Inmoral.

Capítulo 25.

POV DE PAN.

—Por favor, solo será un momento. Tenemos un retraso en la cocina. Pido disculpas.

—Pero tenemos hambre—replicó de una manera graciosa un cliente.

—Lo sé, y me disculpo con todos ustedes, por favor. Solo esperen un poco más. Prometo recompensarlos.

—De acuerdo, lo haremos, pero solo porque lo pide una bella joven como usted—intentó hacerse el coqueto, y yo tuve que reprimir el deseo que girar los ojos exageradamente.

—Se lo agradezco mucho, señor Siong—reverencié con la bandeja en mis manos, aquel tierno anciano siempre hacía ese tipo de bromas—. Prometo servirles en cuanto los platos salgan—. Hey—le llamé la atención a un hombre que pasó empujándome—. Oiga. Usted aun no paga—le señalé, ya que minutos antes se había negado a irse del sitio sin comer.

—¿Pagar?—preguntó con un palillo en sus dientes, y el mayor de los cinismos—. Niña, yo soy Guan to Yang, y soy el jefe de la mafia—dijo, y todos los comensales solo agacharon sus cabezas para seguir consumiendo sus platillos.

—¿Y eso qué?—le lancé cruzándome de brazos—. Tienes que pagar por todo lo que comiste ¿Crees que esto es gratis? De ninguna manera, paga, y luego sales.

—Hm. Eres una niña muy audaz, solo agradece que mi madre me dijo que no debía golpear mujeres, y menos si estaban embarazadas—pretendió salir del restaurante sin pagar.

—¡Oye!—chillé al sentirme ignorada—. ¡Tienes que pagar o te las verás conmigo!

—¿A sí? ¿Qué podrás hacerme tú? Solo eres una niña malcriada y gritona.

—Lo diré una última vez, paga, y nadie saldrá herido—amenacé con las manos en la cadera.

—¿Qué?¿Estás de broma? Mis muchachos podrían destruir tú pequeño e insignificante negocio, si yo así lo quiero—. Muchachos—los llamó y ese para de alcornoques, amigos de él, se pusieron en posición de batalla.

—Ni se atrevan—amenacé.

—Mujer, mejor preocúpate por tu hijo—sonrió—. No querrás que le pase nada malo ¿O sí?

—Paguen, y no vuelvan nunca más.

—Ah… señorita—me llamó el señor que siempre me coqueteaba. Era un bromista de primera—. Niña, no creo que deberías… piensa en tu bebé, niña. No seas tonta.

—Sí, niñata. Piensa en tu hijo, claro, si quieres que siga ahí dentro.

—Hm —Me bufé, y eso solo lo hizo enfadarse.

—¡Ahora sí que las pagarás, insolente!

—No quiero verlos de nuevo por aquí. Entendieron—les dije sacudiéndome las manos—Hm ¿Y así se hacen llamar mafia?

—Ah… —Apenas sí dijeron desde el suelo.

—¡Pregunté si entendieron!—les grité.

—Sí—algo tambaleantes se levantaron del suelo— ¿Y tú? ¿Entendiste? ¿Jefe de la mafia?

—Ah…

—¡Hice una pregunta, y exijo una respuesta!—bramé.

—Sí, señora.

—¡Quiero oírlo más fuerte!

—¡Sí, señora! —repitieron los tres tipos.

—Ahora largo, si vuelvo a verlos, los mataré ¿Quedó claro?—amenacé.

—Ah…

—¡Que se larguen!—les grité y los hombres salieron corriendo.

Detrás de mí, los comensales antes reunidos dentro, me aplaudieron por mi victoria.

—Por todos los dioses, señorita. No lo hubiese creído si no lo hubiese visto con mis propios ojos. Aun siendo una muchacha delicada, usted tiene mucha fuerza.

—Muchas gracias, señor. Ahora, todos entren. De seguro la comida ya estará lista. Les serviré.

El día estaba siendo demasiado ajetreado, las órdenes de comida llegaban, la comida salía, yo las servía y cobraba por ellas, y de nuevo a empezar.

No en vano, Xeclan me había dicho que iba a ser la semana más ajetreada del mes, y no era para menos, las naves arribaban de los distintos planetas y desembarcaban, había muchos tripulantes ansiosos de poder comer algo.

—La orden está lista—dijo Xeclan tocando la campanilla en el marco de la puerta.

Kami, si yo estaba agotada. No me quería ni imaginar cómo estaría Xeclan.

—Su orden, señores. Lamentamos haber tardado tanto.

