lugar donde recordaba que habían puesto a Clovis. Él había resultado un poco más difícil de manejar, tenía una clave de seguridad en la puerta para evitar que causara problemas. Con agilidad presioné los dígitos de la clave desbloqueando la cerradura, y automáticamente la puerta se deslizó.
El sujeto estaba completamente dormido en la cama.
Hice una mueca con la boca y le señalé a mi compañera que entrara al cuarto y lo despertara, en lo que yo hacía guardia en la puerta. Ella lo dudó silenciosamente una milésima de segundo antes de obedecer, entrar al cuarto con la cautela de una gacela y arrimarse a la cama individual, más amplia de lo usual, donde el cuerpo delgado del mandatario estaba recostado, con sus cabellos rubios oscuros esparcidos por la almohada. La vi de reojo mover el cuerpo del hombre, giré mi vista por los lados del pasillo, y volví a espiar al interior de la cuasi-celda. Inclusive alcancé a escuchar parte del berrinche que Clovis hacía por haber sido despertado sin fundamento.
– Andando, no hay tiempo –los apresuré más por él que por la dama, pues ella estaba muy cooperativa–.
– Pero a dónde, no hay a dónde ir, ¿quién te envió? –insistió el secretario de defensa–
– Mantén tu boca cerrada o te pondré una bala entre las cejas… –le susurré mordaz tomando la muñeca de la ministra de relaciones exteriores y comenzando a avanzar, esta vez sobre nuestros pasos, hacia el ascensor que nos dejaría justo en un pasillo de viaje directo al hangar–.
Sentí los dos pares de pies caminar a mis espaldas, los tres absortos y preocupados de captar cualquier sonido. Llegamos pronto al compartimento y descendimos los pisos necesarios. La tensión en el aire podía cortarse con cualquier respiro, yo tenía hasta el más mínimo músculo abarrotado, pero a pesar de eso continuamos el trayecto sintiendo los ligeros temblores que las explosiones provocaban en la nave. El pasillo parecía un camino eterno, sin final, y cada segundo se había transformado en hora; ¿alguna vez llegaríamos a destino? ¿Llegaríamos sanos y salvos, tan siquiera? Me preocupaba el silencio, tanto que temía una emboscada.
Escuché pasos apresurados dirigiéndose a nosotros desde la intersección que podía verse a no menos de cinco metros adelante. La mano que todavía sostenía la de Relena se liberó, rígida como una tabla, estirándose y empujando a mis dos rehenes contra la oscuridad de una pared donde no fuéramos vistos. Instantes después cuatro soldados uniformados en rojo y negro, con armas en sus hombros, pasaron al trote por el cruce. Cuando por fin escuché lejos las pisadas solté disimuladamente el aire y reinicié el recorrido, con la misma precaución de antes. Les indiqué a mis acompañantes que apresuraran el paso con sólo un movimiento de manos; caminar a paso tortuga si bien era silencioso, nos haría tardar mucho preciado tiempo, y si las cámaras de seguridad seguían estando donde yo creía entonces tarde o temprano sería absurdo.
Corrimos el resto de los metros, no demasiado rápido pero sí lo suficiente para que Clovis se quedase sin aire; luego doblamos por un pasillo que llevaba directo a los hangares. Solamente tuvimos que caminar unos metros para que una compuerta se abriera y saliera un desprevenido soldado. Me helé, detrás de mí hubo dos exclamaciones ahogadas, él se quedó sorprendido un milisegundo. Reaccioné un instante antes de que él tomara el arma para apuntarme, golpeé con una mano su brazo desviándolo de su objetivo, e inmediatamente lo doblegué con una patada en la rodilla que lo mandó al piso. La adrenalina había subido estrepitosamente, mi corazón se estrellaba contra las costillas, pero se sentía bien. Solamente tuve que apretar en los puntos clave de su nuca para hacerlo desmayarse y tomar su arma.
– ¿A dónde vamos? –insistió el secretario de defensa viendo con desconfianza el soldado que había vuelto a encerrar en el cuarto–
– Al hangar… –le respondí por inercia cuando volví a retomar el paso–.
– ¿Eso no es peligroso? ¿Y si nos agarran y nos ejecutan? ¿Por qué haces esto?
