Aquella mañana Lily se despertó al sentir como Theo jugueteaba con su melena. Las manos del chico descendían por toda su espalda para volver de nuevo a acariciar su cabeza. Lily sonrió aún con los ojos cerrados.

—Mmmm...sigue.

Theo sonrió. Anoche todo había salido a pedir de boca. Sobre su pecho descansaba la mano de Lily, ahora adornada con esa alianza que tantos quebraderos de cabeza le había dado.

—Buenos días, leoncita. ¿Qué tal has dormido?

Lily abrió los ojos mirándole aún sin despegar su cabeza del pecho del chico. Todavía no podía creerse que Theo le hubiera propuesto matrimonio anoche delante de toda su familia. A pesar de todos los miedos que había sentido, ahora se daba cuenta de lo tonta que había sido. Quizás había sido que todo el ambiente que se había generado por la boda de Victoire la había convencido pero no quería echarse atrás.

—He dormido increíblemente genial. ¿Crees que será por el hecho de ser tu prometida?

Lily se tumbó sobre su espalda levantando su brazo para que ambos pudieran ver la bonita sortija. Lily comenzó a reír contagiando a Theo.

—Puede ser sí. Estoy casi seguro de que es eso.

El moreno se apoyó sobre su codo, acercando el cuerpo de Lily al suyo para besarla. Bajó sus manos por sus caderas, acariciando sus piernas colocando una de ellas sobre su cadera, quedando así muy cerca de la que sería su mujer. Lily se acercó a sus labios, besándole lentamente. Se arrepentía de todo el tiempo que había tardado en decirle a su familia lo de Theo, pero ahora eso daba igual. Sintió como Theo acariciaba su trasero, lo que la hizo sonreír mientras le besaba. Se separó de él mirándole con su mejor cara de niña buena.

—¿Qué se supone que hace mi prometido?

Theo sonrió, dándole un beso de nuevo. Apretó aún más el trasera de Lily, haciendo que la pelirroja notase que no solo él estaba despierto. Lily rio.

—¿De verdad te apetece hacerlo aquí? ¡Podría escucharnos toda mi familia!

—Bueno, no creo que se asusten. Anoche tú no lo oíste porque ya estabas dormida pero Teddy aulló.

—¿Cómo que aulló? ¿Por qué?

—¿Tú porqué crees, Lils? ¡Era su noche de bodas! Además, Victoire y él siempre han tenido esa fascinación los lobos. Yo creo que antes de tener un hijo adoptarán uno.

Lily se puso muy roja, estaba intentando aguantar la risa pero le resultaba imposible. Se imaginó a la pareja con un cachorrito de perro lobo mimándole como si fuera un bebé. El humor de Theo había veces que era demasiado. Sin poder hacer nada, rompió a reír. Cuando se hubo calmado, miró a Theo.

—Mmmm...¿Y tú también aullarás en nuestra noche de bodas?

Lily aprovechó para sentarse encima de él, quedando el moreno tumbado. El chico sonrió, parecía que Lily se estaba olvidando de que su familia tenía mil oídos en esa casa. Theo continuó acariciando las piernas de la chica sin sobrepasar el encaje del corto camisón que Lily llevaba. La chica se inclinó sobre él, tentándole con casi besarle.

—Por supuesto que no, nena. Yo rugiré, que para eso soy tu león.

Ambos se sonrieron antes de besarse de nuevo. Al inclinarse, el anillo de compromiso se le enredó en su propia melena, lo que causó que volvieran a reírse. Si todas las mañanas a partir de ese momento iban a ser así, Theo firmaba en aquel mismo instante.

—Creo que vas a tener que acostumbrarte a tu nuevo complemento. Quizás debería haber escogido uno más sencillo. Si quieres, podemos cambiarlo.

—Theo, no me seas tonto. El anillo es precioso, casi tanto como tú. Hoy te veo guapísimo.

Lily volvió a besarle. Era plenamente consciente de que se encontraba en una nube producto de tanta felicidad pero no iba a dejar de disfrutar de esa sensación durante todo el tiempo que pudiera.