—No se preocupe, de no haber sido así, quizá no habríamos visto su pelea con los grandulones esos, vaya que les dio una lección señorita. Que fuerza esconde en ese pequeño cuerpo. Felicitaciones.

—Muchas gracias, señores. Disfruten su comida—sin detenerme más con ellos me dirigí a la mesa que estaba por ser desocupada, los señores me pagaron, y hasta propina me dieron.

—Es usted muy atenta, y muy habilidosa para el negocio.

—Sí—me dijo la esposa del señor—. Al inicio cuando la vimos haciendo propaganda de su negocio en el puerto, ni siquiera pensamos en venir, pero ahora, vale la pena.

—Muchas gracias, señores.

—Sí, vendré en otra ocasión, la comida es muy buena. En especial esa cosa blanca que ustedes llaman…

—Arroz—completé por él.

—Sí, eso ¿De dónde lo obtienen?

—Es un producto que viene de la tierra.

—¿La tierra?

—Sí.

—Imagino que debes ser de ahí ¿O me equivoco, niña?—me preguntó la señora de aspecto delicado y extraño color verde fluorescente de su cabeza.

—Sí lo soy, nací en la tierra.

—Bueno, entonces volveremos otro día.

—Sí—reverencié con mi cabeza—. Que les vaya bien, y vuelvan pronto.

Guardando mi propina en el bolsillo de mi delantal, volví a mi faena.

Recogí los platos de aquella mesa, me lavé las manos, y fui por la orden que Xeclan ya tendría para mí.

—Kami, Xeclan. Esto está a reventar.

—Sí, y en parte es por la propaganda que estuviste haciendo el centro de desembarque. Muchas personas vinieron ¿Qué cosas les dijiste?

—Bueno—me encogí de hombros divertida recordando mi campaña publicitaria.

FLASHBACK.

—¡Señores, señoras!—alcé la voz para que siquiera me notaran— ¡Visiten nuestro restaurant. Servimos toda clase de platillos. A muy buen precio!

Traté de llamar la atención, pero pocas personas tomaban mis hojas volantes.

Mordiendo mis labios pensé en cómo atraer su atención.

Xeclan dijo que sería una semana ajetreada, que muchas de las naves con provisiones arribarían, y luego con nuevo cargamento se irían. Así que tenía que hallar la forma de aprovechar ese número masivo de personas, y conseguir que fueran a comer en nuestro restaurante.

—Ah… lo tengo.

Respiré profundamente, y cerrando mis ojos, me di confianza.

Fuerza, Pan. Tú puedes.

—¡Señoras, señores!—intenté nuevamente—. ¡Vengan a nuestro restaurant, serviremos arroz con curry!

—¿Eh? ¿Y qué rayos es arroz, eh? —me pregunto la misma señora que antes me había dejado propina.

—Señora. Venga al restaurant, y lo sabrá. Es una delicia, ningún otro restaurante lo sirve. Le aseguro que le encantará.

FIN DEL FLASHBACK.

—Ah, tengo mis trucos, Xeclan. —sonreí recordándolo.

"La cuestión es llamar la atención del cliente, si logras ser convincente, ellos te comprarán incluso si les vendes un alfiler"

—Sí, eso ya lo vi, Pan. Si te soy sincera, no creí que vendrían tantos.

"¿Cómo haré eso, Trunks?

Recuerdo que una vez le pregunté.

—Y ahora, el arroz será imprescindible aquí. Los onigiris se acabaron en un abrir y cerrar de ojos—dijo con una sonrisa en la cara.

"Fácil, explota un producto que nadie tenga, y cómete el mercado"

Había dicho, y quién mejor en el mundo de los negocios, que Trunks.

—Ahora sí que tendré que decirle a Yajar que viaje con frecuencia a la tierra por ese maravilloso producto.

—Sí, y si lo hacen, no dudes que serán bien recibidos en mi casa, así que…

—¿Hola? ¿Alguien que atienda?

—Rayos—expresé—. Creí que tendría un poco de descanso—me reí de mi propia broma. Tomando los nuevos onigiris con relleno de un pez extraño del cual ni el nombre me acordé, y los extraños animales que aún se movían un poco en sus respectivos platos, salí con las órdenes en el carrito de entrega mientras el timbre no paraba de sonar.

Al salir noté la larga fila que se había formado, y no pude evitar que una gota de sudor se deslizara por mi frente.

—Señorita, por favor. Una orden de aquello que llaman onigiris.

—Sí, enseguida—regresé a la cocina con los nuevos pedidos en el carrito, cuando iba a salir a entregarlos, uno de aquellos insectos se movió. Intenté de todo para que no resbalara del plato y cayera al suelo, pero inevitablemente eso sucedió.