La cataratas de preguntas inició conmigo un poco estresado, así que lo miré por sobre mi hombro. Ojalá pudiera hacer una mirada gélida como la de Heero, pensé.
Llegamos a la zona de las naves tras unos cuantos minutos más de desolado avance. Miré con desconfianza el amplio lugar, con techo alto, sin nada detrás de lo cual esconderse salvo un par de maquinarias, todo de metal y con varios transbordadores ubicados lado a lado en la zona frontal; era un pésimo lugar para estar con dos civiles. Analicé un poco la situación y decidí llevarlos cerca de la pared, circundando el área por todo el contorno hasta que estuviéramos cerca de algún lugar un poco más seguro; cuando tracé la ruta de nuevo les indiqué que me siguieran.
– Los controles están allí –le expliqué a Relena, la única más coherente después de mi–, cruzaremos por alrededor, quiero ver cuál de las máquinas está operable… después nos subiremos y ustedes partirán, o ese es el plan. Heero debería llegar en algún momento.
– ¿Qué hay del Duque Frederic? –me cuestionó dejando algo implícito en su voz que no pude comprender–
– ¿Qué hay con él? Me ocuparé de eso después de sacarlos a ustedes… –le eché una mirada mientras todavía caminábamos los tres en fila; Clovis en la retaguardia–. Tienes que salir de la Tierra Relena, si algo de lo que dice Frederic es cierto entonces eres la única que puede desmantelar a Preventers y reconstruirlo con buenos valores. Heero te llevará lejos, solos.
– ¿Tú qué harás? –insistió ella con genuino interés. Sus ojos celestes brillaban mientras me observaba fijamente–.
Por alguna razón dudé. ¿Debía decirle que no se me hacía posible salir con vida, que escapar no estaba entre mis planes?
–… No estoy seguro –susurré lentamente–.
– A él no le gustará tener que irse sin ti –replicó sin necesidad de mencionar su nombre–.
– Convéncelo… –negué–. No estoy bien, Relena; algo está mal conmigo y debo solucionarlo solo… en primer lugar todo esto sucedió por culpa mía, por todo lo que tuvo que pasar Solo.
Ella pareció comprender lo que intentaba decirle con pocas palabras, se mantuvo con los labios cerrados suavemente los siguientes minutos, y me dejó llegar hasta la máquina y tipear algunos datos de verificación.
Intenté no pensar demasiado en toda la situación, o todo lo que ella quería saber, pues tenía una vaga idea de que Heero se ofuscaría, que Solo no sería fácil de enfrentar, que la nave estaba bajo ataque y bien podría explotar con todos nosotros dentro, que Preventers podría ponerse contra nuestra y emitir una orden de captura aludiendo que somos traidores de la paz…. Era una paranoia, mi mente apenas podía ponerse al corriente.
Las opciones de despegue y los permisos para abrir las compuertas se desplegaron en la pantalla frente a mis ojos, y con un par de pitidos, logré desbloquear algunos datos necesarios para saber el estado de las naves. Solamente dos estaban en condiciones de maniobrarse, con combustible en sus tanques, frenos y dirección ajustados. Memoricé el número de serie de las naves que figuraban en el sistema, alcé la mirada y las busqué rápidamente ubicándolas a unos cuantos metros más adelante: la segunda y la cuarta contando desde mi posición. Pero sólo la segunda tenía algunas unidades montadas. Tecleé rápidamente en la consola configurando los mínimos detalles para que pudiéramos despegar finalmente.
– Vamos –les susurré volviendo a tomar el brazo de la rubia mientras avanzaba hacia el frente–.
– ¿Y si le disparan a la nave antes que escapemos?
– Por eso Heero irá con ustedes –contesté a Clovis, que parecía de repente estar viviendo una pesadilla, con sus ojos desorbitados, manos y frente sudorosas, desarreglado, e irradiando inseguridad por cada poro–.
– ¿Pero dónde vamos a escondernos? Preventers tiene dominio no sólo terrestre sino también espacial.
– Tendrán que asegurarse de seguir sus indicaciones y no jugar al autosuficiente…
¿En serio iba a replicarme todo? Me haría perder la paciencia. Las ganas de golpearlo iban creciendo en mi interior a cada palabra que pronunciaba, ¿podía existir un político más inútil?