Las manos de Theo comenzaron a acariciarla provocando que cada vez sintiera más calor por cada centímetro de su piel que el chico rozaba. Lily sabía que la estaba provocando así como sabía que ella iba a acabar cediendo. Ella también deseaba sentirle a él. Que más daba que los demás les oyeran, ellos se querían y no iban a dejar de demostrárselo.


Rose llevaba bastante rato despierta tumbada en la cama. No dejaba de mandarse mensajes vía whatsapp con Scorpius, que estaba en un cuarto de la planta inferior. Anoche habían estado juntos un buen rato en la playa hasta que el frío había podido con las ganas que tenían de besarse.

El vestido aún estaba sobre la silla, lleno de arena. La pelirroja no quería que llegara el momento en el que tuviera que enfrentarse con Pansy, tenía la sensación de que la mujer no llevaría demasiado bien que una de sus creaciones hubiera sufrido ese destino.

Rose sonrió al recordar como Scorpius tuvo que correr literalmente porque al comenzar a subir la marea, las olas se lo habían llevado consigo al volver. Alguien tocó a la puerta, Rose frunció el ceño. Su familia no se caracterizaba precisamente por respetar la privacidad o el espacio personal de una persona.

—Rose, cariño, soy yo. ¿Puedo pasar?

Le sorprendió escuchar la voz de su padre pero quizás tenía algo que quería decirle antes de que se fueran al aeropuerto aquella noche. Solo habían podido pasar cuatro días con la familia, pero le habían venido de maravilla. Cada vez le daba menos miedo volver a asentarse en Inglaterra y eso era algo que le daba un poco de miedo.

—Claro papá, pasa.

Ron entró en el cuarto, no tenía el mejor aspecto y Rose estaba segura de que, a pesar de mantener la compostura, tenía un poco de resaca. Ella por suerte había salido en eso a su madre, a quien el alcohol parecía no afectarle.

—Buenos días, princesa.

Ron se sentó a los pies de la cama, mirando a sus zapatillas. Rose sabía que su padre era hombre parco en palabras y que probablemente estaría pensando en qué decirle.

—Rosie, ya sabes que yo no soy el mejor en esto de hablar pero...quería decirte que ese chico me gusta. Lo hemos estado hablando tu madre y creemos que lo mej...

—Papá, ¡para, para! ¿De qué chico me estás hablando? Papá, yo no estoy con nadie desde...bueno, ya sabes.

—Pues, cariño, de Scorpius. ¿De quién si no? ¿No sois novios? Bueno, o lo que los jóvenes de hoy en día seáis.

Rose sentía como sudaban sus manos. No dejaban de llegarle mensajes de Scorpius que no podía contestar. ¿Cómo se había enterado su padre? Tanto ella como Scorpius habían sido extremadamente cuidadosos, aunque quizás no tanto como ellos habían creído. Tenía que darle una respuesta rápidamente a su padre o sospecharía algo.

—No papá. Scorpius y yo solamente somos amigos. Es un amigo excelente, únicamente eso.

Ron se extrañó. Él estaba seguro de lo que había visto en La Madriguera. ¿Por qué quería su hija negar lo evidente? Scorpius era un chico estupendo. Era educado pero sin ser distante con los demás. Y lo que le hacía digno de su hija a sus ojos, no era un gilipollas como el otro idiota que tanto daño le había hecho a su niña. No quería mencionarle por si por un casual, aparecía como un fantasma vivo del pasado.

—Cariño...ummm...pues, creo que entonces no tengo nada más que decirte. Yo venía pensando en que la próxima en casarte serías tú. Ayer mientras bailabais juntos me recordasteis tanto a tu madre y a mí cuando éramos más jóvenes. ¡Me hago viejo ya, Rosie! ¡Veo cosas donde no las hay!

Rose rio, sentándose al lado de su padre abrazándole. Su padre, con ese carácter despistado que Rose solo había visto en él, había estado siempre ahí para ella. La pelirroja se sentía mal mintiéndole pero aún no había asimilado lo que se habían dicho anoche Scorpius y ella. ¡Como para decirsélo a su padre!

—¿Y por qué te recordamos a ti y a mamá, papi?