—Demonios.

—Oh, no te preocupes, Pan. Ese platillo es fácil, y rápido de preparar—me dijo Xeclan cuando vio el desastre que causé—. Lo tendré listo en un minuto.

—¡Señorita, una orden!

Kami, pero qué intensidad.

—Hola, sean bienvenidos—reverencié—. Dígame ¿Qué desea para co…

Con la mirada un tanto seria, y las manos en los bolsillos, él solo atinaba a mirarme, y mi cuerpo entero se congeló por completo.

—Una orden de arroz con… ¿Me está escuchando, señorita?—preguntó el cliente al sentirse ignorado.

—Ah… sí, sí señor. Enseguida su orden, serán treinta y cinco taits—le dije, sin dejar de sentirme observada, y no era para menos. Nunca me había visto así, y mucho menos, embarazada—. Traeré su orden, por favor, busquen una mesa, y yo les serviré.

Sin que pudiera evitarlo, nuestras miradas se encontraron por breves momentos mientras los clientes no dejaban de ordenar, así que tuve que darme una bofetada mental muy fuerte, para volver a concentrarme en atenderlos.

Seguí recibiendo las órdenes de los clientes, pero de vez en cuando, lo vi con mi mirada periférica.

Estaba sentado en una mesa, con las dos manos cubriendo su boca y su nariz, no dejaba de mirarme.

¡Maldición!

¿Cómo dio conmigo?

POV DE TRUNKS.

—¿Es aquí? ¿Estás seguro, Dende?

—Sí, Trunks. Es aquí.

Viendo el sitio en pleno centro de la ciudad, no me creía que Pan pudiera estar dentro.

—¿Seguro?

—Es… el ki de mi hermana, la dejé con ella.

Aun sin poder creerlo, le agradecí a Dende el haberme traído. Me sentí un poco mal por él, con engaños logré sacarle la verdad. Y esa era la razón de su cara de pesar, y que no pudiera siquiera mirarme.

FLASHBACK.

—¿Qué, Ann?

—Sé que Pan no es una humana común—soltó encogiéndose de hombros, Pan nunca me había dicho que Ann sabría sobre nosotros—. Pero no hagas esa cara, hombre. Ella es reservada con su vida privada, pero… nunca olvidaré el día en el que la vi salir volando desde la azotea del hotel.

—¿Hace cuánto lo sabes, Ann?

—Cuando la llamaste para decirle que su abuelo estaba en el hospital. Yo estaba con ella cuando pasó, y luego la seguí para entregarle su celular. Grande fue mi sorpresa cuando la vi salir volando a toda velocidad. Nunca se lo he dicho, estoy esperando que ella quiera decirme, respeto su espacio, y acepto que se guarde su vida personal.

—Ah. Así que era eso.

—Sí, por eso… no sé si esto sirva de mucho, pero… me llama bastante la atención que ella se haya emocionado tanto por una simple palabra.

—¿Qué palabra?

—Ah… creo que era desear.

—¿Desear?—le pregunté.

—Sí, eso fue exactamente lo que dijo.

¿Desear?

¿No será que la razón por la cual no logro dar con ella, es porque fue a Namek?

—Tierra llamando a Trunks.

De ser así, solo había una única persona que pudo haberla ayudado.

—Ann, tengo que irme, adiós.

—Pero…

—Y gracias por la información.

—Oh, hola Trunks ¿Qué se te ofrece aquí?

—Hola, Dende. Vine porque quiero ir a donde está Pan.

—Ah… pero… ¿Cómo…? ¿Cómo lo sabes, Trunks?—dijo sin darse cuenta de que había caído en mi juego.

—Sé que ella vino aquí—le dije para hacerlo caer en su propia imprudencia. Ya había abierto la boca, ahora tendría que hablar —. Llévame con ella, Dende.

FIN DEL FLASHBACK.

Y ahora, solo atiné a sentarme para no desplomarme de la impresión.

Pan está embarazada.

Me decía mi yo interno con una cara de asombrado, y sin poder creérselo.

Kami.

Uniendo fechas en mi cabeza, solo llegué a una en especial.

"Déjame hacerte el amor, mujer"

Sí, no había dudas de eso.

"El embarazo saiyajin es más acelerado que el humano, si ustedes llegaran a engendrar un hijo, ten por seguro que solo le tomará meses en formarse"

Me había dicho mi madre, y vaya que tenía razón.

—¡Pan! ¡El pedido!—dijo una mujer namekiana detrás del mostrador. Ante lo cual, casi me caí de espaldas.

¿Qué día era este?

¿El día de sorprender a Trunks Briefs?