– ¿Y si nos encuentran y nos acusan de traición por huir sin documentos?
– Señor Clovis, no tema… –intercedió Relena mientras yo agradecía a los cielos por su apaciguada voz intentando contagiarle algo de esa impavidez–. Le aseguro que todo irá bien, todos estamos nerviosos pero estaremos bien. Ellos son expertos en todas estas cosas.
– Rápido.
Apreté el paso llegando velozmente hacia el imponente transbordador con montacargas interno. Me costó trepar por la escalera móvil hacia la escotilla lateral, y tenía bastantes metros de diferencia con el par de diplomáticos. Tras abrir, me metí a confirmar que estuviera vacío, revisar los controles y que estuvieran las mochilas con paracaídas en el área de auxilio, por si algo salía mal. Les sentí entrar mientras trabajaba en ello.
Una explosión cercana hizo temblar hasta la nave misma. La chica rubia se tuvo que sostener de un asiento para no caer de lleno al piso. Casi inmediatamente se sintió otro temblor y el hangar entero se llenó de humo gris oscuro; el olor a metal fundido invadió todo lo que estaba a la vista. Me precipité hacia la compuerta nuevamente para ver qué había sido, con arma en mano, notando cómo el metal se había abierto en dos, todavía rojo del calor, en el portón principal detrás de donde estábamos. Tuve que pensar poco para darme cuenta que era un Mobile Suit, y suspiré de alivio al ver la insignia del Gundam asomarse entre el hollín.
– ¡A sus asientos! –les grité a mis dos acompañantes mientras me volvía al interior–.
Corrí hacia los controles para abrirle a Heero la parte trasera del avión de carga. Necesitábamos montar rápido la unidad para que pudieran partir de inmediato; lamentablemente el Wing no podía quedarse conmigo para pelear, porque era más necesario asegurar la vida de Relena. En cuestión de segundos pude abrir las cerraduras y yo tenía todo listo para que pudieran irse.
– ¿Ya nos vamos?
– Sí, ya casi –le respondí a la muchacha que había logrado atarse el cinturón de seguridad–.
Otra explosión retumbó junto al sonido de una balacera dándonos de frente. Supe que nos habían encontrado al mismo momento que el peso del Wing se sumaba a nuestro cargamento, y el sonido de sus turbinas se apagaba. Casi esperé que nos invadieran por detrás, mientras intentaba desesperadamente de que la puerta de carga se cerrara más rápido de lo que sus tensores le permitían, pero en paralelo sentí dos explosiones en uno de nuestros lados (donde estaba la escalera), una que despidió un humo blanco intenso y otra que prendió fuego parte del hangar.
– Maldición.
Todavía no tenía ni puta idea de cómo saldría del avión.
Aun así inicié el motor en reversa. Tenía que tener ordenadas las prioridades, y las puertas del transbordador estaban finalmente cerradas y selladas.
– Duo.
La voz del 01 me sobresaltó. Me contuve para girar sobre mí mismo y verlo.
– Heero –Relena sonaba más aliviada que de costumbre–.
– El motor está andando, tienes todo preparado para irte. Si no me equivoco debe haber algún aeropuerto al sur, debajo del ecuador, donde puedes cambiar a un transbordador espacial.
– Bajar ahora es un suicido.
Qué inteligente, obvio que lo era.
– Es la única oportunidad que tengo –le repliqué mientras sentía su presencia pasar junto a mí y ocupar el asiento del copiloto–.
Vi de reojo cuando sus manos tomaban los controles y él pasaba a su mando la dirección del vehículo. Evité de nuevo encontrarme con su mirada, porque sabía que una vez que lo hiciera sufriría para volverme a despegar, por tercera vez. En vez de eso me puse de pie buscando mis armas; revisé las municiones que me quedaban, miré por la ventana para encontrar el mejor plan de acción y me sujeté del respaldar de mi asiento mientras el motor echaba potencia y comenzaba a retroceder, iniciando las turbinas para levantar vuelo aún dentro del hangar.
Todo pasaba más rápido cuando era de vida o muerte.
– Cuando te eleves abre la parte de atrás, saldré por ahí; con suerte aterrizaré sobre la parte superior de la nave.
– Quatre me reemplazará e irás con el Wing después.
¿Qué?