Ron sonrió mirando a su hija. Hacía mucho tiempo que no la veía tan feliz. Si ella aún no quería decirle nada sobre Scorpius, él esperaría a que su hija estuviera preparada. El chico la hacía feliz, eso era más que evidente y Ron no quería nada más que eso para su pequeña, quería que Rose fuera feliz.

—Porque al igual que tu padre, princesa, Scorpius es un bailarín espantoso. ¡No sé como aún te mantienes sobre tus pies!

Rose sonrió. No se había dado cuenta de lo mucho que echaba de menos a su familia, de lo mucho que echaba de menos reírse con su padre hasta que Scorpius había aparecido en su vida. Era increíble lo que había conseguido mejorar en lo personal al rodearse de gente buena. Rose volvía a sentirse feliz después de mucho tiempo.


Baltasar sentía su boca pastosa. No quería volver a ver una botella de whisky en su vida. Escuchó un clic amortiguado por las sábanas que cubrían su rostro. Abrió los ojos sin saber muy bien donde estaba. Estaba en un cuarto que no era el que le habían asignado. Un cuarto cuyas paredes estaban cubiertas de fotografías en blanco y negro.

Volvió a escuchar ese clic y supo exactamente donde estaba. Se levantó sentándose en la cama, apoyando su espalda contra la pared. Miró al rubio que le sonreía desde una esquina del cuarto sentado en un sillón. Alrededor de su cuello estaba la corbata amarilla que él había llevado durante toda la celebración. Un nuevo clic.

—¿Quieres dejar de hacerme fotos de una vez, Lorcan?

—Ha hecho falta que nos acostáramos juntos para que me llames por mi nombre. Ha merecido la pena, supongo.

Baltasar cerró los ojos apoyando la cabeza contra la pared. Era un misterio como habían llegado al cuarto del rubio de ojos verdes pero sí que recordaba haberle besado. Y haber continuado besándole hasta que habían caído sobre la cama en la que él estaba ahora con una resaca de mil demonios.

—Mira tío, lo siento. Lo que hicimos anoche fue un error. Cuando esta noche me vuelva a París no volverás a saber de mí.

Lorcan fijó sus ojos verdes en los de Baltasar. Había sido una de las mejores noches de su vida. La química entre los dos había sido abrasadora y a pesar de que no estuvieran en las mejores condiciones, Lorcan había disfrutado como nunca.

—¿Y si quisiera volver a saber de ti? ¿Qué tendría que hacer?

—Scamander, tío, déjame en paz.

Lorcan bufó levantándose. Se acercó a la cómoda para depositar la cámara allí pero también porque quería darle la espalda a Baltasar. El moreno le gustaba más de lo que podía permitirse pero ya no quería ocultarlo más. Sin embargo, Baltasar parecía no querer lo mismo. Parecía que lo único que quería era irse, que esa cama saliera volando por la ventana y se lo llevara a París.

—Vuelta de nuevo a los apellidos. Mira, fui un verdadero cabrón contigo. Lo sé, ¿qué quieres que te diga? ¿Quieres que te diga "lo siento"?

—No, no quiero eso. Ya no somos dos adolescentes. Lo que quiero es poder sacarte de mi mente, Scamander. Mira, me tengo que ir de aquí, por mi propio bien.

Baltasar salió de la cama vistiéndose con la ropa que iba encontrando. Agradecía que el chico estuviera de espaldas a él, si le miraba a la cara, no sabía como reaccionaría. Terminó de recoger sus cosas caminado hasta la puerta. Lorcan se giró antes de que el moreno saliera por la puerta.

—Entonces, si tanto quieres olvidarte de mí, ¿por qué fuiste a la galería?

Baltasar no pudo decir nada. Salió de ese cuarto sin mirar atrás. Sabía que si lo hacía, volvería a acabar enredado en las sábanas del rubio.


Rose tenía a Audrey sentada sobre su regazo mientras que Alice se dedicaba a hacerle trenzas en el pelo a Scorpius. La escena era demasiado graciosa como para no reírse. Molly estaba sentada a su lado esperando a que Frank bajara con el resto de los chicos.

Lorcan les había congregado de nuevo a todos en la carpa de la boda. Victoire y Teddy no podían dejar de besarse, en lo que parecía una competición contra Lily y Theo. Rose no quería ni siquiera pensar en el viaje que la parejita les daría.