—Sí, enseguida Xeclan—dijo Pan, con un delantal en su frente, y el cabello recogido en un moño. Pero mis ojos no podían quitarse de su vientre.

Un hijo. Tendrás un hijo, Trunks Briefs.

—¡Señorita, mi pedido!—bramó un hombre a dos mesas de distancia de la mía—. Llevo mucho tiempo esperando.

—Sí, enseguida.

—¡Señorita, otra porción de arroz!—¿Arroz? ¿Eso existe siquiera aquí?

—Sí, se lo llevaré en un momento—comentó con la sonrisa que siempre cargaba, casi pude ver a la antigua Pan allí, nada en comparación con la que vi partir.

"Adiós, Trunks"

—Señorita ¿Cuánto le debo?

—Son veinte taits. Muchas gracias.

—¡Pan! La orden.

—Sí, enseguida—contestó, y realmente me estaba sorprendiendo la capacidad de esa mujer para mantenerse al tanto de todo, en ese medio de presión. La vi perderse unos cuantos minutos detrás del mostrador, y volver con un carrito lleno de comida.

—Señorita ¿Cuánto es?

—Sí, un momento—dijo atareada, y con un esfero clavado en su cabello envuelto en un moño, que minutos antes había usado para tomar las órdenes—A ver son treinta y cinco más treinta y ocho, son setenta y tres, más veinticinco serían: Noventa y ocho, más quince del pez, serían: ciento trece—calculó en su cabeza.

—Sí, muchas gracias—le dijo el hombre sacando el dinero de su bolsillo.

—Señorita, mi cuenta por favor—dijo una mujer mientras las demás personas hablaban sobre lo delicioso que era el arroz, muchos de ellos la llamaban incesantemente, y me asombraba que ella siguiera tan tranquila, y pudiera hacer varias cosas a la vez.

Nunca hubiese creído verla así, pero sonreí al verla sonreír, creí que no volvería a ver esa sonrisa.

—¡Pan! ¡La orden!—dijo la mujer namekiana con nuevas órdenes en los platos. Sin que lo pudiera evitar un sudor frío bajó por mi espalda.

Pero si Pan, aún ni entregaba el anterior pedido.

—¡Sí, solo un momento! A ver la suma de su cuenta es…

—Yo iré—le dije para pasar de largo de ella, y adentrarme para tomar las órdenes.

POV DE PAN.

Sin que lo pudiera creer, Trunks se arremangó las mangas de su buso negro, y pasó de largo para tomar el otro carrito que esperaba ser servido.

—Yo serviré—comentó empujando el carrito y dejando las órdenes en cada mesa—¡Orden 23!

—¡Por aquí!—dijo un hombre al fondo del pasillo, y solo pude ver estupefacta mientras Trunks hacía de mesero.

Por Kamisama, apenas sí me creía que estuviese aquí, y ahora, lo estaba viendo trabajar sirviendo órdenes de comida.

—¿Señorita? ¿Me cobrará o será gratis?—me sacó de mi letargo una joven que me miró un tanto divertida.

—Ah, sí ¿Qué va a ordenar?

—Aquello que llaman onigiris.

—Kami estoy muerta—dijo Xeclan descargándose pesadamente en una de las sillas—. Pero no nos podemos quejar, nos fue muy bien.

—Sí, así es—le dije haciendo lo mismo.

—Pan—me habló en voz baja—. Ofrécele algo para comer, también trabajó el día de hoy—dijo refiriéndose a Trunks, que había ido al baño—. Aún queda algo de arroz en la olla, así que ve, mujer, y tú también come un poco.

Apenas sí lo dijo, Trunks salió del baño, y sin decir nada se acercó a nosotras.

—Ah, los dejaré solos—cediéndole el espacio, Xeclan se perdió en la cocina, y nos dejó solos en el salón, ahora ya vacío, hace poco acabamos de cerrar. Ya era más de las diez de la noche en mi reloj, y el cansancio estaba haciendo mella en mí, y ahora no podría ir a descansar. Trunks querría explicaciones.

Me levanté sin decirle nada, poco después regresé con un plato de comida servido por Xeclan. Uno para mí, y otro para él.

—Gracias—apenas sí dijo.

—De nada, ayudaste hoy, y es lo mínimo que puedo hacer.

—Ustedes sí que trabajaron mucho—comentó con la mirada sobre mí, y ya no lo resistí.

—Luego, Trunks. Sé que tienes muchas cosas por preguntar, pero al menos déjame comer, tengo hambre, y entenderás que tengo que comer.

Con solo un asentimiento de cabeza, él me dejó al menos disfrutar de mi comida.