– Eso nos tomaría mucho tiempo, que por cierto no tenemos –repliqué sin darle tiempo a elaborar más–, es mejor si hacemos las cosas ahora y a mi manera. Hay otro Mobile Suit que todavía no salió al combate, el Nightmare, y esa bestia se controla con dos pilotos en tiempo real; hay que destruirla ahora antes de que despegue y acabe con la mitad del continente. Tengo un cargamento de 4 Taurus en la parte de atrás del transbordador que pienso usar de señuelo.
Le vi tensar la mandíbula notoriamente.
– Esta vez has como yo digo, la próxima será como digas tú –insistí aprovechando el aluvión de información para confundirlo–.
Otra vez silencio. La nave ya había destruido los restos del hangar y despegado. Muchos Mobile Suits le disparaban a diestra y siniestra, pero Quatre y Trowa eran eficientes manteniéndolos a raya para que no nos hicieran explotar.
– Elévate un poco más.
Hui de ahí casi al trote. Me dirigí al sector de carga esperando y rezando porque Heero cediera a mi petición; cuando estuve allí trepé en uno de los Mobile Suits vacíos y maniobré. Según mis cálculos debería caer en uno de los alerones laterales del Warpeace. De ahí podría entrar en otra ventilación y apresurarme hacia la parte VIP donde estaba el último Gundam. Sólo me tocó esperar un par de segundos para comprobar que finalmente sí era digno de confianza.
El aire golpeó de frente, todo tembló un poco, y empujé una a una las máquinas sin esperar a ver qué suerte tenían en caída libre. Eché un vistazo atrás despidiéndome en silencio antes de saltar yo también; no verle el rostro hacía más fácil todo. Y luego, así sin más, sólo mirando hacia mi destino, me lancé al vacío sin perder de vista el lugar donde quería caer preferentemente. Planear con un Taurus era algo que jamás antes había intentado, temerario, pero quería intentar no dar signos de tripulación si no era necesario. El peso del aparato me jugó una mala pasada acelerando el impulso hasta que finalmente pude anclar su mano en un pedazo de metal saliente, que me dio el soporte necesario para salir.
Otra vez suspiré profundamente, abrí la escotilla e hice uso de toda mi condición física para avanzar, con la ventisca propia de esas alturas, hacia el ducto de ventilación que tenía a más de 3 metros. Mis manos sudorosas casi fallan un par de veces hasta que llegué y de varios disparos abrí la rejilla. El resto fue repetir el mismo proceso de horas antes, en un estrecho pasaje lleno de polvo y oscuro durante minutos; la tentación de volver y ver la partida y victoria de los chicos me carcomió pero no logró vencerme, sabía profundo en mí que no tenía más opción que enfrentar esta situación, fuera hoy o mañana.
Me parecieron horas, como el camino hacia un mundo paralelo muy lejano a través de un agujero de gusano propio del delirio más fumado de algún físico, pero quizás sólo fueron un par de minutos. Cuando por fin pude ver un pasillo debajo de donde me encontraba, decidí bajar al pasillo. Sabía que estaba lejos de donde yo quería estar (tenía que cruzar toda la estructura) pero no tenía muchas opciones. La nave seguía temblando, sacudiéndose de vez en cuando; sólo me quedaba rezar porque Heero lograra lo planeado.
Con sólo mi consciencia a cuestas corrí pasillo abajo. Mi corazón latía fuertemente, los bombardeos a la armadura del Warpeace me hacían perder un poco el equilibrio, las luces comenzaban a fallar de vez en cuando, pero yo seguía tan rápido como me era posible. Doblaba por las esquinas a gran velocidad y sólo me topé con empleados armados un par de veces, pudiéndolos derribar exitosamente de un par de golpes certeros e impresionándome hasta a mí mismo. Antes de que me diera cuenta, aunque con los pulmones totalmente devastados por la falta de aire, ya había logrado ascender a los pisos superiores y me quedaban unos cuantos metros hasta la parte trasera de la nave.
Me sorprendieron muchos más guardias de los que esperaba apenas intenté caminar más de 20 metros. Tuve que apegarme contra el muro intentando evitar daños, lanzar un par de granadas y empuñar el arma para salir relativamente ileso, con un poco de sordera y algo cansado de la situación que se repitió al menos dos veces más en los siguientes cien metros. Eran las cámaras, me dije, que ya habían vendido mi ubicación y seguramente hasta los planes que había tenido en mente.