El rubio había colocado una tela turquesa que impedía ver lo que estaban haciendo detrás. El nerviosismo podía palparse en el ambiente en cada uno de sus familiares.

Draco Malfoy llegó tomado de la mano de Astoria. A pesar de que la ceremonia no había sido todo lo rigurosa que a él le hubiera gustado, luego había sabido disfrutar de la celebración demostrando que formaban una pareja de baile increíblemente buena.

—¡Buenas tardes, Rose! ¡Buenas tardes a ti también, chiquitina!—Astoria acarició suavemente el moflete de Audrey, quien rio tapándose la cara— Tus niñas son divinas, Molly. Además que son muy educadas. Esta señorita que parece que está enamorada de mi hijo, ayer no paró de pedirme permiso para que dejara a mi hijo libre.

—¡Oh, lo lamento mucho señora Malfoy! Siento si Alice llegó a molestarla.

—Cariño, no hace falta que te disculpes. Son niñas, es totalmente normal.

Astoria se inclinó hacia Rose para susurrarle algo al oído sin que nadie más lo oyera.

—Yo tendría que ser la que te pidiera disculpas a ti por lo mal bailarín que es mi hijo. De verdad, si necesitas cirugía, nosotros cubriremos los gastos.

Rose sonrió. No entendía porque el resto de su familia y amigos se habían empeñado en que Scorpius era un mal bailarín. Sí, no era el mejor, pero había mejorado mucho desde que habían estado tomando clases.

James llegó cargando una caja con la ayuda de Baltasar, que iba de espaldas. El moreno estaba bastante raro, ¿habría pasado algo con Lorcan? La pelirroja esperaría hasta que estuvieran en territorio francés para preguntarle. Podrían juntarse de nuevo en el piso del chico.

—Venga Lorcan, ¡que los parisinos se tienen que ir en un par de horas!

Toda su familia rio. El rubio sacó la lengua mientras tomaba la caja que James traía.

—No me seas impaciente, Fred. Además, ya está casi todo listo. Dejadme que apague las luces.

—¿Para que quieres apagar las luces? Aquí hay demasiadas parejas como para hacer eso, yo solo lo digo.

Scorpius la miró cuando Fred dijo eso. Rose sonrió, no queriendo ser demasiado evidente delante de su familia y menos aún teniendo a los padres del chico al lado. Había disfrutado muchísimo de la conversación con su padre, que se había alargado hasta el punto de que su abuela Molly también se había unido.

—Bueno familia—Lorcan tomó un micrófono para que se le oyera mejor— ¿Sí? ¡Así mucho mejor! Bueno familia, amigos, y especialmente los recién casados que no nos dejan de demostrar su amor. Después de meses de mucho trabajo, aquí os traigo nuestro regalo de bodas. Hemos participado todos, así que, hablo por los demás cuando digo que espero que os guste mucho y que lo disfrutéis tanto como nosotros mientras preparábamos esta sorpresa. Venga, que hay gente que tiene que ir a tomar un avión.

Lorcan tiró de la cortina mostrando una pantalla blanca adornada con lucecitas de árbol de navidad alrededor. Apuntó al proyector con un mando pequeño y comenzó a sonar la versión musical de "Photograph" de Ed Sheeran. Victoire se llevó las manos a la boca de la sorpresa, era uno de los cantantes favoritos de la rubia.

Comenzaron a salir imágenes en la pantalla, la primera de ellas una de Victoire en su primer cumpleaños. La rubia tenía la cara llena de tarta e incluso había tarta en su peluche, un perrito gris.

Después siguió una de Teddy, también en su primer cumpleaños. Remus y Dora también salían, los padres del chico habían fallecido años atrás en un accidente de coche cuando él era muy pequeño. Rose se fijó en que Victoire secaba las lágrimas que caían de los ojos de Teddy.

Pasaron distintos vídeos antiguos de la primera vez que la rubia andaba en bicicleta sin ruedines y de Teddy metiendo una canasta estando de espaldas. Se fueron sucediendo imágenes de ambos hasta que llegaron al instituto.