—Ah, lamento no tener más camas. A decir verdad, no creí que Yajar retornaría aún, y bueno… solo les puedo ofrecer estas mantas.

—Muchas gracias, Xeclan. Ah—con media mirada en Trunks agradecí las mantas que me dio—. Veré que puedo hacer, no te preocupes. Agradezco que lo hayas aceptado.

—De nada, Pan. Bueno, los dejo. Tengo que arropar a Ziank.

—Sí, no te preocupes—le dije con una sonrisa, ella me la devolvió y bajó por las escaleras. Cerré la puerta de la pequeña habitación que en estos últimos meses había sido mi lugar de descanso, y ahora tendría que dormir en el mismo lugar, con Trunks—. Yo dormiré en la cama, tú en el suelo—le dije entregándole las mantas—. ¿Alguna objeción al respecto?

—Ah…

—Veo que no—pasé de él para enfundarme en las sábanas mientras él tendía las mantas en el suelo, se quitó los zapatos, y también se acostó.

—Ten una almohada—le lancé una, nunca le gustaba dormir sin una debajo de su cabeza.

—Gracias.

Pasaron minutos, no sé cuántos en completo silencio. Y la situación era incómoda, después de tanto tiempo de no verlo, ahora tenía que dormir en la misma habitación, después de todo lo que pasó, era incómodo.

Mis ojos se empezaron a cerrar producto del cansancio.

—Pan.

—Hm ¿Aún estás despierto? —le dije tratando de conciliar el sueño.

—Sí, quería hablar contigo.

—Trunks, fue un día muy pesado, así que solo quiero dormir. Por favor, hablemos mañana.

—Pan…

—¿Qué?

No daría su brazo a torcer. Pero qué terquedad de hombre.

—Quiero agradecerte por dejarme quedar aquí.

—A donde más irías—le dije—. Además, no es a mí a quién debes agradecer, sino a Xeclan.

—Pan…

—¿Qué quieres, Trunks? Cállate de una buena vez, y déjame dormir. Tengo mucho sueño.

Sin esperármelo siquiera tomó mi mano por debajo de la manta, y apretándola me dio a entender que no dejaría que esta conversación se alargara—. Dilo—sabía que no daría su brazo a torcer.

—No sabía del embarazo ¿Acaso no querías qué…

—No, de ninguna manera. Yo iba a ir a la tierra antes de dar a luz, nunca te habría negado el derecho, Trunks.

—Pan…

—También tenías que conocerlo. Tenías que saber que tendrías un hijo—le dije con el cejo fruncido.

—Y te lo agradezco, Pan. Esto me ha hecho muy feliz. En verdad, estoy feliz por el embarazo.

—Si eso era todo, ahora, por favor, quiero dormir.

Intenté zafarme de su agarre, pero él no lo permitió.

—Trunks…

—Eh pensado mucho, y… no puedo dejar de pensar que nos hemos convertido en extraños.

Me quedé callada, sin saber qué cosa decirle—. Una vez me dijiste que te debiste haberme fastidiado, pero… te digo que… —sentí su voz quebrarse, y solo le miré con el cejo fruncido—, te diré que han sido, los ocho años más felices… de mi vida, en esos años hubo… muchas cosas que nunca te dije, y… tú también toleraste muchas cosas que te hice, Pan.

Dando un suspiro, me permití escuchar su declaración. El nudo en mi garganta se formó, y eso sí que era lo único que me fastidiaba de estar embarazada.

—La decepción que tuve, dejé que cegara mis sentimientos, tanto para ni siquiera poder amarte, ahora… me declaro culpable, y siento haberte herido en esa forma.

—Trunks…

—Y si me dieras… Pan, si me dieras una oportunidad, prometo que… te daré el resto de mi vida, para compensarte a ti, y a mí bebé.

—¿Ahora me extrañas? —pregunté.

—Pan… Solo quiero esos días de vuelta, Pan… quiero… escucharte decir que me amas, tus felicitaciones por mis logros, tus quejas por mi indiferencia, dormir contigo, Pan. Solo quiero que… me perdones, por favor.

Las lágrimas no se hicieron esperar y ahora corrían libres por mis mejillas, para tan solo perderse en la almohada.

—Quiero que regreses conmigo, Pan. Quiero que vengas conmigo a la tierra, y me dejes ver crecer a nuestro hijo.

Secándome las lágrimas, solo me permití sonreír. Apoyando mi cabeza en mi brazo doblado, solo extendí mis manos hacia su rostro para secar unas cuantas lágrimas que surcaban.

—Trunks… Ya no puedo regresar a ser la misma de antes.