Otros seis soldados se cruzaron ante mí. Todo mi armamento a excepción de un arma con unos pocos disparos se había gastado para entonces, era todo o nada. Algo herido en el brazo izquierdo por culpa de una bala, atravesé la última compuerta metálica tras la cual estaba lo que buscaba. Justo cuando se abrió ante mí la última sala tan grande como cualquier hangar, la nave pareció acelerar turbulentamente haciendo temblar el piso; estanterías y objetos se vencieron hacia adelante cayendo al piso y desparramándose, las luces se arrancaron de cuajo, chispazos salieron del techo y el humo comenzó a llenar los pasillos. Mi cuerpo tampoco soportó la fuerza y chocó primero contra la pared y luego contra el piso.
¿Una colisión? ¿Un disparo del Zero? ¿Una aceleración programada?
Mis oídos adoloridos no sintieron estallar las turbinas, así que no podía estar seguro de qué había pasado.
– Santo Dios…. –susurré sosteniéndome la cabeza con la mano sana–.
Desorientado, confundido, me puse en pie y alcé la mirada.
Ante mí estaba lo que había temido desde el inicio del día: el Nightmare Ultimate.
La unidad que apenas se distinguía por la oscuridad, era notoriamente más alta y ancha que cualquier Gundam visto hasta la fecha. Toda en colores marrón oscuro casi rojizo, tenía líneas rojas brillantes en todo su contorno y bordes. Era redondeada, poco humanoide; su pecho era un gran óvalo donde cabía un doble cabina. Uno de los usuarios manejaba todo el armamento y el otro se ocupaba de una parte táctica-neuronal. Sólo había visto su funcionamiento una vez durante las simulaciones y me había parecido sorprendente. Podía desprenderse de la parte inferior un Mobile Suit de proporciones relativamente pequeñas, rápido en velocidad, con armamento de corto alcance, completamente negro y estilizado; la parte superior quedaba hecha una bola con piernas y brazos desproporcionalmente finos, que realizaba descargas eléctricas e interrumpía comunicaciones en un radio bastante importante aunque no recordaba exactamente cuántos kilómetros abarcaba entonces. Su ataque más poderoso sólo podía realizarse estando completamente ensamblado, y se trataba de un poderoso disparo láser similar al cañón de rayo, color violeta; la fuerza de impacto generalmente impulsaba una onda de choque hacia los laterales fundiendo y empujando las unidades circundantes.
Realmente no quería enfrentarme a esa cosa ni teniendo dos Wings de mi lado.
Me acerqué lentamente pensando cómo subirme y activar el sistema de autodetonación. O siquiera usar el combustible que tuviera almacenado para detonarlo desde adentro.
Estuve de pie a sólo tres metros cuando escuché abrirse nuevamente la compuerta. No tenía sentido esconderse.
– Duo.
Volteé a ver cómo aquél que decía amarme me apuntaba firmemente con un revólver. A pesar de su postura rígida de pie allí, junto a la entrada, su mirada lucía tremendamente dolida.
– ¿Cuál es tu explicación?
Sus manos casi lucían blancas por la presión que ejercía sobre el mango del arma.
– Dijiste una vez que sin importar qué decisión tomara, seguirías amándome…
Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera pensarlas.
Toda mi valentía parecía evaporarse de entre mis manos. El miedo volvía a apoderarse de mí, paralizándome; la ansiedad de envolverme en sus brazos me empujaba cada vez más fuerte.
Esta confrontación iba a ser la más difícil de mi vida, si tan siquiera lograba resistirme un poco.
N/A: La canción es el ending de PoPoLoCrois (secuela de Popolocrois Monogatari). Es hermoso. El tema digo.
Visto y considerando que Facebook me odia profundamente, he creado una página para darle like con mi nombre de pluma. Creo que será más conveniente para todos y ahora Suckerberg (sí, con S) no tendrá excusa para eliminarme.
De nada por la lluvia de updates. Denle like a mi pag que ahí pondré mis updates y otras cosas interesantes...
¡Que os etiquete en FB no os da derecho de evadir el feedback! e.é cabrones.
Ryoko Yuy Eiri Lamperouge