Apareció una foto de la primera vez que Teddy se había teñido de turquesa en el que Baltasar, bastante más gordito que ahora, era quien tenía las manos llenas de tinte. Después una de Victoire haciéndose un piercing en el ombligo tomando a Roxanne de la mano.

—¡Dios los cría y ellos se juntan!

Lizzie, con los ojos empañados de lágrimas, tuvo que hacer callar a James con un golpe en el hombro.

—Jamie, ¡que esto es muy bonito! ¡Calla un poquito la boca!

Rose sintió que su estómago se hundía cuando apareció una de ella de cuando estaban en el instituto. No parecía ella, pero sí lo era. Sonreía mirando a la cámara de espaldas mientras bailaba con Vic y Lily salía sacando la lengua.

Fue el turno de Teddy y allí estaban sus chicos, todos ellos. Scorpius, Baltasar, Theo y Teddy. Todos con pinta de ser chicos malos a excepción de Scorpius, que salía leyendo apoyado en una columna sin llevar una chupa de cuero como los otros tres.

Rose sintió como Scorpius acariciaba su tobillo. Lo que habían cambiado las cosas entre ellos dos era increíble. Rose respondió moviendo su pie ligeramente contra el muslo del chico.

Un fotograma turquesa rompió con el ritmo de la canción, cambiando a una versión también musical de "Lollipop" de MIKA.

Primero salieron Roxanne y Lucy bailando en lo que parecía un parque. En un momento exacto, la pelirroja resbalaba cayéndose al agua del lago. Después salieron Dominique y Louis haciendo como que eran Victoire y Teddy, pero cambiados de género. La peluca de Dominique se caía en uno de los giros que hacían.

James y Lizzie salían acompañados de Albus y Sophie, bailando delante de la Madriguera lo que parecía un twist. Lysander salía grabándose así mismo con un palo selfie mientras que se veía a Lorcan haciendo una foto a una estatua de Amor y Psique en Berlín.

Salió el vídeo que ella le había hecho a Scorpius mientras ensayaba —lo que provocó que todos se rieran y Scorpius la mirara amenazadoramente— para luego pasar a su vídeo de ella bailando por las calles de París. Scorpius sonrió, diciendo en alto.

—Ojo por ojo, diente por diente, Rose.

La pelirroja le dio una patada suave, lo que causó más risas entre los que estaban allí reunidos. Dejaron de salir los más jóvenes para comenzar a salir los adultos, siendo el primer vídeo uno de Ron bailando terriblemente mal. Rose no pudo evitar pensar que quizás sí que Scorpius no bailaba tan bien como ella creía.

Salieron los Malfoy, sonriendo, pasándoselo bien mientras giraban por lo que Rose supuso que era su salón para fundirse la imagen con una de sus tíos Fred y George, bailando juntos. Se escuchó la voz de Angelina diciendo algo que solo consiguió que los gemelos sonrieran más.

Fueron saliendo todos, mezclándose entremedias las fotos que habían sacado durante esos meses de preparación. Salieron fotos de Victoire en el atelier de Pansy y también de cuando la chica había ido con Neville a buscar las fotos.

Rose miró a su prima, que ahora era ella quien lloraba abrazada a Teddy. Sin dudad alguna, Lorcan y su madre habían dado en el clavo con el regalo.


Antes de que se dieran cuenta, ya estaban desembarcando en el aeropuerto de Charles de Gaulle. En el exterior les esperaban tres coches, cortesía de Draco Malfoy, que les estaban llevando de vuelta a sus casas.

Rose había tenido un pequeño ataque de ansiedad en el avión, que gracias a una ocurrencia de Scorpius, se había pasado rápido en cuanto sintió como Nyx le lamía la cara intentando calmarla. Eso les había costado que las azafatas de vuelo les echaran una bronca delante de todo el mundo que Rose, con su nivel de francés que aún no había mejorado, apenas había llegado a entender.

El coche se paró, bajándose primero Scorpius. Antes de que Rose pudiera darse cuenta, el rubio ya le había abierto la puerta. Rose le miró rodando los ojos.

—Mira, estoy demasiado cansada para decirte nada. ¡Que me sé bajar yo sola!

Scorpius sonrió. Tenía la coleta completamente desecha y se le adivinaban unas leves ojeras, su mano estaba extendida para ayudarla a bajar. La pelirroja, que estaba bastante cansada, no rechistó y aceptó la mano del rubio.

Sus dedos se entrelazaron mientras subían la escalinata que les llevaba al portal. El chófer ya había colocado allí las maletas y se despidió con un toque de cabeza. Una vez estuvieron dentro del portal, Scorpius se giró besándola.

Había veces que a Rose le desconcertaba que el rubio estuviera tan calmado pero la besara así, casi demandando sus labios como si los necesitara para seguir respirando. Sin embargo, ella no iba a poner ninguna pega.

Colocó su brazo alrededor del cuello del rubio. Casi parecía la misma escena de la noche anterior pero ya no sonaba el mar y tampoco tenían porque esconderse. Rose mordió el labio inferior de Scorpius, quien en respuesta envolvió su cintura con sus brazos pegándola a él.

Hubieran seguido así de no ser porque Nyx, que aún seguía en sus brazos, al sentirse aplastada había arañado a Scorpius en la cara. El chico gimió, separándose de Rose aunque no quisiera.

—Lo que me odia esta gata no es normal, eh. Con lo manso que es Antares.

Gracias a Narcissa, quien se había encargado de cuidar de los gatitos mientras ellos estaban en la casa de Bill y Fleur, habían descubierto que Nyx era una hembra. Rose sonrió acariciándole la cabeza a Nyx.

—Es que mi chica me protege de rubios que lo único que quieren hacer es aprovecharse de mí.

Scorpius dejó de sobarse el arañazo que la gata le había hecho en la cara para mirar a Rose con una ceja levantada.

—¿Quién es ese rubio que quiere aprovecharse de ti?

Scorpius llamó al ascensor. Mientras esperaba a que llegase, miraba a Rose jugueteando con el botón.

—Pues, es un chico muy guapo. Pero es más inteligente que guapo, lo que me gusta mucho más. Lleva una melena rubia que me encanta.

Scorpius sonrió mientras colocaba las maletas dentro del ascensor que acababa de llegar.

—Umm...parece un chico interesante. Que suerte tiene de que una chica tan guapa e inteligente como tú se fije en ti.

—Es un chico muy interesante. Sobretodo cuando descubro cosas de él que no sabía. Te encantaría conocerlo, se parece bastante a ti.

—No tendría problema alguno, si quieres, puede ir mañana por la mañana a verte a tu cuarto. Y dime, ¿qué cosas has descubierto sobre él últimamente? Espero que, siendo tan interesante como dices, sea algo que merezca la pena. Si no, menuda decepción de hombre.

—Oh, sí, claro que merece la pena—Rose se metió en el ascensor, volviendo a tomar de la mano a Scorpius— Este fin de semana he descubierto que me quiere. O que al menos, cree que lo hace.

—Estoy casi seguro de que te quiere. No hay hombre en este mundo que se atreva a que una fiera salvaje le arañe la cara por besarte sino te quisiera de verdad. ¿Y tú?

—Yo, ¿qué?

—¿También le quieres?

Rose sonrió acercándose a Scorpius. Acarició el borde de su rostro, colocando un mechón que se había escapado de la coleta detrás de su oreja. El rubio sonrió apoyando su cara contra la mano de la chica.

—Creo que sí. Le quiero.

Volvieron a besarse mientras las puertas del ascensor se cerraban. Ya habían vuelto a casa, ya podían estar de nuevo juntos sin ningún tipo de problema. Podían quererse sin temer quien les viera.


N/A

Hola de nuevo!

Lo primero de todo, ¡Feliz Año Nuevo!

Me apuesto a que no os esperabais una nueva actualización tan pronto. Quiero aprovechar esta pequeña nota también para deciros que finalmente, esta historia durará un poquito más (vamos, porque básicamente no me da tiempo a hacer todo lo que quiero con estos antes del 6 de enero) por lo que espero que esto os haga ilusión. Espero que este capítulo también os haya gustado tanto como lo ha hecho el anterior. ¿Pueden ser más adorables Rose y Scorpius? Yo me pido un Theo en mi vida, en serio. Besos!

Emma.